Hacia una ruta histórica urbana

La naturaleza y el humano no permitieron preservar las señales de identidad en los centros urbanos, vacío que dio paso al deterioro arquitectónico, obviando así una expresión estética y a veces pérdida de patrimonio edificado. Uno de los fundadores de la Generación Comprometida dice: «En San Salvador los mejores urbanistas han sido el fuego y los terremotos». Y eso produjo «una ciudad marchita, desconsolada». («Ciudad Casa de todos», MINED, 1968, Álvaro Menén Desleal).

Sin embargo, mucho se está salvando en los dos últimos gobiernos locales de San Salvador, otros en el pasado lo intentaron, pero se revirtió en triste devaluación de la riqueza edificada. Un San Salvador llamado «pequeño París de Centroamérica» terminó con el terremoto de 1915.

No solo la naturaleza, también el hombre quiso renovar provocando incendios ilegales en las década del 50 del siglo pasado. Escribí un libro con este tema de piromanía que a las nuevas generaciones lo real les parecería irreal. Pero también son experiencias para el aprendizaje. Tomando en cuenta que la humanidad no es un bebé generacional sino una anciana de sabiduría milenaria. Así, hemos perdido por inopia, la arquitectura emblemática, perdida a pausas que ha dado paso a parqueos, gasolineras. Por vacíos de planificación.

No estaríamos completos si no se diera el rescate de esos espacios de la capital, que implica darle espacio al que camina a pie en unas calles que se hicieron para que transitaran recuas de mulas (hay fotos de mulas «parqueadas» en el antiguo Palacio Nacional, finales del siglo XIX). Los vacíos urbanos provienen por no contar o no cumplir con las políticas arquitectónicas, por ejemplo no se tomó en cuenta el crecimiento de la población; además, por una descentralización urbana a raíz de las catástrofes o el desinterés.

Si queremos promover las zonas históricas debemos hacer una renovación. No retomar estos temas por pura nostalgia, sino por respeto a nuestra historia, que sea un tema que permita apropiarnos de nuestras realidades de identificación nacional, no permitir que el olvido se convierta en cien años de ingratitud (parodio a García Márquez).

En verdad, la imaginación nos permite considerar nuestro presente de modo que este día que la gente camina por las calles, o cuando escribo este trabajo, dentro de veinticuatro horas ya será historia, porque el cordón umbilical, oferente de vida, no se corta sino hasta la muerte. Esto asegura el futuro que seremos, en un tiempo que es como el río de Heráclito, que fluye en constante cambio y crecimiento, las aguas que miramos correr, en el momento de observación no son las mismas cada segundo que pasa; pero sigue siendo el mismo río.

Derruido y olvidado, es un deber rescatar lo que nos queda en esas 50 o 40 manzanas históricas de San Salvador. Y me refiero a espacios relegados. Ahí donde se desarrollaron acciones de la vida cotidiana, y que por razones de la naturaleza se cambió de localización el transcurso de esa vida. Ahí estuvieron centros escolares, lugares comerciales, sitios de recreación, instituciones gubernamentales, medios de información. Ahí se dio una práctica política limitada casi siempre por el autoritarismo.

Además, ese rescate de identidad permite generar conocimiento, y este a la vez repercute en la economía por turismo cultural. De modo que la modernización urbana o global no se contradice con el respeto a las señales históricas, como es el centro de una ciudad. Entre otras cosas, invertir en placas rememorativas, en monumentos conmemorativos relacionados con la cultura en general. No solo para salir del paso, pues algunos más parecen adefesios, excepto los que tuvieron financiamiento por razones políticas no siempre meritorias.

Es cierto, tenemos situaciones por resolver como es el deterioro económico que produjo proliferación de comercio informal, hacinamiento, inseguridad, además de la marginalidad y exclusión de gran parte de la población que produce un problema que contribuye a la depreciación del ambiente urbano.

Porque no es que todo tiempo pasado fue mejor, pero esas edificaciones son históricas por producir vida en todas sus manifestaciones. Por ejemplo se podía asistir al Teatro Nacional a presenciar obras en horarios nocturnas. O visitar restaurantes como El Migueleño, El Mercedes, el México, los panes Gutiérrez, los Frijolitos Carlota. Bares como La Praviana, El Paraíso de Adán, el Chipilín, Chalo´s, el Lutecia, el Gambrinus. Y los cafés que mencioné en trabajo anterior.

O bien sitios de disfrute familiar y restaurantes como el Mercedes, el Sorbelandia, el Bengoa, todos alrededor del Teatro Nacional o a inmediaciones de la Segunda Avenida, ahora Monseñor Romero. O bien entidades culturales como Editorial Benjamín Cisneros (ahí resurgieron la Revista Universidad, La Pájara Pinta, Vida Universitarias y las primeras colecciones literarias proyectadas al mercado(. También estuvo el Centro Social Universitario, donde salían los famosos «desfiles bufos». Agregamos cines como el Apolo, el Izalco, el París, el América, el Follies, Cinelandia, Cine Popular, Principal, todo un mapa cultural.

O librerías que comercializaron obras de editoriales extranjeras. Cito la Cultural (de don Kurt Whalen) y la Claridad de Ana Rosa Ochoa (escritora y secretaria de Alberto Masferrer). También tuvo sede el Teatro Universitario, cercano a la Rectoría y Facultad de Humanidades, contiguo a lo que fue el Colegio Sagrado Corazón (a tres cuadras al Poniente de lo que fue ANTEL). Por cierto ambos centros fueron invadidos y objeto de vandalismo, además de golpear a estudiantes, incluyendo autoridades universitarias, entre ellas el Rector Napoleón Rodríguez Ruiz, el único novelista de la época con su obra «Jaragua». Este drama político lo narro en mi obra «El Valle de las Hamacas» (Argentina, 1970: y UCA Editores, 1992). En fin, tantas cosas para no echar al olvido la historia patria

Nota.- Un saludo al cineasta Alfonso Quijada que próximamente inaugurará «Apex Studios» y presentará el rodaje de su primera obra como director de cine, «El suspiro del silencio». En el Café «Luz Negra», reunido Quijada con varios cineastas europeos y canadienses, me dio a conocer una sinopsis general de su película cuya temática es El Salvador.

Centro histórico, nostalgia y cultura

Una de las sorpresas que se lleva quien pertenece a las nuevas generaciones de adultos es descubrir que el Centro Histórico es la «gran casa de todos», es decir, la «sala museo» de la ciudad. Lástima que fue abandonada después del terremoto de 1986. Fue por temor a la falla tectónica del centro de San Salvador. Desde entonces, se dejó su existencia a la buena de Dios; solo apto para los que, con resignación, aceptaron quedarse.

Abandonado, es cierto, por nuestras etapas dramáticas y sociales, pero no desaparecido. Desde ese abandono, me he dedicado por dos décadas, cada día, por lo menos los laborales, a recorrerlo y a reencontrarme. Es como convivir, que es conocer. Si no conocemos resulta arduo tomar decisiones acertadas.

No obstante el trauma de años pasados, no exento de temores y explicable para nuevas y anteriores generaciones, me dio por recorrer sus calles como lo hace cualquier ciudadano para ganar el sustento diario. Como los niños que han hecho suyo el Centro Histórico, como cuando alguien carente de juguetes se encuentra uno tirado en la calle.

Sí, nos hemos fortalecido en esta zona histórica. Y, a contrario sensu, hemos ganado el derecho a sentirnos de su propiedad. No sorprenda entonces que, pese al embellecimiento actual y al atractivo despertado en los últimos tres o cuatro años, sobrevive el vendedor informal. Que no moleste esa realidad, paciencia hermanos, ya alcanzará el presupuesto para reubicaciones en centros comerciales populares. Por no llamarlos mercados.

