Pablo Alvarado es el salvadoreño que en Estados Unidos dirige la National Day Laborer Organizing Network (NDLON), que en español se conoce como Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras. Por ahora, esta asociación cuenta con 70 sedes en donde se tramitan denuncias por falta de pago, así como procesos de deportación. Ha sido reconocido por instituciones como la Fundación Rockefeller como uno de los líderes que buscan soluciones a los retos de las democracias.

Si creen que Trump se va a supeditar a las iniciativas de un presidente de El Salvador, están equivocados

Una entrevista de Glenda Girón

Fotografías de Glenda Girón y agencias

Pablo Alvarado, codirector de la NDLON

“Llegaron, llegaron, llegaron los jornaleros; cantando cumbia, los jornaleros”. El que toca es el grupo Los Jornaleros del Norte, y ahí está Pablo Alvarado, con una guitarra. El video, alojado en YouTube, es de 2009, y corresponde a una ocasión en que se presentaron en el Centro Laboral de la UCLA, en Los Ángeles. Alvarado es fundador de esta iniciativa musical, pero también de muchas otras que se enfocan en visibilizar a la comunidad inmigrante en Estados Unidos.

En 2001 fundó la National Day Laborer Organizing Network (NDLON), conocida en español como Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras. Desde esta institución, de la que ahora es codirector, se han creado 70 centros de trabajadores en 22 estados. En estos lugares se canaliza la primera urgencia de un inmigrante: empleo.

“Funcionan como ‘santuarios’”, explica Alvarado. Son sitios en donde se facilita el intercambio entre los que ofrecen mano de obra y quienes la necesitan. Todo gira en torno al empleo. Porque también son lugares que ofrecen asesorías en caso de que algún patrono no pague lo acordado por un trabajo ya terminado.

El TPS es una campaña muy importante que tenemos que ganar por una sencilla razón: si no les podemos salvar los papeles a los que ya los tienen, jamás vamos a poder salvar a los 11 millones de indocumentados.

Alvarado se naturalizó como estadounidense. Hace más de 20 años salió de un cantón de Usulután. Y entiende el sentimiento de muchas personas que ante un proceso de deportación se preguntan qué pueden hacer en su país de origen, si ya no les queda ahí nada ni nadie. La NDLON también asesora a quienes caen en esta situación.

Alvarado no solo canta, cuando ha sido necesario, ha gritado frente a casas de los patronos que no pagan y ha protestado ante las instancias del Gobierno estadounidense. Lo único malo que la comunidad de inmigrantes puede hacer es no hacer nada, enfatiza durante un descanso en el Encuentro de Articulación Internacional entre organizaciones de Migrantes y pro-Migrantes que se llevó a cabo en Cuernavaca, México, del 10 al 12 de abril, y que fue convocado gracias al apoyo de la Fundación Avina.

¿Con qué recursos cuenta la National Day Laborer Organizing Network (NDLON)?
Nuestro trabajo es alrededor de derechos migrantes, derecho laborales y la intersección de ambos. En EUA hemos abierto 70 centros de trabajadores, adonde todos los días llegan centenares y centenares de trabajadores. Ellos llegan en busca de un empleo y nosotros facilitamos ese proceso de que le den empleo al trabajador. Nos aseguramos de que la transacción entre patrón y trabajador sea transparente y no vaya a haber abuso.

¿Esta asesoría se realiza al margen de si quien la solicita tiene o no documentación?
Sin importar el estatus migratorio, cualquier persona puede llegar a estos centros. Llegan personas sin documentos, con documentos, ciudadanos. La mayoría son mexicanos y centroamericanos, pero en realidad estamos abiertos a recibir personas de todo el mundo. Esta es nuestra tarea primordial, pero resulta que, también, muchos de nuestros miembros están en proceso de deportación.

¿Cuántos de ellos están en esta situación?
Es un segmento grande los que están corriendo el riesgo. Los que en este momento ya están en proceso de deportación son 25 personas. Aunque esto varía.

¿Qué puede hacer la asociación cuando sus miembros enfrentan procesos de deportación?
La asociación somos miles de trabajadores. Estas 25 personas son los que están siendo deportados ya. Aunque este es un riesgo que corre la mayoría, porque no tienen documentos o están arreglando su documentación. Para ellos la vida es andarse escondiendo, evitar que los agarren. Se encuentran en un limbo. Todos están en un limbo, tanto los que están en proceso de deportación, los que están arreglando y los que no tienen nada. Esta es la población con la que nosotros estamos trabajando, la que está en una situación de precariedad y de incertidumbre. Pero al mismo tiempo, aún en estas circunstancias, lo que nosotros como asociación hacemos es organizarlos para que juntos luchemos.

