Tres meses han pasado desde que El Salvador cerró el Aeropuerto Internacional Monseñor Arnulfo Romero por el covid-19. Por lo menos 4,000 salvadoreños quedaron varados en el exterior y, la fecha, datos de Cancillería de la República reflejan que solo 600 han regresado. Algunos en vuelos gestionados por el gobierno, otros por cuenta propia. El resto sigue lejos de su familia y, desde donde están, ven cambiar al mundo y a los suyos. Las cartas reproducidas en esta edición hablan del anhelo de recuperar los días perdidos, con el calor que solo pueden dar los abuelos, los padres, los hijos, las mascotas. Con el calor que da una familia.

Con amor, desde cualquier parte del mundo Las cartas de los salvadoreños varados

Un reportaje de Stanley Luna

Fotografías de / Ilustración de Carlos Aguirre

Ilustración de Carlos Aguirre
Ilustración de Carlos Aguirre

Ana Carolina Vidales, varada en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Viajó por trabajo.

A mis amores Toto, Titi y Yiya, solamente recordarles: Esto también pasará, y no me refiero al virus, ese vino para quedarse. Los inteligentes estamos aprendiendo a conocerlo, manejarlo y convivir con él. Me refiero a los intereses creados, que se aprovechan del virus sin importar el dolor que causan.

Para algo nos quiere Dios en este momento, lugar y circunstancia. Superémoslo con amor, valentía y agradecimiento por los aprendizajes que enriquecen nuestras vidas. No permitamos que nada ni nadie nos robe la paz. Cada día los amo más y estoy más orgullosa de mis tres obras de arte. Mamá.

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Cristina de Lowy, varada en La Vegas, Estados Unidos. Viajó a visitar a un familiar que sufrió un accidente.

Hola querida familia:

Este día, nuevamente, he despertado con la esperanza de que con suerte pueda haber otro vuelo y me avisen que voy en él. Sé que tengo que trasladarme a otra ciudad porque, si por el momento, solo a los vulnerables nos llevan, somos pocos en esta ciudad, así que tendré que irme donde me indique el cónsul, a quien le hemos estado preguntando tanto, que ya ni nos responde, creo que lo fastidiamos con tanta preguntadera.

Cuando salimos ese miércoles con Geo, nunca nos imaginamos la pesadilla que habríamos de vivir. Ella para el Sur, por su trabajo, yo para el Norte, como un gesto solidario.

No saben cuánto anhelo estar en casa. Después de haberme perdido el cumpleaños de Gaby, 8 años, mi niña. Llorando, la felicité, y me dolió aún más cuando me dijo: «Abuela, es que yo quiero que estés aquí, me haces mucha falta». Esas palabras me dolieron mucho.

Dejarlo a usted solo mi viejo… pero que, gracias a Dios, los dos muchachos decidieron irse con usted a nuestra casa, cuando la cuarentena comenzó, para hacerle compañía, sacrificando sus hogares, y al cuidado y compañía de Fernandita, mi niña de apenas 9 años.

Su alimentación siempre ha sido mi prioridad, porque sé que siempre ha disfrutado de mi cocina.

Mi cumpleaños en esta ciudad, el 13 de abril fue muy triste. Mi familia, aquí, me preparó un desayuno, queriendo hacer el día más llevadero. ¿Cómo poder disfrutarlo si siempre lo hemos pasado al lado de ustedes y el grupo de amigos? Recuerdo la celebración de mis 65 años, una gran celebración como presagiando que este sería tan triste.

Ni recordar quiero el Día de la Madre. Cada llamada era una nostalgia de los tiempos al lado de ustedes.

Hoy pido a Dios me conceda la gracia de estar al lado de ustedes para celebrar el Día del Padre, a ese hombre que se merece toda celebración.

¿Saben lo que haremos al llegar? Abrazarnos, darles los besos que les he mandado en cada llamada telefónica, y cuando termine la cuarentena, reunir a todos los nietos y amistades y agradecer a Dios por mi retorno. Celebraremos el cumple de Geo, Cami, Carlitos y Gaby y celebraremos la vida. Tomaremos también una tarde con el grupo de matrimonios amigos para ir al cementerio y llevar flores, cantarle y despedirnos de nuestra gran amiga, que partió al cielo recientemente sin que pudiéramos verla.

Habremos de requerir de mucho tiempo para hacer los pendientes que tenemos, pero, como siempre les he dicho, quiero al lado de ustedes vivir la vida.

Les amo hasta el infinito.

