El virus que nos hace más humanos

Habíamos escuchado sobre pandemias, las habíamos visto en las películas, pero nunca habíamos vivido una, a escala mundial, con cuarentenas nacionales y miles de fallecidos.

Este paisaje apocalíptico que nos ha obligado a mantenernos encerrados, aplicar intensas medidas de limpieza y -por alguna razón desconocida- arrasar con el papel higiénico, también nos obliga a replantear las prioridades políticas, los sistemas económicos y las normas laborales actuales.

Nuestro planeta, que durante años ha sido sobre exigido a nivel ambiental, manifestando síntomas preocupantes como sequía, calentamiento global, contaminación del aire, deforestación y quién sabe cuántas cosas más, está teniendo un respiro. Esta enfermedad ha sido la única forma de disminuir la actividad comercial y productiva a nivel mundial. Sus efectos son ya evidentes.

En medio de la crisis, una persona muy sabia -mi mamá- me compartió un video que no solo resume de manera magistral la situación, sino que plantea una profunda reflexión. Me tomo aquí la libertad de transcribir ese movilizador mensaje de «Empatía viral»:

«Y así un día se llenó el mundo con la nefasta promesa de un apocalipsis viral. Y de pronto, las fronteras que se defendieron con guerras se quebraron con gotitas de saliva. Hubo equidad en el contagio que se repartía igual para ricos y pobres. Las potencias que se sentían infalibles vieron cómo se puede caer ante un beso, ante un abrazo.

Y nos dimos cuenta de lo que era y no importante; y entonces, una enfermera se volvió más indispensable que un futbolista y un hospital se hizo más urgente que un misil. Se apagaron luces en estadios, se detuvieron los conciertos, los rodajes de películas, las misas y los encuentros masivos y, entonces, en el mundo hubo tiempo para la reflexión a solas, para esperar en casa que lleguen todos, para reunirse frente a fogatas, mesas, mecedoras, hamacas y contar cuentos que estuvieron a punto de ser olvidados.

Tres gotitas en el aire nos han puesto a cuidar ancianos, a valorar la ciencia por encima de la economía, nos ha dicho que no solo los indigentes traen pestes, que nuestra pirámide de valores estaba invertida, que la vida siempre fue primero y que las otras cosas eran accesorios.

No hay un lugar seguro, en la mente de todos nos caben todos y empezamos a desearle el bien al vecino. Necesitamos que se mantenga seguro, necesitamos que no se enferme, que viva mucho, que sea feliz. Y junto a una paranoia hervida en desinfectante nos damos cuenta que, si yo tengo agua y el de más allá no, mi vida está en riesgo.

Volvimos a ser la aldea, la solidaridad se tiñe de miedo y a riesgo de perdernos en el aislamiento, existe una sola alternativa: ser mejores juntos.

Si todo sale bien, todo cambiará para siempre. Las miradas serán nuestro saludo y reservaremos el beso solo para quien ya tenga nuestro corazón. Cuando todos los mapas se tiñan de rojo con la presencia de que corona, las fronteras no serán necesarias y el tránsito de quienes vienen a dar esperanzas será bien recibido bajo cualquier idioma y debajo de cualquier color de piel. Dejará de importar si no entendía tu forma de vida, si tu fe no era la mía, bastará que te anime a extender tu mano cuando nadie más lo quiera hacer.

Puede ser -solo es una posibilidad- que este virus nos haga más humanos y, de un diluvio atroz, surja un pacto nuevo con una rama de olivo desde donde empezará de cero.»

Aliados

El pasado 8 de marzo fue el día internacional de la mujer. Hubo manifestaciones en muchas ciudades, San Salvador no fue la excepción, en las que mujeres se juntaron para exigir más avances y hacer conciencia sobre temas como la igualdad de género y la violencia de género entre otros. Existe una disparidad real de género en el ámbito profesional que va más allá del hecho que las mujeres en promedio ganen alrededor del 80% de lo que gana un hombre.

