Inteligencia colectiva

Era 1994 y un filósofo tunecino llamado Pierre Levy publicó un libro que sigue cobrando relevancia en las reflexiones de las tecnologías digitales y la ciudadanía. «La inteligencia colectiva. Por una antropología del ciberespacio» nos hablaba de ese conocimiento repartido en todas partes que busca «el enriquecimiento mutuo de las personas». Explicaba que en realidad la inteligencia colectiva es la habilidad humana de pasar nuestros saberes de generación en generación, que se había hecho de manera bastante estable hasta estos tiempos hiperconectados, cuando gracias a herramientas como Internet, podemos ver cambios en estos saberes en una sola generación por la puesta en común de nuestras habilidades y competencias en tiempo real y sin distinción de fronteras geográficas.

Las reflexiones de Levy pasan por considerar las redes como espacios que pueden potenciar visiones de las problemáticas que, a partir de particularidades de distintas culturas y experiencias, puedan permitir encontrar mejores soluciones. Y es en este sentido que funciona el Centro de Inteligencia Colectiva del MIT. En este espacio creen que la cuestión es cómo podemos conectar personas y computadoras para que, de manera colectiva, actúen (trabajen, resuelvan problemáticas) de manera más inteligente de lo que lo hubiera hecho cualquier persona, computadora o grupo por separado.

En enero de este año, en el Congreso Futuro en Chile y dentro del panel de Ciudadanía Digital, Malone reflexionó sobre nuestra esencia como seres sociales, de cómo la mayor parte de nuestros logros como especie han sido producto del trabajo en grupo, incluso algunos que han superado las barreras espacio-temporales. Nuestros medios de transporte, nuestras maneras de comunicarnos, la diversidad de oferta de ocio y comida: lo que hacemos, usamos, disfrutamos hoy suele ser una evolución de lo que se hacía, se usaba y se disfrutaba unas décadas (o siglos) atrás.

Considera que se piensa mucho sobre la inteligencia artificial y cómo las máquinas irán sustituyendo a las personas. Sin embargo, cree que aún no hemos pasado suficiente tiempo pensando en lo que pueden hacer personas y computadoras juntas que no se había podido hacer antes. ¿Ejemplos? Wikipedia, la enciclopedia más grande del mundo que resulta del trabajo y voluntariado de cientos de personas, y Polymath Project, donde docenas de matemáticos trabajan en línea para resolver teoremas complejos que no habían sido probados.

Uno de sus ejemplos es el Climate CoLab, un proyecto del Centro de Inteligencia Colectiva del MIT, que usa el crowdfoundig para proponer qué hacer ante el cambio climático: esta comunidad en línea reúne a más de 120 mil personas, entre expertos, científicos, estudiantes, empresarios y demás. Ahí se desarrollan propuestas sobre energía, movilidad y otros. Estos niveles de conectividad, sostiene Malone, deberían permitirnos como humanidad alcanzar decisiones y acciones que no solo sean inteligentes sino sabias.

Otro ejemplo de la aplicación de esta puesta en común del conocimiento son los laboratorios cívicos, que Domenico di Siena los define como espacios de trabajo colaborativos que generan infraestructuras, redes de relaciones, protocolos de trabajo y conocimientos que permiten a una comunidad la mejora de su territorio a través de sus dinámicas particulares de inteligencia colectiva.

A veinticinco años de que Levy nos planteara esto de la inteligencia colectiva, estas apuestas de trabajo multidisciplinario para mejorar nuestro entorno me parecen cada vez más humanas y más urgentes. Y creo que hay pocas cosas tan tecnopolíticas y humanizadoras como esta. Actúo con inteligencia colectiva, por tanto existo.

¿Periodismo? ¿Para qué?

Para nadie es un secreto que los medios de comunicación están en crisis. Más bien, el modelo de negocios, sobre todo de los medios escritos, está en crisis. Lejos quedaron los tiempos en los que los periódicos tenían un cierto monopolio en cuanto a la difusión de la información, y muchos no han logrado aún encontrar la ruta.

Aún así, soy una fiel convencida de que el periodismo de calidad sí vende. Quizá hemos fallado en recordarles a nuestras sociedades el verdadero papel de los periodistas y de los medios de comunicación en nuestras democracias. Mucha gente incluso cree que los medios tradicionales ya no son necesarios, porque eligen informarse en redes sociales, sin reparar mucho en quién les está presentando esta información.

