Venezolanos en Ecuador, radiografía del hambre que emigra por Latinoamérica

Fotografía de EFE

Un hombre famélico, con sus vestimentas color hollín y zapatillas roídas, camina solo, con paso firme y portando un petate, en dirección al puente de Rumichaca, entre Ecuador y Colombia; es una de esas tantas puertas de la esperanza para los venezolanos que huyen del hambre y la pobreza.

Con dos hendiduras a ambos lados del rostro, que dibujan el contorno de su mandíbula y la piel quemada por el sol y las inclemencias de la cordillera andina, este venezolano de nombre Fredy Ramón Castillo, de 60 años, ha recorrido más de 2,000 kilómetros desde Valencia, estado de Carabobo, hasta el principal acceso a Ecuador y lleva ocho días caminando.

«El sueldo no me alcanzaba para comprar medicinas y decidí salir de Venezuela para ayudar a mi mamá», afirma antes de romper a llorar por su situación, que comparten los cerca de 2,000 a 3,000 compatriotas, hasta 5,000 en los días álgidos, que cruzan este límite.

Es una frontera que solo en 2018 fue atravesada por más de un millón de venezolanos, de los que más de 220,000 no registraron su salida del país por puertos oficiales, según datos oficiales.

Venezuela afronta en el último lustro una grave crisis económica, agravada por la escasez de comida, medicinas, productos básicos y servicios como electricidad o agua potable, inseguridad, que ha llevado a más de 4 millones a dejar su país y engrosar el movimiento más grande y rápido de personas en la historia reciente de Latinoamérica.

Ecuador. Es el país que recibe a más emigrantes en proporción a su extensión territorial y número de habitantes de la región. Para finales de año se estima que su población llegará a medio millón de personas.

Ecuador es el cuarto receptor de venezolanos en América Latina después de Colombia, Perú y Chile, y tiene una población estimada de más de 300,000, cifra que podría acercarse al medio millón para finales de año, según vaticina su cancillería.

Es además el país que recibe a más emigrantes en proporción a su extensión territorial y número de habitantes de la región.

Cada día cerca de una veintena de autobuses llega a la divisoria con Ecuador procedente de Colombia, donde comienza el éxodo por la región suramericana, aunque numerosos individuos solos o en grupo hacen el recorrido a pie.

Es el caso de media docena de hombres y mujeres en la veintena, que alcanzan casi desmayados el límite territorial con dos bebés y sus vidas en apenas dos maletas con ruedas y varios bultos que se han ido turnando en cargar en su largo trecho.

«Comenzamos hace 19 días», refiere a Efe Edison Mendoza, del estado de Lara, con su hija de año y medio dormida en su regazo.

Ecuador. Es el país que recibe a más emigrantes en proporción a su extensión territorial y número de habitantes de la región. Para finales de año se estima que su población llegará a medio millón de personas.

Su objetivo también es llegar a la capital peruana, donde tienen familiares, tras haber descartado Ecuador. «Porque no tener nada que comer nos ha motivado a recorrer todo esto, y lo que nos falta», comenta.

De acuerdo a un reciente informe de seguimiento del flujo de la población venezolana en Ecuador de la Organización Internacional (OIM), el 54.4 % de los venezolanos inició su viaje entre uno y siete días antes de llegar a los principales puestos fronterizos, donde el costo promedio del mismo fue entre $100 y $500.

Asimismo, el 46.3 % viaja solo, el 42.9 % con familiares y el 10.6 % con un grupo no familiar; y el 33.8 % de los encuestados en la frontera expresó su deseo de permanecer en el país, el 52.3 % planea radicarse en Perú y el 12.4 % en Chile.

Con una economía dolarizada y un envío regular de remesas a Venezuela que promedia los $20, Ecuador se ha tornado para muchos en una opción donde empezar de cero.

El perfil de los que en estos momentos ingresan a este país está cambiando respecto a los últimos años, según subrayan los organismos internacionales, con un aumento de las mujeres (44.7 %), y en su gran mayoría con el bachillerato acabado (43.6 %), cuando en años precedentes solía hacerlo un mayor número de licenciados.

«Podemos decir que en una primera etapa de la movilidad fueron los cabezas de familia, y ahora desde hace un año tuvieron sus recursos económicos y pueden hacer la reunificación familiar», indica a Efe Vladimir Velasco, director distrital del Ministerio de Inclusión Económica y Social de Ecuador (MIES), en la ciudad fronteriza de Tulcán, aledaña a Rumichaca.

A escasos metros del puente internacional, en la divisoria común, un autobús fletado por la OIM efectúa su última parada del trayecto desde Colombia y a sus escalerillas, un trabajador del organismo informa a los pasajeros venezolanos que descienden que se separen en grupos en función de los que se quedan en Ecuador y los que siguen recorrido a Perú, que desde el sábado exige visado humanitario.

Junto con el grupo de recién llegados, tres jóvenes maleteros venezolanos esperan sacarse unas monedas ayudándoles a cargar sus pertenencias hasta el área donde deben proceder a regular su documentación.

Reciben pesos y dólares de la nueva modalidad de pasajeros emigrantes, que les dan para tirar, «algunos días llegamos, otros no», refiere Lewis Cuello, de Caracas, si tienen suerte incluso envían algo a la familia en la República Bolivariana.

A ambos lados del cruce varios habitáculos de organizaciones internacionales, como ACNUR, UNICEF, Cruz Roja Internacional, Programa Mundial de Alimentos, ONG, gobiernos locales y cancillerías, se han convertido para muchos de los viajeros en parada y fonda en su trayecto.

Los niños juegan en espacios lúdicos y los mayores cargan sus celulares en un punto habilitado, chequean su salud o simplemente reciben alimentos en una espera que puede demorarse varias horas.

La mayor parte de los viajeros que atraviesan la frontera ecuatoriana lo hacen con cédulas de identidad y pasaportes, aunque el 2.5 % no posee documentos, especialmente menores, constatan las entidades responsables.

Entre inicios de febrero y finales de marzo de 2019, el Gobierno ecuatoriano exigió la presentación de antecedentes penales apostillados a los venezolanos que ingresaron en el país, medida suspendida por la justicia.

El viaje. El 46.3 % de los venezolanos que viaja a Ecuador lo hace solo, el 42.9 % con familiares y el 10.6 % con un grupo no familiar.

Pese a liderar esfuerzos regionales para hacer frente al fenómeno, abogando por una flexibilización y políticas de «brazos abiertos» a la población vulnerable, el presidente, Lenín Moreno, ha anunciado que se exigirá una visa humanitaria, siguiendo con el ejemplo peruano.

Desde Rumichaca parten al día en función de la demanda, entre cuatro y ocho autobuses humanitarios con destino a Huaquillas, en la divisoria con Perú, flujo que podría frenarse una vez que ha entrado en vigor la disposición adoptada por Lima.

Una plazoleta que alberga las instalaciones humanitarias en el cruce con Colombia se ha tornado en un gran recinto de espera donde se agolpan las familias venezolanas con sus pertrechos.

Génesis Camacho, de 24 años y oriunda de Zulia, espera su turno para poder alimentar a su hijo pequeño gracias al Banco de Alimentos. Viajó con su marido en autobús y piensa radicarse en Ecuador donde ya se encuentra toda su familia. «Éramos los últimos», asegura.

Cada vez se observan más casos de madres que migran con sus hijos, mayores o personas con discapacidad que en una primera etapa no se lo planteaban.

Una tendencia «creciente», según la alta comisionada adjunta de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Kelly Clements, que en su primera visita al país andino advirtió a Efe que la mayoría de los venezolanos en situación de movilidad por la región requiere de «protección internacional».

El éxodo masivo de venezolanos se aceleró a partir de 2016, se agudizó en los últimos dos años, en paralelo al pulso de poder entre el líder chavista Nicolás Maduro y el opositor Juan Guaidó, reconocido como presidente interino por más de 50 países.

Como en casi todo el continente, muchos comienzan en un cruce de caminos con un cartel que reza: «Soy venezolano, tengo hambre, por favor ayúdame».

Donbás, la guerra olvidada

Fotografía de EFE

Bombardeos diarios, cazas de zinc, corredores humanitarios, campos de minas y odio, mucho odio. El conflicto del Donbás tiene todos los ingredientes de una guerra fratricida, pero el resto del mundo mira para otro lado. Sin hidrocarburos de por medio, las hostilidades en el este de Ucrania son vistas casi como rencillas entre vecinos.

Cada vez son menos los políticos occidentales que sacan a la luz el sufrimiento de millones de ucranianos que lo han perdido todo: sus familias, sus propiedades, su país, su libertad. Los acuerdos de paz de Minsk se firmaron en febrero de 2015, pero ninguno de los bandos ha cumplido con su parte. El resultado son más de 10,000 muertos, entre soldados del Ejército ucraniano, milicianos prorrusos y civiles, según la ONU.

El apagón informativo es cada vez mayor. El hartazgo se ha extendido a la opinión pública internacional, más preocupada por otras cuestiones. Mientras, los horrores del Donbás se han convertido en un lugar común para los ucranianos, que empiezan a entender que solo podrán salir del infierno en el que se han metido por sus propios medios.

El Donbás, que recibe su nombre de la cuenca del río Donets en el este de Ucrania y adquirió fama mundial por sus ricos yacimientos hulleros, incluye a las regiones de Donetsk y Lugansk, ambas limítrofes con Rusia. La guerra ha partido en dos ambas regiones, una mitad controlada por los separatistas prorrusos y la otra bajo dominio del Ejército ucraniano. Los Acuerdos de Minsk de febrero de 2015 estabilizaron el frente y trazaron una línea de separación de fuerzas entre ambos bandos. La guerra a gran escala cesó entonces, pero las hostilidades y escaramuzas son constantes.

SLAVIANSK, EL CORAZÓN DE LA SUBLEVACIÓN

«Gracias por acordaros de nosotros», grita uno de los policías apostados a la entrada de la comisaría de Slaviansk, región de Donetsk, donde el 12 de abril de 2014 estalló la sublevación prorrusa. Los residentes del Donbás tienen la impresión de que el mundo se ha olvidado de ellos y temen que la guerra se convierta en un conflicto congelado, sin vencedores ni vencidos.

No es causalidad que el retirado oficial ruso Ígor Strelkov, líder de la rebelión prorrusa, eligiera Slaviansk como centro de operaciones. «Recibimos el apoyo total de la población. El 90 % de los habitantes de Slaviansk quería unirse a Rusia y, además, todos hablaban en ruso, no en ucraniano», comenta a Efe. Slaviansk está orgullosa de su pasado, estrechamente vinculado al imperio ruso desde su fundación a finales del siglo XVII.

El Ejército ucraniano intenta ganar adeptos en las zonas de Donetsk y Lugansk bajo su control, como Slaviansk, pero las heridas de la guerra aún supuran y las huellas de la destrucción son latentes. Cinco años después, la pequeña localidad de Semiónovka, escenario de una de las primeras batallas de la guerra, recuerda a Dresde después del bombardeo aliado de 1945, o a Grozni tras la ofensiva rusa contra Chechenia en 1994.