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Violeta Vergara, varada en Estados Unidos. Viajó por un contrato de trabajo de noviembre a marzo.

A mi esposo, a mis padres y demás familia, porque somos muy unidos: Los extraño demasiado, tanto como ustedes a mí. Es imposible recuperar tanto tiempo lejos, pero que al llegar vamos a pasar tiempo de calidad y a afrontar esta crisis mundial juntos.

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Yesennia Maylett López de Rodríguez, varada con su mamá, su abuela y su hija en Downey, en Los Ángeles, Estados Unidos.

A mis seres queridos en El Salvador:

Les diría lo mismo que me digo todos los días, que los designios de Dios no los entendemos, pero que él siempre busca lo mejor para nosotros. Y pronto estaremos juntos, solo recordando esto como un mal momento de nuestras vidas. 🙁

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Emy Mena, varada en México. Viajó por trabajo.

Nos abrazamos en el aeropuerto sin saber que el próximo encuentro tardaría tanto. Después de más de dos meses, hemos encontrado la manera de sentir que Tijuana y El Salvador están cerquita, desde las videollamadas diarias y en celebraciones de fechas especiales. Pero nada va a reemplazar el calor de sus besos y caricias. He preferido no ilusionarme con la fecha de cuándo estaremos juntas otra vez, pero sí que me he imaginado muchas veces cómo será ese abrazo que nos daremos cuando regrese, por fin, a El Salvador.

Como dice mi papá, las amo desde mi corazón a sus corazones.

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Tatiana Ventura, varada en México con su bebé de un año. Viajó por turismo.

Quiero que este mensaje llegue a las personas que han sido parte de mi vida, que de una u otra manera han aportado un poco para convertirme en la mujer valiente que soy: mi familia.

Yo sé que estamos en tiempos de crisis. El mundo es un caos, pero Dios ha sido fiel en este viaje, que era de una semana y, al final, se hizo de meses. Quiero que sepan que en el camino he conocido a personas buenas, entre ellos [email protected], que han sido de gran apoyo para mí y mi bebé.

Mamá, lamento mucho haberte dado esta preocupación, pero quiero que sepas que estamos bien y algún día vamos a poder regresar. Gracias a mis tías que, también, son como mis madres por estar pendientes de nosotras. Dios bendiga a El Salvador.

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Mirian de Chávez y Carlos Chávez, esposos de 71 y 76 años. Varados en Valparaíso, Chile. Viajaron por la graduación su hijo.

Hola, hija, ¿cómo estás? Nosotros acá, siempre con la desesperación de poder volver. Me preocupa que, en la trayectoria hasta llegar a casa, no lo podamos lograr.

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Alejandro Polanco, varado en Panamá. Viajó por trabajo.

Extraño mucho a mi familia, perderme el primer cumpleaños de mi hijo, sus primeros pasos. ¡Ha dolido mucho! Mucha fuerza y paciencia a mi familia. Me estoy cuidando al máximo para verlos pronto.

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Manuel y Ana de Rivera, esposo varados en Florida, Estados Unidos. Viajaron por trabajo.

Sin lugar a dudas, esta es la situación más difícil que hemos atravesado como familia. Hijos, al no haber alerta de no viajar, ningún caso de virus en el país, no fuimos capaces de prevenir esta situación a la que los hemos expuesto.

Javi, a tus 14 años, estás siendo muy fuerte, saliendo adelante, bien, en el colegio. Estamos muy orgullosos de ti. Manu, empezando tus estudios en la U y apoyando en todo a tu hermano, ahora como un tercer padre. No podemos pedir más de ustedes.

Familia extendida, gracias por su apoyo y oraciones. No perdemos la fe y confiamos pronto estaremos de regreso. Dios los bendice y protege en todo momento.

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Diego Ramírez, 21 años, varado en Nueva York. Viajó por la muerte de su abuela.

Extraño a diario a mi familia. Cada día que pasa es más difícil poder resistir a los pensamientos negativos y a la incertidumbre de no saber cuándo volveré, pero sé que Dios no da las pruebas en vano. Tengo fe en que pronto estaré allá con ustedes Lissette, Carlos, Elsa, Lesly y todos los demás. Los extraño.

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Neidy Rodríguez, 30 años, varada en EUA. Viajó para conocer a su sobrino.

Me siento triste. No menosprecio la ayuda de familia que me han dado, pero esta ha sido una prueba dura. Estar lejos de la tierra uno no lo valora hasta que no puede regresar. Extraño mi cama, mi casa, a mis papás, mi trabajo, a mis amigos. Extraño el calor salvadoreño. Extraño un domingo en casa viendo televisión con mi mamá, debajo de una sábana.

