La humanidad aún no comprendió la profundidad de la crisis que se avecina y el costo de la resurrección

Jacques Attali, miembro del Consejo de Estado de Francia

Jacques Attali habla rápido y es contundente.»Están muertos», dice en varios tramos de la entrevista. Alude a varios sectores de la economía global tal y como los conocimos antes de la pandemia, del turismo a la aeronáutica, entre otros, como así también es lapidario al trazar el panorama económico de los próximos años. ¿Forma de «V» o de logo de Nike para graficar cómo serían la caída y la eventual recuperación? No, corrige, será como «una silla». Abajo, dice, luego estancamiento y, después, más abajo.

Egresado entre los primeros de su promoción en las cuatro escuelas más importantes de Francia, fuente de consulta de todos los presidentes de su país desde los tiempos de François Mitterrand, miembro del Consejo de Estado de su país y mentor de Emmanuel Macron , Attali evita los rodeos. Carga incluso contra muchos de esos mismos políticos que lo llaman cuando las papas queman. Les reprocha que callan la verdad, ilusionados con que «algo» encarrilará la situación mundial. Pero, para él, deberíamos implementar una «economía de guerra». Sí, tal y como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial.

Attali también habla de empresas «zombis» y de la oportunidad que desperdició el G-20 cuando se reunió en la Argentina . Pero no todo es lúgubre en el panorama que traza. Hay un amplio sector al que define como «economía de la vida», que augura que florecerá durante los próximos años. A esos, dice desde París, «les irá muy bien».

Dados su currículum y su experiencia, me tienta comenzar preguntándole si el impacto de esta pandemia confirmó sus ideas previas o, de algún modo, las modificó.

[Sonríe]. En algunos puntos reafirmó mis ideas y en otros las modificó. Lo que más me sorprendió es que fuera posible que más de 2500 millones de personas pasaran a trabajar a distancia, de la noche a la mañana. Sabía que el teletrabajo ocurriría, pero no estaba preparado para entender que sería tan rápido y bajo presión. Eso demuestra que la humanidad, bajo presión, puede cambiar muy rápido. También me sorprendió el hecho de que la humanidad comprendiera, bastante rápido, que estábamos ante un evento global, no algo local, y que cerrar las fronteras no ayudaría. Comprendimos que un problema en un lugar es un problema en todos lados. Pero en cuanto a la ceguera de los líderes, su tendencia a procrastinar, a demorarse en tomar decisiones y actuar, todo eso no me sorprendió.

Por lo que leí suyo de las últimas semanas, es muy crítico del individualismo exacerbado y, en términos de países, de la tendencia al aislacionismo que observó desde que irrumpió la pandemia. ¿Eso es lo que más le preocupa por estos días?

No. El hecho de que la humanidad aún no comprendió la profundidad de la crisis que se avecina y que será muy, muy profunda en términos de recesión, de desempleo, de miseria, del costo que insumirá la resurrección. Creo que aún no se comprendió realmente lo que ocurre. Quiero decir, todos los países de Occidente y muchos otros de diversas partes del mundo inyectaron tanto dinero en el mercado a través de sus bancos centrales que están «escondiendo» la realidad de la crisis. Eso permitirá «disfrazar» la crisis, en una primera etapa, posponer sus consecuencias y llevar a las personas a pensar que será de fácil solución, con la mera impresión de dinero, pero eso no es verdad.

El problema es que muchos políticos buscan cómo llegar hasta la próxima elección y confían en que después de las urnas se encontrará una solución. Pero eso es falso. Lo mismo pasa con la gente: prefiere creer que las fuerzas de la naturaleza o un mesías o Dios o cualquier otro tipo de salvador aportará una solución. No es así.

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Habiendo sido el primer presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo, usted sabe bien que si un funcionario expresa sus preocupaciones ante una crisis, puede asustar a los inversores y consumidores y agudizar esa misma crisis que busca remediar. Ambos conocemos muchos funcionarios que callan sus temores creyendo que deben alimentar las expectativas positivas.

[Asiente]. Eso es cierto y es exactamente lo que hizo el FMI [Fondo Monetario Internacional] desde que se lo creó y lo que está haciendo ahora: esconder el hecho de que la crisis es más grande y profunda de lo que parece. Usted está en lo correcto al decir que deberíamos evitar caer en la profecía autocumplida, es decir, en reforzar la crisis por anunciar la crisis. Pero incluso a puertas cerradas, en los palacios presidenciales, los funcionarios aún no han comprendido la gravedad de lo que afrontamos. Lo mismo que la industria automotriz, por ejemplo, aún no lo entendió, pero una enorme parte de ella está muerta. El sector aeronáutico tampoco lo comprendió, pero está muerto. Y muchas empresas son zombis y son financiadas como si fueran a sobrevivir. Hay empresas que incluso están organizando cursos y seminarios, y todavía encuentran forma de financiarse, ¡pero ya están muertas!

Deténgase allí. ¿Acaso los máximos referentes empresariales del mundo no «saben» lo que se avecina, siendo que los mejores economistas del mundo coinciden en que afrontaremos una recesión larga, con una recuperación muy paulatina, lejos de una forma de «V» y más con la forma del logo de Nike? Vamos.

-Bueno [sonríe]. Déjeme decirle que quizá no sea como la pipa de Nike, sino más bien con la forma de una silla [hace la forma con sus dedos]. Es decir, que la economía mundial caerá, luego se planchará durante un tiempo y luego volverá a caer.

Oh, no…

Oh, sí [risas]. Dependerá de cada sector, por supuesto. En algunos sectores, la evolución tendrá la forma de una silla, mientras que a otros les irá muy bien. A los sectores que llamo «la economía de la vida» -salud, educación, alimentación, mundo digital- les irá muy bien. Pero otros sectores serán más difíciles de gerenciar o ya están muertos. Por eso resulta difícil trazar una evaluación general y a escala global, además de que dependerá de cómo actúen los gobiernos y cuáles sean las políticas macroeconómicas que instrumenten. El problema es que muchos políticos buscan cómo llegar hasta la próxima elección y confían en que después de las urnas se encontrará una solución. Pero eso es falso. Lo mismo pasa con la gente: prefiere creer que las fuerzas de la naturaleza o un mesías o Dios o cualquier otro tipo de salvador aportará una solución. No es así.

Cero optimismo lo suyo.

Quisiera creer que con todo lo que estamos viviendo aprendimos la importancia de anticipar lo malo que puede ocurrirnos para evitarlo. Pero no es así. ¿Logramos evitar esta pandemia? ¡No! ¿Creamos las condiciones para evitar que nos golpee una segunda ola de la pandemia? ¡No! ¿Estamos listos para otra pandemia? ¡No! ¿Estamos preparándonos para la posible siguiente catástrofe que es el cambio climático? ¡No! ¡Aun si sabemos lo que se nos avecina, no hacemos demasiado hasta que lo peor nos ocurre! Los políticos, al igual que todos nosotros en nuestra vida privada, prefieren pensar que no hay problema para el que no haya una solución. Muchas veces es cierto. Pero, desafortunadamente, en muchas ocasiones no es así.

El panorama que traza explica por qué convocó a los líderes del mundo a actuar con una mentalidad de «economía de guerra», es decir, asumir un rol activo desde el Estado para coordinar las respuestas a la crisis, incluso imponiéndole al sector privado directrices de producción. ¿Qué respuestas cosechó?

¡Cero! [Risas, luego se pone muy serio]. Cero. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, hablar de una economía de guerra no está de moda. En Estados Unidos y en el Reino Unido, los dos países que demostraron ser los más eficientes cuando debieron adoptar ese abordaje, luego destruyeron al Estado con políticos muy liberales, muy promercado, y tienen una visión ideológica muy contraria al concepto de «economía de guerra», además de que ahora no tienen las herramientas estatales para instrumentarla ni saben cómo impartir órdenes a las empresas. En otros países, como Alemania o Japón o China , pueden hacerlo, pero en Alemania se mostraron muy reticentes porque trae recuerdos de su pasado nazi que prefieren evitar, lo mismo que en Japón. Y en China, podrían haberlo aplicado, pero no ayuda el hecho de que sea una dictadura, porque China desconfía de otros países y sus ciudadanos se temen entre ellos.

O sea que su planteo resulta inviable.

[Arquea las cejas]. Para instrumentar una economía de guerra necesita compartir una visión, compartir la decisión de sacrificar algo, pero si vive bajo una dictadura, miente, trampea, teme. desconfía. Y déjeme decirle algo más: por un momento pensé que Estados Unidos podía instrumentar algo parecido a una economía de guerra, hasta que leí sobre sus portaaviones llenos de marinos contagiados. Entonces comprendí que incluso los estadounidenses no estaban preparados para afrontar una pandemia.

Antes de seguir avanzando, pongamos algo en claro: ¿qué números maneja para la economía mundial de los próximos años?

[Sonríe]. Mi estimación es que la economía oscilará entre -8 y -12% a nivel global, con algunos países cayendo aún más. Y no creo que volvamos al casillero uno en términos de PBI hasta 2022 o 2023, aunque también debe sumar a la ecuación el tiempo perdido y que siempre es más fácil caer que subir. También dependerá de cómo maniobre cada país, claro. Y no será lo mismo para aquellos países centrados en los sectores que florecerán, como el digital, que aquellos que se enfoquen en tratar de mantener vivos sectores que morirán en vez de ayudar al surgimiento de nuevos sectores.

Déjeme desafiarlo, ¿hay alguna razón para la esperanza?

¡Sí! ¡Muchas! Está apareciendo muchísima tecnología nueva alrededor del mundo y está floreciendo esa «economía de la vida» que le mencioné antes, enfocada en los sectores de la economía más importantes para el futuro: salud, educación, higiene, alimentación, agricultura, cultura digital, entre otras. Y, además, soy optimista al pensar que cada vez más gente comprenderá que debemos enfocarnos en estos ejes, reclamará por más salud o educación y entenderá que se fabrican demasiado plástico, demasiados químicos, demasiado petróleo, demasiados automóviles. Creo que mucha gente comprende al fin que la «economía de vida» no solo es buena para su salud, sino para evitar el cambio climático. ¿Son ya mayoría estas personas? No. Pero van en aumento.

¿Podríamos decir, acaso, que estamos en medio de un inmenso experimento de «creación destructiva», en términos schumpeterianos?

Sí. Afortunadamente, muchos países intentaron evitar o paliar este proceso de «creación destructiva» colocando barreras para proteger a sus ciudadanos más desfavorecidos, lo cual es bueno, aunque también es cierto que colocar ese tipo de barreras puede ralentizar el proceso de innovación. Tomemos un ejemplo bien prosaico: la industria aeronáutica. Creo que está muerta. Lo que ahora se necesita es una enorme capacidad industrial centrada en proveer equipamientos electrónicos para la medicina, innovación tecnológica en el área sanitaria, biomimética y tanto más. En ese contexto, si nos concentramos en mantener viva la industria aeronáutica con subsidios, habrá un montón de ingenieros aeronáuticos que no tendrán nada para hacer, en vez de pedirles que se aboquen a producir equipamientos médicos, lo que sí resultaría en un verdadero ejemplo de creación destructiva en los términos de Schumpeter. Pero para eso se requiere una «economía de guerra» que los empuje a hacerlo. Y no veo a ningún gobierno dispuesto a hacerlo.

¿Hay alguna pregunta que no le planteé y le gustaría abordar?

[Carraspea, calla unos segundos]. Fui hace dos años a la Argentina para la cumbre del G-20 y creo que deberíamos abordar por qué todo lo que estamos afrontando ahora no se discutió en aquel momento. Pudo haberse discutido. Todo estaba dado para eso y si el G-20 hubiera tomado alguna decisión allá, en Buenos Aires, o al menos alertado que no estábamos preparados para afrontar una pandemia y planteado que debíamos aprestarnos mejor, quizá nos hubiéramos encontrado en una mejor situación cuando sí nos golpeó la pandemia. Esa debería una lección para el G-20, para prepararse seriamente en el futuro.

Veo difícil que eso ocurra. No lo creo.

[Sonríe]. Yo tampoco.

Antoine de Saint Exupéry: el padre aviador de «Le Petit Prince»

Fotografía de EFE

Es el autor de una de las obras más leídas, reproducidas, traducidas y elogiadas de la literatura infantil. Antoine de Saint-Exupéry es el padre de «Le Petit Prince«, el libro de temática no religioso más traducido del mundo, según publicó la UNESCO en 2019.