Sin embargo, aunque los soportes cambien y los medios electrónicos despunten cada vez más, el método del buen periodismo no cambia. Periodismo no es repetir como lorito lo que un funcionario o un empresario dice, ni tomarlo como la verdad absoluta. El periodista recolecta datos, busca información, contrasta fuentes y sabe que, mientras más se esmere en esta búsqueda, más se acercará a la verdad. Como si cada persona con la que se hablara y cada documento que se consultara constituyeran pequeñas presas de un gran rompecabezas, seguir el método periodístico de investigar, contrastar, contextualizar y explicar permite ir armando una fotografía lo más parecida posible a la realidad.

Y, claro que cada medio tiene una agenda, los propietarios tienen sus propios intereses e ideologías, y los mismos periodistas tienen una carga importante de subjetividad, como todo ser humano pero, al final, es el método el que nos permite ofrecer un trabajo del que podamos sentirnos orgullosos. Y a usted, el consumidor de la información, se le presenta un abanico de medios de todos los colores y tendencias, para que usted mismo sea capaz de ir viendo los diferentes enfoques de la realidad que cada uno le presenta.

Recientemente, en El Salvador se ha vuelto común que a los periodistas se nos confunda con inspectores, policías o fiscales. «Si tanto saben, ¿por qué no van a la FGR? ¿Por qué no los denuncian ustedes?». Y sí, lo hacemos. Lo hacemos desde nuestras notas, desde nuestros reportajes, en nuestros minutos al aire, incluso en nuestras columnas de opinión.

Por el papel del periodista no es el mismo de un policía o de un abogado. En el siglo pasado se nos llamaba los «perros guardianes», los vigilantes del poder, los encargados de encender la luz para que la sociedad vea lo que realmente sucede, sobre todo en los ámbitos de poder político o económico.

Nuestro trabajo es la denuncia pública, para que usted, como ciudadano, esté armado con el enorme poder que otorga la información, para que tenga herramientas para tomar mejores decisiones, para indignarse, para reclamar y, ¿por qué no? Para que las entidades encargadas de las investigaciones administrativas y judiciales hagan lo suyo.

Los medios son necesarios en las democracias en su papel de vigilantes, para apuntar los reflectores y señalar el dedo hacia lo que requiere ser señalado. El periodismo de calidad es básico para que los sectores poderosos no abusen de los que están abajo, para pedir cuentas a la administración pública, para hacer eco de las voces de quienes sufren por los problemas sociales, económicos, políticos y humanitarios.

El buen periodismo, hoy más que nunca, se debe defender, apoyar y promover.

Un prócer llamado Júpiter

Era un esclavo salvadoreño con nombre de dios romano. Pero, en lugar de estar en el panteón junto a las demás deidades, fue encontrado en las montañas de Metapán, siendo azotado cruelmente por sus propietarios. Un sacerdote llamado José Matías Delgado lo rescató y el esclavo se convirtió en su protegido. Aunque no comían en la misma mesa, el cura tuvo la osadía de enseñarle a leer y escribir. Lo trataba como si fuera una persona. Ese hombre negro era Júpiter, el protagonista de una obra teatral de Francisco Gavidia, ambientada en los días previos al grito de independencia del 5 de noviembre de 1811. Eran días de conspiración.

En el drama, un grupo reducido de criollos ideaba una cruzada para desestabilizar a las autoridades de la intendencia de San Salvador. Era un puñado de hombres sumamente reducido que más parecía una secta y que soñaba –solo soñaba– con que las ideas emancipadoras de Norteamérica llegaran al pueblo con paredes de adobe donde vivían. Solo hablaban durante las noches para no ser vistos en grupo, ni que ubicaran los lugares de reunión. Gavidia tira de la imaginación para ubicarnos entre telones de estos conspiradores. Pero los criollos rápidamente se dan cuenta de que algo no va bien.

Matías Delgado, el doctor Santiago Celis, Manuel José Arce y un par más de conjurados se reconocen como un grupo demasiado frágil para soportar la pesada carga que implica desestabilizar al gobierno colonial. Su plan necesita al pueblo, pero ninguno de ellos está dispuesto a ensuciarse las manos. Bajar a la vega del Acelhuate y convencer al vulgo de las bondades de la independencia. Entonces, al doctor Celis se le ocurre mandar al esclavo Júpiter para que convenza a los de su clase del sueño independentista. O, al menos, decirles a los pobres que tendrán menos hambre si San Salvador se separa del imperio español.

