La emergencia que vive Honduras a causa del covid-19 tiene literalmente prisioneros a los libros, por lo que el sector está pidiendo que se le permita funcionar para que las letras no estén ausentes en la familia, en un país donde la cultura nunca ha sido prioridad para ningún Gobierno.

Cámara del Libro hondureña pide reabrir en un país «alérgico» a la lectura

Un reportaje de Germán Reyes / EFE

Fotografías de EFE

Crisis. La ausencia de políticas, el bajo poder adquisitivo y el escaso hábito de la lectura son factores adversos para la situación que enfrentan las librerías y editoriales ante el covid-19.

Quienes se dedican a editar y publicar libros hacen un gran esfuerzo, pero no son correspondidos por una sociedad que, además, lee muy poco. Es como alérgica a eso, de ahí el gran superávit de ignorancia que tiene el país centroamericano, donde la lectura en muchos casos no es un placer, incluso entre universitarios.

Hay universitarios que leen más por la exigencia de un maestro, entre los que no faltan los que obligan a sus alumnos a que lean, pero textos que escribieron ellos, algunas veces ya desfasados.

Desde que entró en vigor el toque de queda por el coronavirus, el 12 de marzo, diversos sectores han clamado, algunos a gritos y otros con protestas en carreteras y bulevares, para que se les permita vender o comprar alimentos o cualquier otra cosa, pero nadie ha protestado porque a las librerías no se les ha permitido abrir.

Son muchos los que a diario hacen grandes filas para comprar una hamburguesa, pero muchos más los que no alimentan su intelecto, lo que en parte también se está reflejando entre gente que, sabiendo que el coronavirus es mortal, circula sin ninguna protección, pese a los llamados para que al menos lleven puesta una mascarilla.

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PETICIÓN DE LA CÁMARA HONDUREÑA

Para aliviar la difícil situación que enfrentan las librerías y editoriales, representadas en la Cámara Hondureña del Libro (CHL), le han pedido al secretario de Seguridad, Julián Pacheco, autorización para funcionar de manera parcial y supervisada, mientras esté vigente la emergencia sanitaria.

«La cadena del libro está conformada por micro, pequeñas y medianas empresas que, al igual que los demás sectores de la economía nacional, estamos sufriendo las consecuencias negativas del cierre temporal de nuestras actividades; entre otras, el inminente riesgo de perder los puestos de trabajo que genera este sector», subraya una carta enviada por la CHL a Pacheco.

La CHL considera que «es necesario que niños, niñas, jóvenes, docentes y padres de familia dispongan de libros y otros recursos didácticos para desarrollar de manera integral y creativa el proceso educativo en casa», añade la carta.

Subraya que, como se sabe, la educación virtual es complementaria y no está al alcance de todos los educandos, por lo que los libros y demás materiales didácticos son imprescindibles para lograr el aprendizaje.

La CHL considera que el funcionamiento de librerías y editoriales colaborará de manera significativa a evitar que se pierda el año escolar por las razones expuestas a Pacheco, lo que traería graves consecuencias para la educación nacional y la sociedad en general.

«La disponibilidad de recursos didácticos y lectura recreativa contribuiría de forma notable a reducir los niveles de ansiedad e incertidumbre de niños, niñas y jóvenes -y también de las personas adultas-, que produce el obligado confinamiento y aislamiento social que está viviendo la población», resalta la misiva a Pacheco.

La Cámara Hondureña del Libro considera además que es necesario que el Gobierno reconozca la importancia del sector del libro, «sobre todo en estas circunstancias adversas, como aliado clave para el avance de la educación y la cultura nacional».

En principio,»los libreros», como se le conoce a la CHL, piden que se les permita funcionar mediante entregas a domicilio y ventas de oficina estrictamente supervisadas.

La CHL también se ha comprometido a velar por el cumplimiento de las regulaciones de bioseguridad para garantizar la salud de colaboradores, clientes y proveedores.

La Cámara Hondureña del Libro considera además que es necesario que el Gobierno reconozca la importancia del sector del libro, «sobre todo en estas circunstancias adversas, como aliado clave para el avance de la educación y la cultura nacional».

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AUSENCIA DE POLÍTICAS CLARAS

El presidente de la CHL, José Modesto Canales, dijo que el mundo del libro no es nada fácil en Honduras, ni en cualquier país del área centroamericana o latinoamericana.

«Estamos preocupados por muchos aspectos, uno de ellos es que no hay políticas públicas claras de parte de los gobiernos, de los anteriores y el actual, en el afán de integrar la educación y la cultura nacional», agregó.

Esa problemática, según Canales, hace que todo el sector de los libros se vea afectado y que haya bastante incertidumbre. Los libreros le piden al Gobierno y a la sociedad hondureña que no olviden que hay un sector muy importante en el país que es la industria del libro, la que abarca editoriales, librerías, también a profesionales en cada una de esas áreas como ilustradores y diseñadores gráficos, e imprentas.

Canales expresó que entre los factores adversos figura el escaso hábito de lectura entre los hondureños y el bajo poder adquisitivo de la mayoría, en un país donde más del 60 % de sus 9.3 millones de habitantes son pobres.

Otro factor son los maestros, quienes en el nivel primario «deben hacer una mejor labor, en el sentido de inculcar el hábito de la lectura en los niños y jóvenes, porque es la única forma de concientizarlos de una realidad distinta a la que nosotros vivimos actualmente», dijo Canales.

Libros. La cadena del libro de Honduras, conformada por micro, pequeñas y medianas empresas, también está sufriendo las consecuencias ante el cierre temporal por el covid-19.

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LA LECTURA NO ES NINGUNA PRIORIDAD

Daniela Herrera, ejecutiva del Grupo Liser, que aglutina a varias librerías del país, indicó que están enfocados en la literatura en general, en parte con textos para instituciones y útiles escolares, pero que el momento actual, por la covid-19, «es difícil» porque no han podido integrarse al sector educativo.

La causa por la que en Honduras se lee muy poco, en opinión de Herrera, es porque esa actividad quizá figure entre «las últimas prioridades de los hondureños».

«Ese es el problema, los hondureños no han colaborado desde los primeros años de la escuela para darle prioridad a los libros. De ahí viene ese bajo número de lectores a nivel nacional», subrayó.

El hábito de leer se inculca primero en la casa y después en la escuela, pero en Honduras las prioridades son otras, por lo que se tiene «descuidada» la lectura, además de que «la economía del país tampoco ayuda para esta situación», acotó Herrera.

El confinamiento forzado por el coronavirus debería de ser una buena ocasión para que más niños y adultos hondureños lean en familia, pero pareciera que muchos padres no saben que un libro cerrado viene siendo como un amigo que siempre espera, y que nadie se muere por leer demasiado, pero sí por ignorancia.

 


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