Este reportaje es un recordatorio más de que es indispensable ver hacia las escuelas si lo que se busca es una solución eficaz a los principales problemas sociales.

Carta Editorial

por Glenda Girón, Editora

Deuda. El sistema educativo salvadoreño cuenta con varias carencias, entre las que se destacan las estructurales.

Aquello de “no se logran cambios haciendo lo mismo de siempre” es una frase que ya está dicha hasta el cansancio. Pero no quiere decir que haya sido asimilada. En materia de educación pública, en El Salvador y, prácticamente en el Triángulo Norte, seguimos haciendo lo mismo desde hace décadas. Y los resultados ni siquiera son iguales, son cada vez peores.

Una de las carencias más grandes que tiene el sistema actual es que no estimula los diferentes tipos de inteligencia. No ofrece, en general, oportunidades para abrirse a la creatividad o a la solución de problemas de manera innovadora. Y, en este sentido, la deuda más importante tiene que ver con el fomento de la lectura.

El reportaje de esta edición se basa en la cantidad de bibliotecas con las que cuentan los centros escolares públicos del país: solo 2 de cada 10 cuenta con una.

Y estar en esa lista de las que tienen biblioteca no quiere decir que se debe asumir que se usa. Hay centros escolares en donde por razones de espacio o de recursos humanos, los estudiantes no tienen acceso a los libros. Mientras los ejemplares guardan polvo y se deterioran poco a poco, se pierde con los estudiantes una ventana de oportunidad única para inculcarles el aprecio genuino por leer.

La lectura abre mundos, enriquece criterios, entretiene e influye en la formación de la personalidad. Leer no puede seguir siendo un lujo, no puede seguir siendo otra manera de segregar y de mantener gorda la brecha de desigualdad.

Este reportaje es un recordatorio más de que es indispensable ver hacia las escuelas si lo que se busca es una solución eficaz a los principales problemas sociales. En un país en el que todos los días se libran dramáticas luchas por conseguir comida y seguridad física, en las casas en donde más se necesitan, quizá no haya libros. Las escuelas deberían ser ese refugio para que los estudiantes se encuentren con todo lo que los pueda hacer mejores ciudadanos. Un libro encontrado a tiempo puede ser suficiente combustible para ampliar el horizonte.

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  • 22 julio, 2018 / Carta Editorial de Glenda Girón  (SÉPTIMO SENTIDO)

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