Antoine de Saint Exupéry: el padre aviador de «Le Petit Prince»

Fotografía de EFE

Es el autor de una de las obras más leídas, reproducidas, traducidas y elogiadas de la literatura infantil. Antoine de Saint-Exupéry es el padre de «Le Petit Prince«, el libro de temática no religioso más traducido del mundo, según publicó la UNESCO en 2019.

Haber alumbrado una obra que sigue siendo de referencia para niños, jóvenes y adultos ha hecho que la figura de Saint-Exupéry, nacido en la ciudad de Lyon, Francia, hijo de un conde y amante de la aviación, siga siendo relevante hoy en día, 120 años después de su nacimiento.

Retrato. La imagen fue parte de la primera exposición en El Salvador dedicada en a la salvadoreña Consuelo Suncín.

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EL JOVEN Y AVIADOR ANTOINE

Antoine Marie Roger de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900. Los Saint-Exupéry eran una familia de orígenes aristócratas que había perdido parte de su capacidad económica.

Él era el tercero de los cinco hijos que tuvieron Marie de Foscolombe y el conde Jean de Saint-Exupéry, quien murió cuando Antoine tenía unos cuatro años.

Ya en la adolescencia, Saint-Exupéry no consiguió pasar el examen de acceso a la Escuela Naval y, como alternativa, estudió arquitectura durante algún tiempo en la Escuela de Bellas Artes.

En la época universitaria, Antoine de Saint-Exupéry hizo sus primeros pinitos con la poesía y continuó algunos años más durante su servicio militar.

Ejemplar. Vista de un mini libro de «El principito», una de las tantas ediciones que se han sacado de esta obra.

A principios de la década de los veinte, comenzó con una de las pasiones que lo acompañarían a lo largo de su vida: volar.

En 1921 ingresó en la Fuerza Aérea francesa y un año después se había convertido en piloto militar.

Unos años más tarde, se unió a la Compagnie Général Aéropostale que estableció rutas de correo por aire que unían territorios como el norte de África o América del Sur.

Entre 1930 y 1940 fue piloto de pruebas, trabajó para Air France e incluso hizo sus pinitos como reportero para la publicación francesa ParisSoir.

En su faceta «periodística», SainExupery se interesó por algunos de los acontecimientos relevantes de una época marcada por los conflictos bélicos en Europa, como la Guerra Civil Española.

En 2016, un historiador encontró el carné del francés con el que había trabajado como reportero para cubrir la contienda española, emitido en abril de 1937.

En París. Una mujer contempla un retrato de Saint-Exupéry, en la exposiciónn sobre su vida y obra ofrecida en París en 1954.

En 1939 volvió a pilotar aviones con fines militares y en 1940, tras la toma de Francia por parte de las tropas fascistas nazis, Saint-Exupéry abandonó el país y se trasladó a Estados Unidos hasta 1943, cuando volvió a volar al servicio de su país.

En 1944, salió de la isla de Córcega para un vuelo de reconocimiento y nunca más volvió.

En 2004, restos de su nave fueron hallados frente a las costas de la ciudad fran cesa de Marsella. Cuatro años después, un expiloto alemán llamado Horst Rippet dijo a dos periodistas franceses que él lo había derribado y que, si hubiese sabido que era él, no lo habría hecho.

En “Mémoires de la rose”, fue la propia Consuelo quien escribió sobre su relación tormentosa de 13 años con aquel aviador francés, marcada por las infidelidades, las ausencias de él y el rechazo de su entorno. A él lo define, entre otros calificativos, como “cruel, infantil, egoísta y derrochador”.

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EL AUTOR Y MARIDO

La aviación era una inspiración para el autor y un aspecto que aparece en sus trabajos. De hecho, uno de los personajes de su obra más conocida es el aviador.

Antes de escribir «Le Petit Prince«, de cuyos dibujos también es responsable, Saint-Exupéry, escribió otros títulos como «Courrier Sud», su primer libro, «Vol de nuit«, su segunda novela, y «Terre des hommes«. En todas ellas, la aviación estaba presente.

Pero no todo eran aviones. Entre las páginas de «Le Petit Prince» aparece una rosa. Esa rosa, según diferentes fuentes, era su esposa Consuelo SuncínSandoval, quien inspiró al escritor para escribir su obra cumbre.

Consuelo SuncínSandoval y el escritor se conocieron en Buenos Aires, la capital argentina, en 1930. Ella era una rica salvadoreña, escritora y pintora, a punto de cumplir los 30 años, divorciada y heredera universal del cónsul argentino en París, Enrique Gómez Carrillo. Se casaron siete meses después de conocerse.

Según Paul Webster, periodista del diario británico The Guardian y autor de un libro en el que ahondaba en la figura SuncínSandoval, Consuelo no era aceptada por su familia política y fue engañada por su marido con otras mujeres en no pocas ocasiones.

En «Mémoires de la rose», fue la propia Consuelo quien escribió sobre su relación tormentosa de 13 años con aquel aviador francés, marcada por las infidelidades, las ausencias de él y el rechazo de su entorno. A él lo define, entre otros calificativos, como «cruel, infantil, egoísta y derrochador».

Los restos. El buzo francés Luc Vanrell posa junto a los escombros del avión Lockheed Lightning P-38 perteneciente a Antoine de Saint-Exupéry.

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UNA OBRA MARAVILLOSA

Saint-Exupéry escribió e ilustró «Le Petit Prince» mientras residía en Estados Unidos. En el libro aborda temas como la tolerancia, la amistad, el amor, el sufrimiento y la ecología a través de la narración de un piloto que se queda varado en el desierto del Sáhara por una avería y que, mientras intenta arreglar su avión y conoce a un pequeño príncipe de un asteroide.

El Principito, que se fue de su planeta en busca de un amigo porque un día nació una rosa a cuyo cuidado se dedicó, que demandaba mucha atención y era orgullosa, le contó al aviador sus visitas a diversos mundos. En ellos había conocido diferentes hombres: un rey absoluto, un hombre de negocios avaricioso, un bebedor… .

Ya en la Tierra encuentra más rosas como la de su planeta y se hace amigo de un Zorro, que le enseña el valor de la misma. Finalmente, el principito desea volver a su casa, con su flor, y una serpiente le dice que la única manera de hacerlo es dejarse morder. Él accede: «no hubo más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo. Permaneció un instante inmóvil. No gritó. Cayó suavemente como cae un árbol».

En teatro. Marioneta de «El Principito» que maneja Raúl Gómez, del Teatro francés de «La Barraque» de la ciudad de Auloron-Sainte Marie.

Una ciudad para Danielly

Fotografía de EFE

Danielly Rodrigues, Dani, como la conocen sus amigos, es un caso inusual dentro de la favela: ha estudiado dibujo, ha aprendido español y puede trabajar en su casa. Preparaba su boda cuando el coronavirus truncó sus planes. «Voy, pero no sé cuándo», dice.

Comparte un piso de dos habitaciones con su madre y su hermano. Es una tercera planta y cuando falla la bomba se queda sin agua durante dos semanas. La suya es una de los mejores zonas de la favela. «Hay lugares pobres y más pobres aún. Dentro de Maré también hay diferencias».

Dani no ha salido nunca del estado de Río de Janeiro, aunque no pierde la esperanza. También aspira a dejar Maré para instalarse más cerca del centro y poder «disfrutar de la cultura».

El centro, la cultura, el agua… Mientras la mitad del mundo debate sobre la ciudad poscovid, la ciudad de los espacios verdes y los barrios autosuficientes, la otra mitad imagina cómo abrirse una puerta al futuro.

«Mi ciudad ideal sería sin desigualdad», dice Dani. «En mis sueños, una ciudad buena para nosotros es donde tenga las mismas oportunidades que una persona que no vive aquí».

¿Espacios verdes?, ¿bulevares? «Para nosotros no es la prioridad. La prioridad es tener una vida, salir de aquí, o estar aquí y poder moverme por los sitios sin ningún tipo de preocupación, de ver qué voy a comer, qué voy a beber, si llego a casa viva o no».

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CÓMO VIVIREMOS JUNTOS

Antes de que el mundo contuviera la respiración por el covid-19, la Bienal de Arquitectura de Venecia preparaba su edición 2020 con el lema «¿Cómo viviremos juntos?». Nadie podía imaginar entonces la dimensión que cobraría esa pregunta. Tres meses han bastado para cambiar el planeta. Superado el pánico inicial, se multiplican los debates sobre la ciudades del futuro.

La historia está plagada de cambios urgidos por la supervivencia. La peste mudó las ciudades romanas, Central Park nació en respuesta a la falta de higiene en Manhattan, los bulevares oxigenaron las grandes capitales y redujeron la mortalidad. La lista es inacabable.

«Tenemos que repensar la vida en nuestras ciudades. Se necesita valentía y también equilibrio», advierte el arquitecto italiano Stefano Boeri, impulsor de los bosques verticales.

La reflexión no se puede dilatar. El 55 % de la población mundial vive en zonas urbanas. En 2050 la cifra alcanzará hasta el 70 %, más de 6.5 millones de personas. El riesgo de contagio de enfermedades se multiplicará exponencialmente.

La urbanización, pronostica la ONU, crecerá más rápido en los países más pobres. «Sería un gran error volver a la normalidad que ha permitido esta pandemia. Una normalidad en la que continuamos castigando a la naturaleza, creando situaciones de desequilibrio», continúa Boeri.

Sobre el papel, el dibujo está claro: ciudades verdes, sostenibles, saludables y enfocadas a corregir las profundas asimetrías que condenan a la población de menos recursos. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja. Poco tienen que ver las soluciones pensadas para Nueva York, Londres o Pekín con los sueños de Danielly.

Enfermedades. Las infecciones son la gran amenaza. Y el esquema de megahospitales ya no funciona. La tendencia es crear centros con menos camas, con luz, espacios abiertos y corredores.

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INTEGRACIÓN

Maré, donde ella vive, es el mayor complejo de asentamientos informales de Río de Janeiro. Se estima que alberga a unas 115,000 personas. Es uno de los más grandes del mundo, pero no es el mayor. Dharavi en Bombai, India y O Kibera en Narirobi, Kenia, rondan las 800, 000. El hacinamiento y la falta de higiene y servicios mínimos son su denominador común.

Son una «bomba de relojería»,describe Naciones Unidas en un reciente informe.»Hay más de 1, 000 millones de personas viviendo en estas condiciones. En 2030, serán 2, 000 millones y para 2050 se estima que la mitad de la población vivirá en estos asentamientos.

Es preocupante y ahora mismo no está en la agenda», denuncia Elvis García, doctor en Salud Pública por la Universidad de Harvard. «Son desequilibrios aberrantes», sentencia.

¿Cómo lavarse las manos para combatir los virus cuando no hay agua?, se pregunta este profesor español experimentado en la lucha contra el ébola en Liberia.

Al menos 2,000 millones de personas se abastecen de aguas contaminadas. La OMS estima que, en apenas cinco años, casi la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua. África es el continente más castigado. El 40 % de la población subsahariana carece de agua potable y el uso doméstico por persona y día no alcanza los mínimos calculados por Naciones Unidas.

Buena parte de las últimas pandemias se han originado precisamente en estas zonas. Pero, «¿quién va poner dinero en el África subsahariana para combatir estos brotes?», reflexiona García.

Para transformar esta realidad hay que ser pragmáticos, sostiene. La experiencia del ébola ha dejado una mejora de las condiciones higiénicas en algunas zonas, pero poco más, admite. «Bastante tienen con adaptarse al día a día como para hacer ciudades basadas en conceptos utópicos».

La salida, explica Alain Grimard, responsable de ONU-Habitat para Latinoamérica, es la integración.

El primer paso es reconocer los derechos de la población en estos asentamientos, defiende. El proceso requiere de voluntad política y financiación, la llave de todo.