Haber alumbrado una obra que sigue siendo de referencia para niños, jóvenes y adultos ha hecho que la figura de Saint-Exupéry, nacido en la ciudad de Lyon, Francia, hijo de un conde y amante de la aviación, siga siendo relevante hoy en día, 120 años después de su nacimiento.

Retrato. La imagen fue parte de la primera exposición en El Salvador dedicada en a la salvadoreña Consuelo Suncín.

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EL JOVEN Y AVIADOR ANTOINE

Antoine Marie Roger de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900. Los Saint-Exupéry eran una familia de orígenes aristócratas que había perdido parte de su capacidad económica.

Él era el tercero de los cinco hijos que tuvieron Marie de Foscolombe y el conde Jean de Saint-Exupéry, quien murió cuando Antoine tenía unos cuatro años.

Ya en la adolescencia, Saint-Exupéry no consiguió pasar el examen de acceso a la Escuela Naval y, como alternativa, estudió arquitectura durante algún tiempo en la Escuela de Bellas Artes.

En la época universitaria, Antoine de Saint-Exupéry hizo sus primeros pinitos con la poesía y continuó algunos años más durante su servicio militar.

Ejemplar. Vista de un mini libro de «El principito», una de las tantas ediciones que se han sacado de esta obra.

A principios de la década de los veinte, comenzó con una de las pasiones que lo acompañarían a lo largo de su vida: volar.

En 1921 ingresó en la Fuerza Aérea francesa y un año después se había convertido en piloto militar.

Unos años más tarde, se unió a la Compagnie Général Aéropostale que estableció rutas de correo por aire que unían territorios como el norte de África o América del Sur.

Entre 1930 y 1940 fue piloto de pruebas, trabajó para Air France e incluso hizo sus pinitos como reportero para la publicación francesa ParisSoir.

En su faceta «periodística», SainExupery se interesó por algunos de los acontecimientos relevantes de una época marcada por los conflictos bélicos en Europa, como la Guerra Civil Española.

En 2016, un historiador encontró el carné del francés con el que había trabajado como reportero para cubrir la contienda española, emitido en abril de 1937.

En París. Una mujer contempla un retrato de Saint-Exupéry, en la exposiciónn sobre su vida y obra ofrecida en París en 1954.

En 1939 volvió a pilotar aviones con fines militares y en 1940, tras la toma de Francia por parte de las tropas fascistas nazis, Saint-Exupéry abandonó el país y se trasladó a Estados Unidos hasta 1943, cuando volvió a volar al servicio de su país.

En 1944, salió de la isla de Córcega para un vuelo de reconocimiento y nunca más volvió.

En 2004, restos de su nave fueron hallados frente a las costas de la ciudad fran cesa de Marsella. Cuatro años después, un expiloto alemán llamado Horst Rippet dijo a dos periodistas franceses que él lo había derribado y que, si hubiese sabido que era él, no lo habría hecho.

En “Mémoires de la rose”, fue la propia Consuelo quien escribió sobre su relación tormentosa de 13 años con aquel aviador francés, marcada por las infidelidades, las ausencias de él y el rechazo de su entorno. A él lo define, entre otros calificativos, como “cruel, infantil, egoísta y derrochador”.

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EL AUTOR Y MARIDO

La aviación era una inspiración para el autor y un aspecto que aparece en sus trabajos. De hecho, uno de los personajes de su obra más conocida es el aviador.

Antes de escribir «Le Petit Prince«, de cuyos dibujos también es responsable, Saint-Exupéry, escribió otros títulos como «Courrier Sud», su primer libro, «Vol de nuit«, su segunda novela, y «Terre des hommes«. En todas ellas, la aviación estaba presente.

Pero no todo eran aviones. Entre las páginas de «Le Petit Prince» aparece una rosa. Esa rosa, según diferentes fuentes, era su esposa Consuelo SuncínSandoval, quien inspiró al escritor para escribir su obra cumbre.

Consuelo SuncínSandoval y el escritor se conocieron en Buenos Aires, la capital argentina, en 1930. Ella era una rica salvadoreña, escritora y pintora, a punto de cumplir los 30 años, divorciada y heredera universal del cónsul argentino en París, Enrique Gómez Carrillo. Se casaron siete meses después de conocerse.

Según Paul Webster, periodista del diario británico The Guardian y autor de un libro en el que ahondaba en la figura SuncínSandoval, Consuelo no era aceptada por su familia política y fue engañada por su marido con otras mujeres en no pocas ocasiones.

En «Mémoires de la rose», fue la propia Consuelo quien escribió sobre su relación tormentosa de 13 años con aquel aviador francés, marcada por las infidelidades, las ausencias de él y el rechazo de su entorno. A él lo define, entre otros calificativos, como «cruel, infantil, egoísta y derrochador».

Los restos. El buzo francés Luc Vanrell posa junto a los escombros del avión Lockheed Lightning P-38 perteneciente a Antoine de Saint-Exupéry.

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UNA OBRA MARAVILLOSA

Saint-Exupéry escribió e ilustró «Le Petit Prince» mientras residía en Estados Unidos. En el libro aborda temas como la tolerancia, la amistad, el amor, el sufrimiento y la ecología a través de la narración de un piloto que se queda varado en el desierto del Sáhara por una avería y que, mientras intenta arreglar su avión y conoce a un pequeño príncipe de un asteroide.

El Principito, que se fue de su planeta en busca de un amigo porque un día nació una rosa a cuyo cuidado se dedicó, que demandaba mucha atención y era orgullosa, le contó al aviador sus visitas a diversos mundos. En ellos había conocido diferentes hombres: un rey absoluto, un hombre de negocios avaricioso, un bebedor… .

Ya en la Tierra encuentra más rosas como la de su planeta y se hace amigo de un Zorro, que le enseña el valor de la misma. Finalmente, el principito desea volver a su casa, con su flor, y una serpiente le dice que la única manera de hacerlo es dejarse morder. Él accede: «no hubo más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Permaneció un instante inmóvil. No gritó. Cayó suavemente como cae un árbol».

En teatro. Marioneta de «El Principito» que maneja Raúl Gómez, del Teatro francés de «La Barraque» de la ciudad de Auloron-Sainte Marie.

Emy: la salvadoreña que se abre paso en una serie de Sony

Emy Mena es una actriz salvadoreña

Emy Mena debutó como actriz en Agua Blanca, un lugar de la zona rural de Morazán, el 16 de julio de 2015. Tenía 19 años y representaba a Elena, la menor de tres hermanas que viven en una zona ficticia del oriente del país previo al estallido de la guerra civil.

Un año antes, Emy había audicionado para ser parte del grupo Teatro Zebra, que ganó el Premio Ovación 2014, un reconocimiento que la Fundación Poma entrega a artistas para ejecutar un proyecto. Y así, el grupo de tres actrices, llevó a escena La canción de nuestros días, del escritor Jorge Ávalos.

Fue una gran escuela, recuerda, porque presentaron la obra en varios lugares, incluida Cárcel de Mujeres y Ecuador.

«Sabía que quería actuar. Yo, entre broma y broma, pero entre broma y broma la verdad se asoma, decía ‘un día van a escuchar: y el Emmy va para Emy’«, cuenta la noche del lunes, desde un hotel de la Ciudad de México, en donde cuenta las horas para volver a El Salvador después de haber quedado tres meses varada en el extranjero.

Emy siempre quiso ser actriz de cine, pero primero se encontró con el teatro y se enamoró. Comenzó con Teatro Zebra y es parte de Proyecto Dioniso. Pero también ha actuado en tres proyectos audiovisuales que aún están en la etapa de postproducción: El último toque, Las cartas de Lucía y El suspiro del silencio.

Hoy tiene 24 años y está en el elenco de la serie Coyote, producida por Sony Pictures y dirigida por Michelle MacLaren, la canadiense que ha dirigido capítulos de series de renombre como Breaking Bad y Games of Thrones.

Es la única salvadoreña en el elenco. Su llegada ahí fue una seguidilla de eventos inesperados.

A las 9 de la noche del 10 de septiembre recibió un mensaje en Instagram. Era Paola Gutiérrez, una manager de talentos que buscaba a actores y actrices salvadoreños para que audicionaran en un show internacional. Emy la remitió con Vanesa Tomasino, actriz experta en castings y fundadora de Sivar Actor Studio, donde ella recibe clases de actuación para cámara desde 2018.

Ese día, Emy se había graduado de la primera generación del Técnico en Teatro de la Universidad Dr. José Matías Delgado y a la hora de recibir el mensaje veía una final de basquetbol del equipo en el que juega su hermana. No sabía que dos meses después, su vida consistiría en ir y venir de Tijuana, México, a El Salvador.

Varias personas hicieron la audición, que consistió enviar un video corto en el que se presentaban. El director de casting seleccionó a cinco actores y actrices, entre ellas Emy y Larissa Maltez, su compañera en el Teatro Zebra y en el Proyecto Dioniso.

Para participar del siguiente filtro, era necesario que los seleccionados firmaran un acuerdo en el que se comprometían a no revelar información sobre lo que estaban haciendo, y recibieron los textos para la audición.

Hasta que Emy recibió el suyo se enteró que no estaba frente a cualquier oportunidad de trabajo, sino que se trataba de un posible contrato con la productora estadounidense Sony Pictures.

Fotografías de cortesía

Pasaron los días y ella prefirió no pensar en los resultados del casting. Siguió con su rutina: se enfocó en Proyecto Dioniso, en trabajar una obra con la actriz y directora Alejandra Nolasco, y en continuar con sus clases de francés. Pero Vanessa la volvió a contactar a ella y a Larissa, porque las dos habían sido las únicas actrices convocadas para el casting final.

Emy recibió cinco textos de la productora y se los aprendió. Se trataba de un casting en vivo, a través de Skype. Las actrices escogieron como locación un salón de la Escuela de Comunicación Mónica Herrera.

Primero fue el turno de Larissa. Luego pasó Emy. En ese momento llovía y ella tuvo que repetir su actuación. Desde el otro lado de la pantalla había una chica que simulaba ser el otro personaje con el que Emy conversaba.

No importaba lo que llegara a pasar después de ese día, se dijeron las actriz, para ellas, lo que estaban haciendo ya significaba un precedente para sus carreras y el gremio actoral salvadoreño. Se abrazaron.

Y otra vez pasaron los días sin que Emy recibiera respuesta. Hasta que Vanessa le llamó por teléfono con la excusa de que quería hablar con ella sobre un proyecto. Emy estaba ocupada y le dijo que podían verse mientras hacía la fila en el banco, pero Vanesa la llevó a un café y le dijo que necesitaban grabar un video. Le hizo preguntas en inglés y español. Lo enviaría para un show internacional.

Emy pensó que aquello era raro, porque, para empezar, no estaban ni en una locación adecuada para ese video. Pero lo que realmente Vanessa quería era contarle que ese día la producción de Coyote le había confirmado que Emy era parte del elenco.

«Yo sí que me veía trabajando en cine, en televisión en lo grande, pero no creí que todo fuera a pasar así de repente», dice Emy. Tan de repente que de un día para otro comenzaría su carrera como actriz de televisión para una serie internacional. Y viajaría, en primera clase, con gastos pagados.

El primer día de rodaje, cuando el elenco ya estaba en el set, con las luces encendidas y listo para filmar el primer capítulo, dice que Chiklis abrazó a los actores y actrices del elenco. “Felicidades, disfrutá cada momento de lo que vayás a vivir aquí”, le dijo a ella. Y eso le quitó los nervios de una vez.

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DE NOVIEMBRE Y DICIEMBRE DEL AÑO PASADO, Emy estuvo en Tijuana para grabar el primer capítulo de Coyote. Más allá de conocer su participación en el guion y que la serie sería producida por Sony Pictures, no sabía nada sobre el elenco y la dirección.

Cuando arribó a Tijuana, a medianoche, la producción le comunicó que el protagonista de Coyote sería Michael Chiklis, ganador del Emmy por mejor actor protagonista en serie de drama, por su papel en The Shield. Y, además, que el proyecto sería dirigido por Michelle MacLaren.