Solamente el 6% de los CEOs (Directores ejecutivos) de las 500 compañías más grandes de EEUU son mujeres. Aunque muchos argumentan que esto es causado en parte por las decisiones profesionales de las mujeres, hay mucho más detrás de este número. En este contexto las expectativas «sociales» influyen en que las mujeres terminen en áreas de soporte como Recursos Humanos o Marketing y no en unidades de negocio, que son por lo general los puestos desde donde salen candidatos más fuertes para un puesto de CEO. También existen sesgos, tanto conscientes como inconscientes, que solo abonan a la discriminación por género dentro del trabajo. Una misma acción puede ser vista como valiente cuando la hace un hombre, pero agresiva cuando la hace una mujer, o empático cuando la hace un hombre, pero débil o suave cuando la hace una mujer. Esto tiene un impacto en qué tan rápido puede subir una mujer dentro de una organización y en la probabilidad de que le den un aumento o una promoción.

Existen varias políticas internas que se pueden hacer desde el ámbito profesional para minimizar la desigualdad de género. Primero, establecer métricas claras y objetivas para decidir sobre aumentos, promociones y evaluaciones de desempeño. Segundo, a la hora de reclutar se pueden hacer paneles de reclutamiento más diversos además de hacer el filtro de Curriculums omitiendo el nombre de los candidatos. Tercero, programas de «apadrinamiento» o «coaches» internos que empujen por, y apoyen, el desarrollo de las mujeres dentro de las organizaciones. Y así como estas hay muchas otras más acciones relacionadas con el tema laboral que se pueden implementar para cerrar esta brecha desde lo laboral. El imperativo de empujar por esto no solo es del Estado, las empresas también pueden comenzar a implementar cambios de manera proactiva.

Algo que abarca ambas esferas, tanto profesional como personal, es el «mansplaining». Esta es la actitud de menospreciar el conocimiento o credenciales de una mujer en un tema y explicárselo de una manera condescendiente. ¿De qué manera podemos ser mejores aliados para evitar el mansplaining? Primero estar consciente y detectar cuando nosotros mismos lo hacemos. Cuando interrumpimos a una mujer que está hablando o cuando preferimos pedirle una opinión a un hombre que ni es experto en el tema, estamos haciendo mansplaining también. Segundo, levantar la mano cuando vemos que está pasando. Si no hacemos nada por evitar que esto pase cuando sabemos que está pasando estamos siendo cómplices. Y tercero, podemos educarnos más. Leer y hablar más sobre esto ayudan a crear consciencia sobre el tema y a que tengamos más presente como nuestros propios sesgos pueden fomentar la discriminación.

Si bien este es un tema liderado por mujeres pienso que como hombres también podemos aportar en este esfuerzo, tanto desde nuestro trabajo como desde nuestro círculo social. El género no debería ser una condena para qué tipos de trabajo se tiene acceso o qué tan rápido se puede crecer dentro de una organización o empresa. El compromiso con esta causa requiere de un involucramiento más activo que comienza, en lo mínimo, con las interacciones del día a día.

Narcos Centroamérica (I)

Bien podría ser una serie de Netflix, pero por ahora el guion, crudo, se escribe a diario en los tres países del Triángulo Norte de Centroamérica y tiene todos los ingredientes en los que la ficción televisiva ha basado sus exitosas series sobre narcos.

Hay, en este guion, contrabandistas que se vuelven millonarios con el dinero de la cocaína desde hace tres décadas, gobiernos-piltrafa que no alcanzan a esconder su incapacidad o complicidad en el tema a pesar de sus interminables cortinas de humo y políticos corruptos de todo color. Y hay muertos. Secuestro de los sistemas judiciales y las policías. Impunidad.

Esta es guion del narcotráfico centroamericano, que no existe solo a millas de distancia de las costas de El Salvador o en complicidades aisladas de funcionarios del gobierno hondureño o en los gobiernos departamentales y municipales de la franja fronteriza entre Guatemala y Honduras.

El narcotráfico centroamericano existe, sobre todo, gracias a los estados nacionales que son cómplices por acción, como en el caso hondureño; por omisión y debilidad, como ha ocurrido en El Salvador; o por la combinación de ambos como pasa en Guatemala.

Bastan algunas cifras, divulgadas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en su último informe sobre la situación del narcotráfico en el mundo, para ilustrar: por el corredor del norte centroamericano pasa entre el 85 y el 90 por ciento de la cocaína que llega desde Suramérica a pistas clandestinas en La Mosquitia hondureña, a playas del Pacífico guatemalteco o ingresa por el Golfo de Fonseca a las carreteras de El Salvador y Honduras.