El crecimiento económico, social y ambiental es el pilar del desarrollo sostenible. «Si las autoridades quieren solucionar el desarrollo sostenible de la ciudad, tienen que empezar a invertir en los barrios informales», concluye Grimard.

La urbanización, pronostica la ONU, crecerá más rápido en los países más pobres. «Sería un gran error volver a la normalidad que ha permitido esta pandemia. Una normalidad en la que continuamos castigando a la naturaleza, creando situaciones de desequilibrio”, dice Stefano Boeri, arquitecto italiano.

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LA CIUDAD IDEAL

En la ciudad ideal, los vecinos resuelven sus necesidades con desplazamientos de 15 o 20 minutos. A pie, en bicicleta, en vehículos eléctricos de uso compartido o en un transporte público sostenible.

Así es la «ciudad en 15 minutos», inspirada en las «ciudades vivas» de la activista Jane Jacobs y recuperada ahora por París, o el diseño de «superbloques» que ensaya Barcelona, con calles peatonales y más espacios públicos verdes.

También el modelo «8-80», ideado para facilitar la vida de los ciudadanos de entre 8 y 80 años. O las «Fab City» y sus barrios autosuficientes organizados para paliar los desequilibrios sociales. Aunque se presentan como innovaciones en el paisaje poscovid, la mayoría se inspira en viejos modelos utópicos, desde los falansterios a la Brasilia soñada por Oscar Niemeyer.

Son, en palabras de Boeri, «ciudades caleidoscopio». Y son «verdes». El ahorro energético y el cuidado del medioambiente son impostergables. 9 de cada 10 personas en el mundo respiran aire contaminado y siete millones mueren cada año por la contaminación.

Más del 90 % de las víctimas, alerta la OMS, corresponden a Asia y África, seguidas por el Mediterráneo europeo y Latinoamérica.

Las áreas urbanas generan alrededor del 70 % de las emisiones de gases de efecto invernadero y son, a la vez, especialmente vulnerables al impacto del cambio climático. Frenar este fenómeno es un desafío colosal que engloba el uso de energías renovables y la creación de nuevas infraestructuras de movilidad.

«No por hacer autopistas más grandes o circunvalaciones consigues tener menos coches, al contrario, tienes más», sostiene Juan Espadas, alcalde de Sevilla, España, y presidente de la Red Española de Ciudades por el Clima. Su gran apuesta es el transporte público.

Pero descongestionar los centros urbanos obliga también a repensar la actividad, los horarios y a apostar por el teletrabajo. Una «revolución de la movilidad», dice Boeri, para su «ciudad verde».

La salud es una prioridad. «Un problema en la salud puede hundir completamente la economía. Si nuestros políticos no lo perciben ahora, no han percibido nada», afirma Miguel Guimaraes, presidente de la Orden de Médicos de Portugal. «Una población más saludable es una población más productiva».

Las infecciones son la gran amenaza. «Serán nuestros principales enemigos», adelanta Guimaraes. Y el esquema de megahospitales ya no funciona. La tendencia, describe el especialista luso, son centros con menos camas, con luz, espacios abiertos y corredores. Todo eso y «una red de cuidados intensivos más robusta».

El envejecimiento de la población, más acusado en Europa, obliga además a mirar hacia la «economía de los cuidados». Cuestiones que van mucho más allá de peatonalizar calles o abrir parques urbanos. Son cambios tan profundos que no se plasmarán en las ciudades hasta pasados muchos años, opina Óscar Chamat, responsable de Investigación de Metrópolis, una red que engloba 130 ciudades de todo el mundo. No estamos ante una revolución, sino ante una evolución.

La transformación no puede obviar el equilibrio demográfico. Hay que impulsar en paralelo las pequeñas y medianas ciudades, subraya Grimard. El crecimiento urbano, proyecta Naciones Unidas, vendrá precisamente de núcleos con menos de un millón de habitantes.

¿Y el medio rural? «Tiene una oportunidad increíble», considera Elvis García. «Siempre que los Gobiernos puedan dotarlo de infraestructuras suficientes», empezando por internet, matiza.

«La urbanización tiene aspectos más positivos que negativos. También en una crisis como esta, como los accesos a los servicios de salud, educación, agua. Es mucho más fácil obtenerlos en las ciudades que en los pueblos pequeños», puntualiza Grimard.

La clave, alumbra Stefano Boeri, está en buscar «una alianza entre los pequeños pueblos y las grandes ciudades». Disfrutar de la naturaleza sin perder las oportunidades que brinda la ciudad.

Su miedo, admite, es que se repliquen las «anticiudades», selvas de cemento y centros comerciales que proliferan en todo el mundo.

«Si no queremos regresar a la anticiudad debemos volver a habitar estos pequeños pueblos en los que está la cultura, la historia, la arquitectura, el arte», defiende Boeri. «No se trata de nostalgia, de romanticismo».

 

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CIUDADES INTELIGENTES

Perros-robots vigilan a los peatones en parques de Singapur, drones fumigan las calles, aplicaciones delatan en los móviles el contacto con enfermos. El covid-19 ha anticipado el futuro. ¿Es ese el rumbo de las nuevas ciudades inteligentes?.

Songdo, en Corea del Sur, se vende como el «modelo sustentable del futuro». Totalmente automatizada, tiene un 40 % de espacios verdes, recicla casi la mitad del agua que consume y prohíbe la circulación de los coches de combustión.

En Europa, capitales como Amsterdam experimentan zonas sostenibles. Es el caso de Schoonschip, con una red de paneles fotovoltaicos y un parque de coches eléctricos compartidos para el vecindario.

En la visión de Óscar Chamat, la ciudad inteligente «utiliza la tecnología más adecuada para responder a los problemas de las personas».

La conectividad es la llave de estos modelos y está al alcance de más de la mitad de la población mundial. Sin embargo, todavía 3,600 millones de personas carecen de internet. La brecha digital es determinante cuando se aborda el desarrollo: el 82 % de los europeos tiene acceso a internet frente al 28 % de los africanos.

Y en el imperio de la tecnología, ¿dónde queda la privacidad?. El control de los movimientos de la población y los datos personalizados sobre contagios durante la pandemia han reabierto la controversia.

Las aplicaciones con información sobre el virus son, señala García, una herramienta fundamental contra su expansión. «Y no utilizarlas es un lujo que no nos podemos permitir», añade.

Chamat alerta desde Metrópolis sobre las tentaciones populistas de los gobiernos, pero repara en una contradicción: «Estamos dispuestos a ceder nuestros datos a plataformas y redes sociales, pero nos da mucho miedo cederlos al Estado, es una paradoja».

Repensar la ciudad. El 55 % de la población mundial vive en zonas urbanas. En 2050, la cifra alcanzará hasta el 70 % , es decir, más de 6.5 millones de personas. El riesgo de contagio de enfermedades se multiplicará exponencialmente.

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LA MEMORIA DE MARÍA

María Augusta Rei mira la vida desde la ventana de su casa de Alfama. A sus 89 años es mucho lo que ha visto. Nació y creció en este barrio del corazón de Lisboa. Pero el Alfama de hoy poco tiene que ver con el de María.

«Todo eran pescaderías», recuerda. Y panaderías, carnicerías y hasta una barbería. Apenas había restaurantes en ese tiempo, ni tampoco turismo, pero sí mucha gente. «Esto era como una plaza», relata. Era un barrio de calles angostas donde los vecinos hablaban de ventana a ventana.

Pero todo cambió con la llegada masiva de turistas. Los comercios locales fueron desapareciendo para dejar paso a los restaurantes y a las tiendas de souvenirs. Los precios se dispararon y los vecinos se vieron forzados a marcharse a la periferia.

Como en Lisboa, la especulación inmobiliaria, la explosión del turismo y la gentrificación han cambiado el rostro de muchas ciudades europeas y han expulsado a los trabajadores.

En los últimos 20 años se ha agravado la desigualdad dentro de las naciones y se han acentuado las diferencias en la esperanza de vida entre distintas zonas en una misma ciudad. A Grimard le preocupa la «privatización» del espacio público.

Los modelos de barrios cerrados y los centros comerciales han usurpado el papel de los parques públicos. «Hay que cambiar esta dinámica de segregación. Más que nunca hay que poner los espacios públicos como espacios de integración», defiende.

La tienda de ropa para la que trabajaba María, en la Baixa, muy cerca de Alfama, cerró también. Su patrona enfermó y terminó en una residencia de ancianos. «A veces paso por allí y lo veo todo cerrado. Tengo tanta pena», confiesa. En la Baixa, «había muchas tiendas de ropa; cerraron todas y ahora son tiendas de chinos».

«Me gustaría que volvieran las personas que salieron de aquí, como yo, nacida aquí, criada aquí; que volvieran. No como ahora, que son todo turistas. Las personas que había en el barrio desaparecieron. Me gustaría que fuera como antiguamente». Maria ya vivió su ciudad ideal.

Ahora, ¿cual será de entre todos el mejor modelo?. La respuesta puede estar en las palabras que Italo Calvino pone en boca de Marco Polo en sus «Ciudades invisibles»: «No tiene sentido dividir las ciudades en felices e infelices, sino en otras dos categorías: las que a través de los años y las mutaciones siguen dando su forma a los deseos y aquellas en las que los deseos o bien logran borrar la ciudad o son borrados por ella».


Con la coloración de Laura Serrano-Conde (Roma) y Carlos García y Cynthia de Benito (Lisboa).

Cámara del Libro hondureña pide reabrir en un país «alérgico» a la lectura

Crisis. La ausencia de políticas, el bajo poder adquisitivo y el escaso hábito de la lectura son factores adversos para la situación que enfrentan las librerías y editoriales ante el covid-19.

Quienes se dedican a editar y publicar libros hacen un gran esfuerzo, pero no son correspondidos por una sociedad que, además, lee muy poco. Es como alérgica a eso, de ahí el gran superávit de ignorancia que tiene el país centroamericano, donde la lectura en muchos casos no es un placer, incluso entre universitarios.

Hay universitarios que leen más por la exigencia de un maestro, entre los que no faltan los que obligan a sus alumnos a que lean, pero textos que escribieron ellos, algunas veces ya desfasados.

Desde que entró en vigor el toque de queda por el coronavirus, el 12 de marzo, diversos sectores han clamado, algunos a gritos y otros con protestas en carreteras y bulevares, para que se les permita vender o comprar alimentos o cualquier otra cosa, pero nadie ha protestado porque a las librerías no se les ha permitido abrir.

Son muchos los que a diario hacen grandes filas para comprar una hamburguesa, pero muchos más los que no alimentan su intelecto, lo que en parte también se está reflejando entre gente que, sabiendo que el coronavirus es mortal, circula sin ninguna protección, pese a los llamados para que al menos lleven puesta una mascarilla.

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PETICIÓN DE LA CÁMARA HONDUREÑA

Para aliviar la difícil situación que enfrentan las librerías y editoriales, representadas en la Cámara Hondureña del Libro (CHL), le han pedido al secretario de Seguridad, Julián Pacheco, autorización para funcionar de manera parcial y supervisada, mientras esté vigente la emergencia sanitaria.

«La cadena del libro está conformada por micro, pequeñas y medianas empresas que, al igual que los demás sectores de la economía nacional, estamos sufriendo las consecuencias negativas del cierre temporal de nuestras actividades; entre otras, el inminente riesgo de perder los puestos de trabajo que genera este sector», subraya una carta enviada por la CHL a Pacheco.

La CHL considera que «es necesario que niños, niñas, jóvenes, docentes y padres de familia dispongan de libros y otros recursos didácticos para desarrollar de manera integral y creativa el proceso educativo en casa», añade la carta.

Subraya que, como se sabe, la educación virtual es complementaria y no está al alcance de todos los educandos, por lo que los libros y demás materiales didácticos son imprescindibles para lograr el aprendizaje.

La CHL considera que el funcionamiento de librerías y editoriales colaborará de manera significativa a evitar que se pierda el año escolar por las razones expuestas a Pacheco, lo que traería graves consecuencias para la educación nacional y la sociedad en general.