Pese a todo lo anterior, agrego que mi vida, una vez emigrado como estudiante universitario desde San Miguel, fue también por muchos años parte de mi entorno vital. Porque aquí crecimos y nos desarrollamos en todos los sentidos, económica y culturalmente hablando. Cultura originaria, raíz donde creció ese sentimiento que algunos llaman nostalgia cuando se está fuera de su país, lejos de lo que llamamos patria, de la cual afirmamos sentirnos orgullosos.

He tenido la suerte de recorrer las locaciones que forman el Centro Histórico y puedo hablar con propiedad sobre su riqueza edificada, convertida en patrimonio de la ciudad y de la Nación. Son 50 o 40 manzanas que nos atan al fervor nacional (entendido como fervor patriótico, aunque esto no suene tan bien).

Se fue perdiendo el amor por ese espacio, pero, desde ese rechazo, ha ido surgiendo como el Ave Fénix alzar vuelo sobre un novedoso San Salvador. Libre de aprisionamiento por quienes lo prefirieron invisible, feo, destinado a la cultura de los marginales. Solamente los hados de la historia pudieron salvar el patrimonio edificado con sus muestras emblemáticas como Catedral, Teatro y Palacio Nacional, los dos portales frente a la plaza Libertad y las iglesias del Rosario y Calvario. Posteriormente llegó la Biblioteca Nacional.

Al regresar a mi país, después de décadas de ausencia, decidí congraciarme con esas 40 o 50 manzanas. Ahí donde presentábamos obras dramáticas en el Teatro Nacional, con directores como los maestros André Moureau, o Edmundo Barbero, y a teatro lleno. Pese a que las obras terminaban a las diez u once de la noche, con actores improvisados como Roque Dalton, Roberto Armijo, Hildebrando Juárez, Miguel Parada (después Rector de la UES). Este último era el único que hacía papeles principales; mi persona y otros poetas hacíamos papeles secundarios: verdugos, soldados, sirvientes, sin decir palabras; quizás un grito (solo éramos parte del marketing, pero cumplíamos con desenfado).

De esas realidades nació mi última novela publicada: «Los Poetas del Mal», o Generación Comprometida. En horas del día nos encontrábamos como periodistas cercanos las fuentes: Asamblea Legislativa y Ministerios, alojados en el Palacio Nacional. Cerca estaban los cafés para esperar las noticias: El Izalco, el Doreña, la Bella Nápoles, el Americano, y España. Ninguno de estos locales sobrevive. Como advierten, los lugares visitados lo fueron por razones de trabajo, o para departir sobre poesía alrededor de una taza de café. Los periodistas hacían lobby mientras llegaba la noticia. También eran sitios frecuentados por policías encubiertos para ver si descubrían pláticas contra el orden establecido por los gobiernos militares de turno.

Los «poetas del mal», además de escribir, también hacíamos periodismo radial. E incluso televisivo, pues uno de nosotros, Álvaro Menén Desleal, tuvo el primer telenoticiero en un edificio que retó el derrumbe del 1986 (Edificio Central), aun está ahí diagonal a Plaza Libertad, depreciado pero vivo.

Todo esto lo recupera mi nostalgia, entorno de mi vida de estudiante universitario y ciudadano especial, digo, porque fue ahí donde creció lo que la historia cultural conoce como Generación Comprometida, que ha ido dejando las señales de su presencia futura con su obra literaria.

Sobre el Centro Histórico recuerdo las palabras del investigador español Antonio Espada, quien escribió (2007) que «la parte más bella de San Salvador está en esa zona depreciada por la catástrofe del 1986». Lo demuestra con fotos publicadas en un medio digital.

Otro español, en el mismo año, exaltó a la Iglesia del Rosario como una bella escultura: «Cuando entro, dan deseos de quedarse como huésped toda la vida». Es extraño, pero las palabras de dos españoles me hicieron recapacitar en que yo pasaba todas las semana en ese lugar, después de haber vivido ausente de mi país por más de 21 años; pero fui a lo mío: mi compromiso laboral. Fueron esos dos testimonios de los europeos que me retaron a recobrar lo que fue parte de una vida intelectual, por la cual los escritores arriesgaron bienestar y beneplácitos.

Con los dos españoles comenzó la ruptura de traumas dramáticos por intolerancias y muertes. En aquellas épocas, originadas desde la institucionalidad. Y valoré las causas de quienes solo vieron fealdad: calles llenas de humo vehicular venenoso y violencia social. No por la guerra, sino por paz cotidiana. Cuando, según estadísticas de hace unas dos décadas, nuestra ciudad orgullo se había convertido en las tres más violentas del mundo. Pese a todo, «o tempora, o mores» (Catilinarias, Cicerón). Oh, dolores y amores.

Alfabetización, libros, pensamiento y desarrollo

Cuando se habla de suprimir el analfabetismo, las estadísticas incluyen a quienes apenas aprendieron a escribir su nombre, su firma y conocer los números. No obstante, la gente humilde es feliz.

Recuerdo que le pregunté a una señora de una comunidad, allá por La Unión (el Caulotillo): «¿Qué importancia le da al hecho de haber recibido clases para alfabetizarse?». Me respondió: «Conocer los números del teléfono y poner mi firma, pues así puedo llamar a mi gente que vive en el exterior, y eso me permite firmar por las remesas».

Por supuesto que mealfabe sentí bien con su respuesta. Pero no basta, es grato que la población rural, alejada del mundanal ruido, tenga un conocimiento elemental para sobrevivir y defenderse de la pobreza. Es un primer paso, lo peor sería no darlo. Aunque esto no basta.

Otra vez, en San Miguel, recibí una demostración del aprendizaje de una señora de un barrio de alta vulnerabilidad (Milagro de la Paz), y cuando le pregunté al alfabetizador si los alfabetizados conocían los números, pidió una voluntaria, una mujer sencilla que mientras recibía las clases sus pequeños hijos jugaban en el corredor de la escuelita. El instructor le dictó una cantidad superior al millón. Me quedé sorprendido que la señora escribió la cantidad de inmediato.

Mi asombro va más allá, cuando he conocido casos de quienes reciben educación formal en niveles más altos, inclusive superiores, que no pueden escribir de inmediato una cantidad dictada, superior al millón. Hay más ejemplos pero no quiero parecer ofensivo señalando malas prácticas de aprendizaje. Aunque eso ya es sabido: que un título no es suficiente para evaluar calidad formativa. Pero esto último es otro tema.

Sin embargo, si no hay sostenibilidad repercute en falta de oportunidades para emprender, para vencer realidades, para defenderse de la pobreza. Y lo mismo se aplica cuando hay analfabetismo funcional, quienes sabiendo leer y escribir, no alcanzan a percibir la importancia de una educación autodidacta mediante el libro y la lectura. La carencia de ese hábito, no le permite contar con medios que le lleven a beneficiarse en su vida laboral, o cae en desempleo y en dificultad para sus emprendimientos de sobrevivencia.

Además, hay alto porcentaje de analfabetos por desuso, que retroceden en su capacidad de lectura y escritura porque jamás van a tener un libro en sus manos. Incluyo el libro en los tres soportes: digital, analógico y audiolibro. En algunos de nuestros países regionales hemos descuidado el factor público de continuidad, sea por inopia, por carencia de recursos financieros para esos rubros, no obstante que contamos con recursos humanos preparados para dar la luz verde para vencer esos vacíos. Se ha avanzado, en parte, implementando programas de formación alternativa, pero se nos hace tarde para asimilarnos con efectividad al siglo XXI, y la era tecnológica. Países de otras regiones tuvieron condiciones de retraso, en las últimas cuatro décadas y sin embargo son ahora ejemplo de un desarrollo que casi pareciera inexplicable. Y cuya visión ha sido de la información tecnológica que lleva al conocimiento y a la inventiva.