«Tenía un poco de miedo, porque soy salvadoreña, soy latina, soy mujer, soy nueva en esto. No es que tenga aquella experiencia basta en el cine o en televisión. Estaba nerviosa. Me van a ver de menos (pensaba) o algo así, pero no, para nada», recuerda Emy.

Lo que más le sorprendió es que estaba rodeada de profesionales exitosos en la industria cinematográfica y que, pese a ello, se mostraron muy humanos.

El primer día de rodaje, cuando el elenco ya estaba en el set, con las luces encendidas y listo para filmar el primer capítulo, dice que Chiklis abrazó a los actores y actrices del elenco. «Felicidades, disfrutá cada momento de lo que vayás a vivir aquí», le dijo a ella. Y eso le quitó los nervios de una vez.

En la serie, Emy se llama María Elena. Es personaje recurrente que necesita cruzar de México a Estados Unidos con la ayuda de Chiklis, un policía de migración que está por jubilarse. Lo pone en un dilema, ya que él siempre se ha encargado de detener a migrantes, pero que la joven cruce la frontera es de vida o muerte.

En enero y febrero, la actriz viajó dos veces más a Tijuana para continuar con el rodaje de la serie. En marzo la citaron otra vez, pero la producción canceló los trabajos por la pandemia del covid-19 y, de todo el elenco, Emy fue la única que quedó varada en el exterior.

La madrugada del 13 de marzo, la actriz partió hacia el Aeropuerto Internacional Monseñor Arnulfo Romero. Fue acompañada de sus padres, su hermana y su novio. Tenía programado su vuelo para las 6:10 de la mañana, pero la aerolínea con la que viajaba había suspendido todos los vuelos. De esto se enteró hasta que estaba en el aeropuerto.

Fotografías de cortesía

Desesperada, llamó a la línea del call center, pero nunca tuvo una respuesta. Así que se puso en contacto con Sony Pictures y logró comprar un boleto de ida y uno de regreso.

Solo necesitaba un boleto de ida, porque no sabía cuándo quedaría desocupada de los rodajes, pero la aerolínea la obligó a comprar un boleto de regreso. Su fecha de retorno era la primera semana de mayo, previendo que su trabajo se extendiera durante todo abril.

Emy iba emocionada. Había pensado en que, mientras estuviera en México, podría asistir a al festival de música Tecate Pa´l Norte, en Monterrey, que en la edición de este año contaría con la participación de la banda australiana Tame Impala, pero el covid-19 ya estaba sobre el continente americano y desbarató todos los planes.

Dos días antes de que Emy saliera del país, el gobierno salvadoreño había decretado una serie de medidas para evitar la circulación del virus. Panamá y Argentina ya reportaban las primeras muertes por la pandemia. Y la actriz iba a uno de los países, cuyo gobierno no impulsó desde un inicio una cuarentena y medidas de distanciamiento social.

Sin embargo, la actriz se sentía obligada a viajar y continuar con el rodaje de la serie, todavía la producción no informaba oficialmente de la suspensión de los trabajos. Además, aunque ella viera que el panorama en la región no era alentador, no podía quedarse en El Salvador después que le había costado tanto ser parte del elenco.

«Y si voy a estar en otros capítulos después y me regreso a El Salvador, ya no voy a poder salir. Y qué regada, porque es mi trabajo y ya no voy a poder salir», pensó.

A Emy le asustó que, al hacer escala en Ciudad de México, en la capital mexicana ya hubiera emergencia roja por la pandemia. Ella viajaba con bote de alcohol gel y no llevaba mascarilla. Lo que hizo fue lavarse muchas veces las manos en los baños y evitó, en la medida de lo posible, no tener contacto con las personas. Todas las energías estaban en función de que ella llegara a tiempo a Tijuana.

Al día siguiente, el elenco hizo la prueba de vestuario. Ella se probó las prendas que usaría y se midió un molde de yeso para simular un estado de embarazado. El domingo, hubo descanso, y, el lunes, el elenco recibió un correo que informaba de la suspensión del rodaje por la pandemia del covid-19.

Emy ya no pudo volver a El Salvador y quedó varada en México. Desde entonces y hasta el pasado martes que ella regresó al país en un viaje gestionado por el gobierno salvadoreño, Sony Pictures se encargó de sus gastos.

La actriz estuvo en dos hoteles diferentes en Tijuana, desde donde, en tres meses, vio cerrar y abrir los negocios a causa del covid-19. Pasó lo peor de la pandemia lejos de su familia y sin ningún contacto social. Cuenta que, a lo mucho, salió a comprar.

Pero aprovechó el tiempo. Pasó en clases de guiones cinematográficos, baile, canto, francés, actuación para cámara y también audicionó para un show colombiano del que aún no recibe respuesta.

No fue fácil pasar sola y encerrada en un país ajeno. Hubo momentos en los que sus ánimos decayeron. Nunca perdió la comunicación con su familia y su novio. Aprendieron a ponerse en sintonía entre el horario salvadoreño y mexicano. Y se organizaron para comer juntos, en videollamadas, en fechas especiales.

No duda en que esta pandemia deja una gran lección: «Es un llamado de atención para reencontrarnos, porque en la cotidianidad es bien fácil ir de un lugar a otro, estar haciendo estas cosas y las otras, y no permitirte sentir. Y creo que esto y la falta de empatía es lo que ha hecho que seamos egoístas con el medio ambiente, con las otras personas. Ha sido un proceso duro para todo el mundo».

Basura COVID, ¿quema o vertedero?

Fotografías de EFE

Antes de la pandemia, solo un 15 % de los desechos hospitalarios mundiales se consideraban peligrosos: un 10 % por su carga infecciosa y un 5 % por sus componentes químicos o radiactivos, según datos de un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2018.

En España, los más peligrosos, como los medicamentos citoestáticos o citotóxicos, tienen como destino la incineración en plantas especializadas y los infecciosos son normalmente sometidos a esterilización.

La pandemia ha multiplicado exponencialmente el porcentaje de residuos infecciosos en España, no solo generados por hospitales y centros de salud, sino también por residencias de ancianos, hoteles medicalizados y viviendas. En Madrid y Cataluña, las dos regiones más afectadas, solo los residuos del circuito sanitario aumentaron un 300 y 350 %, respectivamente, dijeron fuentes oficiales.

Una orden del Ministerio de Sanidad del 19 de marzo dio prioridad a la incineración para la destrucción de la basura urbana que pueda llevar elementos contagiosos y permitió habilitar almacenamientos temporales o usar hornos de cementeras para ayudar a las empresas que habitualmente gestionan residuos sanitarios a absorber el excedente.

España dispone solo de 11 plantas incineradoras de basura urbana, cuatro de ellas en Cataluña y solo una en Madrid, las dos regiones más pobladas y más afectadas por el covid-19. La primera optó por la quema expeditiva de los residuos hospitalarios y la segunda los sigue acumulando.

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RESPONDIENDO -Y APRENDIENDO- DE LA EMERGENCIA

Cataluña tiene tres plantas de esterilización de basura sanitaria por autoclave (vapor caliente a presión), que absorbían de media 275 toneladas mensuales de residuos. Entre mediados de marzo y mediados de abril, el peor mes de la pandemia en España, la basura de la covid aumentó a 1,200 toneladas en esa región, según datos de la Agencia Catalana de Residuos (ACR).

«Las plantas autorizadas para tratarlos quedan saturadas, no dan abasto con tanta generación como hay en hospitales y hoteles medicalizados. En Cataluña, descartamos el almacenamiento y acordamos que los residuos se incineren en tres plantas de basura urbana», dijo el director de la ACR, Josep María Tost.

Estas plantas habían incinerado a mediados de abril 700 toneladas de basura covid.

«Las bolsas y cajas con los residuos contagiosos van directamente a la turba que alimenta las parrillas, sin manipulación humana. Se quema a mil grados, lo que elimina cualquier virus», añadió Tost.

En Madrid, con sus tres plantas de esterilización trabajando 24/7, que son capaces de procesar un total de 50 toneladas diarias, las autoridades autorizaron la quema de una parte de los residuos sanitarios de la región en su única incineradora, a 15 kilómetros de la capital.

La planta de Valdemingómez había quemado para el 29 de abril 430 toneladas de desechos de la covid-19, informó su directora, María José Delgado.

«Otras cantidades se han enviado a plantas de otras comunidades autónomas (regiones) para su esterilización o incineración y a incineradoras francesas» y para el resto se han habilitado seis almacenamientos temporales que «acopiarán los residuos hasta que cese la emergencia y puedan ser tratados» con autoclave, informó el director regional de Economía Circular, Vicente Galván.

Tóxico. Antes de la pandemia, solo un 15 % de los desechos hospitalarios mundiales se consideraban peligrosos, según la de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Madrid y Cataluña reflejan el desigual tratamiento que se le está dando en España al excedente residual contagioso de la covid-19, que ha planteado un reto adicional: los nuevos puntos de generación de esta basura, fuera de los centros hospitalarios.

Equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han asesorado a más de 350 residencias de ancianos en toda España, la mayoría con visitas presenciales.

«Lo que les enseñamos es muy básico. Lo primero que les pedimos es que localicen un área dentro del centro donde puedan almacenar estos residuos. Antes de sacarlos a los contenedores, le recomendamos que como mínimo les pongan una doble bolsa», dijo la coordinadora de emergencias de MSF Montserrat Bartuí.

«Y les decimos que la persona que está trabajando en la zona contaminada no sea la misma que llega al contenedor de desechos».

Los residuos son arrojados al contenedor de mezcla urbana, donde termina la basura que no ha ido a otros contenedores, la llamada «fracción resto».

La misma recomendación da la orden de Sanidad del 19 de marzo para todos los hogares españoles con enfermos de coronavirus o en cuarentena: doble bolsa con los desechos y todo ello a la bolsa de la basura de mezcla no separada en domicilios.

Trasladar estas instrucciones a la ciudadanía es, sin embargo, responsabilidad de los Ayuntamientos y no todos han hecho aún campañas divulgativas. El Ministerio español para la Transición Ecológica ha preparado ya un vídeo explicativo y Madrid y Cataluña folletos con dibujos sencillos.

Tost y Bartuí convienen en la necesidad de difundir ampliamente estos mensajes a la ciudadanía para que sepa cómo desechar los ubicuos guantes y mascarillas que, como el virus, han venido para quedarse largo tiempo en la sociedad.

Los responsables de gestión de residuos opinan que será difícil evitar que los guantes terminen en el contenedor amarillo, el primer circuito de selección de basuras implantado en España y destinado genéricamente a envases de toda composición, sea plástica, metálica o de cartón.

La pandemia ha multiplicado exponencialmente el porcentaje de residuos infecciosos en España, no sólo generados por hospitales y centros de salud, sino también por residencias de ancianos, hoteles medicalizados y viviendas. En Madrid y Cataluña, las dos regiones más afectadas, solo los residuos del circuito sanitario aumentaron un 300 y 350%.

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BASURA MEZCLADA

Antes de la pandemia, Europa implantaba un programa de acción para limitar la incineración a los materiales no reciclables y reducir progresivamente lo que se arroja a vertedero, para que solo lleguen a él basuras no recuperables.

«Todo cambio en esta dirección debe ser conforme con la legislación de la UE en materia de residuos, ha de ser necesario y proporcionado para proteger la salud humana y limitarse a los ámbitos y los plazos estrictamente necesarios para responder al riesgo (…) tratando de mantener el objetivo general de la recogida selectiva y el reciclado», instruyó la Comisión Europea el 14 de abril.

«Cuando los Estados miembros decidan autorizar excepcionalmente procesos de tratamiento alternativos para los residuos médicos (…) deben garantizar que cuando esos procesos presenten un resultado medioambiental menos beneficioso que la práctica habitual, su uso se limite en el tiempo a lo estrictamente necesario para solventar las carencias detectadas en la capacidad de almacenamiento y tratamiento», demandó.

El conjunto de la UE recuperó en 2016 el 53.3 % de su basura, según datos de Eurostat. España estaba por debajo de esa media, con un 46.4 % de residuos recuperados.

Pero la covid-19 ha obligado incluso a países con mayor capacidad recuperadora como Italia (83 %) a priorizar la quema de los residuos, algo común en epidemias como el ébola en países africanos y aconsejado por la OMS en la primera respuesta a una catástrofe o emergencia.

