De ella se pueden decir tantas cosas. Era escritora, pintora, intelectual, era una mujer valiente a la que se le sobraban argumentos para ser transgresora, incluso cuando esto le costaba el rechazo de una sociedad como la europea, en aquel entonces.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Atemporal. Haber alumbrado una obra que sigue siendo de referencia para niños, jóvenes y adultos ha hecho que la figura de Antoine Saint-Exupéry siga siendo relevante hoy en día.

Hablar de Consuelo Suncín es hablar de una reinvindicación a la que todavía le falta mucho trecho. El reportaje de esta edición aborda aspectos de la vida de Antoine de Saint Exupéry, el escritor de El Principito. En este repaso, la figura de Suncín no hace otra cosa que ser, también, protagonista.

De ella se pueden decir tantas cosas. Era escritora, pintora, intelectual, era una mujer valiente a la que se le sobraban argumentos para ser transgresora incluso cuando esto le costaba el rechazo de una sociedad como la europea, en aquel entonces.

Con Saint Exupéry, ella se casó vestida de negro, por ejemplo. La escritora francesa Anne Merie Mergier afirma sobre ella que «Consuelo era una catarata: excéntrica, alegre, imprevisible, caprichosa, fuerte, indefensa, misteriosa, chispeante, excesiva, atenta, egocéntrica, generosa, seductora, inteligente, vanidosa, intuitiva, instintiva, contradictoria, volcánica… y salvadoreña. Hablaba un francés exótico, con un fuerte acento español».

En El Salvador, una de las personas que más ha trabajado para sacar a Suncín del anonimato es el escritor y columnista Manlio Argueta. “Lo que confundió a la época es que Consuelo Suncín no respondía al «comportamiento esperado de una mujer», en el sentido de ser recatada, de mirada virgen, sumisa, ama de casa, cocina y lavaderos incluidos, y madre mártir. Desde ese punto de vista, la centroamericana se adelantó a su tiempo para romper con conceptos de doble moral en relación a lo femenino-masculino. Pero salió adelante a quienes la concibieron una mujer objeto”, explica Argueta en uno de sus escritos.

A este país siempre le han faltado referentes. Pero no ha sido porque no existan. Es más una cuestión de falta de valoración, de falta de memoria. Consuelo Suncín es una deuda a la que se debería atender con urgencia.

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  • 12 julio, 2020 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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