Asia es el ejemplo palpable; pero igual en países pequeños europeos, que han sufrido las consecuencias de dos aterradoras guerras mundiales, tales como Finlandia, Islandia, o Países Bajos. Los conflictos bélicos y dictaduras padecidos por cuatro países de América Central, no justifica permitir la paralización. Pese, repito, a contar con recursos humanos calificados.

¿Qué faltaría? Políticas de Estado; racionalización del gasto público para que cultura, salud y educación sean prioritarios. Más aun se está volviendo una necesidad la reforma a las leyes obsoletas no adecuadas a la era tecnológica. De no ser así será difícil cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como lo plantean las Naciones Unidas para superar todos los retrasos e inequidades. Y cultivar así una cultura de convivencia, a partir del respeto a las leyes.

En América Latina, hay por lo menos 10 países que tienen más del 98% de alfabetizados, por América Central se incluye Costa Rica en quinto lugar, después de Cuba, Chile, Uruguay y Argentina, en ese orden; pero no se trata de evaluar el hecho de leer y escribir, sino que han partido de esas acciones estratégicas para los logros educativos que incluye publicación de libros y fomento de esa industria que incluye promoción de lectura.

Si hay libros hay lectura, si no hay editoriales perdemos una base fundamental de desarrollo. México lo hace desde hace casi un siglo: publicación masiva para distribución en centros escolares.

A propósito, Alberto Fernández, presidente de Argentina, da una grata noticia: los programas educativos deben incluir la lectura de 183 libros en el año, entre ellos obras literarias. La lectura crea una cadena de resultados para favorecer el pensamiento crítico, hace comprender los problemas nacionales, y facilita la sinergia que permitirá una sociedad democrática y pacífica. Los países del mundo se fijaron una agenda de 30 años para cumplir los ODS.

Y al hablar de libros no debe hacerse distinción entre uno y otro soporte. En España, referente de desarrollo más cercano a nuestra cultura, el libro digital alcanza el primer renglón porcentual de lectura, seguido del audiolibro, y relegando a gran distancia al libro en papel, que no resta su importancia en la educación formal.

La idea es saltar la brecha que obstaculiza el camino hacia el logro del desarrollo sostenible según lo indica el PNUD. Aplicarlo en El Salvador es un compromiso para arribar a un país viable que priorice en programas hacia un país «productivo, educado, y seguro». Significa nuevo pensamiento, cambios de mentalidad hacia las limitaciones de los sectores más pobres.

Sobretodo visión de futuro, donde la calidad se valore a partir del conocimiento para adquirir habilidades creativas, valores y comprensión de la cultura contra las desigualdades; contar con agua potable, salud, educación de calidad, convivencia, igualdad de género. Son 17 objetivos planteados por las Naciones Unidas. Nuestro reto para salir del retraso secular.

Transporte público, idea al vuelo

A finales de diciembre leí en redes sociales reclamos por el subsidio del transporte, me llamó la atención una persona con espíritu crítico que solicitaba se hicieran propuestas, no solo desahogos e insultos. Es un tema político que preferiría no tocar, pero por tratarse de educación al ciudadano presento algunas ideas. Parto de una frase del escritor clásico alemán Goethe: «Gris es toda teoría amigo mío, pero verde es el árbol florido de la vida».

Estoy casi seguro de que quienes definen el problema no conocen el interior de un bus, aunque quizás lo conocieron en su época de limitaciones económicas; pero lo olvidaron. Para comprender las quejas del transporte público deben conocerlo por dentro quienes definen las políticas públicas. Me imagino la satisfacción del usuario, el de a pie, atestiguando la presencia de quienes definen esas políticas, en especial quienes nos legislan.

Una práctica territorial, sería valedera para solucionar el problema; conocer en directo el malestar ciudadano. Inclusive sería un acto mediático favorable al político partidario.

Cuando estudiaba Derecho (significa muchísimos años), me preguntaban cómo creía que podría solucionarse el tema del transporte urbano: «¿Crees que en un futuro utópico la clave para mejorarlo sería que cada familia tuviera un automóvil, o si la clave sería mejorar el transporte público?». Caí en la trampa. Respondí: «El automóvil, por supuesto». Después de visitar varios países de América Latina y los EE.UU., y Europa, reparo que el resultado beneficioso, utópico, es el transporte público. Expongo al respecto ideas partiendo del punto de vista de Goethe: Conozcamos la realidad. El tema es complejo por circunstancias propias del país después que negociaron la paz las partes en conflicto. Por razones de espacio reduzco las ideas:

Después de 21 años de ausencia, regresé a mi país, y me llamó la atención, viajando a San Miguel, mi ciudad, el caos vehicular, en especial en el bulevar del Ejército. Reparé en la zona verde desde San Martín hasta el «reloj de flores». Entonces escribí que la solución del transporte público sería un metro elevado. Bastaban dos rutas para comenzar: San Martín-Santa Tecla; Apopa-San Jacinto. La zona verde divisoria de los carriles era propicia. Aminoraba la inversión. Por supuesto que se debía invertir para ganar espacios en el abandonado centro de San Salvador. Por la vulnerabilidad sísmica del Valle de las Hamacas un subterráneo se ve inviable.

Es que al hablar de Metro pensamos en los subterráneos de Nueva York, Londres, México; y el de Moscú, considerado como un palacio bajo tierra, con 44 estaciones declaradas patrimonio cultural. En cualquiera de estos circulan millones de personas al día.

También hay otros metros de ciudad pequeñas, como el de Medellín y Panamá, financiados con préstamos blandos y su prestigio es tal que a la gente incluso lo ha convertido en atractivo turístico. ¿Nosotros por qué no? ¿Faltó visión cuando enviamos el tren a un museo?

Volver al tren implica invertir, pero se recupera con el rendimiento y productividad. La masa laboral, no tendría que madrugar al trabajo, sin el estrés bestial de los embotellamientos, accidentes, muertes (más ahorro en hospitales y medicinas). Evitaríamos enfermedades del pulmón y cáncer. ¿Se ha tomado en cuenta que es otro subsidio cuando se hace llover humo venenoso en las calles? Solo eso ya sería ganancia: menos enfermos pulmonares, más productividad laboral. Más cultura humanitaria, menos odios y resentimientos. Más respeto a la Constitución, cuando ordena propiciar el bienestar humano.

He viajado en bus en casi todos los países que he visitado. En los años 80 visité muchas veces Holanda y Europa, viajé en trenes y buses urbanos e interurbanos, con tarifas diversas: para estudiantes, para turistas y adultos mayores. Incluso se permite que el usuario haga pago «voluntario». Pagar es deber ciudadano. El usuario marca su tarjeta mensual o semanal, o inserta la moneda sin control directo del conductor. También lo observé en San Francisco, California, este año que pasó. Se puede viajar gratis; solo con riesgo que esporádicamente suba un inspector; si no tiene registro de pago en su ticket recibe una multa.

Tuve un agente literario en Nueva York, vivía en los suburbios y por razones editoriales nos tocaba viajar a Manhattan. «Iremos en tren», me decía. En el transcurso le pregunto si no tiene auto, y me responde que sí, pero que solo la usa los fines de semana, para distancias cortas fuera de la ciudad, para paseos con la familia. «En tren llegamos en media hora; en auto llegaríamos a la cita en 4 horas, por el tráfico y por la búsqueda parqueo. Además, the time is gold. El tren nos dejaba a dos cuadras de la editorial.