Por décadas, los tres gobiernos del Triángulo Norte han enfocado su narrativa política, sus recursos y su capital político en combatir a las pandillas MS13 y Barrio 18. Y, mientras lo hacían, el narcotráfico, amparado por agentes de esos gobiernos, creció.

La historia que mejor ilustra este guion, por ahora, es la de Honduras.

La realidad, decía, supera a la ficción: el pasado martes 3 de marzo, fiscales del distrito sur de Nueva York acusaron al hondureño Geovanny Fuentes Ramírez de dirigir una conspiración para la producción de cocaína en Honduras y para transportar esa droga a Estados Unidos. En la acusación, los fiscales aseguran que Fuentes contó con la protección del presidente hondureño Juan Orlando Hernández y de su hermano, Tony Hernández -condenado por narcotráfico.

En corto: según la fiscalía neoyorquina, el presidente de Honduras brindó protección a un narco que tenía un laboratorio donde se producían entre 300 y 500 kilogramos de cocaína al mes.

Juan Orlando Hernández, a través de la cuenta de Twitter de su casa presidencial, dijo lo que ya dijo media docena de veces, cada vez que algún testigo, criminal o los mismos fiscales estadounidenses lo relacionan con el narco: que es mentira, que él no tiene nada que ver.

He reporteado sobre el narcotráfico en Honduras durante los últimos dos años. Ahí, en las montañas de Olancho, de Lempira, en el Valle de Sula, en las fronteras desprotegidas del occidente hondureño, en Copán y Santa Bárbara, todos los indicios apuntan a esto: desde finales de los 90 la transformación de las bandas de contrabandistas en grupos violentos de narcos y del país entero en el principal hub del narcotráfico en Centroamérica ocurrió, en gran medida, gracias a la complicidad activa del estado, que en la última década ha estado en manos del Partido Nacional de Hernández.

Honduras es, hoy, el caso más evidente, pero algo similar ha ocurrido en Guatemala, donde los territorios fronterizos siguen siendo feudo de los grupos locales que controlan porciones estratégicas de las rutas que suben hacia México. De El Salvador siguen saliendo vuelos y cargamentos de cocaína que recalan en Panamá o transitan por el norte hacia Jutiapa, en Guatemala.

Es, todo, solo una parte del guion que escriben los narcos de Centroamérica.

El amor después del amor

El amor después del primer gran amor lleva siempre la huella del desengaño; como una camisa de segunda mano que viene con una vida anterior. Hay un poema de Charles Bukowski en que llega al meollo de la experiencia de las parejas que se unen ya luego de tener hijos y del divorcio. Ahí Bukowski habla de las mujeres pero se aplica de igual forma a los hombres. Dice «Todas las mujeres…tienen automóviles…y ex maridos…y llevan caras de desilusión; todas han sido decepcionadas. No sé bien qué hacer por ellas.» Todos los hombres también. Es la cuestión del amor luego del amor.

Hay esas personas que buscan pareja como si existiera una sola persona que es su destino y su alma gemela en el mundo. Nadie se para a pensar que si fuera así y que el destino te hubiera apartado una sola persona en el continuo de espacio y tiempo, las posibilidades de encontrarse serían casi nulas y el ser humano como especie quedaría en extinción. Más de alguna vez he sospechado que ese primer amor romántico, más que ser un misterio espiritual, es un proceso tan común y universal como el ciclo de la vida de un insecto; huevo, pupa, larva y mariposa. Ya con el tiempo, uno se da cuenta de que muchas veces ese amor romántico idealizado termina cumpliendo con el ciclo y la mariposa deja atrás al capullo. Y no pasa nada.

Sin embargo no es que se pierda la posibilidad de amar después del amor, sino que uno ve el amor por lo que es. Lo aprecia y al mismo tiempo le da su lugar dentro de una vida llena de otras responsabilidades y cosas. Le da un 15% de la energía vital, que es bastante. Lo evalúa, lo cultiva y lo respeta. Es una versión del amor sin la necesidad de hacer una fusión completa; en que uno reconoce que la pareja sigue existiendo fuera de la relación y que hay que complementarse sin girar sobre un mismo eje. Es un amor que acepta límites y entiende que el otro existe sin ti, porque ya hay varias décadas de constancia. Uno reconoce la subjetividad del otro y en este sentido es un amor menos egoísta y más ético. Algo que debe estar desde un principio en cualquier relación.

