En El Salvador se generan 3,400 toneladas de residuos al día. Los recicladores de Ciudad Futura, en el municipio de Cuscatancingo, procesan en un mes alrededor de 15 toneladas. En esta comunidad, los pepenadores se organizan con horarios de trabajo, analizan los precios de venta del producto que puede ser reutilizado y estudian sobre el manejo adecuado de los desechos sólidos para realizar su labor. Así han consolidado las bases para que nazca el Movimiento Nacional de Recicladores. Reclaman que en el país se reconozca su oficio como un empleo formal, con acceso a derechos laborales, como los que tiene funcionario de un ministerio o un gerente en la empresa privada.

El camino entre separar basura y organizar un movimiento por el trabajo digno

Un reportaje de Wendy Hernández

Fotografías de Franklin Zelaya

Cada viernes a las 7:30 de la noche, los recicladores de base de Ciudad Futura, del municipio de Cuscatancingo, se reúnen en la casa comunal para charlar sobre su jornada laboral durante la semana. Unas 30 personas, a veces más, conversan sobre los horarios que cumplen para separar y recolectar material reutilizable que, por lo general, va de 5:00 de la mañana hasta las 6 de la tarde; también estudian el manejo adecuado de los desechos sólidos, como puede reciclarse y qué puede ser tóxico; analizan los precios de compra y venta que se manejan en el mercado; y revisan los perfiles de quiénes pueden ser parte de la junta directiva para conformar el Movimiento Nacional de Recicladores.

En esos viernes, también charlan sobre por qué se hacen llamar recicladores de base y llegan a la conclusión de que el nombre dignifica su oficio, como el de cualquier otra profesión; como doctor, profesor, ingeniero o arquitecto.

Su trabajo consiste en recolectar y separar, entre los contenedores de basura, materiales que pueden reutilizarse: latas, botellas de plástico, cartones, cobre, hierro, aluminio, celulares, computadoras y comercializarse en el mercado industrial.

Desde hace dos años, los trabajadores han tomado la decisión de organizarse para mejorar sus condiciones laborales.

Entre quienes han decidido encabezar la lucha está América Sarmiento. Esta mujer de 50 años, es reconocida como la representante del incipiente Movimiento Nacional de Recicladores. «Una mañana encontré, entre los papeles que compramos, un libro que por título llevaba ‘¿Cómo ser una líder?’. Mire cómo es la vida, ese día me quedé pensando y llegué a la conclusión de que ser una buena líder es no pasarse de lista y pensar en el bien común, porque no me gustan las injusticias».

En un jueves de mediados de agosto, América Sarmiento está sentada como todas las mañanas afuera de su almacén de reciclaje en Ciudad Futura. La mujer está limpiando motores de ventiladores, les saca el cobre; también limpia botellas de plástico y las separa por colores.

«Azul, verde, transparente… de este plástico que se recoge pueden hacerse guacales, sillas, vasos, cántaros. Todo se puede reutilizar», dice América.

En Ciudad Futura, según América, hay más de 30 recicladores de base que se enfrentan a las mismas condiciones que Eduardo. No cuentan con un seguro médico, ni cotizan una pensión económica para su jubilación y mucho menos cuentan con un equipo para el manejo de residuos.

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Para América es una jornada atareada y ya son pasadas las diez de la mañana. Su almacén es un espacio donde se compra el material reciclable para luego comercializarlo con proveedores industriales.

Un señor ha llegado con unos cuantos marcos de ventana que América compra como aluminio. «Estos marcos deben limpiarse… hay que quitar todo lo que no sea del mismo material. El aluminio no puede mezclarse con el hierro porque sería tóxico para el humano. De acá pueden sacarse moldes para ollas, cacerolas», le dice,

Al rato, otro cliente, «el moreno», un reciclador de base que llega a vender dos televisores para «juntar lo del almuerzo». Dentro de la bodega de reciclaje, mientras espera por la paga, Eduardo Yanes aprovecha para platicar sobre su jornada y las pocas condiciones con las que cuenta para realizar su trabajo en los contenedores de basura de Ciudad Futura.

Eduardo hace un recuento de cuántas veces ha sufrido un accidente por no tener unos guantes y encontrar entre los desechos pedazos de vidrio o agujas de jeringas, levanta las manos y señala sus heridas, una cortada de más de 5 centímetros en su palma derecha y otras más en su brazo derecho.

A su circunstancia, le suma que carece de un espacio para guardar o separar el material, así que no le queda más que hacerlo en la calle o su hogar. Y cuando logra reunir una buena cantidad de material, su ganancia baja porque debe arreglárselas para conseguir un camión para transportar el producto.