A propósito de países hermanos, en Costa Rica se está preparando 45 estaciones de trenes de alta tecnología que cubrirán la gran Área Metropolitana, con proyecciones de llegar a provincias alejadas, incluye tren elevado en la ciudad, para lo cual se calcula una inversión de $52 millones. Para variar, las máquinas se están construyendo en China. ¿No contamos con nuestros impuestos para esos 52 millones, pagados a largo plazo? ¡Ah!, y el adulto mayor no paga pasaje urbano, que comprende recorridos de hasta 25 km. El ingreso se controla con ojo electrónico, sin los primitivos trompos, para evitar trato indigno al ciudadano, al discapacitado, cultura inclusiva contemplada en nuestras leyes y Constitución. Es triste ver a los niños arrasarse debajo del torno o trompo.

Transcribo palabras de un millennial costarricense: «Nosotros pagamos con gusto la tarifa urbana, pues de ese modo favorecemos a nuestros padres y abuelos, y cuando nosotros lleguemos a esa edad, habrá otros jóvenes que pagarán un precio para subsidiarnos como adultos mayores. Además, que pagamos por la comodidad y calidad del transporte». Sus palabra expresan una alta educación ciudadana.

¿Podemos alcanzar esa formación cultural y educativa? Claro que sí, pero las nuevas generaciones deben comenzar desde ya, o nos come el tigre. Sin un futuro político humanista.

Nobleza obliga: cooperación y Biblioteca Nacional

Se acerca el 150 Aniversario de la Biblioteca Nacional (fundada el 05/07 de 1870), segunda institución educativa de la historia republicana, después de la Universidad de El Salvador. Amerita entonces a seguir refiriéndome a esta entidad, los pasos dados, énfasis en tecnología, pese a disponer de un presupuesto más que limitado para operar.

Si nos preguntamos cómo se logró avanzar sin tener presupuesto para operar, la respuesta es la cooperación nacional e internacional. A lo que se agrega, a finales del 2019, el paso gigante con la construcción de nuevo edificio acorde con el resguardo de la documentación histórica salvadoreña.

Nobleza obliga agradecer los apoyos de empresas privadas, amigos e instituciones diversas que apoyan nuestras acciones relacionadas con el libro, lectura, niñez, y equipos para aplicar procesos tecnológicos en los procesos. Por ahora menciono lo más reciente, el recuerdo más fresco: la inundación que tuvimos a finales de abril del corriente año. Un llamado público despertó la solidaridad que nos permitió salvar los 400 volúmenes deteriorado por el agua en abril del 2019, y permitió apreciar la sensibilidad social de personas e instituciones. Para ello es notable el apoyo inmediato de UNESCO.

La solidaridad mide el grado de conciencia de Nación de muchos salvadoreños para salvaguardar los contenidos de humanismo cultural. Gestos que fueron cubriendo los vacíos ante toda adversidad, incluyendo inclemencias de la naturaleza.

Pero años antes se dio un caso especial: a mediados del siglo pasado se logró construir un edificio de la Biblioteca Nacional de nueve plantas, en tres cuartos de manzana, que nos ha permitido pregonar con Roque Dalton que «no siempre hemos sido feos». Pero fue destruido totalmente en el terremoto de 1986.

El otro similar fue el de la cooperación española que estuvo trabajando en horario normal por casi un año para remodelar el actual edificio, lo cual se frustró debido a los dos terremotos de principios del 2001. El financiamiento español para la remodelación tuvo que desviarse por decisiones gubernamentales, para paliar la destrucción que se centró en el deslave del residencial Las Colinas de Santa Tecla. Ahí terminó la segunda pesadilla que, de no ocurrir la tragedia, se hubiera sentido orgulloso el maestro Alberto Masferrer, promotor de bibliotecas.

Es dable mencionar que a finales del siglo XX y transcurso del siglo XXI logramos apoyo de la cooperación internacional: AECI de España; la Universidad de Barcelona, la Embajada de Estados Unidos. Y otras de gran relevancia por más de ocho años consecutivos de la cooperación sueca, años 2000 al 2008, (ASDI –Cooperación Sueca- y Biblioteca Real de Suecia), apoyo que permitió iniciar en el 2005 las capacitaciones de digitalización. Este proyecto financió equipamiento tecnológico y estudios de cuatro bibliotecarios en esa rama. Se recibieron en la Universidad de Colima. Uno de ellos asistió a una pasantía en la Biblioteca Nacional de Brasil.

Dimos prioridad a libros históricos antiguos. Así, Suecia nos llevó a proyectarnos hacia la población migrante, alejada de sus signos de identidad, pese a contribuir a la economía gracias a la nostalgia, lo cual no va a repetirse con las siguientes generaciones nacidas en otros países, por eso fue necesario beneficiar a las familias lejanas para que con un clic tuvieran información nacional.

Hubo otras capacitaciones centroamericanas financiadas por ASDI y Biblioteca Real. Se agregó además la compra de estantería, equipos bibliografía, y material de conservación, también equipó con libros al Bibliobús (vehículo donado por UNESCO, 2006) aun activo. La cooperación sueca se extendió a toda América Central, de 2002 a 2008.

Se sumaron equipos de digitalización ofrecidos por la Universidad de Barcelona, incluyendo capacitaciones, punto de partida para ingresar a dos plataformas digitales. Fuimos el séptimo país en ingresar con nuestra documentación histórica en la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano, lograda desde un esfuerzo de la Asociación de Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas Nacionales (ABINIA), y Biblioteca Nacional de España.

Al mismo tiempo alojamos nuestros libros en REDICCES, gracias a la sinergia valiosa del Consorcio de Bibliotecas Universitarias de El Salvador (CBUES). En la plataforma de REDICCES la BN tiene 980 documentos que han sido visitados por 98,869 usuarios, superando por 35,266 visitantes a la universidad que le sigue (tiene 63,403 usuarios), y con más usuarios a diecisiete universidades restantes. Además, creamos las bases de un Sistema Informático propio (el KOHA), en ISSS y BPs.

La cooperación sueca priorizó, por sobre las Bibliotecas Nacionales, a las Bibliotecas Públicas (BPs) de América Central, financiando equipos informáticos, mueblería, estantería, colecciones infantiles y muebles. Esto nos estimuló para incorporar acciones dirigidas a la niñez con el Bibliobús (desde el 2007), cubriendo a pequeños lectores en decenas de comunidades vulnerables.

Con lo anterior recuerdo la sabiduría del filósofo chino Confucio hace más de dos mil quinientos años: «Si tu plan es para un año, siembra arroz, si es para diez años siembra árboles; pero si tu plan es para cien años educa a los niños». Se agregan otras proyecciones y promociones del libro y lectura aunque no son funciones intrínsecas de una Biblioteca Nacional, cuya prioridad es custodiar la bibliografía patrimonial, fuente de información y conocimiento y vínculo educativo de desarrollo.

Las nuevas generaciones deben prepararse y recibir formación adecuada a los nuevos tiempos, procurando proyectarse a formar mentalidades abiertas y creativas desde los primeros años de vida, para contar con jóvenes futuros que no se encadenen a los barrotes y menos que huyan en emigraciones inhumanas. La lectura y el libro significan cultura propositiva y desarrollo neuronal. El libro digital, como el audio libro, y el analógico (en papel), en ese orden, están ocupando de mayor a menor el interés de los lectores: escuchar la lectura es también «leerlo». En fin, crear una sociedad con sinergia, que sea diferente, avanzada, comprensiva a cambios, inclusiva, conviviente, democrática.

De modo que las pesadillas actuales se reviertan al sueño de Masferrer de hace ciento cuatro años. Construir un país desarrollado, emprendedor, esperanza de salvación nacional. Requerimos tecnología avanzada y voluntad política.