Fotografías de EFE

No hay un alma en sus calles. Los escombros de lo que antaño era un hospital y las viviendas de la zona son ahora hogar de ratas y alimañas. Todas las paredes están agujereadas por balas de ametralladora de grueso calibre. Ningún tejado aguantó el incesante bombardeo con mortero. Las únicas señales de vida son dos viviendas reconstruidas por vecinos con cara de pocos amigos y una nueva clínica para niños con deficiencia.

«Aquí no hay futuro», señala Misha, un veinteañero que antes trabajaba para los ferrocarriles y que cuenta que la mitad de sus compañeros de clase emigró a la vecina Rusia. A la entrada del pueblo hay un memorial, pero está dedicado exclusivamente a la media docena de militares ucranianos caídos en los combates en Semiónovka. Nadie se atreve a profanarlo, pero son muchos los que no entienden por qué no hay un monumento a los civiles muertos. Lo que ellos ven como una conflicto civil contra la opresión del Gobierno nacionalista, en Kiev lo ven como una guerra contra separatistas apoyados por el jefe del Kremlin, Vladímir Putin.

«Un amigo mío murió aquí. Y no era un miliciano. Iba por la calle y una bomba lo mató», recuerda Alexandr, un taxista que rebosa rencor hacia Kiev.

“Aquí no hay futuro”, señala Misha, un veinteañero que antes trabajaba para los ferrocarriles y que cuenta que la mitad de sus compañeros de clase emigró a la vecina Rusia. A la entrada del pueblo hay un memorial, pero está dedicado exclusivamente a la media docena de militares ucranianos caídos en los combates en Semiónovka. Nadie se atreve a profanarlo, pero son muchos los que no entienden por qué no hay un monumento a los civiles muertos.

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ODIO QUE NO CICATRIZA

El Gobierno ha llenado la ciudad de carteles en ucraniano, un idioma que casi nadie habla. El ruso es la lengua franca para todos. «Vivimos bajo ocupación», comentan muchos vecinos. En el centro de Slaviansk ha aparecido un iglesia autocéfala, pero todos acuden al templo vinculado al Patriarcado de Moscú. También ha cambiado el nombre de las ciudades, de «Limán Rojo» a solo Limán, de Artiomovsk a Bajmut, aunque todo el mundo está apegado a los viejos nombres. «Hasta retiraron la estatua de Lenin de la plaza», insiste Alexandr.

Tampoco se celebra el 12 de abril, sino el 5 de julio, cuando los soldados ucranianos liberaron la ciudad del yugo ruso. Todos los años, el Ayuntamiento recuerda a los 63 soldados que perdieron la vida en la batalla de Slaviansk. «Con Strelkov se vivía mucho mejor. Fusilaba en el acto a los ladrones y bandidos», contraviene Vasili, un joven oriundo de Slaviansk, sobre los dos meses de control prorruso.

El miedo atenaza a muchos. Algunos lo tienen porque participaron activamente en la sublevación, cuentan con familiares en el bando separatista o porque estuvieron en Rusia.

«La situación es pacífica, pero sufrimos las secuelas de la guerra», comenta a Efe Vadim Liaj, alcalde de Slaviansk. Y es que Slaviansk está a apenas cien kilómetros del frente. Reconoce que Kiev «no es muy popular» entre los habitantes de la zona, pero cree que la principal demanda del pueblo no es la independencia, sino la mejora del nivel de vida. «La gente no está contenta porque los frigoríficos están vacíos y no hay nada que comer. Lo que pasa es que cuando en el Donbás se quejan de las altas tarifas, en Kiev ven la mano de Moscú. La gente se va a Polonia y Rusia no porque se sienta perseguida o no pueda hablar en ruso, sino porque quiere ganar dinero para mantener a su familia», apunta.

EL CORREDOR DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

En ningún lugar es tan evidente el odio como en Stanitsia Lukanska, el único corredor humanitario en 150 kilómetros de frente en la provincia de Lugansk. Debido a la voladura del puente sobre el río Severski Donets por las milicias prorrusas, que querían evitar una posible incursión con blindados del enemigo, más de 10,000 personas deben recorrer diariamente los 5 kilómetros de corredor para comprar alimentos o cobrar salarios y pensiones.

La peregrinación incluye a personas de todas las edades y a familias enteras, ya que la escasez es la nota predominante en territorio prorruso debido al bloqueo impuesto por el Gobierno ucraniano sobre este territorio separatista. Es por eso por lo que la promesa que hizo Vladímir Putin de reducir a menos de tres meses la espera para obtener el pasaporte ruso ha animado a muchos, que confían en salir de una vez por todas del círculo vicioso del odio, la guerra y la destrucción.

Entre todos, quienes peor lo pasan son los jubilados, ya que deben recorrer este paso libre cada dos meses para demostrar que están vivos, de lo contrario no cobrarán su pensión. La caminata es especialmente ardua en invierno, ya que la nieve y las bajas temperaturas lo convierten en una odisea. Algunos pensionistas se ven obligados a contratar a jóvenes porteadores que, a cambio de unas 300 grivnas (unos $12) les llevan en sillas de ruedas, en trineos o en improvisados carritos de metal.

Alimentos. Un anciano transporta alimentos en un carro por el corredor humanitario de Stanitsia Luhanska.

«Es una forma honrada de ganarse la vida. No hay nada de qué avergonzarse», asegura Azot, un pequeño oseta de espalda encorvada que empuja un carrito con fruta y legumbres. Le miran un adulto y un joven, que esperan a un par de ancianas para llevarlas de regreso a su casa y cobrar su dinero.

Los caminantes culpan a Kiev de su sufrimientos. Los comparan con los nazis por bombardear con saña sus casas. Muchos se tapan la cara ante la proximidad de un reportero. Según explica a Efe una portavoz del Ejército ucraniano, los que se cubren son colaboradores de los «sépar» (separatistas, según la jerga militar) o trabajan para la autoproclamada república popular de Lugansk. «¿Es normal que una abuela como yo tenga que andar tantos kilómetros para cobrar su pensión?», lamenta una anciana de 78 años, que se queja de dolor de ciática y cojea ostensiblemente.

La guerra ha roto vidas y familias, pero alguien debe armarse de valor y de paciencia para recorrer los 5 kilómetros para visitar a sus seres queridos «al otro lado» de la zona de separación de fuerzas. Lo hacen de manera ordenada y sin abandonar el camino, ya que a ambos lados el territorio está minado. Además, los francotiradores prorrusos están apostados al otro lado del puente, por lo que nadie debe hacer movimientos en falso. También han dejado atrás casas y propiedades, por lo que deben visitarlas para evitar que sean desvalijadas.

Como en todas las guerras, siempre hay algunos que hacen negocio con la escasez. Algunos cruzan al lado controlado por Kiev para adquirir alimentos, productos o equipos electrónicos, cuyo precio en territorio separatista es mucho mayor. También están los porteadores que se ganan la vida haciendo un viaje al día y cargando hasta 75 kilogramos, el máximo permitido por el Ejército para evitar el colapso del puesto fronterizo, ya que cada persona debe mostrar su pasaporte y sus bártulos deben ser registrados minuciosamente.

Aunque las hostilidades tienen lugar a cientos de kilómetros de distancia, la guerra también se libra en la retaguardia. En Kiev, una pizzería situada en una calle aledaña a la plaza de la Independencia (Maidán) recoge donativos y contribuciones para los soldados que combaten en el frente. En la capital ucraniana cruzarse con gente de uniforme está a la orden del día.

Con todo, las elecciones presidenciales, en las que el actor Vladímir Zelenski arrasó a Poroshenko con su propuesta de diálogo con Rusia para acallar los cañones en el Donbás, demostraron que los ucranianos no quieren seguir combatiendo y muriendo y que, pese a que muchos consideran a Rusia un Estado agresor, quieren normalizar sus relaciones con Moscú, conscientes de que de ello dependen no solo la paz, sino el fin del infierno.

Negocio y necesidad. Sillas utilizadas para transportar a personas con dificultades de movimiento a la largo del corredor humanitario Stanitsia Luhanska. Los portadores cobran hasta 12 euros por trayecto.

El lujo de tener casa propia en Guatemala

Hacia arriba. Vista de la construcción de un edificio en la capital guatemalteca.

De unidades unifamiliares a viviendas verticales. La construcción se transforma y evoluciona en Guatemala, donde es un lujo tener una residencia. No solo por los bajos salarios mínimos –de unos $390 al mes–, sino también por la falta de créditos inmobiliarios de una banca conservadora.

El país está en un proceso de urbanización con grandes migraciones del área rural a la urbana porque las municipalidades, que antes no hicieron nada, ahora empiezan a ser conscientes de la baja densidad habitacional que tienen. Es por ello que empezaron a generar nuevos reglamentos de construcción que permiten edificios de apartamentos de seis niveles sin ascensor y sin parquímetros para vehículos.

LA IMPOSIBILIDAD DE ACCEDER A VIVIENDA

Esta combinación de factores, explica a Acan-Efe el constructor Eduardo Tabush –que cuenta con 19 años de experiencia en el sector–, permite el desarrollo de viviendas sociales urbanas con un valor de $32,700, incluida la exoneración del Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Eso representa que un guatemalteco tendría que destinar todo su salario durante 83.8 meses para adquirir su casa porque la informalidad en la que se encuentra la mayoría de la población no le permite acceder a la financiación bancaria para bienes inmobiliarios.

De los casi siete millones de personas que pertenecen a la población económicamente activa (PEA), 4.01 millones trabajan como asalariados, pero solo 1.31 millones de ellos están registrados como trabajadores formales en el seguro social.

Y la banca privada guatemalteca, comenta Tabush, es «demasiado conservadora» y le tiene una tremenda aversión al riesgo. Con poca liquidez para dar créditos a largo plazo debido a que no hay programas de ahorro obligatorio en el país, las entidades financieras únicamente hacen préstamos a los clientes de mayor recurso: los más seguros y rentables.

Impulsor de una iniciativa para crear el Instituto de Ahorro para la Vivienda (AVI), que en su opinión es una versión moderna y mejorada del Fondo Nacional del Ahorro en Colombia, del Central Fund de Singapur y del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) de México, el experto sostiene que a la banca guatemalteca le falta «agresividad» porque no quiere prestar para vivienda de bajo costo.

Los precios varían, incluso en una misma zona con varios proyectos de vivienda. Porque un metro cuadrado de un apartamento puede valer entre $1,500 y $2,300, pero el de las casas cuesta entre $150 y $500.

La oferta de vivienda y la financiera que la acompaña se ha concentrado en el país a atender a familias de mayores ingresos y durante los últimos 20 o 30 años se han desarrollado proyectos de casas en la periferia, creciendo la «mancha urbana».

LOS ATASCOS

Entrar a la capital desde esos «suburbios» y zonas residenciales es cada vez más complicado y tardado. La poca infraestructura vial y un parque de vehículos en aumento complica la situación y hace que el guatemalteco promedio pierda entre 2 y 3 horas en el tráfico cada día.

La Entidad Metropolitana Reguladora de Transporte y Tránsito (EMETRA) dice que en Ciudad de Guatemala circulan al menos 1.5 millones de vehículos. Y para evitar esas grandes colas la mayoría de las familias están comprando el apartamento urbano y no la casa en la periferia, pagando más pero por un producto completamente diferente y no por un alza de precios, según el experto.

