Los piratas de la tierra en Bolivia

Fotografías de Connectas

En 2006, cuando asumió como el primer presidente indígena de Bolivia, Evo Morales anunció una Revolución Agraria que “beneficiaría a los campesinos e indígenas del país que necesitaran tierras para trabajar” y que “aseguraría la soberanía alimentaria”. Catorce años después, el presidente de la Pachamama no solo les quedó debiendo, sino que los utilizó para fortalecer su proyecto político. Los indígenas y campesinos de Santa Cruz no recibieron la tierra prometida, mientras que dirigentes sindicales se llenaron los bolsillos con cobros ilegales a costa del sueño de que la tierra sería para quien la trabajara. Así lo revela esta investigación de Nathalie Iriarte, en alianza con CONNECTAS, con el apoyo del International Center for Journalists (ICFJ), como parte de la iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas.

En 2014, luego de ocho años de fallidos intentos, la anunciada Revolución tuvo uno de sus capítulos más notorios cuando en el departamento de Santa Cruz, motor de la agroindustria en Bolivia, se cuadruplicó la entrega de tierras del Estado en relación con los años anteriores. Durante la presidencia de Evo Morales, solo en Santa Cruz se entregaron 1,7 millones de hectáreas de tierras estatales a nuevos comunarios campesinos, es decir, casi el 70 por ciento de los 1,8 millones de hectáreas dotadas en 25 años.

Pero lejos de ser una medida que favoreció a los sectores más pobres, dicha revolución agraria benefició a miembros de una sola organización, la (CSUTCB) que se llevaron la mayoría de toda la tierra a través de dirigentes que habrían generado comunidades fantasmas, realizado cobros ilegales por los trámites y creado asentamientos que destruyen reservas naturales. El actual gobierno de transición investiga si conformaron especies de mafias para extorsionar a quienes reclamaban ser los dueños legítimos de las tierras y una serie de irregularidad en los trámites de dotación.

No hay acuerdos sobre el número real de comunidades y comunarios asentados. Según datos oficiales, hay 912 comunidades, pero según la Fundación Tierra este número asciende a 1.400. Lo cierto es que entre 31.000 y 50.000 nuevos colonos obtuvieron permisos del gobierno para asentarse y en 2015 cada uno de ellos obtuvo permiso para talar 20 hectáreas. El impacto ambiental, social y cultural de esta medida sin duda es enorme.

La investigación publicada en Página Siete, El Día y Los Tiempos de Bolivia, en alianza con la plataforma periodística regional CONNECTAS, revela cómo Juan Carlos León, el exdirector nacional del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) junto con dos dirigentes de la CSUTCB también de apellido León serían los más influyentes en los procesos al punto de prácticamente ostentar el poder a nivel nacional de repartir tierras a quienes señalaban. Este trío de temidos hombres proviene de un pequeño pueblo de Chuquisaca llamado Padilla y se conoce como “El clan de los Leones”. Ellos, además de compartir apellido, también tenían en común una ferviente y pública militancia con el partido de Evo Morales.

Juan Carlos León fue viceministro de Tierras en 2017, puesto que dejó a fines de 2018 para ser director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). A los cuatro meses de estar en el cargo que le daba el poder máximo de la asignación de tierras en Bolivia, se vio acorralado luego de que salieran a la luz casos de asentamientos de cocaleros en reservas naturales, autorizados por esta entidad. Pero esto no bastó para que el partido de Evo Morales lo alejara de su cúpula, al contrario, fue devuelto a su anterior cartera de viceministro de Tierras, donde permaneció hasta el final del gobierno de Morales en noviembre de 2019.

El otro es Adolfo León, secretario departamental de la CSUTCB en Santa Cruz entre los años 2014 y 2018, cuando se emitió la mayor cantidad de autorizaciones de asentamientos en los últimos 25 años en la historia de Bolivia. Este León fue un ferreo defensor de la postulación indefinida de Evo Morales como presidente, llegando a amenazar públicamente con movilizar campesinos si el tribunal electoral no otorgaba este privilegio a Evo Morales, a pesar de que la Constitución lo prohíbe.

Daño. La deforestación afecta varias áreas protegidas y territorios indígenas. Aquí, comunidades asentadas en Ñembiguasu.

El último hombre en esta trama es Henry León, quién fungía como dirigente regional de la organización campesina en Pailón, uno de los tres municipios que conforman la provincia de Chiquitos. Él manejaba “la llave de Pailón, que es la puerta de entrada a la Chiquitania, por ende, de la repartija de las tierras más valiosas y productivas de Santa Cruz”, relata para la investigación, Álvaro la Torre, abogado especialista en temas agrarios.

Una historia que deja en evidencia el entramado de estos piratas de la tierra en la Presidencia de Morales, es la de Anacleto Aguirre, campesino de Pailón: “Tengo un familiar, Nilo Aguirre, que nos llamó a mí y a mis hermanos y nos dijo que había tierras para nosotros. Yo, que nunca tuve terreno, me emocioné y nos fuimos para allá a asentarnos”. Una parcela había salido a su nombre con autorización del INRA, pero la sonrisa se le fue rápido cuando el mismo Nilo le pidió 500 dólares como comisión para el INRA y los dirigentes. Ese sería solo el primer pago que les demandarían a él y a otros beneficiarios por mantener su nombre en la comunidad. Negarse al pago tenía un costo: la expulsión. Anacleto fue sacado del predio junto con otras tres personas de su familia que tenían parcelas a su nombre y encima fue amenazado por los dirigentes.

La repartición de tierras benefició mayormente a migrantes de tierras altas, más que a campesinos e indígenas locales. El MAS dotó de tierras a cocaleros que ya contaban con parcelas en Cochabamba, a citadinos en vez de a pobladores rurales e incluso a profesionales con grado de licenciatura y con recursos económicos muy superiores a los de un campesino que aspira a ser un pequeño productor, como se documenta en esta investigación periodística que comenzó meses antes de la salida de Morales del poder.

Esta repartición a dedo también ocasionó una serie de conflictos entre comunarios locales que se vieron avasallados en su territorio y cultura por los nuevos colonos que fueron mandados como piratas a tomar por la fuerza lo que el INRA marcaba con una equis en el mapa. Para varios líderes indígenas de tierras bajas, el gobierno de Evo Morales puso por encima los intereses de sindicatos de campesinos cocaleros y de quienes lo apoyaron políticamente y no veló por sus hermanos indígenas, como les había prometido. “Este fue un intento de colonizarnos por razones políticas, trayendo gente para ganar alcaldías —decía Fernando Rojas, cacique de los cabildos indígenas de San Ignacio de Velasco, provincia chiquitana—. Encima depredaron el bosque y quisieron acallar nuestra cultura”.

Luego de la renuncia de Evo en noviembre pasado, el nuevo gobierno de transición de Jeanine Añez comenzó, a partir de diversas auditorías, una revisión de las tierras dotadas por el INRA en la anterior administración. Las comunidades que no cumplan con la función económico-social indicada por ley podrían ser revertidas al Estado. La revisión comenzó, especialmente, en los municipios donde la CSUTCB tuvo el poderío a través de Juan Carlos León, Adolfo León y Henry León. Estos fueron los tres reyes de la selva que crearon su propio imperio de irregularidades ante las que la ley boliviana parecía tener un parche en el ojo. Pero el botín de oro verde que vieron en los bosques de Santa Cruz parece habérseles acabado. El nuevo gobierno está investigando a estos tres personajes y a otras exautoridades por tráfico de tierras.

Según analistas del tema como Alcides Vadillo, de la Fundación Tierra en Bolivia, la herencia de estos años de “piratería terrestre” tendrá un grave impacto ambiental, social y cultural. “Esto implica a 1.400 comunidades. Solo con un cálculo de 35 personas por comunidad, estamos hablando de alrededor de 50 mil beneficiarios de tierras en la Chiquitania. Si van con la pareja y dos hijos, estamos hablando arriba de 200 mil personas que se están metiendo en la Chiquitania. Este era el objetivo político, cambiar el mapa electoral y buscar el control político de la región. Entonces, estamos prediciendo un nivel de avasallamiento y de destrucción de las culturas chiquitanas”, explica el experto que lleva más de 10 años investigando el tema.

Probablemente, esto también venga con un alto costo político para Evo Morales y su movimiento cuya principal promesa política fue una Revolución Agraria ahora muy cuestionada. Morales deberá defenderse desde el exilio en Argentina y en medio de numerosos escándalos y acusaciones mientras recarga baterías para que su partido compita (esta vez sin él como candidato) en las elecciones generales, cuando la crisis del coronavirus permita convocarlas.

El renacimiento de Renée Zellweger

Renée Zellweger

Tras una pausa de varios años en su carrera, la actriz texana –que alcanzó la fama por El diario de Bridget Jones–, volvió al estrellato en Hollywood con una interpretación más que memorable: encarnó a Judy Garland en la película Judy. Gracias a esta actuación, la carismática Renée Zellweger logró el premio Oscar de la Academia a mejor actriz, trofeo con el cual dejó bien claro por qué a los 50 años nunca es tarde para volver a empezar.

La escena fue muy conmovedora. Sucedió en septiembre del 2019, la noche de la premiere de la película Judy. El marco no podía ser más influyente: el Festival Internacional de Cine de Toronto.

Cuando terminó la proyección, mientras los créditos rodaban, la actriz texana Renée Zellweger, protagonista de la película Judy, hizo exactamente lo mismo que estaba haciendo la gran mayoría de la audiencia: llorar desconsoladamente.

Durante dos largos minutos, el público la ovacionó vitoreando su nombre, mientras Zellweger, vestida con un elegante vestido azul claro, se abrió camino frente a ellos. Sin dejar de sollozar, llevó su mano derecha sobre su pecho, en un evidente estado de shock y éxtasis. La multitud solo cedió cuando, después de secarse torpemente las lágrimas de sus mejillas, tocó el micrófono que le habían instalado en el escenario y replicó humildemente: «Será mejor que terminen. ¡Están arruinando mi maquillaje!».

La película biográfica sobre Judy Garland (la famosa cantante y actriz que muy joven protagonizó El mago de Oz en 1939), es una adaptación basada en el drama musical End of the Rainbow, de Peter Quilter, que se desarrolla en 1968, cuando Garland llega a Londres para una serie de presentaciones.

En aquellos espectáculos, con entradas agotadas, que se extendieron a lo largo de cinco semanas en el club nocturno Talk of the Town, la estrella tuvo momentos exultantes, al tiempo que sufrió fuertes depresiones provocadas por las peleas en torno a la custodia de sus hijos, el insomnio y el abuso de sustancias. Garland, finalmente, murió de una sobredosis accidental de pastillas en junio de 1969, a la edad de 47 años.

La historia, dirigida por Rupert Goold, sigue a la artista durante este, el último y más dramático período de su vida. Cuando Renée Zellweger fue elegida para interpretarla, después de casi una década en un semirretiro autoimpuesto, le pareció un reto significativo.

Aparte de Bridget Jones’s Baby (2016), Zellweger se había alejado de la actuación desde el 2009 para dedicarse a otras pasiones. «Haber vuelto con Judy, tras Bridget Jones’s Baby, fue algo acertado por muchos motivos, porque me pareció conveniente mostrar parte de su historia en un momento crítico para las mujeres en la sociedad actual. Y guardando distancias, me he sentido identificada con esa parte difícil de ser una persona en el medio del entretenimiento. Pero me hace feliz que parece que hemos acertado al hacer la película», comentó la actriz de 50 años de edad, nacida en Katy, un pequeño suburbio de Houston, en el estado de Texas, donde creció hasta que se mudó a estudiar en la Universidad de Texas, en Austin. «Considero a Austin como mi hogar, y tengo mucha familia allí, así que allí siempre regreso mucho».

Su madre es noruega y su padre suizo, lo que la hizo sentir diferente. «Siento mis raíces texanas, por supuesto, pero no se puede negar que soy hija de europeos, mis ojos me delatan», comenta con una pícara sonrisa. Pero en su infancia, lejos de querer ser actriz, Renée quiso ser escritora. «Siempre deseaba lo mismo: me encantaba pedir de regalo para mis cumpleaños o en Navidad un cuaderno o libretas de papel rayado y lápices. No había nada mejor para mí cuando regresaba a casa de la escuela que ponerme a escribir historias o componer poemas, las posibilidades eran infinitas». Fue en la universidad, en 1991, estudiando artes liberales e inglés, que entró a la clase electiva de actuación. «En lugar de continuar en la búsqueda de mi título de periodista, terminé rápidamente con mi título de licenciatura, porque me entró la curiosidad de lo que podría hacer si comenzaba a actuar», recuerda.

Con el tiempo, esa curiosidad terminó dándole cuatro nominaciones al premio Oscar. Sus dos primeros fueron como mejor actriz en la comedia romántica del 2001 Bridget Jones’s Diary y, en el 2002, con el musical Chicago. En su tercera nominación, en el 2004, Zellweger se llevó a casa la estatuilla como mejor actriz de reparto por su actuación en Cold Mountain. Hoy, 15 años después, Renée Zellweger ha logrado otra nominación por Judy.

Renée Zellweger

Fueron 25 años de preparación en Hollywood para asumir el reto de convertirse en Judy Garland. «Hay experiencias que tuve que lamentablemente hicieron que sus difíciles circunstancias fueran un poco más fáciles de entender –explica–. Hay mucho entre líneas, esos momentos íntimos en los que se oscila entre ser una persona famosa y ser una persona privada. Eso es algo que he experimentado». Pruebas y ensayos de una larga y fructífera carrera.

Poco después de terminar la universidad, a los 23 años de edad, la rubia texana debutó en pequeñas producciones como A Taste for Killing (1992), seguida de Murder in the Heartland (1993), para luego aparecer en la película de Ben Stiller, Reality Bites (1994).

Su primer protagónico lo logró igualmente en 1994 con la película de terror Texas Chainsaw Massacre: The Next Generation, al lado de Matthew McConaughey. Luego llegaría a actuar al lado de Tom Cruise en Jerry Maguire, para después consagrarse con el personaje de Bridget Jones.

Pero, con el tiempo, comenzó a sentirse agotada con la vida que llevaba en Hollywood. «Me sentía exhausta, necesitaba parar, pero no lo hice por años. Además, sentía que no podía disfrutar las pequeñas cosas de la vida. Entonces, ¿qué sentido tenía ese éxito si no podía disfrutar lo que realmente importa, que es vivir?».