«La disponibilidad de recursos didácticos y lectura recreativa contribuiría de forma notable a reducir los niveles de ansiedad e incertidumbre de niños, niñas y jóvenes -y también de las personas adultas-, que produce el obligado confinamiento y aislamiento social que está viviendo la población», resalta la misiva a Pacheco.

La Cámara Hondureña del Libro considera además que es necesario que el Gobierno reconozca la importancia del sector del libro, «sobre todo en estas circunstancias adversas, como aliado clave para el avance de la educación y la cultura nacional».

En principio,»los libreros», como se le conoce a la CHL, piden que se les permita funcionar mediante entregas a domicilio y ventas de oficina estrictamente supervisadas.

La CHL también se ha comprometido a velar por el cumplimiento de las regulaciones de bioseguridad para garantizar la salud de colaboradores, clientes y proveedores.

La Cámara Hondureña del Libro considera además que es necesario que el Gobierno reconozca la importancia del sector del libro, «sobre todo en estas circunstancias adversas, como aliado clave para el avance de la educación y la cultura nacional».

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AUSENCIA DE POLÍTICAS CLARAS

El presidente de la CHL, José Modesto Canales, dijo que el mundo del libro no es nada fácil en Honduras, ni en cualquier país del área centroamericana o latinoamericana.

«Estamos preocupados por muchos aspectos, uno de ellos es que no hay políticas públicas claras de parte de los gobiernos, de los anteriores y el actual, en el afán de integrar la educación y la cultura nacional», agregó.

Esa problemática, según Canales, hace que todo el sector de los libros se vea afectado y que haya bastante incertidumbre. Los libreros le piden al Gobierno y a la sociedad hondureña que no olviden que hay un sector muy importante en el país que es la industria del libro, la que abarca editoriales, librerías, también a profesionales en cada una de esas áreas como ilustradores y diseñadores gráficos, e imprentas.

Canales expresó que entre los factores adversos figura el escaso hábito de lectura entre los hondureños y el bajo poder adquisitivo de la mayoría, en un país donde más del 60 % de sus 9.3 millones de habitantes son pobres.

Otro factor son los maestros, quienes en el nivel primario «deben hacer una mejor labor, en el sentido de inculcar el hábito de la lectura en los niños y jóvenes, porque es la única forma de concientizarlos de una realidad distinta a la que nosotros vivimos actualmente», dijo Canales.

Libros. La cadena del libro de Honduras, conformada por micro, pequeñas y medianas empresas, también está sufriendo las consecuencias ante el cierre temporal por el covid-19.

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LA LECTURA NO ES NINGUNA PRIORIDAD

Daniela Herrera, ejecutiva del Grupo Liser, que aglutina a varias librerías del país, indicó que están enfocados en la literatura en general, en parte con textos para instituciones y útiles escolares, pero que el momento actual, por la covid-19, «es difícil» porque no han podido integrarse al sector educativo.

La causa por la que en Honduras se lee muy poco, en opinión de Herrera, es porque esa actividad quizá figure entre «las últimas prioridades de los hondureños».

«Ese es el problema, los hondureños no han colaborado desde los primeros años de la escuela para darle prioridad a los libros. De ahí viene ese bajo número de lectores a nivel nacional», subrayó.

El hábito de leer se inculca primero en la casa y después en la escuela, pero en Honduras las prioridades son otras, por lo que se tiene «descuidada» la lectura, además de que «la economía del país tampoco ayuda para esta situación», acotó Herrera.

El confinamiento forzado por el coronavirus debería de ser una buena ocasión para que más niños y adultos hondureños lean en familia, pero pareciera que muchos padres no saben que un libro cerrado viene siendo como un amigo que siempre espera, y que nadie se muere por leer demasiado, pero sí por ignorancia.

Basura COVID, ¿quema o vertedero?

Fotografías de EFE

Antes de la pandemia, solo un 15 % de los desechos hospitalarios mundiales se consideraban peligrosos: un 10 % por su carga infecciosa y un 5 % por sus componentes químicos o radiactivos, según datos de un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2018.

En España, los más peligrosos, como los medicamentos citoestáticos o citotóxicos, tienen como destino la incineración en plantas especializadas y los infecciosos son normalmente sometidos a esterilización.

La pandemia ha multiplicado exponencialmente el porcentaje de residuos infecciosos en España, no solo generados por hospitales y centros de salud, sino también por residencias de ancianos, hoteles medicalizados y viviendas. En Madrid y Cataluña, las dos regiones más afectadas, solo los residuos del circuito sanitario aumentaron un 300 y 350 %, respectivamente, dijeron fuentes oficiales.

Una orden del Ministerio de Sanidad del 19 de marzo dio prioridad a la incineración para la destrucción de la basura urbana que pueda llevar elementos contagiosos y permitió habilitar almacenamientos temporales o usar hornos de cementeras para ayudar a las empresas que habitualmente gestionan residuos sanitarios a absorber el excedente.

España dispone solo de 11 plantas incineradoras de basura urbana, cuatro de ellas en Cataluña y solo una en Madrid, las dos regiones más pobladas y más afectadas por el covid-19. La primera optó por la quema expeditiva de los residuos hospitalarios y la segunda los sigue acumulando.

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RESPONDIENDO -Y APRENDIENDO- DE LA EMERGENCIA

Cataluña tiene tres plantas de esterilización de basura sanitaria por autoclave (vapor caliente a presión), que absorbían de media 275 toneladas mensuales de residuos. Entre mediados de marzo y mediados de abril, el peor mes de la pandemia en España, la basura de la covid aumentó a 1,200 toneladas en esa región, según datos de la Agencia Catalana de Residuos (ACR).

«Las plantas autorizadas para tratarlos quedan saturadas, no dan abasto con tanta generación como hay en hospitales y hoteles medicalizados. En Cataluña, descartamos el almacenamiento y acordamos que los residuos se incineren en tres plantas de basura urbana», dijo el director de la ACR, Josep María Tost.

Estas plantas habían incinerado a mediados de abril 700 toneladas de basura covid.

«Las bolsas y cajas con los residuos contagiosos van directamente a la turba que alimenta las parrillas, sin manipulación humana. Se quema a mil grados, lo que elimina cualquier virus», añadió Tost.

En Madrid, con sus tres plantas de esterilización trabajando 24/7, que son capaces de procesar un total de 50 toneladas diarias, las autoridades autorizaron la quema de una parte de los residuos sanitarios de la región en su única incineradora, a 15 kilómetros de la capital.

La planta de Valdemingómez había quemado para el 29 de abril 430 toneladas de desechos de la covid-19, informó su directora, María José Delgado.

«Otras cantidades se han enviado a plantas de otras comunidades autónomas (regiones) para su esterilización o incineración y a incineradoras francesas» y para el resto se han habilitado seis almacenamientos temporales que «acopiarán los residuos hasta que cese la emergencia y puedan ser tratados» con autoclave, informó el director regional de Economía Circular, Vicente Galván.

Tóxico. Antes de la pandemia, solo un 15 % de los desechos hospitalarios mundiales se consideraban peligrosos, según la de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Madrid y Cataluña reflejan el desigual tratamiento que se le está dando en España al excedente residual contagioso de la covid-19, que ha planteado un reto adicional: los nuevos puntos de generación de esta basura, fuera de los centros hospitalarios.

Equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han asesorado a más de 350 residencias de ancianos en toda España, la mayoría con visitas presenciales.

«Lo que les enseñamos es muy básico. Lo primero que les pedimos es que localicen un área dentro del centro donde puedan almacenar estos residuos. Antes de sacarlos a los contenedores, le recomendamos que como mínimo les pongan una doble bolsa», dijo la coordinadora de emergencias de MSF Montserrat Bartuí.

«Y les decimos que la persona que está trabajando en la zona contaminada no sea la misma que llega al contenedor de desechos».

Los residuos son arrojados al contenedor de mezcla urbana, donde termina la basura que no ha ido a otros contenedores, la llamada «fracción resto».

La misma recomendación da la orden de Sanidad del 19 de marzo para todos los hogares españoles con enfermos de coronavirus o en cuarentena: doble bolsa con los desechos y todo ello a la bolsa de la basura de mezcla no separada en domicilios.

Trasladar estas instrucciones a la ciudadanía es, sin embargo, responsabilidad de los Ayuntamientos y no todos han hecho aún campañas divulgativas. El Ministerio español para la Transición Ecológica ha preparado ya un vídeo explicativo y Madrid y Cataluña folletos con dibujos sencillos.

Tost y Bartuí convienen en la necesidad de difundir ampliamente estos mensajes a la ciudadanía para que sepa cómo desechar los ubicuos guantes y mascarillas que, como el virus, han venido para quedarse largo tiempo en la sociedad.

Los responsables de gestión de residuos opinan que será difícil evitar que los guantes terminen en el contenedor amarillo, el primer circuito de selección de basuras implantado en España y destinado genéricamente a envases de toda composición, sea plástica, metálica o de cartón.

La pandemia ha multiplicado exponencialmente el porcentaje de residuos infecciosos en España, no sólo generados por hospitales y centros de salud, sino también por residencias de ancianos, hoteles medicalizados y viviendas. En Madrid y Cataluña, las dos regiones más afectadas, solo los residuos del circuito sanitario aumentaron un 300 y 350%.

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BASURA MEZCLADA

Antes de la pandemia, Europa implantaba un programa de acción para limitar la incineración a los materiales no reciclables y reducir progresivamente lo que se arroja a vertedero, para que solo lleguen a él basuras no recuperables.

«Todo cambio en esta dirección debe ser conforme con la legislación de la UE en materia de residuos, ha de ser necesario y proporcionado para proteger la salud humana y limitarse a los ámbitos y los plazos estrictamente necesarios para responder al riesgo (…) tratando de mantener el objetivo general de la recogida selectiva y el reciclado», instruyó la Comisión Europea el 14 de abril.

«Cuando los Estados miembros decidan autorizar excepcionalmente procesos de tratamiento alternativos para los residuos médicos (…) deben garantizar que cuando esos procesos presenten un resultado medioambiental menos beneficioso que la práctica habitual, su uso se limite en el tiempo a lo estrictamente necesario para solventar las carencias detectadas en la capacidad de almacenamiento y tratamiento», demandó.

El conjunto de la UE recuperó en 2016 el 53.3 % de su basura, según datos de Eurostat. España estaba por debajo de esa media, con un 46.4 % de residuos recuperados.

Pero la covid-19 ha obligado incluso a países con mayor capacidad recuperadora como Italia (83 %) a priorizar la quema de los residuos, algo común en epidemias como el ébola en países africanos y aconsejado por la OMS en la primera respuesta a una catástrofe o emergencia.

Al comienzo de la pandemia, se planteó un debate en la asociación europea de gestoras de residuos sobre cómo articular «circuitos diferenciados para los hogares con covid, por ejemplo sacando sus residuos en bolsas rojas o amarillas, pero lo descartamos porque podía ser perjudicial desde el punto de vista de la discreción y generar problemas entre vecinos», explicó el director de la ACR.

«El sentido común nos pide que seamos prácticos y acordamos el circuito de las tres bolsas», añadió.

Toda la basura recogida en los contenedores de «fracción resto» durante la pandemia no se podrá separar en las plantas de procesado, donde quedó prohibido por Sanidad abrir las bolsas de plástico y todo cribado que no sea mecánico.

En España, «la gestión de los residuos ya era una asignatura pendiente muy grande» antes de la covid-19: el 82 % de la basura se recogía mezclada «y se recuperaba poquísimo», dijo Julio Barea, experto en gestión de residuos de Greenpeace-España.

«Lo que se recuperaba de la ‘fracción resto’ antes de la crisis eran fundamentalmente hierros y aluminio, de forma automática con imanes, el resto era inviable recuperarlo. Más del 60 % de la basura se arrojaba a vertedero».