LAS LICENCIAS

Para el presidente de la Cámara Guatemalteca de la Construcción (CGC), Javier Ruiz, desde 2015 se inició la promoción de apartamentos, es decir, de viviendas verticales.

En 2018, la Ventanilla Única aprobó 55 licencias de complejos verticales con un total del 1,917,226 metros cuadrados, 28 de esos proyectos en la zona 15, una de las áreas residenciales con mayor ampliación de edificios de oficinas y apartamentos en los últimos tres años.

Mientras que en 2017 solo fueron 33 licencias de complejos habitacionales verticales, es decir, que el año pasado hubo un incremento de 66 %.

Sin embargo, la totalidad de construcciones de viviendas en 2018 superó los 3.8 millones de metros cuadrados, con una alza del 41 % en relación con 2017.

En 2018, la Ventanilla Única aprobó 55 licencias de complejos verticales con un total del 1,917,226 metros cuadrados, 28 de esos proyectos en la zona 15, una de las áreas residenciales con mayor ampliación de edificios de oficinas y apartamentos en los últimos tres años.

En el retraso de la construcción incide la burocracia. Para conseguir una licencia una empresa debe presentar unos 250 documentos y dar 170 pasos con un costo aproximado de 60,000 quetzales ($7,800). Y eso no solo tiene un impacto en la economía, sino también en la generación de empleo.

Son nueve las instituciones del Estado, además de la municipalidad, las que deben avalar una licencia en Guatemala. Sin embargo, se ha puesto en marcha el ejercicio sobre la implementación de la Ventanilla Única de Construcción en la que en menos de 48 horas se autorizaron 20 licencias.

«Estamos seguros de que la ventanilla será un claro aporte al clima de negocios en el país, lo que se reflejará en la mejora del indicador de Licencias de Construcción medido por el Banco Mundial», sostiene el ministro de Economía, Acisclo Valladares.

Una vez inaugurada esa ventanilla, los interesados llevarán un único expediente físico al que dará seguimiento una sola persona, que se encargará de obtener los 14 documentos previos requeridos para llegar a la Municipalidad de Guatemala.

DÉFICIT HABITACIONAL

Pero el impacto de la falta de vivienda en Guatemala sigue siendo alto, ya que se considera que se necesitan construir 1.7 millones de unidades con espacios que incluyan áreas verdes, transporte público, seguridad y reducción de contaminación en las ciudades.

La propuesta de la cámara es la aprobación de la ley de interés preferencial para el acceso a la vivienda, con la que esperan, en un plazo de 10 años, reducir en 50 % el déficit.

Según proyecciones del Banco de Guatemala (central), durante este año el sector de la construcción tendrá un crecimiento del 3 %.

Unas cifras que permiten concluir que el sector vivienda es un importante dinamizador de la economía nacional y una fuente de generación de empleo. Por cada 500 metros cuadrados de construcción se generan alrededor de 100 empleos, según la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas (ANACOVI).

BURBUJA INMOBILIARIA

Pese a la «sobreoferta», en Guatemala se descarta que se pueda registrar una burbuja como la ocurrida en Estados Unidos, Irlanda o España, o como está ocurriendo en Australia.

«Es imposible» porque para ello, asegura a Acan-Efe Tabush, se necesita que se otorguen «grandes créditos» a personas con insolvencia económica o tener una banca «semi o completamente cómplice» en el acto y un mercado secundario hipotecario que compre esos préstamos.

Aire. Expertos han descartado que, por el momento, se pueda dar un fenómeno de “burbuja inmobiliaria” en Guatemala.

Tenochtitlán: la imponente ciudad mexica que hizo dudar a Hernán Cortés

Desde siempre fue una gran ciudad. La arquitecta y cronista de la Ciudad de México María Bustamante señala la admiración que inspiraba la capital de los mexicas.

El 14 de marzo de 1519 Hernán Cortés y sus tropas llegaron a la imponente ciudad de Tenochtitlán, capital del imperio mexica, cuya arquitectura y urbanismo les hizo dudar sobre si deberían mantener sus majestuosas edificaciones y amplios canales, o erigir una nueva urbe al más puro estilo europeo.

Según describen las crónicas del siglo XVI elaboradas por frailes y militares españoles, el territorio que hoy ocupa parte de Ciudad de México era percibido como la Venecia de América, en la que los conquistadores encontraron edificios de culto de hasta 40 metros de altura, dimensiones que pocas construcciones del mundo alcanzaban en esa época.

“Tuvo que ser difícil decidir entre destruirlo o hacer algo nuevo. Hernán Cortés vivió un gran conflicto emocional”, explicó la arquitecta y cronista de Ciudad de México María Bustamante.

A pesar de esto, pronto se dieron cuenta de que una población que basaba su organización urbanística en templos y construcciones sagradas y que relegaba los espacios habitables a un segundo plano no podría cumplir los requisitos de una ciudad europea.

Lo mismo pudieron pensar sobre el territorio donde los mexicas decidieron establecerse en 1325: un pequeño islote inhóspito que no había sido habitado en siglos, rodeado de lagos y terrenos húmedos. Todo lo contrario a lo que podrían imaginarse los europeos como origen de un imperio.

Sin embargo, precisamente eso vieron los mexicas, un lugar profético donde conseguir construir una ciudad a su manera.

“Lo que vieron fue esa concepción de haber encontrado el lugar, la profecía. Y, habilidosos, encuentran cómo hacer que el islote sea habitable”, detalló Bustamante.

Desde su llegada hasta la entrada de los españoles, en 200 años los mexicas construyeron una Tenochtitlán muy desarrollada, un sitio “muy curioso urbanísticamente”, según el periodista y también cronista de Ciudad de México Jorge Pedro Uribe.

“Los mexicas gozaban de disciplina urbanística: la urbe estaba dividida en cuatro parcialidades, cada una con su propio centro ceremonial, además del gran templo mayor en la unión de los dos grandes ejes norte-sur y este-oeste. También tenían acequias y un sofisticado sistema de control de las aguas”, precisó Uribe.

Los habitantes de la ciudad habían desarrollado gran dominio de los lagos que rodeaban el islote, pues algunos eran de agua salada y otras de agua dulce, por lo que tenían que conseguir que el agua salada no anegase la ciudad, a la vez que canalizaban el agua potable para consumo humano.

Bustamante explicó que “tenían una gran ingeniería hidráulica, muy adaptada a lo natural; podríamos decir que fueron los primeros urbanistas sustentables”.

Fue precisamente este desarrollo uno de los que los conquistadores españoles intentaron perpetuar, junto con el trazado urbano reticular, basado en la cosmogonía, o la división en cuatro parcialidades.

“A partir de eso, aprovechan lo anterior y experimentan con un trazado urbano renacentista” más adaptado a los modos de vida europeos, con patios, habitaciones y una construcción más masiva, explicó Uribe.

“Los mexicas gozaban de disciplina urbanística: la urbe estaba dividida en cuatro parcialidades, cada una con su propio centro ceremonial, además del gran templo mayor en la unión de los dos grandes ejes norte-sur y este-oeste. También tenían acequias y un sofisticado sistema de control de las aguas”, precisó Uribe

Además, también aprovecharon la orientación de la ciudad, hacia el oriente, grandes calzadas como Tacuba y Tlalpan, las comunicaciones desde el islote con el perímetro del lago y las acequias principales, como la real, que duró hasta mediados del siglo XX, según Martín Ríos, profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Sin embargo, en los siguientes siglos se fue perdiendo el conocimiento y el control del agua debido a las “malas decisiones relacionadas con intentar sobreponerse a la naturaleza”, entre ellas secar los lagos que rodeaban lo que ahora es el centro histórico de Ciudad de México.

“Fue la peor decisión pero era necesaria (…) porque casi cada década se inundaba la ciudad con 3 metros de agua por uno o dos años; resultaba difícil de habitar”, explicó Bustamante.

Desde entonces, como se puede apreciar al caminar por el centro histórico, los desniveles en calles y edificios son muy notables porque la tierra se hunde al haberse extraído el agua de las capas menos superficiales.

Cada año, la zona donde estaba ubicada Tenochtitlán se hunde entre 4 y 5 centímetros, y hay investigadores que aseguran que en los siglos desde la conquista en 1521 el nivel del suelo ha bajado hasta 40 metros.

Por esto y por la presencia de numerosas edificaciones prehispánicas bajo los edificios actuales, que en algunos lugares como en la calle Moneda del centro histórico parecen querer salir a la superficie o al menos asegurarse de no quedar en el olvido, los entrevistados aseguraron que Tenochtitlán es palpable en cada rincón de la ciudad.

“Tenochtitlán no está tan arrasada como nos enseñaron, ni tan debajo de la tierra como creemos, sino que la tenemos a flor de piel o a flor de banqueta (acera). Sabiendo mirar podemos ver a Tenochtitlán en el centro histórico solo con un poco de imaginación y conocimiento”, terminó Uribe.

Más abajo. La zona en donde estaba ubicada Tenochtitlán cada año se hunde entre 4 y 5 centímetros. Desde 1521, ha bajado hasta 4 metros, según los investigadores.

Así fue la campaña electoral española, de la A a la Z

Fotografía de Agencias

Hasta una campaña electoral tan atípica e intensa como la que España vivió en las últimas dos semanas, dio de sí lo suficiente como para desmenuzarla en un abecedario.
Así fue, de la A a la Z, la carrera electoral hacia el 28 de abril.

A de animales
No hay campaña que se precie sin candidatos posando con animales, habitualmente cuando pasan por la España rural. Pero en esta ocasión algunos participaron, además, en actos de defensa de los animales exponiendo sus promesas en este campo.
Lo hicieron, por ejemplo, los líderes de Ciudadanos (liberal), Albert Rivera; y Podemos (izquierda), Pablo Iglesias; aunque en actos distintos, por supuesto. Iglesias llevó incluso a su perra, Leona (tiene otras dos).

B de bulos
Los candidatos saben que ya no pueden decir cualquier cosa, hacer cualquier promesa al votante o lanzar cualquier acusación al adversario sin más. Verificar se convirtió –afortunadamente– en una práctica habitual en los medios de comunicación.
Los bulos se descubren, y el periodismo está vigilante.

C de crispación
La bronca fue continua en esta campaña, y la mayor competencia elevó aún más el tono. No solo por las acusaciones que se lanzan unos a otros, también por los calificativos: indecente, indigno, golpista o amigo de golpistas, manos manchadas de sangre…
Hasta “progre” se usa como un insulto. Al menos para el ultraderechista Vox.

D de debates
Primero fue el debate sobre los debates. Fueron varios días de discusión y polémica sobre lo que querían los partidos, lo que permitió la Junta Electoral Central y lo que tuvo que rectificar el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras quedarse sin su deseado con cinco líderes que incluyera a Vox.
Al final, fueron dos debates a cuatro, en días consecutivos.
Pablo Casado (Partido Popular, PP, conservador) y Albert Rivera compitieron por el liderazgo del centroderecha y trataron de cercar al socialista Sánchez, quien aguantó los embates, aseguró que no estaba en sus planes pactar con Ciudadanos y lanzó mensajes de gratitud a Pablo Iglesias.
Y el líder de Podemos sorprendió a todos pidiendo mesura, moderación y por momentos pacificando.