¿A qué nivel hacen esas luchas?
Nosotros sabemos que los políticos van y vienen. Y que la lucha de la gente es la única certidumbre que tenemos. Cuando hablamos con alguien y nos dice ‘no voy a ceder mis derechos, voy a luchar’, entonces ponemos a andar campañas. Estas campañas giran en torno a salarios no pagados y también en torno a gente que está en proceso de deportación. Ahorita tenemos varias, pero, claro, hay unas que son más fuertes que otras. Por ejemplo, nos acaban de deportar a un líder que teníamos en Florida. Lo enviaron para Argentina y vamos a iniciar una campaña para regresarlo a Estados Unidos, porque dejó a toda su familia allá. Y así, cada caso tiene su particularidad. Nosotros juntamos a la gente para que luche, es lo principal que hacemos.

¿Qué tipo de relaciones busca la asociación propiciar en los centros de trabajo?
Los centros de trabajo son el ejemplo más claro de que lo que es un ‘santuario’ para migrantes. En el sentido de que todo mundo llega a buscar empleo, tenga papeles o no. Y ahí también llegan los ciudadanos de EUA para ofrecer trabajo. Este es el intercambio que la migración permite. La dinámica bajo la cual se rige la actividad económica tiene que ver con la oferta y la demanda: el trabajador tiene su mano de obra y hay gente que la necesita; desde dueños de fábricas, dueños de casas, de restaurantes, de apartamentos, es decir, todos, eventualmente. Gran parte de nuestro trabajo es asegurar que estas relaciones estén claras y que a la gente le van a pagar cuando la contratan.

Ustedes tienen 70 sedes en 22 estados, ¿con las movilizaciones de las caravanas han atendido a más gente?
Hay varios fenómenos con respecto a la caravana. En los centros de trabajado la mayoría de los atendidos son mexicanos y centroamericanos. Ha habido mucha tensión entre ambos, y nosotros hemos tenido que hacer mucho trabajo de educación, porque, por lo regular, esta es una consecuencia del efecto Trump (en alusión al actual presidente de EUA, el republicano Donald Trump).

¿En qué sentido?
Muchos creen que los que vienen en la caravana van a minar la calidad de vida de los estadounidenses; que, de alguna manera, otorgarle derechos a los que están en la caravana, y a los indocumentados que viven en EUA, va a fregar a otras personas. Piensan que si se les entregan derechos a ellos, implica quitarles a otros. Los que han llegado antes han comenzado a pensar que los que están llegando ahora van acaparar los beneficios que les tocan a ellos. Esto es lo que han logrado nuestros adversarios. Nos han puesto en contienda. No estamos hablando solamente de trabajadores estadounidenses o ciudadanos que van en contra de los indocumentados. Estamos hablando de indocumentados que ya también creen que el que va caminando afecta su seguridad en EUA y que, si antes tenía alguna oportunidad de arreglar sus documentos, ahora menos, porque esa gente está afectando su oportunidad. Este es el efecto Trump, nos hace confrontar entre nosotros.

¿Qué contrapesos se le pueden poner al que usted llama “efecto Trump”?
Nosotros entendemos que eso es, en primer lugar, mentira y nuestros centros se han abierto para la gente que viene en las caravanas. Hay centros que han adoptado familias de Honduras que acaban de llegar, y ahí las están acompañado. En última instancia, esta infraestructura que hemos construido en Estados Unidos es para ayudarle a la gente. Para más nada. A cada centro llegan entre 50 y 120 trabajadores todos los días. Y dependiendo del mercado en el que se encuentran, así es el número de gente que se va a trabajar.

El 30 % de ellos (beneficiarios con TPS) son dueños de casas, están creando familias fuertes, participan en la vida cívica de muchas comunidades y, desde cualquier ángulo que lo vea, este es un segmento de la población que realmente merece pasar de estar en el limbo a un estatus migratorio permanente.

