Opinión desde allá

por Evelyn Galindo-Doucette, Meridiano 89 oeste

 

Évelyn Galindo-Doucette Evelyn Galindo-Doucette
Investigadora y escritora radicada entre Madison, Wisconsin, y San Salvador

La ficción y los derechos humanos

Un creciente número de obras en Centroamérica después de las guerras más recientes en El Salvador y Guatemala se pueden incluir en esta categoría de literatura sobre los derechos humanos como “Insensatez” (2004), “Tirana memoria” (2012), y “Moronga”, de Horacio Castellanos Moya (2018).

La ficción y los derechos humanos tienen una conexión fundamental pero conflictiva. En su libro “La invención de los derechos humanos” (2007) Lynn Hunt sostiene que el cambio cultural relacionado con el nacimiento de los derechos humanos en Europa en el siglo XVIII estuvo ligado al auge de la novela epistolar en la década de 1740. Los lectores cultivaron una sensibilidad de igualdad, ya que simpatizaban con los personajes “comunes” de novelas como “Pamela” (1740), de Samuel Richardson, en la que la protagonista es una criada y su patrón intenta seducirla, y “Julie” (1761), de Rousseau, sobre una mujer de clase media. En el elogio de Denis Diderot para Samuel Richardson, publicado en 1762, Diderot explica que la escritura de Richardson lo llevó a identificarse profundamente con el personaje central.

En el caso de El Salvador la influencia del discurso de los derechos humanos más directa y reciente se puede atribuir en parte a la fase documental de los Acuerdos de Paz de 1992, que incluía un mandato para investigar las violaciones de los derechos humanos cometidos durante la guerra más reciente. Desde julio de 1992 hasta marzo de 1993, la Comisión de la Verdad escuchó más de 2,000 testimonios y recopiló información de 20,000 declaraciones de testigos adicionales. El proceso público de narrar la experiencia personal, dar testimonio oral a una organización internacional, tener esto registrado en términos del discurso universal de los derechos humanos y, luego, almacenar estas narraciones en un “archivo oficial” es un proceso que continúa siendo representado en múltiples formas en la literatura salvadoreña.

Un creciente número de obras en Centroamérica después de las guerras más recientes en El Salvador y Guatemala se pueden incluir en esta categoría de literatura sobre los derechos humanos como “Insensatez” (2004), “Tirana memoria” (2012), y “Moronga”, de Horacio Castellanos Moya (2018), y “Material humano”, de Rodrigo Rey Rosa (2009). Estas son obras de “ficción” pero, en cada caso, hacen uso del documento histórico como base estructural del relato. Las tramas tienen que ver con protagonistas que hurgan en archivos llenos de documentos históricos o en el caso de “Tirana memoria”, el relato se basa en un diario histórico ficticio y los eventos siguen la línea de tiempo del martinato en El Salvador. El documento histórico se vuelve aún más importante con el paso del tiempo, puesto que hay más escritores que no fueron protagonistas directos en esas guerras por ser niños en los años ochenta o por nacer después. A esta categoría se suman “Noviembre” (2015), de Jorge Galán; y “Roza tumba quema” (2017), de Claudia Hernández, dos novelas de escritores que no vivieron directamente las historias que narran; retoman los eventos de la guerra más reciente pero dependen ya más de documentos históricos y de los testimonios de otras personas para poder contar esas historias.

Representar el pasado como ficción constituye una trampa potencial para los derechos humanos, dado que la introducción de la imaginación en el ámbito de la memoria puede desacreditar el testimonio personal como una representación fiel del pasado. Al mismo tiempo hay que reconocer que siempre ha habido intersecciones y puntos de fricción entre la ficción y el documento histórico. Por ejemplo, está el caso del testimonio de “Miguel Mármol” (1972), de Roque Dalton, en que Dalton revela que su compromiso en dar a conocer la vida de Mármol no es contar la verdad histórica, sino transformar la realidad. El punto focal se convierte, entonces, en la fusión de la ficción y el documento histórico, el espacio liminal entre la narración y el archivo y las prácticas experimentales que desafían la comprensión tradicional de qué es la ficción y de lo que este medio puede hacer para crear una cultura de derechos humanos.

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  • 28 abril, 2019 / Opinión desde allá de Evelyn Galindo-Doucette  (SÉPTIMO SENTIDO)

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