Emy Mena es una actriz salvadoreña que, a sus 24 años, es parte del elenco de la serie Coyote, producida por Sony Pictures. En esta serie tiene un personaje recurrente, el de una joven que necesita cruzar la frontera entre México y Estados Unidos con la ayuda de un policía de migración que está en proceso de jubilación. La segunda semana de marzo, Mena fue convocada para continuar con el rodaje, pero el covid-19 detuvo la producción de la serie y ella quedó atrapada por más de tres meses en Tijuana.

Emy: la salvadoreña que se abre paso en una serie de Sony

Una entrevista de Stanley Luna

Fotografías de Alejandro Albanez y Paula Rivera

Emy Mena es una actriz salvadoreña

Emy Mena debutó como actriz en Agua Blanca, un lugar de la zona rural de Morazán, el 16 de julio de 2015. Tenía 19 años y representaba a Elena, la menor de tres hermanas que viven en una zona ficticia del oriente del país previo al estallido de la guerra civil.

Un año antes, Emy había audicionado para ser parte del grupo Teatro Zebra, que ganó el Premio Ovación 2014, un reconocimiento que la Fundación Poma entrega a artistas para ejecutar un proyecto. Y así, el grupo de tres actrices, llevó a escena La canción de nuestros días, del escritor Jorge Ávalos.

Fue una gran escuela, recuerda, porque presentaron la obra en varios lugares, incluida Cárcel de Mujeres y Ecuador.

«Sabía que quería actuar. Yo, entre broma y broma, pero entre broma y broma la verdad se asoma, decía ‘un día van a escuchar: y el Emmy va para Emy’«, cuenta la noche del lunes, desde un hotel de la Ciudad de México, en donde cuenta las horas para volver a El Salvador después de haber quedado tres meses varada en el extranjero.

Emy siempre quiso ser actriz de cine, pero primero se encontró con el teatro y se enamoró. Comenzó con Teatro Zebra y es parte de Proyecto Dioniso. Pero también ha actuado en tres proyectos audiovisuales que aún están en la etapa de postproducción: El último toque, Las cartas de Lucía y El suspiro del silencio.

Hoy tiene 24 años y está en el elenco de la serie Coyote, producida por Sony Pictures y dirigida por Michelle MacLaren, la canadiense que ha dirigido capítulos de series de renombre como Breaking Bad y Games of Thrones.

Es la única salvadoreña en el elenco. Su llegada ahí fue una seguidilla de eventos inesperados.

A las 9 de la noche del 10 de septiembre recibió un mensaje en Instagram. Era Paola Gutiérrez, una manager de talentos que buscaba a actores y actrices salvadoreños para que audicionaran en un show internacional. Emy la remitió con Vanesa Tomasino, actriz experta en castings y fundadora de Sivar Actor Studio, donde ella recibe clases de actuación para cámara desde 2018.

Ese día, Emy se había graduado de la primera generación del Técnico en Teatro de la Universidad Dr. José Matías Delgado y a la hora de recibir el mensaje veía una final de basquetbol del equipo en el que juega su hermana. No sabía que dos meses después, su vida consistiría en ir y venir de Tijuana, México, a El Salvador.

Varias personas hicieron la audición, que consistió enviar un video corto en el que se presentaban. El director de casting seleccionó a cinco actores y actrices, entre ellas Emy y Larissa Maltez, su compañera en el Teatro Zebra y en el Proyecto Dioniso.

Para participar del siguiente filtro, era necesario que los seleccionados firmaran un acuerdo en el que se comprometían a no revelar información sobre lo que estaban haciendo, y recibieron los textos para la audición.

Hasta que Emy recibió el suyo se enteró que no estaba frente a cualquier oportunidad de trabajo, sino que se trataba de un posible contrato con la productora estadounidense Sony Pictures.

Fotografías de cortesía

Pasaron los días y ella prefirió no pensar en los resultados del casting. Siguió con su rutina: se enfocó en Proyecto Dioniso, en trabajar una obra con la actriz y directora Alejandra Nolasco, y en continuar con sus clases de francés. Pero Vanessa la volvió a contactar a ella y a Larissa, porque las dos habían sido las únicas actrices convocadas para el casting final.

