La idea es que la integración de las personas que salen de la cárcel no sea una tarea exclusiva de instituciones gubernamentales, sino que de cada uno de los que compone la sociedad.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

FOTO DE LA PRENSA/Carlos aguirre Ahogados. El gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua ha conseguido limitar la cantidad de recursos a la que los periódicos tienen acceso. Esto ha puesto en riesgo su continuidad.

Los sistemas de cumplimiento de penas carcelarias no tienen como misión solo alejar de la sociedad a quienes hayan cometido delitos. Su razón de ser también es la de reintegrar, una vez cumplida las penas, a estos individuos a la misma sociedad para sean parte de ella en igualdad de derechos que los demás. Este es el deber ser, el que está manifiesto en leyes, es hacia lo que cada acción debería estar enfocada.

Pero la recuperación y rehabilitación de las personas encarceladas pasa a muy segundo plano cuando se deja sin financiamiento. Y cuando todo enfila más hacia la represión y el encierro de cada vez más personas. Este mecanismo no funciona. Esto es parte de lo que vino a decir Eddie Bocanegra, un hombre que tras pagar 14 años de cárcel, ahora maneja un fondo de 20 millones de dólares que sirven para mantener en funciones una institución que se dedica a facilitar procesos de rehabilitación social.

Bocanegra, quien vive en Estados Unidos y es hijo de mexicanos, vino a El Salvador para reunirse con un grupo de empresarios. La idea es que la integración de las personas que salen de la cárcel no sea una tarea exclusiva de instituciones gubernamentales, sino que de cada uno de los que compone la sociedad.

Ver el castigo y el sufrimiento como la única manera de restituir el daño causado es una equivocación. Genera que haya más fracturas y que se aleje la posibilidad de, algún día, eliminar la necesidad de cárceles. Y, para Eddie Bocanegra, es un mal negocio para los gobierno porque, a la larga, si el tiempo en la cárcel no sirve para rehabilitar, entonces sirve para profundizar las conductas criminales.

Devolver a la sociedad seres humanos dispuestos a edificar un mejor presente no es fácil ni es inmediato. Requiere paciencia y, sobre todo, protocolos bien identificados. Es, eso sí, una de esas soluciones integrales de las que tanto le urgen a este país.

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  • 13 octubre, 2019 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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