Bukowski no sabía qué hacer por estas mujeres con las miradas claras. Las que han amado antes, dieron el corazón una vez ya y saben que si se han equivocado una vez que vos también podrías ser un error. Son las mujeres que no te necesitan. Las que aman ahora conscientes del terrible secreto del amor; que no siempre dura, que se acaba y que no es indestructible. Son mujeres y hombres como Don Manuel, el protagonista de San Manuel Bueno Mártir de Miguel de Unamuno que es el párroco de su pueblo pero no tiene fe, no puede creer en Dios, y si finge creer ante sus fieles es por mantener en ellos la paz que da la creencia en otra vida, esa esperanza consoladora de la que él carece. Cierro con Fito Páez que tiene una canción, ‘El amor después del amor’, donde aconseja que «nadie puede y nadie debe vivir sin amor.» No estoy de acuerdo con el músico. El amor después del amor es una respuesta, pero no es la única y no pasa nada.

Catfish: un país engañado

Hace varios años, MTV transmite una serie que se llama Catfish. En cada episodio, durante unos 30 minutos, los conductores se convierten en detectives modernos: ayudan a gente común y corriente a descubrir si las personas con las que hablan por internet y de quienes -en la mayoría de los casos- se han enamorado, son reales o no.

Resulta que hay mucha gente que encuentra divertido hacerse pasar por otros. Crean perfiles falsos en las redes sociales donde usan fotos de otras personas e información biográfica falsa. Estos Catfish por lo general tienen la intención de engañar a una o varias personas inocentes para que se enamoren de ellos. A veces, incluso, piden dinero a sus víctimas.

En la medida en que uno ve cada episodio es -a lo menos- evidente, que los perfiles son falsos: se rehúsan a hacer video llamadas, ponen excusas inverosímiles para no conocerse físicamente, difícilmente acceden a enviar fotografías. En fin, resulta difícil entender cómo es posible que las víctimas logren ser embaucadas.

Pero por evidente que parezca, hay muchos que caen. De hecho, son tantos los engañados que ha sido rentable que MTV tenga un exitoso programa desde 2012 en EEUU, que incluso ha sido replicado en Chile, Brasil y Colombia.

Además, cuando las víctimas se ven enfrentados a las abrumadoras evidencias que delatan a los Catfish, se niegan a aceptar que sus enamorados/as son falsos. Inventan excusas, dan explicaciones, crean razones inverosímiles para justificar las mentiras de quienes creían amar.

Pero al final, en la gran mayoría de los casos, la verdad sale a flote: las víctimas terminan por aceptar que sus amados no son quienes dicen ser. La mentira se descubre, los Catfish dan la cara. Por lo general, no se parecen en nada a quien fingen ser. A veces piden disculpas, en otras ocasiones se indignan o se enojan al ser descubiertos. Luego, la víctima se arrepiente de todo el tiempo que perdió y todos aprenden una lección.

Una de esas lecciones es que las redes sociales aguantan con todo. Si son usadas hábilmente y se conjugan con una audiencia fácilmente manipulable, con carencias específicas o dolencias profundas, pueden crear la ilusión de una realidad alternativa, donde Catfish es un héroe: alguien que los escucha, los entiende, los enamora.

Mientras veía este programa la semana pasada, pensé: Nayib Bukele es el maestro de todos los Catfish. Ha dominado el arte del engaño a través de las redes sociales y sus víctimas son todo un país.

Usa las redes sociales para presentarse ante una audiencia manipulable, adoptando tantas personalidades como le parezca conveniente; ilusiona a sus seguidores, los enamora, diciéndoles lo que quieren escuchar; difícilmente da la cara, prefiere gobernar desde las redes sociales sin enfrentarse a la prensa; le gusta tener el control de lo que publica, para que nadie detecte qué es verdad y qué no; cuando lo confrontan, se enoja y hace berrinches si no le dan lo que quiere; tiene una masa de seguidores adormecidos, a quienes es imposible convencer que están siendo engañados, por más evidencias que se les presenten.

En fin, nuestro Presidente es una especie de Catfish y nos está haciendo perder el tiempo a todos.

Ojalá sus aires de autoritarismo millenial no pasen desaparecidos y después no nos preguntemos: ¿cómo no nos dimos cuenta?