Emy recibió cinco textos de la productora y se los aprendió. Se trataba de un casting en vivo, a través de Skype. Las actrices escogieron como locación un salón de la Escuela de Comunicación Mónica Herrera.

Primero fue el turno de Larissa. Luego pasó Emy. En ese momento llovía y ella tuvo que repetir su actuación. Desde el otro lado de la pantalla había una chica que simulaba ser el otro personaje con el que Emy conversaba.

No importaba lo que llegara a pasar después de ese día, se dijeron las actriz, para ellas, lo que estaban haciendo ya significaba un precedente para sus carreras y el gremio actoral salvadoreño. Se abrazaron.

Y otra vez pasaron los días sin que Emy recibiera respuesta. Hasta que Vanessa le llamó por teléfono con la excusa de que quería hablar con ella sobre un proyecto. Emy estaba ocupada y le dijo que podían verse mientras hacía la fila en el banco, pero Vanesa la llevó a un café y le dijo que necesitaban grabar un video. Le hizo preguntas en inglés y español. Lo enviaría para un show internacional.

Emy pensó que aquello era raro, porque, para empezar, no estaban ni en una locación adecuada para ese video. Pero lo que realmente Vanessa quería era contarle que ese día la producción de Coyote le había confirmado que Emy era parte del elenco.

«Yo sí que me veía trabajando en cine, en televisión en lo grande, pero no creí que todo fuera a pasar así de repente», dice Emy. Tan de repente que de un día para otro comenzaría su carrera como actriz de televisión para una serie internacional. Y viajaría, en primera clase, con gastos pagados.

El primer día de rodaje, cuando el elenco ya estaba en el set, con las luces encendidas y listo para filmar el primer capítulo, dice que Chiklis abrazó a los actores y actrices del elenco. “Felicidades, disfrutá cada momento de lo que vayás a vivir aquí”, le dijo a ella. Y eso le quitó los nervios de una vez.

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DE NOVIEMBRE Y DICIEMBRE DEL AÑO PASADO, Emy estuvo en Tijuana para grabar el primer capítulo de Coyote. Más allá de conocer su participación en el guion y que la serie sería producida por Sony Pictures, no sabía nada sobre el elenco y la dirección.

Cuando arribó a Tijuana, a medianoche, la producción le comunicó que el protagonista de Coyote sería Michael Chiklis, ganador del Emmy por mejor actor protagonista en serie de drama, por su papel en The Shield. Y, además, que el proyecto sería dirigido por Michelle MacLaren.

«Tenía un poco de miedo, porque soy salvadoreña, soy latina, soy mujer, soy nueva en esto. No es que tenga aquella experiencia basta en el cine o en televisión. Estaba nerviosa. Me van a ver de menos (pensaba) o algo así, pero no, para nada», recuerda Emy.

Lo que más le sorprendió es que estaba rodeada de profesionales exitosos en la industria cinematográfica y que, pese a ello, se mostraron muy humanos.

El primer día de rodaje, cuando el elenco ya estaba en el set, con las luces encendidas y listo para filmar el primer capítulo, dice que Chiklis abrazó a los actores y actrices del elenco. «Felicidades, disfrutá cada momento de lo que vayás a vivir aquí», le dijo a ella. Y eso le quitó los nervios de una vez.

En la serie, Emy se llama María Elena. Es personaje recurrente que necesita cruzar de México a Estados Unidos con la ayuda de Chiklis, un policía de migración que está por jubilarse. Lo pone en un dilema, ya que él siempre se ha encargado de detener a migrantes, pero que la joven cruce la frontera es de vida o muerte.

En enero y febrero, la actriz viajó dos veces más a Tijuana para continuar con el rodaje de la serie. En marzo la citaron otra vez, pero la producción canceló los trabajos por la pandemia del covid-19 y, de todo el elenco, Emy fue la única que quedó varada en el exterior.