Bibliotecas: expresión universal de la cultura

Las Bibliotecas Nacionales son entidades existentes en cada país del mundo, una por cada país, le importan dramas históricos sin divisiones políticas, ni sesgos ideológicos. Menos de una decena de países en el globo carecen de estas «catedrales del conocimiento», como le llamaron los egipcios; o «república de las letras», como dicen los chinos. Nosotros hemos retomado el concepto de «biblioteca en la calle», que implica salir de las paredes y del escritorio hacia los usuarios que lo necesitan. Son tradición de humanismo para el desarrollo humano.

En Nínive (Siria) se edifica la primera biblioteca organizada más reconocida, con obras en tabletas de arcilla de hace 2700 años. Y luego está la de Alejandría, (Egipto, 2300 años), ahora una de las más grandes y bellas del mundo. Esa perennidad es la función patrimonial que preserva valores de identidad, conocimiento, información documental.

Con estas características las Bibliotecas Nacionales se convierten en acompañantes imprescindibles de desarrollo, brazo a abrazo con la humanidad. Y vistas en la era tecnológica se agrega como fuente adicionada a la investigación científica. En fin, son colectivos de nacionalidad, que, articulada con otras instituciones, despliega políticas de lectura promoviendo el libro como eje transversal educativo. Este gran paisaje nos lleva a pensar que una biblioteca también alfabetiza en emociones, sensibiliza, crea socialización familiar; fuente inicial para recrear ideas, y contribuir al pensamiento crítico que incide en formar sujetos propositivos y creativos. Incide en crear sensibilidad y sociedad democrática y conviviente. Es referente nacional e internacional de la producción literaria y cultural de un país.

Estas ideas parecieran nuevas, sin embargo, en El Salvador ya lo dijo un visionario del desarrollo social y la economía. ¿Qué fines tienen el libro que cultiva valores en la comunidad? Alberto Masferrer responde en su obra «Leer y Escribir» (1915): «Crea un nivel de cultura que contribuye a la democratización, a la salud y al bienestar como realidad posible, (ofrece) una extensa comunicación mental que nos vincula». De otra manera «viviremos en la anarquía de ideas y aspiraciones cada quien por su lado, sin posibilidad de transformar la Nación». Noten como este visionario autor salvadoreño incluye desde aquellas épocas salud mental y control de las emociones con el libro y la lectura.

En el caso de una Biblioteca Nacional es algo mucho más que el repositorio de obras que ofrece al usuario. Significa comunicación que humaniza con su información. Entra en contacto con la vida y con los que viven en un entorno social sin exclusiones de ningún tipo.

Y para no quedar solo en palabras, en el caso nuestro, la Biblioteca Nacional recibe jóvenes que no llegan solo por un libro, o una publicación periódica; también buscan descubrir el significado de su máxima institución bibliográfica que ofrece un diálogo con los bibliotecarios para compartir historia y libertad de pensamiento.

Porque desde ABINIA-América Central se decidió contar con funciones adicionales como la Biblioteca Móvil, destinadas a las comunidades; la Sala Infantil; promoción de la lectura y libros; y diversas formas de extensión cultural. Ofrece también un servicio adicional al usuario que necesita el diálogo para resolver limitaciones y vacíos de conocimiento, no solo tener acceso a la obra analógica o digital. Y en el caso de los niños se debe ofrecer dinámicas lúdicas para empatía y vocación por el libro y la lectura.

Porque las bibliotecas no solo deben limitarse a entregar obras para leerlas o investigar. Sino convertirse en hacedores adicionales de una civilización edificante para fortalecer la mejoría intelectiva y social desde edades tempranas.

Aprovecho para citar ideas del filósofo y escritor español Fernando Savater, quien hace un planteamiento innovador sobre libros y bibliotecas: formar seres humanos completos, ofrecer una perpetuación humanística: «Nos hacemos humanos unos a otros, repartimos humanidad a nuestro alrededor y la recibimos de los demás». Porque la Nación no es definida «por la tierra o sus componentes naturales», también se construye «por un estado de derecho, por el respeto a una Carta Fundamental y a las leyes de un país».

De modo que debemos obligarnos a educar como si cada ciudadano pueda ser un futuro gobernante. Insiste: «La educación es lo que lucha contra esa fatalidad que hace que el pobre siempre tenga hijos pobres y que el ignorante siempre tenga hijos ignorantes». Savater habla de la educación por medio del libro: «La literatura como alegría y salvación en el arte de educar para multiplicar nuestra alma». Y continúa: «La persona que sabe leer, que se aficiona a la alegría de la lectura, tiene goces extraordinarios. El mundo está lleno de diversiones caras. Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para pasar los fines de semana… (pero) la riqueza que nos dan los libros es real, duradera y limpia».

Estas ideas expuestas llevan a la necesidad de apropiarnos del concepto extenso de las bibliotecas: educan, recrean, transforman mentalidades para una sociedad emocionalmente pacífica, porque significa formar en inclusión, equidad, tolerancia, solidaridad social, ética política, honestidad, como prevención de la violencia. Por eso muchos países han hecho de las bibliotecas un espacio espectacular con arquitecturas asombrosas y similares contenidos.

Cito los ocho millones de libros de la actual biblioteca de Alejandría, fundada hace dos mil años. La Nacional de China, con 31 millones de ejemplares, la más grande de Asia, «una especie de sumun del conocimiento».

Las Bibliotecas Nacionales conservan el patrimonio bibliográfico como función estratégica formativa de civilización de lo cual se ha ido apropiando en el curso de los siglos. Tal las Nacionales de Taiwán, de Irlanda, Croacia, España. Las Reales de Dinamarca y Suecia. Todas con un sistema que aúnan investigación científica y bienestar social, catedrales y repúblicas del libro. Soporte humanístico para el desarrollo integral.

Son diferentes las Bibliotecas Públicas, orientada a las comunidades con lecturas y atención a la niñez. De estas conozco espectaculares como las de Nueva York, San Francisco, Estocolmo. Pero esto es tema aparte.

Nota.- Segunda parte y final del trabajo solicitado por «Journal of Science, Technology and Society«.

Biblioteca y patrimonio de la nación

Con el título de Biblioteca Nacional, Custodia del Patrimonio, será publicado en inglés este ensayo sobre Bibliotecas Nacionales en el «Journal Science and Technology», en contacto con otros 300 medios. Dado el trabajo que ha realizado nuestra entidad, me pareció necesario dar a conocer datos que no todos conocen. El trabajo a publicar lo leí al cumplirse el 147 Aniversario de nuestra institución como un pórtico a dos años de cumplir su siglo y medio de existencia, (julio 2020). A continuación transcribo la ponencia calificada por la publicación científica, como una investigación que se adapta a las exigencias de ese medio. Acto continuo publico una primera parte:

El papel que juega una Biblioteca Nacional amerita destacarse, más ahora que estamos por cumplir siglo y medio de existencia. El mandatario de aquel entonces (1870) compró la «Colección Lumbruschini», llamada así por haber pertenecido al cardenal Luigi Lambruschini, Secretario de Estado del Papa Gregorio XVI. Este dato es importante por la trascendencia que le dio el gobierno de aquella época para crear la segunda institución educativa de la Republica. La primera fue la Universidad de El Salvador.

Sin embargo, después de siglo y medio no nos hemos apropiado de valor institucional, entre otras cosas por los vacíos en investigación y esmero por lo patrimonial. Por ejemplo hay personas que me han preguntado cuántas bibliotecas nacionales hay en el país. La diferencia con las bibliotecas públicas, que pueden ser muchas: «Debería haber una en cada municipio», decía Masferrer refiriéndose a las públicas. Mientras las Bibliotecas Nacionales es solo una, la de cada Estado.