Júpiter duda al inicio, pero Celis lo seduce con la idea. Le dice que dejaría de ser esclavo y se convertiría en el único dueño de su porvenir. Embriagado por las posibilidades que eso significa, el negro se embarca en la insurrección. El simple hecho de decidir su oficio e ir donde se le antoje le parece suficiente. (Digresión: para los de abajo, la libertad de decidir siempre ha sido un privilegio con o sin independencia). Y como si fuera el mismo planeta con nombre de dios romano, todo el levantamiento comienza a gravitar entorno a él. Júpiter suma a los pobres a la insubordinación y los arma con lo que puede.

En el camino de la revuelta, el esclavo de Matías Delgado se da cuenta de que no necesita al grupo inicial de conjurados. Muchos menos seguir sus órdenes. Él tiene el apoyo popular y los contactos. Incluso, calcula que, si mandan una tropa desde la capitanía de Guatemala, sus hombres y él podrían vencerla y «como en un tablero, pongo la mano sobre toda Centroamérica». Júpiter, además, cree que, en el marco de la libertad, puede pedir la mano de la hija del doctor Celis. Una aberración para el criollo, a quien, irónicamente, el sueño de la independencia y el ideal de los hombres libres parece jugarle en contra tras descubrir la intención del esclavo.

La libertad de Júpiter ya no le parece tan conveniente a Celis. Todo se viene abajo cuando los conspiradores son descubiertos por un enviado de la corona desde Guatemala. Júpiter es torturado, vejado y muere en manos de sus captores. Muere siendo esclavo en las mazmorras del viejo San Salvador. Sin nada de lo que, por un momento, soñó tener. Pero en el drama de Gavidia, Júpiter encarna al pueblo. Siempre al borde del abismo y encandilado con la idea de cambiar su situación. Manipulable en su desesperación. Júpiter es la alegoría del prócer que no fue.

«Un mensaje urgente a las mujeres»

La psiquiatra junguiana Jean Shinoda Bolen escribió, en 2006, el libro «Un mensaje urgente a las mujeres». En él hace referencia a la importancia de los círculos de mujeres como una forma de conexión que, al establecerse y ampliarse, crean una masa crítica que enciende una era en la que mujeres, conectadas con la potencia del principio femenino y de la naturaleza, contribuyen conscientemente a construir una paz sostenida a nivel global.

Bolen dice que este mensaje no será escuchado por todas las mujeres, sobre todo no será atendido por aquellas que son aliadas del patriarcado, «cuyas identidades y cuya valía nacen de sus relaciones con los hombres y con las instituciones hechas por los hombres». A pesar de esa frase contundente, la autora también se refiere a mujeres desconectadas de lo femenino y a hombres empáticos y amorosos. Ella no está en contra de los hombres, porque promueve la idea de un «ser humano completo».

Y frente a esta idea señala: «Es posible ser una persona completa cuando las cualidades humanas, generalmente consideradas… masculinas y femeninas, se ven como parte del espectro de todo ser humano». Es decir, cuando «se concede importancia a ambos, se desarrollan ambos lados de la personalidad, y se utilizan ambos hemisferios del cerebro», declara la psiquiatra.

La violencia en contra de las mujeres y los feminicidios son, lamentablemente, temas permanentes en nuestra sociedad. Y necesitamos, aunque sea doloroso e incómodo, visitarlos una y otra vez para alcanzar entendimiento acerca de sus raíces, y poder así limpiarlas, nutrirlas y construir una sociedad más saludable y con mayor capacidad de generar ciudadanos felices y prósperos desde la estabilidad emocional y mental, y no solo desde un concepto puramente económico y material.

Haciendo eco de este mensaje urgente a las mujeres, deseo hacer un llamado a quienes se expresan con desprecio y hasta odio acerca de niñas y jóvenes que han sufrido pérdidas de embarazos producidos por violadores que en muchos de los casos son o bien pandilleros o los mismos padres, padrastros, hermanos o tíos de la víctima.

Lamentablemente, en las voces y expresiones de estas personas se observa cero empatía y entendimiento acerca de las condiciones que originan esos abortos. Los comentarios, de hecho, no deberían estar centrados en las víctimas sino en los victimarios y en las razones de por qué un hombre cree tener el derecho de violentar a una niña o a una mujer.

Esas niñas y adolescentes, a las que la sociedad les pone todo el peso, en realidad son las primeras víctimas de un sistema violento y abusador que genera familias disfuncionales que, generalmente, crecen en entornos de pobreza, falta de oportunidades y educación, y sin ninguna red de apoyo en donde buscar ayuda amorosa, compasiva y educación sexual.

Bolen señala que la base psicológica de estas familias disfuncionales es un modelo en donde una de las personas es narcisista y la otra, codependiente, y señala que «cuando el padre de una familia o el padre de un país es un dictador, los defectos del modelo son más que evidentes, y los demás pagan por ello con su sufrimiento». Es lógico pensar que también las mujeres pueden comportarse de esta manera, pero la autora afirma que «…no es la regla general, y no es el patrón que la sociedad fomenta».