Pero fue precisamente esa misma pausa la que le dio a Zellweger la energía suficiente para volver a trabajar. «Ahora reconozco que hay límites que están permitidos. Y por eso, buscar un equilibrio siempre es necesario, como todo en la vida –asegura–. Pero reconozco que es todo un ajuste volver a hacer giras de prensa, volver a la alfombra roja, volver a ser vulnerable y volver a todo lo que implica ser una actriz; pero siento que ahora puedo navegarlo mejor». De hecho, a finales del año pasado, decidió rodar para la televisión, con una serie de Netflix llamada What If (Dilema).

La atractiva y elegante rubia de 50 años, reciente ganadora del premio Oscar, habló de su trabajo y de su vida.

¿Qué tipo de presencia tuvo Judy Garland en su vida antes de este proyecto?

Más de lo que pudiera creerse, porque me acompañó en mi niñez. Yo oía sus discos porque mi padre los ponía los fines de semana cuando descansaba o, como el resto del mundo, creo, vi con mi familia El mago de Oz, todos los años en Semana Santa. ¡Todos los benditos años! Ella es una de las mejores vocalistas de todos los tiempos. Llegando a comprender lo que tuvo que superar, una y otra vez, solo para desempeñarse en los niveles que lo hizo durante un período de tiempo tan prolongado, ahora la entiendo y la aprecio de una manera diferente. Ella se hizo un espacio para sí misma como ícono en la historia de los Estados Unidos, algo que realmente se merece.

¿En qué se ha sentido identificada con ella?

Antes que todo, aprendí de su historia como ser humano para poder entender todo eso con lo que tuvo que luchar para hacer estas actuaciones. Y habiendo vivido yo misma con esa imagen pública por un tiempo, puedo empatizar un poco con lo que es eso. Sobre todo cuando te alejas de la percepción de la gente y cuando estás sola en una habitación de hotel. O cuando algo va terriblemente mal en tu vida personal y tienes que fingir que no pasa nada porque tienes un trabajo que hacer. Necesitas trabajar y, como todos, debes mantenerte al día e ir a hacer tu trabajo. Y eso no es nada fácil para alguien que es una figura pública y está pasándola mal.

Me sentía exhausta, necesitaba parar, pero no lo hice por años. Además, sentía que no podía disfrutar de pequeñas cosas de la vida. Entonces, ¿qué sentido tenía ese éxito si no podía disfrutar lo que realmente importa, que es vivir?

Y más en esas épocas, de seguro.

Siempre ha sido muy difícil para las mujeres tener que lidiar con las presiones sociales cuando se está en una profesión como esta. Judy Garland fue una madre que extrañaba a sus hijos. Una mujer hambrienta de amor que, en esa búsqueda, se adentró en otro matrimonio infeliz. Ella fue una celebridad tan necesitada de amor que lo único que pudo hacer fue vivir la vida como la vivió.

¿Ha conocido a su hija, Liza Minnelli?

Sí, la conocí. Tenemos una amiga muy cercana en común y estuve en su fiesta de cumpleaños número 50 en la ciudad de Nueva York. Luego la volví a ver años después porque otra amiga produjo y filmó su último show en vivo en Las Vegas. Ella estuvo sublime. No podía creer que tuve la suerte de lograr un asiento en ese lugar para esa grabación. Eso fue una gran experiencia, casi que podría llorar de la emoción recordando eso. Después, nos metimos en el backstage y ese fue, ya sabes, uno de esos momentos en los que comienzas a verte como parte de una nube de fanáticos sin vergüenza. Solo quieres callarte, pero no puedes [risas]. Quiero decir, qué suerte, y sí, sí, la he conocido. Ella podría no recordar haberme conocido, pero yo sí. [Risas].

¿Qué ha aprendido, tras interpretar a Judy Garland, sobre la relación con la fama?

Acababa de aparecer en Jerry Maguire y tuve una reunión con el gran director Mike Nichols. Él hablaba sobre los golpes de gracia y me preguntó si sabía lo que me iba a pasar. Pero no sabía de qué estaba hablando ni qué quería decir. Me preguntó: «¿Entiendes que tu vida va a cambiar?». Y yo ingenuamente dije que sí, pero creo que no podría haberlo imaginado. Recuerdo que él me dijo: «Será extraño para ti porque no hay nada en tu vida que realmente pueda prepararte para los cambios que estás a punto de experimentar. La fama es muy complicada».

¿Lo dijo para asustarla?

No lo creo. Recuerdo que además me dijo que pensara un poco como Medusa. Me dijo: «La fama, una vez la obtienes, siempre estará ahí. Es insidiosa. Nunca se va. Siempre está a la vuelta de la esquina donde quiera que vayas. A partir de ahora, estará allí y es peligrosa porque puede seguir tu camino. Es complicado. Puede engañarte y, si la miras directamente, te prometo que te convertirá en piedra». Dijo que si corres hacia ella, si la abrazas, si necesitas algo de ella, te convertirá en piedra. Y recuerdo que me decía que debía vigilarla porque si no lo hacía, es doblemente peligrosa, así que debía mirar a la fama a través del prisma como en el mito, mírala a través del prisma y deja que ese prisma sea tu familia y tus amigos más cercanos. Y nunca vayas a ningún lado sin llevar el prisma con algo de respeto. Yo no entendía bien lo que quería decir, pero obviamente, ya sabes, al contarlo ahora hoy, tantas décadas después, realmente resuena conmigo. Y, obviamente, él tenía la razón.

¿Eso significa, supongo, que sus relaciones con los hombres también han sido afectadas por la fama?

No puedo decir eso porque creo que cada relación se ve afectada por el trabajo y la vida, solo por la vida misma. Es humano, ¿verdad? Así que no puedo decirte eso.

¿Y fue precisamente por esa misma protección ante la fama que tomó la decisión de no poner su carrera antes de todo?

Estoy segura de que es lo mismo para ti cuando pasas de un proyecto a otro, de una entrevista a la siguiente, y así hasta que te sientes como un ser humano aburrido. Y yo estaba tan aburrida de mí misma. No podía soportar escucharme hablar un segundo más. Necesitaba estar tranquila e irme a vivir un poco y crecer como ser humano. Quería aprender cosas nuevas y quería crecer en cierto sentido, porque parece que me estaba atrofiando en el lugar en el que estaba.

Pero para muchos la actuación es un constante cambio con cada proyecto.

Cuando entré a este negocio, no paré de vivir la vida de otra persona. En la casa de otra persona, en el pueblo de otra persona. Luego, a la siguiente producción y a la siguiente y a la siguiente; y no puedes contar historias auténticamente, porque no puedes relacionarte con otras personas, porque no lo has vivido. Cada proyecto es diferente, en efecto, pero la dinámica para llegar a cada proyecto es muy similar siempre. Y estaba cansada de eso. Por eso me puse a pensar, ¿por qué no estudio algo que no sea un personaje nuevo? Y lo hice. Y eso pertenece a mi vida privada y no a mi vida profesional. Y lo recomiendo mucho.

Tras tomar una pausa en su carrera, tras la popularidad que tuvo Bridget Jones, ¿se sintió en algo identificada con ella?

Tenemos muy poco en común. Aunque estoy interesada en su guardarropa. Soy mucho más conservadora. No soy tan audaz, excepto con mis amigos más cercanos. La gente siempre quiere que uno se parezca en algo a un personaje con el que se sienten identificados, pero eso no es siempre así.

Al regresar a la actuación después de un largo período, ¿encontró la misma pasión por actuar? ¿Algo cambió en su enfoque de trabajo? ¿Cree que es una mejor actriz o se siente la misma?

No sé si soy mejor actriz. Quiero decir, esperas que tus experiencias de vida invadan de alguna manera las actuaciones que tomas. Y podría ser mejor, podría ser mejor administrando lo que viene con eso. Pero lo veo de manera diferente ahora. Tengo límites diferentes y eso lo aprecié más cuando regresé, porque recordé por qué me encantaba esto. Porque antes no me sentía así. Porque no era buena para establecer límites. Se trataba de comprender, se trataba del proceso, se trataba de desaparecer, se trataba de ser creativo: ese es probablemente el mayor cambio. Por ese cambio es que me siento un poco más ajustada.

¿La misma pasión?

Por supuesto, esto me encanta, pero ahora lo reconozco más claramente. Siempre me ha encantado. Nunca perdí el amor por el trabajo; cuando lo estaba haciendo y colaborar en proyectos y el proceso creativo, lo artístico de todo esto y, ya sabes, el tipo de experiencia de estar en el set y compartir el día con todos los que intentan lograr el mismo objetivo. Eso me encanta; eso nunca desapareció. Pero de todos modos, intenté responder tu pregunta 20 veces, ¿no? [Risas].

¿Cómo maneja ahora ese cambio?

Manejar la fama es un trabajo diferente y, la verdad, no me interesa ese trabajo. De hecho, ese trabajo ya no me quita el sueño.

¿Usa redes sociales?

No. Estoy demasiado ocupada para eso. ¿Y para qué?, ¿para alimentar esa parte que cansa de la fama?

¿Cuándo fue la última vez que se preguntó qué pasaría en su vida si hubiera decidido algo de otra manera?

Esta mañana, pero trato de no pensar mucho en eso. ¿Cosas importantes? No sabemos cuáles son las consecuencias de una pequeña decisión, si uno gira a la derecha o a la izquierda por la mañana y llega a la parada de un autobús. Nunca se sabe. Pero trato de no pensar tanto en eso. Intento simplemente estar en el momento. Sí, trato de no pensar tanto en eso porque, simplemente, estás tratando de controlar cosas que no puedes controlar y tratando de leer con anticipación sobre lo que esencialmente podría suceder. Quiero decir, es bueno tener previsión, obviamente. Es bueno tener cuidado antes de abrir la boca y hablar de ciertas cosas y es bueno tener cuidado antes de decidir embarcarse en algo que tiene el potencial de cambiar tu vida de una manera significativa.

¿Cuál es su próximo proyecto, está trabajando en ello?

He estado produciendo durante mucho tiempo en silencio y estoy desarrollando un proyecto que me encanta. Es una pequeña película llamada Something in the Water (Algo en el agua) y está protagonizada por mi amiga, con quien solía jugar Scrabble cuando tenía cinco años de edad, Billie Lourd. Estoy muy emocionada por este proyecto. Voy a ir a rodar en Texas en junio.

¿Alguna buena decisión que ha tomado personalmente en estos días?

Por supuesto [risas]. Recientemente me mudé. Acabo de deshacerme de todo en la costa este y dejé de ir allí. Los cambios son buenos de vez en cuando, ¿cierto?

Hispanos, el futuro de la Iglesia católica de EUA

Fotografía AP

María Chavira, administradora de la diócesis de Phoenix, lo describe como un «tsunami»: Los hispanos han pasado a ser el grupo étnico más grande de la Iglesia Católica de Estados Unidos.

En todo el sudoeste del país, donde el crecimiento de la población católica hispana ha sido más notable, los líderes de la Iglesia se muestran entusiasmados con las posibilidades que esto representa… y conscientes de los retos por delante.

Los hispanos representan el 40 % de los católicos de Estados Unidos y son mayoría entre los católicos en edad escolar. Los hispanoestadounidenses, no obstante, no están bien representados en las escuelas católicas y en el sacerdocio. Son menos del 19% de los alumnos de escuelas católicas y apenas el 3% de los sacerdotes de Estados Unidos.

En la diócesis de Phoenix hay 1,2 millones de católicos, de los cuales más de la mitad, 700,000, son hispanos. De sus 200 sacerdotes, sin embargo, solo siete son hispanos nacidos en Estados Unidos, de acuerdo con investigadores católicos.

Hay varias iniciativas para tratar de reducir esa brecha demográfica, de las que se habla en un estudio de cuatro años del Quinto Encuentro, que procuran solidificar la relación de la Iglesia con los hispanos.

«Tenemos muchas oportunidades», dijo Chavira, que supervisa la Oficina de la Misión Hispana y otros departamentos de la diócesis de Phoenix. «Puede haber algunas turbulencias por delante, pero vamos a salir a flote».

Chavira es una de más de dos docenas de líderes y activistas católicas que hablaron sobre el fenómeno de los hispanos católicos, algunas en entrevistas telefónicas y otras en persona en Arizona y la zona del Rio Grande Valley.

En Phoenix, dice Chavira, muchas iglesias donde se habla español «están que revientan». Miles de católicos hispanos bailan y desfilan por el centro de la ciudad en diciembre para celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe.

A nivel nacional, más de 1,200 escuelas católicas cerraron en la última década, generalmente por problemas financieros. En los suburbios al oeste de Phoenix, no obstante, se matriculan muchos chicos en una escuela secundaria católica nueva que sirve a una pujante comunidad hispana.

La escuela, que lleva el nombre del papa Juan Pablo II, fue inaugurada en 2018. Aproximadamente 70 % de sus 220 alumnos son hispanos y se planea una rápida expansión que le permita recibir 1,000 estudiantes.

Fuerte impacto. Desde 2004, el escándalo por los abusos sexuales cometidos por curas motivó la bancarrota de más de 20 diócesis.

«Estamos sirviendo a gente que no ha sido bien servida en esta nación», lamentó la directora de la escuela, la monja Mary Jordan Hoover. «Estos jóvenes quieren aprender para ser los futuros maestros, administradores, escritores, médicos. Sueñan en grande».

La esperanza que se percibe aquí contrasta con las circunstancias imperantes en otras regiones. Cientos de parroquias han cerrado en el noreste y el centro del país. El escándalo por los abusos sexuales de curas motivó la bancarrota de más de 20 diócesis desde 2004.

El sudoeste tampoco estuvo exento de escándalos. Diócesis de Tucson, Santa Fe y Gallup (Nuevo México) figuran entre las que se fueron a la quiebra.

Pero en los estados a lo largo de la frontera con México, los escándalos del pasado no atenúan el entusiasmo en torno a una futura Iglesia católica dominada por los hispanos. Más de 400 parroquias han sido inauguradas desde 1970 en estados fronterizos y muchos hispanos católicos están felices con la elección del arzobispo de Los Ángeles José Gómez, quien nació en México, como el primer presidente hispano de la conferencia de obispos.

«Es la historia de dos ciudades», indicó Hosffman Ospino, profesor del ministerio hispano del Boston College. «En Boston, veo un catolicismo muy reservado. En el sudoeste es muy público, muy expresivo».