De manera que no es baldío insistir su papel de custodia del patrimonio bibliográfico de un país cuyo desarrollo estaría ligado a una labor educativa relacionada con las investigaciones sobre la memoria histórica. Cabe reafirmar de ellas que son «catedrales del conocimiento».

En diversas reuniones anuales que las Bibliotecas Nacionales centroamericanas tuvimos con asesoría de la Biblioteca Real de Suecia, se determinó como obligación social extender sus funciones a promover la lectura y el libro, contribuir a una alfabetización que no sea solo conocer primeras letras y dibujar la firma. Alfabetizar es crear lectura y lectores propositivos, como señaló Alberto Masferrer desde 1915.

La Biblioteca tiene funciones tradicionalmente aceptadas; pero va más allá: contribuye a formar desde sus funciones culturales con el libro y lectura. No solo recopila obras de todos los tiempos relativas a un país; o clasifica, y muestra a los lectores; debe conservarlas y preservarlas como libros antiguos, aunque no tenemos muchos si nos comparamos con los países de Europa que tienen en sus bibliotecas miles de libros tesoros, caso del Diario de Marco Polo (1300), Portugal; o los 95 tesis (1517) de Lutero sobre la Biblia, Alemania.

Al referirnos a una Biblioteca Nacional cabe hablar de tesoros patrimoniales de valores escritos. Vale decir museo del libro, con la diferencia que los objetos contenidos deben ofrecerse a los investigadores y lectores. Y en un museo solo se mira.

La preservación ha sido favorecida por la tecnología informática, por eso dimos prioridad a digitalizar las obras históricas nacionales para ofrecerlas en nuevos formatos. No digitalizamos obras contemporáneas por carecer de presupuesto para pagar derechos de autor.

Cuando se creó la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano (BDPI), en España, fuimos el 7º país de Iberoamérica en ingresar con nuestras obras patrimoniales. Nos adelantamos gracias a que fuimos equipados por la Universidad de Barcelona. Entrar a esa dimensión informática no hubiera sido posible sin el apoyo europeo, especialmente.

Actualmente contamos con 700 volúmenes en la BDPI; también nos incorporamos a la plataforma digital REDICCES (de universidades salvadoreñas), en la cual la Biblioteca fue aceptada. Aloja 800 obras. Ambos alojamientos nos dan presencia por Internet en la región de Iberoamérica (incluye Brasil, España y Portugal). Además, la BDPI está en proceso para ingresar a espacios más amplios como es el Instituto Iberoamericano de Berlín, para el acceso a otros países de Europa.

Los formatos digitales permiten a El Salvador favorecerse pues tiene casi un cuarto de su población en el extranjero que con sus remesas contribuyen al bienestar económico de familias desfavorecidas. Alojar esas obras permite al migrante facilidades de contar en su hogar con las señales de su identidad y proyectarlas a las nuevas generaciones que crecen en el exterior.

Otra asesoría que nos ofreció la Biblioteca Real de Suecia, fue crear ABINIA Centroamericana, para darle mayor representatividad en la ABINIA oficial (Asociación de Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas de Iberoamérica). Se planteó entonces ofrecer servicios a niños y niñas, aunque no fuera función propia de una Biblioteca Nacional. Pero las necesidades de retrasos educativos lo requerían. Tampoco era función contar con un Bibliobús (donado por UNESCO). Además fortalecimos la Extensión Cultural.

El libro, expresión creativa de la memoria histórica, parte del ser nacional, permite conocernos, y tener mejor reconocimiento de la propia realidad.

Doy algunas cifras que pueden reflejar una idea de la importancia de esas incorporaciones. En Facebook llegamos a contar con cinco mil 300 seguidores diarios informados por esa plataforma digital. Y en Twitter sumamos 900 personas (son datos de 2018). De ese modo la Biblioteca Nacional llega a usuarios a distancia. Lo logramos en menos de dos años de promoción y divulgación por redes. Inclusive superamos en número de seguidores a algunos ministerios con mayores recursos en equipos de comunicación y con más años en esa ruta tecnológica. En dos años los superamos en seguidores.

A esto se agregan tres mil visitas mensuales que alcanzamos en el sitio web binaes.gob.sv para ofrecer información básica a lectores que nos buscan por Internet.

Con la divulgación de estos logros nos adelantamos a conmemorar el siglo y medio de existencia. Agrego el gran papel jugado por el equipo informático de la Biblioteca, con apoyo de algunas técnicas bibliotecarias, por sus esfuerzos de instalar un sistema informático propio de Administración Bibliotecaria, como aporte a la modernización. Todo un sueño de largo alcance.

Premio Nobel escribe novela centroamericana

El consejo que doy a escritores noveles, incluso jóvenes de educación media, que aspiran a escribir poesía o narrativa, es el de leer, leer y leer. Y les recuerdo la frase del poeta-bibliotecario por antonomasia, el argentino Jorge Luis Borges: «Me siento orgulloso de los libros leídos, más que de mis libros publicados». Y, por supuesto, se debe escribir y escribir. No pensar lo que se desea narrar, sino ponerse frente del teclado y escribir lo que se piensa.

Pongo de ejemplo al Premio Nobel Mario Vargas Llosa (Perú, 1936), quien ganó sus primeros premios internacionales a temprana edad. Y ahora, en el 2019, publica su novela histórica sobre Guatemala de 1951-1954 y las repercusiones actuales en los últimos treinta años de ignominias vividas por Centroamérica. Su Título es «Tiempos Recios» (Editorial Alfaguara, Madrid, 2019).

Siempre me llamó la atención la narrativa de este Nobel de Literatura. En su vida ciudadana es un exponente de ideas ultra liberales, y calificado como gran individualista. Sin embargo sus obras las orienta hacia temáticas sociales realistas relacionadas con el historial trágico arrastrado al siglo XXI hacia nuestros países.

Otro ejemplo de sus novelas es «La Fiesta del Chivo», narrativa sobre la satrapía de Leonidas Trujillo, a quien sus arrogancias enfermizas lo llevaron a bautizar la capital de República Dominicana como Ciudad Trujillo. Además, el sátrapa tuvo mucho que ver con lo ocurrido en Guatemala (1954), y las repercusiones actuales centradas en las desigualdades conocidas.

Hay una novela anterior del Nobel peruano: «El Sueño del Celta». Trata del negocio y cacería europea en África para establecer el mercado de esclavos que necesitaban los países en búsqueda de su desarrollo. Y su misma novela autobiográfica «La Ciudad y los Perros» (premiada en España, a sus 25 años), una obra social sobre los adolescentes «light» de la burguesía peruana.

«Tiempos Recios» se refiere a la invasión que sufrió Guatemala cuando Juan Jacobo Árbenz (gobernante de1951-54) dio continuidad a las reformas sociales iniciadas por el mejor presidente que ha tenido ese país, el educador y filósofo Juan José Arévalo (gobernó en 1945 a 1951). El gran pecado de ambos fue proponerse una reforma agraria que afectaría el dominio feudal ejercido por la empresa United Fruit Company, que con el banano y su infraestructura había convertido un gran imperio en Centroamérica. Por eso, en esa época, éramos considerados como «repúblicas bananeras». Espero no lo sigamos siendo con similares modalidades.

