El daño causado por décadas de políticas raquíticas en el arte y la cultura es, a estas alturas, enorme. Lo grave, es que no parece que la dirección de esas políticas vaya a tomar el giro que se necesita.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Suicidio. Aaron Hernández se suicidó en la cárcel tras ser condenado por asesinar a su mejor amigo en 2013. Foto Cortesía

El talento necesita un ambiente favorable y los recursos básicos para que alcance el desarrollo. Sin eso, las posibilidades de alcanzar plenitud se reducen de forma drástica. En el país, no se duda de la capacidad de los individuos que aparecen incluso en los lugares más insospechados. Pero los obstáculos que se le imponen a cualquiera que se atreva a soñar con pulir esos dones aquí mismo son, a veces, demasiado.

El daño causado por décadas de políticas raquíticas en el arte y la cultura es, a estas alturas, enorme. Lo grave es que no parece que la dirección de esas políticas vaya a tomar el giro que se necesita. El Centro Nacional de Artes (CENAR) está hace rato en una espiral de desidia y deterioro. Este reportaje del periodista Stanley Luna es una radiografía de cómo funciona ese ente con apenas el mínimo de recursos.

Y no se trata de una cuestión solamente presupuestaria. Se trata de un desprecio sistemático a las ramas artísticas. Lejos de encumbrar sus virtudes como reparadoras naturales de los tejidos sociales, se ha tendido a verlas como cuna de ideas políticas, de compadrazgos revolucionarios, y ahí se les ha dejado, para que se sequen.

Una generación de artistas aporta identidad. Acá se han perdido ya muchas en el laberinto de intentar hallar instrucción y acompañamiento para desarrollarse. Se han perdido otras más en el esfuerzo gigante por conseguir rentabilidad. El del CENAR es un ejemplo muy doloroso de una iniciativa bien intencionada que se extravió en la burocracia y en lo limitado del pensamiento de a quienes les ha tocado trazar las directrices presupuestarias y administrativas. Ese lugar pudo haberse convertido en el corazón vibrante de una capital muy sedienta de figuras ejemplares.

Cuesta tener esperanza, pero ojalá aún no sea demasiado tarde para rescatar lo que queda.

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  • 9 febrero, 2020 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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