Opinión

por Manlio Argueta, Escribiviendo

 

Manlio Argueta
Escritor

Memoria histórica y voz poética

Con Dalton éramos de la misma edad, mientras Escobar Velado era un abogado establecido, como hermano mayor nos duplicaba la edad.

Naciones Unidas tiene un programa (Memoria del Mundo) en el que participan la Biblioteca Nacional; bibliotecas universitarias, que suman nueve instituciones, en que se prioriza a promotores de la palabra. La memoria histórica rescata la voz literaria en tanto tiene de historia del pasado trascendente memoria de valores para conservar y recopilar documentación, visibilizar las personas que con su voz se convirtieron en testigos o protagonistas de su tiempo. Rescatarlas del olvido es fortalecer el desarrollo de los valores que sostienen una nación.

Esta vez quiero referirme a dos escritores, hermanos de la voz creativa.

Son dos escritores que conocí muy bien, aunque los ámbitos de encuentros fueron diferentes: como estudiantes en la universidad con Roque Dalton; y Escobar Velado como conversador de poesía alrededor de una taza de café. Con el primero predominaba la vocación organizativa del joven por participar como civiles en buscar soluciones sociales y políticas, al grado que ya a los 23 años se experimentaron las primeras expulsiones forzosas del país. Explico mejor para quienes no conocen esa época en la que las organizaciones partidarias eran inadmisibles, y si lo permitían, se consideraba una misión imposible, había que sustituirla por foros universitarios y expresiones públicas; porque la primera legislación sobre partidos se dio a principios de los sesenta del siglo pasado y la dictadura venía desde 1932. Escobar Velado murió en 1961, a los 42 años. No vivió esa legalidad política buscada. Antes de esos años organizar un partido político era labor de soñadores que terminaba en pesadilla.

Cuando menciono mis diferentes ámbitos de encuentro con uno y otro, lo relaciono con el hecho de que con Dalton éramos de la misma edad, mientras Escobar Velado era un abogado establecido, como hermano mayor nos duplicaba la edad. Pero ambos tuvieron como punto común que hicieron del poema una razón de vivir. Cualquier encuentro culminaba en la temática poética.

No importaba si Dalton le diera más relevancia a escribir poesía de ideas, razón por lo cual muchos críticos más de alguna vez lo han marginado cuando se refieren a poetas latinoamericanos, aun sus mismos promotores como Mario Benedetti (hizo una antología fundamental, pero no se arriesgó a hacerle un prólogo). Pienso que analizar a nuestro compatriota implica un compromiso, requiere el manejo de un entorno específico. De mi parte, por entender mejor ese entorno (tan diferente al Uruguay de Benedetti) le he prologado dos antologías. Aunque en el país hay escritores (Roberto Paz Manzano y Luis Melgar Brizuela) que han ido a fondo para descubrir el valor literario del poeta; pues hay discrepancias nacionales por parte de voces críticas, escasas, que juzgan al poeta en su contenido político.

«Lo importante en un poema es decir cosas», afirmaba Dalton al dialogar con sus hermanos de literatura. Significaba expresar una idea por sobre la estética formal; lo cual implicaba conocer las claves del lenguaje poético, por lo cual no es válido de aplicar el calificativo de poesía panfletaria.

Ese insistir en ideas lo llevaron a un final trágico, porque los jóvenes lo vieron como un competidor teórico para lo cual no tenían argumentos («Memorias de un guerrillero», de Juan Ramón Medrano). Lo acusaban de haber escrito poesía («Poemas clandestinos») para repartirlas al público y ganar notoriedad, cuando él ya la tenía con creces. «Nosotros no teníamos ni siquiera una idea cercana del enorme error político e histórico que se había cometido», dice Medrano. Similar testimonio nos da Carlos Eduardo Rico en su libro «En silencio tenía que ser, testimonio de guerra». Tanto Medrano como Rico estuvieron con la organización que cometió el crimen.

Casi tres décadas antes Escobar Velado fue expulsado de su país hacia Guatemala, Nicaragua, Costa Rica («Diccionario de autores salvadoreños», Carlos Cañas Dinarte). Pese a escribir una poesía más emocional: «lo que duele en el corazón». Pero aspiraba a multiplicar su voz más allá del poema, en búsqueda de una concientización nacional.

Sin pretender comparaciones, y en otro contexto, Alberto Masferrer y el arzobispo Óscar Arnulfo Romero hicieron de su voz un medio para la redención social.

De generaciones distintas, pero de formación similar (ambos se formaron en el Externado de San José y en la universidad). Sin embargo, la voz poética de Dalton expresaba lógica formativa, quizás didáctica. Igual Escobar Velado, pero predominaba la sencillez paternal. Y así, ambos fueron víctimas propiciatorias de la realidad que quisieron cambiar. Velado partía desde su corazón; Dalton desde su intelectualidad poética y lógica. Con esas diferencias los dos poetas fueron blancos de la cultura autoritaria, porque ambos demostraron que la poesía era capaz de hacer ver los vacíos del país. El uno desde su sensibilidad emotiva. El otro convencido de que la poesía no estaba hecha solo de emociones y palabras, sino también de ideas.

Escobar Velado trazó la ruta de su poesía hacia sus ensueños (Ver «Patria exacta»). Dalton aspiraba al cambio de la realidad. Pero los dos fueron los «ciervos perseguidos», nunca perseguidores, aunque su voz aspirase a borrar mordazas de su tiempo en una sociedad de disparos y silencios. Escobar, un activista de su poesía, parte desde sus vulnerabilidades hacia la compasión, soñador al fin siguió a sus maestros trágicos de la poesía: los poetas Nazim Hikmet, el español Miguel Hernández, muerto en la cárcel; y el peruano César Vallejo, los más cercanos a la personalidad del salvadoreño. Mientras Dalton pasó de la poesía de Neruda y Vallejo a la poesía francesa, muy cercano a posiciones lógicas de la poesía.

Su compañero de organización política Juan Ramón Medrano afirma: «Varios años después… (reparé que) Dalton trascendía toda diferencia política e ideológica… al asesinarlo… (mi organización) se había inmortalizado» (op. cit.). Es así como vida y obra de Velado y Dalton son parte de nuestra memoria histórica.

Pero no basta, es imprescindible escuchar la voz de su familia para resarcir los daños y, de esa manera, completar una obra fundamental hacia la memoria del mundo. Un homenaje meritorio de su patria para los dos poetas.

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  • 21 julio, 2019 / Opinión de Manlio Argueta  (SÉPTIMO SENTIDO)

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