Ramiro

Corrían los últimos meses de 2008. José Luis Merino me mandó un mensaje con mi padre: quería, le dijo, hablar conmigo para aclararme algunas cosas sobre los textos que otros colegas y yo habíamos escrito en LA PRENSA GRÁFICA sobre los correos electrónicos del comandante Raúl Reyes de las FARC, donde Merino aparece nombrado como mediador en la compra de armas para la guerrilla colombiana.

Le dije a mi padre que le diera mi teléfono celular. Ramiro me llamó. Y se identificó así: «Habla Ramiro». Y me citó en una casa de la colonia Flor Blanca, cerca del Gimnasio Nacional. Fui a la hora que me dijo al lugar que me indicó. Me bajé del carro, pero ahí solo había dos personas que cuidaban un garaje lleno de cajas viejas. Ramiro, me dijeron, solía llegar a esa casa, pero ese día no lo haría. Marqué al teléfono y nadie me contestó.

Aquella fue la única vez que hablé, en teléfono o en persona, con José Luis Merino, el comandante Ramiro. He escrito mucho sobre él después del episodio de las FARC, y siempre busqué entrevistarlo, a menudo a través de funcionarios del partido. Nunca contestó. Esa es una de las características de este líder efemelenista: es escurridizo; prefiere hablar desde la comodidad que le otorgan los medios partidarios para asegurarse de que no haya preguntas incómodas y que su discurso llega, sin molestias, al coro fiel de sus seguidores.

Para escribir lo del nexo con las FARC viajé a Bogotá a entrevistar a los fiscales colombianos que procesaron los correos de Raúl Reyes y a los agentes estadounidenses y europeos que certificaron que las computadoras del comandante fariano no habían sido manipuladas.

En el marco de aquella investigación, asesores cercanos al entonces presidente Saca me dijeron que Merino había sido pieza importante en la negociación política que siguió al 5 de julio de 2006, cuando Mario Belloso, un francotirador asociado al FMLN, mató a dos agentes de la PNC durante una manifestación.

Aquel año, asociados de Merino fundaron ALBA Petróleos con dinero proveniente de Venezuela. En los meses siguientes, ALBA Petróleos se diversificó y llegó a servir de paraguas a una docena de empresas, varias de ellas afincadas en Panamá. Para 2014, los ingresos del grupo rozaban los $1,000 millones. Años después, el conglomerado está al borde de la bancarrota, como lo demuestran la quiebra de la aerolínea VECA y comentarios públicos de algunos de sus operativos.

En 2017, al calor del caos en Venezuela, el senador estadounidense Marco Rubio, republicano de Florida, acusó a Merino de lavar dinero del narcotráfico y pidió sanciones en su contra. La reacción del FMLN entonces fue acuerpar a Ramiro y escudarse en que lo de Rubio era una pataleta más del lobby cubano-americano de Florida, asociado con la derecha salvadoreña.

Después vino la carta de los 14 congresistas de la cámara baja, entre ellos demócratas identificados con la izquierda que no han dudado en apoyar en Washington la agenda de los gobiernos efemelenistas, y que, durante la gestión de Funes, incluso ayudaron a abrir las puertas del Capitolio al primer gobierno del FMLN.

Ya no es solo Rubio, son más los que ven con mucha preocupación la lista de sospechas que se suman en torno de Ramiro.

El FMLN, después de esa carta, optó por cerrar filas y asegurar el blindaje a Merino. Todos en el partido corrieron a defenderlo, y usaron los recursos del Estado para hacerlo: cancillería creó, ad hoc, un puesto de viceministro.

El ruido en torno del comandante es demasiado, y los indicios suficientes como para que la Fiscalía salvadoreña lo investigue en serio. Pero no, al menos en El Salvador, Ramiro Vásquez sigue siendo intocable. Y, con su caso, el FMLN ha dejado claro que la impunidad es también un asunto que se tiñe de rojo.

*Una versión de esta columna fue publicada en julio de 2017.

La historia no escuchada

En su libro Literatura en las cenizas de la historia, Cathy Caruth analiza las experiencias traumáticas y cómo éstas siempre traen una pérdida secundaria; el de desaparecer del registro histórico. Son historias no escuchadas. Hoy en el caso de El Salvador, por ejemplo, la Catedral Metropolitana del centro ha quedado inquietante; blanca, lisa y simple. Su exterior sin adornos refleja una estética moderna que ya no hace referencia a la historia y la memoria que muchos aún asocian con el lugar. La fachada limpia parece reflejar mejor la cultura actual de silencio e impunidad del país. Meses después de la firma de los acuerdos de paz en 1992, una amnistía general blanqueó las violaciones de los derechos humanos de la guerra, evitando que se llevaran a cabo juicios y protegiendo a muchas personas de responsabilidad penal.