Explicó que «ahora, con la pandemia, es mucho más porque no está habiendo triaje manual de la basura mezclada, no se está recuperando. Ni siquiera hay datos de cuántas mascarillas, batas, guantes se están generando al día «.

«Nos tememos, y las evidencias nos están llevando a ello, que la mayor parte de estos residuos contaminados por covid están terminando mal gestionados y enterrados en vertederos. No hay capacidad para hacer otra cosa, no estamos preparados», agregó.

Riesgo. España dispone solo de 11 plantas incineradoras de basura urbana, cuatro de ellas en Cataluña y solo una en Madrid, las dos regiones más pobladas y más afectadas por el covid-19.

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SALUD VS. MEDIOAMBIENTE

Antes de la covid-19, las plantas incineradoras procesaban solo un 10 % de la basura española, según Greenpeace.

Los ecologistas admiten a regañadientes que la emergencia obligue a recurrir a la quema de residuos, una práctica contra la que llevan años luchando.

«Greenpeace no está a favor de la incineración de residuos pero, dada la situación de excepcionalidad absoluta y siguiendo lo que recomiendan los expertos, de forma transitoria y para estos residuos en concreto, lógicamente hay que darles una salida», dijo Barea.

«Lo suyo sería tener suficientes autoclaves para tratar estos materiales, pero no los hay».

Es más, los ecologistas apuestan por que los materiales esterilizados no acaben triturados y arrojados a vertederos, como sucede con los que procesan las plantas de Madrid y Cataluña, sino reciclados: «Todo lo que se pueda ser reutilizado tiene que serlo. Hay que acabar ya con el usar y tirar, es insostenible», propuso Barea.

El experto ecologista calculó que «las escorias y las cenizas suponen el 30 % en peso de lo que se quema. Se transforman en un residuo tóxico y peligroso y solo está catalogada una parte de las toxinas que se generan».

En su último informe «Safe Management of Waste from Health Care Activities«, actualizado en 2018, la OMS advirtió de los riesgos para la salud que entraña un manejo incorrecto de los desechos sanitarios «a través de la liberación al medio de patógenos y contaminantes tóxicos».

«Si no están bien construidos, los vertederos pueden contaminar el agua de bebida» y, en el caso de la incineración «si no es total o si se incineran materiales que no se prestan a este tipo de tratamiento, se liberan a la atmósfera agentes contaminantes, así como cenizas residuales».

Cuando los productos quemados contienen cloro, «estos pueden liberar dioxinas y furanos, sustancias que son cancerígenas para el ser humano» y si contienen componentes metálicos, «pueden provocar la dispersión en el medio de metales tóxicos».

«Solo las incineradoras modernas que operan a temperaturas de entre 850 y 1,100 °C y cuentan con un sistema especial de depuración de gases pueden cumplir las normas internacionales de emisiones por lo que respecta a dioxinas y furanos«, concluyó la OMS.

Desechos. Europa priorizó la incineración de los desechos sanitarios, pero el resto se ha sumado a la mezcla de basura doméstica.

Tanto Madrid como Cataluña aseguran que todo el circuito dispuesto para la quema de los residuos sanitarios de la covid-19 cumple tanto con las medidas de protección de los trabajadores implicados como con los límites de emisiones de sustancias tóxicas a la atmósfera.

Galván aseguró que «la incineradora de Valdemingómez tiene controles en continuo de las emisiones, que se mantienen durante la gestión de los residuos biosanitarios» del coronavirus.

La directora de la planta explicó que la incineradora cuenta con un sistema de depuración «que permite reducir la emisión de gases a la atmósfera hasta valores muy por debajo de los límites legales exigibles» y añadió: «su incineración no produce ninguna sustancia distinta a las que se originan con los residuos domésticos».

Tost concretó que la basura procesada en las incineradoras de residuos urbanos está compuesta fundamentalmente de equipos de protección (EPI). «Los EPI están hechos de celulosa o polipropileno en el caso de batas, gorros y mascarillas y de látex los guantes. No llevan elementos clorados como el PVC, que es lo que preocupa a los ecologistas», explicó.

Según el experto de Greenpeace, sin embargo, durante la emergencia acabarán incinerados no solo EPI sino test, tubos, sondas, bolsas, jeringas, respiradores y otros materiales con componentes plásticos y metálicos.

Advirtió, además, de que «no existe tecnología para medir en continuo las dioxinas y furanos. Esto se hace en controles una o dos veces al año, tomando muestras en las chimeneas y llevándolas al laboratorio para analizar».

Tost concretó que la basura procesada en las incineradoras de residuos urbanos está compuesta fundamentalmente de equipos de protección (EPI). “Los EPI están hechos de celulosa o polipropileno en el caso de batas, gorros y mascarillas y de látex los guantes. No llevan elementos clorados como el PVC, que es lo que preocupa a los ecologistas”, explicó.

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BASURA SIN FRONTERAS

Las plantas incineradoras que producen energía son catalogadas como «plantas de valorización» y los residuos se registran en las estadísticas de Eurostat como «recuperados».

Así, uno de los principales importadores de basura para incinerar, Alemania, ocupa el segundo lugar por «recuperación» (80.6 %) pese a que solo recicla el 42.7 % de sus residuos. Un 11.3 % son incinerados y el resto se destina a relleno de excavaciones.

La basura ha recibido, durante la pandemia, la consideración de bien esencial y puede cruzar las fronteras internas de la UE como cualquier otra mercancía, según unas guías aprobadas por la Comisión Europea (CE) el pasado 16 de marzo.

Una semana después, una comunicación de la CE estableció «corredores verdes» para mercancías en la que «aclara que los principios relativos al transporte de bienes se aplican mutatis mutandis (cambiando lo que proceda) a los envíos de residuos».

«Muchos Estados miembros dependen de instalaciones en otros Estados miembros para el tratamiento de sus residuos, pues no disponen en su territorio de todas las instalaciones para gestionar todas las fracciones residuales», constató la CE.

Para agilizar la burocracia y evitar la propagación del coronavirus en los intercambios de documentos de papel, la Comisión autorizó que estos se efectúen electrónicamente.

Italia, sin embargo, se encontró con «muchas demoras en la frontera con Eslovenia y en algunos casos Eslovenia y Croacia pararon y retornaron envíos de residuos provenientes de Italia», según comunicó en un documento público a la CE.

En Francia, el Centro Transnacional para el Cruce Transfronterizo de Residuos (PNTTD) dijo que «tiene en cuenta el contexto actual y hace lo posible por facilitar el procedimiento para los nuevos expedientes (de importación) y el seguimiento de las notificaciones ya aprobadas», antes de la directiva europea.

Una fuente del Ministerio francés de la Transición Ecológica y Solidaria dijo a Efe que el país ha recibido 65 toneladas de residuos españoles entre el 10 y el 31 de marzo, pero matizó que se trató de una transferencia «que no está específicamente vinculada a la crisis del coronavirus, ya que es un proceso que depende de una notificación renovada cada año en el mismo período desde al menos 2015″.

Además de a Francia, España exporta regularmente basura hospitalaria a Portugal.

El 1 % de los residuos que Portugal importó en 2018 para su eliminación -en incineradoras o con tratamientos físico-químicos -, un total de 1.061 toneladas, eran residuos sanitarios. Todos ellos provenían de España, según el último informe «Movimento Transfronteiriço de Resíduos» de la Agencia Portuguesa del Medioambiente, difundido a fines de 2019.

El 53 % de esos residuos españoles eran medicamentos citoestáticos o citotóxicos, la categoría más peligrosa de obligada incineración, pero casi toda la basura sanitaria fue sometida a quema. Solo el 5.2 % (55 toneladas) fue esterilizada.

Carmen Lima, especialista en residuos de la organización medioambiental lusa Quercus, dijo que una empresa de la región de Oporto (norte) procesa residuos procedentes de Galicia, entre ellos también los hospitalarios, que va a recoger in situ.

En esa planta son sometidos a esterilización y, puesto que los gestiona una empresa privada, son compactados y arrojados a vertedero. La obligación de reciclar estos productos una vez esterilizados solo la tienen, en Portugal, las empresas del sector público.

En la calle. Guantes de plástico para manipulación de alimentos, y que ofrecidos por los supermercados a sus clientes, acaban arrojados en un jardín de una iglesia madrileña.

Aquí y ahora

Ilustración de Moris Aldana

Aesta altura es difícil saber quién ha sido el verdadero inventor de un lema que ha hecho carrera en los últimos tiempos, permitiendo que tanto los intelectuales con inquietudes políticas, como los políticos con aspiraciones intelectuales, se sintieran convenientemente representados en él. Me estoy refiriendo a tres breves palabritas: «aquí y ahora» (+), que hoy en día son citadas hasta la fatiga por críticos, oradores, periodistas y literatos. Por lo menos recuerdo que Arthur Koestler y Cesare Pavese las usaron, hace varios años, con el mismo sentido y las mismas implicancias que ahora provocan. También una buena poetisa inglesa, Denise Levertov, hoy residente en los Estados Unidos, tiene un libro titulado precisamente: «Here and Now» (+).

El mundo y la esquina

En nuestro medio, «aquí y ahora» (+) (sin pretender que esta preeminencia represente un honor, creo haber sido el primero en importar el término) tuvo una rápida aceptación, porque sintetizó de modo cabal una actitud que, desde hacía un tiempo, se venía formalizando en una promoción de escritores (narradores, ensayistas, dramaturgos, y hasta algunos poetas) que hoy tienen alrededor de unos cuarenta años. Era, en cierto modo, la reacción vital contra la conspiración de la corza, contra la monótona glorificación de una Arcadia que parecía aprendida por correspondencia, contra una inapetente literatura de ojos vendados. «Aquí y ahora» (+) significaba volver a seres de carne y de hueso, enraizados en un sitio y en un tiempo, y no flotando en una especie de limbo, desprovistos de compromiso y de lectores.

Sin embargo, la profusión de citas en estos últimos meses, demuestra que los resortes del lema se han ido gastando para quienes recurren mecánicamente a él y lo dejan instalado en mitad de una frase, sin acordarse ya de qué significaba en su acepción primera. En cierto sentido, y para tales frívolos, aquí y ahora ha pasado a simbolizar, no la literatura de este tiempo sino la de este instante, no la literatura de este mundo, sino la de esta esquina. Ha comenzado a funcionar una especie de cómoda superstición, que habilita para pensar que alcanza con escribir sobre cantegriles, burocracia, conventillos, colachatas, expedientes, candombes, para que esas inermes rebanadas de realidad se conviertan, como por arte de magia, en literatura.

El primer malentendido consiste, evidentemente, en confundir literatura con periodismo, novela con reportaje. Después de tanto denuedo contra una literatura de ojos vendados, no caigamos ahora en el burdo simplismo de difundir que lo instantáneo siempre es literatura, de tomar lo verdadero como única garantía de lo estético.

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El tema y el ámbito

El primer malentendido consiste, evidentemente, en confundir literatura con periodismo, novela con reportaje. Después de tanto denuedo contra una literatura de ojos vendados, no caigamos ahora en el burdo simplismo de difundir que lo instantáneo siempre es literatura, de tomar lo verdadero como única garantía de lo estético. Cuento realista o cuento fantástico, ambos deben cumplir en primer término con las exigencias del género literario a que pertenecen. Drama militante o comedia de costumbres, ambos, antes que militancia o costumbrismo, deben funcionar como el teatro que dicen ser. Las diferenciaciones sobrevienen después, a partir del cumplimiento con las reglas del juego. No alcanza con el realismo o la fantasía, con la militancia o el costumbrismo, para asegurar la calidad literaria, el nivel artístico de una obra.