Señaló que la edad promedio de los católicos hispanos de Estados Unidos es de 29 años, comparado con los 55 de los católicos blancos no hispanos.

«Hay mucha energía», expresó. «Gente que quiere ser reconocida y tener una voz en las decisiones de su Iglesia».

En todo el sudoeste hay tensiones derivadas de las políticas inmigratorias restrictivas del gobierno de Donald Trump. Esas medidas irritaron a los activistas católicos que ayudan a los migrantes y a numerosos hispanos con familiares que no tienen permiso de residencia.

«Me gustaría que nuestros obispos denunciasen esto con más fuerza», subrayó la monja Norma Pimental, quien dirige un centro de ayuda a los migrantes en McAllen, Texas.

Pimentel cree que los hispanos pueden revitalizar toda la iglesia estadounidense.

«Si hay algo que no perdimos es el sentido de comunidad», manifestó. «Espero que los católicos jóvenes puedan mantener eso y disfruten celebrando su fe. Ese es el futuro de nuestra Iglesia».

Un fuerte desafío para la jerarquía católica: Tratar de convencer a más jóvenes hispanos de que se dediquen al sacerdocio.

Un ejemplo de ese reto: Diego Piña López de 30 años, de Tucson. Consagró su vida al principio católico de apoyar la dignidad de todas las personas, incluidas las que piden asilo y que visitan Casa Alitas, el albergue católico en el que trabaja en Tucson.

Piña pasó su infancia en Nogales, Arizona, y por momentos consideró abocarse al sacerdocio, pero prefirió sacar títulos en trabajos sociales y salud pública. ¿Por qué no se hizo cura? «Quiero tener una familia», explicó.

Los reclutadores católicos escuchan esa justificación a menudo.

Según las últimas cifras de la conferencia de obispos, hay unos 37,300 sacerdotes en Estados Unidos. Solo 3,000 son hispanos, de los cuales más de 2,000 nacieron en el exterior. Esas cifras son sorprendentemente bajas considerando que 40 % de los católicos de Estados Unidos son hispanos.

Esa brecha podría reducirse, pero no a corto plazo. Investigadores de la Universidad de Georgetown indican que 14 % de los hombres que se iban a ordenar en el 2019 son hispanos. Muchos de ellos extranjeros.

Un problema, de acuerdo con Hosffman Ospino, es que el promedio de hispanos con estudios universitarios es más bajo que el del resto de la población, lo que reduce la cantidad de hispanos que pueden ingresar a un seminario. «Mientras que los niveles educativos de la comunidad hispana sigan siendo bajos, pocos podrán ser sacerdotes o maestros», expresó.

Los hispanos de segunda y tercera generación pueden cursar estudios universitarios, pero hay otros factores en juego.

«Esas generaciones están muy presionadas para pensar más en el progreso económico que en la gloria de Dios», dijo el obispo de Brownsville, Daniel Flores. «Debemos inculcarles el concepto de servicio, haciendo a un lado la noción de que hay que ganar lo máximo posible».

Brownsville es una de las diócesis más católicas del país. Aproximadamente la mitad de sus 120 curas son hispanos, dos tercios de ellos extranjeros.

Flores recomienda a los reclutadores que hablen personalmente con potenciales seminaristas y con sus padres.

«No basta con mandarles un correo electrónico o anunciarles un retiro vocacional», expresó. «Hay que invitarlos y aprender de ellos».

La oficina vocacional de la diócesis de Phoenix, que recluta y apoya a los seminaristas, está encabezada por el reverendo Paul Sullivan, quien además preside una parroquia abrumadoramente hispana. De los 11 seminaristas que fueron ordenados recientemente, cinco nacieron en Estados Unidos y cinco en México.

Sullivan admite que el deseo de tener una familia y de ganar dinero hace que mucha gente le dé la espalda al sacerdocio.

«El sacerdocio no el camino más seguido», comentó.

Un problema, de acuerdo con Hosffman Ospino, es que el promedio de hispanos con estudios universitarios es más bajo que el del resto de la población, lo que reduce la cantidad de hispanos que pueden ingresar a un seminario. “Mientras que los niveles educativos de la comunidad hispana sigan siendo bajos, pocos podrán ser sacerdotes o maestros”, expresó.

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Los esfuerzos por aumentar la presencia hispana en puestos de liderazgo de la Iglesia se ven perjudicados por otra brecha en la matriculación de estudiantes.

La matriculación en escuelas católicas bajó pronunciadamente en las últimas décadas en Estados Unidos, de 5.2 millones de personas en la década de 1970 a 1.73 millones este año. De los estudiantes actuales, solo el 18.5 % son hispanos, por más de que la mitad de los jóvenes en edad escolar sean hispanos.

Los expertos ofrecen varias explicaciones para esto. Muchos hispanos de Estados Unidos vienen de países latinoamericanos donde las escuelas privadas, incluidas las católicas, son vistas como un bastión de los ricos. Las matrículas cuestan 5,000 dólares para la primaria y 10,000 para la secundaria, lo que hace que la educación católica esté fuera del alcance de muchas familias. Bastantes escuelas católicas pierden alumnos que se pasan a escuelas «chárter», que tienen más acceso a fondos del gobierno.

Todos estos factores están presentes en la diócesis de Brownsville, donde la matriculación en las iglesias católicas bajó pronunciadamente en los últimos años por la competencia de las escuelas públicas y las «chárter» (escuelas que reciben fondos del gobierno pero operan en forma independiente del sistema escolar estatal).

Una escuela que se esfuerza por conservar sus alumnos es la Escuela Católica St. Mary. Su directora desde hace siete años Ana Gómez, dice que 95 % de los 350 alumnos son hispanos, incluidos unos 20 que vienen todos los días de Matamoros, del lado mexicano de la frontera.

Logra mantener los niveles de matriculación estables gracias a estrategias que aprendió en la Iniciativa de Matriculación de Hispanos (Latino Enrollment Initiative), un programa de la Universidad de Notre Dame. Entre sus tácticas figuran la de asegurarse que las escuelas sintonizan con la cultura de las familias hispanas y ayudan a los padres a pagar por las matrículas.

Unos 80 alumnos de la St. Mary reciben asistencia financiera, según Gómez.

Otra participante en la iniciativa de Notre Dame es la St. Agnes Elementary School de Phoenix, donde su directora Christine Tax dice que en cuatro años subió la cantidad de alumnos de 167 a 240. En 2016, dos tercios del estudiantado eran hispanos. Hoy lo son 95 % de los alumnos y casi todos reciben ayuda financiera del estado.

Personal de la escuela y expertos en asuntos impositivos ayudan a las familias a solicitar asistencia y becas, asegurándose de que reciben información en español. Además han incorporado festejos culturales como el de la Festividad de Nuestra Señora de Guadalupe a su calendario escolar.

«Muchas familias hispanas de bajos recursos sentían que no eran dignas de una educación católica», comentó Tax. «Tratamos de hacerles ver que sus hijos son merecedores de todo esto».

A nivel nacional, según la Asociación Nacional de Educación Católica, menos del 10% de los 12,000 empleados y profesores de las escuelas católicas son hispanos.

La monja Mary Jordan Hoover, directora de la Juan Pablo II, pule sus conocimientos de español.

«Tuve que hablarle en español a una mujer acerca de los problemas de su hijo», dijo Hoover. «Me entendió y me dio un abrazo».

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Si bien la población hispana está llamada a aumentar, no está claro hasta qué punto la Iglesia católica podrá contar con ella. El año pasado el Centro de Investigaciones Pew informó que los católicos ya no son mayoría entre los hispanos. Solo 47 % se describe como católico, comparado con 57 % de 2009. La cantidad de personas que se consideran ateas, agnósticas o «nada en particular» subió de 16 % a 23 %. Y el porcentaje de protestantes subió de 23 % a 26 %.

Melba Salazar-Lucio, profesora y activista defensora de los derechos de los migrantes de Brownsville, dice que la Iglesia católica de hoy le resulta muy rígida a los hispanos. Su madre ya no va a misa y sus tres hijos dejaron de ser católicos practicantes.

«Hay otras denominaciones que tienen más música y pastores más jóvenes que aceptan más la forma de ser de la gente», expresó Salazar-Lucio. «La Iglesia católica no está a tono con los tiempos».

En Phoenix, no obstante, los sectores tradicionales de la Iglesia reciben con los brazos abiertos a gente como el seminarista Juan Carlos Briones, que en el portal de su parroquia escribió: «Los sacerdotes de nuestra parroquia eran muy admirados por los feligreses, jóvenes y viejos, ricos y pobres. Todo joven católico debería ser receptivo, y no tenerle miedo, al llamado a la vida religiosa y al sacerdocio».

En un centro de ayuda al migrante de Nogales, México, próximo a la frontera con Arizona, el sacerdote jesuita Sean Carroll sirve todos los días a personas que quieren asilarse en Estados Unidos y que sueñan con sumarse a las filas de los católicos hispanos de este país.

«Traen su cultura, sus dones», comentó. «El desafío de la Iglesia es aceptar esos dones. Hacer que se sientan líderes. Que se sientan como en su casa».

Herencia social. Una buena parte de los católicos en Estados Unidos proviene de otro país. La familia y las tradiciones son parte de las razones para mantener una religión específica.

«Canjeables e inadaptados» Mario Benedetti

Ilustración Moris Aldana

El dominio de un oficio es algo que siempre importa en un escritor. Pero ese oficio debe representar algo más que dejar caer el acento obligatorio en la sexta cuenta del endecasílabo o cuidar que un drama cumpla puntualmente con las exigencias de planteo, nudo y desenlace. Solo cuando llega a ser el instrumento adecuado para desarrollar un enfoque personal, solo cuando se convierte en el brazo ejecutor de un sentimiento o una idea originales, solo entonces el oficio del escritor adquiere su sentido, cumple verdaderamente su función. Pero cuando ese enfoque personal no existe, cuando el estilo se apabulla hasta el punto de convertirse en un desvaído y ajeno sonsonete, entonces el oficio pasa a refugiarse en un lenguaje híbrido, reseco, un lenguaje que, ni murmurado ni vociferado, habrá de provocar jamás la menor resonancia en el espíritu.

Por más que no se trata solo de ritmos o de estilos; se trata simplemente de jugarse o no en la propia obra. Ni siquiera es cuestión de comprometerse, con un fervor integral, en ordenaciones políticas, filosóficas o religiosas. Un escritor puede, a veces, salvar su nombre no comprometiéndose, sosteniendo porfiadamente su resistencia a dejar de ser él mismo. Pero lo menos que puede pedírsele a quien escribe es que crea en la literatura, y, en consecuencia, que esta le importe como medio de expresión, como forma de desbordar hacia el mundo.

Todo esto tiene un inevitable aire de manual (mejor dicho, de notas al pie de los manuales), pero consiente sin embargo cierta referencia a algo que no sabemos exactamente si somos, pero que por las dudas pregonamos ser. Este es un país de muchos escritores. Cierto. Un país de pocos enfoques personales. Más cierto aún. La consecuencia que podría extraer algún observador sin excesivos prejuicios, es que no alcanza con tener ganas de escribir. Es preciso, además, tener algo que decir.

Uno de los aspectos más patéticos de nuestro presente literario, lo constituye el hecho de que muchos escritores uruguayos no tengan nada que decir, y sobre todo, que ellos sean los primeros en saberlo. Pero no todas las culpas deben de caer sobre esas testas, tantas veces coronadas por los jurados ministeriales. En realidad, todos somos responsables.

Este es un país de muchos escritores. Cierto. Un país de pocos enfoques personales. Más cierto aún. La consecuencia que podría extraer algún observador sin excesivos prejuicios, es que no alcanza con tener ganas de escribir. Es preciso, además, tener algo que decir.

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Hasta los diputados suelen darse cuenta, por ejemplo, de que la sociedad es responsable principal en el arduo problema de los menores inadaptados. Y los mayores inadaptados? Acaso la sociedad no es responsable de estos poetas, desdoblados en un Doctor Jekyll, honorable ciudadano de la Arcadia, y un Míster Hyde que pichulea en cuanto acomodo se le pone a tiro? En rigor, la única inadaptada es la porción jekylliana (confunde abstracción con distracción), ya que se debe reconocer que la mitad hydiana se adapta como un guante al más autóctono de los camanduleos.

El pobre lector cree hacer lo que puede: es decir, niega su mirada. Pero con eso no basta, porque, naturalmente, los poetas gacelares no escriben para. Ellos escriben. Punto. De modo que al lector, representante social en esta circunstancia, también le toca una poción de responsabilidad. Si el lector no ignorara deliberadamente las corzas (+), si el lector fuera en su busca y dijera su opinión sobre las mismas, quizá todo cambiara, quizá aquellos poetas «desterrados de sí mismos» (como alguno de ellos reconoce serlo) se resolvieran por fin a escribir para. A nadie se le ha ocurrido pensar qué podría suceder en el panorama literario nacional el día en que los poetas gacelares encontraran su segundo lector.

Aunque, en definitiva, no es el tema lo que cuenta. Fue Sara de Ibáñez, creo, quien introdujo las corzas en la literatura nacional, y hay que reconocer que aquellas eran válidas. Por qué? Porque evidentemente la autora creía, tenía fe en sus propias imágenes; de ahí que estas aparecieran pulidas por el fervor del descubrimiento, por la consciente adopción de un lenguaje. Aun hoy, cubiertas por varias capas de sonetos de imitación, aquellas primeras corzas siguen manteniendo un único, irrepetido color. Es bastante obvia la explicación de que fueron las únicas que pasaron por el resguardo de un buen gusto personal; y también, de que todas las otras tienen menos de emulación que de abigeato.

Salvo excepciones, que suelen depender más del azar que de la deliberación, la incanjeabilidad es un rasgo significativo en la obra de un poeta. La incanjeabilidad no siempre garantiza la calidad de un poema, pero asegura en cambio que este solo puede tener un autor. Un librito (tan vulnerable en lo específicamente literario) como Tata Vizcacha, de Washington Benavides, resulta empero absolutamente incanjeable, y es seguro que esta cualidad bastará para salvarlo justicieramente del olvido. Versos como: «Cuando descalzo recién salí/ era época de música bailable» solo pueden ser de Humberto Megget, y otros como: «La noche pozo suave/ y atorado de sueños/ soporta aún la cuota/ de otro y la rebasa» son de Idea Vilariño y nadie más. Pero versos tan deliberadamente neutros como: «Nacida en el temblor de una gacela/ y rodeada de tenues amapolas/ vieja mi niebla, con sandalias de olas/ por el sueño que un hálito desvela» podrían ser indistintamente de Juvenal Ortiz Saralegui, Luis Alberto Caputi, Arsinoe Moratorio y quién sabe cuántos más; el hecho de que hayan sido autorizados por la poetisa nombrada en tercer término, parece obedecer mejor al cumplimiento de un trámite administrativo que al de una vivencia personal.