Además de Arévalo y Árbenz, el Nobel peruano agrega dos personajes inteligentes y perversos, Samuel Zemurray, de Nueva Orleans, conocido como «Hombre Banano», gerente de dicha empresa; y el publicista de Nueva York Edward Barneys, artífice de las manipulaciones políticas que dieron origen a la invasión a Guatemala, con mercenarios entrenados en Honduras y Nicaragua, dirigidos por el coronel guatemalteco Carlos Castillo Armas. A Barneys se le ocurrió que para deshacerse de las ideas modernizantes de Arévalo y Árbenz había que inventarse el peligro comunista que estos representaban, pese a ser declarados anticomunistas; pero sus gobiernos parecían poner el peligro los privilegios que le concedían los dictadores a la United. Según la prensa norteamericana de la época el gobierno de Árbenz ponía en peligro a los EUA, por su cercanía a Washington, y a dos horas del Canal de Panamá, en esa época propiedad norteamericana.

La paradoja fue que Árbenz y Arévalo tenían como modelo para Guatemala la democracia de los EUA, sacarla del feudalismo y de las injusticias que sufrían los trabajadores del banano carentes de los mínimos derechos. Aunque Costa Rica se salvó de esas dictaduras impuestas por la United, y sus socios de la geopolítica; su dominio se basaba en sostener un modelo feudal en las bananeras. Se describe en la novela testimonial «Mamita Yunai» (1940), del costarricense Carlos Luis Fallas.

«Tiempos Recios» se adentra a la histórica tragedia de Guatemala de 1954, que culminó años después en genocidios que golpearon a toda Centroamérica, y cuyos efectos aun se viven manifestadas en emigraciones dramáticas, desempleo e inequidades sin límites. Un dato interesante que agrega Vargas Llosa es el papel que juega la salvadoreña, esposa del derrotado Jacobo Árbenz, a quien tenía como asesora, «una talentosa, adinerada y culta salvadoreña, educada en los EUA: María Cristina Vilanova, de las famosas catorce familias», dice. Ella también aspiraba, como Arévalo y su marido, al modelo de democracia similar a los Estados Unidos.

Samuel Zemurray, como alto ejecutivo de la United Fruit Company, conocido como «Banano man», contrata al hábil y manipulador publicista (Edward Bernays), para evitar que en Guatemala se realizara una reforma agraria que perjudicaría al imperio bananero.

Para lograr esos fines Bernays propuso, una campaña mediática que evitaría la pérdida de los privilegios de «Mamita Yunai», incluyendo su poder para imponer las dictaduras militares en Centroamérica. De modo que promovió en la gran prensa norteamericana que Guatemala había caído «en las garras de las grandes potencias comunistas». Vargas Llosa hace un registro magistral de los personajes reales Barneys y Zemurray, quienes triunfaron en sus intenciones perversas. Para ello organizaron la invasión a Guatemala desde Honduras y Nicaragua, con sus gobiernos títeres, Lozano y Somoza, protagonistas necesarios para apoyar la invasión.

Barneys, empleado de Zemurray, manipuló a los periódicos progresistas y prestigiosos de los EUA. «Si lo hacemos en periódicos conservadores no van a creernos», decía. Y creó la histeria mediática en las alturas políticas de los Estados Unidos.

El otro personaje ya mencionado es el militar guatemalteco reclutado para dirigir la invasión. Este, a la vez fue asesinado por sus promotores por desviarse de las políticas corruptas. La gloria del coronel Carlos Castillo Armas solo duró cuatro años. Impuesto como presidente fue asesinado en la casa presidencial de Guatemala por los organizadores de la patraña.

La guillotina cayó sobre Centroamérica: genocidios, desempleo, injusticias desde el poder; que ahora repercute en desempleo y caravanas de sobrevivencia. Además, Vargas Llosa demuestra que las «fake news», no son nada nuevas.

Literatura: periferia y mujer en la novela

En las entrevistas que me piden los jóvenes y docentes hay dos preguntas que nunca faltan, una es sobre la «Generación Comprometida». Y la otra, sobre el papel de las mujeres como personajes en mi narrativa. Dejo lo de la «Generación» para otra oportunidad y retomo al compromiso de dar voz a la mujer desde sus espacios de vida. De lo que estoy seguro es de que ambos temas tienen que ver con el proceso de desarrollo cultural. Y quizás eso le pone un acento didáctico a mis libros, pese a que todo escritor rechaza cualquier didactismo en su obra literaria.

En verdad, si acaso hay algo de didáctico, el mostrar una faceta de la mujer como agente cambiante de vida, no solamente un ser sin voz, o madre sacrificada que acepta que los otros decidan por ella, sino activa y participante, de acuerdo a las aguas del río social que no deja de fluir. Incluso en la madre hay transformaciones que implican una presencia más visible.

Al este respeto, tengo un poema titulado «Mamá» (publicado por 1978), en el que me gusta cómo queda completo con un epígrafe de mi buen compañero de letras el periodista, historiador, poeta y fundador de editoriales Ítalo López Vallecillos: «Si algún sentido tiene el concepto patria, hay que buscarlo en las madres de este país, ellas son sin duda la Patria ofendida». Frase de Ítalo que motivó posteriores personajes mujer en mi obra narrativa.

Dicho epígrafe me pareció muy apropiado al poema, y posteriores novelas: la mujer que simboliza la patria. Así, a la vez que inspiré a Ítalo al mencionar mujer y patria para referirse al poema, del cual ofrezco a mis lectores los primeros versos: «Mamá querida, oración por todos./Llena eres de gracia como las primeras lluvias que originan las primeras milpas». Esto como reconocimiento a quien alimenta desde sus senos, y con ello incide en salud, y rendimiento escolar. La madre a quien, pese a todo, se le impone una carga injusta de exclusiones.

Retomando el hilo, como se hace en Twitter, ya no me referiría a la mujer sacrificada, «o mujer maléfica», «ligera de faldas» (como la cultura patriarcal nominó. A la rosa de El Principito, Consuelo Suncín). Pienso en esa «patria ofendida» y que para compensar, por lo menos en los países del Triángulo Centroamericano, merecería cambiarse el nombre Patria por Matria, las humilladas en sus limitaciones, las que con modestias económicas, han hecho sobrevivir la población en esos países.

En resumen, aspiro a proyectar a la mujer en la historia, no como heroína de inventiva; y menos objeto de intereses ofensivos, sino como la mujer en el tiempo dentro de una sociedad que se distinguió siempre por el prejuicio y la desigualdad.

Se trata de manejar lo literario relacionándolo con un proceso de ubicación, un reconocimiento a las necesidades e intereses de la mujer en sus particularidades como persona, como agente de transformación social, y no el ser objeto para atraer una atención sesgada, sino participante directa en la vida social, económica y política. Tampoco se trata del ser despechado, o la madre sufrida, la mujer «mártir».

La mujer debe estar donde le toca estar, empoderada o empoderándose en sus decisiones. A los demás nos toca avanzar en cultura para garantizar espacios incluyentes.

Conozco mujeres que en su rol de madres concilian la vida familia con la vida laboral, no importa si son criticadas hasta por la misma familia extendida; ellas rompen con paradigmas, cumplen con las exigencias del trabajo y a su vez garantizan el bienestar de sus hijos e hijas haciéndose acompañar de ellos en sus labores. En fin de cuentas la mujer orienta en la formación inicial, sin edad límite para comenzar su función, puede ser desde el vientre materno o desde sus primeros meses. Es la que asume las obligaciones vitales, aunque la cultura tradicional le resulta difícil reconocerlo con hechos. De esta manera de educar hay frutos, en mágica conciliación entre trabajo y responsabilidad familiar. Es otro diferente caso cuando la mujer trabaja en casa sin percibir salario sin reconocimiento a su aporte en la productividad del país, no obstante que las labores hogareñas hacen que cada quien tome sus responsabilidades ocupacionales aunque la madre no se devengue sueldo.