Todos los días me levanto con la esperanza que me llamen para regresar y cada día me acuesto con ansiedad y tristeza. Mi trabajo me genera mucha ansiedad, porque no sé cómo me pondré al día con el trabajo que han continuado haciendo los demás. Si es que la situación no se complica más y ya no lo puedo recuperar, lo único que quiero a estas alturas es regresar. No me imaginé en ningún momento que salir de viaje se convertiría en una situación tan desafortunada.

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Lupy Siu, varada en Plano, Texas, Estados Unidos. Viajó a visitar a su familia.

¡Las palabras que busco no existen, pues mi agradecimiento por todo el apoyo, cuidado, ánimo y amor que he recibido de parte de mis papás, Guille, Gaby, Fiore, mi amada Titi, Astrid, Salomé, Bea, Julio, Patty, en El Salvador, no tiene comparación! Mirna, José Luis, André, Charlie, Coco, gracias por estar conmigo en esta crisis. ¡Los amo! Hoy fue un día menos para estar con ustedes. Ya casi nos vemos. Han estado conmigo 88 días, mil gracias. Sin Dios no hubiera podido resistir hasta hoy, ha sido mi fortaleza.

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Xenia Argueta, varada en Estados Unidos. Viajó por compromisos familiares a sus 12 semanas de embarazo.

Querida familia:

Los extraño mucho. Es difícil perderme de momentos tan importantes junto a ustedes. Cómo quisiera estar ahí en estos momentos que todos necesitamos apoyarnos. También es difícil sentirse vulnerable y hasta desamparado. Te preocupas por no enfermarte y no tener claro dónde te pueden atender, o si vas a tener que pagar mucho. O en el peor de los casos, no poder pagar y necesitar que te atiendan.

Muchos en mi situación ya están cansados y desesperados. Después de casi tres meses sin tener claro cómo es el proceso que siguen las autoridades, muchos buscaron sus propios medios para retornar por tierra, yo ya lo hubiera hecho, pero por mi embarazo y el temor de cualquier emergencia, prefiero seguir esperando, aunque eso signifique tener días con mucha angustia.

Espero que pronto podamos reunirnos, ver qué podemos hacer para apoyarnos en esta crisis, y sobretodo, poder preparar todo para el nacimiento del bebé, ya en casa.

Los amo mucho y los extraño más que nunca. Cuídense mucho. Espero vernos pronto.

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Sandra Argueta de Ramírez y José Roberto Ramírez, esposos varados en Florida. Viajaron por trabajo.

Nos despedimos de nuestros hijos Ale (11) y Mateo (8) en casa. Eran normales los viajes por nuestros trabajos en aviación. Algo pasaba por la mente de nuestros hijos, quienes nos mencionaban una y otra vez que viajáramos juntos, que no querían alejarse de nosotros tanto tiempo; si hubiésemos sabido que pasarían tres meses sin poderlos ver, sin duda solicitaríamos permiso al colegio para justificar su ausencia.

Tantos cambios en este tiempo: para nosotros, estar lejos y quedarnos sin un salario y, para ellos, mudarse con sus abuelos, iniciar solos un proceso de estudio en línea, verse limitados a tantos aspectos tecnológicos que harían difícil su nuevo estilo de estudio; pero, sobre todo, estar alejados de ambos padres en una pandemia que afectaría su salud emocional.

Y llegó el cumpleaños 9 de nuestro hijo menor, el 4 de mayo, una celebración con sentimientos de felicidad y tristeza. Mis padres nos contaron que él hizo una reflexión: «No entiendo por qué mis papás no pueden estar con nosotros en esta pandemia, se supone que el COVID debe unir a las familias y nosotros estamos separados».

Cada vez que Ale preguntaba «¿cuándo regresarán?», manteníamos la esperanza y el positivismo, le decíamos que pronto sería y que no se preocupara, y pasó marzo, abril, mayo y llegamos a junio. Ahora cuando nos pregunta nuevamente, lo único que podemos contestar es: «Esperamos que no tome más tiempo». Si bien es cierto que la tecnología es de gran ayuda para mantener la comunicación, para nosotros se convirtió en la única opción y no en nuestra decisión. Es difícil sobrevivir con incertidumbre, preocupaciones, con mentiras y silencio de nuestro país.

