En El Salvador, una de las especies que está en peligro de desaparecer completamente del territorio es la lora nuca amarilla. Según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), solo quedan unas 500 loras. Dos de las principales causas son el comercio ilegal y el deterioro de su hábitat. A pesar de la urgencia de un plan nacional para la protección y recuperación de las poblaciones de lora que aún habitan en el país, el gobierno, hasta el momento, no cuenta con una propuesta concreta. Además, carece de estudios para la recuperación y de un programa de monitoreo para la especie.

Las loras no se alejan, se extinguen

Un reportaje de Wendy Hernández

Fotografías de Ángel Gómez

Conservación. La lora nuca amarilla es una de las especies en peligro del extinción a escala nacional e internacional. Se está acabando.Pedro Murcia cuenta las aves que vuelan sobre él. Identifica a los chontes, garzones blancos, a los sopes comunes o los de cabeza roja. Mira cómo una bandada de 100 pericos chocoyos depredan una milpa. Espera, en un amplio campo de aproximadamente cinco manzanas, para alertar sobre el vuelo de una especie que, según Pedro, se observa a eso de las cinco o seis de la tarde por los manglares de la isla Montecristo, en la bocana del río Lempa, departamento de Usulután.

Pedro observa y escucha atento. Aunque varias aves pasan por el lugar, él espera por una en particular. Una de la que, según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), solo le quedan unos 500 ejemplares a escala nacional. Y que, de acuerdo con el último listado oficial de especies de vida silvestre amenazadas o en peligro, corre un alto riesgo de desaparecer: la lora nuca amarilla.

Debido a la reducción de su especie, ver a más de dos loras pasar se considera algo inusual. Pero en esta zona de la bocana del río Lempa, escuchar y ver al ave puede ser recurrente ya que las loras se alimentan de las marañoneras del lugar y descansan en los árboles de mangle.

Mientras el sol baja, Pedro dice que no es un experto, pero sí sabe que pronto las aves descenderán para descansar en el manglar.

Desde 1998, según el listado oficial de fauna y especies amenazadas o en peligro de extinción de El Salvador, la lora nuca amarilla está catalogada como un ave en peligro de extinción debido a su comercio ilegal y destrucción de su hábitat.

En el país, la lora nuca amarilla, es una especie codiciada por su tamaño, plumaje y,sobre todo, porque desde polluelo el ave puede aprender a imitar el habla de un humano. Y, aunque la Ley de Conservación de la Vida Silvestre, en su artículo 27, inciso A, indique que «matar, destruir, dañar o comercializar con especies de la vida silvestre en peligro o amenazadas de extinción representa una falta grave que puede ser sancionada con una multa que va desde los 10 a los 100 salarios mínimos», hay quienes se dedican aún a comercializar las especies.

A escala mundial, la lora nuca amarilla también está en peligro de desaparecer, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la lora se encuentra dentro de la lista roja de las especies amenazadas por la UICN; un indicador que muestra el estado crítico de la biodiversidad en el mundo.

Fotografía de Ángel Gómez

«Las loras se comunican con vocalizaciones roncas», alerta Pedro, mientras pide «estar atentos» a su canto, ya que el sonido ensordecedor de los pericos chocoyos puede confundir a quienes esperan por la lora.

En la isla Montecristo, ver a más de una lora volar por el manglar no es casualidad. En el país, el hábitat de la lora nuca amarilla, en los últimos 20 años, estuvo en los bosques secos tropicales. Pero debido a la disminución significativa de los bosques, el ave se ha adaptado -para su sobrevivencia- a ecosistemas como los del manglar, al encontrar mucho más bosque ininterrumpido.

De acuerdo con el MARN y su inventario nacional de bosques, por hoy, El Salvador solo cuenta con un 29.3 % (624,376 hectáreas) de bosques. Y estimó que, entre el año 2000 hasta el 2010, se perdieron unas 138 mil hectáreas de bosque debido a la expansión agrícola, deforestación y crecimiento urbano.

Dentro del ecosistema, la lora nuca amarilla es una ingeniera que reforesta los bosques de manera natural al dispersar la semilla de los frutos que come. De desaparecer, los ecosistemas perderían a una especie que se encarga de regenerar la diversidad en estos bosques.

En el país, la situación de la lora nuca amarilla es crítica. Aún no hay un plan nacional para su conservación, se carece de estudios para la recuperación de la especie y tampoco hay un programa para su monitoreo.

Esto a pesar de que la lora ha estado por más de de diez años en el listado de las especies en peligro de extinción; y se ubica, según la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), como una especie prioritaria para el estudio de las poblaciones actuales que contribuyan al establecimiento de acciones de protección, conservación y restauración de sus hábitats.

De acuerdo con el MARN y su inventario nacional de bosques, por hoy, El Salvador solo cuenta con un 29.3 % (624,376 hectáreas) de bosques. Y estimó que, entre el año 2000 hasta el 2010, se perdieron unas 138 mil hectáreas de bosque debido a la expansión agrícola, deforestación y crecimiento urbano.