Al poco tiempo de la destrucción de la fachada empezaron a nacer nuevas imágenes de «Armonía de nuestra gente» de Llort en la producción cultural. Eran pequeños retos a la cultura de olvido e intentos de volver a contar la historia de la Catedral. Un mural público, Alegoría de la guerra civil y los Acuerdos de Paz de Antonio Bonilla, muestra imágenes claves de la guerra más reciente de El Salvador; el arzobispo Romero está al centro, el emblemático monumento Salvador del Mundo de la capital, la firma de los Acuerdos de paz y la Catedral Metropolitana con la fachada de Fernando Llort aún intacta. Así también en la obra de teatro de Jorgelina Cerritos Audiencia de los confines: Primer ensayo de la memoria (Índole 2014) los personajes juntan los azulejos rotos del mural de Llort como símbolo de la recuperación de la memoria colectiva. Como escribe la crítica argentina Elizabeth Jelin, «la memoria es obstinada, no se resigna a quedar en el pasado, insiste en su presencia».

Estas representaciones de la Catedral con la obra de Llort intacta cuenta el pasado; recrea los referentes locales reinstalando la cultura y la historia en el centro de San Salvador. Cada una representa un regreso al sitio original de memoria que refleja el retorno de la experiencia traumática, como lo enfatizan críticos como Cathy Caruth: «el revivir traumático, como las pesadillas de la víctima del accidente, parece un recuerdo lúcido; se regresa, repetidamente, solo en la forma del sueño». Así también hay muchos escritores y artistas salvadoreños a partir de 2009 que están haciendo el trabajo de la memoria de regresar al pasado para re-presentar en la producción cultural lo que ha desaparecido y lo que se ha borrado. Entre ellos están Jorgelina Cerritos, Jorge Avalos, Jorge Galán, Róger Lindo, Claudia Hernández y Miguel Huezo Mixco, y artistas como Antonio Bonilla y el colectivo Fire Theory.

Pero el trabajo de la memoria, para poder sanar, exige la complicidad de un público dispuesto a ver y escuchar historias de trauma. En El Salvador, hasta ahora, el público de la memoria traumática ha sido escaso. Por ejemplo, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación obtuvo testimonios de las víctimas de la guerra solo para que el estado perdonara las violaciones de derechos humanos recién documentadas. Era como si sus testimonios fueron elicitados, archivados y documentados como parte del registro «oficial» solo para eliminar la posibilidad misma de remembranza y justicia. Primo Levi narra una pesadilla recurrente en Auschwitz en la que da testimonio, pero la respuesta de sus oyentes solo le regresa al trauma:

Todos me están escuchando y es esta misma historia la que estoy contando: el silbido de tres notas, la cama dura, mi vecino a quien me gustaría mover, pero a quién tengo miedo de despertar porque es más fuerte que yo. También hablo difusamente de nuestra hambre y del control de piojos, y del Kapo que me golpeó en la nariz y luego me envió a lavarme mientras sangraba. Es un placer intenso, físico, inexpresable, estar en casa, entre personas amigables y tener tantas cosas que contar: pero no puedo evitar notar que mis oyentes no me siguen. De hecho, son completamente indiferentes … Mi hermana me mira, se levanta y se va sin decir una palabra. Un dolor desolador nace en mí. Ahora estoy bastante despierto y recuerdo que se lo conté a Alberto y que él me confió, para mi sorpresa, que también es su sueño y el sueño de muchos otros, quizás de todos. ¿Por qué sucede? ¿Por qué el dolor de lo cotidiano se traduce constantemente en nuestros sueños, en la escena que cada vez se repite más de la historia no escuchada?

Sobrevivir en El Salvador

A diario, muchos salvadoreños cruzan las fronteras del Valle de las Hamacas para nunca regresar, prefieren vivir en países extraños que sobrevivir en el suyo. Tras ellos, muchos otros más quisieran irse. Yo me fui.

Hace unos años, Santiago de Chile se ha convertido en mi nuevo lugar de residencia. La cordillera de los Andes, los vagones del metro y el Palacio de la Moneda se volvieron postales comunes. Quizá por cosas del destino –o por pura necedad– mi estadía se fue prolongando más allá de lo planeado y me he visto forzada a aceptar que, por mucho que lo intente, las pupusas nunca sabrán igual estando en otro país.