Condiciones. La falta de un espacio digno para trabajar obliga, muchas veces, a los recicladores a almacenar material en sus hogares.

«El reciclador vive de la basura», asegura Yanes, y es que para los recicladores este oficio es una luz y un medio de subsistencia en un país con pocas oportunidades laborales. Así que, luego de 17 años de trabajar como pepenador, no le queda duda de que su labor debe ser reconocida como un empleo más.

De los televisores, Eduardo logró juntar dos dólares y centavos que ya le alcanzan para almorzar y proveer a su esposa e hijo de un plato de comida. Se despide. Y en su bicicleta regresa a los contenedores para terminar con su jornada laboral.

Luego de escuchar a su compañero, América repite una y otra vez, que es necesario que a los recicladores se les reconozca a través de políticas públicas. «El reciclaje es un empleo, es nuestra vida y fuente de ingreso. También tenemos que luchar para que los hijos de los recicladores cuenten con mejores condiciones».

En Ciudad Futura, según América, hay más de 30 recicladores de base que se enfrentan a las mismas condiciones que Eduardo. No cuentan con un seguro médico, ni cotizan una pensión económica para su jubilación y mucho menos cuentan con un equipo para el manejo de residuos.

América insiste en que es necesario cerrar el almacén y dar una vuelta por la comunidad para conocer a otros recicladores.

Entre los pasajes de Ciudad Futura 1 y 2, Victor Melgar y Aracely Orellana han hecho de su hogar una bodega de reciclaje, aunque no era su propósito. La falta de un espacio digno para trabajar, los ha obligado a acaparar material. Y es que para los pepenadores vender unas cuantas libras de plástico o material ferroso no da para sobrevivir. Así que necesitan hacerse de una gran cantidad para rondar, al menos, el salario mínimo.

Cuando Victor y Aracely ven llegar a América a su hogar, no pueden evitar preguntar sobre cómo va el tema de la planta de separación de residuos que está a unos cuantos kilómetros de Cuscatancingo.

América les asegura que una vez legalizado el Movimiento Nacional de Recicladores, lucharán porque la planta vuelva a funcionar.

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UNA PLANTA OCIOSA

A unos 20 minutos de Ciudad Futura, dentro de Cuscatancingo, hay un planta de separación de residuos que ayudaría a los recicladores a aligerar su trabajo, pero ha dejado de funcionar.

El espacio de 900 metros cuadrados está equipado con maquinaria para clasificar el material reciclable, entre ellas, tres bandas separadoras de plástico, un molino para picar este mismo material, una presa hidráulica para compactar el cartón y el papel, básculas y un camión para transportar 4.2 toneladas. Todo lo que les falta a Eduardo, a Víctor, a Aracely y a la propia América.

De funcionar, la planta ayudaría a los recicladores a reducir costos para la movilización, venta y almacenamiento de material; disminuiría su jornada laboral de más de ocho horas diarias; y sería una fuente de empleo entre los mismos pepenadores.

La planta se creó en 2013 con el proyecto «Buenas prácticas de emprendedurismo social y Ecogestión» (RESSOC). Una iniciativa del Consejo de Alcaldes y la Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador (COAMSS/OPAMSS), que según la OPAMSS, se estableció para fortalecer el trabajo de los recicladores en el tratamiento y venta de residuos en los municipios de Cuscatancingo, Apopa, Ayutuxtepeque, Mejicanos y el departamento de San Salvador.

Sin embargo, sobre el cierre el COAMSS/OPAMSS da poco detalle. De acuerdo con Jorge Henríquez, subdirector de Desarrollo Social y Económico de la OPAMSS, la suspensión de operaciones se debe a razones técnicas y no políticas.

«Hemos tenido que pensar en cómo mejorar los procesos de producción y ver en qué estado se encuentra la maquinaria, eso nos ha llevado tiempo. Esta es la razón porque la planta ha dejado de funcionar por un año y medio. Además estamos buscando fondos luego de que concluimos dos proyectos con la Cooperación Española», asegura Henríquez.

La planta de separación de residuos es una empresa de Economía Mixta del Área

Metropolitana de San Salvador (ECOESAMMS) que según Henríquez, está bajo el control de una parte pública, que es representada por el COAMSS y las Alcaldías de Cuscatancingo y Apopa; y una parte privada que está bajo la tutela de las cooperativas de recicladores de Cuscatancingo, Apopa, Mejicanos, Ayutuxtepeque y San Salvador. «Esta junta directiva es la que toma todas las decisiones», asegura.

Sin embargo, hasta el momento, los recicladores de Ciudad Futura desconocen a qué se debe el cierre. Como representante de los pepenadores, América manifiesta que desde la Alcaldía de Cuscatancingo también hay resistencia para abrir la planta.

