Opinión

por Jacinta Escudos, Gabinete Caligari

 

Jacinta Escudos
Escritora

Espacio de memorias

Vivimos complejas formas de violencia, cuya intensidad cotidiana nos puede hacer creer que el pasado no tiene nada que ver con todo lo que anda mal hoy en día.

El pasado 16 de enero se hizo el prelanzamiento del Espacio de Memorias y Derechos Humanos, una plataforma web destinada a ser un memorial virtual y un punto de encuentro para arrancar un diálogo sobre los eventos de la guerra de los años 80 en El Salvador.

Bajo la consigna de «Dialogar. Dignificar. Reparar», la plataforma ha sido el resultado de algunos años de consultas y reuniones entre organismos de la sociedad civil y gubernamental que, preocupados por el rescate de la memoria salvadoreña, impulsaron este proyecto. También se espera provocar reflexión en la ciudadanía sobre la cultura de paz que necesita el país y promocionar nuevos valores para reconstruir nuestro muy averiado tejido social.

Según la información que proporciona la plataforma, en la creación del proyecto participan diferentes defensores y activistas de derechos humanos, educadores, psicólogos, estudiantes, instituciones públicas, organismos internacionales y miembros de la sociedad civil en general.

Quien visite la plataforma, que está disponible en https://www.espaciodememorias.com/, podrá encontrar testimonios en video, foto reportajes, animaciones y otros formatos. Así mismo, la página tiene una casilla de contacto y alienta a quienes así lo deseen, a compartir sus propias historias. Se plantea la recopilación de memorias como un medio para «para mostrar una visión plural del pasado y del presente en relación con el período de guerra y con aquellas problemáticas que son una amenaza para los derechos humanos». Esto ayudará a preservar el pasado, pero además servirá para comprender mejor cuáles son los procesos necesarios para lograr resarcir a las víctimas que aún no reciben justicia sobre sus casos.

El proyecto cuenta con la asesoría técnica del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile, y cuenta con financiamiento del Fondo Chile, instancia del gobierno de aquel país para brindar cooperación internacional. De parte del gobierno salvadoreño participan el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Innovación.

Se espera también que la plataforma promueva el diálogo intergeneracional, un ejercicio que hace mucha falta en nuestro país. Esto resulta evidente cada vez que los más jóvenes manifiestan su tedio e incomodidad ante el tema de la guerra. Es común escuchar entre los nacidos en los años noventa, que la guerra no sirvió para nada y que ya están hartos de escuchar sobre el tema, que lo mejor es mirar hacia adelante, hacia el futuro, y olvidarse de aquello.

De alguna manera puede comprenderse dicho cansancio. Vivimos complejas formas de violencia, cuya intensidad cotidiana nos puede hacer creer que el pasado no tiene nada que ver con todo lo que anda mal hoy en día. Pero ignorar la historia reciente puede pasar una factura onerosa a las futuras generaciones.

¿Cómo reconocer los síntomas de un sistema explotador que abusa de su poder si no se conocen los motivos y los actores que definieron el rumbo del país, para bien o para mal? ¿Cómo comprender la importancia cultural de algunos sitios emblemáticos del país y del valor afectivo que encierran para la población si no sabemos qué eventos ocurrieron allí? ¿Cómo trazar una ruta para comprender nuestra salvadoreñidad, si no nos reconocemos en la versión de la historia que nos es contada?

Cuando se firmaron los Acuerdos de Paz en 1992, poco se habló de la recuperación de la salud mental de los desmovilizados y de la reconstrucción de la confianza entre la población. Poco se habló también de cuál o cómo sería la narrativa que se propondría en las escuelas para educar a las futuras generaciones sobre esa fractura en nuestra historia, sobre ese antes y después que fue la década de los 80 en El Salvador.

Decir que su familia no fue afectada de manera directa por la guerra y que por lo tanto, no le importa saber sobre el asunto, es una muestra de insensibilidad social preocupante. Que nuestra juventud no muestre interés en ello, también obliga a revisar la incapacidad de nuestra sociedad para educar a la población en torno al respeto por un evento traumático para todo el país y cuyas consecuencias seguimos sin terminar de digerir.

El prelanzamiento de este Espacio de Memorias y Derechos Humanos implica que un lanzamiento oficial está por venir, ojalá con más componentes y con mayor participación del público. Es una iniciativa que se celebra. Que ocurra 28 años después de la firma de los Acuerdos de Paz no es más que el reflejo de lo complicados y largos que son los procesos de sanación social. También nos recuerda que estamos poco preparados como país para comprender las complejidades de la reconciliación nacional y del trauma social que significa un proceso bélico.

Una plataforma de memoria, un espacio físico como un museo o monumentos, materiales audiovisuales y narrativos, todos son importantes ejercicios en la significación que como sociedad damos a los eventos importantes de nuestra historia y a la construcción de nuestro imaginario común. Pero esos elementos, por sí solos, no podrán sanar el tejido social salvadoreño que quedó dañado hasta su médula. Para ello es imprescindible el diálogo, tener la capacidad y el deseo de escuchar las historias de quienes participaron en el conflicto y hacerlo despojados de todos nuestros prejuicios políticos.

El rescate de la memoria de la guerra no es una tarea inútil, como piensan muchos. No se trata de oficializar un culto a la guerra, ni de exaltar héroes y maldecir villanos. No se trata de idealizar causas ni tomar venganza. La guerra no es un suceso bonito y sus consecuencias perviven durante generaciones. El dolor se hereda y si no se aprende a convivir con ello, puede terminar destruyéndonos.

La refundación de la nación costó sangre y muchas lágrimas. Al reconocer ese sacrificio, al dignificar a las víctimas de la guerra, al construir una dignidad común y nueva desde el entendimiento y la tolerancia, dignificaremos al país entero.

La memoria ciudadana puede servir como punto de partida para lograrlo.

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  • 26 enero, 2020 / Opinión de Jacinta Escudos  (SÉPTIMO SENTIDO)

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