Opinión

por Jacinta Escudos, Gabinete Caligari

 

Jacinta Escudos
Escritora

La renta básica universal

La iniciativa proponía garantizar un ingreso para todos los residentes en aquel país, durante toda la vida, siempre y cuando la persona no tuviera un ingreso mensual equivalente o mayor.

Desde hace algunos años se viene hablando con insistencia sobre las ventajas y desventajas que tendría la implementación de una Renta Básica Universal (RBU). La discusión surge a propósito de la eventual necesidad de repensar el concepto del trabajo como eje fundamental del quehacer humano y de las economías nacionales.
Para quienes no estén familiarizados con el concepto, la RBU (también conocida como Ingreso Básico Universal, ingreso ciudadano o subsidio universal garantizado) es una cantidad de dinero otorgado por el Estado a cada ciudadano o residente legal de un país, por el mero hecho de serlo. Ese ingreso no tiene ningún condicionamiento y puede usarse para lo que el beneficiario estime conveniente. El destinatario puede seguir trabajando o no, invertir el dinero en montar un negocio, estudiar o dedicar su tiempo a hobbies o aficiones que de otra manera no podría desarrollar.
Con la acelerada automatización de algunos puestos de trabajo y el desarrollo de la robótica y la inteligencia artificial, es posible que cientos de empleos se vean sustituidos por máquinas o algoritmos que podrán ejecutar el trabajo de varias personas con un solo botón o código. Esto supondrá una disminución de plazas de trabajo y salarios más bajos para las que queden disponibles.
Por otro lado, la extensión del promedio de vida humana ha puesto a tambalear el actual concepto de pensión de retiro, que está probando ya no ser eficaz para la realidad actual y que no podrá seguir funcionando de la misma manera a futuro. Las personas viven más y el cálculo de la pensión de retiro no alcanza para ese “tiempo extra”, de manera que muchos mayores de 65 años deberán continuar trabajando para nivelar lo que la pensión no alcanza a cubrir. Esto supone tensiones en el mercado laboral al incrementar el personal laboral pero reducirse las plazas de trabajo.
El tema de la RBU comenzó a aparecer en las discusiones del Foro Económico Mundial hace menos de una década. Tan en serio se ha tomado esta posibilidad que en algunos países se han realizado pruebas piloto en poblaciones pequeñas para probar su implementación. Pero el tema es polémico. Quienes están a favor aseguran que mejoraría la condición de quienes están desempleados o tienen ingresos más bajos, reduciendo con ello la pobreza; que las personas podrían seleccionar sus trabajos y que las tareas más duras tendrían salarios más elevados. Sus detractores aseguran que un ingreso garantizado promovería el parasitismo y que las personas utilizarían ese dinero para satisfacer frivolidades y comprar alcohol. También señalan que sería dañino para las economías nacionales pues causaría inflación y el ineludible aumento en los impuestos, aunque estos serían diferenciados y más altos para los de más altos ingresos.
Un comité de ciudadanos a favor de una Renta Básica Universal en Suiza impulsó un referéndum en 2016, de aceptación o rechazo a la misma. La iniciativa proponía garantizar un ingreso para todos los residentes en aquel país, durante toda la vida, siempre y cuando la persona no tuviera un ingreso mensual equivalente o mayor. La propuesta incluía asignar 2,254 euros por adulto y 565 euros por cada menor de 18 años. Pero fue rechazada por un 78 % de los votantes. A pesar de ello, quienes apoyaron la iniciativa piensan continuar impulsando las discusiones en torno del tema. Están convencidos de que, tarde o temprano, las sociedades tendrán que adoptar un sistema similar debido a las transformaciones profundas que están teniendo los mercados laborales.
Finlandia ya está llevando a cabo un experimento en este sentido. Seleccionaron a 2,000 desempleados para recibir una RBU de 560 euros al mes, sin compromiso alguno. El proyecto comenzó el año pasado y terminará este año. Se piensan publicar las conclusiones finales en 2019. Algunos entrevistados han afirmado que aunque esa cantidad no es suficiente para sobrevivir al mes, les permite ampliar su rango de búsqueda de empleo e intentar trabajos en áreas u oficios no tradicionales.
Otro lugar donde se está experimentando con el ingreso fijo es en una comunidad rural de Kenia. La organización GiveDirectly comenzó un programa el año pasado en el que dará a sus habitantes $22 mensuales durante los próximos 12 años. Aunque la cifra suena pequeña, contar con la certeza de dicho ingreso ha permitido a las familias organizar su economía de mejor manera.
GiveDirectly no ha querido compartir el nombre de la comunidad, para proteger la identidad de los beneficiarios, pero publicaciones como Business Insider y The New York Times han visitado el lugar y hablado con los participantes del proyecto. Uno de ellos comentaba que tener esos $22 garantizaba poder pagar la mensualidad de la escuela de su hijo y poder comprar leche de manera constante. Su esposa, quien también recibe el beneficio, ha invertido su ingreso en su propio negocio de venta de ropa de segunda mano.
La experiencia de Kenia apenas comienza, pero después de un año de implementación ha servido para callar algunas de las críticas que se hacen a la RBU, como que la gente dejará de trabajar, se convertirá en holgazana, desperdiciará el dinero o se dedicará al vicio.
Múltiples personalidades, como Bernie Saunders, Elon Musk, Mark Zuckerberg y Bill Gates, se han mostrado a favor de la RBU. Insisten en que sería el mejor medio para solucionar las desigualdades económicas pero también para dignificar actividades como las labores domésticas, siendo justamente las mujeres que se limitan a estas actividades uno de los sectores que se verían beneficiados al recibir la RBU. Sin embargo, una de las grandes preocupaciones es cómo financiar un programa así a largo plazo sin afectar o desequilibrar el sistema económico, no solo a escala local, sino también a escala internacional.
¿Qué haría usted con un ingreso de estos? ¿En qué lo utilizaría? ¿Lo invertiría en algo que le fuera útil a mediano plazo o lo derrocharía hasta acabárselo y quedarse al final con nada?

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  • 28 enero, 2018 / Opinión de Jacinta Escudos  (SÉPTIMO SENTIDO)

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