Más allá de la nostalgia, cuatro estaciones bien marcadas y un idioma –porque en Chile se habla chileno–, este largo y angosto país me ha ofrecido una sensación que era cada vez más difícil experimentar en El Salvador: seguridad.

Aunque usted no lo crea, estar siempre a la defensiva, caminar con miedo, sentirse constantemente inseguro, sospechar de todo aquel que se cruce en su camino, rezar cada vez que hay que subirse a un bus, volver a la casa y dar gracias por haber llegado vivo; en fin, todo eso ¡no es normal!

Nosotros, los salvadoreños, nos hemos acostumbrado a vivir así y ni siquiera nos damos cuenta. Ya somos inmunes, no nos percatamos. Lo natural es pedirles a todos nuestros familiares y amigos que nos manden un mensaje cuando lleguen a su casa, para estar tranquilos. Lo comprensible es que haya tropas de guardias de seguridad armados hasta los dientes en cada establecimiento comercial. Lo lógico es tener un celular viejito, por si te asaltan, para que se lleven ese. ¡Es que es obvio!

Pues no, no es obvio, no es natural, ni comprensible, ni lógico. Los índices anormales de delincuencia que sufre nuestro país han creado una especie de olla de vapor de la que, justificadamente, muchos ansían escapar. ¿Cuántos de los suyos se han ido? ¿Cuántos se quieren ir? ¿Usted se iría? Yo me fui.

Pero entonces, cuando uno se da cuenta de que es posible caminar por la calle con algún grado de seguridad, cuando subirse a un bus no implica temor a perder la vida, cuando los carros se detienen si un peatón va cruzando la calle y cuando es posible usar el metro sin asfixiarse, le entra a uno la ansiedad por volver y hacer algo.

En teoría, es el Estado el que debe ser garante de la seguridad de sus ciudadanos. Esta es, claramente, una deuda que los últimos administradores tienen con los salvadoreños, la principal, a mi juicio. Con este desdén, la violencia y la delincuencia parecen haber encontrado un lugar cómodo para instalarse: el país en el que ya se ven como lo normal.

Ojalá las alternativas de solución fueran más evidentes, porque son precisamente esa normalización de la violencia, esa cotidianidad de la inseguridad, la zozobra automática y socialmente aceptada las que no permiten que se enciendan las alarmas. Es un efecto paralizador que, poco a poco, va anestesiando los sentidos y las aspiraciones.

Sobrevivir no es normal. Lo normal es vivir, sin el «sobre» antes.

*Una versión de esta columna fue publicada en octubre de 2015.

El poderío económico de la Liga Premier (2 de 2)

En mi columna anterior expliqué cómo los equipos de la primera división inglesa, al estar atados de manos para implementar algunos cambios comerciales para generar más ingresos, se separaron de la FA (Football Association) y fundaron su propia liga en 1992: La Premier League.

Uno de los primeros cambios implementados con el nacimiento de la Premier League fue modernizar la infraestructura de los equipos. Al pasar de gradas a asientos, muchos estadios disminuyeron su capacidad por mucho. Para compensar esta caída en ingresos comenzaron a incrementar precios y combatir el hooliganismo y así mejorar la experiencia dentro del estadio y a atraer a un público con mayor capacidad adquisitiva. Los clubes comenzaron a emular la manera en la que la NFL en Estados Unidos generaba ingresos por medio de mercadería alusiva al club. El Arsenal, por ejemplo, negoció en 2018 un contrato en el que la marca Adidas pagaría 300 Millones de Libras para vender los uniformes del equipo por 5 años.

Adicionalmente, al separarse de la FA, los equipos de la Premier League ya no estaban obligados a repartir el dinero de contratos televisivos por igual entre 92 equipos. Las negociaciones con las cadenas televisivas se comenzaron a hacer como Premier League, un bloque de 20 equipos. Se buscó que no hubiera mucha diferencia entre los ingresos repartidos entre el primer y el último lugar para velar por que la liga se mantuviera competitiva. En España y Alemania, por ejemplo, el primer lugar de cada liga se lleva hasta 3 veces más en ingresos que el último lugar. En la Premier League el primer lugar se lleva solamente 1.6 veces más ingresos que el último lugar. En 2017 el Sunderland, club que terminó en último lugar de la Liga Premier, y el Real Madrid ingresaron prácticamente la misma cantidad de dinero por derechos televisivos: unas 100 Millones de Libras Esterlinas.