Al comienzo de la pandemia, se planteó un debate en la asociación europea de gestoras de residuos sobre cómo articular «circuitos diferenciados para los hogares con covid, por ejemplo sacando sus residuos en bolsas rojas o amarillas, pero lo descartamos porque podía ser perjudicial desde el punto de vista de la discreción y generar problemas entre vecinos», explicó el director de la ACR.

«El sentido común nos pide que seamos prácticos y acordamos el circuito de las tres bolsas», añadió.

Toda la basura recogida en los contenedores de «fracción resto» durante la pandemia no se podrá separar en las plantas de procesado, donde quedó prohibido por Sanidad abrir las bolsas de plástico y todo cribado que no sea mecánico.

En España, «la gestión de los residuos ya era una asignatura pendiente muy grande» antes de la covid-19: el 82 % de la basura se recogía mezclada «y se recuperaba poquísimo», dijo Julio Barea, experto en gestión de residuos de Greenpeace-España.

«Lo que se recuperaba de la ‘fracción resto’ antes de la crisis eran fundamentalmente hierros y aluminio, de forma automática con imanes, el resto era inviable recuperarlo. Más del 60 % de la basura se arrojaba a vertedero».

Explicó que «ahora, con la pandemia, es mucho más porque no está habiendo triaje manual de la basura mezclada, no se está recuperando. Ni siquiera hay datos de cuántas mascarillas, batas, guantes se están generando al día «.

«Nos tememos, y las evidencias nos están llevando a ello, que la mayor parte de estos residuos contaminados por covid están terminando mal gestionados y enterrados en vertederos. No hay capacidad para hacer otra cosa, no estamos preparados», agregó.

Riesgo. España dispone solo de 11 plantas incineradoras de basura urbana, cuatro de ellas en Cataluña y solo una en Madrid, las dos regiones más pobladas y más afectadas por el covid-19.

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SALUD VS. MEDIOAMBIENTE

Antes de la covid-19, las plantas incineradoras procesaban solo un 10 % de la basura española, según Greenpeace.

Los ecologistas admiten a regañadientes que la emergencia obligue a recurrir a la quema de residuos, una práctica contra la que llevan años luchando.

«Greenpeace no está a favor de la incineración de residuos pero, dada la situación de excepcionalidad absoluta y siguiendo lo que recomiendan los expertos, de forma transitoria y para estos residuos en concreto, lógicamente hay que darles una salida», dijo Barea.

«Lo suyo sería tener suficientes autoclaves para tratar estos materiales, pero no los hay».

Es más, los ecologistas apuestan por que los materiales esterilizados no acaben triturados y arrojados a vertederos, como sucede con los que procesan las plantas de Madrid y Cataluña, sino reciclados: «Todo lo que se pueda ser reutilizado tiene que serlo. Hay que acabar ya con el usar y tirar, es insostenible», propuso Barea.

El experto ecologista calculó que «las escorias y las cenizas suponen el 30 % en peso de lo que se quema. Se transforman en un residuo tóxico y peligroso y solo está catalogada una parte de las toxinas que se generan».

En su último informe «Safe Management of Waste from Health Care Activities«, actualizado en 2018, la OMS advirtió de los riesgos para la salud que entraña un manejo incorrecto de los desechos sanitarios «a través de la liberación al medio de patógenos y contaminantes tóxicos».

«Si no están bien construidos, los vertederos pueden contaminar el agua de bebida» y, en el caso de la incineración «si no es total o si se incineran materiales que no se prestan a este tipo de tratamiento, se liberan a la atmósfera agentes contaminantes, así como cenizas residuales».

Cuando los productos quemados contienen cloro, «estos pueden liberar dioxinas y furanos, sustancias que son cancerígenas para el ser humano» y si contienen componentes metálicos, «pueden provocar la dispersión en el medio de metales tóxicos».

«Solo las incineradoras modernas que operan a temperaturas de entre 850 y 1,100 °C y cuentan con un sistema especial de depuración de gases pueden cumplir las normas internacionales de emisiones por lo que respecta a dioxinas y furanos«, concluyó la OMS.

Desechos. Europa priorizó la incineración de los desechos sanitarios, pero el resto se ha sumado a la mezcla de basura doméstica.

Tanto Madrid como Cataluña aseguran que todo el circuito dispuesto para la quema de los residuos sanitarios de la covid-19 cumple tanto con las medidas de protección de los trabajadores implicados como con los límites de emisiones de sustancias tóxicas a la atmósfera.

Galván aseguró que «la incineradora de Valdemingómez tiene controles en continuo de las emisiones, que se mantienen durante la gestión de los residuos biosanitarios» del coronavirus.

La directora de la planta explicó que la incineradora cuenta con un sistema de depuración «que permite reducir la emisión de gases a la atmósfera hasta valores muy por debajo de los límites legales exigibles» y añadió: «su incineración no produce ninguna sustancia distinta a las que se originan con los residuos domésticos».

Tost concretó que la basura procesada en las incineradoras de residuos urbanos está compuesta fundamentalmente de equipos de protección (EPI). «Los EPI están hechos de celulosa o polipropileno en el caso de batas, gorros y mascarillas y de látex los guantes. No llevan elementos clorados como el PVC, que es lo que preocupa a los ecologistas», explicó.

Según el experto de Greenpeace, sin embargo, durante la emergencia acabarán incinerados no solo EPI sino test, tubos, sondas, bolsas, jeringas, respiradores y otros materiales con componentes plásticos y metálicos.

Advirtió, además, de que «no existe tecnología para medir en continuo las dioxinas y furanos. Esto se hace en controles una o dos veces al año, tomando muestras en las chimeneas y llevándolas al laboratorio para analizar».

Tost concretó que la basura procesada en las incineradoras de residuos urbanos está compuesta fundamentalmente de equipos de protección (EPI). “Los EPI están hechos de celulosa o polipropileno en el caso de batas, gorros y mascarillas y de látex los guantes. No llevan elementos clorados como el PVC, que es lo que preocupa a los ecologistas”, explicó.

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BASURA SIN FRONTERAS

Las plantas incineradoras que producen energía son catalogadas como «plantas de valorización» y los residuos se registran en las estadísticas de Eurostat como «recuperados».

Así, uno de los principales importadores de basura para incinerar, Alemania, ocupa el segundo lugar por «recuperación» (80.6 %) pese a que solo recicla el 42.7 % de sus residuos. Un 11.3 % son incinerados y el resto se destina a relleno de excavaciones.

La basura ha recibido, durante la pandemia, la consideración de bien esencial y puede cruzar las fronteras internas de la UE como cualquier otra mercancía, según unas guías aprobadas por la Comisión Europea (CE) el pasado 16 de marzo.

Una semana después, una comunicación de la CE estableció «corredores verdes» para mercancías en la que «aclara que los principios relativos al transporte de bienes se aplican mutatis mutandis (cambiando lo que proceda) a los envíos de residuos».

«Muchos Estados miembros dependen de instalaciones en otros Estados miembros para el tratamiento de sus residuos, pues no disponen en su territorio de todas las instalaciones para gestionar todas las fracciones residuales», constató la CE.

Para agilizar la burocracia y evitar la propagación del coronavirus en los intercambios de documentos de papel, la Comisión autorizó que estos se efectúen electrónicamente.

Italia, sin embargo, se encontró con «muchas demoras en la frontera con Eslovenia y en algunos casos Eslovenia y Croacia pararon y retornaron envíos de residuos provenientes de Italia», según comunicó en un documento público a la CE.

En Francia, el Centro Transnacional para el Cruce Transfronterizo de Residuos (PNTTD) dijo que «tiene en cuenta el contexto actual y hace lo posible por facilitar el procedimiento para los nuevos expedientes (de importación) y el seguimiento de las notificaciones ya aprobadas», antes de la directiva europea.

Una fuente del Ministerio francés de la Transición Ecológica y Solidaria dijo a Efe que el país ha recibido 65 toneladas de residuos españoles entre el 10 y el 31 de marzo, pero matizó que se trató de una transferencia «que no está específicamente vinculada a la crisis del coronavirus, ya que es un proceso que depende de una notificación renovada cada año en el mismo período desde al menos 2015″.

Además de a Francia, España exporta regularmente basura hospitalaria a Portugal.

El 1 % de los residuos que Portugal importó en 2018 para su eliminación -en incineradoras o con tratamientos físico-químicos -, un total de 1.061 toneladas, eran residuos sanitarios. Todos ellos provenían de España, según el último informe «Movimento Transfronteiriço de Resíduos» de la Agencia Portuguesa del Medioambiente, difundido a fines de 2019.

El 53 % de esos residuos españoles eran medicamentos citoestáticos o citotóxicos, la categoría más peligrosa de obligada incineración, pero casi toda la basura sanitaria fue sometida a quema. Solo el 5.2 % (55 toneladas) fue esterilizada.

Carmen Lima, especialista en residuos de la organización medioambiental lusa Quercus, dijo que una empresa de la región de Oporto (norte) procesa residuos procedentes de Galicia, entre ellos también los hospitalarios, que va a recoger in situ.

En esa planta son sometidos a esterilización y, puesto que los gestiona una empresa privada, son compactados y arrojados a vertedero. La obligación de reciclar estos productos una vez esterilizados solo la tienen, en Portugal, las empresas del sector público.

En la calle. Guantes de plástico para manipulación de alimentos, y que ofrecidos por los supermercados a sus clientes, acaban arrojados en un jardín de una iglesia madrileña.

Aquí y ahora

Ilustración de Moris Aldana

Aesta altura es difícil saber quién ha sido el verdadero inventor de un lema que ha hecho carrera en los últimos tiempos, permitiendo que tanto los intelectuales con inquietudes políticas, como los políticos con aspiraciones intelectuales, se sintieran convenientemente representados en él. Me estoy refiriendo a tres breves palabritas: «aquí y ahora» (+), que hoy en día son citadas hasta la fatiga por críticos, oradores, periodistas y literatos. Por lo menos recuerdo que Arthur Koestler y Cesare Pavese las usaron, hace varios años, con el mismo sentido y las mismas implicancias que ahora provocan. También una buena poetisa inglesa, Denise Levertov, hoy residente en los Estados Unidos, tiene un libro titulado precisamente: «Here and Now» (+).

El mundo y la esquina

En nuestro medio, «aquí y ahora» (+) (sin pretender que esta preeminencia represente un honor, creo haber sido el primero en importar el término) tuvo una rápida aceptación, porque sintetizó de modo cabal una actitud que, desde hacía un tiempo, se venía formalizando en una promoción de escritores (narradores, ensayistas, dramaturgos, y hasta algunos poetas) que hoy tienen alrededor de unos cuarenta años. Era, en cierto modo, la reacción vital contra la conspiración de la corza, contra la monótona glorificación de una Arcadia que parecía aprendida por correspondencia, contra una inapetente literatura de ojos vendados. «Aquí y ahora» (+) significaba volver a seres de carne y de hueso, enraizados en un sitio y en un tiempo, y no flotando en una especie de limbo, desprovistos de compromiso y de lectores.

Sin embargo, la profusión de citas en estos últimos meses, demuestra que los resortes del lema se han ido gastando para quienes recurren mecánicamente a él y lo dejan instalado en mitad de una frase, sin acordarse ya de qué significaba en su acepción primera. En cierto sentido, y para tales frívolos, aquí y ahora ha pasado a simbolizar, no la literatura de este tiempo sino la de este instante, no la literatura de este mundo, sino la de esta esquina. Ha comenzado a funcionar una especie de cómoda superstición, que habilita para pensar que alcanza con escribir sobre cantegriles, burocracia, conventillos, colachatas, expedientes, candombes, para que esas inermes rebanadas de realidad se conviertan, como por arte de magia, en literatura.

El primer malentendido consiste, evidentemente, en confundir literatura con periodismo, novela con reportaje. Después de tanto denuedo contra una literatura de ojos vendados, no caigamos ahora en el burdo simplismo de difundir que lo instantáneo siempre es literatura, de tomar lo verdadero como única garantía de lo estético.

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El tema y el ámbito

El primer malentendido consiste, evidentemente, en confundir literatura con periodismo, novela con reportaje. Después de tanto denuedo contra una literatura de ojos vendados, no caigamos ahora en el burdo simplismo de difundir que lo instantáneo siempre es literatura, de tomar lo verdadero como única garantía de lo estético. Cuento realista o cuento fantástico, ambos deben cumplir en primer término con las exigencias del género literario a que pertenecen. Drama militante o comedia de costumbres, ambos, antes que militancia o costumbrismo, deben funcionar como el teatro que dicen ser. Las diferenciaciones sobrevienen después, a partir del cumplimiento con las reglas del juego. No alcanza con el realismo o la fantasía, con la militancia o el costumbrismo, para asegurar la calidad literaria, el nivel artístico de una obra.