La lectura de estos poetas que pueden sustituirse y hasta superponerse sin mayor compromiso ni violencia, deja por lo general una sensación extraña. Cada uno de sus sonetos está rebosando palabras famosamente poéticas, pero es evidente que todas esas notas no llegan a constituir un acorde. Resulta obvio señalar que no es el derecho a equivocarse lo que aquí se cuestiona. ¿Quién de nosotros está libre de errores? Lo que aquí se objeta es el desinterés por lo literario que esa poesía, tan fácilmente canjeable, pone de manifiesto, ese desinterés que al final de cuentas se convierte en desprecio, y que no solo alcanza a lo estrictamente literario sino también a los valores humanos que la literatura suele arrastrar consigo. Escribir porque sí, sin una necesidad interior que fuerce a ello ni un impulso vital que justifique el esfuerzo, no parece en verdad una tarea ineludible sino un largo apagón de la conciencia. Alguna vez escribió el incanjeable George Orwell: «En una época como la nuestra, en que el artista es una persona enteramente excepcional, ha de permitírsele el goce de cierto grado de irresponsabilidad, así como se le permite a una mujer embarazada», cabría preguntarnos si ese grado de irresponsabilidad seguirá siendo lícito, en el caso de una extendida y falsa alarma.

(+ Nota de edición: La generación del 45, a la que pertenecía Benedetti, usaba esa expresión en contra del modernismo cursi imperante en la literatura anterior y fue precisamente él quien la popularizó).

La muerte prevenible de un cubano que buscaba asilo en EUA

Fotografía de AP

El largo viaje de Roylan Hernández Diaz terminó en una celda de paredes blancas en el ala de confinamiento solitario de una cárcel en Luisiana.

Cerca de él estaban sus últimas pertenencias: un tubo de pasta de dientes, algunos vasos desechables y una hoja de papel que explicaba cómo podía solicitar su liberación del centro de detención de inmigrantes. Pero a él ya le habían negado tres veces la libertad.

El cubano había sido puesto en aislamiento seis días antes porque dijo que rechazaría sus alimentos en protesta por su detención. Los carceleros lo pusieron allí aun después de que el personal médico lo remitió a tratamiento de salud mental tres veces y documentó un trastorno intestinal que le provocaba un dolor insoportable.

Y durante al menos una hora antes de que descubrieran que se había ahorcado, nadie abrió la puerta para revisar si estaba vivo.

Su muerte podría haberse prevenido. Una investigación de The Associated Press en torno a la muerte de Hernández en octubre pasado encontró que hubo negligencia y aparentes violaciones de las políticas gubernamentales por parte de los carceleros del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), en un momento en el que la detención de inmigrantes ha alcanzado niveles récord y han surgido nuevos cuestionamientos sobre el trato que le da el gobierno de los Estados Unidos a las personas que buscan refugio.

ICE requiere que los inmigrantes detenidos en confinamiento solitario sean observados visualmente cada 30 minutos. El video de vigilancia muestra a una carcelera que pasa dos veces por la celda de Hernández en la hora previa a que fuera encontrado y que escribió en la carpeta guardada en la pared junto a la puerta de la celda. Sin embargo, no levantó la cubierta de la ventana de la puerta de la celda ni trató de mirar dentro. La última persona que miró por la ventana fue un empleado de la cárcel no identificado, 40 minutos antes de que Hernández fuera encontrado.

Una persona que trabaja en la cárcel y que habló con la AP bajo condición de anonimato dice que descubrieron después que Hernández no podía ser visto desde la ventana.

Yarelis Gutiérrez Barrios era la pareja de Hernández. Ella había estado con él desde hacía tres años mientras viajaban a través de Sudamérica y Centroamérica, siempre en busca de la manera de llegar a los Estados Unidos. El hombre que conoció era fuerte, dice, determinado a ganar su solicitud de asilo, no el tipo de hombre que se rendiría fácilmente.

«Creo que lo dejaron morir», dice ella.

Con el propósito de llenar cárceles vacías por la reforma de justicia penal, en las comunidades rurales de Luisiana se llenaron las camas de las cárceles con solicitantes de asilo y otros inmigrantes. En un momento del año pasado, Luisiana tenía unos 8,000 migrantes detenidos, sólo superado por Texas, cifra superior a los 2,000 que tenía al final de la administración Obama.

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Hernández pasó gran parte de sus 43 años en rebelión contra el gobierno comunista a 145 km de los Estados Unidos.

En su juventud, se rehusó a unirse a un grupo de jóvenes. Después se negó al servicio militar obligatorio y protestó contra el régimen de Fidel Castro.

En 1994, cuando tenía 18 años, trató de huir de la isla con su padre y su hermano en un bote, pero fueron capturados y encarcelados.

Hernández estuvo en prisión alrededor de dos semanas. Cuando trató de huir otra vez, en 2001, fue capturado de nuevo y sentenciado a nueve años de prisión. Tras su liberación, se le negaron trabajos y fue acosado por la policía.

En 2016, dejó Cuba para ir a Guyana, un diminuto país en Sudamérica, porque podía viajar hasta allí sin visa. Desde Guyana, se dirigió hacia los Estados Unidos.

Hernández y Gutiérrez se conocieron en Ecuador en 2016. Se encontraban entre un grupo de cubanos que acampaba fuera de la embajada mexicana en Quito, la capital de Ecuador, para demandar visas que les permitieran llegar a la frontera entre México y Estados Unidos para solicitar asilo. México se rehusó a otorgar las visas y Ecuador se movilizó para deportar a los manifestantes a Cuba.

Así que huyeron. Vendieron jugo en un carrito en Argentina, y después vivieron en Perú durante un año.

Tanto en Argentina como en Perú, recuerda Gutiérrez, lucharon para mantenerse y les dijeron que sería casi imposible que se les permitiera establecerse allí de manera permanente.

«Al final, íbamos a venir a los Estados Unidos», dijo ella.

Cruzaron Ecuador y Colombia, y llegaron al Tapón del Darién, la selva que conecta a Sudamérica con Centroamérica. La región no tiene caminos ni ley, y está controlada mayoritariamente por pandillas que se aprovechan de los miles de migrantes que tratan de atravesarla cada año.

La pareja caminó varios días en la luz y la oscuridad antes de llegar a un pueblo en Panamá. Y finalmente se entregaron a las autoridades en un puesto fronterizo.

Pero en la jungla, dice Gutiérrez, Roylan perdió los documentos que había traído consigo desde Cuba y que documentaban su encarcelamiento y problemas políticos —papeles que habrían sido clave para probar su caso de asilo en Estados Unidos—.

Fueron detenidos durante 10 días en Panamá, y después trasladados a un pueblo fronterizo en Costa Rica. Uno por uno, abordaron autobuses y atravesaron puestos de control fronterizo en cada país en el camino: Nicaragua, Honduras, Guatemala, México. Pasaron varios días detenidos en territorio mexicano.

Después de cinco meses, el 18 de mayo de 2019, llegaron al puente fronterizo entre Juárez, México, y El Paso, Texas. Esperaron a que se les permitiera entrar.

Después de dos meses, Hernández solicitó asilo y fue detenido.

Inicialmente, él y Gutiérrez fueron llevados al mismo centro de detención cerca del puente. Los hombres y las mujeres fueron separados y llevados a celdas pequeñas y frías.

Ella lo vio por última vez desde el otro lado del comedor unos días después de que cruzaron. Era la hora de la comida, pero no se les permitía hablar entre ellos.

Gutiérrez fue liberada eventualmente, pero un oficial de la instalación le dijo que Hernández había sido llevado a un centro de detención en Mississippi.

Después de unas semanas, sería trasladado a Luisiana, un estado que para miles de inmigrantes se ha convertido en sinónimo de una detención prolongada. Permaneció encarcelado, aunque una investigación preliminar determinó que su solicitud de asilo era creíble.

Restricción. Bajo el gobierno del presidente Donald Trump, Estados Unidos ha restringido las razones por las que las personas pueden solicitar asilo.

En los últimos días de su administración, el presidente Barack Obama revocó una política conocida como «pies mojados, pies secos» que dio a miles de cubanos un camino para conseguir la residencia permanente en los Estados Unidos y, eventualmente, la ciudadanía.

Bajo el gobierno del presidente Donald Trump, los Estados Unidos han restringido las razones por las que las personas pueden solicitar asilo y ha presionado a los jueces de los tribunales de inmigración para que procesen y rechacen las solicitudes más rápidamente. También ha detenido a miles de solicitantes de asilo a quienes anteriormente se les habría permitido vivir y trabajar en los Estados Unidos mientras sus casos estaban pendientes.

Esos cambios de política ocurrieron después de que Hernández dejó Cuba por última vez, pero dieron forma a los últimos meses de su vida.

El pasado 13 de junio, Hernández llegó al Centro Correccional de Richwood. Ubicado en Monroe, en la parte noreste del estado, Richwood es una de al menos seis cárceles de Luisiana que se convirtieron en centros de detención de inmigrantes durante la administración Trump.

Con el propósito de llenar cárceles vacías por la reforma de justicia penal, en las comunidades rurales de Luisiana se llenaron las camas de las cárceles con solicitantes de asilo y otros inmigrantes. En un momento del año pasado, Luisiana tenía unos 8,000 migrantes detenidos, sólo superado por Texas, cifra superior a los 2.000 que tenía al final de la administración Obama.

Luisiana también se ha hecho famoso por el amplio rango de rechazos de libertad condicional a los migrantes, particularmente a grandes poblaciones de cubanos, venezolanos y personas del sur de Asia. En septiembre, un juez federal dictaminó que la oficina de ICE en Nueva Orleans violaba las propias pautas de la agencia al no darle a cada migrante una determinación, caso por caso, sobre si podían ser liberados.

Poco cambió inmediatamente después de esa decisión, aunque ha habido algunas mejoras. Según la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), de 345 solicitudes entre el 17 de octubre y el 10 de diciembre, sólo cuatro fueron otorgadas. ICE otorgó libertad condicional a alrededor del 20% de los solicitantes de asilo en enero y febrero, dijo la ACLU de Luisiana, citando datos que ICE ha proporcionado en la demanda federal.

El portavoz de ICE, Bryan Cox, declinó comentar sobre las prácticas de libertad condicional en el estado, pero dijo que «cualquier sugerencia de que la mayoría de las personas arrestadas por ICE son detenidas, es falsa».

Los detenidos en Richwood y otros centros de detención han protestado reiteradamente.

En una cárcel de Luisiana, hombres provenientes del sur de Asia organizaron una huelga de hambre que ha durado 100 días y continúa. En otra, los funcionaros rociaron con gas pimienta a los inmigrantes que organizaron una protesta sentados para exigir libertad.

El año pasado, un recluso de Richwood escribió en una carta publicada por el grupo de defensa Freedom For Immigrants (Libertad para Inmigrantes): «Solo queremos nuestra libertad para proseguir con nuestros casos libremente y dejar este infierno, porque Luisiana es un cementerio de hombres vivos».

“Mi caso es mi caso. Ya he enviado mi evidencia”, dice Hernández, de acuerdo con un traductor que se escucha en la grabación. “He estado detenido aquí. Mis derechos han sido violados. No tengo ningún beneficio. Ya he enviado tres cartas y mi esposa está fuera, en la calle”.

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Por teléfono desde La Habana, un hombre que estuvo detenido en Richwood recuerda una vez que vio a Hernández parado en el patio.

Hernández estaba doblado por el dolor con las manos en el estómago. Estaba pálido. Había comido por accidente algo que tenía azúcar y eso agravó su condición.

De acuerdo con Dariel Hevia León, entonces detenido y hoy deportado, Hernández se quejaba constantemente por el dolor y sentía que el personal médico no lo atendía adecuadamente.

«Me dijo que ‘la cárcel me está matando’», dijo Hevia.

Según un informe de ICE compilado después de su muerte, el personal médico revisó a Hernández cuando llegó y confirmó que tenía síndrome de intestino irritable.

Yarelis Gutiérrez dice que le habían diagnosticado problemas intestinales en Perú y que necesitó ayuda médica en Panamá y México durante su viaje.

Las personas con síndrome de intestino irritable pueden controlar su dolor con medicamentos y dieta. El síndrome también ha sido asociado con la ansiedad y la depresión.

Cuando Hernández llegó a Richwood, rechazó una referencia de salud mental, dice el reporte de ICE. Dos veces fue referido a tratamientos de salud mental, en agosto y septiembre, aunque el reporte no dice por qué. Dice que se negó ambas veces.

Hernández le dijo a Gutiérrez, su pareja, y a otros detenidos en Richwood, que pelearía su caso en el tribunal de inmigración hasta el final. Pero de acuerdo con lo que Hernández dijo a otros después, enfrentaba un reto enorme y tal vez insuperable: la pérdida en la selva de gran parte de los papeles que documentaban su caso.

Llegó desde Richwood a su primera aparición en el tribunal de inmigración, y habló con un juez en Nueva York por video.

La Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración declinó revelar su grabación de esa audiencia. Según su pareja, el juez le dijo que necesitaba alguna evidencia para para probar su caso. Así que Gutiérrez comenzó a llamar a personas en Cuba y a cubanos que habían dejado la isla, para pedirles que escribieran cartas que apoyaran su afirmación de que fue acosado en el país.

«Apenas le conseguí tres cartas, porque me tomó mucho tiempo obtenerlas ya que la gente en Cuba tiene miedo de hablar», dijo ella. «Tiene miedo de involucrarse en problemas de esta magnitud, pero las conseguí».

El 9 de octubre tuvo la que sería su última audiencia en el tribunal. Según una grabación, el juez le dijo a Hernández que su audiencia final quedaría agendada para el 30 de enero, a más de tres meses de distancia. Hernández responde y dice que no entiende.

«Mi caso es mi caso. Ya he enviado mi evidencia», dice Hernández, de acuerdo con un traductor que se escucha en la grabación. «He estado detenido aquí. Mis derechos han sido violados. No tengo ningún beneficio. Ya he enviado tres cartas y mi esposa está fuera, en la calle».