Los ingresos de la liga también aumentaron de manera acelerada gracias a negociaciones más eficientes con las empresas televisivas. Mientras que en la temporada 1991/1992 los ingresos televisivos de la liga sumaron 170 Millones de Libras Esterlinas, quince años después la cifra aumentó a 1,530 millones. No es ninguna casualidad que en el «Football Money League» (Reporte anual de equipos de fútbol publicado por la firma Deloitte), 13 del top 20 de equipos que generan más ingresos son ingleses.

Este «boom» económico en la liga hizo que, ya sea por inversión o por hobby, magnates como Roman Abramovich y Mansour Bin Zayed se interesaran y compraran equipos como el Chelsea y el Manchester City. Toda esta inyección de liquidez en los equipos permitió que se pudiera ofrecer salarios más altos que otras ligas, y a naturalmente atraer mucho talento a la Liga Premier. En la última copa del mundo la liga que más jugadores aportó a la competencia fue la Liga Premier con 108. El segundo lugar fue la liga española con 78 jugadores.

¿Estos cambios han hecho algo por mejorar el nivel de la selección inglesa? En esto hay opiniones divididas, la selección inglesa solo ha ganado un mundial en toda su historia. Aparte de esto lo más cerca que ha estado de ganar otro mundial ha sido cuando logró cuarto lugar en Italia 90 y en Rusia 2018. Lo que sí es cierto es que se ha convertido en un auténtico espectáculo donde casi cada partido es a muerte (el castigo económico por descender es enorme) y la liga se mantiene competitiva prácticamente durante toda la temporada

Patrulla fronteriza

El Salvador acaba de anunciar la creación de una patrulla de fronteras que contará con 350 agentes del Estado, cuya misión será «golpear a… los grupos terroristas, que obligan a la ciudadanía a la migración forzada». Es la nueva política para intentar frenar los flujos migratorios de salvadoreños hacia Estados Unidos. No es una buena idea en realidad.

Lo anunciado por el gobierno Bukele solo puede leerse como un intento para congraciarse con las políticas migratorias que, desde Washington, dicta la Casa Blanca de Donald Trump.

No es casualidad que Rogelio Rivas, el ministro de Seguridad de Bukele, lo haya anunciado en Panamá frente a Kevin McAleenan, su homólogo estadounidense, quien ha llegado a Centroamérica como el más reciente vocero de la retórica antiinmigrante de Trump y como nuevo supervisor de que la política exterior de Washington en la región, basada exclusivamente en la criminalización de la migración, se cumpla.

La patrulla fronteriza no es una buena idea, dije arriba. No lo es porque parte, en el mejor de los casos, del absoluto desconocimiento de las causas y los matices de las migraciones centroamericanas hacia el norte.

Es cierto que hay un buen número de viajes que son provocados por las amenazas de las pandillas a familias que, en los barrios y cantones de El Salvador, no cumplen con las exigencias que esos grupos criminales hacen en el ejercicio del control territorial, que es absoluto entre otras cosas por el fallo miserable del Estado de recuperar los tejidos sociales en estos lugares.

Pero también es verdad que cuando, en las cortes migratorias de Estados Unidos, los salvadoreños solicitantes de asilo alegan persecuciones no se refieren solo a las pandillas, sino también a agentes del Estado, sobre todo a policías que los han acosado o violentado gracias, de nuevo, a la permisividad del Gobierno. Eso de los grupos terroristas debería de incluir, también, a varios agentes del Estado.

Y así sean pandilleros o exterminadores estatales los que empujan la migración, a estos no se les combate en los puntos ciegos que rodean El Poy o Las Chinamas; se les persigue ahí donde operan, que es en los barrios o, incluso, en recintos oficiales, luego se les investiga y se les lleva donde un juez.

Estuve hace poco en Agua Caliente, punto fronterizo entre Honduras y Guatemala y punto nodal de la ruta más transitada por migrantes en los últimos años. Ahí confirmé dos cosas. Una es que la principal causa que empuja a los centroamericanos a salir de sus países sigue siendo la desesperanza, generada por la violencia, la falta de oportunidades económicas y, no menos importante, la desconfianza en que las élites políticas o empresariales de los países puedan o quieran hacer algo por aliviar esas condiciones. La desesperanza tampoco se resuelve con agentes del Estado en las fronteras.

También vi en Agua Caliente los primeros efectos de las medidas manoduristas que la administración Trump está empujando en Centroamérica, como la llamada política de tercer país seguro, ya instaurada en Guatemala. Lo que esto ha provocado, por ahora, es que regresen desde tierras guatemaltecas a más hondureños y salvadoreños, muchos de los cuales no vuelven hasta sus lugares de origen, sino que pululan en las fronteras a la espera de que los traficantes de personas que ahí se mueven los pasen.

