Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Carencia. Los agentes de la PNC deben laborar sin condiciones básicas de infraestructura y aseo. Foto Cortesía

“El salvadoreño es trabajador”, la frase casi siempre va relacionada a una exaltación patriótica, a algo en torno a lo cual debería crecer el orgullo colectivo. Pero la frase también abre una enorme puerta al abuso. ¿Tenemos que honrar este espíritu “trabajador incansable” en cualquier circunstancia?

En este país de improvisaciones, estamos demasiado acostumbrados a trabajar sin garantías, sin respeto a los valores básicos del empleo digno. La necesidad es grande, cierto; y hacer adaptaciones es válido, también. Pero no se puede esperar un rendimiento óptimo si antes no se ha ofrecido al empleado lo mínimo para poder ejecutar.

En esta edición, el periodista Stanley Luna nos lleva a hacer un recorrido por algunas de las instalaciones de la Policía Nacional Civil. Esta es una institución habitual en las páginas de este periódico como principal responsable de la seguridad pública desde la firma de los Acuerdos de Paz. Y también como una de las más señaladas por corrupción o por violaciones a los derechos humanos. En este caso, sin embargo, la vista se coloca en las condiciones de trabajo.

Un agente de la policía está obligado a dormir en el suelo. También puede estar obligado a hacer uso de sanitarios sucios. En una instalación policial, la burocracia es tal que para comprar papel higiénico puede ser necesario hacer un informe respaldado por un ministerio y después de eso cruzar una gran cantidad de cartas para, al final, no comprarlo de todas formas. Y se puede condenar así a un grupo de 60 agentes a resolver ellos una cuestión que la institución debería ofrecerles ya de forma sistemática.

Una estrategia de seguridad pública no debería ser solo llenar las calles de gente armada. También pasa por proteger a quienes están encargados de proteger a los demás. Si la institución no alcanza a resolver temas como tener infraestructura adecuada para sus miembros, ¿cuándo va a saber ofrecer cuestiones más complejas, como atención en salud mental? ¿Cuándo va a mejorar los mecanismos para elegir a su personal? ¿Cuándo va a funcionar tan bien como para atraer a los mejores talentos? La inmediatez es un veneno presente en muchas de las políticas nacionales.

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  • 8 septiembre, 2019 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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