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LA ISLA MONTECRISTO es uno de los lugares donde sus habitantes han aprendido a convivir con la lora nuca amarilla, pero no ha sido precisamente por un estudio o por un plan nacional para la recuperación de la especie. La preocupación de la comunidad por perder los recursos naturales los ha llevado a cuidar las diversas especies que habitan en la isla.

Óscar González, miembro del Comité de Medio Ambiente de la isla Montecristo, asegura que hace 10 años, la situación de la isla era crítica. Las tortugas marinas, los punches, y el cangrejo azul desaparecían debido a la extracción desmedida de los recursos del manglar.

Esta situación los llevó a idear un programa que pudiera equilibrar sus necesidades junto a los medios de vida. Así que la comunidad desarrolló un Plan Local de Aprovechamiento Sostenible (PLAS) y lineamientos para la conservación y extracción moderada de punches, cangrejos, tortugas marinas y madera de mangle.

Según Óscar, estas prácticas de conservación han incidido en el respeto de las demás especies que viven en el manglar. Por hoy, es un logro que, sin un plan de conservación ideado para la lora nuca amarilla; solo dos personas, de 160 habitantes de isla, cuenten con dos loras como mascota.

Diversidad. Los pelícanos pardos son algunas de las especies que pueden observarse en la isla Montecristo, bocana del río Lempa, Usulután.

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VERÓNICA ES DUEÑA DE «BARBIE», una lora nuca amarilla que ha aprendido imitarla con un «¡urra muñequita, urra lorita preciosa!» en la isla Montecristo.

Cuando Verónica explica de los motivos que la llevan a mantener a Barbie como su mascota, le ganan más sus emociones que buenas razones. «Ella es mi muñeca preciosa», repite Verónica.

Y, aunque Verónica está consciente de que la lora nuca amarilla corre el riesgo de desaparecer por completo, asegura que para Barbie, regresar a su hábitat, implicaría un riesgo al haber permanecido domesticada por más de tres años.

Para José Argueta, técnico ambiental de la Asociación Mangle, una organización que trabaja desde hace 10 años en la isla Montecristo y que se enfoca en la conservación del manglar y sus especies, es necesario que dentro PLAS, se incluya a la lora nuca amarilla para tener un control más estricto de la protección de su especie.

«Según el acuerdo 259 del MARN y los lineamientos bases del PLAS. Para incluir otra especie, es necesario hacer estudios de cómo se mueven las especies dentro del ecosistema, se deben realizar un análisis reproductivo, conocer la importancia de la lora y su hábitat; y saber cuál es el alimento que el ave consume dentro del manglar», dice Argueta.

Sin embargo, el escenario para la lora nuca amarilla sigue siendo el mismo, sin conocer a la especie, sin un estudio, sin un monitoreo, no puede hacerse mucho.

En el caso de la lora nuca amarilla, un estudio de recuperación de la especie, implicaría conocer cuántas aves hay, cuántos son los nidos activos de manera natural y cuáles son los lugares que ocupa la lora para su reproducción.

Y el monitoreo de la especie, consistiría en un seguimiento de semanas, meses o años, de cómo se comporta la población, cuánto es su tamaño poblacional, y cuáles son los árboles donde las loras se alimentan.

Vivero. La isla Montecristo cuenta con un vivero de tortugas marinas para la conservación de la especie.

Para Alex Hasbún, asesor técnico del despacho del MARN, el panorama para la recuperación integral de la fauna y sus ecosistemas, es como «un barco que se hunde», debido a que los procesos sociales no son sostenible con los medios de vida.

«Cuando hablamos de recuperación de ecosistemas, hablamos de una ‘recuperación holística’. No podemos recuperar solo una especie, se necesita recuperar el todo. El ecosistema necesita de todo el sistema balanceado de fauna y flora para poder producir y ser efectivo. Tampoco se trata de repoblar o hacer decomisos. Se debe estudiar a las especies. Necesitamos hacer un diagnóstico y actualizar poblaciones fauna y flora», explica Hasbún.

Según Hasbún, al trabajar desde una visión holística, se puede pensar en planes que contemplen la reproducción genética de las especies en peligro, un monitoreo y control de las especies, y ofrecer alternativas económicas para evitar la comercialización ilegal y reforzar la educación ambiental.

Sin embargo, uno de los retos que tiene la institución para este 2020 es la reducción del presupuesto con el que funcionará . Solo para la restauración y conservación de ecosistemas críticos y paisajes, el MARN contará con $1,746,385, tan solo $300,000 más que el año anterior.

Por el momento, el MARN no cuenta con un plan concreto para la conservación de la lora nuca amarilla.

Protección. La isla Montecristo cuenta con proyectos de convervación de las especies como el cangrejo azul, punche y tortuga marina.

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MIENTRAS CAE LA TARDE, Pedro ha contado ya más de cuatro loras nuca amarilla, tal como lo predijo, las loras vuelan bajo y se comunican a través de ruidos roncos.

Aunque la isla no se acostumbra al saqueo de nidos de lora nuca amarilla. Hay otras partes como en el municipio de Metapán, departamento de Santa Ana, donde los comerciantes ilegales irrumpen los nidos de la lora.