El juez repitió que su audiencia final era el 30 de enero y dijo que podría tener a un abogado presente si quería. Mientras el traductor se lo explica a Hernández, el juez dice: «Que tenga un buen día». La grabación termina.

Rechazo. Luisiana también se ha hecho famoso por el amplio rango de rechazos de libertad condicional a los migrantes, particularmente a grandes poblaciones de cubanos, venezolanos y personas de Asia.

De acuerdo con Gutiérrez, Hernández la llamó después para decirle que iba a organizar otra huelga de hambre.

«Le dije ‘no lo hagas’, porque temía por su salud, que no la iba a soportar», dice ella. «Se enojó conmigo. Me dijo: ‘voy a hacerla. Apóyame porque es la única manera que tengo de salir de aquí’. En su mente, esa era la única forma».

Al día siguiente, 10 de octubre, el informe de ICE dice que le hicieron una evaluación médica antes de ser llevado a aislamiento por amenazar con una huelga de hambre. Una enfermera encontró que su salud física y mental era normal, «excepto por un estado emocional retraído».

El interior de la celda donde estaba recluido Hernández cuando murió no tenía vigilancia de video, según la Oficina del Sheriff del condado de Ouachita, la agencia de orden público local llamada para investigar poco después de que fuera encontrado muerto.

Pero la Oficina del Sheriff obtuvo un video del pasillo fuera de su celda que captura la última hora antes de que encontraran su cuerpo. Esto es lo que muestra:

-1:19 p.m.: una carcelera camina hasta la puerta de Hernández. Toma una carpeta de la pared junto a la puerta, escribe en ella y regresa la carpeta a la pared. Nunca mira por la ventana de la puerta de la celda de Hernández.

-1:26: un hombre vestido de civil pasa por la celda, se detiene a abrir la cubierta de la ventana en la puerta de la celda y mira al interior. La Oficina del Sheriff dice que el hombre era un empleado de la cárcel, pero no tiene su nombre en sus registros.

-1:54: la carcelera regresa. Una vez más, toma la carpeta, escribe en ella y la pone en su lugar sin mirar dentro de la celda.

-2:04: Tres miembros del personal y quien parece ser un administrador de la cárcel pasan frente a la celda y llenan casi todo el pasillo. Un capitán de la prisión rodea a la pequeña multitud y camina junto a la pared y la puerta de la celda de Hernández. El capitán, identificado por la oficina del sheriff como Gerald Hardwell, dijo después a los investigadores que había notado un «fuerte olor» que emanaba de la celda.

Hardwell se detiene y levanta la cubierta en la puerta de Hernández, como lo hizo el hombre vestido de civil. Comienza a golpear la puerta con la mano izquierda. Más tarde le dijo a la Oficina del Sheriff que no podía ver a Hernández.

Un minuto después, regresa con un juego de llaves. Usa la mano izquierda para levantar la cubierta en la puerta, la mano derecha para abrir la cerradura y empuja para abrir la puerta.

Hardwell asoma la cabeza dentro de la celda y huye de la celda, y cubre su boca con la mano izquierda.

Había descubierto que Hernández se colgó con una sábana atada al poste de su litera.

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El forense del condado de Ouachita registró la hora de su muerte a las 2:15 p.m. –10 minutos después de que estuviera aparentemente muerto para Hardwell y otros en la cárcel– y dijo que fue visto por última vez a la 1:50 p.m., contó la forense adjunta Joy Davis a la AP. El video muestra que el personal médico permaneció fuera de su celda mucho después de que fue descubierto, y que su cuerpo no fue retirado de la celda sino hasta casi las 4 p.m.

Las fotos tomadas de su cuerpo muestran que Hernández podría haber estado muerto varias horas antes de que se encontró, con base en cómo se había acumulado la sangre en sus manos, según un análisis realizado a petición de la AP por el Dr. Nizam Peerwani, el médico forense de Fort Worth, Texas, y experto forense del grupo de defensa Physicians for Human Rights (Médicos por los Derechos Humanos).

Peerwani descubrió que la cárcel no notó varias señales de advertencia que indicaban que Hernández merecía más atención: una historia bien documentada de problemas intestinales, sus negativas repetidas a recibir tratamiento de salud mental y sus huelgas de hambre. Peerwani dice que la muerte de Hernández no se debe a «la comisión de un acto de violencia perpetrado contra él, sino a la omisión».

Permanece la pregunta de si era necesario que permaneciera en aislamiento. De acuerdo con las pautas del Cuerpo de Servicios de Salud de ICE, en las primeras 72 horas de que fuera aislado por amenazar con una huelga de hambre, un proveedor de atención médica debería haber revisado si se podía mantener allí a Hernández. Esa revisión de 72 horas debió ocurrir a más tardar el 13 de octubre.

No hay referencia a que se realizara ninguna revisión en el informe de muerte de detenidos de ICE. El informe de ICE dice que el día de su muerte y los cuatro días previos, una enfermera observó que Hernández parecía normal y no estaba angustiado.

Y bajo los estándares nacionales de detención basados en el desempeño de ICE, cualquier persona en aislamiento debe ser monitoreada al menos cada 30 minutos.

El video mostrado por el sheriff sólo incluye la hora previa a que Hernández fuera encontrado muerto, así que es imposible determinar cuántas veces fue observado.

El empleado de la cárcel que habló con la AP bajo condición de anonimato dice que Hernández se colgó en una orilla de la celda que no se podía ver a través de la ventana de la puerta. El mismo empleado dijo que era de conocimiento común que los carceleros registraran falsamente las revisiones que se supone debían realizar.

ICE y LaSalle Corrections, la empresa privada que administra la cárcel, se negaron a informar si la carcelera que apareció fuera de la celda de Hernández fue despedida o si algún otro empleado fue considerado responsable.

ICE y LaSalle no respondieron la mayoría de las preguntas para esta investigación.

Scott Sutterfield, ejecutivo de desarrollo de LaSalle, se negó a responder cualquier pregunta «debido a un litigio pendiente». Sutterfield se unió a LaSalle el año pasado después de trabajar como director interino de la oficina local de ICE para la ejecución y remoción en Nueva Orleans; él negó una de las solicitudes de Hernández para ser liberado.

«Puedo decir que LaSalle Corrections está firmemente comprometida con la salud y el bienestar de todos quienes están bajo nuestra custodia», dijo Sutterfield.

«No podemos hablar por un contratista de la agencia», dijo Cox, el vocero de ICE, en un correo electrónico. Y agregó que ICE «obliga a su personal, contratistas incluidos, a mantener los más altos estándares de comportamiento profesional y ético.

Además, aunque cualquier muerte bajo custodia es desafortunada, las muertes bajo custodia de ICE son extremadamente raras y ocurren a una tasa alrededor de 100 veces menor que el promedio nacional para personas en custodia federal y estatal en todo el país», dijo Cox.

Ocho personas han muerto bajo custodia de ICE desde octubre, cuando inició el año fiscal, una menos que las ocho que murieron durante el año anterior. En Richwood, un hombre de Guatemala trato de suicidarse en diciembre mientras estaba detenido en aislamiento, meses después de la muerte de Hernández.

Lorena Perez-McGill, la abogada del hombre, dice que lo había visto más temprano ese día y le avisó al alcalde local que podría hacerse daño. Los guardias lograron evitar que se cortara cinco minutos después de que empezó.

Los carceleros lo llevaron a un hospital local donde le dieron puntos de sutura. Después, dice Perez-McGill, fue regresado a la misma celda de segregación.

***

Además de Yarelis Gutiérrez, Hernández dejó a dos hijas y un hijo, además de a su madre y padre. La última vez que se fue de casa, su familia sabía que esperaba llegar a Estados Unidos con la intención de ganar dinero para mantenerlos. Ahora, tienen muchas preguntas sobre su muerte: ¿cómo alguien tan fuerte en sus convicciones pudo quitarse la vida? ¿Qué le pasó en su estancia en la cárcel y por qué?

«Había luchado por llegar a este país porque amaba este país, lo amaba con toda su vida», dijo Gutiérrez. «Dio su vida por este país».

México: universitarias se rebelan contra violencia de género

Fotografía de AP
Fotografía de AP

Las rejas que rodean la facultad de Ciencias Políticas y Sociales están cubiertas parcialmente con pancartas y dejan entrever pintas que adelantan algo de lo que ocurre adentro: «Paro separatista», «Feministas antifascistas».

Todas las puertas están cerradas, algunas bloqueadas con sillas, salvo una que tiene una cadena sin candado. No obstante, los miles que estudian o trabajan aquí saben que no pueden pasar porque la facultad -un complejo de una docena de edificios- está tomada por mujeres.

Desde octubre, las estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han ocupado por la fuerza y de forma no coordinada varias escuelas y facultades para exigir seguridad y mayores castigos a los agresores de mujeres. Son, también, la cara más radical de miles de feministas que han participado en marchas y protestas en distintos puntos del país para mostrar su hartazgo por los feminicidios y la falta de resultados para investigarlos o simplemente para prevenir la violencia de género.

Diez escuelas de la mayor universidad pública de México siguen tomadas, algunas de forma intermitente, y aunque han esquivado la presencia de los medios, de quienes dicen desconfiar, las estudiantes de Políticas autorizaron esta semana a The Associated Press a pasar 24 horas con ellas. Dos condiciones: no dar detalles de cuántas mujeres están y preservar la identidad de quienes así lo solicitaran.

***

Al amanecer el frío se mete en los huesos. Las chicas de guardia se desperezan entre las cobijas, algunas tumbadas en unos sofás sacados de las oficinas y colocados junto a la pluma del estacionamiento, el único acceso a las instalaciones y donde hay estudiantes día y noche.

Un puñado de palos y barras metálicas descansan junto a la caseta de vigilancia.

La única presencia oficial son un par de patrullas de la universidad por la noche, pero las autoridades académicas no han hecho amagos por recuperar la instalaciones para evitar tensiones.

Las estudiantes ya no se asustan por las alarmas que suenan inesperadamente de madrugada en los edificios cercanos y que, dicen, son premeditadas para intentar intimidarlas.

Calientan agua en un hornillo sobre una mesa metálica donde se acumula la comida donada por amigos, profesoras o comerciantes que las apoyan.

Las jóvenes se relevan de acuerdo a las necesidades personales: el trabajo, la familia. Ninguna sabe cuánto tiempo estarán ahí.

En un pizarrón están las urgencias logísticas -queso, jamón, cigarros- y el recordatorio de la reunión prevista para el mediodía con representantes de otras facultades. Hay frases como «¿Planes de acción?» o «Revisión art. 98» en referencia al artículo del estatuto de la UNAM que las alumnas exigen modificar para que haya mayores castigos por el abuso y el acoso, un tema que genera problemas porque choca con los derechos laborales de trabajadores y profesores.

También hay propuestas, como hacer un «taller de mamás», porque muchas de sus madres han sido víctimas de la violencia, pero muy pocas han hablado del tema con ellas.

En la UNAM, como en otros muchos espacios públicos o privados de México, las quejas por acosos, abusos o delitos más graves como violaciones, desapariciones o muertes han sido recurrentes desde hace años. Y la exigencia de las mujeres a una vida sin violencia se repite a lo largo del continente de forma diversa: gritando, pintando monumentos, o con huelgas y tomas… como la de Políticas.

Esta mañana recuerdan las protestas más radicales en las que han participado. Las manos se agitan en el aire reviviendo las pintadas, los destrozos, la furia.

De repente, una visita inesperada cambia el ánimo. Una muchacha de otra escuela llega a pedir consejo para organizarse, pero acaba confesando el brutal acoso cibernético del que fue víctima. «Ni siquiera me acuerdo de todo lo que me pidió hacer… Me da mucho asco», dice.

Un nudo en la garganta las asfixia al escuchar los chantajes a los que era sometida y muchas no pueden contener las lágrimas. Ya no son las encapuchadas de las marchas que algunos despectivamente califican de «feminazis«, sólo chicas de entre 18 y 24 años sobrecogidas por el relato de una compañera.

«Las mujeres están despertando», asegura Andrea Ballarte, una alumna de Sociología de 18 años. «No creo que ser feminista sea algo que tengas que elegir. Yo lo vi como necesidad de sobrevivir a este sistema que nos trata como carne, como un saco de basura».

No es una metáfora. Este mes el cuerpo de una niña de 7 años fue hallado en una bolsa de basura al sur de la Ciudad de México y la foto de una joven desollada ha cubierto las portadas de algunos medios. Ambos crímenes detonaron las más recientes protestas.

«Todas tenemos miedo, pero no estamos solas», agrega la joven procedente del Estado de México, una de las regiones del país con mayor índice de feminicidios. «Entre más seamos, más rápido vamos a acabar con esto», confía. «Pero no es fácil».

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Las mujeres y sus reivindicaciones están más vivas que nunca.

Cintia Martínez, exprofesora del Colegio de Filosofía de la UNAM y actual investigadora de la Northwestern University de Chicago, considera que los últimos años ha habido un resurgimiento del feminismo. Hay, dice, «una suma de molestias colectivas» que transformaron a las mujeres «en sujetos políticos reales».

Uno de los escenarios es la UNAM, el mayor centro de estudios de América Latina.

Hace varios años se instalaron botones de pánico en los baños de mujeres de muchas facultades ante las constantes agresiones, también teléfonos amarillos de emergencia que se activan al descolgarlos. Pero en 2017 el asesinato en el campus de Lesvy Berlín marcó un punto de inflexión: el crimen de la joven de 22 años indignó profundamente, no sólo por su muerte, sino porque las autoridades lo calificaron de suicidio. En 2019, la fiscalía tuvo que pedir perdón públicamente y meses después su novio fue condenado por el asesinato. En la cabina telefónica donde la estranguló, hoy puede leerse «ni perdón ni olvido».

El hartazgo tomó nuevas formas cuando las unidades para atender denuncias que se habían puesto en marcha quedaron desbordadas y, o no conseguían pruebas, o archivaban los casos, aunque sí las encontraran. Hubo «tendederos de la vergüenza»: ropa sucia con los nombres de supuestos acosadores; se hicieron «escraches» a profesores o trabajadores a quienes las estudiantes perseguían por las facultades profiriéndoles insultos, y se empapelaron las paredes con las fotografías de supuestos abusadores. Que los trabajadores limpiaran las pintas y murales enojó aún más a las alumnas.