Creo profundamente que una niña y una mujer, su sexualidad y la posibilidad de generar vida dentro de sus cuerpos, son sagradas y deberían ser consideradas así por toda la sociedad. Porque solo desde un respeto y una reverencia profundos acerca de esas almas y cuerpos con capacidad para originar vida podremos desaprender creencias tóxicas y valorar y cuidar la vida de niñas y mujeres.

«Porque solo cuando las madres sean fuertes de espíritu, de mente y de cuerpo, habrá posibilidad de que los niños y niñas sean queridos y estén alimentados y a salvo», cierra Bolen.

Telegramas más seguros

Hace seis años, Nikolái y Pável Durov anunciaron una aplicación de mensajería instantánea llamada Telegram. Muy parecida a la más conocida WhatsApp, tiene algunas particularidades que hacen que, con cierta frecuencia, algunos especialistas hagan comparaciones entre estas plataformas. ¿Cuál suele ser su función principal? Permitir comunicación inmediata entre dos o más personas que se contactan al intercambiar su número de teléfono. ¿Qué permiten compartir? archivos (fotografías o documentos), notas de voz, llamadas y videollamadas, enlaces de interés, ‘emojis’, ‘stickers’ y ‘gifs’.

¿Cuál es su ventaja (por encima de la popular WhatsApp)? Ambas pueden descargarse para iOS y para Android, y ambas pueden verse también desde la web. ¿Son igual de seguras para los usuarios? Iván Ramírez, especialista en software y creación de contenido, hizo una lista hace varios meses en donde comparaba estas tres aplicaciones: estas dos y Signal. Esta última resultó ganadora (por 4 puntos frente a 1 y 1 de las otras dos) en cuanto a privacidad y seguridad de la información que se comparte a través de ella.

Esto significa que entre WhatsApp y Telegram no hay una diferencia significativa en estas cuestiones: su único punto en este ranking lo otorga la posibilidad de tener chats secretos, muy seguros y fáciles de crear (con candado, que de hecho solo son visibles desde el teléfono y no desde la aplicación web). WhatsApp le debe su único punto al cifrado de los mensajes, que es el mismo que ocupa Signal.

¿Cuál es su desventaja? Siempre puede haber otras maneras de vulnerar la seguridad que estas aplicaciones ofrecen. Y en este sentido, el periodismo de investigación también tiene aquí un nicho de trabajo hacia la ciudadanía. Hace dos meses, Ricardo Roselló, entonces gobernador de Puerto Rico, renunció a su cargo tras un escándalo mediático al ser revelado un chat privado que Roselló mantenía con otros miembros del Ejecutivo y asesores. El Centro de Periodismo Investigativo señaló que en esa conversación grupal «realizaron trabajo político partidista en horas laborables y utilizando recursos públicos desde un chat de Telegram, donde el grupo orquestaba cómo manejar la narrativa política a través de las redes sociales y medios de comunicación del país». El Centro reconoce haber recibido todo el contenido del chat (889 páginas) de una fuente que solicitó anonimato, pero pudo validar que esta información coincidía con filtraciones anteriores similares.

¿Y por qué, entonces, recomiendo Telegram? Porque aunque muchos contactos aún no la utilizan, es cómoda, divertida y segura. Desde esta columna procuramos recomendar o reflexionar sobre herramientas digitales que son más privadas, más seguras para la ciudadanía, menos comerciales y, de ser posibles, diseñadas pensando en los usuarios/ciudadanos. Algunas, como esta, son más de comunicación, pero la idea es promover y discutir cuál tecnología digital es más conveniente, ya sea para envío sencillo de mensajes o sobre plataformas de tomas de decisión. Esas son las #RedesTecnoPolíticas.

Así que esta aplicación de mensajería instantánea también es una opción para tener acceso a lo que se llaman canales, grupos creados por alguien para compartir información o archivos sobre un tema al que uno se suscribe. Por mi parte, tengo un canal de la Agencia Ocote (de Guatemala), uno del Grupo de Investigación en Gobierno, Administración y Políticas Públicas (GIGAPP), y otro llamado Presta pa andar igual, de lecturas sobre feminismo, tecnopolítica, arte, cultura libre y demás. Otra vez, la inteligencia colectiva desde lo digital.

