Allan Barrera fue el ganador de la VII edición del Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve, destinado para narradores jóvenes. Es el segundo salvadoreño en ganar de forma consecutiva este galardón. Además de escritor fue miembro de la Secretaría de Cultura del FMLN, el partido del que se considera exmilitante y que ayer entregó el Gobierno después de 10 años, y después de una derrota histórica en las elecciones presidenciales de febrero. Él estuvo en el equipo encargado de elaborar la Ley de Cultura, aprobada en agosto de 2016, pero señala que no se destinaron los recursos para echarla a andar.

«Se está creando una literatura que afuera se considera de calidad»

Una entrevista de Stanley Luna

Fotografías de Daniel Mordzinski / Hilary Goodfriend

Allan Barrera, escritor salvadoreño

Allan Barrera es un escritor salvadoreño que desde el año pasado vive en la Ciudad de México. Tiene 34 años y el 13 de mayo recibió, en Costa Rica, el VII Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve por su cuento «2 de noviembre». Se convirtió en el segundo salvadoreño que, de forma consecutiva, gana este galardón para escritores jóvenes.

En esta entrevista, el también ganador de dos premios florales en poesía, habla de sus procesos creativos y cómo –para él– es El Salvador en el que le tocó crecer. Este país que, con su cotidianidad, convirtió la infancia y la memoria en sus fuentes de creación.

Para mí, el proyecto político de transformación social excede a la izquierda partidaria y articula a todos los sectores de izquierda del país.

Pero no deja de lado referirse a su paso por la Secretaría de Cultura del FMLN, el partido de izquierda que ayer salió del Gobierno después de una derrota histórica en las elecciones presidenciales de febrero, que solo superó a las elecciones presidenciales de 1994, el año en que por primera vez compitió como partido político.

Allan estuvo en esa secretaría entre 2012 y 2018. Fue parte del equipo que elaboró la Ley de Cultura, aprobada en agosto de 2016. Para él, una de las muchas deudas que deja el FMLN es, precisamente, la apuesta por la cultura. Reconoce que al expresidente Mauricio Funes, hoy asilado en Nicaragua por acusaciones de corrupción, no le importó la cultura. Mientras que en la administración de Salvador Sánchez Cerén, dice, la cultura no fue vista como un eje estratégico y faltó presupuesto y voluntad política para una gestión de largo alcance.

El cuento con el que ganaste es como un diálogo con vos mismo, ¿desde cuánto estabas esperando hablarte así?

Casi nunca pienso que voy a hacer tal cosa. Las cosas van floreciendo a su ritmo, de manera natural. Nunca me imaginé que iba a estar escribiendo relato corto, cuento. El cuento tiene cierto dato autobiográfico, pero también está ficcionalizado con muchas cosas.

Escribir es una experiencia sanatoria. Es un ejercicio que me ha curado. Jacinta Escudos decía que ella nunca podía escribir desde la felicidad y yo, de alguna manera, también soy un poco así, que no puedo escribir desde otro lugar. Siempre escribo desde el dolor. Y sí, suena cliché, pero en vez de pagar un psiquiatra, mejor me siento a escribir. Siempre me ha costado expresar mis cosas con la gente, pero en la escritura se me da más fácil y lo siento como un ejercicio terapéutico.

¿Ya tenías una idea de lo que querías hacer con «2 de noviembre»? ¿Cómo fue el proceso de creación?

Ese cuento a mí me surgió de un tirón. Iba caminando y se me ocurrió que podía escribir un cuento sobre un hijo que tiene remordimiento sobre su madre fallecida y sobre la visita a un cementerio, porque yo, en algunas ocasiones, visité el cementerio de La Bermeja y veía cómo enterraban ahí a los muertos. Es la visita a la tumba de la madre fallecida. Y claro, me salió el cuento en bruto y luego lo pasé puliendo unas tres semanas.

El hecho que El Salvador haya sido ganador dos veces nos dice que hay historias muy interesantes y muy importantes en nuestro país para comunicarlas, para contarlas a los demás países centroamericanos, y que son realidades que exceden lo local. Son realidades que ocupan a toda Centroamérica ahora. También devela que se está creando una literatura que afuera se considera de calidad e historias muy importantes.

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Hay una atmósfera construida por la muerte. ¿Cuál fue tu primera experiencia con la muerte?

Fue la muerte de mi madre. Y de alguna manera viví un duelo un poco similar a ese. Creo que también, en algún modo, a veces, me da miedo mostrarme frágil, aunque soy frágil.

¿Cómo fue la relación de madre e hijo? ¿Y cómo esta relación ha marcado tu literatura?