El segundo malentendido viene, quizá, de confundir el tema con el ámbito. Palabras esotéricamente locales, como «conventillo, estancia u oficina» (+), son a veces abordadas como temas, cuando en realidad solo son ámbitos. Desde el punto de vista del oficiante literario, el narrador debe encontrar el tema para desarrollarlo en un ámbito determinado. Un tema de celos, de angustia, de crueldad, tanto puede desarrollarse en una estancia como en un conventillo; o sea, que en el famoso «aquí» (+) caben todos los grandes temas de la literatura universal. Uno de los motivos de la exigencia del «aquí» (+) en la actitud de casi todos los hombres del 45, fue justamente la pretensión de que esos grandes temas no corrieran el riesgo de proceder incoloros, desasidos, lejanos. Los enemigos del «aquí y ahora» (+) ponen un gran énfasis en defender la primacía de lo imaginario puro, sin raíces de tiempo o de lugar; los frívolos acólitos (no, por supuesto, los conscientes realizadores) del lema, fanáticos del tiempo y del lugar; olvidan subordinar lugar y tiempo a los comandos de lo imaginario (de lo imaginario felizmente impuro, o sea contaminado por lo real).

Después de todo, conviene recordar que si bien algunas veces el fin puede justificar los medios, pocos hasta ahora han osado propugnar que el medio pueda justificar los fines.

Ilustración de Moris Aldana

Un falso coronavirus y el porqué del periodismo en África

Fotografía de EFE

Te levantas empapada en sudor y te temes lo peor. Te das una ducha rápida como queriéndote quitar la fiebre, pero sabes que no se irá. Horas después un amigo te deja un termómetro: 39.5 grados. De momento no toses ni te cuesta respirar, pero todo apunta a que podría ser coronavirus y decides aislarte en casa, no tocar a nadie, no poner a otros en riesgo.

Por entonces, la covid-19 no es más que una nebulosa que sobrevuela el continente africano, con la mayoría de sus 54 países con escasos contagios, salvo excepciones como Sudáfrica (210), Burkina Faso (150) y Marruecos (87). Pero el miedo empapa el ambiente y los Gobiernos deciden actuar rápido. No pueden permitirse el mismo derrumbe que ha sobrecogido a Europa.

El 25 de marzo, Kenia suspende la entrada y salida de todos sus vuelos internacionales. Veinticuatro horas después, Sudáfrica inicia un rígido confinamiento que impide que millones de «los nadies», usando la terminología de Galeano, puedan fácilmente llevarse algo a la boca. Ghana, Etiopía y Nigeria se atrincheran, pero ninguna se atreve todavía a encerrar a sus ciudadanos. Como en muchas otras partes del mundo, aquí la sombra del hambre es mucho más alargada que la del coronavirus.

Según estimaciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) se espera que la pandemia casi duplique el número de personas hambrientas en el mundo para finales de año, sumando a los 135 millones de personas que actualmente sufren hambre aguda en 55 países -afectados por la violencia, catástrofes medioambientales y crisis económicas- otros 130 millones de bocas. Ciento treinta millones.

EL FRÍO SE INCRUSTA

La alta fiebre persiste y el cuerpo tiembla de frío. Te castañean los dientes y sientes un poco de miedo. Decides acercarte a un hospital privado, uno de los mejores de Nairobi, y descubres que muchos médicos ya no pasan consulta. «El doctor se encuentra de cuarentena al menos durante dos semanas», te informa su secretaria.

Finalmente, en Urgencias, unas enfermeras te hacen una analítica y una prueba de la malaria. Todo está bien y regresas a casa durante otro par de días. Pero la fiebre sigue, el miedo aumenta y el frío se incrusta.

26 de marzo. Vuelves al hospital, insistes en que recientemente has viajado a la India y a Somalia, ambos con escala en Etiopía, y esta vez deciden hacerte el test del coronavirus una vez desinfecten una de las pocas salas disponibles para ello. Pagas $130 y dejas que una sanitaria, vestida con el traje aislante y guantes, te extraiga un poco de mucosa.

$130 es el equivalente al salario mínimo mensual en las principales urbes kenianas, donde el 83.6 % de la fuerza laboral está compuesta por trabajadores informales sin protección legal ni subsidio, según la Oficina Nacional de Estadística. Cientos de miles de ellos -mecánicos, empleadas domésticas, vendedores ambulantes- hoy ya han perdido la que era su única vía de ingresos.

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VIOLENCIA POLICIAL

Sudores, cansancio y delirios durante otro par de días. Llamas constantemente al hospital, pero nadie sabe nada sobre el resultado de tu prueba. Finalmente alguien te informa, de manera extraoficial, de que el test ha dado negativo. Crees que deberías alegrarte, pero no estás segura.

Es de noche y hay toque de queda en Nairobi, premisa para que el cuerpo de Policía -con frecuencia asociado a un uso excesivo de la fuerza- actúe con violencia. A fecha de 22 de abril, al menos seis kenianos han perdido la vida por palizas y disparos de las fuerzas de seguridad, según Human Rights Watch, entre ellos un adolescente de 13 años.

A la mañana siguiente un tercer médico se empeña en hacerte las mismas pruebas: otra analítica, otro test de malaria. Todo muestra valores normales y nadie sabe qué te pasa. El miedo crece, y más en un mundo enrocado. No hay vuelos a España, no hay vuelos a ningún sitio: te sientes atrapada.

Lo intentas por cuarta vez con uno de los pocos doctores dispuestos a atenderte. Van a ingresarte.

30 de marzo. Más que en un hospital te sientes en un hotel. Te bloquean de la tarjeta de débito $1,500 para cubrir posibles gastos médicos; aún no lo sabes, pero necesitarás más del doble.

El cuarto es amplio, limpio y todo para ti. Te llegan a la mente flashes desde España: el bullicio de los hospitales de campaña, los cuartos atestados con médicos exhaustos, las miles de familias rotas. Tu habitación es silencio y vacío.

Te colocan una vía intravenosa, te hacen pruebas de rayos X, una ecografía, análisis y más análisis de sangre. Descartada la hepatitis A, la B, el dengue, la tuberculosis. Todo apunta a una infección de hígado cuyas bacterias ya campan a sus anchas por tu flujo sanguíneo. Oyes por primera vez en tu vida la palabra «septicemia». En Google le acompaña la etiqueta «posiblemente mortal».

De golpe, la conciencia de la muerte se hace palpable. La fragilidad del organismo humano. Te advierten de que van a cambiar de antibiótico, porque el que te administran no está haciendo efecto. Ya son más de dos semanas a casi 40 grados de fiebre. Temes que el diagnóstico quizá no sea el correcto y que ya sea demasiado tarde.

Con la covid-19 o sin ella, te encuentras sola. Lejos de los tuyos. Forzando alguna que otra sonrisa en esporádicas videollamadas. Quizá, como sugiere la escritora argentina Mariana Enríquez, la muerte masiva y solitaria no sea la excepción, sino la regla.

Quieres justificarles tus decisiones, el haber vivido como periodista en Israel-Palestina y después en Kenia; lejos de ellos, en una ausencia que se convertía en carga. Quieres explicarles que no puedes ni sabes hacer otra cosa. Que siempre serás una privilegiada por poder informar sobre países tan mal entendidos como Etiopía o Somalia, donde un día tu riqueza se mide en cientos de cabezas de reses y, a los pocos meses, las sequías te han dejado sin nada.

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LA VIDA QUE FUE VIDA

Después de cuatro noches ingresada, te dan el alta para continúes el tratamiento con otro antibiótico más fuerte en casa. Regresas al sofá, a las tiritonas y a la fiebre. Por la noche vomitas y lloras. Te preguntas si saldrás de esta y, sobre todo, cómo podrá perdonarte tu familia en caso de no hacerlo.

Comienzas a escribirles mentalmente una carta. Quieres decirles que fuiste feliz y que les amas. Que no quieres lágrimas cuando ya no estés con ellos. Que en una vibrante Ghana y, al otro lado del Atlántico, en México, aprendiste que la muerte no es muerte -tristeza, llanto, despedida- si la vida fue vida.

Quieres justificarles tus decisiones, el haber vivido como periodista en Israel-Palestina y después en Kenia; lejos de ellos, en una ausencia que se convertía en carga. Quieres explicarles que no puedes ni sabes hacer otra cosa. Que siempre serás una privilegiada por poder informar sobre países tan mal entendidos como Etiopía o Somalia, donde un día tu riqueza se mide en cientos de cabezas de reses y, a los pocos meses, las sequías te han dejado sin nada.

Naciones como Mozambique, Congo o Burkina Faso donde la covid-19 es todavía algo secundario; una amenaza más en un avispero de viejas epidemias –ébola, sarampión, malaria-, una juventud desencantada, violencia yihadista en el Sahel y milicias armadas.

Según el Observatorio de Desplazamiento Interno (IDMC), solo en 2019 hubo ocho millones de nuevos desplazados en África subsahariana, una región que acoge en torno al 25 % del total de desplazados en el mundo (50.8 millones). Personas que no podrán confinarse en sus casas con un televisor y conexión wifi.

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CINCO CAMAS PARA UN MILLóN

«Si tú puedes, yo puedo», le dices a tu propio cuerpo.

5 de abril. La fiebre no sube de los 38 grados. El antibiótico, poco a poco, le gana terreno a la infección. Por primera vez en días, lees los periódicos y la pandemia te golpea en la cara. Por el momento, África apenas registra 9,200 casos, pero tanto la OMS como las organizaciones humanitarias sobre el terreno se preparan para una escalada. Un mes después, a fecha de 6 de mayo, el número total de contagios sobrepasa los 50,000.

Sin embargo, siguen faltando mascarillas, personal cualificado, respiradores. En conjunto, los hospitales públicos de 41 países africanos no llegan a 2,000 de estos aparatos, según datos de la OMS del 17 de abril, que advirtió que las UCI de 43 naciones no superan en total las 5,000 camas, esto es, unas cinco camas por millón de personas frente a las 4,000 por millón de Europa.

Tu mente, sin poder evitarlo, salta a España. Te acuerdas de tus padres encerrados en casa y de tus amigas enfermeras, mileuristas obligadas a llevar capa. Te carcomen los muertos y esa incertidumbre que todo lo empaña. Qué sucederá dentro de poco en frica?

Las proyecciones varían. El Gobierno keniano alerta que «en el peor de los casos» fallecerán 30,000 personas por coronavirus en este país. La ONU dice que en «el mejor de los casos» morirán al menos 300,000 personas en todo el continente, el cual podría convertirse en el nuevo epicentro de esta pandemia con hasta diez millones de contagios en seis meses. Por el momento, los fallecidos, oficialmente, no llegan a los 2,000.

«Si tú puedes, yo puedo», te recuerdas. Que los vecinos se lo digan los unos a los otros desde sus balcones, que los padres se lo digan a sus hijos y los nietos se lo repitan a sus abuelos. Que las médicas se lo exclamen a sus pacientes y los pacientes, a quienes más quieran. Sean quienes sean, sean de donde sean. Estamos juntos en esto.

Atwood:»Esto subraya una vez más la necesidad de tener una prensa libre»

Margaret Atwood, Escritora canadiense
Margaret Atwood, Escritora canadiense

La autora de «The Handmaid’s Tale» y su secuela, «The Testaments«, se sienta delante del ordenador en la oficina que tiene en su casa de Toronto, ajusta la cámara para modificar el encuadre de la imagen y agarra su taza de café antes de empezar a relatar cómo está viviendo la excepcionalidad causada por el COVID-19.

Hija de un entomólogo, Atwood rezuma optimismo, que ella califica de realismo, mientras utiliza con comodidad términos y conceptos epidemiológicos salpicados con su agudo sentido del humor.

¿Cómo está encarando el confinamiento, el distanciamiento social y en general la forma diferente de vivir y relacionarnos?

Como sabes, los escritores pasamos mucho tiempo en casa escribiendo. Y yo crecí en un zona bastante remota del mundo en donde no había mucha gente. Así que estoy acostumbrada, más que mucha otra gente. Para ellos es más duro que para mí. Me autoaislé durante días y ahora estoy practicando el distanciamiento social. Para mí no es un cambio absoluto. Nunca salía de la oficina de todas formas (risas).