Así que, si se animan, descarguen Telegram y probemos si son, en efecto, telegramas más seguros, más útiles y (con ‘emojis’ y ‘stickers’) más divertidos

Seguridad, tecnología y ciudades inteligentes

Aquello de que de las crisis nacen las oportunidades parece ya una frase trillada, pero es muy cierta. Y si hay un pueblo que sabe de crisis, es el salvadoreño. Venimos de una guerra que nos desangró en todos los sentidos, y de una posguerra en la que hemos bregado con el bajo crecimiento económico, con la descomposición del tejido social y con la inseguridad.

Y es esto último lo que cientos de miles de salvadoreños perciben como el principal de nuestros problemas. La delincuencia y la criminalidad, en sus diferentes manifestaciones, no solo merman casi una quinta parte del Producto Nacional Bruto, sino que tiene tremendas consecuencias humanas y sociales.

Pero es curioso que las necesidades que surgen debido a esta realidad se conviertan en ventanas de oportunidad para que El Salvador se adentre a temas de primer mundo, como las ciudades inteligentes.

En una ciudad inteligente, o «smart city» según el término anglosajón original, se aprovecha el potencial de la tecnología y de la innovación, junto con otros recursos, con el objetivo de promover un desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

En estas, el día a día se maneja a través del aprovechamiento del «big data», de las aplicaciones móviles, del internet de las cosas y de la denominada industria 4.0, con un enfoque de uso racional de los recursos, ahorro de recursos para los ciudadanos, gobiernos transparentes y producción más limpia, entre otros.

Y si bien es algo que quizá nos suene aún futurista, se vuelve poco a poco una realidad y una cotidianidad en diferentes partes del mundo.

En El Salvador ya están presentes empresas que lideran estos procesos en otras ciudades. Una de ellas es IndigoVision, originaria de Reino Unido y con sede en Escocia. Se especializa en videovigilancia y opera en unos 30 países, pero además trabaja ya en procesos de ciudades inteligentes en países como Colombia, Chile y Perú.

Al país han llegado de la mano de la local Radiocom, principalmente para trabajar la instalación de cámaras de seguridad de alta tecnología que echan mano de inteligencia artificial para ser eficientes y aumentar su capacidad, velocidad y calidad de reacción.

En el país han instalado equipos en el puerto de Acajutla y en el Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero, a través de contratos con la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA). Su sistema de videovigilancia IP ofrece, entre otras cosas, reconocimiento facial y numérico para facilitar la identificación tanto de personas como de placas de vehículos.

El enfoque de la seguridad en las ciudades inteligentes aprovecha la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías para la vigilancia, pero también para la prevención del delito. La identificación facial y numérica también facilita la obtención de indicios para las fases de investigación y de pruebas, una vez judicializado el delito.

Contar con sistemas integrados de seguridad que ofrecen este tipo de vigilancia, generalmente combinados con mecanismos de alerta inmediata, se convierten también en un desincentivo para la criminalidad, desde el punto de vista de la economía del delito: hace más probable que alguien que comete un ilícito sea capturado, procesado y finalmente condenado, algo en lo que países como el nuestro aún tienen una deuda grande.

La tecnología, las herramientas y los mecanismos están disponibles. Lo que falta es que se tomen decisiones para implementarlos de forma adecuada para hacer un combate más efectivo a la criminalidad, más enfocado y preciso.

Y, por qué no, aprovechar este primer paso para ir abriendo las puertas a que nuestras ciudades se vuelvan ciudades inteligentes, no bajo la receta de otros, sino como respuesta a nuestras particularidades y necesidades como país.

Esta es, definitivamente, una oportunidad que se puede y se debe aprovechar

Bukele versus Funes

Hubo un tiempo en que los dos compartieron la misma bandera política. Mauricio Funes era el presidente de la república por el Frente y Nayib Bukele había sido electo como alcalde de Nuevo Cuscatlán por la coalición del FMLN y Cambio Democrático. Era 2012 y nadie preveía el meteórico ascenso del alcalde Bukele. Mucho menos la enconada y pública disputa que sostendrían ambos en la actualidad. Ahora Nayib ocupando la silla presidencial y Funes nacionalizado como nicaragüense. Los giros de la política salvadoreña parecen tener mejores guionistas que los dramas más rebuscados de Netflix.

Mucho también se recicla. En julio de 2012, el mismo Funes inició una serie de programas sabatinos titulados «Conversando con el presidente». Una plataforma en la que ministros rendían cuentas a Funes sobre su trabajo, el mandatario les exigía y buscaba ser un medio directo con la población. Una plataforma que también utilizó para señalar a la oposición y convertirse en un «foro de denuncia de los hechos de corrupción imputables a los anteriores gobiernos de ARENA», como dijo el mismo Funes. Algo en esencia bastante similar –aunque con las obvias diferencias de cada medio– a lo que leemos en la cuenta de Twitter de Bukele.