Apesta

Construir país puede tomar generaciones. Con trabajo, y un poco de suerte, una administración tras otra puede aportar un poco para ir avanzando. Muchos pensamos que lo que en El Salvador ha tomado más de dos décadas en construir, en términos de Estado de Derecho y respeto a las instituciones, estaba muy bien cimentado.

Como república joven hemos celebrado muchísimas elecciones libres, tanto presidenciales como legislativas. Hemos logrado hacer la transición entre guerra y paz, entre distintas aritméticas legislativas y entre presidentes de derecha y de izquierda. Todo siempre amparado en las leyes y en la Constitución. Y, aunque hayamos tenido episodios (muchos todavía recordamos el famoso decreto 743) en los cuales se ha puesto a prueba la institucionalidad, nada ha llegado a ser tan dañino como lo que pasó en el Salón Azul el domingo pasado.

Nunca, durante la posguerra, un órgano del Estado se había aprovechado la poca dignificación que tiene la fuerza armada para instrumentalizarla para intimidar a otro órgano. Querer minimizar o trivializar este evento es ser ciegos al frágil episodio democrático que estamos atravesando como país.

¿Y todo por qué? Aparentemente por querer la aprobación para negociar un préstamo de $109 Millones, cifra que representa apenas un 0.4% de nuestro PIB. Pero no nos engañemos, esto no se trata de préstamos ni de planes territoriales antiviolencia. Esto se trata de alguien queriéndose imponer a su manera, pasando por encima de la Constitución y las leyes, para lograr desprestigiar a un órgano del Estado y monopolizar más poder. Apesta a dictadura.

El precio de este golpe va mucho más allá de $109 Millones. Es desechar los esfuerzos y los costos de la guerra. El conflicto armado nos costó casi dos décadas de desarrollo. Nos costó la vida de 75,000 personas y la sangre de muchos más. Nos costó decenas de miles de familias desintegradas y la migración masiva de muchos. Nos costó la unión de un país que se separaba en 2 bandos. Y si bien ni ARENA ni el FMLN han hecho mucho por reconstruir una sociedad fragmentada, Bukele solo ha tirado mucha más sal en unas heridas que no terminan de cicatrizar casi tres décadas después.

Tres cosas sorprenden de esta situación. La primera es el cinismo con la que Bukele ha intentado tergiversar su error, queriendo vender la barata narrativa que él (magnánimo líder ungido por un poder divino) ha sido quien ha calmado al pueblo que quiere deshacerse del órgano legislativo. Segundo, Bukele ha logrado, increíblemente, que los diputados comiencen a parecer funcionarios decentes que no están cediendo ante matonerías antidemocráticas. Y tercera (probablemente lo más preocupante y decepcionante), que haya tanta gente engañada que piense que lo que está haciendo Bukele es la manera correcta en la que se comporta un verdadero Estadista.

Si Bukele quiere tener más apoyo en la Asamblea tiene dos opciones legales: o se espera a las elecciones legislativas para intentar lograr más tracción, o comienza a tender puentes entre partidos y para colaborar en conjunto. Amenazar con «apretar un botón» cuando se tiene al Salón Azul rodeado de militares es tener poca valoración a lo que hemos sufrido históricamente como país. Resolver la violencia no pasa por más violencia. La reducción de violencia pasa por tener lo mínimo: instituciones democráticas que funcionen. Con anarquía no resolvemos nada. Si usted, lector, no es capaz de ver la importancia de respetar el Estado de Derecho, reconsidere, porque está siendo parte del problema.

Pandillas: cuento de políticos cobardes

Todos las condenaron ante el micrófono, casi siempre en campaña electoral. Todos las utilizaron para presentarse al respetable votante como los más duros de los duros. Todos vendieron que exterminar a las pandillas y la inseguridad que generaban iba a ser marca de sus gobiernos. Todos lucraron políticamente de ellas. Todos mintieron.

La versión más reciente de este cuento lo está contando el fiscal general Raúl Melara con las dos acusaciones que ha presentado a políticos salvadoreños de distinto signo por negociar con los pandilleros beneficios electorales a cambio de dinero, condiciones carcelarias y, lo más importante para efectos de seguridad pública, control territorial.