Pero ha tenido que alterar la forma en que vivía.

Sí. No viajo. Hemos cancelado muchos eventos. Estamos haciendo varios online, cosas que normalmente habríamos hecho en persona. Y estoy pasando mucho más tiempo hablando de esta forma, con gente como tú, ante una pantalla en vez de ir a tomar un café en algún sitio. Es mejor ir a tomar un café a algún sitio pero tengo uno aquí. Así que estoy en cierta manera tomando un café contigo.

Así que el COVID-19 no ha conseguido pararla.

No me ha parado pero ha alterado la forma en que hago las cosas. A menos que estés enfermo, o muy ansioso por tu negocio, realmente no para a la gente. Se está horneando una gran cantidad de pan casero hasta el punto de que hemos tenido problemas para encontrar harina. No había horneado pan desde hace muchos años, pero lo estoy haciendo ahora. Lo mismo con comidas caseras. Y pasó más tiempo cuidando el jardín. Esto nos lleva a los tiempos de la Gran Depresión, a los jardines victorianos.

¿Y cómo le está afectando emocionalmente?

Estoy preocupada por otra gente. No estoy preocupada por mí porque en estos momentos no me pasa nada. Si estás en casa, con suficiente comida, si no estás enferma, si tus pequeños no te están volviendo loca y si no estás totalmente preocupada por lo que será de tu vida, que es lo que le pasa a mucha gente, ¿por qué estaría ansiosa? No estoy preocupada por mí sino por otras personas. Pero a mi edad, no hay mucha gente más vieja que yo por la que me tenga que preocupar (risas).

¿Estamos exagerando esta crisis?

No se le puede decir a la gente que se compare con otra realidad que nunca han experimentado. Especialmente los más jóvenes que nunca han tenido que pasar por algo como esto. Para ellos es bastante aterrador. Pero es un virus, lo que significa que podemos desarrollar una vacuna y cuando eso esté podremos distribuirla para reducir la tasa de transmisión a menos de 1 lo que, espero, significará que lo controlaremos o al menos estará más controlado. Y con suerte desaparecerá como SARS.

Es usted una optimista.

Creo que soy realista. Sabemos lo que es, sabemos cómo se transmite. No sabemos todo porque en algunas personas causa daños no sólo en los pulmones. Pero sabemos mucho más de lo que la gente sabía en el siglo XIV sobre la Peste. E incluso sabemos más que al principio de SARS. Lo que ha ido mal es que no estábamos preparados. No hemos escuchado a los epidemiólogos que nos advirtieron que algo así podría pasar.

Su padre era un científico, un entomólogo que estudió durante gran parte de su vida las muertes masivas de árboles. ¿Qué cree que habría dicho sobre esta pandemia?

Lo que hubiera dicho es: «No me sorprende». Como te puedes imaginar, nuestra casa estaba llena de todo tipo de libros científicos. Uno de ellos fue uno de los primeros de la especialidad, «Rats, Lices and History» (Ratas, piojos e historia) de Hans Zinsser, de la década de 1930. Le siguieron otros libros similares sobre los distintos tipos de pandemia, extinción de especies… El planeta ha visto muchos de estos eventos. También está «Guns, Germs and Steel» (Armas, gérmenes y acero) de Jared Diamond. Y «1491», que detalla lo que pasó en Suramérica y Norteamérica cuando las enfermedades europeas golpearon el continente con males a los que la gente no tenía inmunidad adquirida o hereditaria. Que es lo que nos pasa con el COVID-19. Por eso se está propagando de esta forma, porque nadie está inmunizado excepto, quizás, ahora mismo los que lo han tenido y se han recuperado.

¿Cuál es el papel de artistas y escritores como usted?

No sé si tenemos un papel (risas). Creo que deberíamos escuchar a los científicos. Y no estoy segura de que te esté hablando como una escritora. Probablemente te estoy hablando como alguien que ha estado interesada en plagas desde hace bastante tiempo. De hecho he escrito un libro con una plaga.

¿Es un hecho aislado o parte de un problema mayor?

Escribí un libro, «Payback«, en el que en el sexto capítulo se encaran dos posibles futuros. En uno de ellos hemos arreglado el planeta y en el otro no lo hacemos. Una de las cosas que suceden cuando se altera el medio ambiente hasta el punto de presionar la vida, es que se producen más brotes de enfermedades de lo que es normal porque los microbios son oportunistas. Microbios hostiles aprovecharán seres con sistemas inmunológicos debilitados. Así que además de los grandes fuegos forestales en Australia, además del agotamiento de los océanos, ahora tenemos algo que nos afecta directamente, el COVID-19. ¿Por qué la pandemia de gripe de 1918 (llamada Gripe Española) fue tan mortal? Porque mucha gente tenía sus sistemas inmunológicos debilitados por la Primera Guerra Mundial.

¿Saldrá algo positivo de esta crisis?

Espero que sí. Somos seres que piensan en el corto plazo. Tras SARS se desarrollaron planes en los que los epidemiólogos señalaban lo que deberíamos hacer y los preparativos necesarios. Cuando SARS fue contenido, esos planes se archivaron. Quizás esta vez los pondremos en marcha. Quizás dejaremos de comer algunas especies de animales exóticos. Quizás dejaremos de una vez en paz a los murciélagos. Espero que estemos mejor preparados de lo que hemos estado para esta.

Lo otro que está causando es la redistribución de la riqueza en algunos países. No tanto en Estados Unidos, donde la ayuda está beneficiando a los más ricos. Pero en otros países, el dinero está siendo distribuido a la gente que no puede trabajar y eso es un tipo de redistribución de la riqueza que no habíamos visto desde los años 30. Las crisis generalmente causan la redistribución de la riqueza. Las guerras también. Como la Revolución Francesa. Mucha riqueza fue redistribuida. Muchas sillas y mesas terminaron en lugares donde no las había antes. Las cosas se mueven durante las crisis, incluido el dinero.

Pero hay temor a que el COVID-19 sea aprovechado para limitar libertades, para crear sociedades distópicas no muy diferentes que las que usted ha reflejado en algunos de sus libros.

No hay ninguna duda que hay gobiernos autoritarios que aprovecharán la oportunidad para establecer un mayor control sobre la sociedad. Estoy segura de que pasará en algunos países y posiblemente de alguna forma u otra en todos. Cuando la gente está asustada lo acepta. Una vez que la pandemia haya pasado, ¿veremos una relajación de las normas en las democracias? Esperemos que sí. Aunque a veces, lo que sube nunca baja. Excepto los impuestos. No sabemos pero esto subraya una vez más la necesidad de tener una prensa libre. Necesitamos saber qué está pasando tanto como sea posible.

¿Cambiará el arte, la literatura?

Nadie lo sabe. Siempre es apresurado intentar predecir lo que los artistas intentarán hacer. A menudo uno se equivoca. Alguien dijo el otro día con bastante alegría que si no hubiese sido por la Peste Negra no habríamos tenido el Renacimiento. Y lo que respondí es que era aleccionador aunque no para la mitad de la población, que murió. En verdad cambió bastante el orden medieval.

¿Cómo será el mundo cuando volvamos a la normalidad?

Será un mundo diferente pero no puedo predecir completamente cómo será ese mundo.

¿Sigue recortando noticias de la prensa para documentarse e investigar sobre los temas que trata en sus libros?

Sí, pero ahora lo hago mucho online. Hice mucha investigación cuando estaba escribiendo «The Testaments«. Creo que va a ser gente más joven quien escribirá sobre esto. Hay una gran cantidad de material online, incluido lo que dijeron diversos líderes mundiales, que no era nada, que era como un resfriado. ¡Sorpresa!

Ha sido más grave de lo que se había anticipado. Algunos han aparecido como mejores líderes de lo que pensábamos que eran. Creo que (Justin) Trudeau lo está haciendo relativamente bien. Y sabemos lo que se piensa de (Donald) Trump. Ha sido bastante errático. Y de repente está acusando a la Organización Mundial de la Salud de no anticiparse. ¡Perdón! Lo hicieron mucho antes que él. Parece que su declaración de que no acepta ninguna responsabilidad se aplica a todo.

Los países empiezan a planificar la vuelta a la normalidad

Fotografía de EFE

Mientras la pandemia de coronavirus mantiene confinada a gran parte de la población del planeta, algunos países donde la plaga está perdiendo fuerza han empezado a planificar o incluso poner en marcha una cautelosa y escalonada vuelta a la normalidad, como hizo España el pasado lunes en algunos sectores industriales.

ITALIA SE PLANTEA LA REAPERTURA CON MUCHA CAUTELA

En Italia, con 20,000 muertos, uno de los países más afectados y que fue durante un tiempo epicentro de la pandemia, el Gobierno no quiere bajar la guardia y ha prolongado hasta el 3 de mayo las medidas de confinamiento de las personas en sus casas y el cierre de todas las actividades no esenciales.

El nuevo decreto permite, no obstante, la apertura de algunos pocos negocios que estaban hasta ahora cerrados, algo casi simbólico. Son las librerías, papelerías, tiendas de ropa para niños y algunos servicios forestales, que se suman a las tiendas de primera necesidad aún en activo, como supermercados o farmacias.

Las autoridades italianas insisten en que, aunque se está aplanando la curva de contagios y muertos, aun no es suficiente para retomar otras actividades. «No podemos poner en riesgo los sacrificios cumplidos porque así todos los resultados positivos logrados se podrían perder», ha dicho el primer ministro, Giuseppe Conte.

La esperanza del Gobierno italiano es que tras el 3 de mayo pueda dar inicio la llamada «Fase 2», la apertura gradual del país, y solo si antes de esa fecha se verifica una mejora de la situación, se podría pensar incluso en reiniciar algunos sectores.

Por ello ha pedido a las empresas que preparen protocolos de seguridad y desinfecten sus instalaciones cuanto antes.

Algunas regiones, dentro de sus competencias, ha adoptado algunas medidas diferentes.

Por ejemplo, Lombardía, la más afectada por la epidemia, ha decidido que no permitirá la apertura de las librerías y papelerías, contradiciendo las disposiciones anunciadas por Conte.

En cambio, en Véneto, donde la epidemia se ha podido contener mejor, va a flexibilizar algunas prohibiciones:se permitirá abrir mercados al aire libre y se podrá salir a hacer deporte a más allá de 200 metros del domicilio.

ESPAÑA PERMITE LA VUELTA AL TRABAJO EN SECTORES NO ESENCIALES

España, que junto con Italia y EUA es uno de los países con más casos y muertos, se prepara para salir de la «hibernación» y volver a recuperar algunas actividades no esenciales, como la industria pesada y la construcción.

Pero persistirá el confinamiento porque su «desescalada» no se producirá antes de dos semanas, sin descartar que las restricciones puedan mantenerse o reforzarse después del día 26. El estado de alarma y las restricciones concluyen ese día, pero el Ejecutivo no descarta prolongarlas hasta el 11 de mayo si fuera necesario.

Para ello, el Ministerio del Interior ha desplegado un operativo para repartir diez millones de mascarillas en puntos logísticos de toda España, como las estaciones de metro o las paradas de autobús.

Pero esta reapertura parcial de la economía no supone el final del confinamiento para gran parte de la población y se mantiene la suspensión de todas las actividades turísticas, hosteleras, educativas y deportivas.

ALEMANIA Y HOLANDA ESTUDIARAN PRONTO LOS PASOS A SEGUIR

En Alemania rige desde el 22 de marzo y, en principio, hasta el 19 de abril, la prohibición de reuniones o salidas de más de dos personas -ampliable, en caso de núcleos familiares u otras formas de convivencia-. Se permite la práctica individual de deportes al aire libre.

Las medidas fueron acordadas entre la gran coalición de la canciller Angela Merkel y los poderes regionales, a los que corresponde implementarlas. Baviera, el estado federado con más contagios, implantó el cierre casi total de la vida pública.