Si el ministro se refiere a esos grupos criminales, a los coyotes, tendrá que tomar en cuenta que estos han sobrevivido décadas porque la desesperanza de los migrantes les paga bien, y porque se han amparado siempre en la corrupción de los policías fronterizos y de los políticos. Esa corrupción tampoco se combate en los puntos ciegos.

Al final, el anuncio de la flamante patrulla fronteriza salvadoreña puede quedar bien para titular de primera plana, pero resolverá muy poco en las fronteras. Lo que sí hará, muy probablemente, es anotar más puntos a la administración Bukele en los pasillos del trumpismo

La cueva negra de la biopsia

Necesitamos hacerte una biopsia. No esperabas oír esas palabras. Has venido a la visita médica para que te den alguna receta fácil, para saber que no es nada y para confirmarte que estás bien. No para meterte a esta cueva negra. La palabra biopsia está compuesta y procede del griego bio, «vida»; y opsía, «observar», e implica que hay una parte de tu propio ser que no se puede ver con claridad. El hecho de ser y reconocer que somos en el fondo un organismo biológico vulnerable nos reduce a lo más corporal. De hecho, esas cuatro palabras te transportan al umbral, a punto de entrar a tu propio tejido como si fueras un forastero.

Tratas de ser positivo. Que te hagan una biopsia quiere decir, primero, que uno tiene el acceso al cuidado preventivo necesario para mantener la buena salud; eso en sí es un privilegio que no hay que dar por hecho, dado que una gran parte de la población mundial ni recibe atención médica. Tenés suerte de estar en esta situación, pensás, pero en estos espacios esa lógica vacila y falla.

Entramos a la cueva opaca que son esos días de esperar los resultados. Son días en los que uno empieza a desprenderse de la trayectoria hacia el futuro porque tenemos muy presente que ese porvenir no le es prometido a nadie. Interesante es ver la facilidad con que soltamos hasta nuestros objetivos profesionales más claros sin mayores inconvenientes y cómo deja de tener tanta urgencia estar al tanto de las novedades de Facebook y Twitter. Lo único que interesa del internet es buscar síntomas, eso sí. Y qué anhelo de estar con tus seres más queridos para que estén cerca, pero que no te pregunten nada de nada. Guardas tus pensamientos, dudas y sospechas en silencio porque todavía crees que las palabras tienen algún control sobre la realidad. Como si fuera la diagnosis y no el mal en sí que te hiciera daño con palabras y conceptos malignos que identifican «genus», especie y fenómeno.

La ventaja de la oscuridad de estos días es que ya no eres ni vieja, ni gorda, ni imperfecta. Te ves en el espejo como un organismo bello que nunca has podido ver bien, ni apreciar, hasta hoy. A saber por qué. Pero ahora sí, ahora que tu reflexión te mira con esa expresión de zombi.

Y bueno, de ahí, todo lo más feo; pánico, ansiedad, puro cortisol. De hecho, según un estudio de Harvard publicado en la revista médica Radiology, esperar los resultados de una biopsia afecta los niveles de hormonas del estrés igual como recibir la mala noticia de un cáncer. En ese mismo estudio 126 mujeres se hicieron biopsias mamarias y después de cinco días 73 todavía no tenían los resultados de sus biopsias. Las que no sabían los resultados tenían los mismos niveles de cortisol que las 16 a quienes les diagnosticaron un cáncer. Total que esperar los resultados de biopsias mamarias no es nada chiche.

Al fin y al cabo hay que dar gracias por las veces que logramos encontrar la salida y zafarnos de las cuevas negras de la vida. Hay que salir de ese espacio tenebroso y saber apreciar el cielo despejado y la luz del día. En fin, lo más curioso que aprendes de esos espacios oscuros es que nos dilatan la experiencia humana dejándonos con más posibilidades de ver y entender qué es lo esencial de la vida. Terminan siendo fuentes de luminosidad.

Continente migratorio

Para este día se había convocado a través de redes sociales a una marcha armada en el centro de Santiago.

Un grupo de personas había solicitado permiso a la Intendencia de la Región Metropolitana de Santiago para hacer una marcha antiinmigrantes. Con el mensaje +salud + trabajo + educación para los chilenos y una niña envuelta en la bandera de Chile, un afiche rondaba en redes sociales con el hashtag #ChileRecuperaChile.

La marcha fue desautorizada. Varias instituciones, entre ellas el Instituto Nacional de Derechos Humanos, recomendó no dar el permiso para una marcha que reviste un mensaje violento, de incitación al odio, de irrespeto a tratados internacionales e incluso a la misma constitución.