El ambiente se radicalizó. Según Martínez, esto se debió a que mezclaron denuncias inconsistentes con las serias y que ingresó una nueva generación de jóvenes de barrios mucho menos privilegiados que habían vivido la violencia muy de cerca y venían de un activismo más duro.

«Tenemos que empezar a crear caos para que las cosas se vayan moviendo», explica Rebecca Gamero, una estudiante de Sociología de 20 años y 1,80 metros de estatura que participó en la toma de Políticas.

El momento que Gamero recuerda más violento fue un enfrentamiento con alumnos de Ingeniería que se oponían a las feministas. «Las morras (las alumnas) nos dijeron quemen todo, rompan todo», dice y asegura que una de sus reglas es que son las mujeres de cada facultad las que marcan hasta dónde deben llegar las protestas en sus instalaciones.

«Nuestra forma de atacar el sistema es atacar sus espacios», añade. «Un vidrio no tiene la culpa, pero el vidrio está representando un sistema y nosotras no nos vamos a poner a matar diputados como nos matan a nosotras».

Fotografía de universitarias reunidas
En protesta. Rebeca, de 20 años, lee consignas en una de las tomas de la universidad.

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En 2019 fueron asesinadas 3,825 mujeres, aparentemente por el solo hecho de ser mujeres. Es un 7% más que en 2018, según las autoridades federales, aunque tanto el gobierno de Andrés Manuel López Obrador como el de la capital insisten en que se están tomando medidas contra la violencia de género.

López Obrador considera que las protestas feministas son alentadas por sus contrincantes políticos. «Hay un oportunismo de quienes no nos ven con buenos ojos y aprovechan el movimiento para perjudicarnos», afirma.

Las chicas ríen sonoramente cuando se las pregunta sobre las acusaciones de estar manipuladas por críticos del gobierno. «Dicen que el PRI (el opositor Partido Revolucionario Institucional) nos trae cerveza, pero no la veo por ningún lado», bromea una.

Pero varias cosas les preocupan: las críticas de otras estudiantes que ni se han acercado a ellas y se quejan de estar perdiendo muchas clases; que las autoridades las criminalicen o la presencia esporádica de «porros» para amedrentarlas, una especie de fuerzas de choque al servicio de diferentes partidos o grupos de poder que funcionan en México desde hace décadas.

Además, hay un sabor amargo entre alguna que reconocen haber votado por López Obrador, como una michoacana de 20 años que se siente defraudada. «Lo único que ha hecho es desacreditar al movimiento feminista», dice.

Es por la tarde, y después de haber comido unos sándwiches, galletas o sopas instantáneas, alguien da la señal de alarma. Algunas chicas toman un palo o barra, cualquier cosa para taparse la cara y corren hacia el edificio donde temen que alguien se coló. A su paso hay manos color rosa pintadas en el suelo con lemas como «Estamos en todos lados» o «Estado feminicida«.

Días antes, proyectores, luces y alarmas se conectaron inesperadamente, y optaron por tomar algunas precauciones: colocaron precintos para sellar algunas zonas y tener el espacio controlado.

«Quieren aterrorizarnos», dice una de ellas mientras inspecciona los rincones.

Se muestran decididas, aunque no ocultan sus temores. «Las cosas están feas», solloza Andrea Ballarte, la estudiante de Sociología que se reconoce como una niña vulnerable metida en una «armadura de mujer activista y luchadora».

Gamero, que cuida amorosamente a una gatita negra bautizada como Santa Úrsula, subraya la fuerza de las protestas colectivas y anónimas: «Te pones la capucha (y) te vuelves todas», explica. «Se va creando ese enojo colectivo (pero) a la vez se crea esa sanación colectiva».

“Las mujeres están despertando”, asegura Andrea Ballarte, una alumna de Sociología de 18 años. “No creo que ser feminista sea algo que tengas que elegir. Yo lo vi como necesidad de sobrevivir a este sistema que nos trata como carne, como un saco de basura”.

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En un momento de la jornada, la atención se va al auditorio de la facultad, donde representantes de diversas facultades celebran una asamblea. Sentadas en círculo debaten y toman acuerdos. Su estructura es horizontal y democrática, sin líderes, pero también excluyente: no aceptan hombres.

En algunos planteles se han hecho paros o tomas mixtas, pero las alumnas de Políticas y todas las ahí congregadas defienden el separatismo.

Hablan de cómo afrontar las propuestas de diálogo de la rectoría y de próximas acciones.

La presión de las estudiantes logró en los últimos meses algunos avances, pero para Márgara Millán, profesora de Sociología, el malestar siguió porque solo hubo respuestas a casos concretos y no una política generalizada.

Apenas el viernes, el rector de la UNAM, Enrique Graue, anunció una ambiciosa batería de propuestas para enfrentar la violencia de género: unidades de atención de denuncias en todas las escuelas (ahora solo funcionan en algunas), incorporar materias obligatorias sobre género e igualdad y la creación de una coordinación general que trate el tema.

«Son buenas noticias, fruto del trabajo de muchos años y del movimiento actual de paros y tomas», asegura Millán. La académica considera, sin embargo, que poner en práctica todas esas medidas no será sencillo porque todavía hay «mucha oposición» dentro de la UNAM. Y recuerda que queda pendiente decidir el destino de directivos que han sido acusados por las estudiantes de encubrir a acosadores.

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Antonia Avilés se ha pasado la noche pintando. Después de dormir unas horas en una tienda de campaña, toma un sándwich de frijoles y queso que le ha preparado una compañera y sale corriendo a su trabajo en una tienda de ropa. La joven menuda de 19 años volverá por la noche para acabar un mural: la «virgen abortista».

«Mi mamá sufría mucha violencia», dice subida a una mesa en uno de los pasillos de la facultad mientras colorea de verde el pañuelo que cubre la cara de la virgen. «Me harté de no tener voz y un día decidí involucrarme, actuar. El feminismo me salvó».

Por eso, aquí nadie suena dispuesta a tirar la toalla.

«Si me pasa algo no van a ser las autoridades las que actúen», afirma Avilés. «Pero ellas estarán ahí para quemarlo todo si no aparezco».

Por lo pronto, la toma de Políticas continúa mientras se analizan las propuestas del rector.

Activistas universitarias con el rostro cubierto
Sin fecha. La toma de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, o UNAM, en la Ciudad de México es de carácter indefinido.

La nueva vida de refugiados nicaragüenses en Costa Rica

Fotografía de AP
Volver. Incluso con todo el esfuerzo que han invertido para hacer que la tierra produzca en Costa Rica, muchos de los refugiados en el campamento dicen que regresarían a Nicaragua mañana, si la situación lo permitiera.

En el norte de Costa Rica, varios cientos de refugiados nicaragüenses sobreviven a fuerza de machetes y de la convicción de que podrían ser encarcelados o asesinados si regresan a su país.

En octubre del año pasado una pequeña avanzada de campesinos nicaragüenses se instaló en unas 117 hectáreas alquiladas que no habían sido cultivadas desde hacía 40 años. El objetivo era subsistir de la única forme en que saben hacerlo y contar con un sitio seguro donde esperar que se acabe la represión del presidente nicaragüense Daniel Ortega.

Dormían en el piso bajo toldos, se despertaban entre víboras y trabajaban desde la salida del sol hasta el anochecer despejando la tierra para plantar bananas, frijoles, yuca y maíz.

Son un pequeño porcentaje de los aproximadamente 75,000 nicaragüenses que han pedido asilo en Costa Rica desde que Nicaragua se hundió en una crisis política en abril del 2018, aunque las autoridades creen que esa cifra podría llegar a 125,000 -más del 2% de la población costarricense- hacia fin de año. Su espíritu emprendedor, el empeño que ponen en su trabajo y su objetivo de ser autosuficientes han llamado la atención de las Naciones Unidas y generado el respeto de los costarricenses.

Al frente de esta comunidad de refugiados está Francisca Ramírez, una abuela de 43 años conocida como «Doña Chica». Campesina y activista de la localidad nicaragüense de Nueva Guinea, tiene contactos con Washington y Bruselas que explota cada vez que puede para mejorar la situación de los refugiados. Cuando el secretario de estado estadounidense Mike Pompeo visitó Costa Rica en enero, Ramírez se reunió con él.

Doña Chica y su gente se instalaron en un terreno de cultivo que parecía una selva y han surgido asentamientos en otras partes del norte de Costa Rica. Producen la comida que consumen y generan dos cosas que Ramírez dice son vitales para cualquier refugiado: Una fuente de comida confiable y la dignidad del trabajo.

«He visto gente llorar porque para conseguir una enchilada, un plato de comida, se tienen que sacar una foto», dijo Ramírez, aludiendo a los protocolos de algunas organizaciones de ayuda. «Es algo duro. Es importante buscar mecanismos, si es que hay alguno, para que la gente haga lo que sabe hacer».

Lo que Ramírez y otras 57 familias de aquí saben hacer es cultivar. Las plantas de frijoles que se extienden hasta el horizonte son prueba de ello. Todos los días recibe llamadas de nicaragüenses que desean sumarse a una de esas comunidades. Ha tenido que rechazar esos pedidos. Dice que no pueden aceptar más gente hasta que tengan una cadena de suministro de comida afianzada.

La seguridad de estas comunidades es una preocupación. Ramírez ha sido una piedra en el zapato de Ortega por años y ha demostrado que es capaz de movilizar a la gente. A menudo es comparada con la ambientalista hondureña Berta Cáceres, quien fue asesinada. Las personas nuevas son aprobadas después de una investigación de antecedentes en la que usa su red de contactos adentro y afuera de Nicaragua.

“He visto gente llorar porque para conseguir una enchilada, un plato de comida, se tienen que sacar una foto”, dijo Ramírez, aludiendo a los protocolos de algunas organizaciones de ayuda. “Es algo duro. Es importante buscar mecanismos, si es que hay alguno, para que la gente haga lo que sabe hacer”.

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La mayoría de los refugiados que están con Ramírez provienen del sur de Nicaragua y tienen contactos con su Movimiento Campesino. Cuando se rebelaron en abril del 2018 para apoyar a los estudiantes universitarios cuyas protestas estaban siendo reprimidas violentamente, los campesinos eran veteranos con años de persecución del gobierno por su oposición al ambicioso proyecto de Ortega de construir un canal interoceánico, el cual jamás se hizo realidad. Hubiera conectado el océano Pacífico y el mar Caribe y hubiera requerido la confiscación de mucha tierra cultivable.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos comprobó que 325 personas murieron en esas protestas, que Ortega describió como un intento fallido de golpe. El gobierno tilda de terroristas a quienes bloquean carreteras. Las matanzas de personas siguen sin ser resueltas y organismos de derechos humanos las atribuyen a agrupaciones paramilitares que trabajan para el gobierno.

Ramírez dejó su granja, su ganado y una flota de camiones que transportaban sus productos a los mercados el 15 de septiembre del 2018 y caminó cinco días, hasta entrar a Costa Rica por un sector no vigilado de la frontera. Dijo que su vida corría peligro y que, en el mejor de los casos, hubiera sido arrestada junto con cientos de personas. Pidió asilo, paró un tiempo en la capital y trabajó en un mercado en otra ciudad.

Igual que la mayoría de los refugiados, le costó salir adelante en un nuevo país. Costa Rica ha brindado una buena acogida a los refugiados y algunos costarricenses ayudaron mucho su causa, según Ramírez.

Un conocido, por ejemplo, le sugirió que alquilase tierra arable y le prestó el dinero para comprar un camión. Otro se ofreció como garante del alquiler de la tierra. Un tercero le facilitó un chiquero. El gobierno agilizó el proceso para permitir que los hijos de refugiados se inscriban en las escuelas. La mayoría de los refugiados de su comunidad ya han pedido asilo.

De todos modos, subsistir mientras esperan la primera cosecha no ha sido fácil. En Costa Rica, la comida, el alquiler y el transporte cuestan entre el doble y el triple que en Nicaragua. Se saltean comidas. El alojamiento sigue siendo precario. Lo mismo que el acceso a atención médica.

«Hay miles de nicaragüenses en diferentes partes de Costa Rica que no tienen ni dónde acampar», dijo Ramírez. «Se decidieron pues hemos hecho este impulso para buscar mecanismos de que la gente pueda tener siquiera dónde dormir y dónde trabajar»

Ha tratado de establecer más asentamientos para refugiados, incluidos uno para artistas y una granja lechera que produce queso al estilo nicaragüense.

En febrero, Kelly Clements, funcionaria de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados, visitó la comunidad campesina de Ramírez. El organismo aportó semillas y herramientas a los refugiados para que plantasen 20 hectáreas de frijoles.

«Estas no son donaciones humanitarias», dijo Clements. «Se trata de suministrar las herramientas y las instalaciones para que la gente pueda cultivar, mantener a sus familias, reconstruir sus vidas».

Patria. Una bandera nacional nicaragüense cuelga de un poste mientras los niños juegan dentro de su refugio en la comunidad de refugiados, en Upala, Costa Rica.

Lograr la autosuficiencia, por otro lado, aliviaría la carga de las comunidades que reciben a los refugiados, señaló. Eso es importante en un país con una tasa de desempleo por encima del 12% y una oposición que presiona al gobierno para que les cierre las puertas a los refugiados.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados lanzó un programa piloto en coordinación con el sistema de bienestar social de Costa Rica que permitirá a 6,000 personas que piden asilo recibir la misma atención médica que los costarricenses.

Una tarde reciente, Francisco Urbina Hernández estaba instalando un toldo para él y su hijo de 15 años. Había sido liberado hacía poco tras cumplir 15 meses de su condena a cinco años de prisión por participar en protestas antigubernamentales.

A los pocos días de ser excarcelado escuchó rumores de que planeaban matarlo, de modo que partió hacia Costa Rica.

Julio César González, de 55 años, se vino con sus dos hijos para pedir asilo en Costa Rica. Su oposición a Ortega se remonta a los días en que apoyó a los «contras» que trataban de voltear al gobierno sandinista en la década de 1980. Todavía habla en tono reverente de Ronald Reagan, el presidente estadounidense que respaldó a los contras.

González participó junto con Ramírez en las protestas en torno al canal y también apoyó a los estudiantes en el 2018. Si bien la tierra no es suya, dice que poder cultivar en Costa Rica lo ha ayudado mucho. Su hijo mayor ya está estudiante agronomía orgánica en una universidad costarricense.

«No venimos a ser una carga para el gobierno», afirmó.