¿Cuál es la denuncia más común de los trabajadores?
La falta de pago. Hay un tipo de patrón que llega, los contrata, les dice que van a trabajar tres o cuatro días. Los amigos centroamericanos o mexicanos van y hacen el trabajo. Al tercer día, ya para cerrar, el patrón dice “bueno, voy a ir a traer el dinero al banco y voy a regresar en una hora para pagarles a todos”. Y no vuelve el patrón. Este es uno de los hechos que dan pie a denuncia. Pero hay quienes también dicen “te pago el sábado, espérame aquí para pasar a pagarte”, y ya nunca llegó.
El robo de sueldo, el abuso de los patrones y los accidentes laborales son parte de lo que más vemos en los centros. Hace unos días acaban de morir dos trabajadores inmigrantes en accidentes laborales que se dieron allá en Nueva York. Por otro lado, está la cuestión de la deportación. Cuando ellos o algún familiar entra en un proceso de deportación, nos buscan. La gente no sabe qué hacer, por ejemplo, cuando la policía interactúa con ellos, porque la policía intimida. Aunque hemos logrado que haya lugares en donde la policía no se involucre en la implementación de la ley de migración, siempre sigue existiendo la posibilidad de encontrarse con policías y, muchas veces, tienen prejuicios. Y aunque haya protecciones, si con el que le toca encontrarse es un policía racista, este va a hacer la pregunta “¿de dónde eres?”

¿Hay posibilidades para un inmigrante en situación irregular de recuperar los sueldos? ¿Qué acciones ejecuta la asociación?
No podemos resolver todo. No damos abasto. Pasaríamos las 24 horas en eso y no lo lograríamos. Con el ascenso de Trump al poder ha habido más robo de salarios. Y no solo eso. Hay más temor del trabajador de ir a un proceso, a una comisión laboral, de ir al Departamento de Trabajo para procesar un caso. Afortunadamente, no todos los patrones son malos, no todos son inescrupulosos. La mayoría de patrones son personas correctas y le pagan al trabajador. Muchas veces los casos de robo de salarios son malos entendidos que podemos resolver con una llamada. El 80 % se resuelve por esa vía. Pero hay también casos en los que vemos que el patrón es una persona que deliberadamente le roba la mano de obra al trabajador y con esos no tenemos piedad. Los llevamos a la corte.

¿Cómo?
Es muy importante que la gente sepa que en EUA usamos dos opciones. Una es la Corte de Reclamos Menores. Aquí llegamos cuando la víctima es un contratista, no es un empleado. Y cuando es un empleado que trabaja por hora, y tiene su relación con el patrón bajo unas normas establecidas, entonces podemos llevarlos a la Comisión Laboral. En ambas instancias, muchas veces, ganamos. Y nos dan el fallo en el que dice que ganamos. El problema es que todo lo que tenemos es eso: un papel que nos da la razón y que dice que ganamos. No es como que pueda ir a la policía a enseñarle el papel y a exigirle que vaya y que obligue a ese patrón a que pague. Las leyes laborales siempre benefician a las patronales. Pero no crea que cuando eso sucede nos cruzamos de brazos. Acá es donde aplica la organización de la que hablamos, porque vamos y protestamos afuera de las casas, afuera de los establecimientos o de los proyectos que tienen estas personas. Cuando hacemos eso, no perdemos. Pero lo hacemos, claro, cuando ya hemos pasado por un proceso legal, porque tampoco nos interesa ir a dañarle la imagen a una persona. Y lo hacemos cuando vemos que es algo deliberado.

¿Qué apoyo espera la comunidad de salvadoreños viviendo en EUA del nuevo gobierno?
Muchos de nuestros miembros son beneficiarios del TPS (Tratado de Protección Temporal). Así que, para nosotros, el TPS es una campaña muy importante, que tenemos que ganar por una sencilla razón: si no les podemos salvar los papeles a los que ya los tienen, jamás vamos a poder salvar a los 11 millones de indocumentados. Los tepesianos son personas que han hecho todo lo que se les ha pedido. No hay otra población que se someta cada 18 meses a un chequeo de antecedentes criminales; ellos lo han estado haciendo por 20 años. Es un requisito que paguen impuestos para mantener el estatus; y ellos lo han estado haciendo por más de 20 años. Les dicen que no deben de recibir beneficios o que sus hijos no deben de recibirlos; y lo han estado haciendo durante más de 20 años. Ellos, solos, se costean su propia vida. Les han dicho que deben mantener un empleo y lo han estado haciendo. Mas del 90 % de ellos, según nuestras estadísticas,mantiene un empleo. El 30 % de ellos son dueños de casas, están creando familias fuertes, participan en la vida cívica de muchas comunidades y, desde cualquier ángulo que lo vea, este es un segmento de la población que realmente merece pasar de estar en el limbo a un estatus migratorio permanente.

