Opinión

por Jacinta Escudos, Gabinete Caligari

 

Jacinta Escudos
Escritora

Activismo o literatura

Da la impresión que el valor de un escritor radica en sus niveles de popularidad en las redes sociales, pero también en su activismo y el apoyo manifiesto a una u otra causa.

Al concluir la 71ª Feria del Libro de Frankfurt quedó clara una cosa: los lectores contemporáneos tienen una creciente necesidad de buscar libros que puedan dar explicación sobre el presente caótico que vivimos. Ensayos, géneros de no ficción y distopías sobre el cambio climático, feminismo e historia, fueron el tipo de libros que mostraron un aumento significativo en las contrataciones internacionales realizadas. Son también el tipo de libros que han tenido un aumento significativo en sus ventas en el último año, sobre todo en Europa.

Pensada como un gran mercado editorial (donde se negocian publicaciones, traducciones y representaciones literarias), la Feria del Libro de Frankfurt suele ser un buen termómetro para comprender por dónde van las tendencias de publicación y el interés de los lectores. Recién clausurada su más reciente edición el 20 de octubre pasado, también quedó claro que hay preferencia por la novela que retrata las crisis de nuestras diferentes realidades o segmentos poblacionales. Según Pilar Beltrán, responsable literaria de Edicions 62, un sello del grupo Planeta, «se le pide a la novela que apele al presente, que aporte más pensamiento y reflexión que evasión».

Ese reflejo de la realidad en la ficción novelística parece ser también algo que se le impone a los autores, en general. Hoy en día, da la impresión que el valor de un escritor radica en sus niveles de popularidad en las redes sociales, pero también en su activismo y el apoyo manifiesto a una u otra causa. Las virtudes literarias de sus obras quedan relegadas a un segundo plano. Esto fue notorio este año, luego de la entrega de los premios Nobel de Literatura a la polaca Olga Tokarczuk y al austríaco Peter Handke.

En el caso de Tokarczuk, se destacó su feminismo, su compromiso con el medio ambiente y la incomodidad de su militancia de izquierda ante el gobierno de su país. Aunque a Handke se le destaca como alguien hábil para retratar «la periferia y la condición humana» (según el comunicado de adjudicación de su Nobel), ha sido imposible ocultar la amistad personal que tuvo el austríaco con Slobodan Milosevic y su negación del genocidio y los campos de concentración en Bosnia y Herzegovina.

La presión de los periodistas sobre Handke fue tal, que el flamante Nobel anunció a los pocos días de ganar su premio, que no respondería más preguntas a la prensa. «De ninguna persona que se me acerca oigo que ha leído algo de mi obra, que sabe lo que he escrito», comentó defraudado el escritor durante una rueda de prensa, agregando fuera de cámara que, a pesar del premio, ningún periodista está interesado en realidad en sus libros.

En su columna del 26 de octubre pasado, titulada «Opiniones» y publicada en el diario El País, el escritor Antonio Muñoz Molina hace un par de reflexiones importantes sobre este asunto. «A los escritores ya casi no les preguntan en las entrevistas por los libros que han escrito. Les preguntan por Cataluña, si son españoles, o por el Brexit, si son británicos, o por Donald Trump, si vienen de Estados Unidos», argumenta Muñoz desde el inicio de su texto.

Después de describir el trabajo de la novela como muy complicado, Muñoz dice: «Uno comprende que leer un libro entero puede ser fastidioso, pero quizá quien lo ha escrito, cuando va a ser entrevistado, merece la cortesía de que el entrevistador haya leído con algo de atención eso que a él, al autor, le costó tanto, y que sienta curiosidad por saber cómo se hizo».

Utiliza como ejemplo sobre su argumento novelas recién publicadas por John Le Carré, Ian McEwan y Javier Cercas, reconociendo que si bien una novela puede incluir exposiciones y debates de ideas, debe hacerse desde el pacto de la ficción, para no convertir a los personajes en meros portavoces del autor. Puede haber escritores que sientan la urgencia de denunciar algo, concluye Muñoz, pero para ello también existen el ensayo, el artículo y el panfleto. «La novela rara vez puede ser un instrumento de intervención inmediata: sus materiales proceden de una larga maduración en gran medida inconsciente, casi tan lenta como la que convierte en suelo fértil la materia vegetal en el suelo de un bosque», recuerda el autor.

La 71ª Feria del Libro de Frankfurt hizo por su parte un llamamiento a todo el sector librero: «El libro y los media tienen la responsabilidad de analizar y cuestionar críticamente los paradigmas que definen el siglo XXI: la diversidad debe ser protegida, necesitamos autores que clamen contra las injusticias y asuman riesgos y, claro, editores comprometidos con este contenido y que encuentren los formatos para ello».

Si bien es cierto los lectores buscan libros y géneros que les permita comprender el momento actual, hay quienes exaltan en demasía las opiniones y la imagen de un escritor por encima de sus textos. Lo que no debería olvidarse es que hay una diferencia entre literatura y activismo, y que este último (por muy noble y valiosa que sea la causa en lucha) no es disculpa para publicar una obra mediocre o regular ni tampoco, por el contrario, para exaltarla, a sabiendas de que es una obra oportunista cuya vigencia perecerá pronto.

Todo esto recuerda a la vieja discusión del escritor comprometido y la validez o no de obras que no estén alineadas con las exigencias del momento político o histórico que vive el autor. Sigue existiendo una expectativa de buena conducta y de calidad moral notoria sobre el escritor, como si eso fuera una garantía para escribir una obra de calidad.

Estas son decisiones que, al final del día, le corresponde tomar al escritor, quien deberá valorar si quiere escribir una obra inmediatista, para retratar las inquietudes contemporáneas urgentes y colmar así la expectativa social, o esperar al mejor momento para hacerlo, sabiendo que la literatura es un potaje de cocimiento lento, sobre todo cuando se trata de retratar una época en cuyo torbellino todavía vamos dando tumbos.

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  • 3 noviembre, 2019 / Opinión de Jacinta Escudos  (SÉPTIMO SENTIDO)

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