Así es: las pandillas procurarían votos a cambio de que los políticos garantizaran que serían ellas, la MS13 y el Barrio 18, las que seguirían mandando en los barrios, colonias y cantones del país.

No es poca cosa. El trato electoral que, sabemos hoy, adelantaron ARENA y FMLN implicaba garantizar a las pandillas su existencia como actor político territorial, como fuerza viva social y como interlocutor directo con el poder.

Insisto, el meollo del asunto aquí no son los 100,000 dólares que según un testigo la ARENA de Jorge Velado y Ernesto Muyshondt pagaron a las pandillas, o los millones de dólares en programas de rehabilitación que, se supone, ofrecieron el arenero Norman Quijano o los efemelenistas Arístides Valencia y Benito Lara en el contexto de las presidenciales de 2014. El asunto aquí es que los dos partidos políticos más importantes de la posguerra decidieron que los votos que necesitaban para ganar aquellas elecciones bien valían que el estado cediera definitivamente el control a las pandillas en amplias zonas del país.

La moneda de cambio real, en estos pactos propuestos, era esa, el control de territorio. El dinero no fue más que el aditivo para que MS13 y Barrio 18 decidieran si hacían campaña por un partido o por otro. Y, estratégicas como son, las pandillas decidieron pactar a dos bandas: en la primera vuelta del 2014 se aliaron con el FMLN y en la segunda vuelta con ARENA.

Estos pactos no fueron, por supuesto, ideas novísimas de los equipos de campaña de Norman Quijano y Salvador Sánchez Cerén. Si las cosas son como explica la acusación fiscal, los tratos electorales habían empezado en 2003, en la previa de la campaña que llevó al arenero Tony Saca al poder, continuaron y alcanzaron su pico durante la campaña y el gobierno de Mauricio Funes del FMLN, cuando la tregua de 2012 empoderó a las pandillas como interlocutores políticos, y siguió con el fallido intento de la ARENA de Quijano, Velado y Muyshondt.

Toda la narrativa antipandillas, que ponía como objetivo primero del odio y la fuerza estatal a estas agrupaciones juveniles creadas por marginados que huyeron a Estados Unidos y volvieron deportados a un país de estado débil, economía estancada y políticos sin escrúpulos, es hoy más farsa que antes. Por mucho tiempo creímos, muchos, que el manodurismo era solo una política fallida a la que acudieron areneros y efemelenistas para ganar votos. Hoy entendemos que, en los últimos años, fue una mentira que esos políticos ocuparon para esconder sus tratos bajo la mesa.

Este asunto tiene un epílogo real: el control territorial que permite a las pandillas, entre otras cosas, seguir controlando las cifras de violencia, como creo ha ocurrido en estos meses que van de la administración de Nayib Bukele.

Pero hay un epílogo no escrito, que también tiene que ver con Bukele. Al presidente le ha venido muy bien que el fiscal Melara acuse a areneros y efemelenistas y se haya olvidado, por ejemplo, del actual ministro de Gobernación, quien también ha hablado con las pandillas. Que los acusados sean Quijano, Muyshondt, Lara y Valencia permite al presidente seguirse rasgando las vestiduras sin hablar de los tratos que, según las investigaciones de Policía y Fiscalía, él y los suyos han tenido con emeeses y dieciochos.

El espejo real

Dicen que hace poco inventaron un espejo real que le permite a uno verse no como estamos acostumbrados, es decir, con la imagen invertida, sino con una óptica perfecta, tal y como nos veríamos nosotros si estuviéramos mirándonos a nosotros mismos desde ese espejo, como si ese espejo fuera una ventana y no nuestra imagen al revés. Hay la posibilidad ya de vernos a nosotros mismos de la misma manera que nos mira la sociedad y el mundo externo. Sin embargo, ¿Esa imagen es una representación más precisa de quiénes somos? O, ¿una proyección externa falsa? Y, ¿cuál es el yo real?

En su concepto del «estadio del espejo» el psicoanalista Jacques Lacan asocia al espejo con una fase del desarrollo psicológico del niño comprendida aproximadamente entre los seis y los dieciocho meses de edad. Se trata de aquella etapa en la cual el niño se encuentra por primera vez capacitado para percibirse, o más exactamente, para percibir su reflejo completo en el espejo. En esta fase, de acuerdo a la teoría lacaniana, se desarrollaría el yo como instancia psíquica. Resulta la identidad personal; el conocimiento de que uno es un sujeto que existe por su propia cuenta en el mundo. Existe el individual separado de su ambiente y de la gente que lo rodea. Es a través del espejo entonces que llegamos a conocernos a nosotros mismos y a desarrollar un concepto del yo y de la identidad personal.

