Han quedado frente a la única opción de evitar un embarazo, para que el trauma al que son sometidas no siga escalando.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Datos. Más de 31 mil entregas de anticonceptivos a menores de 10 a 14 años de edad ha registrado el Ministerio de Salud entre 2009 y 2019.

En El Salvador, hay niñas de entre 10 y 14 años de edad formando parte del programa de planificación familiar. La violencia sexual adquiere otro nivel de normalización cuando se advierte que en las estadísticas del Ministerio de Salud hay más de 31 mil entregas de anticonceptivos hechas a menores de 14 años. Estas son solo las que han sido realizadas entre 2009 y 2019. La ley protege la indemnidad sexual en la niñez y adolescencia.

Esta semana se celebra el Día del Niño. Y alrededor de esto habrá mucho discurso, muchas fotos, muchos globos. Habrá mucho esfuerzo por ilustrar las infancias con sonrisas. Y ojalá así fuera para todos. Pero acá también tenemos que hablar de esas niñas que no han tenido oportunidad alguna de serlo. A ellas las circunstancias las han dejado en desventaja. Esto las lleva a vivir en pareja, en abuso, en un constante delito del que, en muchos casos, ni siquiera son totalmente conscientes.

A ellas, la red de instituciones que tienen como función la protección infantil les ha fallado. Han quedado frente a la única opción de evitar un embarazo, para que el trauma al que son sometidas no siga escalando. Una posición demasiado complicada siempre, pero más, para ocuparla cuando se tienen solo 10, 11, 12, 13 o 14 años de edad.

Estamos muy lejos de alcanzar ese punto en el que un adolescente elige, sobre la base del conocimiento y el pleno ejercicio de sus derechos, el cuándo, el con quién y el cómo va a ejercer su sexualidad. Antes de llegar ahí, a este país le falta ponerse frente a frente con sus violencias y con sus sistemas estructurados para perpetuar el acceso desigual a las oportunidades. Nos falta, para empezar, dejar de ver como normales situaciones que no lo son.

En este contexto, a ratos, se les pide mucho a los niños. Se les pide gritar, avisar, denunciar. Se les pide no ser víctimas. Se les pide identificar algo que muchos adultos se empeñan en hacer pasar como normal. La violencia sexual no es una cuestión de intimidad. Es un problema social. No se le puede estar contando por miles en estadísticas oficiales sin, por lo menos, abrir un espacio para discusión. Ellas también son niñas.

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  • 27 septiembre, 2020 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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