¿Qué ha provocado esta manifestación? ¿Por qué hay un grupo de personas dispuestas a marchar en contra de los inmigrantes? ¡Eso solo pasa en Estados Unidos! ¿O no?

Hace solo unas semanas, se publicaron los resultados de un estudio que reveló que al menos 3 ciudades en Chile superaban el 10 % de población migrante, lo que a juicio de los expertos excede el límite recomendado, ya que podría generar problemas de convivencia. A esto se sumaron los comentarios del presidente Piñera que mencionó que el impacto migratorio no ha podido ser contrarrestado por la creación de empleos.

Esto genera una especie de caldo de cultivo para que los grupos más resistentes a la migración, así como otros grupos –mal llamados– patrióticos insistan en manifestaciones públicas que incitan la intolerancia hacia los migrantes.

El estudio además reveló que el grupo mayoritario de migrantes está conformado por venezolanos, quienes alcanzan el 23 % del total. Los salvadoreños viviendo en Chile son tan pocos que no marcan ninguna diferencia en las estadísticas, ni ocupan algún lugar del podio. Sin embargo, es inevitable pensar que en el hemisferio norte de este continente la realidad es otra: los salvadoreños son parte de las mayorías, marcan grandes diferencias y son parte del podio.

El fenómeno migratorio latinoamericano ha ganado fuerza en los últimos años. Entre las caravanas hacia Estados Unidos, las terribles jaulas de Trump y los campamentos de venezolanos en la frontera de Tacna en Chile-Perú, estamos frente a una crisis.

Ante un escenario preelectoral tanto en EUA como en Chile, las diferencias entre candidatos y sus propuestas también tendrán un importante componente migratorio: a favor o en contra. Así se irán definiendo los matices que para muchos electores son decisivos a la hora de votar. Y como se ha ido mostrando en la conducta de los chilenos, es relativamente rápido pasar de una conducta acogedora y empática con los migrantes –cuando son pocos– a una restrictiva –cuando son muchos.

Sin embargo, es imposible limitar la capacidad migratoria de las personas. La libertad de movimiento es uno de los derechos fundamentales recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, y la migración representa uno de los pilares de la historia de la humanidad. Lo que es posible es generar los incentivos necesarios en nuestros lugares de origen para que irse sea menos atractivo.

Mientras tanto, es imprescindible condenar y evitar las inhumanas acciones como las infames jaulas, la separación de familias en las fronteras, las marchas antiinmigrantes y demás acciones o políticas que atentan contra los derechos humanos de quienes llegan sedientos de una mejor vida a otros países.

El poderío económico de la Liga Premier (1 de 2)

El fútbol nació en Inglaterra hace más de 150 años y, aunque no es el país que acumule más copas mundiales ni eurocopas, somos muchos quienes pensamos que su liga doméstica es la más competitiva y atractiva del mundo. La Liga Premier Inglesa es al día de hoy la liga de fútbol que más dinero genera a escala mundial. Sin embargo, esta liga no siempre gozó del éxito económico que tiene ahora.

Para entender el porqué de este éxito tenemos que entender cómo era el modelo de negocio del fútbol británico antes de los años noventa en dos aspectos: sus fuentes de ingresos y el modelo de votación de sus ligas profesionales.

Previo a los noventa los ingresos de los equipos británicos eran generados casi en su totalidad por la asistencia a los estadios. La infraestructura dejaba mucho que desear; paredes cayéndose, baños en mal estado, ausencia de asientos en las gradas. El aficionado promedio era violento y llegaba borracho al estadio. Por si fuera poco, en 1989 en un partido entre Liverpool y Nottingham Forest en el estadio de Hillsborough murieron 96 personas y otras 766 resultaron heridas por una avalancha de gente. Nada de esto ayudaba a generar un ambiente atractivo o seguro para las familias. Los ingresos televisivos eran insignificantes, se creía que la televisión, lejos de ser un instrumento para multiplicar la base de aficionados, era una competencia directa a la asistencia a los estadios. Tampoco había un esfuerzo grande por generar ingresos por medio de mercadería o patrocinios, los equipos eran más un reflejo de la identidad de un barrio o ciudad y no una empresa que buscara potenciar ingresos.

Otro gran impedimento para el desarrollo económico de la primera división inglesa era la estructura de votos. La FA (Football Association) de Inglaterra estaba compuesta por 92 equipos de las cuatro ligas profesionales. Era la FA la que negociaba los contratos televisivos, y aunque solamente un puñado de equipos generaran casi la totalidad de partidos transmitidos, los ingresos televisivos se repartían equitativamente entre los 92 equipos de la FA. Cualquier cambio a este esquema requeriría ser aprobado con mayoría. Naturalmente ninguno de los equipos de ligas inferiores estaba interesado en cambiar esto. Un equipo como Nottingham Forest en 1980 (reciente campeón de primera división y bicampeón de Europa) recibiría la misma cantidad de dinero por derechos televisivos que el Scunthorpe United de cuarta división.