E de encuestas
Los medios publicaron el pasado lunes las últimas encuestas –la ley impide hacerlo después de ese día–, en las que se reafirma la tendencia de que el PSOE será el ganador, pero sin despejarse el enigma de cómo podría gobernar o si el bloque PP-Cs-Vox sumaría mayoría.
Los sondeos, además, coinciden en el elevado porcentaje de indecisos electores.

F de falcon
Falcon, el avión ejecutivo del Gobierno español. La ficticia agencia Falcon de viajes montada por la rama juvenil del PP para que los españoles viesen lo que gasta el presidente del Gobierno en sus desplazamientos en avión oficial levantó una fuerte polémica.

G de garrido
La abrupta salida del PP de Ángel Garrido, presidente de la región de Madrid hasta hace dos semanas, y su fichaje por Ciudadanos dejó descolocados a los conservadores en la recta final de campaña. Empezando por su líder, Pablo Casado, que se enteró de la traición cuando bajaba del púlpito después de intervenir en un mitin en Sevilla.

H de holograma
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quiso dar la sorpresa en el inicio de la campaña y se fue a una villa de la España rural, pero “se apareció” con un holograma en la sede nacional para dar el pistoletazo de salida a la campaña del partido naranja.

I de indecisos
Según el gran sondeo del estatal Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 41.6 % de quienes pretenden acudir a votar no había decidido a quién antes de la campaña. De ellos depende en buena parte lo que ocurra mañana. ¿Les habrán servido estos 15 días para decantarse? Veremos.

J de JEC
La Junta Electoral Central trabajó más que nunca en esta campaña y condicionó buena parte de la actividad de los partidos: desde la autorización a que los dirigentes independentistas catalanes encarcelados ofrecieran ruedas de prensa o participaran en mítines telemáticos hasta las decisiones sobre los debates televisados.

K de kilómetros
Miles y miles de kilómetros recorrieron los candidatos en estos 15 días recorriendo la geografía española. Pablo Casado fue de lejos el que más recorrió.

L de legionarios
Tres de los candidatos –Casado, Rivera y Abascal– querían acudir a un famoso evento de la Semana Santa, cuando soldados de la Legión, un cuerpo militar de élite, llevan la imagen de un Cristo en la ciudad andaluza de Málaga. Pero la cofradía religiosa organizadora pidió que no se politizara un acto eminentemente religioso y ningún dirigente acudió.

M de miedo
El miedo a la ultraderecha, el miedo a que se rompa España, el miedo a una nueva crisis económica, el miedo a la involución… Si en algo coincidieron los principales candidatos en esta carrera fue en tratar de avivar todos nuestros temores para votarles.

N de números
Son varias las cifras que se tuvieron o se tendrán en cuenta en esta campaña y en la jornada del domingo.
El 5, por ejemplo, porque ahora son cinco, y no cuatro, los principales partidos nacionales que se van a repartir la mayoría de legisladores. O el 103, los diputados en juego en las provincias menos pobladas, donde se puede acabar decidiendo todo.
Contiene la Ñ: España y Cataluña. Las consabidas posiciones sobre Cataluña se acentúan en todas las campañas. Y en esta aún más.
Para el PP y CS, si Sánchez sigue en el poder, España corre el riesgo de romperse. Vox va más allá y dice que está en juego la “supervivencia” de España.
El presidente promete que con él en La Moncloa no habrá ni independencia ni referendo de autodeterminación en Cataluña, aunque sí diálogo. Y diálogo es lo que pide el líder de Podemos, que ha intentado en su campaña alejar el foco del conflicto catalán.

O de odisea
Es, en definitiva, en lo que se puede convertir formar gobierno si los números no dan. O si dan los números, pero no fructifica el diálogo.
Y como el resultado es impredecible, nadie puede asegurar que no vaya a haber una repetición electoral en pocos meses. Como ya ocurrió en 2016.

P de presos
Son varios los dirigentes responsables de la intentona independentista ilegal en Cataluña que son candidatos. La Junta Electoral Central les permitió participar desde la distancia y por videoconferencia en actos y comparecencias de prensa.
En paralelo, se siguió celebrando el juicio en el Tribunal Supremo, que ya lleva 36 jornadas.

Q de química
Para que los pactos sean posibles no solo habrá que tener en cuenta la aritmética. Puede que haga falta también algo de química.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias parecen tenerla, aunque este último a veces no se fíe y teme que el presidente acabe prefiriendo a Ciudadanos, mientras el líder socialista apueste a priori por gobernar solo.
Pablo Casado y Albert Rivera la tenían, pero se han alejado mucho en los últimos días disputándose el voto que aún pueda estar indeciso y mirando de reojo al líder de Vox, Santiago Abascal. Nadie duda de que si los tres suman, encontrarán la química donde haya que buscarla.

R de rogado
Más de dos millones de españoles en el exterior sufren el sistema del voto rogado. Tan complejo, con instrucciones tan confusas, con tantos requisitos y con unos plazos tan ajustados que cada vez es más ridículo el porcentaje de personas que acaba ejerciendo el sufragio.
Los partidos llevan tiempo prometiendo cambiarlo, pero la diáspora española espera –y desespera– mientras vuelve a vivir otro proceso electoral con este sistema.

S de sí
“¿De verdad van diciendo ustedes sí sí sí hasta el final?” Esta pregunta de la candidata del PP Cayetana Álvarez de Toledo elevó la confrontación entre los partidos a propósito de “la cosa esta del feminismo” –también según sus palabras–, igual que las críticas de Vox a una ley de violencia de género que considera discriminatoria para los hombres.
En una campaña en la que la revolución feminista se anunciaba protagonista la imagen de los candidatos –todos hombres– compitiendo por la Presidencia dejó en evidencia el largo trabajo que queda en favor de la igualdad.

T de toreros
El Congreso que salga mañana de las urnas será el menos político de todos, si se tiene en cuenta la larga lista de fichajes estrella de los partidos para estas elecciones.
El torero Miguel Abellán (número 12 del PP por Madrid) es un ejemplo de ello, pero hay muchos otros, como padres de víctimas infantiles en crímenes célebres, periodistas, generales en la reserva y hasta un exvicepresidente mundial de Coca Cola, Marcos de Quinto, candidato por Ciudadanos.

U de útil
Todos, sin excepción, proclaman que el único voto útil es el suyo.
Y si en algo están coincidiendo Pedro Sánchez y Pablo Casado es en pedir a los votantes que no recurran a “intermediarios”.
Sánchez porque quiere concentrar todo el voto de la izquierda; y Casado, lo mismo por la derecha, aunque en su caso es mucho mayor el riesgo de fragmentación.

V de vaciada
Nunca como ahora se volcaron los partidos en hacer campaña en la “España vaciada”, las provincias poco pobladas de la meseta central. Porque todos saben que allí pueden decidirse las victorias y, sobre todo, las sumas para gobernar.
Ahora ya todos buscan acabar con la hegemonía de PP y PSOE en las provincias con pocos diputados hay sondeos que ya atisban esa posibilidad.

W de WhatsApp
Twitter y Facebook siguieron teniendo, por supuesto, mucho protagonismo en la campaña de los partidos. Pero la revolución se dio en WhatsApp.
Los “pásalo” de esta red social y los mensajes en cadena enviados por los partidos que circularon por toda España constituyeron un canal de comunicación tan fuerte o más que los convencionales.
De ahí las quejas de Podemos por haberse quedado esta última semana sin su canal de envío masivo porque WhatsApp cerró su cuenta por “violar términos del servicio”, según explica la plataforma.

X(Vox)
Pase lo que pase el domingo, el partido de Santiago Abascal ha sido el protagonista de esta campaña. Nadie cuestiona ya que su irrupción en el Congreso va a ser muy fuerte. La cuestión es cuánto.
Vox puede convertirse en un partido clave para la gobernabilidad si llega a sumar con PP y Cs, como ya ocurrió en la región de Andalucía. Habrá que ver si la asistencia multitudinaria a sus eventos se traduce en votos en las urnas.
O si, por el contrario, la llamada a la movilización para frenar a la ultraderecha que está haciendo la izquierda le acaba funcionando.

Y de yo.
Una vez más, la campaña fue una competición personalista entre los candidatos, lo que hace pensar que nuestra democracia, parlamentaria, es en realidad presidencialista.
No es así, lo que elegimos los votantes es a nuestros representantes en las cortes. Y será el Congreso el que después elija al presidente del Gobierno.
Pero hasta que eso ocurra, los aspirantes a La Moncloa seguirán concentrando los focos y atención. O lo que es lo mismo, el partido soy yo.

Z Aznar
El expresidente José María Aznar volvió por la puerta grande cuando su protegido Pablo Casado llegó al liderazgo del partido. Y ha pasado de no aparecer por las campañas del PP a participar a tope.
Aznar ha estado en numerosos actos pidiendo el voto para el PP –algo que no hacía en mucho tiempo– y tratando de frenar la marcha de apoyos hacia Vox, el partido del que también fue su pupilo y que ahora le ofende con sus comentarios de “derechita cobarde”.

El turismo gastronómico, un valor en alza para los turistas y la economía

Ingresos. Cada año los países reciben ingresos por el consumo de la gastronomía que hacen los turistas. Las comidas son variadas dentro de un mismo país.

Ropa vieja en La Habana, patatas bravas en Madrid, cebiche en Lima o bandeja paisa en Medellín. Cada vez viajamos más para conocer los platos típicos de nuestro destino, algo que mueve a los propios viajeros, pero también a las economías nacionales.

“La gastronomía fue una parte importante de los 9,000 millones de euros que dejó el turismo en Madrid el año pasado”, cuenta a Efe Luis Cueto, coordinador general del Ayuntamiento de Madrid, tras participar en el I Encuentro de Expertos sobre Turismo y Gastronomía en Iberoamérica, celebrado entre el 25 y 26 de abril en la Secretaría General Iberoamericana.

Para Cueto, la gastronomía de la ciudad es uno de sus mayores “sellos de identidad”, algo reflejado en las encuestas que el consistorio ha hecho a los turistas: “a la gente le apetece comer en Madrid, le llama la atención la oferta por su variedad, con todas las cocinas regionales y del mundo”.

El coordinador del ayuntamiento es consciente de la competencia que Madrid tiene frente a otras regiones españolas como el País Vasco (norte) que parten con la fama de la gran cocina.
“Lo que falta es hacer esfuerzo en contarlo, en empaquetarlo y hacerlo visible, porque otros por sus características lo han conseguido con inmensa brillantez y les tenemos envidia, como el País Vasco, pero Madrid tiene los mimbres para ser capaz de hacerlo, hay que contarlo, hay que tener la inteligencia para hacerlo”, opina.

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EL TURISMO Y LA GASTRONOMÍA, CADA VEZ MÁS IMPORTANTES PARA PAÍSES Y CIUDADES

“El turismo para Andorra es simplemente vital, tenemos 80,000 habitantes y 8 millones de turistas anuales”, cuenta a Efe el ministro de Economía, Competitividad e Innovación del principado, Gilbert Saboya.

Un turismo que significa el 25 % del Producto Interno Bruto del país aunque “impacta”, según el ministro, “hasta en el 40 %” de manera indirecta.
Con estas cifras en mente, Andorra está elaborando una base de datos de telecomunicaciones de sus turistas, es decir, qué visitaron, cuál fue su recorrido o dónde pasaron más tiempo, que luego compartirán con el sector turístico.