Dentro del CITES, un pacto internacional entre Estados, para la protección, conservación y comercialización de ciertas especies -que no amenacen su supervivencia-, la lora nuca amarilla se ubica en el apéndice I de la Convención, es decir, no puede ser comercializada bajo ningún fin.

En el apéndice II y III del CITES, las especies pueden ser comercializadas bajo un control estricto de permisos de exportación e importación; y un número limitado de especies que no representen un desbalance en la flora y fauna silvestre.

Alimento. Un habitante de la isla Montecristo muestra las semillas de marañón que han sido devoradas por la lora nuca amarilla.

Es difícil, sin embargo, tener un control estricto de las especies que entran y salen del territorio desde el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), como la dependencia encargada de dar cumplimiento a las funciones y sanciones del CITES.

«Aunque el CITES hable de Comercio Internacional, no todas las especies silvestres son declaradas en los puntos de control; y es acá cuando se da el tráfico ilícito. Por tanto, al estar dentro del territorio, se involucran otras autoridades como la División de Medio Ambiente de la Policía Nacional Civil (PNC), Fiscalía General de la República (FGR) y el MARN para el control», detalla Andrea María Chinchilla, jefa de la unidad del CITES.

El MAG tampoco tiene control de los saqueos de las especies en la vida silvestre.

En El Salvador, según el MARN, aproximadamente, 254 especies se encuentran en peligro de extinción y otras 200 más están amenazadas.

“Aunque el CITES hable de Comercio Internacional, no todas las especies silvestres son declaradas en los puntos de control y es acá cuando se da el tráfico ilícito. Por tanto, al estar dentro del territorio, se involucran otras autoridades como la División de Medio Ambiente de la Policía Nacional Civil (PNC), Fiscalía General de la República (FGR) y el MARN para el control”, detalla Andrea María Chinchilla, jefa de la unidad del CITES.

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EL PERICÓN VERDE es un ave muy parecida a lora nuca amarilla. Su plumaje, altura de 35 centímetros y vistosidad hacen que muchos estén atraídos por comprar a la especie y mantenerla en cautiverio.

Según el Manual de identificación de especies de fauna y flora incluidas en los apéndices CITES, el pericón verde es un ave que se encuentra amenazada. Pero puede ser comercializada bajo un control estricto al ubicarse en el apéndice II de la Convención.

En una tarde de finales de octubre, Ricardo Ibarra, biólogo de la Fundación Zoológica de El Salvador (FUNZEL), se dedica a estudiar al pericón verde dentro de las instalaciones de la Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA).

Ricardo observa las aves, apunta los rumbos de llegada, analiza su pose y las escucha. «Hay que cuidar los bosques, pero es importante apostarle a las ciudades sostenibles y generar condiciones para la fauna», dice Ibarra.

Cuido. La preocupación de la comunidad por perder los recursos naturales los ha llevado a cuidar las diversas especies que habitan en la isla.

Desde hace dos años, a falta de un estudio que analizara la cantidad, comportamiento, los rumbos, consumo de alimentos y dormideros del pericón verde, FUNZEL implementó un programa de tres años para monitorear a la especie.

Debido a la degradación de los bosques, la especie ha buscado jardines arbolados extensos que puedan suplir a un gran bosque. Por esta razón, al biólogo le parece necesario reforestar áreas con árboles frutales nativos para que la especie pueda sobrevivir en la ciudad.

A diferencia de la lora nuca amarilla, el pericón verde es fácil de observar, en esta tarde, se estima que, alrededor de unos 6,000 pericones, descienden a los árboles de eucalipto, laurel de la India y maquilishuat para descansar.

Uno de los mayores riesgos que enfrenta la especie, es la destrucción de su hábitat en la ciudad. De talar muchos más árboles, el pericón verde tendría que movilizarse a zonas mucho más lejanas para conseguir su alimento, lo que implicaría un desgaste para las aves.

Cosecha. Un agricultor de la isla Montecristo explica que la lora nuca amarilla se alimenta de la cosecha de marañón.

Ver volar a esta ave en libertad, aún es un privilegio. Sin embargo, la población de pericón verde puede reducirse debido al saqueo de sus nidos y demanda de la especie a nivel local.

Por el momento, no hay una propuesta de un programa de conservación que se enfoque en el pericón verde. «Aún hace falta generar más información sobre la especie, para hablar de un programa, se necesita investigar sobre las rutas por donde se desplaza la especie», concluye Ibarra.

La isla Montecristo empieza esconderse entre la noche que cae. Luego de dos horas, Pedro pudo contar a unas 14 loras nuca amarilla. Con poca luz, él está convencido en que es hora de retirarse, las aves ya se ocultan entre los árboles de mangle.

Consciente en que ver volar a la lora nuca amarilla es un privilegio que pocos pueden tener, y que la isla Montecristo se ha vuelto un lugar preciado para observar a la especie, Pedro propone volver.

«Si Dios lo permitiera, por allá en el verano, en enero y febrero, pueden darse una pasadita por acá. Así ustedes podrán regresar y comprobar cómo es la vida de la lora por acá», asegura Pedro.

Marañoneras. La lora nuca amarilla es vista por los habitantes entre las marañoneras de la isla.

 


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