Fue iniciativa de los «Big 5» (Arsenal, Everton, Liverpool, Manchester United y Tottenham) comenzar a empujar por separarse la primera división de la FA y crear una liga privada donde ellos tuvieran un mayor control sobre las decisiones financieras sin depender de la voluntad de equipos de ligas inferiores. Es así como, después de superar una breve batalla legal contra la FA, que en 1992 nace la Premier League.

A partir del nacimiento de la Premier League comienza una serie de cambios. Luego de la tragedia de Hillborough los equipos comienzan a invertir en modernizar sus estadios y a combatir el «hooliganismo» para crear un ambiente más agradable a los aficionados. Al incorporar asientos, estadios como Highbury del Arsenal pasaron de tener una capacidad de 55,000 aficionados a solamente 36,000. Se necesitaba otra fuente de ingresos y se entendió que la televisión tenía el potencial de llevar las marcas más allá de Inglaterra y generar mucho dinero, y es así como los 20 equipos comienzan a negociar agresivamente derechos televisivos con cadenas como SKY.

En la próxima columna comentaré sobre cómo estos cambios tuvieron un impacto económico y deportivo en el fútbol inglés.

¿Y la CICIES?

Pasaron ya 58 días desde que Nayib Bukele juró como presidente de la república. En la recta final de la campaña presidencial, Bukele dijo que desde el primer día de su mandato presentaría a la Asamblea el proyecto para la formación de una comisión internacional contra la impunidad en El Salvador, similar a la CICIG guatemalteca. Aún no lo hace: el “hashtag” creado con fines proselitistas sigue existiendo solo en Twitter para todos los efectos prácticos.

Han pasado casi dos meses y la CICIES no existe ni en papel, al menos no en un papel que, presentado a la Asamblea Legislativa, inicie la ruta legal para que en este país haya un mecanismo supranacional capaz de combatir la corrupción y luchar contra la impunidad en forma eficiente, como el Estado nacional, sobrepasado por las mafias políticas locales, no puede hacerlo.

Lo he escrito varias veces tras conocer de cerca, desde 2006, el camino de la CICIG en Guatemala: la instalación de una comisión internacional como esta requiere, antes que de otra cosa, de la voluntad política del Ejecutivo para convencer a los otros poderes del Estado de que esta es una buena idea.

En el caso de la CICIG fue el Ejecutivo de Óscar Berger, liderado por el entonces vicepresidente Eduardo Stein, quien cabildeo en Washington ante el gobierno de George W. Bush y en Nueva York ante Naciones Unidas para conseguir el respaldo político internacional que le permitió gestionar fondos de funcionamiento y, más importante, presionar a las elites locales -empresariales y políticas- a que no se opusieran. Stein y quienes lo apoyaron en Ciudad de Guatemala, en Estados Unidos y Europa no tenía Twitter, pero tuvo la suficiente voluntad para hacer de la comisión una realidad.

Nayib Bukele sigue sin dar el primer paso. Es cierto, no todo depende de él, pero como él mismo escribió hace poco en una columna en The Washington Post, tiene de su lado el apoyo popular que le otorga una gran cintura política para hacer algo como esto.

Como bien me han dicho algunos de los colaboradores del presidente, convencer a la Asamblea Legislativa de que este es un buen paso no será fácil. Es ahí, en el Congreso, donde siguen instaladas las mismas mafias que hicieron de la sección de Probidad de la Corte Suprema un ente inoperante y siguen empeñándose en nombrar funcionarios de segundo grado que, en el mejor de los casos, juegan a pasar desapercibidos en oficinas que El Salvador necesita con urgencia que funcionen bien, como la Fiscalía General, la Corte de Cuentas o la Procuraduría de Derechos Humanos.

“Solo descabezando al crimen organizado seremos capaces de tener un El Salvador más seguro”, escribió el presidente Bukele en la columna que le publicó el Post el 23 de julio pasado. Lo mismo dijo el expresidente Mauricio Funes ante la Asamblea de Naciones Unidas en 2010, más de un año después de su toma de posesión. Al final, lo de Funes, lo sabemos hoy, fueron solo palabras huecas: el primer presidente elegido con la bandera política de la izquierda no fue más que un fiasco y terminó, prófugo, huyendo de cinco órdenes de captura por corrupción (lo de ser asilado en Nicaragua con la bendición de la dictadura de Daniel Ortega no es más que un triste eufemismo).