El miércoles próximo habrá otra reunión entre Merkel y los líderes para acordar los pasos a seguir.

Se estima que serán clave para ello las recomendaciones emitidas por el grupo de investigadores de la Academia Superior Leopoldina, que aconsejan la «pronta apertura» de las escuelas para alumnos a partir de diez años.

Los expertos de la Leopoldina condicionan la apertura gradual a que se «mantengan a un nivel bajo consolidado» los contagios y a «nivel alto» los parámetros de higiene en toda la vida pública.

En ese contexto se podría «reanudarse gradualmente» la actividad comercial, laboral y administrativa, así como, en fases siguientes y sin concretar plazos, la vida social, cultural, acontecimientos deportivos e incluso viajes privados o de trabajo.

Para resucitar. Evitar más castigo a los pequeños y medianos negocios es la consigna de la mayoría de gobiernos en la reapertura.

HOLANDA

El Gobierno holandés todavía no ha decidido cuándo empezará a relajar las medidas establecidas para luchar contra los contagios por el nuevo coronavirus, aunque el primer ministro Mark Rutte advirtió de que el regreso a la vida normal será «una cuestión de largo plazo» y que solo empezará una desescalada cuando las cifras de ingresos hospitalarios se hayan estabilizado.

«Los datos muestran con cautela que (las medidas) no se aplican por nada. Existe el riesgo de que la gente piense que pueden aflojar las reglas, pero eso puede ser un gran error», explicó Rutte.

En cualquier caso, el «confinamiento inteligente», la estrategia aplicada por el Gobierno holandés en la que se permite aún salir a la calle pero con el cierre de los lugares de reunión social, se aplicará hasta al menos el 28 de abril, y los eventos como conferencias, ferias, partidos de fútbol, etc. están prohibidos hasta el 1 de junio.

Rutte anunció que el 21 de abril tomará una decisión sobre la extensión o relajación de las medidas actuales, aunque subrayó que las posibilidades de que se amplíen son «reales» y enfatizó la importancia de quedarse en casa.

LONDRES CREE QUE ES PRONTO PARA PLANTEAR UN RELAJAMIENTO

El ministro británico de Exteriores, Dominic Raab, dijo que «es demasiado pronto» para plantearse un relajamiento de las restricciones impuestas hace tres semanas para contener la propagación del virus.

Raab sustituye a Boris Johnson al frente del Gobierno mientras el primer ministro se recupera del COVID-19 en su residencia oficial campestre de Chequers, tras salir del hospital londinense de St. Thomas, donde ingresó el 5 de abril y pasó tres noches en cuidados intensivos. «Habrá un momento en el futuro en que podremos hablar de una transición, pero aún no estamos en ese punto», afirmó Raab, en vísperas de que se cumpla la fecha en que legalmente el Ejecutivo debe revisar esas restricciones.

Raab sustituye a Boris Johnson (primer ministro británico) al frente del Gobierno mientras el primer ministro se recupera del COVID-19 en su residencia oficial campestre de Chequers, tras salir del hospital londinense de St. Thomas, donde ingresó el 5 de abril y pasó tres noches en cuidados intensivos. «Habrá un momento en el futuro en que podremos hablar de una transición, pero aún no estamos en ese punto», afirmó.

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VOLVER A LA VIDA NORMAL

Israel, Austria, República Checa y Escandinavia son algunos de los países y regiones que más avanzados tienen los planes de vuelta a la normalidad, si bien están condicionados a que la situación siga mejorando.

El Gobierno austríaco presentó ya una hoja de ruta para reactivar la economía de forma paulatina, con un primer paso que será la reapertura de los pequeños comercios de menos de 400 metros cuadrados.

Además, también el martes, volverán a abrirse importantes parques de Viena, como el del Palacio de Schnbrunn, aunque se reforzará la presencia policial para supervisar el cumplimiento de las reglas de distanciamiento social y evitar que se formen grupos.

Desde el uso de mascarillas también será obligatorio en los transportes públicos como ya lo son en los comercios.

Desde las restricciones decretadas el 16 de marzo solo establecimientos esenciales como supermercados, farmacias y estancos están abiertos al público. Las actividades en sectores estratégicos como obra, industria y agricultura han continuado con medidas especiales de seguridad.

La reapertura de los pequeños comercios se hará con limitaciones de clientes, la obligatoriedad de llevar mascarillas y medidas especiales de higiene.

El resto de comercios, si todo va bien, se abrirán a partir del 1 de mayo, mientras que restaurantes, hoteles y otros servicios, como salones de belleza o tintorerías, podrán retomar la actividad como pronto a mediados de mayo aunque esa decisión se supeditará a cómo evolucione la situación.

Los exámenes de final de curso y las pruebas que acreditan la superación del bachillerato se realizarán, pero los centros permanecerán cerrados al menos hasta mediados de mayo

Por el momento no se contempla permitir grandes eventos públicos, tanto deportivos como culturales, al menos hasta finales de junio. Tampoco hay una fecha prevista para la reapertura de cines y teatros, cuya situación se evaluará en las próximas semana. Otras instalaciones públicas como piscinas, pistas deportivas y gimnasios permanecen cerrados y a finales de abril se ofrecerá más información sobre posibles fechas de reapertura.

ISRAEL

En Israel, el Consejo de Seguridad Nacional ha diseñado un plan para salir de la emergencia sanitaria y reactivar la economía en cuatro fases.

En una primera etapa los trabajadores del ámbito financiero, alta tecnología o industrias -que emplean a más de un 10 % de la población- podrían volver a trabajar adoptando reglas para prevenir el contagio: con mascarillas, una distancia de dos metros y estrictas normas de higiene.

En esta fase también se ampliaría el transporte público -ahora funciona bajo mínimos-, podrían reabrir los centros de educación especial o preescolares y las oficinas del sector público retomarían su actividad en un 50 %.

Las siguientes tres etapas se sucederían con dos semanas de distancia cada una.

El segundo paso sería la apertura de comercios y negocios no esenciales, actualmente cerrados, y el regreso a las escuelas de los niños de entre 6 y 10 años.

El siguiente nivel contempla la vuelta al funcionamiento presencial de los colegios para los mayores de 10 años, aunque se recomienda que las universidades sigan con el curso de manera virtual.

También se permitirá la apertura de cafés, bares y restaurantes, aunque en estos se deberán mantener las reglas de higiene básicas y el distanciamiento social.

La última fase solo se adoptará cuando la pandemia esté bajo control, y prevé reabrir el resto de espacios de ocio o culturales, como salas de cine o teatro. Será también en este momento cuando se permitirá el regreso a los centros comerciales, la celebración de competiciones deportivas y el retorno de la circulación de vuelos de pasajeros. Así, la vuelta del turismo al país no se prevé hasta una etapa avanzada.

El plan, sin embargo, no contempla la ampliación de la libertad de movimientos al mismo tiempo para toda la ciudadanía: la población de riesgo y los mayores de 60 años deberán permanecer encerrados mientras estas fases avanzan y las autoridades deberán definir el modo en el que se va aliviando su aislamiento.

Volver a confiar. En el regreso paulatino a las actividades, hay cautela. Las medidas de seguridad no van a desaparecer, a pesar del control de la pandemia.

REPÚBLICA CHECA

República Checa permite desde el pasado jueves la apertura de algunos comercios, como grandes tiendas de bricolaje, ferreterías y establecimientos de venta de equipamiento de ocio. La reapertura de los negocios se realiza con estrictas medidas de higiene, con geles desinfectantes a disposición de la clientela y una distancia de seguridad.

Ha relajado también algunas limitaciones impuestas sobre actividades deportivas. De esta forma, han reabierto centros de deporte al aire libre donde los usuarios no tienen obligación de usar mascarilla pero deberán mantener una distancia de dos metros entre ellos. Los vestuarios permanecerán cerrados..

En el país centroeuropeo se ha prolongado el estado de emergencia hasta el 30 de abril y es obligatorio el uso de mascarillas o una prenda que cubra boca y nariz, como una bufanda, al salir a la calle.

Un equipo de expertos discutirá la apertura de algunos comercios no esenciales, como librerías, a partir de esta semana, según el ministro de Industria y Comercio, Karel Havlícek.

ESCANDINAVIA

En Dinamarca reabrirán este martes las guarderías y escuelas de todo el país, pero se mantienen hasta el 10 de mayo al menos la prohibición de concentraciones de más de diez personas, así como el cierre de fronteras a extranjeros sin permiso de residencia.

En Suecia, el país que hasta ahora adoptó medidas menos severas y mantuvo abiertas las escuelas, el gobierno consensuó a principios de mes con la oposición una ley de emergencia que le permite adoptar medidas inmediatas contra la pandemia.

TRUMP SE IMPACIENTA

En el actual foco de la pandemia, Estados Unidos, el país con más casos y más muertes por coronavirus, el Gobierno federal planea mantener al menos hasta el próximo 30 de abril su recomendación de que los estadounidenses trabajen desde casa y salgan a la calle lo mínimo posible, pero el presidente Donald Trump ha vuelto a dar señales de impaciencia.

Trump -que a finales de marzo ya abogó por que el país volviera a la normalidad el 12 de abril, pero luego se vio obligado a dar marcha atrás- está deseando reactivar la economía, un factor que puede ser determinante para lograr un segundo mandato en las elecciones de noviembre.

El presidente quiere que el grueso de la actividad económica se reanude el próximo 1 de mayo, según varios medios, pero muchos expertos en salud pública, incluidos algunos en el Gobierno, creen que ese objetivo no es realista y por eso la Casa Blanca no se ha comprometido públicamente con ningún calendario.

El principal epidemiólogo del país, Anthony Fauci, dijo este domingo que «quizá el próximo mes» podría iniciarse la reapertura parcial del país, pero el director de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), Robert Redfield, recordó este lunes que aún hay trabajo por hacer antes de dar ese paso.

Aunque el Gobierno federal emita recomendaciones, las órdenes de quedarse en casa dependen en último término de las autoridades estatales y locales, y hasta ahora 42 de los 50 estados de EUA, además de Puerto Rico y varias ciudades, han emitido decretos en ese sentido, por lo que aproximadamente el 95% de la población estadounidense (unos 316 millones de personas) está recluida.

La naturaleza no se domina con tanques y aviones

Mariano Esteban, virólogo. Fotografía de EFE

El virólogo español Mariano Esteban busca una vacuna contra el coronavirus causante de la Covid-19 desde su larga experiencia luchando contra estos «bichitos» que nos hacen tan vulnerables, porque la naturaleza no se domina con tanques y aviones, sino con armas muy pequeñas y específicas.

Director del grupo Poxvirus y Vacunas del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del CSIC, el Consejo Superior de Imvestigaciones Científicas de España, Esteban dice que del SARSCov-2 ha sorprendido su capacidad de contagio y cree que en el futuro habrá ciclos en los que reaparezca, pero se actuará más rápido y se conseguirá abortar su proceso de extensión.

Hoy, los ojos del mundo están mirando a la ciencia. ¿Justicia?

Los científicos somos gente muy callada y estamos ahí, siempre en la sombra, pero lo que pretendemos es tratar de hacer una labor a la sociedad. Yo, como virólogo, estoy tratando de controlar los procesos infectivos que nos atacan.

Es gratificante ver cómo la sociedad y los gobernantes están mirando a la ciencia con ojos más cercanos, pues es la que aportará el conocimiento sobre el virus y los medios de control de la pandemia con antivirales y vacunas.

Usted estudia una vacuna contra la covid-19 basada en una variante de la vacuna para erradicar la viruela, ¿por qué ha elegido este enfoque?

Porque la vacuna contra la viruela sirvió para erradicar la enfermedad más letal que ha padecido la humanidad. Esta variante nos sirve como vehículo transportador, al que insertamos en su ADN fragmentos del coronavirus. Eso nos permite que penetre en las células y produzca las proteínas del coronavirus que van a alertar al sistema inmune para crear anticuerpos que bloqueen el virus. También para activar la llamada respuesta celular de las células sanguíneas linfocitos T, producidos en la médula ósea, que son los encargados de reconocer la célula infectada y destruirla.