“Compartiremos estos datos para que un comercio sepa dónde ha estado antes o después un cliente y así crear una estrategia de atracción mejor”, explica.
Otro de los grandes ejemplos de la estrecha relación entre el turismo y la cultura local es San Sebastián (País Vasco), conocida por ser una de las grandes capitales gastronómicas del mundo.
Iñaki Gaztelumendi, profesor del Basque Culinary Center y experto en turismo gastronómico, tiene claro que la ciudad “no se entiende sin la cocina”, y asegura que el turismo viene jugando “un papel importantísimo en la zona desde el siglo XIX”.

Y aunque el turismo es clave en la ciudad, Gaztelumendi aclara que los donostiarras (nacidos en San Sebastián) son los grandes consumidores de la gran cocina local: “quien va a restaurantes con estrellas Michelín es el donostiarra, esto ha hecho que no podamos entender la gran presencia de restaurantes de alto nivel sin el consumo local”, apunta.

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DESCUBRIR UN PAÍS POR SU COMIDA

La forma de viajar ha cambiado en las última décadas, nos movemos de manera distinta, viajamos a destinos más lejanos y nos atraen aspectos de nuestro destino a los que antes no prestábamos tanta atención.
Gaztelumendi tiene claro que en las últimas dos décadas “ha habido un proceso de cambio, en el que la gastronomía ha ido ascendiendo entre los temas de importancia en la sociedad” y es que, a su juicio, “solo hay que ver el peso que tiene la gastronomía en las redes sociales”.

“Hace 20 años era un elemento que solo cohesionaba a un grupo de elegidos que viajaban por motivos gastronómicos y ahora se ha extendido al conjunto de la sociedad, para las generaciones más jóvenes se ha convertido en un elemento de socialización de primer nivel, y también de identidad”, analiza.
En esa misma línea, Lázaro Rodríguez, coordinador de Panamá como Ciudad Creativa de la UNESCO en Gastronomía, cuenta que su intención es que en Panamá “lo que venda sea su gastronomía”.

“Nadie se espera que en Panamá el desayuno típico sea chino, pero es así, queremos un concepto de gastronomía intercultural”, asevera.

Rodríguez cuenta que el proyecto que lidera identificó que el sector turístico en Panamá “estaba en crisis”, y aunque el Gobierno panameño cambiará en las próximas semanas (se celebran elecciones generales este 5 de mayo), todos los candidatos “han tenido presión del sector turístico”.

“Todos lo tienen en su discurso, para fomentar estrategias que consoliden al país como un destino y ojalá que sea como un destino gastronómico, que es en lo que estamos trabajando”, incide.

“Hace 20 años era un elemento que solo cohesionaba a un grupo de elegidos que viajaban por motivos gastronómicos y ahora se ha extendido al conjunto de la sociedad, para las generaciones más jóvenes se ha convertido en un elemento de socialización de primer nivel, y también de identidad”, Iñaki Gaztelumendi

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EL FUTURO DEL TURISMO: SOSTENIBLE PARA EL MEDIO AMBIENTE Y PARA LA POBLACIÓN LOCAL

Los beneficios del turismo son, probablemente, innumerables, pero también está trayendo graves problemas a las ciudades, desde un mayor nivel de contaminación por los modelos turísticos, a la masificación o la turistificación del centro de las urbes.

El panameño Rodríguez es consciente de estas situaciones y pide “políticas públicas con enfoque de responsabilidad social, de urbanismo y de regulación de la economía colaborativa (Airbnb es el gran ejemplo)”.

Una cuestión que también ha tenido que afrontar Madrid, donde el turismo masivo y la aparición de los alquileres turísticos ha provocado una subida en los precios de los alquileres de las viviendas que ha desplazado a muchos vecinos de sus barrios.

Según Cueto, el coordinador general del Ayuntamiento de Madrid, el consistorio ya ha dado un “paso al frente” limitando los alquileres turísticos con una normativa municipal que establece que a partir del día 90, la residencia alquilada a turistas “deja de ser una vivienda y se convierte en un negocio y ya tiene que tener unos requisitos de negocio”.

“En la zona centro, donde se ha detectado que en algunos barrios hay más población flotante que residente, se tiene que limitar de forma drástica la pérdida de residencia para que se convierta en un parque temático”, apunta.

Pero las consecuencias de la masificación también afectan al medio ambiente. Un claro ejemplo es la transición ecológica que tendrá que lleva a cabo Andorra donde todos los años “llegan cuatro millones de coches”, según cuenta su ministro de Economía.

Andorra ya está estudiando la conversión de su parque automovilístico a uno eléctrico: “Es un oportunidad y un reto porque las necesidades de producción y consumo eléctrico van a cambiar y hay toda una estrategia de transición energética asociada que tendremos que ir desarrollando para anticipar un movimiento que se va a producir tarde o temprano”.

Sostenible. El País Vasco tiene fama por la gran cocina. Madrid compite con esta y otras regiones europeas.

Ana Betancourt, la feminista cubana que se adelantó un siglo a su época

Ana Betancourt
Ana Betancourt

¡Llegó el momento de libertar a la mujer!», fue el reclamo con el que hace 150 años la cubana Ana Betancourt se adelantó a su tiempo y a otros íconos feministas, cuando abogó por los derechos de su sexo ante el grupo de hombres que redactó la primera Constitución de la isla.

El asombro de los padres de la independencia cubana fue tal que, según historiadores, Carlos Manuel de Céspedes, el primer presidente de la República de Cuba en Armas contra España, aseguró entonces que «en Cuba el historiador del futuro tendría que decir que una mujer se adelantó un siglo a su época».

Sin embargo, poco se habla en los libros de texto sobre Betancourt (1833-1901), pese a su indudable relevancia en los orígenes del movimiento feminista cubano.

Ahora, 150 años después de la Constitución de Guáimaro, firmada el 10 de abril de 1869 en esa localidad de Camagüey (centro-este), el nombre de esta cubana vuelve a resonar entre los protagonistas de esos días históricos.

Su actitud, rara en una época en la que el rol de la mujer se reducía a ser madre y esposa, puede explicarse por el ambiente en el que nació: en el centro de una estrecha comunidad de familias criollas, ricas, cultas y muy influidas por el pensamiento revolucionario europeo de mitad del siglo XIX.

“Úneme a tu destino, empléame en algo, pues, como tú, deseo consagrarle mi vida a mi patria”, se despide Ana de su esposo, que marchó a unirse al ejército mambí. En su casona, Ana guarda armas, hospeda emisarios, escribe proclamas, recopila información y ayuda a las familias de los soldados, hasta que se reúne con su marido para evitar la prisión.

Ana María de la Soledad Betancourt Agramonte creció emparentada con patriotas por sus dos ramas familiares. Uno de sus parientes, Ignacio Agramonte, es uno de los próceres independentistas cubanos más relevantes.

Dentro de la alta sociedad de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, capital de la rica provincia ganadera del Camagüey, Ana llegó a ser admirada por sus «ojos negros y expresivos», su «fuerte espíritu» y «voz inalterable, de timbre dulce y severo».

«Es Anita una de las mujeres más elegantes y cultas», escribió de ella otro de sus familiares ilustres, Salvador Cisneros Betancourt, primer líder de la Cámara de Representantes insurrecta y dos veces presidente de la República de Cuba en Armas.

Con 21 años se emparentó por matrimonio con otra familia de independentistas. Su esposo, el abogado Ignacio Mora de la Pera, se convirtió –según la propia Ana– en el «maestro y mejor amigo» que la inspiró a estudiar inglés, francés, historia y le recomendó libros que pocas esposas leían entonces.

Hija, prima y mujer de «sediciosos», su hogar se volvió centro de conspiración tras la entrada, en noviembre de 1868, del Camagüey en la Guerra de los Diez Años (1868-1878).

«Úneme a tu destino, empléame en algo, pues, como tú, deseo consagrarle mi vida a mi patria», se despide Ana de su esposo, que marchó a unirse al ejército mambí. En su casona, Ana guarda armas, hospeda emisarios, escribe proclamas, recopila información y ayuda a las familias de los soldados, hasta que se reúne con su marido para evitar la prisión.

La vida del matrimonio, acostumbrado a las comodidades, cambia radicalmente. Van de un campamento a otro hasta que llegan a Guáimaro en abril de 1869, poco antes de la histórica asamblea constituyente que redacta la primera Carta Magna cubana.

Los registros sobre la participación de Ana Betancourt y su alegato en defensa de la mujer se contradicen.

Algunos historiadores afirman que presentó una petición por escrito, animada por su esposo, en favor de la igualdad de derechos para las mujeres cuando quedara establecida la república, mientras que otros aseguran que ella misma se dirigió a los asambleístas.

En una carta, la propia Ana describió cómo, el 14 de abril de 1869, se dirigió a los insurrectos.

«Por la noche hablé en un mitin. Pocas palabras que se perdieron en el atronador ruido de los aplausos, creo que fueron poco más o menos las siguientes. Ciudadanos: la mujer en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora hermosa, en que una revolución nueva rompe su yugo y le desata las alas», recordó.

Betancourt prosiguió. «Ciudadanos: aquí todo era esclavo; la cuna, el color, el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. Llegó el momento de libertar a la mujer».

Sin embargo, pasarían todavía más de cien años para que por primera vez una Constitución cubana (1976) prohibiera la discriminación por motivos de sexo y garantizara la igualdad salarial y de oportunidades entre hombres y mujeres.

La vida extraordinaria de Ana Betancourt no termina en Guáimaro, el único registro sobre ella en los libros de texto de historia de Cuba.

Fue capturada por las fuerzas españolas en 1871 tras asegurar el escape de su esposo, ya con grados de coronel, y fue sometida a un simulacro de fusilamiento y al cautiverio por tres meses atada a una ceiba como carnada para capturar a su marido.

Enferma de reumatismo y tifus escapa y se embarca hacia el exilio, adonde le llegan en 1875 noticias del fusilamiento de Ignacio Mora, al que no volvió a ver.

Después de un largo peregrinaje por México, Estados Unidos y Jamaica, llega a España en 1889. En junio de ese año empieza a copiar el diario de su esposo, botín de guerra del general de brigada español Juan Ampudia.

A los 68 años muere en Madrid, el 7 de febrero de 1901. Sus restos fueron repatriados a Cuba en 1968, en el centenario de la Guerra de los Diez Años.

En lugar de ser enterrada en su natal Camagüey, Ana Betancourt reposa hoy en Guáimaro, en el lugar donde entró a la historia.

Desde 1982 su memoria se preserva en un mausoleo en la plaza de la pequeña ciudad, donde se ha vuelto tradición que las parejas de recién casados depositen su ramo de bodas en recuerdo a la épica historia de amor y al legado del ícono feminista cubano.

Gaza ahogada

Fotografía EFE

Mohamed Riyaleh es pescador pero hace 43 días que no come pescado. Cada amanecer desciende la cuesta hacia el puerto de Gaza, revisa y arregla sus barcas desconchadas y, cuando puede costear el combustible, se echa al mar. Pero sin superar el límite que impone Israel en el Mediterráneo, donde apenas captura para sobrevivir.
No siempre fue así. Antes del bloqueo marítimo, navegaba sin veto. Cuando los Riyaleh eran una familia acomodada, como eran los pescadores en Gaza. Hoy, son los pobres. La prosperidad de Gaza es solo un recuerdo. El presente es incierto y el futuro alarmante. Si no revierte su situación, el próximo año será inhabitable, advierte la ONU.