El segundo malentendido viene, quizá, de confundir el tema con el ámbito. Palabras esotéricamente locales, como «conventillo, estancia u oficina» (+), son a veces abordadas como temas, cuando en realidad solo son ámbitos. Desde el punto de vista del oficiante literario, el narrador debe encontrar el tema para desarrollarlo en un ámbito determinado. Un tema de celos, de angustia, de crueldad, tanto puede desarrollarse en una estancia como en un conventillo; o sea, que en el famoso «aquí» (+) caben todos los grandes temas de la literatura universal. Uno de los motivos de la exigencia del «aquí» (+) en la actitud de casi todos los hombres del 45, fue justamente la pretensión de que esos grandes temas no corrieran el riesgo de proceder incoloros, desasidos, lejanos. Los enemigos del «aquí y ahora» (+) ponen un gran énfasis en defender la primacía de lo imaginario puro, sin raíces de tiempo o de lugar; los frívolos acólitos (no, por supuesto, los conscientes realizadores) del lema, fanáticos del tiempo y del lugar; olvidan subordinar lugar y tiempo a los comandos de lo imaginario (de lo imaginario felizmente impuro, o sea contaminado por lo real).

Después de todo, conviene recordar que si bien algunas veces el fin puede justificar los medios, pocos hasta ahora han osado propugnar que el medio pueda justificar los fines.

Ilustración de Moris Aldana

«Las Doñas», mujeres unidas contra la violencia en Medellín

Trabajo. En las jornadas de siembra participan hombres y mujeres de todas las edades. Uno de las objetivos de las doñas es transmitir a sus integrantes más jóvenes la importancia de relacionarse con la tierra.

Se hacen llamar el «Partido de las Doñas». Un nombre simbólico, pues no se trata de una organización política, sino de un colectivo de 900 personas, entre ellas madres, abuelas e hijas, unidas con el fin de compartir sus vivencias y trabajar en pro de la conservación de la memoria y el desarrollo de sus comunidades.

«Somos un grupo de mujeres que le decimos NO a la violencia, porque hemos perdido muchos seres queridos por esta situación, por tanto conflicto […] No somos partido político. Nosotras no tenemos patrocinio de ninguna forma», explica a Efe Rosadela Tejada, líder del Partido de las Doñas.

En cuanto a las acciones que estas mujeres realizan en las distintas comunas de Medellín, son varias y siempre tienen la intención de enseñar y abrir un espacio para el diálogo y la reflexión, según indica Tejada. Algunas veces bordan o tejen, otras cocinan y siembran jardines «para recuperar algunas zonas olvidadas».

«Somos mujeres que hemos perdido seres queridos por la violencia. Es muy importante contar nuestro punto de vista, porque el dolor compartido se hace más breve. Nosotras vamos, nos contamos las historias, lloramos, nos reímos, relatamos anécdotas y eso nos ayuda a mitigar el dolor», añade Tejada.

De igual manera, el porqué llamarse Doñas también tiene un significado de resistencia. Según cuenta a Efe Laura Richis, docente e integrante del partido, se trata de «un reconocimiento», porque «una doña es una mujer que transmite, es una mamá jodona que tiene que construir con sus hijos una forma de vida, de cómo negociar el conflicto dentro y fuera de su propia familia».

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INUNDAR BARRIOS CON ARTE, MEMORIA Y PEDAGOGÍA SOBRE EL ROL DE LA MUJER

La historia de las Doñas se empieza a escribir en 2018, gracias a una alianza entre algunas lideresas de la Comuna 13 y Agroarte, una fundación que se dedica a realizar acciones de memoria y resistencia por medio de la siembra y el hip hop en la ciudad de Medellín.

De ahí en más, el proyecto se fue expandiendo hasta ser lo que es hoy: una red de 900 personas con presencia en muchos territorios que antes eran propiedad de la guerra. Uno de ellos, el barrio Pablo Escobar, el mismo que fue erigido por los narcos en los 80’s con el nombre de «Medellín sin tugurios» y que hoy viste frondosos jardines y coloridos murales gracias a las Doñas.

«La siembra y el tejido son actividades que tienen una simbología muy importante en el sector donde nos encontramos», manifiesta Richis. Precisamente por eso, asegura, «las Doñas son muy dadas a sembrar, pues las mujeres están cargadas de memoria y son muchas las que son transmisoras de las costumbres dentro de sus propias familias».

En ese sentido, una de las finalidades del partido de las Doñas es generar un impacto en la vida de sus integrantes más jóvenes. La idea es, según Richis, «enseñarles la autonomía que debe tener la mujer, por ejemplo, desde el aspecto económico: cómo defender su pensamiento y cómo asegurar su supervivencia y no someterse a la violencia».

«El fin en sí que tiene el colectivo de mujeres de las Doñas es empoderar ese papel que tiene la mujer en los territorios. Por ejemplo, de la Comuna 13, uno sabe que la mayoría de las que llegan ahí son mujeres desplazadas de la violencia, porque son mujeres que quedan viudas y buscan un territorio que poblar», precisa Richis.

En ese sentido, según la docente medellinense, lo importante es inundar los barrios con expresiones de arte y memoria y con pedagogía sobre el rol de la mujer en el hogar, «pues hay muchas tradiciones que se hacen en familia y cuando falta la abuela o la mamá, se dejan de hacer».

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SEMBRAR LA SEMILLA DEL DIÁLOGO

Existe una historia legendaria en la Comuna 13 de cuando una mujer agitó una bandera blanca en pleno curso de la Operación Mariscal, en 2002, abriéndose paso entre las balas para rescatar a su hijo que yacía herido en el suelo. Se trató de una de las 10 operaciones militares que realizó ese año el Ejército colombiano en la zona y que terminó con la muerte de cuatro niños, cinco adultos y dejó a 37 más heridos.

Este particular evento, al que de inmediato se sumaron decenas de vecinos ondeando cuanto trapo blanco tenían en casa para que se acabara dicha barbarie, es lo que hoy se conoce como «la marcha de los pañuelos blancos».

Las Doñas, por su parte, no son ajenas a estos capítulos de violencia. Según Richis, «muchas de ellas vienen de unos colectivos anteriores como «Mujeres Caminando por la Verdad», que son las madres víctimas de la Operación Orión», otra incursión del Ejército que dejó como saldo un número desconocido de muertos y desaparecidos en la Comuna 13.

Igualmente, al colectivo se suman mujeres víctimas de las demás operaciones militares, así como de la violencia ejercida por los diferentes actores del conflicto armado.

Frente a eso, Richis afirma que hay que tener en cuenta que «la mujer en el conflicto juega un papel muy distinto al del hombre». Esto, dado a que «lamentablemente son los hombres los que más fallecen debido a la guerra, a las mujeres les toca asumir el cómo sostener a la familia y cómo regular el mandato dentro de la misma».

Aún así, aunque activo, «el rol de la mujer tiene que ver más con la conciliación. Son poquitas las mujeres que se ponen a pelear y más las que llaman a conciliar. Desde el poder de la palabra las mujeres podemos negociar y llegar a una solución de un conflicto», agrega Richis.

Ese es precisamente el papel de las Doñas en Medellín: sembrar la semilla del diálogo y refundar sus barrios con muestras de memoria. Una resistencia de mujeres que, como bien lo dice Rosadela Tejada, «comparten una herida que quizás nunca se va cerrar», pero que bien si le pueden hacer frente conversando sobre su dolor y resignificando sus territorios.

«Un proceso de catarsis colectiva al que cada vez se unen más y más mujeres», remacha Tejada.

Las escuelas de horror en las que ‘fabricaban’ a los paramilitares

Fotografía de Agencias

Frente a los nuevos paramilitares, un hombre conocido como ‘Diablo Rojo’ fue obligado a hacer flexiones de pecho. «Cuando ‘Diablo Rojo’ ya estaba cansado y voltió (sic) a mirar, le dispararon en la cabeza, luego le dieron la orden a los que estaban haciendo curso de comandante para que lo llevaran al helechal, lugar donde hicieron el hueco para enterrarlo», le contó en 2017 a la Fiscalía un exparamilitar del Bloque Metro, postulado en el proceso de Justicia y Paz, esta es una ley promovida por el gobierno de Álvaro Uribe y aprobada por el Congreso para facilitar el proceso de desmovilización de paramilitares en Colombia.

Con el mismo tono desprovisto de emociones, como si describiera un procedimiento quirúrgico, continuó: «Se ilustró a un grupo sobre el ‘procedimiento para mutilar’. Se decía que de esa forma era mucho más fácil desaparecer una persona». El comandante a cargo de la macabra lección tomó un cuchillo de la cocina. «Le abrieron el estómago, porque de esa manera el cuerpo no se sopla y no revienta, y después lo mutilaron por sus extremidades y lo tiraron al hueco».

El curso de cómo mutilar a una persona hacía parte de los entrenamientos que, a finales de los años 90, recibían los hombres reclutados por las estructuras paramilitares. Una sentencia de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín contra nueve patrulleros del Bloque Metro recoge, en uno de sus apartados, cómo eran formados, además, militar y políticamente.

En escuelas dispuestas en sus zonas de influencia, los comandantes «instruían» a decenas de reclutados para la guerra. A los destacados los seleccionaban para un curso de «Fuerzas Especiales de las Autodefensas». Para volverlos agresivos, los enviaban tres días al monte, sin comida, y a su regreso solo les ofrecían un «sancocho de perros».

«El rencor que sentían por comer canes lo desquitarían con otra persona», le dijo a Justicia y Paz otro exparamilitar: «Se formarían con resentimiento y tendrían un corazón duro». Si no lo lograban, eran asesinados. Si lo conseguían, se graduaban como instrumentos de una guerra en la cual los paramilitares, y en particular el Bloque Metro de las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá, fueron trágicamente protagonistas hace unos 20 años.

Si incumplían el régimen «disciplinario» de la organización –tenían prohibido consumir drogas, cometer violaciones, hablar mal de los comandantes o agredirlos y amenazar a sus compañeros–, eran enjuiciados ilegalmente y asesinados.

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Academias del crimen

Fueron cerca de ocho las «escuelas» donde los comandantes del bloque entrenaron a sus reclutas. Las dos más conocidas estaban en el municipio donde ese bloque nació: San Roque, nordeste antioqueño. La escuela ‘Percherón’, en el corregimiento Cristales, y la escuela ‘Corazón’, en la vereda Montemar.

En San Carlos, municipio del oriente de Antioquia donde tenía una propiedad Carlos Mauricio García Fernández, comandante del Bloque Metro, había otras dos, una en el corregimiento El Jordán y otra en la vereda Tinajas.

Guerra. Doble Cero fue el líder cuando el Bloque Metro se disputaba con otras facciones paramilitares la zona rural de San Roque, en el año 2003.

Allí aprendían desde «emboscadas, patrullajes, listas de la muerte, retenes y desapariciones de personas» hasta asesinatos selectivos, extorsiones, saqueos, exhibición de cuerpos asesinados y otras prácticas de terror, según recoge un informe del Centro de Memoria Histórica sobre San Carlos, citado por la sala de Justicia y Paz.

Otros lugares de formación de paramilitares, La Acuarela y La 35, estuvieron en Angelópolis (suroeste) y San Pedro de Urabá, respectivamente. Y otro más en La Hacienda de Monos, en Amalfi, municipio donde nacieron los hermanos Fidel, Vicente y Carlos Castaño Gil.

A cargo de las escuelas estaba el propio García Fernández, alias Doble Cero, así como Hinestroza, Cabo Flaco, el Mocho, Lucas, Brayan y Mario Pistola, una lista de alias de paramilitares cuya verdadera identidad se desconoce debido al exterminio casi total que sufrió el Bloque Metro a manos de otras estructuras paramilitares a inicios de los 2000. Sin embargo, la sentencia asegura que «se centraban en elegir oficiales retirados» de la Fuerza Pública, tal como era el propio Doble Cero.