En esta última red social, todo se ha convertido en un interminable hilo de acusaciones mutuas. De dimes y diretes que se refieren hasta a la vida personal de cada quien. Como cuando las cosas se ponían tensas en las cantinas de los pueblos. Cada quien se pelea por tirar la primera piedra e ir a destruir el rancho del otro. Lo cierto es que nunca se había hablado tanto de un nicaragüense en El Salvador. Aún más cuando se acorta el plazo impuesto, por el mismo Bukele, de que en sus primeros 100 días de gestión Funes estaría en El Salvador para enfrentar las acusaciones que le imputa la Fiscalía.

La FGR ha vuelto a la carga desnudando el suntuoso estilo de vida, que acusan, llevó Funes mientras fue presidente. Zapatos finos, gastos en mascotas y otros gustos más que hacen parte de una táctica fiscal que puede ser llamativa para los medios, pero que no queda claro si será estéril en los tribunales. Lo mismo hizo el anterior fiscal, Douglas Meléndez, y no pasó de eso. Más ahora, ante el nuevo escenario de Funes como ciudadano nicaragüense y ver si podrán encontrar una «estrategia legal», como han declarado, para traerlo al país.

Sería un fracaso que el expresidente Funes no responda por casos que han representado pérdidas millonarias para el Estado como el de la fallida represa El Chaparral, la compra de terrenos a sus allegados en el programa «Casa para todos», entre otros casos vinculados al grupo de «Los amigos de Mauricio», como se hicieron llamar en su momento. No se trata de pleitos vía Twitter o cualquier otra red social. De este modo, Funes, desde Nicaragua, siente que no tiene nada que perder y continúa alimentado la polémica.

El próximo 8 de septiembre se cumplen 100 días de la gestión de Bukele. Una buena parte de la población ahora cifra sus esperanzas en su administración, como en 2009 lo hizo con Funes. El poeta de la antigua Grecia, Píndaro, escribió alguna vez que los hombres son la sombra de un sueño. Se tendría que agregar que también pueden ser sombra de una pesadilla. Todo radica en las decisiones que tomen y sus prioridades.

La vida en un papel

¿Podrías señalar cuáles son las actividades que conscientemente realizas para obtener bienestar? Yo escribo diariamente. Lo hago para alinearme con mis ciclos personales, para planificar mis días y mis talleres, para establecer prioridades y organizar mi año. Lo hago en papeles de todo tipo, cuadernos, cartapacios, páginas de colores, diarios. Mi vida se manifiesta a través de lo que escribo en un papel.

Recuerdo hace algunos años que fui de vacaciones a Ataco dos días antes de mi cumpleaños; mi hermana, mi sobrino, mi mamá y mi esposo se unirían para celebrar esa fecha conmigo. La mañana de mi cumpleaños me había levantado temprano con la intención de disfrutar del silencio que reina en el pueblo cuando aún no llegan los turistas del fin de semana, y había encontrado un pequeño restaurante frente al parque para tomarme un café y desayunar. Llevaba conmigo un cuaderno, un libro y varios lapiceros de colores.

Mientras esperaba un café recibí en mi teléfono el mensaje de una amiga en el que me decía que había amanecido pensando en mí y que si algo me sucedía que no dudara en llamarla. Ese inocente mensaje fue suficiente para dispararme una serie de pensamientos desastrosos. Mi cuerpo empezó a sacudirse con ideas acerca de la posibilidad de un accidente en la carretera. Empecé a cuestionarme el porqué se me había ocurrido celebrar tan lejos y a reprocharme el hecho de que por mi idea una parte de mi familia se movilizaría hasta ese pueblo.

Entré en un estado de preocupación profundo que borró por completo de mi percepción el fuerte sonido del agua cayendo sobre el piso de la fuente del parque de Ataco. De repente la que iba a ser una mañana tranquila se tornó en un momento de oscuridad interminable. No sabía qué hacer, entré en pánico y mi mente se aceleraba con pensamientos sobre cómo evitar que mi familia viajara a encontrarme.

En ese estado de desesperación en el que mi mente se había hundido, tuve un chispazo que me hizo darme cuenta de que debía hacer algo para cortar la espiral de pensamientos que amenazaba con salirse de control. Decidí entonces vaciar en mi cuaderno la preocupación que me agobiaba en ese momento.