González y otros dicen que regresarían a Nicaragua mañana mismo si la situación lo permitiese. Los alimentos que cultivan no son solo para satisfacer sus necesidades. Planean guardar una parte para poder subsistir mientras esperan la primera cosecha cuando regresen a su país.

Mientras tanto, González trata de aprovechar la capacitación que ofrecen a los refugiados, que podría serle útil para volver a Nicaragua.

«Lo importante son los conocimientos que estamos incorporando», manifestó. «Significa que a Nicaragua vamos a llegar diferentes».

La lucha por los bosques del Quiché

Fotografías de Èlia Borràs / Augusto Magaña

En Guatemala conviven dos visiones contrapuestas sobre los recursos naturales. La del Estado, que los ve como un recurso al que hay que sacarle rentabilidad económica, y la de los pueblos indígenas, que creen que el medio ambiente es una fuente de vida que se tiene que preservar y defender.

En el departamento del Quiché, en el noroccidente del país, las organizaciones indígenas hace años que luchan contra la concesión de licencias para la tala de árboles. Una lucha que ha costado a las organizaciones sociales amenazas e incluso el exilio de una de sus líderes, Lolita Chávez, una de las fundadoras del Consejo de Pueblos K’Iche’ (CPK), una organización en defensa de los derechos de los pueblos indígenas que nació en 2009

Las consecuencias de la deforestación son muy visibles en el Quiché. «Estamos en temporada de lluvia y es como si estuviéramos en verano. La lluvia ha sido irregular. Eso se debe a la tala inmoderada de árboles», asegura el alcalde de Santa Cruz del Quiché, José Francisco Reyes Pérez. La falta de lluvia ha secado el principal sustento de la población rural guatemalteca: la milpa. Desde el CPK señalan que los nacimientos de agua cercanos a la cabecera del departamento se han secado. También ha cambiado el clima frío que caracterizaba a esta región montañosa, la cual se ha vuelto más calurosa con los años.

Pero desde las instituciones la respuesta siempre es la misma: todo se hace dentro de la ley. En total, el Instituto Nacional de Bosques (INAB) ha autorizado 87 licencias para la tala de árboles en el Quiché. Según el director regional de la institución, Byron Palacios, las licencias no son el problema, ya que en el Quiché la gran mayoría de estos permisos son para áreas de bosque muy pequeñas, de unos 10,000 a unos 20,000 m2. Además, estos permisos se dan solo a los propietarios de las tierras, nunca a empresas, apunta Palacios.

Sin embargo, no siempre son los propietarios los que talan los árboles, sino empresas o terceras personas que pagan a los poseedores de estas licencias para poder explotar sus terrenos. «Hicimos un convenio con un señor: yo le vendí los árboles y el INAB me ayudó a sembrar los pinos», aclara Manuel Batz, el propietario de un terreno que forma parte del Programa de incentivos forestales para poseedores de pequeñas extensiones de tierra (PINPEP), que gestiona el INAB.

Se trata de un terreno empinado y un poco más pequeño que un campo de fútbol. Solo se ven pinos que a duras penas superan los dos metros de alto. Es un rectángulo caluroso y soleado, rodeado por un bosque frondoso y oscuro. El propietario explica que los pinos los habían plantado hace dos años, como parte del programa al que está inscrito. El incentivo que le dan apenas le alcanza para mantener el terreno, afirma Batz, pero aún así no se arrepiente de haber talado los árboles, ya que en unos quince años los pinos que ha plantado valdrán entre 1.500 y 2.000 quetzales cada uno (entre 190 y 260 dólares, aproximadamente). El propietario deja claro que al principio él no quería perder sus árboles, pero que fue la persona que le ofreció el dinero a cambio de la leña quien le sugirió apuntarse al programa del INAB para que pudiera reforestar su terreno. «Pienso volver a hacer negocio con el INAB: que me extienda una licencia o habrá alguna empresa que me compre los pinos y se repite el proceso. El terreno para mí es oro», resalta.

Según un estudio del Sistema de Información Forestal de Guatemala (SIFGUA), el país centroamericano exporta casi 600 millones de dólares en productos forestales. En el departamento del Quiché hay registradas 18 industrias forestales, mientras que no hay ningún vivero forestal. Además, el país produce principalmente pino, la misma especie que el INAB promueve para reforestar los bosques del Quiché y el principal producto forestal de la región, según el mismo estudio de SIFGUA.

Cuando la marcha del Día de los Pueblos Indígenas llega frente a la sede del INAB, las más de 150 personas que participan en la manifestación rodean al director regional de la institución, que ha salido a la calle a recibirles. El encuentro entre manifestantes y representantes del INAB es tenso. Un miembro del CPK grita: “el INAB ya no tendría que estar aquí” y la gente contesta con gritos de “¡fuera, fuera!”, mientras Palacios frunce el ceño.

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¿QUIÉN TIENE LA CULPA DE LA DEFORESTACIÓN?

En la última marcha del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se celebra cada 9 de agosto, unos 150 indígenas k’iche’ se dirigieron a la sede del INAB en Santa Cruz del Quiché, la cabecera departamental. Ahí entregaron un documento en el cual pedían que se dejase de adjudicar licencias para la tala de árboles en el Quiché, una región cuyo nombre significa «muchos árboles» en lengua maya.

Una de las primeras en tomar el megáfono para invitar a las personas del municipio a participar en la manifestación fue Sebastiana Par, una de las nuevas dirigentes del CPK. Tiene solo 38 años, pero en su voz y en sus ojos se presiente una sabiduría ancestral. Es guía espiritual, alcaldesa comunitaria y desde hace un tiempo también forma parte de la dirección del CPK. «A raíz de que conocí a Lolita fue que me involucré en el consejo», recuerda Par. Fueron sus mismas compañeras las que le propusieron entrar a formar parte de la dirección del CPK, pues «sentían bastante la ausencia de Lolita«.

Esta es la primera manifestación que convocan desde que Lolita se fue del país en 2017, tras haber sido perseguida por hombres armados que protegían un camión maderero al que miembros del CPK habían retenido. Según la organización son demasiados los camiones que salen de la ciudad cargados de madera. Sobre todo porque en 2011 se celebró en las 97 comunidades del municipio una consulta en la que 28.000 personas votaron en contra del desarrollo de megaproyectos hidroeléctricos, mineros y madereros en la región.

Este tipo de consultas están respaldadas por el Convenio 169 de la OIT, que el Estado de Guatemala ratificó en 1996. Pero el CPK asegura que no se ha respetado el resultado de su consulta, ya que siguen otorgando licencias para la tala de árboles. «Cuando hacemos consultas no le dan seguimiento. Estamos en un Estado racista y excluyente, esa es la sencilla razón», argumenta Sebastiana.

El INAB, sin embargo, defiende que ellos se ciñen a lo que dice la Ley Forestal. El director regional de la institución asegura que el gran problema de Guatemala es que el 81% de la población consume leña y en el mayor de los casos la recogen directamente ellos del bosque, de una forma desordenada y sin mecanismos de reforestación. Un argumento que no convence a las organizaciones indígenas.

Cuando la marcha del Día de los Pueblos Indígenas llega frente a la sede del INAB, las más de 150 personas que participan en la manifestación rodean al director regional de la institución, que ha salido a la calle a recibirles. El encuentro entre manifestantes y representantes del INAB es tenso. Un miembro del CPK grita: «el INAB ya no tendría que estar aquí» y la gente contesta con gritos de «¡fuera, fuera!», mientras Palacios frunce el ceño. «Tenemos que tener claro que los bosques los usamos todos», les responde Palacios, quien también los cuestiona con un ejemplo: «Esos carteles que ustedes traen… ¿de dónde viene ese papel?». Los manifestantes responden con gritos y abucheos. «¡Renuncie! ¡Qué vergüenza!», le grita un hombre de la multitud.

Protesta. La marcha del Día de los Pueblos Indígenas en Santa Cruz del Quiché encabezada por una pancarta del CPK.

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CAMBIAR LA LEY PARA FRENAR LA SEQUÍA

Tanto el alcalde como las organizaciones indígenas coinciden en que para frenar la deforestación hay que modificar la Ley Forestal, para evitar que se sigan dando más licencias para la tala de árboles. Esta es una de las peticiones de la marcha del Día de los Pueblos Indígenas, que termina en la sede de la Gobernación Departamental del Quiché. Frente a los manifestantes, el Gobernador, Carlos Samayoa, prometió llevar la petición ante el presidente y también ante el Congreso: «La ley hace mucho que se aprobó y creo que es hora que se actualice», aseguró.

Sin embargo, el INAB cree que la Ley Forestal ha funcionado desde su aprobación en 1996. «En la década de los noventa, Guatemala perdía unas 130.000 hectáreas de bosque al año; mientras que hoy en día esta pérdida está por debajo de las 20.000 hectáreas anuales», destaca Palacios. El director regional del INAB achaca esta reducción de la deforestación a los programas de incentivo forestal, como el que tiene y defiende Manuel Batz. Solo en el Quiché invierten unos 67 millones de quetzales al año en estos programas (más de ocho millones y medio de dólares), que benefician a unas 400.000 familias, según el INAB.

Pero las organizaciones indígenas como el CPK aseguran que el mal ya está hecho y que no se frenará las consecuencias de la tala hasta que el INAB no deje de conceder licencias. El alcalde de Santa Cruz del Quiché también considera que se están extendiendo licencias para la tala de árboles sin supervisión y asegura que detrás de ellas no hay personas individuales, como defiende el INAB, ya que «cualquier persona necesita coordinarse con una empresa para botar los árboles y llevarse la madera en camiones».

Dirigente. Sebastiana Par, autoridad indígena y miembro del Consejo de Pueblos K’iche’.

Días después de la manifestación organizada por el CPK, visitamos junto a Sebastiana Par una de las comunidades del municipio que ella asegura que están más afectadas por la tala. Ahí nos encontramos con vestigios de que se habían talado árboles: varios tocones donde antes hubo pinos y un suelo cubierto completamente por aserrín, con cortezas y ramas tiradas. «Antes aquí era muy oscuro el bosque y ahora ya no, porque hay menos árboles y los que hay son nuevos», apunta Par.

En el terreno aún quedan algunos pinos de pie, pero se les han cortado las ramas y marcado con una equis, listos para ser talados. En el camino hay varias trozas apiladas e incluso vemos que en una de las casas de la comunidad hay unas tablas de madera secándose contra un muro. En un momento, un señor aparece por el camino. Su nombre es Miguel Ángel y empieza a contar que su milpa se está muriendo porque no hay agua. Este hombre asegura que es culpa de que se está talando demasiados árboles, pues eso está provocando que no llueva.

«La defensa de la tierra no debería ser solo una lucha de los indígenas», apunta Par. Pero, aunque las consecuencias de la deforestación la sufre toda la población, los indígenas son los únicos que están luchando frontalmente para detener la catástrofe, al menos en el Quiché. «Aquí así estamos. Tenemos que velar por nosotros mismos», sentencia Par.


*Este reportaje forma parte del proyecto ‘L’Aigua és Vida’, de AlterNativa Intercanvi amb Pobles Indígenes, que ha recibido el apoyo de la Beca DevReporter 2019, impulsada con financiación del proyecto Frame, Voice, Report! de la Unión Europea, LaFede.cat, la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo y el Ayuntamiento de Barcelona.

El miedo avanza más rápido que el coronavirus

Fotografía de AP

Tal vez escuchó por ahí que el miedo al coronavirus se esparce más rápidamente que el propio virus.

De boca de funcionarios que tratan de calmar a la gente al ver que cunde el pánico. De su esposa. De sabelotodos que hablan de las distintas formas en que uno puede morir: por el cigarrillo, en accidentes de autos, por una gripe.

Nada de esto parece importar.

A medida que aumentan los casos -ya hay más de 76,000- el miedo avanza con la fuerza de un tsunami. Y no solo en los alrededores de la ciudad china de Wuhan, epicentro del brote.

Los trenes subterráneos de Tokio y Seúl parecen pasillos de hospitales, en los que personas con mascarillas miran mal a cualquiera que tosa o estornude. El propietario de un restaurante de un barrio chino sudcoreano dice que la clientela bajó en un 90%.

A esta altura uno tiene más probabilidades de ganar la lotería que de conseguir una mascarilla en partes de Asia. Se están cancelando conferencias y otros eventos en todos lados, desde Beijing hasta Barcelona y Boston. Hay peleas en Japón, desmanes en Ucrania. Rumores de que se puede usar papel higiénico y servilletas para armar mascarillas hicieron que se agotasen esos productos en Asia oriental.

«El miedo es una emoción muy fuerte y el temor al coronavirus hace que la gente haga cosas irracionales», dijo Bernie Huang, de 31 años, maestro de una escuela de Taipéi, Taiwán.

En realidad, a lo largo de la historia el pánico ha ido siempre de la mano de las pandemias. La plaga que devastó Atenas en el siglo 5 antes de Cristo. La Muerte Negra que erradicó buena parte de la población de Europa en el siglo 14. Y, más recientemente, los brotes de AIDS, ébola, SARS, MERS, gripe aviar e influenza porcina.

Científicos, expertos en estadísticas y todo aquél alejado de las zonas afectadas pueden burlarse de estos temores, pero el miedo, que se propaga de boca a boca y a través de la internet, es real.

«El miedo puede causar más daño que el virus», dijo el primer ministro de Singapur Lee Hsien Loong en respuesta a la compra desenfrenada de papel higiénico, comida enlatada y fideos instantáneos que hubo después de que el gobierno subió el nivel de alarma por el nuevo virus.

Ese temor se siente más que nada en los sitios donde se junta mucha gente: iglesias, centros comerciales y escuelas.

En las Filipinas, casi la mitad de los bancos de muchas iglesias estaban vacíos en las misas dominicales más recientes. En una iglesia protestante de Seúl se dispuso ofrecer servicios por la internet cuando se supo que se le había detectado el virus a una persona que había ido a una misa antes de saber que estaba infectada.

La enorme tienda por departamentos Lotte de Seúl cerró por varios días para ser desinfectada luego de que se supo que allí había estado un turista chino al que se le detectó el virus. Se calcula que perdió unos 16.9 millones de dólares en ingresos.

El temor, y un sentido del humor macabro, pueden explicar ciertos comportamientos extraños. Hay imágenes de personas que usan cáscaras de naranja como máscaras y de niños en cochecitos envueltos en lo que parecen ser bolsas de tintorerías.

