En los 21 mil kilómetros que forman El Salvador, hay zonas a las que el sistema público de salud no se ha podido instalar.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Chernóbil. La explosión esparció el equivalente a 500 bombas atómicas como la lanzada en Hiroshima en 1945.

El acceso oportuno a un servicio de calidad en salud es un derecho de lo más básico. A partir del cumplimiento de esto, se construyen otros aspectos del desarrollo. Si se está sano, en el concepto más amplio posible, se puede estudiar, trabajar y, con suficiente apoyo, soñar.

Por increíble que parezca, en los 21 mil kilómetros que forman El Salvador, hay zonas a las que el sistema público de salud no se ha podido instalar. Ahí, las personas se ven obligadas a recorrer cualquier cantidad de kilómetros para poder ellas acercarse a lo que por derecho les corresponde.

Un sistema que obliga a las personas más vulnerables a hacer tantos esfuerzos para tener acceso a algo que debe estar garantizado es, a todas luces, un sistema violento. Es un sistema que perpetúa la inequidad y mantiene vivas unas barreras económicas y sociales que lo único que hace es daño a un tejido ya muy lastimado.

La salud en las zonas más castigadas tiene que ser una prioridad para el gobierno y para la sociedad en general. No se puede postergar y tampoco se puede retroceder. El tema que la periodista Wendy Hernández ha construido para esta edición da cuenta de cómo un cambio que puede tener argumentos administrativos termina siendo una cuestión de carácter vital entre personas a las que el sistema, por tradición, ha marginado. El verdadero impacto del cierre de 11 centros de salud a cargo de Equipos Comunitarios de Salud Familiar (ECOSF), a finales del año pasado, es algo que no solamente se mide en números. Una clínica abierta por más horas, un profesional de la medicina que llega hasta la comunidad y no a la inversa, un lote de medicamentos, todo tiene un valor que se magnifica en la vulnerabilidad de los beneficiarios.

Ninguna explicación aquí es suficiente para justificar que una mujer con un embarazo de riesgo sea obligada a hacer un recorrido más largo para encontrar lo que ella y la criatura en su vientre tienen que tener asegurado: salud.

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  • 2 febrero, 2020 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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