El pesquero es uno de los sectores más castigados por un bloqueo israelí que limita los recursos y aprisiona a su gente desde hace más de una década. También es un reflejo de la decadencia de dos millones de habitantes atrapados en 367 kilómetros cuadrados, donde las nuevas generaciones viven peor que sus padres y abuelos.
Halima, la madre de Mohamed, lo corrobora. Cuando eran “felices” se levantaba temprano y bajaba con sus hijos al puerto, donde limpiaba el pescado que capturaba su marido para venderlo en el mercado, rememora desde la modesta casa familiar que ocupa en un edificio de cemento visto en el campo de refugiados Shaati (playa).

En su interior, parte de los 54 miembros de la familia, la mayoría menores descalzos, remienda redes y manipula aparejos; todos ayudan para que los 15 pescadores con licencia puedan salir a faenar, aunque vuelvan con los cestos vacíos.

Los padres de Halima eran trabajadores del campo. Cultivaban sus tierras en Hamama, una villa árabe a 20 kilómetros de Gaza y uno de los 500 pueblos que quedaron completa o parcialmente destruidos por la guerra que originó la proclamación del Estado de Israel en 1948 y la oposición de los países árabes.

“En el año 2000, el número de beneficiarios que recibían cupones de alimentos era de 80,000. Ahora llega al millón de personas”, cuenta el portavoz de la UNRWA en Gaza, Adnan Abu Hasna. Es el dato del deterioro. Hasta el 90 % de los palestinos de la Franja depende de algún tipo de asistencia humanitaria, como sanitaria o educativa.

Los Riyaleh fueron una de las miles de familias que se refugiaron junto a la costa y retomaron su vida con ayuda de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos en Oriente Medio, que se creó para auxiliar a las 700,000 personas que perdieron sus hogares.

“En el año 2000, el número de beneficiarios que recibían cupones de alimentos era de 80,000. Ahora llega al millón de personas”, cuenta el portavoz de la UNRWA en Gaza, Adnan Abu Hasna. Es el dato del deterioro. Hasta el 90 % de los palestinos de la Franja depende de algún tipo de asistencia humanitaria, como sanitaria o educativa.
Como gazatí, Abu Hasna no solo tiene datos sino también vivencias de un pasado mejor, como el haber encontrado trabajo en la Franja al día siguiente de licenciarse en Ingeniería en Egipto. Hoy sus hijas han emigrado a España y Bélgica.

Los refugiados y sus descendientes representan actualmente un millón y medio del total de la población de Gaza, familias que comenzaron de cero hace 70 años y hoy “viven por debajo de él”, lamenta Mahdi, uno de los hermanos de Mohamed.

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EL CONTROL DE LAS AGUAS

Mohamed no atina a contar las veces que Israel ha cambiado la invisible “frontera marítima”. La última este mes de marzo en represalia por el lanzamiento de un cohete por milicianos, que cayó sobre una vivienda israelí. Lo redujo hasta las 3 millas, donde este hombre de mar asegura que no hay pieza que entre en la red. Dependiendo de la situación, Israel lo amplía a nueve –pero solo en algunos tramos–, una distancia a la que pocos se acercan por miedo a la reacción de la Marina israelí.

Un día, desesperado por volver siempre de vacío, desafió el límite: “Me atraparon desde el norte, el sur y el este. Dispararon al bote, me hirieron y nos humillaron. Fue muy difícil escapar. Ahora no hay nada realmente agradable en la pesca”.

Israel apela a la seguridad para limitar un área de pesca que cerca con barcos de guerra: 2 kilómetros al norte, en lo que sería la extensión marina de la frontera terrestre con la ciudad israelí de Ashkelón, y otros 2 kilómetros al sur del mar, siguiendo el límite con Egipto, lo que deja 36 kilómetros de costa navegables para los gazatíes. Pero acotada mar adentro.

“Durante muchos años, el ejército ha operado contra los incidentes de seguridad en la zona marítima junto a Gaza, incluidos los intentos de entrar en territorio israelí y el cruce y contrabando desde aguas egipcias”, explica a Efe el ejército en un declaración escrita tras declinar responder mediante entrevista. “Estas disposiciones existen con el fin de prevenir infiltraciones y actividades terroristas”, precisa en el texto un portavoz apelando a unas normas que están clasificadas.

Mohamed no lo entiende. Le parece incomprensible una frontera en altamar, donde está el pescado, y además de los disparos disuasorios –uno de los cuales mató a su tío–, teme la confiscación de sus embarcaciones, su modo de vida. Una de ellas está varada en tierra porque le fue devuelta 25 meses después con impactos de bala y sin motor. Otra permanece aún en territorio israelí. “Si un barco viola las disposiciones de seguridad en ciertas circunstancias, puede ser susceptible de ser incautado”, alega el ejército.

“Solo el año pasado, cuatro pescadores murieron y 30 resultaron heridos. Además, 70 fueron arrestados, se confiscaron 20 embarcaciones y se registraron grandes pérdidas en el sector; aproximadamente seis millones por año”, ilustra Zakaria Bakr, miembro del comité de pescadores de la Federación de Sindicatos de Trabajo Agrícola, quien denuncia que más del 95 % de los ataques israelíes se ha producido entre las 2 y las 3 millas.

Israel no solo impone el bloqueo en el mar, sino que restringe la entrada de materiales de pesca, repuestos, motores y fibra de vidrio, “lo suficiente para decir que desde 2012 no se fabrica ningún barco nuevo”. Controla también la frontera terrestre y limita la importación de artículos, como el cemento, o prohíbe los denominados de doble uso, como fertilizantes con concentración de cloruro de potasio superior a 5 %, que considera podrían ser utilizados para “fines terroristas”.

Gaza tampoco controla su cielo, que frecuentan drones y cazas israelíes. El único aeropuerto de la franja operó apenas dos años entre 1998 y 2000 y hoy no pueden hacer uso espacio aéreo.

Economía devastada. Según Mohamed Riyaleh, el ingreso medio mensual de los pescadores de Gaza era equivalente a 366 euros, hoy es menor a 95 euros.

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CASTIGO COLECTIVO

La Franja estuvo administrada por Egipto entre el armisticio de la guerra árabe-israelí de 1949 y la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Israel se hizo con el Sinaí, Gaza, Cisjordania, Jerusalén este y los Altos del Golán sirios.
Del Sinaí se retiró tras los Acuerdos de paz con El Cairo en 1979 y de Gaza en 2005. Pero siguen rodeados. El cerrajón de Gaza, un “castigo colectivo” según Naciones Unidas, llegó en 2007, tras una violenta lucha de cinco días entre los simpatizantes del movimiento islamista Hamás y los del presidente palestino, Mahmud Abás, que terminó con la expulsión de estos últimos del enclave el 14 de junio.

Hamás, considerado como grupo terrorista por varios países (incluido Israel, EUA y la UE), se presentó a las elecciones de 2006 y se hizo con la mayoría de escaños del Consejo Legislativo Palestino. Ante la amenaza internacional de sanciones, el movimiento islamista aceptó un gobierno de unidad con Abás, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Tras el enfrentamiento a tiros entre ambas partes en plena calle, la ANP perdió el control de Gaza, que desde entonces gobierna de facto y con mano dura Hamás. Fue inmediatamente después de la escaramuza cuando Israel redujo sus ventas de combustible a la Franja, prohibió toda exportación, permitió la importación de tan solo cinco tipos de alimentos y limitó el área de pesca. Comenzó el bloqueo.

La Franja ha vivido una historia singular dentro del devenir palestino. Fue en su campo de refugiados de Yabalia donde se inició la Primera Intifada (1987-1991), que se extendió por toda Cisjordania, a 115 kilómetros y a la que hoy los gazatíes apenas tienen acceso. Tampoco pueden visitar libremente Jerusalén este, anexionada por Israel.
El asesinato en noviembre de 1995 en Tel Aviv del entonces primer ministro Israelí Isaac Rabin, a manos de un extremista judío, estancó el proceso de paz, que luego quedó herido de muerte con el estallido de la Segunda Intifada (2000-2005), mayoritariamente armada y con atentados suicidas palestinos. En esa etapa se inicia también el lanzamiento de cohetes desde el enclave hacia las comunidades israelíes colindantes, y desde entonces se repite una secuencia de disparos y bombardeos israelíes de represalia que han originado tres operaciones militares masivas sobre Gaza, en 2008-2009, 2012 y 2014. En la última, murieron 2,252 palestinos, 1,462 de ellos civiles y 551, niños. Porque cuando caen las bombas, los palestinos tampoco pueden huir.

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LOS RECORTES DE TRUMP

Los bombardeos israelíes han hundido cinco de los barcos de Mohamed, a quien ya no le salen las cuentas de lo que pierde y de lo que no gana. “El ingreso medio de los pescadores era de 1,500 shekels (366 euros) al mes y ahora es de menos de 400 (95 euros)”, apunta Zakaria Bakr.

El pesquero era el segundo sector más productivo después de la agricultura, hoy es el paradigma de una economía devastada. El Banco Mundial alertó el año pasado de que estaba “a punto de colapsar”, con más de la mitad de la población sin empleo y un paro del 70 % entre los más jóvenes. La paradoja es que tampoco consuela el dinero. “Si tienes un millón de dólares o un dólar, es lo mismo, estás desesperanzado, nunca te ayudará. Si, por ejemplo, estás enfermo y no puedes viajar, qué significa el dinero?”, cuestiona el portavoz de la UNRWA.

Las familias de refugiados se enfrentan ahora también a los recortes de EUA En 2018, el gobierno de Donald Trump redujo en $300 millones su aportación a la UNRWA, dejándola en $60 millones. Este año no ha aportado ni un solo dólar. Para Abu Hasna, Gaza reúne todos los elementos que “destruyen la capacidad humana”.

El último signo de desesperación se manifestó en la llamada Gran Marcha del Retorno junto a la frontera. Desde que comenzó, en marzo de 2018, han muerto al menos 183 palestinos en las protestas, 32 de ellos menores, por disparos del Ejército israelí. Un comité de la ONU que estudia la situación considera que pueden constituir “crímenes de guerra”, ya que iban desarmados y no suponían una amenaza inminente para soldados apostados al otro lado de la frontera. La movilización, convocada en un principio por la sociedad civil, ha sido instrumentalizada por Hamás e Israel reacciona al considerar que el movimiento islamista se ampara en ellas para cometer atentados.
Los jóvenes que pasean apoyados en muletas son una imagen habitual en las calles de Gaza. Están entre los 6,000 heridos que, en datos de la ONU, han recibido un disparo del Ejército israelí en estas protestas. Algunos ya están sufriendo amputaciones por la falta de tratamientos adecuados en hospitales sin apenas recursos.