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Una importante feria de telefonía móvil fue cancelada en Barcelona. Sony, fabricante del PlayStation, se retiró de una conferencia de videojuegos en Boston por temor al virus. Los organizadores dijeron que la conferencia se hará como estaba programada y que se tomarán medidas especiales de limpieza.

En Namdaemun, el mercado tradicional más grande de Seúl, las ventas bajaron enormemente al informarse que una persona contagiada con el virus había estado allí el mes pasado.

El ministerio de educación de Corea del Sur recomendó a las universidades que posterguen el inicio del semestre en marzo por temor a que estudiantes chinos puedan traer el virus.

El presidente sudcoreano Moon Jae-in expresó su preocupación de que un «temor exagerado» perjudique la economía al suspender el consumo y las actividades de distracción.

También reina la incertidumbre en torno a los esperados Juegos Olímpicos del 2020 en Tokio, a pesar de que los organizadores aseguran que todo se hará como está programado.

«Noto que el temor se esparce más rápido que el virus. Es importante atenuar el miedo», sostuvo Craig Spence, vocero del Comité Internacional Paralímpico.

En Japón, el miedo y el virus forman un potente cóctail en un crucero anclado en el puerto de Yokohama, donde miles de pasajeros y tripulación permanecen en cuarentena por dos semanas en vista de que cientos de personas a bordo contrajeron el virus.

Un pasajero en cuarentena colgó un cartel que dice: «No hay información. Muy tensos. Muchos rumores malos».

La internet facilita la propagación de esos rumores.

Cuando se supo que un periodista que informa desde la casa de gobierno de Japón había estado en contacto con un chofer que portaba el virus, una edición digital del Weekly Post afirmó: «El coronavirus estremece la oficina del primer ministro».

Protección. Después de varias muertes y contagios, el personal médico mejoró el sistema de protección como trajes especiales y ambulancias exclusivas.

El temor, y un sentido del humor macabro, pueden explicar ciertos comportamientos extraños. Hay imágenes de personas que usan cáscaras de naranja como máscaras y de niños en cochecitos envueltos en lo que parecen ser bolsas de tintorerías.

En Taiwán el temor hizo que la gente comprase papel higiénico y servilletas, tras circular el rumor de que podían ser usados para fabricar mascarillas que contienen el virus, según Yang Bo-ken, subdirector de la Oficina de Desarrollo Industrial del gobierno.

En Kobe, Japón, fueron robadas 6,000 mascarillas de un hospital.

Varios cientos de personas que temían haber sido infectadas en Ucrania protagonizaron enfrentamientos con la policía porque bloquearon una carretera que llevaba a un edificio donde había más de 70 personas evacuadas de China que debían permanecer allí en cuarentena.

Dos pasajeros en un tren subterráneo de Fukuoka, Japón, discutieron luego de que un individuo que no tenía mascarilla empezó a toser. Un hombre que estaba allí activó la alarma para emergencias, según la agencia noticiosa Kyodo.

Las autoridades municipales dijeron que recomendarán un código de conducta y el uso de mascarillas.

En Hong Kong, donde la gente tiene que hacer colas para comprar cosas básicas, tres personas con puñales robaron un cargamento de papel higiénico de un camión que hacía entregas de ese producto a un supermercado.

Los gobiernos no siempre saben cómo manejar las cosas.

A ocho ciudadanos de Samoa se les impidió el ingreso a su país y fueron enviados de vuelta a Fiji porque dijeron que habían estado en Singapur, que el gobierno considera una nación de «alto riesgo», de acuerdo con el Samoa Observer.

«¿Dónde está el agua, Florentino?»

Fotografías de proyecto ‘El Agua es Vida’

«¡Mire, ahí va el río, entubado! ¡Es una mierda! Allí es pura piedra, ¡mire! Por ahí va el agua en los túneles de Florentino», grita la líder indígena Ana Rutilia Ical mientras llora frente al alambre de púas que prohíbe el acceso al río Cahabón. Un río que ya no es un río. Al menos en este tramo de su caudal, donde el agua pasa por unos canales de cemento que agujerean las montañas de San Pedro Carchá, un municipio de la zona central de Guatemala. Aquí, el color turquesa que caracteriza el Cahabón no existe. Desde la distancia, sólo se distinguen piedras de color marrón.

Ana Rutilia pertenece a la etnia maya q’eqchi‘, una de las más de veinte etnias que conviven en Guatemala, y por eso viste cada día su huipil, un vestido elaborado con bordados propios de la cultura maya, y una trenza color azabache. Para el pueblo q’eqchi‘, el Cahabón no es sólo un río: es una fuente de vida y un lugar ceremonial.

«¿Dónde está el agua?», grita con rabia la líder q’eqchi‘ desde la ventana del coche en el que viaja, mientras este pasa justo delante de una de las centrales de la hidroeléctrica Renace. Le gustaría salir del vehículo para mirar más de cerca lo que han hecho con su río, pero no puede, por motivos de seguridad.

El 2017, Ana Rutilia, abrió un proceso judicial para desmantelar Renace, un megaproyecto que afecta las cerca de 29,000 personas que viven en los alrededores de sus centrales. Además, es una de las hidroeléctricas más grandes de Guatemala y Centroamérica. Se ha encargado de la construcción el multimillonario Florentino Pérez, presidente de la empresa española Grupo ACS (ACS) y del Real Madrid Club de Fútbol. Desde entonces, la líder q’eqchi’ ha recibido amenazas y ha sido víctima de campañas de deslegitimación, por defender el río de sus antepasados.

El Cahabón recorre 195 kilómetros sobre el territorio guatemalteco y abastece de agua a las comunidades que viven aisladas en las montañas del municipio de San Pedro Carchá. Para el pueblo q’eqchi‘ el río también ha sido históricamente un lugar espiritual y quedarse sin este espacio atenta contra la «recreación y la salud mental y física de las personas», asegura Ana Rutilia y añade: «Aquí lo que está en juego es la vida», mientras observa el caudal vacío. Pero, ¿quién se ha quedado con el río Cahabón?

Los propietarios de Renace, las familias Bosch-Gutiérrez y Gutiérrez-Mayorga, dos de las familias más ricas del país, tienen derecho a utilizar el agua del río Cahabón para producir energía durante 50 años. Pero, si bien Renace genera el 16 % de la electricidad que se necesita en el país centroamericano, los habitantes de la zona rural de San Pedro Carchá no tienen luz en casa. Para iluminar sus hogares (hechos de madera y láminas de aluminio) deben utilizar placas solares, los que lo pueden pagar, o velas.

El encargado de construir los túneles que conectan las cuatro fases de Renace ha sido el magnate presidente del Real Madrid. La hidroeléctrica funciona en «cascada», o sea, que el agua que entra en Renace I, pasa por las diferentes fases y vuelve a su caudal natural después de pasar por la sala de máquinas de Renace IV.

El agua se transporta gracias a unos canales de cemento que recorren las montañas tanto por encima como por debajo de la tierra; los cuales fueron obra de la empresa COBRA Instalaciones Hidráulicas, del Grupo ACS de Florentino Pérez, y operan a lo largo de 30 kilómetros sobre el río. Y, tal como indica el único cartel que está escrito en la lengua propia del pueblo q’eqchi‘ aquella zona es «A naajej ain Wank aj Echalar«, que significa propiedad privada. Estas tierras, sin embargo, no siempre han sido propiedad de la hidroeléctrica.

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EL APROVECHAMIENTO DE LA POBREZA
El 83.1 % de la población del departamento de Alta Verapaz (donde se encuentra San Pedro Carchá) vive en la pobreza. Es la tasa más alta de todo el país. Pero lo más preocupante es que el 53.6 % de la población de esta región se encuentra en pobreza extrema, más del doble de la media nacional. Los más afectados son los indígenas, que representan el 93 % de toda la población del departamento. En un contexto como este, donde casi la mitad de la población es analfabeta y la media de escolaridad es de 4 años, las empresas como Renace pueden penetrar fácilmente en el tejido social prometiendo puestos de trabajo, aunque estos sean precarios, y supuestas mejoras en sus condiciones de vida, aunque este progreso no se materialice.

La Procuradoría de los Derechos Humanos (PDH) es la institución estatal encargada de velar por los Derechos Humanos en Guatemala. El delegado departamental de esta institución en Alta Verapaz, Carlos Alberto Guillermo, asegura que los conflictos entre la población q’eqchi’ y la hidroeléctrica comenzaron cuando la empresa les compró parte de sus terrenos. «Existió una manipulación engañosa, porque nunca dijeron que compraban las tierras para hacer una central hidroeléctrica», señala Guillermo.

La empresa les decía que utilizarían aquellos terrenos para lo que siempre se han utilizado: para cultivar maíz, café o cardamomo. Y, además, les cotizaban las propiedades a precios muy superiores a su valor real. Mucha gente vio en la venta de las tierras una oportunidad para salir de la pobreza, pero sin conocer las consecuencias. «Esto, para mí, es lo que yo llamo el aprovechamiento de la pobreza», dice Guillermo.

Renace. El megaproyecto que afecta a las casi 29,000 personas que viven en los alrededores de sus centrales. Es una de las hidroeléctricas más grandes de Guatemala y Centroamérica.

La realidad es que las condiciones de vida de las comunidades de San Pedro Carchá no han mejorado desde la llegada de Renace. Menos de la mitad de la población tiene acceso a agua en sus hogares y en muchas ocasiones ni siquiera hay una fuente pública de agua en la que la gente pueda abastecerse. Y aunque Alta Verapaz es el departamento con más hidroeléctricas de toda Guatemala (hay 32), el acceso a la energía eléctrica es prácticamente nulo en las zonas rurales, donde vive el 75 % de la población de esta región.

La actividad de la hidroeléctrica, además, está afectando la biodiversidad del río Cahabón, ya que sólo dejan pasar el 10 % del agua por el caudal natural. Todo ello a cambio de trabajos precarios, temporales y rotativos, que se van turnando entre las 29 comunidades que se encuentran en lo que la empresa llama su «zona de influencia». Trabajos como dar direcciones con una banderola en los caminos de tierra y piedra de las comunidades de San Pedro Carchá a cambio de aproximadamente 90 quetzales al día (unos 12 dólares). Este medio ha intentado ponerse en contacto con Renace para tener su versión de los hechos, pero al cierre de esta pieza aún no había recibido respuesta. La empresa, sin embargo, asegura en su página web que genera hasta 15,000 puestos de trabajo en la zona y tiene la aceptación de todas las comunidades.

En el fondo del conflicto está el hecho de que la población q’eqchi‘ no fue consultada sobre si querían o no una hidroeléctrica en sus comunidades. El Convenio 169 de la OIT establece en su artículo 32 que los Estados deben consultar a los pueblos indígenas antes de aprobar cualquier proyecto que afecte sus territorios, particularmente si tiene que ver con la explotación de recursos naturales. Este convenio, ratificado por el Estado guatemalteco en 1996, no se cumplió en el caso de Renace. En 2017 Ana Rutilia presentó un amparo ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ), pidiendo la retirada de Renace por no haber consultado al pueblo q’eqchi‘. La CSJ le dio la razón en julio del año pasado, pero aún así la actividad de la hidroeléctrica no se detuvo.

El 83.1 % de la población del departamento de Alta Verapaz (donde se encuentra San Pedro Carchá) vive en la pobreza. Es la tasa más alta de todo el país. Pero lo más preocupante es que el 53.6 % de la población de esta región se encuentra en pobreza extrema, más del doble de la media nacional. Los más afectados son los indígenas, que representan el 93 % de toda la población del departamento.

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ORGANIZANDO LA CONSULTA
Acompañamos a Ana Rutilia hasta Pansamalá, la última de las comunidades de San Pedro Carchá, a la que se llega después de más de cuatro horas en coche por medio de las montañas. La esperan frente a la escuela unas 150 personas, venidas desde diversas comunidades. Hombres con botas de hule manchadas de barro, mujeres con sus bebés en brazos, ancianos, niños y niñas. Todos esperan impacientes las buenas noticias de Ana Rutilia, que ha venido a explicarles la sentencia de la CSJ, la cual obliga al Ministerio de Energía y Minas a hacer una consulta a las comunidades que viven en los alrededores de Renace.

Pero la abogada y líder q’eqchi‘ no se encuentra del todo satisfecha con el resultado de la acción judicial. «Nosotros pedimos que se suspendieran los proyectos hidroeléctricos porque se había v ulnerado el derecho del pueblo q’eqchi‘», subraya. Es por este motivo que Ana Rutilia presentó un recurso de apelación ante la Corte de constitucionalidad (CC), el último estamento del poder judicial guatemalteco. En este recurso piden no sólo que se haga la consulta, sino también que Renace deje de funcionar. La primera vista pública ante la CC se celebró a finales de octubre. A Ana Rutilia la acompañaron representantes de las diversas comunidades que se encuentran en resistencia contra la hidroeléctrica. «Esto no es un juego», nos recuerda la abogada.

Resistencia. A través de la líder Ana Rutilia, las comunidades presentaron un recurso de apelación a la Corte Constitucional en el que pidieron que Renace deje de funcionar.

Así como en Pansamalá, Ana Rutilia hará asambleas en las diversas comunidades de San Pedro Carchá a lo largo del año. En su tiempo libre, visitará las cerca de 400 comunidades del municipio para organizar un consejo de coordinación de la consulta, con representantes de las diversas comunidades, con el objetivo de evitar que el Gobierno y la empresa organicen la consulta a la su manera, como ha ocurrido en otras ocasiones. «Nosotros la diseñaremos y decidiremos quién se sentará en la mesa», señala la líder q’eqchi‘.

En estas reuniones, Ana Rutilia se toma el tiempo de responder a las dudas de la gente. Las asambleas se hacen en lengua q’eqchi‘, pero en todas se distinguen algunas palabras en castellano: amparo, Corte Suprema y Florentino Pérez, a quien la gente de todas estas comunidades señalan como el culpable de la construcción de esta hidroeléctrica. «Aquí lo que está en juego es la vida, no sólo de los seres humanos, sino de todo el pueblo q’eqchi‘», afirma la abogada.


*Este reportaje forma parte del proyecto ‘El Agua es Vida’, de la ONG AlterNativa, que ha recibido el apoyo de la Beca DevReporter 2019, impulsada con financiación del proyecto Frame, Voice, Report! de la Unión Europea, el Ayuntamiento de Barcelona y la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo.