Este es un drama sin fin: no se puede decir adiós; pero tampoco parece correcto abandonar la esperanza de un reencuentro.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Denuncias. En 2018, las sedes fiscales de todo el país recibieron 924 denuncias de mujeres desaparecidas. Ilustración de Moris Aldana.

Se metió debajo de las sábanas en un intento de sorpresa. Cuando le dije que ya la había visto, me preguntó que cómo supe dónde estaba. En la misma, se respondió ella sola algo a lo que le encontró toda la lógica que cabe en seis años de vida: “¡Ah!, es que como estuve en tu pancita, tú siempre vas a saber en dónde estoy”. Con todas las fuerzas del mundo, quise decirle que sí, que así es, que por eso siempre voy a saber en dónde y cómo hallarla. A la par de ella, quise que el amor funcionara también como localizador satelital.

Llevamos, con esta, tres entregas en las que hemos abordado diferentes aristas de la desaparición de personas en El Salvador. Y falta, falta tanto por contar. Este es un drama sin fin: no se puede decir adiós y tampoco parece correcto abandonar la esperanza de un reencuentro.

La periodista Valeria Guzmán cuenta en esta edición cuáles son las particularidades que se presentan cuando a quien se debe buscar es una mujer. Pese a que se ha creado un protocolo para agilizar las alertas, en la práctica sigue existiendo, robusto, el prejuicio. La víctima tiene que ser “intachable” para merecer atención.

A lo largo de este ejercicio que hemos puesto en práctica los últimos domingos de cada mes, ha habido un factor recurrente, grande, ineludible y pesado como lápida. Es la soledad de los que tienen que atravesar el infierno de buscar a un ser querido.

El Estado, señala una de las fuentes del reportaje, debería hacer más suya la obligación de asistir a estas víctimas de una muerte en vida. Es que caminar por hospitales, visitar la morgue, ver fotos de cadáveres, asistir a exhumaciones en cementerios clandestinos, pedir desesperadamente información en redes sociales y ver llegar cada noche sin haber encontrado ningún indicio es, en toda regla, una tortura.

Hoy, cientos de personas van a tener que intentar dormir sin haber encontrado respuestas. Este país no va a ser de humanos hasta que ponga atención a estos dolores profundos.

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  • 31 marzo, 2019 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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