La sentencia asegura que, además, tenían tres centros de descanso y abastecimiento donde también recibían entrenamiento: la «base de Alcatraz», en San Carlos; y en San Rafael, la «base de la Pantera», en la vereda La Granja, y otro sin nombre en la vereda El Tesorito.

También hubo un lugar de entrenamiento en Medellín. En lo más alto de la comuna 3 acondicionaron canchas y partes de la montaña colindante con el barrio San José de la Cima para adiestrar a los jóvenes reclutados de los «combos» de la ciudad, que sabían usar armas, pero no tenían entrenamiento militar.

A esa estrategia urbana, el comandante paramilitar Jorge Iván Arboleda Garcés la llamó el Proyecto Medellín. «Nosotros primero sí pertenecimos a un combo; nunca vimos a un comandante, siempre decíamos «un amigo» o «el que lleva la vuelta». Entonces, nos enseñan que hay unos conductos regulares, nos enseñan una instrucción militar», contó un postulado a la Fiscalía.

En el día aprendían tácticas de combate –arrastre bajo, zigzag, pila, palo de equilibrio, telaraña, pasamanos, lazo– que eran, según la sentencia, “la parte más ruda en todas las fases de entrenamiento”, pues quienes no lograran aprenderlas eran sometidos a castigos “humillantes”. Así lo remarcó también un excombatiente: “Cuando uno está en un grupo al margen y no hace las cosas bien, ya sabe que no es sanción, sino que es su vida la que está en juego”, declaró.

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El curso político-militar

Cuando llegaban a los centros de entrenamiento les entregaban equipo de campaña y comenzaban un proceso de formación de dos meses, antes de recibir material bélico.

Las clases se iniciaban a las 5 a. m. Recogían todo su equipo, hacían formación militar y salían a trotar y a hacer ejercicio una hora con los elementos de campaña a sus espaldas. Después, volvían a la escuela, se bañaban y lavaban el camuflado en cinco minutos, desayunaban y volvían a formar para aprender a marchar y a presentarse a sus superiores.

En el día aprendían tácticas de combate –arrastre bajo, zigzag, pila, palo de equilibrio, telaraña, pasamanos, lazo– que eran, según la sentencia, «la parte más ruda en todas las fases de entrenamiento», pues quienes no lograran aprenderlas eran sometidos a castigos «humillantes». Así lo remarcó también un excombatiente: «Cuando uno está en un grupo al margen y no hace las cosas bien, ya sabe que no es sanción, sino que es su vida la que está en juego», declaró.

Durante la jornada también les enseñaban doctrina e ideología, desde oraciones para repetir cada día hasta himnos de la organización. «Las capacitaciones de nosotros eran principalmente cómo entrarle a la población, cómo ganarnos el corazón de la población», aseguró un exparamilitar sobreviviente.

Quien no aprendiera la lección era lanzado a un barrizal con restos de comida donde debía permanecer hasta que la sanción le fuera levantada. Además, aprendían «políticas» de la organización, como «ir en contra del vicioso, el violador, el ladrón», –lo que se tradujo en una práctica extendida de «limpieza social»–, o que eran un «ejército para apoyar el pueblo» que no podía igualarse a las guerrillas.

Los magistrados señalan que esto se implementó de modo contrario, a juzgar por las masivas violaciones a derechos humanos cometidas por el Bloque Metro, que incluyen homicidios, desapariciones forzadas, desplazamientos, torturas, secuestros y reclutamientos forzados.

En 2002, Doble Cero, considerado un paramilitar de raigambre ideológica, entró en disputa con don Berna, comandante del bloque Cacique Nutibara, por la financiación con el narcotráfico. Entonces, el Bloque Metro se escindió de las AUC y fue exterminado en cuestión de años por sus antiguos compañeros de armas, en una guerra a la que solo sobrevivieron algunos de los que se enfilaron a otros bloques paramilitares, como quienes contaron esta historia.

Salida. La ley de Justicia y Paz ofrece posibilidad de cobijo jurídico a los líderes de grupos armados, tanto paramilitares como guerrilleros, que puedan ser culpables de delitos graves y de lesa humanidad.

Una vez terminaban el entrenamiento, los paramilitares recibían el material bélico directamente de Doble Cero, quien a su vez lo habría recibido, dice Justicia y Paz, de efectivos de las Fuerzas Militares.

Por estos hallazgos, en 2017 la Fiscalía compulsó copias contra el general (r) Mario Montoya Uribe, comandante de la Cuarta Brigada en los años de existencia del Bloque Metro y años después comandante de las Fuerzas Militares. En su sentencia, el Tribunal Superior de Medellín se abstiene de duplicar esa compulsa.

Dice la sentencia que, en sus versiones, los postulados señalan directamente al Ejército de surtirles armas, municiones y camuflados.

Uno de ellos, alias Diomedes, dijo que ‘Doble Cero’ lo envió a Chocó a surtirse de material bélico y de intendencia y que cuando estuvo en Medellín fue testigo de la supuesta colaboración del batallón Pedro Nel Ospina, al norte de la capital de Antioquia, y la Brigada 34, desde la cual habrían hecho el contacto con Montoya.

A Diomedes «lo pusieron a trabajar en compañía sacando munición, fusiles, camuflados, calculando que para esa época se sacaron entre 150 y 200 fusiles y unos 10,000 a 12,000 camuflados y mucha munición», que eran vendidos, entre otros, a don Berna y al Bloque Metro, asegura la sentencia del Tribunal con información de la Fiscalía.

Montoya responde actualmente ante la Jurisdicción Especial para la Paz por casos de falsos positivos.

El Tribunal pidió a la Fiscalía ahondar en las investigaciones para establecer qué otros miembros de las Fuerzas Militares «colaboraron con el accionar delincuencial«, dándoles la espalda a su mandato con la población y al país.

El narcotráfico en tiempos del coronavirus

Bajón. Aunque el precio de un kilo de hoja de coca en el Perú ha bajado hasta casi en un 50 % desde enero, los líderes de las organizaciones criminales se resisten a dejar morir el negocio.

Carreteras cortadas. Fronteras cerradas. Cientos de millones de personas confinadas y las finanzas mundiales camino de la ruina. El coronavirus está cambiando el planeta y ha diezmado las cuentas de sectores tan importantes como el de los combustibles. Pero también la economía sumergida se está viendo afectada. El narcotráfico, negocio en las sombras por excelencia, está sintiendo los efectos de la cuarentena decretada en la mayoría de los países latinoamericanos.

«Hay pequeños trasiegos por la selva de Puno y en el trapecio amazónico, pero en el resto del país hay un control absoluto. El tráfico aéreo, que era una constante con Colombia y Brasil, se ha paralizado», comenta Pedro Yaranga, analista en seguridad estratégica.

«El Vraem, que produce el 75 % de la droga que sale del país, es la zona más controlada. Pero no por el control del Ejército ni de la policía, sino por el de la población misma, organizada por los comités de autodefensa. Han impuesto un control estricto, hasta el punto de que por ahora allí no hay un solo caso de covid-19″, añade el experto.

El efecto del confinamiento de las comunidades es el descenso del precio de la hoja de coca, la pasta básica y clorhidrato de cocaína. Por ejemplo, el kilo de pasta base costaba unos $1,200 antes de la cuarentena. Ahora, se comercia por menos de $300. «Nadie compra. Lo único que se menciona es que los que tienen buenos capitales han comprado y lo están guardando bajo tierra para cuando se recupere», cree Yaranga.

Materia prima. De un 25 %ha sido el descenso, desde abril, de un kilo de clorhidrato de cocaína en el país.

En la vecina Colombia, el mayor productor y exportador mundial de cocaína y que alberga más de 212,000 hectáreas plantadas con hoja de coca, la situación es diferente. «El coronavirus ha cambiado las reglas en las zonas en que el Estado tiene control. Pero allá donde las organizaciones criminales están en dominio, no ha habido tantos cambios, y se siguen registrando incidentes de violencia y confrontación», explica Daniel Rico, investigador colombiano de economías criminales.

Aunque el flujo de cocaína por el Perú no es el mismo que antes de la cuarentena, los expertos aseguran que las mafias tienen abastecimiento suficiente como para continuar inundando el mercado. «La droga producida en Colombia puede tardar hasta dos años en distribuirse en Estados Unidos, y llevamos dos años con los picos más altos de producción. Hay inventarios en Colombia. También en los puntos intermedios, que son Centroamérica y México, y en el mercado final», declara Rico.

El comercio internacional sigue funcionando, y las mafias continuarían aprovechando envíos para colar la droga en los contenedores. «La economía ilegal siempre encuentra otras opciones, y esta situación no va a ser determinante. Lo único que sería decisivo es una reducción en la demanda», comenta Rico.

A pesar de que bares y discotecas están cerrados, los microtraficantes en EUA. y Europa estarían utilizando redes de envío a domicilio para colar droga e intentar mantener el negocio.

“El coronavirus ha cambiado las reglas en las zonas en que el Estado tiene control. Pero allá donde las organizaciones criminales están en dominio, no ha habido tantos cambios, y se siguen registrando incidentes de violencia y confrontación”, explica Daniel Rico, investigador colombiano de economías criminales.

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En México y Centroamérica

Los países de tránsito en Centroamérica han instaurado férreas medidas de cuarentena, especialmente El Salvador. «El cierre de fronteras, las restricciones a la movilidad y la suspensión prácticamente total de vuelos comerciales han dificultado el transporte de drogas hacia el norte. En los vuelos iban las mulas o burriers, donde fluían pequeñas cantidades», expone Tiziano Breza, analista en Centroamérica del International Crisis Group.

En México, la última escala de la droga, podrían generarse tensiones entre los más de 200 grupos que se dedican al narcotráfico si la cocaína deja de fluir, creen los expertos. Los grupos más pequeños, cuyas economías son más frágiles, quedarían debilitados, y los más grandes se verían tentados a iniciar conflictos violentos para arrebatarles las plazas.

Los asesinatos no se han reducido en México ni siquiera durante la época de distanciamiento social. Marzo fue el mes más violento de la historia del país, desde que hay registros, con más de 3,000 homicidios.

Los cárteles mexicanos han sido especialmente afectados por el cierre de empresas fabricantes de químicos en China, al ver dificultada la adquisición de materias primas indispensables para la producción de metanfetamina, fentanilo o heroína, drogas muy lucrativas para las mafias del país norteamericano.

El Gobierno de Estados Unidos incrementó la presencia de los cuerpos de seguridad en la frontera mexicana tras la llegada de la pandemia. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza ha reducido, en cambio, los decomisos de droga, lo que ha llevado a parte de los analistas a pensar que los narcotraficantes han detenido sus envíos.

Algunos son más cautos. «La reducción puede deberse a una adaptación al contexto y a un cambio en las modalidades en que se intentan introducir estos productos. También, por supuesto, a una disminución de la entrada, porque han aumentado los costos en toda la cadena», comenta el analista Breza.

Los cárteles mexicanos están, mientras tanto, intentando ampliar su base social, con envíos de víveres a la población más necesitada de las zonas que controlan. Las autoridades temen que los narcotraficantes sustituyan al Estado en varias regiones durante la crisis. La evolución de la situación dependerá, probablemente, de la evolución de la pandemia.

Sin ceder. La droga no pasa, pero la criminalidad no ha bajado. La delincuencia organizada mantiene control sobre los territorios a punta de actos violentos.

«Los países pobres deben pensarse dos veces las estrategias de distanciamiento», dicen economistas de Yale

Fotografía de Archivo

Un estudio de la Universidad de Yale concluye que las medidas de distanciamiento son menos viables para los países pobres. No porque su capacidad de evitar que se propague el virus sea menor ni porque prevenga menos muertes. Sino porque podrían tener efectos adversos, poniendo en riesgo más vidas de las que salvan. Este análisis suma aportes para el dilema al que se enfrentan los países en vías de desarrollo: ¿Cómo protegerse ante el virus y, al mismo tiempo, sobrevivir ante la crisis económica?

Su cálculo subraya algo que en Guatemala ha sido obvio en las primeras semanas de crisis: la población vive en condiciones tan precarias que la pérdida de puestos de trabajo y el sustento diario representan un peligro mayor frente a una infección viral, aun siendo el covid-19 tan agresivo.

El distanciamiento se ha convertido en una característica de la sociedad actual. A falta de una vacuna que proteja a la población del covid-19, la alternativa es evitar el contacto físico. Se ha suspendido una gran cantidad de actividades laborales, las clases en todos los niveles y cualquier tipo de reunión.