Partiendo de que el beneficio del TPS tiene los días contados, ¿qué tipo de medidas esperan que este nuevo gobierno ponga en marcha en favor de esta población?
Hay un buen número de tepesianos que son de El Salvador. Y yo no he escuchado, hasta hoy, a ningún tepesiano que me venga a decir “sabes qué, ya estoy listo para regresarme para El Salvador”. Nosotros, cuando vamos a El Salvador, siempre le hemos pedido a todas las fuerzas sociales que, en primer lugar, acompañen la lucha del tepesiano para quedarse en Estados Unidos. Les decimos que el bien común para salvadoreños allá y acá es que se trabaje para que la familia tepesiana se quede en Estados Unidos. Les hemos dicho también, allá, que no queremos que la precariedad de la comunidad tepesiana sea ocupada para sacar beneficios políticos o para echar culpas a determinada fuerza política. Porque nos dimos cuenta de que ya andaban diciendo que la razón por la cual Trump había quitado el TPS es porque había un gobierno de izquierda. Pero hay que ver que ahorita le acaba de quitar los fondos, y eso que lo que viene es un gobierno que no sabemos si va a ser de derecha, de centro o de izquierda. Esto va a seguir así de mal para nosotros. Porque las motivaciones políticas e ideológicas de Trump no tienen ningún tinte de nuestros países.

Esa es la foto que a mí me hubiera gustado ver: el presidente electo Bukele junto a Crista, reuniéndose, platicando con ella que ha vencido el miedo. Porque a ella es a la que hay que agradecerle que, por ahora, los salvadoreños con TPS no estén siendo deportados. Si, así como dicen, él podía ir donde quisiera, bien hubiera ido a juntarse con las personas que están luchando por ayudar a sus compatriotas y no lo contrario.

¿En qué se basan esas motivaciones?
Esto es, justamente, lo que siento que no se ha reportado bien. En EUA hay un movimiento de supremacismo blanco. Es impulsado por un segmento pequeño de estadounidenses, pero con mucho poder, muy vocal. Es un segmento que quiere revertir la tendencia inevitable de los cambios demográficos profundos que está sufriendo el país. Para 2040 o 50, la mayoría en Estados Unidos no va a ser blanca, va a ser gente de color. El ascenso de Obama (Barack, expresidente de EUA, 2009-2017) al poder les mandó una señal de que estaban perdiendo su estatus de mayoría y de que el país se estaba tornando a convertirse en una sociedad multicultural, diversa, pluralista, inclusiva. Eso a este segmento de la población le asusta, porque cuando la población de color llega, también reclama espacios de poder y representación. Ellos, los supremacistas blancos, sienten que están perdiendo eso, y que están perdiendo, según ellos, la cultura estadounidense. Se asumen invadidos.

Estas corrientes de pensamiento han estado presentes en Estados Unidos desde siempre, ¿qué es lo que ha hecho subir la intensidad de las medidas en contra de inmigrantes?
Este grupo de personas, hasta hace dos años, era un grupo marginal. Los que, de alguna manera, manejaban el tema migratorio de parte de ‘la derecha’ era el grupo moderado de los republicanos que creía más en la responsabilidad fiscal como medida de control. No se basaban mucho en ideologías racistas. Eran más de creer en hacer a todos parte de las responsabilidades fiscales. En este sentido, ellos hablaban de la inmigración en términos de si íbamos a ser una carga, si iban a tener que pagar por ellos, de si sus hijos iban a estudiar y eran, en términos financieros, preguntas legítimas, porque seguíamos hablando de dinero, de presupuestos. Pero ahora lo que vemos es a este segmento impulsar a otros a acechar a un pueblo por su origen étnico. Eso otra cosa.

¿Cómo se ha llegado a sistematizar este acoso?
Presentaron la ley SB1070 (ley de Arizona que califica como delito menor que una persona se encuentre en este estado sin contar con documentos en regla). Ahí, en las primeras líneas, hay un enunciado que dice que quieren afectar el tema migratorio por medio de una estrategia de desgaste. En otras palabras quieren hacerle la vida miserable al migrante, quieren cerrarle todos los espacios para que se autodeporte. Esta fue la política que adoptó Mitt Romney cuando estaba corriendo.

Pablo Alvarado, codirector de la NDLON

¿Qué opciones les quedan a los inmigrantes?
Este segmento de la población que piensa de esta manera es el que tiene el poder del gobierno federal ahorita. Y esas personas no están hablando de la integración. Y cuando hablan de la ilegalidad, ni siquiera están centrados en eso. Ellos lo que odian es a personas como yo, que soy ciudadano naturalizado, odian al que tiene residencia permanente, odian al tepesiano, odian al que tiene DACA. Ya ellos ya cumplieron con la tarea que se plantearon de demonizar a la gente que no tiene documentos. Ahora van detrás de los que tienen documentos.

