Opinión

por Manlio Argueta, Escribiviendo

 

Manlio Argueta
Escritor

Lectura, creatividad y desarrollo sostenible

El fenómeno de creatividad relacionado con la expresión literaria es bastante incomprensible por los profanos, ya sea porque no han estudiado el tema o no han ejercitado la práctica de escribir literatura. Y será menos comprendida sobre su aplicación a todos los órdenes de la vida, como debe ser, que debe cultivarse en todos los niveles educativos. Se dice que el niño y la niña son creativos hasta que entran a la escuela. Posición con suficiente base. De mi parte, conozco mejor los mecanismos creativos en mi labor literaria y en las experiencias laborales: sacar como acto de magia los recursos, casi siempre míseros, en el área cultural.

Pero la destreza creativa no nace del aire, ni de seres abstractos que fecundan al artista en las diversas manifestaciones de la vida. Por ejemplo, en varios países asiáticos han logrado la magia del desarrollo porque ponen énfasis en preparar profesionales no para desempeñarse en un puesto público o privado, sino para ser creativos para lograr sus oportunidades, un medio para combatir la pobreza extrema que puede llegar a los 400 millones en la India o a los 300 millones en China. Al profesional se le educa para prever una escasa oferta laboral. Entre nosotros ya hay organizaciones civiles o instituciones con programas de innovación emprendedora.

Pero quiero centrarme en lo literario: desde mi niñez y continuando por mis lecturas; o fortaleciendo la sensibilidad con música; conociendo a escritores universales, no en los pocos ambiciosos textos escolares. Me refiero a los que me atrajeron por una formación temprana: novela francesa, rusa, norteamericana, especialmente.

Esas prácticas me permiten advertir que la palabra se enriquece con la lectura y esta, a la vez, transforma esa palabra para crear otro tipo de realidades. La lectura es fundamental para hacer sencillo el ejercicio artístico. Permite saber si un poema es un poema. La lectura da un gran sentido crítico a la efectividad literaria, sin olvidar que lo creativo es un proceso orgánico que comienza desde los sentidos, luego procesa conceptos hasta despertar emociones en el receptor de arte.

Pero la lectura, al fortalecer los alojamientos neuronales para lograr el hallazgo estético, descubre también los problemas diversos de la vida, nos permite transformar el entorno de la realidad. Y si adquirimos esa posibilidad seremos capaces de transformar con la palabra nuestra propia realidad. Entre más megas o gigabits neuronales poseamos, adquiridas por la lectura, mayor capacidad para proponer o tener respuestas ante lo imprevisto de la vida, ante lo inesperado, lo sorpresivo. Nos hace menos vulnerables para subsistir en una sociedad trágica. Si no tengo empleo, descubro con creatividad mis oportunidades.

Pero vuelvo a mi fuerte que es la lectura y lo creativo aplicado a lo literario. Comencé a leer a autores contemporáneos desde mi tercer ciclo gracias a Tarquino Argueta, mi tío, abogado; enorme lector que, al trasladarse como profesor de Matemática en San Salvador, me heredó, en San Miguel, sus libros que yo había leído en parte cuando visitaba su casa: novelas de autores universales, cuentos, filosofía, autobiografías, y revistas: Life en español; Billiken de Argentina; Carteles y Bohemia, de Cuba; Selecciones de EUA. Pronto, mi inocencia descubrió que la palabra enriquecida me daba ventajas aun sobre algunos de mis maestros. Lo cual algunas veces me dio problemas. Recuerdo que en mi 5.º grado cuando mencioné la palabra fluorescente, el profesor me reclamó, con prepotencia, que de dónde sacaba palabras inventadas. Quise explicarle, pero me interrumpió diciendo que lo correcto era fosforescente. Como niño me sentí agredido. Así caminaron mis oportunidades tempranas de manejar la palabra escrita en mi medio provinciano. Tarquino Argueta me abrió el camino que había iniciado mi madre al decirme poemas de memoria desde mi niñez.

Después le di continuidad a mi formación gracias al intercambio de experiencias con Roque Dalton, Roberto Armijo, Ítalo López Vallecillos y Oswaldo Escobar Velado, principalmente. Con Dalton fuimos inseparables desde esos 19 años; con Ítalo nos relacionamos más de cerca cuando nos dio cabida como editores en la editorial universitaria, que él dirigía; con tolerancia aceptaba nuestras sugerencias creativas sobre las publicaciones.

Roque Dalton había tenido grandes experiencias literarias aun antes de la mayoría de edad, que contrastaba con el chalateco Armijo, y el miguelense que escribe estas letras. Como estudiantes iniciales del Derecho, y por las comunes acciones culturales en esa misma universidad fui asiduo visitante de la casa de Dalton, en la reconocida tienda Royal, cuando ya era padre temprano de Roquito (muerto en la guerra civil) y de Juan José; Jorge no había nacido.

En casa de Dalton escuché por primera vez los conciertos de Rachmaninov y Tchaikovsky. A Armijo continué contactándolo en los años ochenta, en sus 30 años de residencia en París, fue la época de mis traducciones en que fui invitado varias veces por casi toda Europa. A Dalton lo perdí de vista después de su secuestro y escape en 1965. Los tres poetas de ejercicios de creatividad temprana fuimos inseparables, aunque geográficamente distantes. La amistad con Armijo lo llevó a bautizar a su segundo hijo con mi nombre (también muerto en la guerra), y este heredó dicho nombre a su nieto.

Algo más sobre innovación creativa: invertir en renovar el Centro Histórico que ha traído resultados emprendedores, como es el caso de los cinco cafés gurmé con apenas 5 manzanas recuperadas. Lo mejor: en estos espacios recuperados todas las tardes hay fiesta bajo el impulso de la dignidad recuperada. Amamos esos espacios de identidad y disfrutamos el cambio de calles calificadas de violentas a espacios que se disfrutan con música, bailes y tranquilidad. Visítenlo y lo comprobarán.

P. D. Este trabajo ha sido inspirado porque el 21 de abril es el Día Mundial de la Creatividad y la Innovación, designado por las Naciones Unidas que llama a celebrarlo enfocados en 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La Biblioteca Nacional y organizaciones amigas nos preparamos para responder, por tercera vez, a la iniciativa mundial.

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  • 31 marzo, 2019 / Opinión de Manlio Argueta  (SÉPTIMO SENTIDO)

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