La relación con mi madre en los últimos años fue complicada. Entre ella y yo había un muro muy grande que fue la drogadicción de mi hermano, su adicción al crack. Esta terminó destruyendo nuestra familia, y también, por supuesto, la vida de él y la de mi madre. Antes de eso tuvimos una buena relación. Le estoy profundamente agradecido. Ser madre soltera en las circunstancias que le tocaron no fue fácil, y ella asumió toda esa carga sola. Me parece admirable. En cuanto a cómo esta relación mía con ella ha marcado mi literatura, pues la ha marcado mucho. En ese cuento con el que acabo de ganar me inspiré en ella. Y en algunos de mis poemas también está presente.

¿Cómo dimensionás tu infancia a tus 34 años?

En términos creativos, veo mi infancia como una fuente inagotable de materiales literarios. Recurro mucho a ella para escribir. A veces soy muy nostálgico y la idealizo demasiado, y otras veces me duele un poco. Yo crecí solo con mi madre en San Jacinto, en la colonia Santa Marta. Una colonia de clase trabajadora. Tengo muy buenos recuerdos de ese lugar con los amigos con los que crecí, también fui testigo de cómo fue evolucionando la violencia social en esos espacios después de la firma de los Acuerdos de Paz. Pasábamos mucho tiempo en la calle. Recuerdo que la mayoría de padres no tenían muchas proyecciones sobre sus hijos, la meta más alta era graduarse del bachillerato, encontrar un trabajo, tener hijos y ya. Yo me metí a la universidad porque mi hermano, que se había hecho hippie, me convenció de que lo hiciera. Él abandonó la carrera al segundo año, yo me quedé, y de repente estaba escribiendo sobre todo eso.

Ahora que lo veo con el distanciamiento de mi edad, pienso que la infancia es un fantasma que está presente a la hora que escribo.

Según el jurado del Premio Carátula, tu cuento es una metáfora de El Salvador y sus habitantes. ¿Cómo resumís un país, desde tu historia, en 13 páginas?

No había pensando en esa interpretación. Cuando lo escribí, no pensé en una metáfora que resumiera en 13-14 páginas, como dicen ellos, el contexto de no sé qué, ¿de violencia? Pero si mucha gente que está viviendo esto se puede mirar en ese cuento, lo que describo ahí, eso ya es una ganancia y algo que me llena de mucha satisfacción, que la gente pueda mirarse ahí a sí misma, que puedan sentirlo y conmoverse. También que hay un montón de familias que están viviendo eso.

Es el segundo año consecutivo que un salvadoreño gana el Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve, ¿qué nos dice eso del terreno que está ganando el cuento joven en El Salvador y en Centroamérica?

El hecho que El Salvador haya sido ganador dos veces nos dice que hay historias muy interesantes y muy importantes en nuestro país para comunicarlas, para contarlas a los demás países centroamericanos, y que son realidades que exceden lo local. Son realidades que ocupan a toda Centroamérica ahora. También devela que se está creando una literatura que afuera se considera de calidad e historias muy importantes.

¿Cómo te encontraste en el cuento? Antes solo escribías poesía.

Creo que el cuento me ha permitido expresar otras cosas y explorar otras cosas de mí que en la poesía no se me presentaban de la misma manera. Me parece que es un género más versátil en el que uno se puede extender más y en el que uno puede decir más cosas con un lenguaje más referencial.

Aparte, ha sido una experiencia de estar aprendiendo, porque para mí es un género nuevo, y me gusta ver que cada día depuro un poco más, que de alguna manera me vuelvo más limpio y que siento que estoy creciendo un poco en ese género. Cuando veo lo que comencé a escribir de narrativa a lo que estoy escribiendo ahora, veo que hay cierto crecimiento y eso me gusta.

¿Cómo hacés para llevar el proceso de la poesía que es totalmente diferente al proceso de escritura de cuento? ¿Te ves conviviendo con ambos géneros?

Quisiera seguir cultivando los dos géneros. Los dos géneros me gustan. Ahorita me he dedicado más a la narrativa, pero yo quiero seguir escribiendo poesía. Yo no quiero que el narrador termine comiéndose o matando al posible poeta que hay.

¿Por qué?, ¿te da miedo?

A mí me gusta mucho la poesía. Me gusta leer mucha poesía y lo que pasa es que es un género, como te decía, que no lo puedo cultivar… o sea, a veces, puedo pasar 4 horas en un verso. En cambio, en narrativa, yo creo que en 4 horas he redactado unas cuatro páginas. Aunque no estén tan buenas, pero sentís que te has ejercitado. Para escribir poesía siento que tengo que estar como más cerca de mis emociones. Es un género que va imponiendo su propio ritmo en uno.

No son géneros que se excluyen entre sí. Son complementarios. A mí lo que me gustaría sería mezclar. Utilizar ciertos recursos poéticos para mis cuentos. Me gustaría poetizar más mis cuentos.