No recuerdo durante cuánto tiempo escribí, pero en mi memoria quedó grabado el momento preciso en el que sentí como si un velo se movía de mi cabeza y mis sentidos empezaron a normalizarse. La preocupación había desaparecido entre la tinta y el cuaderno, percibí una suave brisa, luego la luz de la mañana y el cielo azul. Y, finalmente, empecé a escuchar el sonido del agua de la fuente que, lentamente, alcanzó su volumen habitual.

Ese día todo salió como previsto. Celebramos con las luces de la noche en ese pueblo hermoso.

En esa y en múltiples ocasiones, la escritura me ha ayudado a darle perspectiva a situaciones y relaciones. A través de los años escribir se ha vuelto un hábito que me ofrece auto reflexión y auto observación, además de contribuir a reducir mi estrés. Y, sobre todo, me ha permitido sacar de mi sistema temores, ideas, planes, y observar con detenimiento, desde la distancia que ofrece el papel, cualquier tema que deseo evaluar. La escritura me ha acompañado en el proceso de observar mi vida y mis decisiones.

Vivimos de prisa, creyendo que el tiempo no nos alcanza, que entre más ocupados estamos más importantes somos. Y así se nos pasa la vida, sin ejercer nuestra capacidad de reflexión, de detenernos y evaluar las rutas que hemos tomado, las decisiones, las relaciones; asumiendo que lo que hacemos es lo único posible por hacer. La escritura me ofrece bienestar y es para mí la pausa diaria y necesaria para tomar el control de mi vida.

Las humanidades digitales

En los años setenta se comenzaba a hablar, en ciertos países y en ciertas áreas de trabajo, de las computadoras y cómo iban a ayudarnos a los humanos a realizar ciertos trabajos. Estas máquinas, muy distintas a las computadoras que vemos ahora, nos ayudaron a romper muchas fronteras y, de manera literal, las fronteras espacio-temporales se rompieron al combinar las computadoras con la internet. Fue así que, con los años y los cambios en la tecnología, un campo que algunos habían llamado informática humanística fue moviéndose hacia lo que algunos llamamos hoy las humanidades digitales.

Algunos sentidos de este término se relacionan con estudios de lingüística y literatura: con las habilidades tecnológicas que nos permiten hacer recopilación y archivo de obras de un mismo autor. Pero poco a poco, va tomando fuerza lo multidisciplinario y lo transdisciplinario: ¿qué hacemos con toda la obra digitalizada de, por ejemplo, Claudia Lars o Salarrué? Podemos hacer mapas interactivos que recorran lo que mencionan ciertas publicaciones o tener datos específicos sobre las palabras que ocupan (frecuencia, significados, otras palabras con que se relacionan más).

Y si seguimos profundizando, vamos entrando en las humanidades digitales como un espacio en donde cada disciplina aporta en la lectura que podemos hacer del mundo que habitamos pero, sobre todo, cómo podemos vivir mejor gracias a esa lectura, a la interpretación de esos datos desde cada área y su puesta en común. De cómo trabajamos juntos para que la información recabada sobre nuestros escritores salvadoreños nos permita trazar rutas turísticas con base en los lugares en que ellos vivieron o sobre los que escribieron, o explorar cómo hacer tours de los lugares de nacimiento de nuestros artistas, que sean accesibles desde la web, o cómo conjugar una visita en Armenia, donde nace Claudia Lars, con realidad aumentada disponible para nuestros teléfonos celulares para enlazar con páginas web sobre la autora, o para contrastar la Armenia de entonces y la de hoy.

Las humanidades digitales se enfocan en innovar al generar conocimiento, en trabajar en equipo y en dar acceso abierto a la cultura. Lo primero, la innovación implica no solo el uso de tecnologías para la generación de conocimiento nuevo o diferente: pasa por replantearse las maneras de recolectar datos y de sistematizarlos para saber qué podemos conocer a partir de estos, para procurar un conocimiento más sabio, más cuidadoso de nuestro entorno y de nosotros mismos.

Lo segundo, es cuando el trabajo en equipo cuenta por la cantidad de habilidades diferentes. Neurólogos junto con musicólogos computacionales (y otros científicos sociales) crean juegos en línea como #HookedOnMusic («enganchados con la música»), para probar el valor terapéutico de ciertas melodías para enfermos de alzhéimer. Las humanidades digitales apoyan la investigación para volver a ser humanos, para no dejar de ser humanos.