Es por eso quizás que muchos comentan que las fotos parecen distorsionar la cara o el cuerpo o que no se reconocen en las fotos. Curiosamente, los selfies logran sacar fotos como un «espejo real» con la cámara frontal del móvil. Una vez saca el selfie la imagen resultante es real: el texto aparece del derecho, y también la imagen y el resto de los objetos y personas que capta en ella. Al mismo tiempo hay que tener en cuenta que hay muchas formas en que una foto distorsiona una imagen por el ángulo de vista, el acercamiento y la luz. También la falta de movimiento capta un instante de naturaleza muerta pero no logra captar la totalidad del ser humano. Esta imagen «real» de cómo y quiénes somos quizás tenga que ver con otra subjetividad relacionada con la conciencia de un público; una subjetividad construida en el proceso de ser vista y percibida por los demás. El subtexto es siempre, «No soy así, pero es así que me ven los demás.» Es el yo público.

Jorge Luis Borges comenta este desdoblamiento del yo y la diferencia entre la identidad personal y el yo público en su mini-cuento ‘Borges y yo’: «Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico.» Hoy hice un experimento para ver hasta qué punto conozco mi yo público, esa otra Evelyn. Escogí dos fotos; una que creo que capta bien mi personalidad y la otra que siento que es una imagen superficial y forzada. Hay un sitio web en que uno puede subir fotos así y la gente en el internet vota y le dice las características que perciben en las fotos. Subí dos fotos y la que siento que me capta más recibió menos votos que la otra. La otra foto no capta bien mi identidad personal pero recibió más acogimiento público. Total que comparto ese sentimiento de Borges del desdoblamiento del yo, de no reconocerse en el yo público y de perderse por ratos en cuál es el yo «real.» Tampoco sé cuál de las dos escribe esta página.

Estallido en pausa

En Chile hace calor. En el cono sur, el verano está en apogeo, por tanto, muchos chilenos están de vacaciones. Esto ha producido una delicada sensación de normalidad en medio del estallido social.

El desempleo ha llegado al 8,8%; 116 proyectos de Ley han sido ingresados desde que Chile despertó el 18 de octubre, más de 30 de ellos están vinculados con orden público y seguridad; 9 proyectos han sido despachados a Ley y, más de 22 mil personas han sido detenidas en el contexto de las protestas.

Estas cifras generan molestia: el gobierno se ha concentrado a reprimir, dicen, y no a resolver las solicitudes en torno a las peticiones que buscan un Chile más justo. Reflejo de esto es que el Presidente Piñera gobierna con un 82% de desaprobación. Sí, 82%. Ah, pero los diputados cuentan con el 2% de confianza.

Las protestas han disminuido en intensidad. Pero este descanso seguramente responde al periodo estival. Ya circulan en redes sociales diversos videos que convocan a un paro nacional el 8 de marzo, fecha emblemática, tanto por ser el día de la mujer como por ser el primer mes del año en que el país vuelve a funcionar en pleno: colegios, universidades y empresas vuelven de vacaciones.

Según la encuesta de opinión CADEM, el «Apruebo» a la nueva Constitución llega al 67%. En abril sabremos qué tan acertado es este porcentaje. Sin embargo, cómo se votará esta aprobación o rechazo a la nueva carta magna está aun por decidirse. El gobierno propone que la convención constituyente se elija con listas cerradas en que no se vote por personas, sino por partidos políticos. Sin embargo, los partidos políticos tienen un 2% de aprobación, por lo que esta opción es -a lo menos- absurda, como señala el periodista Daniel Matamala en su columna «La hora del populismo».

¿Qué pasará? Tenemos hasta abril para averiguarlo -al menos en lo que respecta a si se aprueba o rechaza la nueva constitución-. Y así, ¿qué pasará? es la pregunta interminable que marca esta histórica etapa que vive el país.