Pandillas, migración, homicidios, problemas que mencionás en tu cuento, ¿cuáles de estos te golpearon directamente en El Salvador?

Todos. Donde crecí la invitación a volverse pandillero siempre estuvo presente, o te hacías metalero o marero o evangélico. Esas me acuerdo que eran las tres opciones. Un amigo muy querido de infancia, por ejemplo, se hizo pandillero y me tocó ver su transformación de cerca. Finalmente terminó desaparecido. Si se trata de migración, la mitad de mi familia paterna migró en los ochenta a Estados Unidos; y si se trata de homicidios, yo vi varios muertos. Una vez –con una novia que tenía en ese entonces–, era primera vez que la llevaba a mi casa, nos bajamos del bus en la parada de mi colonia y acababan de matar a tiros a un pandillero de otra zona. Todas esas cosas uno las termina normalizando. No me gusta hablar mal del país, pero al final eso es lo que viví y son los resultados de la pobreza y la violencia estructural. Es una violencia que tiene responsabilidades históricas, no es anónima.

Recibiendo premio.

¿Por cuáles de esas tres opciones de vida que mencionás optantes para sobrevivir en tu colonia?

Desde que nací hasta la adolescencia fui adventista, no porque yo quisiera, sino porque mi mamá pertenecía a esa secta. Luego, cuando tenía 16 años, afortunadamente el rock me sacó de ahí y me volví metalero; y más adelante ateo, cuando entré a la UES. Pienso que ese tránsito evitó que yo cayera en esas tentaciones de violencia pandilleril. Recuerdo, por ejemplo, el bachillerato, cuando estudié en un instituto del centro, ubicado a una cuadra del parque Libertad, estaba muy de moda esa rivalidad estúpida de estudiantes de secundaria entre técnicos y nacionales. A la mayoría de compañeros les seducía todo eso. A mí me interesaba muy poco. Yo pertenecía a un grupito de compañeros en el que todos éramos metaleros. En ese tiempo estaba muy de moda los pantalones tumbados, pata de elefante, y nosotros llegábamos con pantalones apretados y botas. Eso hizo que no nos metiéramos en nada, y mejor, porque en esos años el centro era bien complicado.

¿Por qué te fuiste de El Salvador?

Por razones más personales. No me fui huyendo de la violencia ni de la pobreza ni nada de eso.

«Gobierno de mierda» decís en «2 de noviembre», tras hablar de 12 muertos por día. ¿Qué pensás del FMLN como proyecto político? ¿Qué fue de «su lucha por el pueblo» en estos 10 años de gobierno? Estos días está promoviendo, junto con ARENA y desde la Asamblea Legislativa, una ley para no castigar los crímenes de la guerra.

Sí, digo «Gobierno de mierda» para canalizar la rabia e impotencia del personaje de mi cuento.

Antes de responderte a esta pregunta quiero decir que yo trabajé seis años en la Secretaría de Cultura del FMLN, pero antes de eso ya era militante. Siempre he creído que la única manera de cambiar el estado de cosas es organizándose. El FMLN, si bien en estos 10 años, no realizó cambios sociales, económicos y culturales que alteraran la estructura económica ni revirtió el neoliberalismo, sí realizó importantes logros en materia de inversión social e inclusión que beneficiaron a aquellos sectores históricamente marginados por los gobiernos de la derecha. Solo para mencionar algunos: la gratuidad de la UES, el programa de alfabetización, los paquetes escolares, la reforma de salud, el aumento al salario mínimo, la pensión básica universal y toda la infraestructura que deja el MOP.

Estas cosas jamás se hubieran dado con los gobiernos de ARENA. Por su puesto, se va con muchas deudas del Ejecutivo, una de ellas es cultura. Ahora, yo, más que proyecto político, lo veo como un instrumento político. Para mí, el proyecto político de transformación social excede a la izquierda partidaria y articula a todos los sectores de izquierda del país. Por lo que veo desde lejos, el partido ahorita está en una crisis de horizonte político. Hay gente que tiene intereses más corporativos dentro del partido, que lo quieren derechizar, y otra gente que lo quiere hacer regresar a sus valores de izquierda. Yo me ubico más en el segundo grupo. Dependerá mucho de las elecciones internas y de si se está reflexionado sobre un horizonte político alternativo de izquierda. La reflexión clave será, como ya antes había mencionado Julia Évelyn (Martínez), si continuarán asumiendo una posición de resistencia contra el capitalismo o si creen que pueden humanizarlo y acomodarse a él.

Habrá que ver si el nuevo gobierno entrante logra desburocratizar esa institución, cuyo 90% de su presupuesto se va en pagar burocracia y un 10 % en la creatividad de los artistas que son su razón de ser. Y también si logra hacer cumplir aquellos mandatos de la ley de cultura que benefician a los artistas y los trabajadores de la cultura.