Además, tiene la ventaja histórica y función orgánica natural, y privilegio maravilloso, de procrear, en el mal nominado «producto» o embarazo, toda una ventaja de la naturaleza, aunque tanto hombre como la mujer son los que resultan embarazados. Otra cosa es que la cultura patriarcal solo atribuya el embarazo a la madre y la responsabilice si dicho «producto» no llega a feliz término. Al respecto, les invito a leer «Los poetas del mal», mi novela con temática de la mujer arraigada y desarraigada de su entorno social que me permitió destejer sus emociones de historia personal y colectiva. ¡Una reedición, please! Además, tiene otro privilegio de la naturaleza consistente en que solo ella tiene otro privilegio de darle un futuro de sanidad temprana, como es el hecho de amamantar, el acto más humano en el desarrollo de salud integral futura.

De modo que si la narrativa es pasión, debe ser pasión por visibilizarla en su historia íntima de necesidades e intereses comunes, en su participación para el cambio social, lo que da la pauta al crecimiento, incluyendo sensibilización y salud preventiva al nuevo ser, cuando con su calor compartido por el cuerpo materno otorga uno de los valores más fundamentales de la humanidad: la sensibilidad fortalece una vida digna. La cultura tecnológica debe promover ese proceso que previene las desviaciones violentas y las depredaciones sin sentido.

Nota.- Agradezco a docentes universitarios de los EUA por sus invitaciones este año y el próximo que me permiten conmemorar cuarenta años de «Un día en la vida», semilla germinativa literaria donde la mujer es personaje de la sociedad en transformación.

Novela histórica y sus héroes

¿Por qué es importante conocer memoria histórica de los héroes? ¿Qué es un héroe, qué cualidad es necesaria para ser declarado tal? Una razón principal sería para que su ejemplo de sacrificio y vida digna quede grabada en la conciencia de la nación.

Hay dos héroes inobjetables en América Latina, Simón Bolívar, que en once años liberó del imperio español a cinco países: Bolivia, Perú, Ecuador Colombia, Venezuela. Si pensamos en las distancias geográficas, nos damos cuenta de su proeza. Se dice que recorrió en caballo el equivalente a darle dos vueltas al planeta. Pese a todo, murió en la mayor pobreza, vejado. Y Martí, si bien cierto no fue un guerrero, fue el pensador de la independencia de su país, y considerado el apóstol de la independencia de Cuba, asegurando un gobierno con base popular. Desde niño, y muy joven, sufrió cárceles, incluso trabajos forzosos bajo las autoridades españolas.

Una búsqueda de heroísmo similar en nuestras luchas regionales fue la que me llevó al interés de la guerra centroamericana que tuvo como campo de batalla Nicaragua y Costa Rica, con participación de los cinco ejércitos regionales: «En defensa de la soberanía y la independencia», declararon los presidentes de Honduras, Guatemala y El Salvado. Walker fue vencido en 1857 haciéndolo retornar a su país por barcos norteamericanos que vieron sería derrotado con ignominia. En 1860 invade, nuevamente, Centroamérica por Honduras. Fue capturado y fusilado (1860).

La idea de Walker era imponer la esclavitud, para lo cual se había declarado presidente de Nicaragua, por la fuerza de sus armas y del ejército invasor. La historia lo conoce como el filibustero, un invasor de territorios, diferente a los piratas que asaltan mar adentro. Walker se consideraba un civilizador de países atrasados. Al proclamarse presidente de Nicaragua, su primer decreto fue establecer la esclavitud que desde 1824 se había abolido proclamándolo José Simeón Cañas, para Centroamérica. Para Walker la base de civilización era la agricultura y la esclavitud.

Sin apoyo oficial de sus gobiernos organizaba ejércitos privados que tenía como base la doctrina predominante en el Sur de ese país: racismo, y dominio total incluyendo México, Centroamérica y el Caribe. William Walker, era abogado, periodista, médico y poeta, y dejó un libro de memorias donde expresa su idea de invadir México y Centroamérica una territorio de retaguardia para sus fines civilizatorios. La guerra de Secesión estaba a las puertas. Siete meses antes de comenzar esa guerra, donde murieron casi ochocientos mil personas norteamericanos. Abraham Lincoln encabezó el ejército contra los esclavistas.

Volviendo a la guerra de malos nicaragüenses que se aliaron a los mercenarios de Walker, me pareció atinente hacer una investigación literaria de una guerra desconocida, darla a conocer a lectores diversos. Así surgió mi libro «Así en las Aguas como en la Tierra». Una novela histórica que sigue los pasos creativos conservando los datos fidedignos. Tres frases me indicaron de inmediato la dimensión de la épica centroamericana; fueron el impulso de escribir la obra.

Una de esas frases fue la del capitán y poeta salvadoreño Francisco Iraheta, al informar a su jefe general Ramón Belloso: «Señor, en mi compañía no hay más novedad que anoche murió el último». Se refiere a batallas cerca del lago de Granada. Otra frase: «El general Walker tiene la sabiduría de Dios y la valentía del demonio», dicha por el oficial favorito Timothy Crocker, hombre de varias guerras en Europa y México, gran experto en artillería.

La tercera frase es la siguiente: «La tronazón de cañones y fusilería parecía un infierno». Parte de guerra dirigida a Juan Rafal Mora, presidente de Costas Rica, y artífice de la alianza regional, y participante directo. En los últimos años ha sido proclamado, Héroe de la Patria Centroamericana, junto al salvadoreño general José María Cañas.

También están los héroes desconocidos, los soldados, los oficiales y funcionarios públicos caídos y que los anales de los países centroamericanos, lo han ido relegado al olvido. Los intelectuales en el poder del siglo XIX optaron por callar, debido a las diferencias ideológicas en una región que estaba por dividirse. Los muertos quedaron en las montañas y las ciudades, y las ideologías fueron enterradas a conveniencia. Eso me hace recordar un poema que, de niño, me decía mi madre: «No son los muertos los que en dulce calma/ la paz disfrutan de la tumba fría/, muertos son los que tienen muerta el alma/Y aun viven todavía». (Antonio Muñoz Feijoo 1851-1890, Colombia).

Terminada la guerra, al presidente Juan Rafael Mora le dieron un golpe de Estado los mismos militares que pelearon a sus órdenes., pero que vendieron su lealtad. El golpe de Estado expulsó a Mora y Cañas, quienes se asilaron en El Salvador, Santa Tecla. Era presidente Gerardo Barrios, amigo de los desterrados.

Comencé a escribir desconociendo el exilio de los dos héroes en nuestro país. Al conocer ese hecho vi que me faltaba el elemento mujer que siempre está presente en mis novelas. Reparé que sus parejas los habían acompañado al exilio, incluyendo sus hijos pequeños, Guadalupe, hermana del ex presidente Mora, estaba casada con Cañas; e Inesita, casada con Juan Rafael Mora.

En Santa Tecla llegó la hora que los dos héroes debían regresar vía Puntarenas, convencidos por sus asesores dentro de Costa Rica, fue el punto emotivo de la historia. Ambas estaban embarazadas, por lo cual su dolor e incertidumbre les hacía compartir la tragedia de la partida hacia un encuentro impensable de sus compañeros con la muerte. Que sucedió semanas después. Fueron capturados y pasados por las armas, fuera de todo proceso, por lo cual se considera un crimen de Estado.

En otra invasión de Walker a Honduras (1860) este fue capturado y ejecutado. La paradoja: seis meses después comenzó la Guerra de Secesión: del Sur contra el Norte (1861-1865). La sociedad industrial derrotó a los esclavistas. Y los héroes Cañas y Mora pasaron a figurar como los protagonistas de la épica más gloriosa de Centroamérica.