El sueño se ha perdido, nos levantamos y acostamos viendo nuestros teléfonos, esperando un mensaje que alguien diga que podemos regresar, sin ningún indicio que pronto será, pero mantenemos la esperanza que pronto podremos abrazar a nuestros hijos y familiares. Como dice mi mamá: «No digas adiós, dinos hasta pronto». Esperamos que este pronto no tarde mucho en llegar.

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Ana Bea Lazo, varada en Ciudad de México. Viajó por vacaciones.

Mafer, Silvito y Benita:

Nos han violado el derecho a volver, pero todo pasa. Por ejemplo, el gobierno de turno.

ESTO TAMBIÉN PASARÁ.

LOS AMO, siempre suya.

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Carolina Monzón, varada en Houston, Texas, Estados Unidos. Viajó por salud.

Hasta Santa Ana. A mamá Aly:

pronto conocerás a tu nieta Lucía y podremos abrazarnos de nuevo. ¡Te amamos, mamá!

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Sthefanne Amaya, varada en Los Ángeles. Viajó hace tres meses con su madre de 50 años, una señora con hipertensión.

Querida Familia:

Sé que es difícil explicar el simple hecho de estar lejos de casa. Lejos de cada uno de ustedes, de mi hermano y sus locuras; de mi abuela y sus consejos; de mis primos y sus cariños; y el resto de cada uno, más cuando no existe ningún sentimiento que nos ayude a darnos resignación y motivación para afrontar la realidad.

En verdad, es un gran cambio en nuestras vidas y son nuevos desafíos. Sé que podemos llamarnos seguido, enviarnos mensajes para darnos motivación, para que todo esto sea más fácil y nos ayude. Pero la vida no es fácil y los días pasan demasiado de prisa, y no podemos vivir mirando al pasado.

Tomamos decisiones, que en su momento creímos acertadas, y tenemos que apostar por ellas, por lejos que nos lleven. Sin embargo, el estar en estos momentos lejos familia, de ustedes, no significa que nos hemos ido para siempre, tampoco que no nos volveremos a ver.

Los amamos y no dejamos de pensar en cada uno de ustedes, pero muy pronto sentiremos y disfrutaremos un gran abrazo de reencuentro.

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Karla Reneé (madre), Geovanni (padre) y Geovanni (hijo), varados en Los Ángeles. Viajaron a una visita familiar.

Querida familia. Nunca pensamos que salir de nuestra casa por unos cuantos días se extenderían a casi tres meses de angustia y desesperación. Han pasado los días y el vacío de estar lejos de ustedes se ha incrementado aún más.

Extrañamos todas las cenas en familia, a nuestros mejores amigos y las cosas más simples, como un beso o un abrazo. Nuestro hijo de tres años anhela estar con su hermanito Sebastián y extraña mucho a su papito (abuelo), a su abuela, a sus tías y tíos.

Ha sido un largo calvario, sin embargo, Dios ha sido bueno con nosotros y ha puesto ángeles en nuestro camino que nos han ayudado, tales como familiares, amigos y hasta personas que ni siquiera conocemos. Pero lo que más anhela nuestro corazón es poder regresar a casa con bien, regresar a nuestro amado El Salvador. Esperamos verlos muy pronto y poder abrazarlos de nuevo.

Geovanni, Karla Reneé y Geovanni René.

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Gracia Castaneda de Velásquez, varada en Miami. Viajó a visitar a su hermana y allá cumplió 35 años.

A mi esposo e hijo les quiero decir: Me duele perderme días especiales, como cumpleaños, Día de la Madre y del Padre. Me duele no poder ayudarte con tus clases virtuales en el colegio, así como también me duele no poder apoyarte en tu trabajo, el cual no has parado de realizar, ya que es esencial.

Me duele estar lejos de ustedes tanto tiempo, pero más me duele, no poderles decir cuándo voy a regresar.

Los extraño como no se imaginan y lo único que sé es que esta distancia solamente servirá para unirnos más. Los amo.

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Rebecca Muyshondt, varada en Estados Unidos. Viajó por vacaciones.

Puede resultar difícil estar lejos de nuestros seres queridos, más aún si se trata de estar separados por razones de fuerza mayor y que no podemos controlar. Ha sido un cambio drástico y retador. Con muchos sacrificios para mí, como para ustedes (mi familia). Sin embargo, hoy más que nunca agradezco las pequeñeces de la vida que uno toma por sentado.

Han sido tres meses de reflexión, de positivismo y de agradecimiento y respeto hacia la vida. Jamás olvidaré esta experiencia, creo que ningún ser humano lo hará. Es un año que marcará la vida de muchos para siempre. Solo puedo decirle a mi familia que los amo y espero abrazarlos pronto.

 


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