El gobierno de Bukele es aún muy joven y no puede pedírsele que, a la vuelta de 60 días, tenga lista una comisión internacional. Lo que sí le podemos exigir a estas alturas es que la comisión que prometió para “descabezar” al crimen organizado deje de existir solo en Twitter y se convierta, de verdad, en iniciativa presidencial. Eso depende solo de él. De nadie más.

Los primeros cincuenta días de Nayib Bukele

Me he puesto hoy una camiseta de Nayib, recién llegada de Amazon.com. En la camiseta aparece su cara pixelada con lentes y cachucha y abajo el texto, «Se les ordena comer pupusas de loroco». La referencia a las pupusas de loroco y la imagen en arte digital es una mezcla de nostalgia y futurismo. Capta algo del espíritu con que observamos los primeros 50 días de la presidencia de Nayib Bukele, desde acá.

Según las estadísticas más recientes de ONU, un 20 % de los salvadoreños vivimos fuera del país en diáspora. Somos los hijos de un país que continuamente nos expulsa y que nunca se ha hecho cargo de esa situación. Por eso llamó tanto la atención que Bukele asumiera responsabilidad por el hecho de que tantos salvadoreños nos sentimos obligados a irnos del país. En los primeros días de julio de este año, Bukele fue entrevistado por la periodista Cordelia Lynch, de Sky News, quien lo interrogó sobre la crisis migratoria de centroamericanos que buscan entrar a Estados Unidos. En esa entrevista el presidente reconoció lo que ningún líder salvadoreño había reconocido antes, que El Salvador tiene una responsabilidad por las condiciones que impulsan la migración. Ante dicha noticia, Bukele aseguró hacer todo lo posible por construir un país donde irse a Estados Unidos sea una opción y no una obligación. Fue la primera vez que un presidente salvadoreño nos haya dado alguna esperanza de poder, algún día, volver.

De ahí y de acuerdo con el refrán, «dime con quién andas, y te diré quién eres», Bukele le pidió a Estados Unidos un trato migratorio distinto a Honduras y Guatemala, nuestros vecinos del llamado Triángulo Norte de Centroamérica. El presidente declaró en una rueda de prensa, «que no se nos meta en la buchaca (bolsa de mesa de billar)». En el caso de la droga, hizo ver que El Salvador incauta el 75 % de la cocaína que grupos criminales pretenden llevar a Estados Unidos, mientras que en Honduras es el 2 o 3 %, y que cuando se establece el promedio del Triángulo Norte se dice injustamente que los decomisos son del 30 %. Este comentario también nos dio alguna esperanza de poder zafarnos de los problemas que acometen a Centroamérica como una región.

Los pasos que ha tomado Nayib Bukele para buscar reducir la delincuencia y la violencia de pandillas como equipar bien a policías, cortar el wifi en las cárceles y lanzar una campaña mediática y cultural para educar a los jóvenes nos han dejado pensando, desde acá, por qué nadie lo había hecho ya antes.

Sin embargo, y aunque Bukele esté haciendo muchas cosas bien, nadie es perfecto. La periodista Beatriz Calderón le hizo un llamado al presidente para no dejar al feminicidio fuera de su Plan de Control Territorial y para también hacerse cargo de esta crisis. Quiero también hacerle eco a la crítica constructiva de Calderón aquí cuando Bukele se refirió al caso de Keni Guadalupe Larios como un crimen pasional difícil de controlar fuera de la seguridad pública. El presidente caracterizó al caso de la mujer asesinada por su pareja como un caso doméstico que tenía «más que ver con la salud mental y con la cultura que con las pandillas». Claro, es un problema cultural que la sociedad salvadoreña siempre se ha hecho la vista gorda ante el problema de la violencia contra las mujeres. A pesar de lo difícil que pueda ser combatir al feminicidio, también es necesario hacerlo para mejorar las condiciones de muchas mujeres del país.

Muchos dicen que por fin se siente que hay un líder en El Salvador y una visión para el país que nos inspira. Lo claro es que nunca hemos pasado tanto tiempo en Twitter por las noches. Falta ver cómo responden las pandillas a las nuevas medidas del Plan de Control Territorial y cómo responden los jóvenes a las nuevas oportunidades que se les presentan. También falta ver cómo Bukele se enfrenta con la violencia de género. Con todo, y desde acá toda la evidencia de los primeros 50 días sugiere que tenemos razón de sentir que hay, por primera vez, mucha esperanza.