¿Qué pasará con el pago de las carreteras, con las pensiones, con la salud, con la educación, con las pruebas universitarias, con el metro, con los impuestos, con el gobierno? El estallido social ha sido una instancia obligada de reflexión para todos, chilenos y extranjeros, que nos preguntamos hacia dónde se dirigirá Chile cuando los proyectos de Ley avancen y la constitución se renueve.

Según la encuesta CADEM, 37% de la población se siente optimista o muy optimista sobre el futuro del país y curiosamente, casi el mismo porcentaje, el 38%, se siente pesimista o muy pesimista al respecto.

Como es obvio, este ambiente de incertidumbre es atractivo para algunos y desconcertante para otros -como yo-, quien veía en Chile un país pujante, estable y seguro. Ahora, sigo este proceso de transición considerándolo incluso utópico -aunque valiente-, por alcanzar un nuevo modelo que nadie sabe muy bien cómo se financiará, ni qué contemplará con exactitud, pero que ha marcado un precedente empoderando a la ciudadanía desde hace 3 meses.

Mientras tanto, el estallido está en pausa, como agarrando fuerza para reclamar lo que considera justo y para hacer de este largo y angosto país, uno más equitativo.

Cloaca legislativa

La corrupción y el nepotismo nos son prácticas recientes en el sector público. Ya sea desde el ejecutivo o el legislativo, año tras año vemos tal seguidilla de escándalos que es difícil mantenerse pendiente de cada uno. Más allá del daño que estas prácticas hacen a la institucionalidad, vale la pena estimar de alguna manera el impacto monetario que esto tiene en el bolsillo de los contribuyentes.

Uno de los casos más recientes es el de Cristina López, la exdiputada por el PCN. La exdiputada ha estado cobrando un salario de $2,000 dólares mensuales desde mayo sin siquiera residir en El Salvador. La exdiputada denunció en Twitter el caso de al menos otras cuatro personas allegadas al PCN que también cobran un salario sin llegar a trabajar.

También tenemos el caso del diputado Gallegos de GANA (partido con el cual ganó la presidencia Nayib Bukele) a quien el Tribunal de Ética Gubernamental (TEG) le abrió una investigación por nepotismo. Se le acusa de haber contratado al menos a unas 7 personas con algún vínculo familiar a su esposa. El TEG ya había abierto otra investigación contra Gallegos por más de $500,000 dólares que se concedieron desde la Asamblea Legislativa a APDEMES, una asociación donde trabajaban su esposa y otros asesores legislativos.

Tenemos el caso del expresidente de la Asamblea Legislativa, Sigfrido Reyes, a quien esta semana se le giró una orden de captura. Se le acusa de lavar $781,000 dólares a través de varias sociedades donde estarían involucrados familiares, empleados del IPSFA y empleados de la Corte de Cuentas. Reyes está ahora fuera del país y a su esposa se le ha dado libertad bajo fianza (entre $20,000 y $30,000) además de tener que usar un brazalete electrónico.

Así como estos casos seguramente podemos encontrar muchos más dentro de la Asamblea Legislativa. En 2008, la Asamblea tenía un total de 864 empleados estatales, número que ascendió a 2,367 empleados (300 de los cuales eran del área de «comunicación») en 2019, un aumento del 174%. Esto se traduce en unos $31 Millones de dólares adicionales que estamos pagando de manera anual para que parásitos estén viviendo de los fondos que el resto de la población genera. Además del impacto monetario también hay otro en la moral de algunos funcionarios públicos. Estoy seguro de que entre los empleados de la Asamblea Legislativa hay muchos que están muy bien preparados y con credenciales para estar en su puesto. No debe ser fácil para ellos ver esta invasión de gente incompetente, y al mismo tiempo ver que quienes están creciendo y subiendo de puestos de manera más rápida son los «compadres» de quienes los pusieron ahí y no quienes están agregando verdadero valor al trabajo legislativo.

Esperemos que estas investigaciones y acusaciones de corrupción a figuras importantes en la política salvadoreña dejen un buen precedente. Según el Fondo Monetario internacional, la corrupción en El Salvador nos cuesta unos $500 millones al año. Por lo menos ya vamos dimensionando el tamaño del problema del lado legislativo. Vale la pena hacer un ejercicio similar en el resto de los órganos del Estado. No me extrañaría que encontráramos un fenómeno similar en el ejecutivo, donde su líder tiene una definición bastante flexible y conveniente de la palabra nepotismo.