La madrugada del 13 de marzo, la actriz partió hacia el Aeropuerto Internacional Monseñor Arnulfo Romero. Fue acompañada de sus padres, su hermana y su novio. Tenía programado su vuelo para las 6:10 de la mañana, pero la aerolínea con la que viajaba había suspendido todos los vuelos. De esto se enteró hasta que estaba en el aeropuerto.

Fotografías de cortesía

Desesperada, llamó a la línea del call center, pero nunca tuvo una respuesta. Así que se puso en contacto con Sony Pictures y logró comprar un boleto de ida y uno de regreso.

Solo necesitaba un boleto de ida, porque no sabía cuándo quedaría desocupada de los rodajes, pero la aerolínea la obligó a comprar un boleto de regreso. Su fecha de retorno era la primera semana de mayo, previendo que su trabajo se extendiera durante todo abril.

Emy iba emocionada. Había pensado en que, mientras estuviera en México, podría asistir a al festival de música Tecate Pa´l Norte, en Monterrey, que en la edición de este año contaría con la participación de la banda australiana Tame Impala, pero el covid-19 ya estaba sobre el continente americano y desbarató todos los planes.

Dos días antes de que Emy saliera del país, el gobierno salvadoreño había decretado una serie de medidas para evitar la circulación del virus. Panamá y Argentina ya reportaban las primeras muertes por la pandemia. Y la actriz iba a uno de los países, cuyo gobierno no impulsó desde un inicio una cuarentena y medidas de distanciamiento social.

Sin embargo, la actriz se sentía obligada a viajar y continuar con el rodaje de la serie, todavía la producción no informaba oficialmente de la suspensión de los trabajos. Además, aunque ella viera que el panorama en la región no era alentador, no podía quedarse en El Salvador después que le había costado tanto ser parte del elenco.

«Y si voy a estar en otros capítulos después y me regreso a El Salvador, ya no voy a poder salir. Y qué regada, porque es mi trabajo y ya no voy a poder salir», pensó.

A Emy le asustó que, al hacer escala en Ciudad de México, en la capital mexicana ya hubiera emergencia roja por la pandemia. Ella viajaba con bote de alcohol gel y no llevaba mascarilla. Lo que hizo fue lavarse muchas veces las manos en los baños y evitó, en la medida de lo posible, no tener contacto con las personas. Todas las energías estaban en función de que ella llegara a tiempo a Tijuana.

Al día siguiente, el elenco hizo la prueba de vestuario. Ella se probó las prendas que usaría y se midió un molde de yeso para simular un estado de embarazado. El domingo, hubo descanso, y, el lunes, el elenco recibió un correo que informaba de la suspensión del rodaje por la pandemia del covid-19.

Emy ya no pudo volver a El Salvador y quedó varada en México. Desde entonces y hasta el pasado martes que ella regresó al país en un viaje gestionado por el gobierno salvadoreño, Sony Pictures se encargó de sus gastos.

La actriz estuvo en dos hoteles diferentes en Tijuana, desde donde, en tres meses, vio cerrar y abrir los negocios a causa del covid-19. Pasó lo peor de la pandemia lejos de su familia y sin ningún contacto social. Cuenta que, a lo mucho, salió a comprar.

Pero aprovechó el tiempo. Pasó en clases de guiones cinematográficos, baile, canto, francés, actuación para cámara y también audicionó para un show colombiano del que aún no recibe respuesta.

No fue fácil pasar sola y encerrada en un país ajeno. Hubo momentos en los que sus ánimos decayeron. Nunca perdió la comunicación con su familia y su novio. Aprendieron a ponerse en sintonía entre el horario salvadoreño y mexicano. Y se organizaron para comer juntos, en videollamadas, en fechas especiales.

No duda en que esta pandemia deja una gran lección: «Es un llamado de atención para reencontrarnos, porque en la cotidianidad es bien fácil ir de un lugar a otro, estar haciendo estas cosas y las otras, y no permitirte sentir. Y creo que esto y la falta de empatía es lo que ha hecho que seamos egoístas con el medio ambiente, con las otras personas. Ha sido un proceso duro para todo el mundo».

 


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