Y el acceso abierto a la cultura. Esto va más relacionado con, siempre desde posturas éticas, promover las maneras jurídicas adecuadas para poder reproducir materiales a ningún costo, por lo que reflexiona maneras alternativas de dar las licencias por el trabajo que se crea y se produce. Las licencias de Creative Commons y Wikipedia son modelo de esto: del reconocimiento del trabajo de creación y de la búsqueda de que esas creaciones estén accesibles a la mayor cantidad de personas posible.

La clave sigue siendo la innovación fundamentada en la investigación, la apuesta por la inteligencia colectiva y el conocimiento abierto. Trabajar (juntos) para que nadie se quede atrás: porque, como dice el espíritu Ubuntu, soy lo que soy por lo que somos juntos.

El siguiente paso

En El Salvador hay muchas cosas que ya damos por hecho. Una de las más tristes es la resignación a que hay muy pocas oportunidades, y que a estas tiene acceso una porción bien limitada de la población. Indicadores económicos y sociales lo confirman: hay bajo grado de escolaridad, pocos terminan la escuela, muchos menos el bachillerato, y un número aún más reducido logra concluir una carrera universitaria.

Y aún entre quienes logran finalizar sus estudios superiores hay desempleo o subempleo. Nuestra economía crece a duras penas y ninguna de las recetas que se han aplicado a la fecha –apostarle a la maquila, a la sustitución de inversiones, al libre comercio, a ser un centro logístico regional (que esto ni siquiera se llegó a concretar)– han logrado que se despegue.

Con una inversión limitada en educación, es difícil romper el ciclo de mala preparación del capital humano y la falta de oportunidades. Mientras gobiernos van y vienen, sigue sin alcanzarse la cifra casi utópica de destinar un equivalente al 6 % de nuestro Producto Interno Bruto (PIB) a la educación pública. Ante esta realidad, no es exclusiva del país, surgen iniciativas privadas que buscan llenar, en la medida de lo posible, estos vacíos.

Este mes se celebró una de esas iniciativas, el encuentro Conexiones para el Empleo, organizado por la Fundación Gloria de Kriete. Esta entidad se enfoca en diferentes proyectos sociales, pero la educación es su fuerte. Tienen diferentes programas y plataformas de educación continua, y en este encuentro presentaron a gente de varias empresas el talento humano que han formado a través de estos.

Esta misma fundación lanzó recientemente un sitio web con más de 200 opciones de formación gratuita, para los que el único requisito es saber leer, escribir y tener correo electrónico y una conexión a internet, ya sea en una computadora o un teléfono celular. La plataforma capacitateparaelempleo.org fue desarrollada en colaboración con la Fundación Carlos Slim, que tiene una parecida para México. Al terminar el curso o especialización, se recibe un diploma con un código que garantiza su autenticidad. La plataforma es gratuita y se adecua al tiempo que cada quien tenga disponible.

Además de este portal, que cuenta también con el apoyo de INSAFORP, la fundación ejecuta un programa denominado «Oportunidades», en el que 2,400 jóvenes han sido beneficiados ya con formación y becas para continuar sus estudios más allá de lo que el programa les ofrece. Kódigo, otra de las iniciativas, permite que los jóvenes aprendan programación y desarrollo de software, algo que también se imparte en el Centro de Desarrollo de Software que hay en 15 municipios del país.

Estos y otros programas cubren la parte de formación, pero acciones como el encuentro celebrado este mes son el siguiente paso: acercar a estos jóvenes ya especializados a los potenciales empleadores. Es, por otro lado, un camino de doble vía. Para quienes trabajan en esta fundación es importante conocer lo que demanda el mercado laboral, de modo que su oferta formativa permita que estos muchachos y muchachas cuenten con las habilidades y los conocimientos que los vuelvan competitivos.

En lo personal, me parece un aporte muy valioso contar con una plataforma como capacitateparaelempleo.org, para la que no hay edad límite, y abarca una amplia variedad de oficios y especializaciones, incluso en diferentes áreas de tecnología. La capacitación constante es ahora un concepto que se repite en los foros internacionales sobre el empleo, y constituye un verdadero reto para los adultos que ya contamos con un trabajo. La actualización y la formación son casi una obligación dadas las cambiantes condiciones de la economía global, y esta plataforma es una opción accesible, flexible y gratuita.

Si bien las iniciativas privadas no lograrán cubrir todas las necesidades que persisten en la parte educativa, es importante saber que se cuenta con recursos como estos para que la mayor cantidad de gente posible los aproveche.

Mientras tanto, seguiremos esperando que desde la administración pública se hagan esfuerzos por solventar las graves necesidades que persisten en el sistema educativo público, que junto con la salud constituyen dos de las principales áreas que el Estado debe garantizar para la población, sobre todo la que vive en pobreza.