Estas medidas son efectivas, sin duda, para evitar que se propague el virus. Pero tienen implicaciones económicas y afectarán de manera distinta a los países según sus ingresos.

La pregunta es si vale la pena implementar el distanciamiento social en todos los países sin tomar en cuenta su situación económica. Según el estudio de los economistas Zachary BarnettHowell y Mushfiq Mobarak, de la Universidad de Yale, los países con menos ingresos no deberían imitar a los ricos.

«No solo los beneficios epidemiológicos y económicos del distanciamiento social son mucho menores en los países más pobres, sino que estas políticas también pueden cobrar un alto precio en los más pobres y vulnerables», asegura el documento. «Los trabajadores del sector informal carecen de los recursos y las protecciones sociales para aislarse de los demás y sacrificar las oportunidades económicas hasta que el virus pase».

El Banco Mundial también abordó el tema. Berk Özler, economista del Grupo de investigaciones sobre el desarrollo de esta entidad financiera, señala que los países con mayores ingresos están enfocados en evitar el colapso de sus sistemas de salud por el covid-19. Y que dirigir toda la atención a esta enfermedad podría causarles perjudicar a quienes requieran cuidados intensivos por otras enfermedades.

De hecho, en 2009, después de la pandemia de H1N1, se disparó el dengue.

Los países pobres se enfrentan al mismo dilema de los países ricos, pero agravado: deben decidir entre practicar el distanciamiento social extremo o estar preparados para un sistema de salud de por sí abrumado, lo que generaría un alto nivel de mortalidad.

«Lo que queremos no es un estímulo para que los mercados funcionen como de costumbre, sino apoyar a las personas para que puedan satisfacer sus necesidades básicas mientras dure el distanciamiento social y garantizar que la recuperación económica cuando esto termine», aseguró.

Según los economistas de la Universidad de Yale, que publicaron un resumen de sus resultados en Foreign Policy, las medidas de distanciamiento social son poco efectivas si no se acompañan con medidas económicas que garanticen el bienestar económico de la población. De lo contrario, solo se están creando las condiciones para aumentar la pobreza, provocar migraciones de la ciudad al campo (lo que implica llevar el virus a regiones remotas) y aumentar la vulnerabilidad de la población.

«Al limitar su capacidad de ganarse la vida, el distanciamiento social puede conducir a un aumento del hambre, las privaciones y la mortalidad y la morbilidad relacionadas en los países pobres. Acoplar la curva epidemiológica de covid-19 para ganar tiempo hasta que se pueda desarrollar una vacuna puede no ser muy útil para los países pobres si el cronograma para el desarrollo de la vacuna es demasiado largo para mantener el distanciamiento social», señala el informe de investigación.

Los investigadores de la Universidad de Yale también toman en cuenta también que las medidas de distanciamiento social pretenden evitar que los sistemas de salud se saturen, pero que esto tiene menos sentido en los países más pobres, en los que los sistemas de salud no presentan niveles óptimos de eficiencia. «Retrasar las infecciones no es tan útil en países donde las limitadas de camas de hospital y los ventiladores ya no dan abasto y la mayoría no puede acceder a ellos», afirma el documento.

La ONU se manifestó sobre esta situación. A finales de marzo, en una reunión con el G20, el grupo de países con las economías más fuertes, el secretario general de la ONU, António Guterres, abordó el tema. «Debemos crear las condiciones y movilizar los recursos necesarios para garantizar que los países en desarrollo tengan las mismas oportunidades para responder a esta crisis en sus comunidades y economías. Cualquier cosa que no sea este compromiso conduciría a una pandemia de proporciones apocalípticas que nos afectaría a todos», aseguró Guterres.

«Al limitar su capacidad de ganarse la vida, el distanciamiento social puede conducir a un aumento del hambre, las privaciones y la mortalidad y la morbilidad relacionadas en los países pobres. Acoplar la curva epidemiológica de covid-19 para ganar tiempo hasta que se pueda desarrollar una vacuna puede no ser muy útil para los países pobres si el cronograma para el desarrollo de la vacuna es demasiado largo para mantener el distanciamiento social», señala el informe de investigación.

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¿CUÁNTO VALE UNA VIDA EN LOS PAÍSES POBRES?

Para determinar las pérdidas económicas que implica la muerte de un ser humano o la inversión que debe realizarse para mantenerlo con vida, la economía utiliza el concepto del valor estadístico de la vida (VEV). Es un cálculo descarnado que implica la valoración monetaria que la sociedad atribuye para evitar la muerte de uno de sus miembros ante una situación de riesgo.

Los economistas de Yale utilizaron este concepto para construir sus escenarios y determinar las diferencias del impacto económico de las medidas de distanciamiento entre los países con mayores ingresos y los más pobres.

«Una ventaja importante de usar VEV para valorar los beneficios relativos de la mitigación de covid-19 es que la reducción de la mortalidad mediante distanciamiento o supresión requiere algunos sacrificios económicos», aseguran. «Los países ricos y pobres naturalmente evaluarían esas compensaciones de manera diferente, dependiendo de cuán urgentes sean las necesidades económicas de su población».

Los países más ricos suelen invertir más en su población, por ello el VEV es alto en comparación con los países de bajos ingresos. Por ello los investigadores de Yale consideran que las medidas de distanciamiento social resultan en una mejor compensación económica para los países ricos.

Además, en la valoración del VEV también incide la disposición de la población a realizar sacrificios económicos para evitar la propagación del virus. En países como Guatemala, en donde la mayoría de la población se encuentra en pobreza o pobreza extrema, y en donde impera el comercio informal, las personas pueden estar más preocupadas en conseguir el alimento diario que en una infección viral.

En Guatemala la mayoría de la población se encuentra en pobreza o pobreza extrema. Según la más reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), publicada en 2014, el 59 % de la población vive en pobreza, con un consumo por debajo de Q10,218 al año ($1,325), y el 15.7 % en pobreza extrema. Los índices de pobreza se concentran entre los pueblos indígenas (79.2 %) y en las áreas rurales (76.1 %).

Sin embargo, en estos tiempos particulares, en donde el impacto económico de la crisis puede alcanzar proporciones mayúsculas, cabe pensar que muchas personas pueden caer fácilmente en la pobreza. Organizaciones como Oxfam han calculado hasta 500 millones en el mundo.

Administración. Dirigir toda la atención y los recursos a las consecuencias del covid-19 puede derivar en el descuido de otras áreas importantes. El estudio de Yale indica que debe haber equilibrio.

El Fondo Monetario Internacional manifestó su preocupación ya que la crisis del covid-19 implicará una contracción de la economía mundial, con los mayores efectos en los países más pobres. «Numerosos países de mercados emergentes y en desarrollo se enfrentan a drásticas caídas de la demanda de exportaciones y los precios de las materias primas, fuertes salidas de capitales, escasez de divisas y crecientes cargas de deuda», aseguró el ente financiero internacional en el comunicado de su Reunión de Primavera que finalizó la semana pasada.

UNA VENTAJA IMPORTANTE DE LOS PAÍSES POBRES: LA POBLACIÓN JOVEN

El estudio de la Universidad de Yale señala que la población de los países con menores ingresos suele ser más joven, lo que implica una ventaja ante el COVID-19. Según informes sobre el comportamiento del virus y los datos sobre la edad de las personas fallecidas por la enfermedad, los adultos mayores de 65 son los más vulnerables, aunque eso no elimine el riesgo entre los jóvenes.

En Guatemala la población entre 0 y 64 años, es decir, la menos vulnerable por edad frente a COVID-19, es la mayoría. Según el Censo de población y Vivienda de 2018 casi 5 millones de personas (el 33.4 % de la población) tiene entre 0 y 14 años. Un poco más de 9 millones de personas tienen entre 15 y 64 años, y representan el 61 % del total.

«La baja fertilidad en los países ricos significa que una fracción más grande de su población es anciana. Al contrario, en los países pobres, en donde la mayoría de la población es joven, la mortalidad por covid-19 puede ser más baja», señala el documento.

Y así lo demuestra uno de los escenarios que construyeron. Los científicos de Yale emplearo el modelo matemático que desarrolló el Imperial College de Londres sobre el impacto del covid-19 en las tasas de mortalidad para obtener resultados en países o regiones más pobres.

Sin ningún tipo de mitigación frente al covid-19, el modelo muestra que países como Bangladesh y los del África Subsahariana presentarían una menor tasa de mortalidad que Estados Unidos. Esto se debe, principalmente a que en los países más pobres la población anciana es menor (3 %) comparada con la de países con mayores ingresos (17.4 %).

Sin embargo, el estudio reconoce que no se toman en cuenta la incidencia de enfermedades crónicas e infecciosas en la población más joven de los países de bajos ingresos, lo que probablemente subestime la tasa de fatalidad. Durante la fulgurante pandemia, se ha comprobado que las muertes son mucho más probables entre pacientes con enfermedades adicionales.

A partir del estudio sobre la propagación del covid-19 del Imperial College de Londres, los investigadores de la Universidad de Yale adaptaron el modelo para asignar un valor económico a la mortalidad por el virus en Estados Unidos.

En un escenario de mitigación del virus por medidas de distanciamiento, Estados Unidos logra un bienestar de alrededor de su 59 % del PIB. Se predice que estas restricciones salvarán 1.76 millones de vidas en ese país, con un valor de bienestar total de 7.9 billones de dólares.

Para países pobres como Bangladesh el bienestar económico que representarían las medidas de distanciamiento sería apenas del 14 % de su PIB.

«Más allá de los beneficios mucho más pequeños de la mitigación de covid-19 en los países más pobres, los trabajadores también son más vulnerables frente a la interrupción de la economía», subraya el documento. Es más probable que dependan de un salario en efectivo diario, su trabajo es práctico y no se puede hacer mientras exista el distanciamiento social».

De hecho, el informe describe una situación que viven actualmente muchos de los trabajadores y comerciantes informales que no están registrados en las municipalidades y que por eso no podrán recibir el bono de Q1,000 ($130) que aprobó el Congreso de Guatemala y entregará el Ejecutivo.

«Dichos trabajadores no siempre aparecen en los registros gubernamentales y burocráticos. Por lo tanto, incluso si se implementara una póliza de seguro social en estos países, no está claro qué tan rápido se podría ubicar a esas personas, si es que lo hacen, para brindarles beneficios de ayuda», señalan los investigadores de Yale.

El impacto de la crisis económica en los trabajadores informales y la ausencia de registros para recibir el beneficio también es motivo de preocupación para el Banco Mundial. «Los países de bajos ingresos no tienen más remedio que confiar en sus sistemas de protección social y sus redes de seguridad para proporcionar ayuda durante la pandemia», dijo Berk Özler economista del Banco Mundial.

En Guatemala, el acceso al agua todavía es una tarea pendiente. El último Censo de Población y Vivienda señala que el 58.9 % de los hogares tienen acceso a agua entubada en la casa. 15 de cada 100 hogares solo tienen acceso a agua por medio de chorros públicos o pozos y el 10.9 % debe recurrir a ríos, lagos, manantiales o camiones cisterna para abastecerse del líquido.

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LAS RECOMENDACIONES PARA LOS PAÍSES POBRES

La investigación de la Universidad de Yale concluye que el distanciamiento no debe aplicarse de igual manera en los países ricos y en los países pobres.

Para proteger del covid-19 a la población de los países con menos ingresos y causar el menor impacto económico posible, los investigadores de Yale recomiendan la implementación de algunas medidas, como el uso obligatorio de mascarillas en la calle y mejorar el acceso al agua potable para garantizar las medidas de higiene.

En Guatemala, el acceso al agua todavía es una tarea pendiente. El último Censo de Población y Vivienda señala que el 58.9 % de los hogares tienen acceso a agua entubada en la casa. 15 de cada 100 hogares solo tienen acceso a agua por medio de chorros públicos o pozos y el 10.9 % debe recurrir a ríos, lagos, manantiales o camiones cisterna para abastecerse del líquido.

Los investigadores de Yale también proponen medidas de distanciamiento o aislamiento social para los países pobres, pero solo para ancianos y otros grupos en riesgo. «Mientras que las personas productivas con perfiles de bajo riesgo podrían seguir trabajando», puntualiza el documento.