Hace dos meses, como presidente electo de El Salvador, Nayib Bukele dio un discurso en The Heritage Foundation, un tanque de pensamiento conservador. ¿Qué significó esto para la comunidad salvadoreña inmigrante, para ustedes como asociación?
En El Salvador se está dando una transición que, se puede decir, es pacífica. Y eso, como salvadoreños, lo tenemos que respetar y le tenemos que dar al nuevo gobierno el beneficio de la duda. Pero la Fundación Heritage nos ha causado mucho, mucho daño. Ahí están agrupadas las personas que han financiado ese tipo de iniciativas de supremacía blanca, de leyes que marginan y que empujan a la gente hacia la calle, que la criminalizan. Ellos han financiado a nuestros adversarios, a los grupos más radicales que están empujando las políticas contra nosotros. Al mismo tiempo, como Alianza Nacional TPS, que somos 70 comités que hemos construido por todo el país, emprendimos una batalla para entorpecer la implementación de la orden ejecutiva del Trump de dejar sin efecto el TPS (la última extensión iba a vencer en septiembre de 2018). Y nuestro equipo legal ha presentado demandas ante la Corte Federal y hemos logrado que se parara la implementación de al orden ejecutiva de terminar el TPS (seguirá vigente hasta el 2 de enero de 2020). Entre los que demandaron hay hijos de tepesianos y hay tepesianos salvadoreños. Hay una niña, en particular, que es demandante, se llama Crista (Ramos, 14 años de edad, hija de la salvadoreña Cristina Morales) y ha sido muy valiente en dejar la timidez para apoyar a su madre y a todos los que están en su condición. Esa es la foto que a mí me hubiera gustado ver: el presidente electo Bukele junto a Crista, reuniéndose, platicando con ella que ha vencido el miedo. Porque a ella es a la que hay que agradecerle que, por ahora, los salvadoreños con TPS no estén siendo deportados. Si, así como dicen, él podía ir donde quisiera, bien hubiera ido a juntarse con las personas que están luchando por ayudar a sus compatriotas y no lo contrario.

¿Qué opina de la manera en que la suspensión de la orden de dejar sin efecto el TPS se manejó en redes sociales?
Yo sé que incluso publicaron un tuit insinuando que por él, o por los que están con él, se suspendió la medida contra el TPS y no. Esto es resultado de la lucha del pueblo. Y hay que decir que si los salvadoreños creen que Trump se va a supeditar a las iniciativas de un presidente de El Salvador, están totalmente equivocados. Porque Trump lo que quiere, como ha sido siempre, es que los presidentes de aquel lado, como Bukele, se supediten a los dictámenes de ellos. Y es bien sencillo de ver, por ejemplo, ellos le dicen a El Salvador que no tenga relaciones comerciales con China, pero EUA sí está negociando un Tratado de Libre Comercio con China. Ahí es donde se ve que ninguna fuerza social, ni de izquierda ni de derecha, tiene que ver con lo que está pasando en EUA. No tienen ninguna incidencia. Este grupo de personas tiene una agenda bien clara y va a implementarla con el único objetivo de cambiar el destino demográfico de Estados Unidos.

Bajo estos términos, ¿qué medidas debería ejecutar el nuevo gobierno para apoyar a la población salvadoreña amparada aún en el TPS?
Hay varias cosas que se puede hacer. Uno, los consulados tienen que estar abiertos siempre, y siempre tienen que mantenerse los programas para la comunidad tepesiana. Dos, los consulados han servido como espacios para que tepesianos se reúnan y luchen. Los tepesianos así han participado activamente en Washington. Y yo le aseguro que, antes de ellos, más de la mitad de los legisladores no sabían qué era el TPS. Ahora hay seis propuestas legislativas. Los tepesianos están luchando en la calle, en la corte, en los pasillos del Congreso y en las comunidades locales. Por todos lados están elevando su nivel de liderazgo. Sin los tepesianos salvar el TPS no va a ser posible. El presidente electo tiene que acercarse a los beneficiarios del TPS para trabajar juntos. Solos no van a poder. En El Salvador pueden hacer mucho, como juntar a los familiares de los tepesianos para que haya una conversación colectiva entre los de aquí y los de allá. Por ejemplo, se puede hacer accesible que el tepesiano pueda conseguir las actas de nacimiento, el Gobierno salvadoreño puede trabajar para que todos los documentos que se necesiten en los trámites se puedan conseguir. Estar cerca del pueblo salvadoreño en Estados Unidos es esencial y, hasta hoy, es un secreto, un misterio. No sabemos cómo va a funcionar todo eso.

 


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