Al solicitar información a la Alcaldía de Cuscatancingo sobre el paro de operaciones

de la planta, la alcaldesa Heicy Flores dijo a través de su asistente de comunicaciones que «ella no tiene mucha injerencia en el tema y que se consulte directamente con la empresa que está a cargo de la planta: ECOESAMMS».

Desde el Movimiento Nacional de Recicladores, América y sus compañeros han insistido en que la planta vuelva a funcionar. Pero lo que hace difícil esta petición, es que el movimiento aún está conformándose y no cuentan con una legitimación.

Sin planta, América cree necesario seguir organizando a los recicladores a nivel nacional para legalizar el movimiento de los pepenadores.

Plástico. América Sarmiento compra botellas de plástico que, luego, pueden ser reutilizadas para fabricar guacales o sillas.

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De vuelta en el almacén, otra clienta espera por América. Es una señora de la comunidad que pregunta de cuánto es la paga por unos trozos de acero inoxidable. De libra en libra, la mujer consigue unos cuatro dólares. Mientras pesa el material, América aprovecha la oportunidad para hablar sobre el reciclaje inclusivo.

«Mire de esto se trata el modelo de reciclaje inclusivo, de integrar, hacer parte a los recicladores de las actividades comerciales con la compra y venta de materiales reciclables. A esto le apostará el Movimiento Nacional Recicladores. Muy pronto trabajaremos de la mano con la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo», detalla Sarmiento.

Jadira Vivanco, coordinadora de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR), asegura que la organización está trabajando, desde el 2011, en el reconocimiento de la labor de los recicladores en los sistemas urbanos de reciclaje, ya que han identificado que en el continente son más de dos millones de personas las que se dedican a esta labor y viven de la actividad.

«Desde la IRR es importante que los diferentes gobiernos reconozcan la labor de los recicladores de base, pues son estos trabajadores los que alimentan las cadenas de intermediación de la comercialización de los materiales, es decir, entre las empresas y sus proveedores», ilustra la coordinadora regional.

Según Vivanco, replicar el modelo en El Salvador implicaría, en términos económicos y ambientales, reducir costos operativos para la creación de rellenos

Almacén de reciclaje. En Ciudad Futura, Cuscatancingo, los recicladores cuentan con un espacio donde compran y venden material reciclable.

sanitarios, ya que, entre más se recicle, habrá menos necesidad de pensar en la creación de este servicio. Además, disminuiría los costos sociales que implica un botadero entre las comunidades y reduciría los pasivos ambientales, como la contaminación de la tierra.

Como modelo de negocio, el reciclaje inclusivo trabajaría para que las empresas produzcan menos desechos y generen mayor aprovechamiento sobre los residuos.

En cambio, Silvia Quiroa, directora Ejecutiva del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA), considera que, en el país, es necesario un programa de cero basura para reducir a gran escala la generación de desechos.

«Cuando hablamos de reciclaje, lo que estamos diciendo es ‘generemos más desechos porque ahí están las alternativas para reciclar ese tipo de material’, pero, en realidad, esto también está generando un impacto importante ambiental. Esto hay que decirlo, porque si nosotros creemos que con el reciclaje resolvemos el tema del mal manejo de los desechos sólidos», concluye Quiroa.

Colombia, uno de los países que se ha sumado a la Iniciativa Regional de Reciclaje Inclusivo, ha logrado que los recicladores de base sean reconocidos y remunerados por su trabajo. En 2016, el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio aprobó el decreto 596 que formaliza el oficio.

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El día cae y América se prepara para regresar a casa, una que hace solo cuatro meses, gracias a su trabajo como recicladora, ha podido comprar. Antes de partir, hace hincapié en que, desde los distintos sectores de la sociedad, se debe valorar el trabajo de sus compañeros y que no debe ser menospreciado.

«El siguiente paso es realizar un censo nacional para saber cuántas personas se dedican al reciclaje. Necesitamos unificar esfuerzos entre los recicladores que no están organizados para poder conformar la junta directiva del Movimiento Nacional de Recicladores. Buscaremos la legalización para poder canalizar nuestras demandas y exigir que se nos reconozca dentro del sector laboral», dice América.

El oficio también le ha ayudado a sacar adelante a sus tres hijos y pagar sus estudios de bachillerato en mecánica automotriz y desarrollo de software. América asegura que, de no ser recicladora, sería cocinera, pero de haber sido así, cree que no hubiese tenido la oportunidad de trabajar y dar a sus a sus hijos más oportunidades que las que ella tuvo.

Materiales. En el almacén de reciclaje se compran cartones, botellas de plástico, cobre, hierro. La paga varía según los precios del mercado nacional.

 


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