En cuanto a las medidas para enfrentar la crisis económica y que permitirían aplicar las medidas de distanciamiento social con menor impacto en el bolsillo de las personas, el Bando Mundial sugiere implementar las transferencias universales en los países en desarrollo, cuya población mayoritaria se encuentra en pobreza.

El Gobierno de Guatemala anunció que durante la última semana de abril o la primera de mayo iniciará la ejecución del Fondo Bono Familia. Dotado con Q6,000 mil millones ($780,000 millones), estará destinado al apoyo de las familias más vulnerables con Q1,000 mensuales ($130). Esta política estará a cargo del Ministerio de Desarrollo Social y para la selección de los beneficiados se utilizará el recibo de luz. Podrán recibir las transferencias los hogares con un consumo menor de 200Kwh.

Berk Özler, economista del Banco Mundial, aseguró que las transferencias en efectivo son la opción más obvia para garantizar la alimentación y la posibilidad de pagar las cuentas de las personas en situación de pobreza. En el caso de los países en desarrollo, en donde podría crecer este grupo, la medida debe ser universal. Pero si se hace necesario enfocar el beneficio, se debe recurrir a mapas de pobreza.

Un punto importante es que no debe existir ningún tipo de condición asociada a la entrega de la transferencia en efectivo. «La urgencia con la que se necesita el apoyo, las razones detrás de la necesidad y lo que la gente haría con el dinero por su cuenta apuntan a proporcionar los fondos sin condiciones», dice Özler.

«Los próximos 12 a 18 meses serán difíciles para casi todos en el mundo. Pero los gobiernos y las organizaciones internacionales de desarrollo pueden ayudar a aliviar la carga que causará la pandemia entre los más pobres de los pobres», enfatiza Özler.

Ser indigente en Cuba en tiempos del coronavirus

Fotografías de María Matienzo

Paula (quien prefirió no dar su nombre completo) nunca pensó que llegar a vieja fuera a ser tan duro. Ella, que había sido una mujer hermosa, hoy come de la basura, huele a orina y solo tiene un techo cuando la recoge la policía por dormir en la calle. En los 5 años que lleva deambulando en La Habana, nunca había pensado en suicidarse sino hasta ahora, que a la tragedia de no tener casa a los 70 años, se une el riesgo de morir por causa del Coronavirus.

La familia de Paula se deshizo de ella como quien bota los muebles viejos. A su nuera no le gustaba que fumara ni la manera en que intervenía en su matrimonio. Hubo llantos, reproches, golpes, y al final tuvo que irse de casa. No tenía derecho a permanecer en una que no le pertenecía.

Paula, en su condición de deambulante, no aparece en los registros oficiales. El último censo poblacional data de 2012 y, para la fecha, ella aún estaba con su hijo. Según las cifras de ese año, en todo el país, 1.108 personas estaban viviendo en las calles y 467 de ellas eran mayores de 60 años. Es probable que Paula enferme y quizás muera en alguna de las calles donde duerme y por las que circulan miles de personas de las que no hay manera de saber si son portadoras asintomáticas de la enfermedad. Ella está desprotegida.

Pero al riesgo por su condición de deambulante se le suma el de la edad. De los 21 fallecidos hasta ahora a causa del Coronavirus en Cuba, 18 son de la tercera edad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) este sector de la población tiene alta probabilidad de infección y muerte por causa del COVID-19. En Cuba, hasta el 13 de abril, de los 726 casos confirmados, 147 tienen más de 60 años. El número promete ir en ascenso si los ancianos no pueden ser rigurosos en sus cuarentenas porque para comprar comida en los mercados deben esperar en largas filas sin el distanciamiento social como medida preventiva o para adquirir comida elaborada tienen que ir desde sus casas a los comedores del Sistema de Atención a la Familia. En estas condiciones la curva infecciosa terminará ensañándose en ellos.

El Consejo Popular El Carmelo, una de las zonas más céntricas de la ciudad y en donde Paula encuentra a veces un parque donde dormir, ha comenzado a ser objeto de «especial seguimiento» por las autoridades sanitarias por ser la localidad con mayor número de contagiados del COVID-19 en La Habana. El Ministerio de Salud Pública (MINSAP) no especifica cuántas de las ocho personas contagiadas pertenecen a la tercera edad, pero allí viven 8 mil personas con más de 60 años.

Vulnerables. Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, comenzó el pasado fin de semana a exigir que los estudiantes universitarios se encarguen de la distribución de la ayuda a los más vulnerables.

En Cuba, según los datos proporcionados por Alberto Fernández Seco, jefe del departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental, del MINSAP, 2´286.000 personas tienen más de 60 años (20.1 por ciento del total de la población) y de esas, 343 mil viven solas. Cuba es un país envejecido si se le compara con el resto de América Latina y el Caribe, donde el porcentaje de personas por encima de 60 años es del 11 por ciento según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo.

Los ancianos en Cuba podrían dividirse en varios grupos fundamentales: los que son cuidados y amados por sus familiares, pero se les dificulta conseguir los medicamentos que ayudan a controlar enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes y las cardiopatías; los que viven solos y la cuarentena no es una opción; y los que continúan trabajando porque la pensión que perciben (entre 9 y 12 dólares mensuales), no les garantiza las necesidades básicas. La desprotección ante el Coronavirus los abarca a todos por igual.

En el chequeo diario del plan de prevención contra la enfermedad, Miguel DíazCanel, presidente de Cuba, comenzó el pasado fin de semana a exigir que los estudiantes universitarios se encarguen de la distribución de la ayuda a los más vulnerables. Sin embargo, en El Carmelo, pese a la situación epidemiológica, los comedores del Sistema de Atención a la Familia no cuentan con un sistema de mensajería para la atención a los ancianos y las farmacias siguen desabastecidas de medicamentos para las enfermedades crónicas que agravan la situación en caso de contraer el virus.

Abenamar Bauta vive en El Carmelo y cuida a su madre de 89 años de edad. Al temor de exponerse al virus y ser portador asintomático se une la incertidumbre de la atención médica que se supone debe ser más expedita.

«Hace cuatro días que llamé al médico de la familia porque mi mamá tenía una especie de alergia y una tos seca», cuenta Bauta, «y aún no suben a verla. Me pregunto si están esperando a que muera en la casa», denuncia.

Paula pertenece al grupo de ancianos que, según el Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud, no reciben ningún ingreso y están en total situación de vulnerabilidad, y que representa el 10,6 por ciento de ese sector de la población. El protocolo establecido en 2015 para la admisión, diagnóstico, atención y reinserción social de personas sin hogar a los Centros de Protección Social pudiera ser una solución para Paula en tiempos de COVID-19. Sin embargo, ella prefiere huir, permanecer en la calle.

Paula cuenta que el día que se la llevaron por primera vez para Las Guásimas, el centro de protección social para la Atención a las personas con conducta deambulante ubicado en la periferia de La Habana, llegaron casi 200 personas con las que tuvo que compartir el espacio hasta que logró escaparse. Los demás eran trasladados a centros psiquiátricos o penitenciarios, o devueltos a sus familiares, según determinaran las autoridades del lugar.

El Centro de Protección de La Habana tiene una capacidad para 500 personas y es el más grande del país. Otras seis provincias tienen instituciones parecidas, pero ninguna ofrece una solución permanente porque como ha declarado la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Martha Elena Feitó, «estas instituciones no se pueden convertir en albergues», por lo que los trabajadores del lugar le deben dar una pronta solución a cada caso que les llega y cuando no, regresan a las calles.

Ingresos. Los pensionados en Cuba reciben entre $9 y $12 mensuales y buena parte de ellos se ven obligados a buscar otra forma de generar ingresos.

Paula recuerda que cuando fue capturada por la policía, la montaron en un ómnibus con casi 30 personas con distintos niveles de alcoholismo o de enfermedades mentales. En el ómnibus, además de los policías que la obligaron a subirse, iban otros tres trabajadores sociales. Lo que la llenó de espanto fue que la incluyeran en una ficha policial, lo que implica la criminalización de la mendicidad.

Las «recogidas», como le llaman los mismos indigentes, se realizaban solo en caso de que fuera necesario dar una imagen de estabilidad económica ante visitantes ilustres como el expresidente de los EEUU, Barack Obama, o los reyes de España, Felipe VI y Letizia. Ahora que el país ha entrado en la fase de «transmisión autóctona limitada» -la tercera etapa de la pandemia donde se comienzan a ver casos de personas infestadas sin nexos con extranjeros-, en La Habana han comenzado a desocupar las calles casi a diario.

En otras provincias de la Isla, como Santa Clara, la población indigente parece estar siendo controlada. Según el canal local TeleCubanacán, se habilitó la escuela Yabú 1 como Centro de Protección donde, con ocho enfermeros, cuatro médicos, trabajadores sociales y mucha fuerza policial, se ha internado a la población indigente de otras nueve provincias del país.

Las personas mayores de 60 años en situación de desamparo total debieran ser ubicadas en los hogares o en casas de abuelo; pero la capacidad de admisión de éstas no se ajustan al ritmo en el que Cuba envejece.

La «recogida» nunca es pacífica. Los deambulantes se resisten y la policía los golpea, los inmoviliza para luego empujarlos dentro del ómnibus. Es un espectáculo degradante que aislará a estas personas para tenerlas hacinadas en los Centros de Protección donde no tienen las normas higiénico sanitarias ni cuentan con el personal médico necesario, aunque las imágenes difundidas por la prensa oficial del centro villaclareño recién inaugurado muestren lo contrario.

Para Paula y otros indigentes entrevistados, Las Guásimas parece más una prisión que un lugar para recibir ayuda, pero, ¿qué puede hacer si su familia tampoco la acepta de regreso, pese al riesgo de enfermarse en la calle?

Paula pudiera acudir a la Fiscalía General de la República para que mediante un acuerdo (1456 del año 2014) su hijo y su nuera cumplan con sus obligaciones familiares. Pero sería inútil, pues se trata de acuerdo de papel al no estar contemplado en el Código Penal cubano.

Lo que sí está contemplado en el Código es la sanción por infringir las medidas dictadas por las autoridades sanitarias para evitar la propagación de la epidemia. De llegar a hacerlo, tendría una sanción de 3 a 12 meses de privación de la libertad.

El Gobierno ha reiterado en su discurso que «nadie quedará desamparado» ante el Covid-19, pero ¿por qué pareciera que los indigentes evitan beneficiarse de las opciones ofrecidas? ¿Será solo porque, como se ha asegurado en foros oficiales, se resisten a «institucionalizarse, a establecer una vida social clásica o aceptar las normas sociales»?

Los indigentes como Paula no se sienten amparados ni protegidos en los espacios gubernamentales. Las denuncias sobre maltrato físico como el ocurrido en 2018 y las historias que aún circulan de personas adultas desamparadas que llegan a los hospitales y mueren encima de sus excrementos porque nadie los atiende, les parecen más verídicas que la promesa de comidas seguras y camas donde dormir.

La organización independiente, Observatorio Cubano de los Derechos Humanos, propuso tres medidas que podrían beneficiar particularmente a los ancianos durante la cuarentena: garantizar la entrega de alimentos en sus casas; crear centros de elaboración de comida en las cocinas estatales u hoteles; y, por último, derivar personal de la policía política a las labores de asistencia social. Al cierre de este artículo, ninguna de las tres recomendaciones estaba siendo aplicada por el Gobierno; sin embargo, la semana pasada comenzó a distribuir, entre poblaciones vulnerables al virus, el medicamento homeopático, PrevengHo®Vir, que según fuentes oficiales eleva el sistema inmunológico.

Por otro lado, las personas mayores de 60 años en situación de desamparo total debieran ser ubicadas en los hogares o en casas de abuelo; pero la capacidad de admisión de éstas no se ajustan al ritmo en el que Cuba envejece.

El miedo de Paula crece en la medida en que los casos de personas infectadas se multiplican en la Isla. Su tragedia es la de muchas personas que, por su edad y condición de indigencia, temen ser «recogidas» y llevadas a una institución donde el riesgo de contagio es bastante alto.

Este reportaje fue escrito por María Matienzo para Cubanet, y es difundido gracias a un acuerdo de republicación de contenidos con CONNECTAS.

Adultos mayores. Cuba es un país envejecido si se le compara con el resto de América Latina y el Caribe, donde el porcentaje de personas por encima de 60 años es del 11%.