Es indudable que la ciencia es el eslabón más débil a nivel político, porque los científicos no llenamos campos de fútbol, ni cosas por el estilo, estamos en los laboratorios.

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¿Para cuándo esperan resultados?

Estamos avanzando, creo que en cuestión de unos días podremos tener un prototipo, que luego tenemos que caracterizar en células en cultivo y después en modelos animales.

En unos meses podemos tener ya la información sobre el tipo de respuesta inmunológica que induce en modelo animal y eso nos dará la pauta para hacer experimentos de desafío con el coronavirus, es decir, vacunar a ratones que expresan también el receptor humano ACE2 y ver si conseguimos protección después de la infección.

¿Tienen ya experiencia con este enfoque para otras enfermedades?

Ya habíamos experimentado esta aproximación para otros virus emergentes, como chikungunya, ébola o zika, y ha demostrado su alta eficacia. En estos casos conseguimos, en modelos de ratón, protecciones del 80 al 100% frente a los distintos virus.

Y en general, ¿para cuándo se puede esperar una vacuna?

Yo creo que todos coincidimos: entre un año y año y medio. Entiendo la ansiedad por tratar de tener una vacuna lo antes posible, porque sabemos que son el remedio más eficaz para luchar contra enfermedades. Es nuestra mejor herramienta, pero tener una vacuna conlleva múltiples etapas para ver que es segura y protege claramente.

Actualmente hay cientos de ensayos clínicos con prototipos de vacunas en China, Europa, Estados Unidos. Al final conseguiremos probablemente tener varios prototipos, lo cual es también una forma más eficaz de luchar contra esta pandemia.

El mundo ha conocido otros coronavirus, ¿por qué este ha originado una pandemia?

Porque nos ha sorprendido en su capacidad de contagiar a la población. Con el SARS, en 2002 y 2003, o el MERS, en 2012, se controló más rápidamente su capacidad de extensión, pero este ha aparecido muy agresivo al propagarse y diseminarse con tanta rapidez.

Aún quedan muchas cosas por saber sobre este coronavirus , en primer lugar cómo surgió, cuál fue el animal transmisor al humano, su ciclo infectivo, su interacción con el sistema inmune, tiempo de permanencia en el organismo, dónde reside su debilidad, pero todo ello lo iremos aprendiendo en un tiempo bastante récord si se compara con otras pandemias, como la del VIH.

Mariano Esteban, virólogo. Fotografía de EFE

Mucha gente nunca hubiera imaginado que algo tan pequeño como un virus pudiera hacer tantos estragos. ¿Esto nos tiene que hacer pensar en nuestra vulnerabilidad?

¡Claro que somos muy vulnerables! No pensemos que dominamos la naturaleza con tanques y aviones y todo este tipo de armas sofisticadas. No. Las que necesitamos son armas muy pequeñas, pero muy específicas, como antivirales y vacunas, frente a estos agentes que son muy agresivos y están causando un gran sufrimiento y muertes en la población mundial y estas enormes pérdidas económicas, lo que era impensable en una sociedad tecnológicamente avanzada.

Lo que tenemos que hacer es dar más apoyo a la ciencia para que utilice todos sus recursos para prevenir estos virus y otros emergentes y dañinos que van a ir apareciendo cada pocos años.

Habla de apoyo a la ciencia, pero durante años sus presupuestos han sufrido recortes.

Es indudable que la ciencia es el eslabón más débil a nivel político, porque los científicos no llenamos campos de fútbol, ni cosas por el estilo, estamos en los laboratorios y somos un colectivo al que, finalmente, a la hora de los recortes siempre nos afectan.

La ciencia es clave para evitar que todos estos virus, estos bichitos que llamamos, nos estén atacando continuamente, además de las bacterias, que se van haciendo cada vez más resistentes a los antibióticos.

La ciencia en España se ha visto muy desfavorecida, pero también ha sido general a nivel mundial, porque se piensa que los científicos, ahí, en los laboratorios, somos elementos raros, como que nos entretenemos, pero trabajamos duramente. Estamos ahí luchando para entender la biología de los virus, cómo actúan y conseguir vacunas y antivirales, pero si no tienes financiación no puedes abordar esos proyectos

¿Hay avances en que la sociedad reconozca su trabajo?

Si la sociedad lo demanda, los políticos van a actuar. Necesitamos del apoyo de la sociedad, que vea a la ciencia como una herramienta imprescindible para la salud y el avance tecnológico, y a los científicos como personas que están ahí para defenderles contra las enfermedades y hacer que tengan una calidad de vida mucho mejor. Esta pandemia nos está poniendo a todos en nuestro sitio.

«Canjeables e inadaptados» Mario Benedetti

Ilustración Moris Aldana

El dominio de un oficio es algo que siempre importa en un escritor. Pero ese oficio debe representar algo más que dejar caer el acento obligatorio en la sexta cuenta del endecasílabo o cuidar que un drama cumpla puntualmente con las exigencias de planteo, nudo y desenlace. Solo cuando llega a ser el instrumento adecuado para desarrollar un enfoque personal, solo cuando se convierte en el brazo ejecutor de un sentimiento o una idea originales, solo entonces el oficio del escritor adquiere su sentido, cumple verdaderamente su función. Pero cuando ese enfoque personal no existe, cuando el estilo se apabulla hasta el punto de convertirse en un desvaído y ajeno sonsonete, entonces el oficio pasa a refugiarse en un lenguaje híbrido, reseco, un lenguaje que, ni murmurado ni vociferado, habrá de provocar jamás la menor resonancia en el espíritu.

Por más que no se trata solo de ritmos o de estilos; se trata simplemente de jugarse o no en la propia obra. Ni siquiera es cuestión de comprometerse, con un fervor integral, en ordenaciones políticas, filosóficas o religiosas. Un escritor puede, a veces, salvar su nombre no comprometiéndose, sosteniendo porfiadamente su resistencia a dejar de ser él mismo. Pero lo menos que puede pedírsele a quien escribe es que crea en la literatura, y, en consecuencia, que esta le importe como medio de expresión, como forma de desbordar hacia el mundo.

Todo esto tiene un inevitable aire de manual (mejor dicho, de notas al pie de los manuales), pero consiente sin embargo cierta referencia a algo que no sabemos exactamente si somos, pero que por las dudas pregonamos ser. Este es un país de muchos escritores. Cierto. Un país de pocos enfoques personales. Más cierto aún. La consecuencia que podría extraer algún observador sin excesivos prejuicios, es que no alcanza con tener ganas de escribir. Es preciso, además, tener algo que decir.

Uno de los aspectos más patéticos de nuestro presente literario, lo constituye el hecho de que muchos escritores uruguayos no tengan nada que decir, y sobre todo, que ellos sean los primeros en saberlo. Pero no todas las culpas deben de caer sobre esas testas, tantas veces coronadas por los jurados ministeriales. En realidad, todos somos responsables.

Este es un país de muchos escritores. Cierto. Un país de pocos enfoques personales. Más cierto aún. La consecuencia que podría extraer algún observador sin excesivos prejuicios, es que no alcanza con tener ganas de escribir. Es preciso, además, tener algo que decir.

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Hasta los diputados suelen darse cuenta, por ejemplo, de que la sociedad es responsable principal en el arduo problema de los menores inadaptados. Y los mayores inadaptados? Acaso la sociedad no es responsable de estos poetas, desdoblados en un Doctor Jekyll, honorable ciudadano de la Arcadia, y un Míster Hyde que pichulea en cuanto acomodo se le pone a tiro? En rigor, la única inadaptada es la porción jekylliana (confunde abstracción con distracción), ya que se debe reconocer que la mitad hydiana se adapta como un guante al más autóctono de los camanduleos.

El pobre lector cree hacer lo que puede: es decir, niega su mirada. Pero con eso no basta, porque, naturalmente, los poetas gacelares no escriben para. Ellos escriben. Punto. De modo que al lector, representante social en esta circunstancia, también le toca una poción de responsabilidad. Si el lector no ignorara deliberadamente las corzas (+), si el lector fuera en su busca y dijera su opinión sobre las mismas, quizá todo cambiara, quizá aquellos poetas «desterrados de sí mismos» (como alguno de ellos reconoce serlo) se resolvieran por fin a escribir para. A nadie se le ha ocurrido pensar qué podría suceder en el panorama literario nacional el día en que los poetas gacelares encontraran su segundo lector.

Aunque, en definitiva, no es el tema lo que cuenta. Fue Sara de Ibáñez, creo, quien introdujo las corzas en la literatura nacional, y hay que reconocer que aquellas eran válidas. Por qué? Porque evidentemente la autora creía, tenía fe en sus propias imágenes; de ahí que estas aparecieran pulidas por el fervor del descubrimiento, por la consciente adopción de un lenguaje. Aun hoy, cubiertas por varias capas de sonetos de imitación, aquellas primeras corzas siguen manteniendo un único, irrepetido color. Es bastante obvia la explicación de que fueron las únicas que pasaron por el resguardo de un buen gusto personal; y también, de que todas las otras tienen menos de emulación que de abigeato.

Salvo excepciones, que suelen depender más del azar que de la deliberación, la incanjeabilidad es un rasgo significativo en la obra de un poeta. La incanjeabilidad no siempre garantiza la calidad de un poema, pero asegura en cambio que este solo puede tener un autor. Un librito (tan vulnerable en lo específicamente literario) como Tata Vizcacha, de Washington Benavides, resulta empero absolutamente incanjeable, y es seguro que esta cualidad bastará para salvarlo justicieramente del olvido. Versos como: «Cuando descalzo recién salí/ era época de música bailable» solo pueden ser de Humberto Megget, y otros como: «La noche pozo suave/ y atorado de sueños/ soporta aún la cuota/ de otro y la rebasa» son de Idea Vilariño y nadie más. Pero versos tan deliberadamente neutros como: «Nacida en el temblor de una gacela/ y rodeada de tenues amapolas/ vieja mi niebla, con sandalias de olas/ por el sueño que un hálito desvela» podrían ser indistintamente de Juvenal Ortiz Saralegui, Luis Alberto Caputi, Arsinoe Moratorio y quién sabe cuántos más; el hecho de que hayan sido autorizados por la poetisa nombrada en tercer término, parece obedecer mejor al cumplimiento de un trámite administrativo que al de una vivencia personal.

La lectura de estos poetas que pueden sustituirse y hasta superponerse sin mayor compromiso ni violencia, deja por lo general una sensación extraña. Cada uno de sus sonetos está rebosando palabras famosamente poéticas, pero es evidente que todas esas notas no llegan a constituir un acorde. Resulta obvio señalar que no es el derecho a equivocarse lo que aquí se cuestiona. ¿Quién de nosotros está libre de errores? Lo que aquí se objeta es el desinterés por lo literario que esa poesía, tan fácilmente canjeable, pone de manifiesto, ese desinterés que al final de cuentas se convierte en desprecio, y que no solo alcanza a lo estrictamente literario sino también a los valores humanos que la literatura suele arrastrar consigo. Escribir porque sí, sin una necesidad interior que fuerce a ello ni un impulso vital que justifique el esfuerzo, no parece en verdad una tarea ineludible sino un largo apagón de la conciencia. Alguna vez escribió el incanjeable George Orwell: «En una época como la nuestra, en que el artista es una persona enteramente excepcional, ha de permitírsele el goce de cierto grado de irresponsabilidad, así como se le permite a una mujer embarazada», cabría preguntarnos si ese grado de irresponsabilidad seguirá siendo lícito, en el caso de una extendida y falsa alarma.

(+ Nota de edición: La generación del 45, a la que pertenecía Benedetti, usaba esa expresión en contra del modernismo cursi imperante en la literatura anterior y fue precisamente él quien la popularizó).