En cuanto a la ley que decís que están promoviendo, no sé cuáles serán las justificaciones, pero desde donde lo veo, me parece un error. Ahí lo más importante son las víctimas. Hay mucha gente que todavía tiene heridas abiertas, familiares desaparecidos y masacrados por el ejército, quienes todavía esperan que haya justicia y reparación, y que se sepa la verdad. Pienso que antes que aprobar una ley de esa naturaleza hay que escucharlos a ellos y a los demás organismos de derechos humanos.

¿Ves posible que luego de la apatía de la juventud a la política pueda surgir una nueva izquierda con representatividad política? ¿Quiénes tendrían que liderarla?

Antes que dar por clausurada la representación política del Frente, habrá que ver su reconfiguración después de sus internas. Si esta nueva reconfiguración ya no logra la representación política de las mayorías, supongo que el espacio es propicio para crear otros instrumentos partidarios de izquierda, pero mientras tanto yo preferiría esperar.

Pero en estas internas del FMLN no se le apuesta a la juventud, sino a rostros gastados de la política, como Arístides Valencia y Óscar Ortiz. El primero señalado en investigaciones periodísticas de negociar con pandillas; y el segundo, de tener supuestos vínculos con el narcotráfico. ¿Creés que aún así puede haber una reconfiguración de un partido que obtuvo uno de los peores resultados históricos en las elecciones presidenciales?, ¿o cómo podría levantarse?

Tengo entendido que ellos no son los únicos dos candidatos, pero aún así, preferiría esperar a ver qué rumbo tomará el partido después de las elecciones.

Si, como mencionás, acá la violencia es estructural y tiene causas históricas. ¿Qué opinás de que el partido del que vos fuiste militante aprobó en 2016 una serie de medidas extraordinarias para continuar con la represión de la violencia, que ya venía desde los gobiernos de derecha, y que no haya aceptado las ejecuciones extrajudiciales ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos? ¿Por qué no sentar un diálogo y tener el respeto a los derechos humanos como una posible solución a la violencia?

La violencia responde a causas estructurales y tiene responsabilidades históricas. La violencia es un problema que afecta solo a los pobres. Si afectara a los ricos, el problema ya se hubiera resuelto. Yo nunca he conocido a un hijo de rico que se haya hecho marero. Ahora, en cuanto a las medidas extraordinarias, nunca he estado de acuerdo. La política represiva del gobierno del FMLN siempre me pareció un error. Obviamente la situación de violencia y criminalidad en el país es alarmante, pero así como se han empleado estas medidas extraordinarias, se van un montón de jóvenes en la colada que nada que ver. Haber sacado a los militares a la calle y otorgarles el poder para arremeter contra los ciudadanos fue una medida que no solucionó para nada el problema. Supone más bien un retroceso, pues la PNC se fundó después de la guerra, para que la Fuerza Armada dejara de reprimir a la gente. En todo caso, mejor se hubiera ampliado el cuerpo de la PNC.

Los artistas esperaban mucho de los dos gobiernos de izquierda. Sin embargo, en ambos no hubo acciones concretas para respaldarlos. Siguen sin existir espacios para una formación sistemática, que es una de las demandas históricas. En la marcha del 1.º de mayo, por ejemplo, un grupo de artistas señaló que el Ministerio de Cultura les había mentido con la creación del Instituto Superior en Artes y con becas que les ofrecieron para seguirse formando. ¿Qué le pasó al FMLN en estos 10 años? ¿Por qué abandonó a los artistas?

Las expectativas era muy altas y los resultados quizá muy bajos. Lo más importante que deja el FMLN es la Ley de Cultura, que se aprobó durante el último periodo de Salvador Sánchez Cerén. De esta ley se desprende la creación del Instituto Superior en Artes y también de ahí surgió la idea de elevar de rango a la Secretaría de Cultura a ministerio. El problema es que no se le destinó recursos a esta ley, ni tampoco se cumple lo que ahí se estableció, en parte porque no tiene un reglamento claro. A Mauricio Funes no le importó la cultura, y en el periodo de Salvador Sánchez Cerén, quienes tomaban las decisiones en el Ejecutivo, tampoco la vieron como un eje estratégico. Hizo falta destinar más recursos, pero también tener mayor voluntad política en querer desarrollar una gestión estatal de la cultura de largo alcance. Aparte se nombraron personas para que dirigieran la SECULTURA, a quienes, además de presupuesto, les hizo falta creatividad. Habrá que ver si el nuevo gobierno entrante logra desburocratizar esa institución, cuyo 90 % de su presupuesto se va en pagar burocracia y un 10 % en la creatividad de los artistas que son su razón de ser. Y también si logra hacer cumplir aquellos mandatos de la ley de cultura que benefician a los artistas y los trabajadores de la cultura.

Allan Armando Barrera Galdámez

 


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