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UNA POSIBILIDAD DE SALIR CADA 200 AÑOS

El puerto de Gaza, como las plazas de los pueblos, concentra el descanso de los gazatíes. Los bancos miran al mar y allí los palestinos parecen respirar. Es lo más parecido a una escapada que, probablemente, nunca tendrán. Los permisos de salida expedidos por Israel en 2018 no superaron los 9,600, lo que, por estadística, concede a cada gazatí una posibilidad de viajar fuera del enclave cada 200 años, según Naciones Unidas.

El bloqueo no solo limita el tránsito de bienes, sino también el de personas. No pueden emigrar, planear una luna de miel en un país lejano o visitar a sus familiares en el resto de territorios palestinos. Solo periodistas, personal humanitario o delegaciones institucionales consiguen permisos para acceder a la Franja. De esta forma, la realidad de este enclave se construye con leyendas y una mirada distorsionada desde dentro y desde fuera.

Las nuevas generaciones tienen como única referencia de Israel las bombas de su aviación o los disparos de la marina. Son los que controlan cada aspecto de su vida aunque no estén presentes. Una gran parte del mundo reduce la identidad de 2 millones de personas al movimiento islamista Hamás, pero lo cierto es que Gaza aún conserva parte de su antiguo dinamismo social. La Franja tiene equipos de fútbol femeninos, jóvenes políglotas, poetas, cantantes de hip hop y una minoría cristiana que recibe con cuentagotas permiso para introducir vino para la misa. Pero todos sus ánimos se dan de bruces contra las carencias más básicas: solo tienen una media de 6 horas de suministro eléctrico al día y el 95 % del agua no es apta para el consumo humano.

El progresivo deterioro de Gaza ha provocado una reciente e inusual revuelta contra las autoridades locales que ha sacado a miles de personas a la calle en la llamada “Revolución de los hambrientos”, violentamente reprimida por Hamás. “Queremos vivir” fue el nombre que los promotores pusieron a un movimiento liderado por jóvenes.

Mientras las generaciones mayores que acumulan agravios y cansancio, como Halima, parecen haber perdido la esperanza: “Los árabes están contra nosotros, los judíos están contra nosotros, el mundo está contra nosotros, Israel está contra nosotros, Egipto está contra nosotros, Dios está contra nosotros. Por qué no nos ponen delante de un tanque y nos disparan a todos de una vez?; estamos muertos estando vivos”.

Frontera marítima. Atravesar la frontera marítima con Israel les costó a los gazatíes ataques que dejaron cuatro pescadores asesinados, 30 heridos y 70 arrestos, en 2018.

Kurt Cobain, 25 años sin la leyenda de Seattle

Kurt Cobain

“Lo tengo todo, todo. Y estoy agradecido, pero desde los siete años odio a todos los humanos en general (…). Gracias a todos desde lo más profundo de mi estómago nauseabundo y ardiente por vuestras cartas y vuestro interés en los últimos años. ¡Soy una criatura voluble y lunática! Se me ha acabado la pasión, así que, os recuerdo, es mejor arder que apagarse lentamente”.

El 5 de abril de 1994 toda una generación, la denominada ‘Generación X’, se quedó de golpe sin la voz que la representaba: Kurt Cobain, el atormentado líder de la banda Nirvana, había decidido terminar con su vida en Seattle, la ciudad que le lanzó a la fama y le convirtió en uno de los músicos más influyentes del siglo XX.

Nacido el 20 de febrero de 1967 en Abeerden, en el mismo estado de Washington en el que falleció, Cobain se convirtió en leyenda y mártir para aquella generación desencantada con el mundo que le había tocado vivir, y entró a formar parte del célebre ‘Club de los 27’. Cobain, al igual que otras leyendas de la música como Jimi Hendrix, Janis Joplin o Jim Morrison, había fallecido a la edad de 27 años.

Su muerte no hizo más que agrandar la leyenda del músico que lideraba Nirvana que, con apenas tres álbumes publicados, había logrado ser la gran banda del ‘grunge’, aquel estilo surgido en Seattle y que marcó el final de los ochenta y el principio de la década de los noventa.

Su adicción a las drogas, los problemas de salud o en su matrimonio con Courtney Love – con la que tuvo una hija, Frances Bean, en 1992– y la presión de la fama pudieron con Cobain, que nunca había llegado a superar el divorcio de sus padres, y que apenas un mes antes ya había intentado suicidarse en un hotel de Roma durante la gira europea.

“El doctor Baker dice que, como Hamlet, debo elegir entre la vida y la muerte. He elegido la muerte”, dejó escrito en una nota en aquella ocasión, antes de una sobredosis que el 4 de marzo lo dejó en coma durante 20 horas. A la vuelta a Estados Unidos, Cobain fue ingresado en una clínica de desintoxicación, de la que escapó a los pocos días.

El divorcio de sus padres había marcado a Kurt Cobain hasta tal punto que creció como un adolescente conflictivo que buscó la evasión en las drogas, a la vez que mostraba interés por el cine, los cómics y la música, y un gran talento para el dibujo y como músico.

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EL FULGURANTE ÉXITO DE NIRVANA

Aquel primer intento de suicidio ocurrió durante la que, a la postre, sería la última gira de Nirvana, un tour europeo en el que actuaron por última vez el 1.º de marzo en la ciudad alemana de Múnich, concierto tras el que Cobain fue diagnosticado con bronquitis y laringitis severa.

Después de debutar en 1989 con el álbum ‘Bleach’, Nirvana –banda que Kurt Cobain formaba junto a Krist Novoselic y Dave Grohl, que se unió en 1990– alcanzó el éxito absoluto apenas dos años después con su segundo trabajo, ‘Nevermind’, que incluía la canción más conocida de Nirvana, ‘Smells Like Teen Spirit’, y otros como ‘Come As You Are’ o ‘Lithium’.

‘Nevermind’, con su icónica portada del bebé bajo el agua, considerada una de las más célebres de la historia del rock, situó a Nirvana como la banda principal del ‘grunge’ y a Cobain como la voz de la Generación X.

Dos años más tarde, en 1993 publicaron ‘In Utero’, tercer y último álbum de estudio de Kurt Cobain como líder de Nirvana. A finales de aquel año se grabó el ‘MTV Unplugged’, álbum acústico lanzado en 1994 meses después de la muerte de Cobain, y que ganó un premio Grammy al mejor trabajo de música alternativa.

HOMENAJE ILUSTRADO A COBAIN

“Kurt Cobain. Una biografía” es el homenaje al legado del líder de Nirvana en forma de libro ilustrado por David M. Buisán y escrito por David Aceituno, en el que hacen un repaso a los episodios más destacados de la vida del artista, partiendo del conocido retrato de Cobain como genio atormentado que se extendió tras su muerte.

“Hace años que no me emociono con nada; me siento culpable desde hace mucho tiempo”, dejó escrito Kurt Cobain en una nota póstuma dirigida a su hija Frances y su esposa, Courtney Love.

El divorcio de sus padres había marcado a Kurt Cobain hasta tal punto que creció como un adolescente conflictivo que buscó la evasión en las drogas, a la vez que mostraba interés por el cine, los cómics y la música, y un gran talento para el dibujo y como músico.

La biografía ilustrada indaga en la vida, compleja y fascinante, llena de altibajos, de un artista que dejó una huella imborrable en toda una generación y que, pese a su corta carrera, es sin duda uno de los músicos más influyentes del siglo XX.

Un recorrido que refleja cómo influyó en Cobain el peso de la fama, y el difícil equilibrio mental cuando una sensibilidad extraordinaria se enfrenta al gran éxito, la presión y la prensa. Un repaso a la vida de una leyenda que supo capturar la esencia de una generación que no encontraba su lugar en el mundo y que un cuarto siglo después sigue huérfana del mito del ‘grunge’.

Emblema. ‘Smells Like Teen Spirit’ del álbum ‘Nevermind’ se convirtió en el mayor éxito de Nirvana y en todo un himno en la época.

El exilio olvidado

Fotografía de EFE

Descuidado, colmado de excrementos, suciedad y aves de corral, el patio trasero de una humilde casa en la ciudad tunecina de Kasserine guarda un fragmento extraviado de la Guerra Civil española. Repartidas entre la grava, bajo la sombra de un ciprés, 20 tumbas alineadas, seis de ellas profanadas, componen el único cementerio de exiliados republicanos españoles que existe en Túnez, un lugar abandonado que Efe recupera para la memoria colectiva.

“Vivo aquí desde hace 32 años, cuando llegué ellos ya estaban. Se dice que están enterrados en este lugar desde la Segunda Guerra Mundial”, explica Salah Saadly, un conductor de tanques jubilado que vigila con celo una propiedad que reclama como suya. Padre de cuatro hijas, Saadly cuenta con pesar el deterioro que ha sufrido el cementerio, convertido en refugio de borrachos y maleantes a finales de la década de los setenta, cuando los últimos extranjeros abandonaron las faldas del monte Chambi, cuna actual del yihadismo tunecino. “Antes la gente venía aquí para beber alcohol y correrse juergas, pero desde que estoy aquí nadie lo ha profanado. Hay 20 tumbas. Las hemos contado. El terreno que ves es el original del cementerio”, señala mientras observa a su pequeña nieta corretear entre las lápidas. Solo una docena de ellas conservan nombres y fechas reconocibles. Corresponden a Francois Ficher, Fernando Fuilla, Antonio Sánchez Serna, Fernando Sánchez Idez, Eligio Casal, Antonio Rodríguez Fernández, Ambrosio Martínez, Francisco Puig Suárez, José Bravo Collazo y Marcelino Llano Cotrofe. Otros dos salieron a la luz el mismo día de la visita al remover el barro que las cubría: los de Antonio Bouza Martínez y Antonio Álvarez San Pedro, ambos fallecidos entre 1941 y 1945, como el resto de los que allí descansan.

Poco se sabe de ellos, más allá de que llegaron a Túnez a bordo de la flota republicana que huyó desde el puerto de Cartagena el 5 de marzo de 1939, poco después de que cayera el frente de Valencia y con ello las mínimas opciones de resistir que le quedaban al gobierno de Juan Negrín. Uno de los últimos episodios de la Guerra Civil española envuelto aún hoy, ochenta años después, en la penumbra de la historia y en la controversia política. Argumenta el historiador español Juan Eslava Galán en su libro “Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie” (Planeta, 2005), que la decisión del primer ministro de nombrar al comunista Francisco Galán jefe de la base naval de Cartagena precipitó el conflicto bélico que latía en la ciudad. Oficiales afines al coronel golpista Segismundo Casado, que en aquellos días negociaba en secreto la rendición de la flota republicana, se levantaron en armas y, junto a los quintacolumnistas, se apoderaron de las baterías desplegadas de la costa. Acosados igualmente por los Savoia-Marchetti 81, de la aviación fascista italiana –que dañó tres buques–, los barcos de guerra de la república partieron apresuradamente en busca de refugio en altamar con el joven almirante Miguel Buiza al mando. A partir de entonces, los acontecimientos se confunden.

