El colapso que sufrimos todos los días es la consecuencia natural de tanto abandono. Hace 20 años, nos importó poco que la reconstrucción de la red hospitalaria tras los terremotos fuera expedita y transparente.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Crisis. La demanda de tanques de oxígeno subió al mismo tiempo que se agotaron los cupos en los hosptiales debido al covid-19.

El sistema de salud que tenemos es el resultado de décadas de medidas equivocadas. A los políticos nunca les gustó hablar de salud y educación en sus campañas y tampoco durante sus mandatos, porque estos son temas que ameritan una discusión seria e informada. Y plantean, sobre todo, problemas que no se resuelven en un año ni en dos. Estar preparados para enfrentar de manera digna y humana esta pandemia por covid-19 implicaba tomar decisiones drásticas hace dos décadas. Implicaba poner dinero y acciones en función de eliminar la desigualdad en el acceso a estos servicios, que también son derechos.

El colapso que sufrimos todos los días es la consecuencia natural de tanto abandono. Hace 20 años, nos importó poco que la reconstrucción de la red hospitalaria tras los terremotos fuera expedita y transparente. Más allá de la indignación de unos cuantos días, tampoco nos pusimos del lado de la gente que agonizaba en camillas oxidadas por falta de medicamentos. Y no nos pusimos del lado de los médicos y del personal sanitario cuando solicitaron mejoras de las condiciones laborales y más recursos para poder realizar su trabajo. Contar con un sistema que garantizara la atención médica oportuna a todos, y no solo a los que pudieran pagarla, estuvo todo este tiempo fuera de nuestras prioridades.

Mañana, al igual que la semana pasada, habrá gente haciendo cola para comprar tanques de oxígeno medicinal para poder ofrecer algún alivio a familiares con males respiratorios. Como se cuenta en el reportaje de esta edición, habrá en esas filas gente desesperada viendo cómo sus deudas suben, porque no hay más opción para encontrar tratamiento. Los centros asistenciales no dan para más. Y el recurso humano de la red sanitaria es el que está pagando con su vida todas las decisiones equivocadas más recientes. Tanto sufrimiento debería ser suficiente para exigir que cualquiera que ambicione una cuota de poder público sepa que curar el sistema de salud debe ser una prioridad.

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  • 26 julio, 2020 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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