Según los archivos del gobierno colonial francés y el diario local La Depche Tunisienne, tanto Negrín como el comandante franquista Salvador Moreno se comunicaron durante la madrugada del 6 de marzo de 1939 con Buiza. El primero para pedirle el regreso de la flota tras considerar que la sublevación estaba controlada; y el segundo, para convencerle de que continuara la navegación hasta Túnez, ya que al parecer existía un acuerdo secreto con Francia para la entrega de los barcos a las fuerzas nacionales. Horas después, los tres cruceros, ocho destructores y el submarino que formaban la flota de la república pusieron rumbo a Bizerta, vía Orán, con 4,000 marineros y soldados y 201 civiles, entre ellos siete mujeres y cuatro niños. Según las crónicas de la prensa tunecina de la época, entraron en el fondeadero de Sidi Abdalah el 7 de marzo de 1939, exhaustos pero “esperanzados por haber dejado la guerra atrás”.

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ACUERDO SECRETO CON FRANCIA

“Las autoridades francesas ya saben casi todo lo que va a suceder desde mayo de 1938. Y por eso se prepararon muy bien para acoger a la flota republicana. Cuando llegaron el 7 de marzo a las costas de Bizerta, la administración francesa, la policía, el ejército… todos estaban preparados para acoger a los buques y a los marinos españoles”, explica el historiador tunecino Bechir Yazidi, quien abunda en la idea de un pacto previo entre París y el Gobierno paralelo establecido por el general Franco en Burgos. “Impidieron desembarcar a todos los españoles que estaban en los navíos a la espera de la visita de la policía y de sanidad para ver si había casos de enfermedad. Pidieron al almirante Buiza que aceptara oficialmente las condiciones para que Francia aceptase la instalación de los republicanos”, subraya Yazidi, autor de “El exilio republicano en Túnez”, única obra dedicada a este episodio excluido de la memoria en España durante décadas.

Una vez identificados y autorizado el desembarco, la mayor parte de ellos fue trasladada en tren, en condiciones inhumanas, al campo de refugiados de Mehri-Jebbes, una antigua mina de fosfato abandonada en medio del desierto, próxima a la ciudad de Meknassi, 300 kilómetros al sur de Bizerta. El gobierno colonial francés entendió que había que alejarlos por motivos de seguridad, para evitar incidentes en un incipiente puerto internacional: “Era (algo) más que temor; piensan que vienen de una derrota militar y que su estado psicológico es un poco peligroso, ya que no tienen lazos jerárquicos con sus superiores y están armados”. También había que evitar conflictos políticos, en especial con la colonia italiana, mayoritariamente fascista: “Esos marinos representan a la España republicana, y Francia, hay que decirlo, había establecido relaciones diplomáticas con el gobierno de Franco en Burgos desde febrero. Para no crear problemas diplomáticos esperan dejar a esa gente en un lugar bien vigilado y bien aislado”, agrega el historiador. “Esa gente, que pensaba encontrar en Túnez todas las condiciones para estar bien, se da cuenta de que es indeseable para los franceses, de que el Gobierno francés está pensando en cómo repatriarlos. Pero los acontecimientos van a ser diferentes”.

Leído el último parte de guerra, Franco envía a Túnez al comandante Salvador Moreno, ya en contacto con algunos oficiales de la flota y con la Embajada de España en el país africano –que había abrazado el nuevo régimen– con la misión de recuperar los barcos. En colaboración con las fuerzas coloniales francesas, se propagó entre los refugiados que el regreso era posible, y que aquellos que se decantaran por ello podrían volver en los mismos barcos en los que huyeron, sin miedo a represalias. “La propuesta circulaba por el campo de Meknassi entre los españoles, divididos entre los que pensaban que era una oportunidad para regresar y los que pensaban que con el gobierno franquista no podía existir amnistía”, señala Yazidi. Finalmente, unos 2,200 marineros y soldados, más de la mitad de los que desembarcaron en Túnez, regresaron con el comandante Moreno.

“Vivo aquí desde hace 32 años, cuando llegué ellos ya estaban. Se dice que están enterrados en este lugar desde la Segunda Guerra Mundial”, explica Salah Saadly, un conductor de tanques

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EXILIADOS EN CAMPOS

Uno de los que optó por quedarse fue Marcelino Llano Cotrofe, tercer maquinista del crucero Libertad, rebautizado como Galicia. Nacido en 1912, hijo de un capataz del astillero de Bazán, en Ferrol, su tumba ocupa un lugar preferente junto al único ciprés de Kasserine y es una de las pocas que no han sido vandalizadas. Primogénito de una familia de 14 hermanos, ingresó en la Escuela Naval de Ferrol y fue asignado al Libertad al inicio de la década de los treinta. Miembro de la CNT, fue uno de los cabecillas de la rebelión marinera que en los primeros días de la guerra impidió que los oficiales entregaran la flota a los sublevados en el norte de África. En junio de 1939, envió una foto a su madre fechada en el campo de refugiados de Mehri-Jebbes en la que cuenta que está bien y se le ve sonriente, con un bañador y los brazos en jarras junto a un matorral. “De mi hermano, muy poquitos recuerdos”, explica Teresa Llano Cotrofe, de 88 años, la más pequeña de la familia y la única que todavía queda con vida. La noticia del descubrimiento en Kasserine de la tumba de Marcelino la desconcierta y alivia. Durante toda su vida creyó que su hermano, al que veneraba, yacía en una fosa común en algún lugar perdido del norte de África. “Me acuerdo que cuando iba de viaje nos traía unas muñecas preciosas, y que yo salía por Reyes con aquellas dichosas dos muñecas porque en aquellos tiempos había pocos medios y él era maravilloso, y poco más, porque yo siempre oía a mi madre rabiar y llorar y teníamos 50,000 líos con la guerra y con todo lo que estaba pasando (…) lo único que sé es que se marchó en el barco y que se quedó… en la roca, eso es lo que decían, no supimos otra cosa”.

Teresa rememora poco a poco, con dificultad y algo de inquietud. Revela que Marcelino, en su huida, dejó atrás dos mujeres: a Angelita, su novia de toda la vida en Ferrol; y a Isabel, una chica a la que conoció en Cartagena y a la que dejó embaraza, de la que no tenían noticias. Concluida la guerra, Isabel se presentó en Ferrol y se casó por poderes notariales. Al parecer, su hermano Celestino comenzó a ayudarle con los trámites para que pudieran reencontrarse en Túnez, pero Marcelino murió el 22 de abril de 1945, sin que se sepa la causa. En el acta de defunción simplemente se registró su profesión: delineante. “No es que me sorprenda, es que no sabía nada, no supimos más nada de él, yo no oí nada más de él en casa, nada, nada (…). Ella se marchó me parece que para Barcelona, donde está su hijo, y ya murió hace un tiempo”, relata. “Mi hermano fue a la academia militar y tuvo unos estudios buenísimos, porque mi madre, la pobre, quería que hiciera una carrera muy buena para que ayudase a sus hermanos (…), y quedó todo en nada, el pobriño desapareció y nada más. Pasamos una guerra muy dura y llamaron a todos mis hermanos. Uno de ellos trabajó en la fábrica de armas en Coruña y mi madre lloraba y decía que los hermanos estaban haciendo bombas para matar a su hermano”, recuerda entre lágrimas.

Dos decenas. Los lugareños afirman que hay 20 tumbas. “El terreno que ves es el original del cementerio”, aseguran.

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LA MEMORIA DE KASSERINE

Marcelino fue uno de los 909 españoles –en su mayoría gallegos, murcianos y andaluces– elegidos por las autoridades francesas para integrar un proyecto diseñado por el gobernador general de Túnez Erik Labonne, destinado a desarrollar Kasserine, que entonces no era más que una aldea de casas de adobe. Junto a él viajó Francisco Puig Suárez, al que hasta hace poco meses su familia buscaba por las fosas y cunetas de España. Labonne ordenó reclutar ingenieros, albañiles y agricultores que pudieran contribuir a la construcción de la vía férrea, un depósito urbano de agua y un sistema de regadío. “Los que quedaron suponían un problema financiero. Por eso, a partir del mes de abril el Gobierno francés comenzó a utilizarlos como especialistas en diferentes trabajos en el centro-oeste de Túnez. Introdujeron en este país cosas como las acequias con hormigón armado”, destaca el historiador tunecino.

Apenas queda memoria de Marcelino en Kasserine, pero sí de otros españoles a los que se recuerda con admiración y cariño. En particular a un hombre identificado como Ramón Vázquez, director de la central eléctrica de la ciudad y bastión del equipo de fútbol. En la sede del AS Kasserine, fundado en 1948, señalan que Vázquez y sus colegas gallegos fueron esenciales en la creación de la entidad, que comparte los colores verde y blanco con el Racing de Ferrol. “Los españoles trabajaban muy bien. Hay muchos que murieron aquí, pero también que regresaron a España”, explica con voz agotada y un castellano correcto Brahim, un anciano de 92 años que conoció a los republicanos y trabajó con ellos en la fábrica de papel, una de la más grandes del norte de África. Frágil y con demencia, el anciano es una de las últimas memorias vivas de los españoles. “Eran muy diferentes a los de otros países. Eran hombres muy buenos, los estimo”, balbucea antes de recordar a Vázquez.

El otro recuerdo vivo lo guarda Ahmed Rahmouni, un hombre nacido en 1943 que entró de aprendiz en la central eléctrica y también conoció a Vázquez y a su mujer, Latifa, cuando era niño, y a otros muchos españoles. “El señor Basilio trabajaba en la canalización de agua y Vázquez era el jefe de la central eléctrica. González era jefe de parque, Jairo era albañil y Laporta era chatarrero y al mismo tiempo enfermero. Después de su trabajo atendía a los pacientes en Kasserine, curó a muchas personas. Yo era aún pequeño, pero oí que huyeron del ejército español y fueron protegidos por los franceses. Escuché también que había otros españoles en la ciudad de Dahmani, a 85 o 100 kilómetros de aquí”, rememora junto a la vieja fábrica, aún en marcha. “Los españoles vivían junto a los franceses, eran agricultores. Era una relación normal. No había dificultades en la convivencia. Ningún problema. Estuvieron aquí cerca de 70 años”, subraya antes de lamentar el estado de abandono del cementerio. “Antes no estaba así”, insiste. “El cementerio era para los cristianos, no solamente para los españoles, pero hay muchos españoles allí. El señor Jairo, por ejemplo, sé que está enterrado allí. Hay otros, pero he olvidado sus nombres porque era muy pequeño. Huyeron de Franco y permanecieron aquí junto a los franceses en Túnez. Eso es lo que he oído, pero no sé si es cierto”.

Salah Saadly coincide con él. Insiste en que no quiere dinero por cuidar las tumbas, solo colocar una puerta para evitar que entren curiosos y maleantes. Y una ayuda para limpiar el suelo, plantar césped y algunas flores que devuelvan la dignidad a unos hombres que murieron lejos de sus familias y de su patria. “¿Es tan difícil para el Estado español? No exige mucho, un conserje para vigilar el cementerio y cuidarlo, creo que no costaría mucho. Para que las familias puedan venir a visitarlos”, dice sin encontrar explicación al olvido. “Son nuestros hermanos, ¿por qué les han hecho esto?”, afirma. Bechir Yazidi comparte la idea, que ya ha transmitido a la Embajada de España en Túnez, y advierte: “Los de Kasserine no son los únicos. Es muy posible que haya otros enterrados en otros lugares”.

Antes de las tumbas. Se sabe que los enterrados llegaron a Túnez a bordo de la flota republicana que huyó desde el puerto de Cartagena el 5 de marzo de 1939.