Transporte público, idea al vuelo

A finales de diciembre leí en redes sociales reclamos por el subsidio del transporte, me llamó la atención una persona con espíritu crítico que solicitaba se hicieran propuestas, no solo desahogos e insultos. Es un tema político que preferiría no tocar, pero por tratarse de educación al ciudadano presento algunas ideas. Parto de una frase del escritor clásico alemán Goethe: «Gris es toda teoría amigo mío, pero verde es el árbol florido de la vida».

Estoy casi seguro de que quienes definen el problema no conocen el interior de un bus, aunque quizás lo conocieron en su época de limitaciones económicas; pero lo olvidaron. Para comprender las quejas del transporte público deben conocerlo por dentro quienes definen las políticas públicas. Me imagino la satisfacción del usuario, el de a pie, atestiguando la presencia de quienes definen esas políticas, en especial quienes nos legislan.

Una práctica territorial, sería valedera para solucionar el problema; conocer en directo el malestar ciudadano. Inclusive sería un acto mediático favorable al político partidario.

Cuando estudiaba Derecho (significa muchísimos años), me preguntaban cómo creía que podría solucionarse el tema del transporte urbano: «¿Crees que en un futuro utópico la clave para mejorarlo sería que cada familia tuviera un automóvil, o si la clave sería mejorar el transporte público?». Caí en la trampa. Respondí: «El automóvil, por supuesto». Después de visitar varios países de América Latina y los EE.UU., y Europa, reparo que el resultado beneficioso, utópico, es el transporte público. Expongo al respecto ideas partiendo del punto de vista de Goethe: Conozcamos la realidad. El tema es complejo por circunstancias propias del país después que negociaron la paz las partes en conflicto. Por razones de espacio reduzco las ideas:

Después de 21 años de ausencia, regresé a mi país, y me llamó la atención, viajando a San Miguel, mi ciudad, el caos vehicular, en especial en el bulevar del Ejército. Reparé en la zona verde desde San Martín hasta el «reloj de flores». Entonces escribí que la solución del transporte público sería un metro elevado. Bastaban dos rutas para comenzar: San Martín-Santa Tecla; Apopa-San Jacinto. La zona verde divisoria de los carriles era propicia. Aminoraba la inversión. Por supuesto que se debía invertir para ganar espacios en el abandonado centro de San Salvador. Por la vulnerabilidad sísmica del Valle de las Hamacas un subterráneo se ve inviable.

Es que al hablar de Metro pensamos en los subterráneos de Nueva York, Londres, México; y el de Moscú, considerado como un palacio bajo tierra, con 44 estaciones declaradas patrimonio cultural. En cualquiera de estos circulan millones de personas al día.

También hay otros metros de ciudad pequeñas, como el de Medellín y Panamá, financiados con préstamos blandos y su prestigio es tal que a la gente incluso lo ha convertido en atractivo turístico. ¿Nosotros por qué no? ¿Faltó visión cuando enviamos el tren a un museo?

Volver al tren implica invertir, pero se recupera con el rendimiento y productividad. La masa laboral, no tendría que madrugar al trabajo, sin el estrés bestial de los embotellamientos, accidentes, muertes (más ahorro en hospitales y medicinas). Evitaríamos enfermedades del pulmón y cáncer. ¿Se ha tomado en cuenta que es otro subsidio cuando se hace llover humo venenoso en las calles? Solo eso ya sería ganancia: menos enfermos pulmonares, más productividad laboral. Más cultura humanitaria, menos odios y resentimientos. Más respeto a la Constitución, cuando ordena propiciar el bienestar humano.

He viajado en bus en casi todos los países que he visitado. En los años 80 visité muchas veces Holanda y Europa, viajé en trenes y buses urbanos e interurbanos, con tarifas diversas: para estudiantes, para turistas y adultos mayores. Incluso se permite que el usuario haga pago «voluntario». Pagar es deber ciudadano. El usuario marca su tarjeta mensual o semanal, o inserta la moneda sin control directo del conductor. También lo observé en San Francisco, California, este año que pasó. Se puede viajar gratis; solo con riesgo que esporádicamente suba un inspector; si no tiene registro de pago en su ticket recibe una multa.

Tuve un agente literario en Nueva York, vivía en los suburbios y por razones editoriales nos tocaba viajar a Manhattan. «Iremos en tren», me decía. En el transcurso le pregunto si no tiene auto, y me responde que sí, pero que solo la usa los fines de semana, para distancias cortas fuera de la ciudad, para paseos con la familia. «En tren llegamos en media hora; en auto llegaríamos a la cita en 4 horas, por el tráfico y por la búsqueda parqueo. Además, the time is gold. El tren nos dejaba a dos cuadras de la editorial.

A propósito de países hermanos, en Costa Rica se está preparando 45 estaciones de trenes de alta tecnología que cubrirán la gran Área Metropolitana, con proyecciones de llegar a provincias alejadas, incluye tren elevado en la ciudad, para lo cual se calcula una inversión de $52 millones. Para variar, las máquinas se están construyendo en China. ¿No contamos con nuestros impuestos para esos 52 millones, pagados a largo plazo? ¡Ah!, y el adulto mayor no paga pasaje urbano, que comprende recorridos de hasta 25 km. El ingreso se controla con ojo electrónico, sin los primitivos trompos, para evitar trato indigno al ciudadano, al discapacitado, cultura inclusiva contemplada en nuestras leyes y Constitución. Es triste ver a los niños arrasarse debajo del torno o trompo.

Transcribo palabras de un millennial costarricense: «Nosotros pagamos con gusto la tarifa urbana, pues de ese modo favorecemos a nuestros padres y abuelos, y cuando nosotros lleguemos a esa edad, habrá otros jóvenes que pagarán un precio para subsidiarnos como adultos mayores. Además, que pagamos por la comodidad y calidad del transporte». Sus palabra expresan una alta educación ciudadana.

¿Podemos alcanzar esa formación cultural y educativa? Claro que sí, pero las nuevas generaciones deben comenzar desde ya, o nos come el tigre. Sin un futuro político humanista.

Nobleza obliga: cooperación y Biblioteca Nacional

Se acerca el 150 Aniversario de la Biblioteca Nacional (fundada el 05/07 de 1870), segunda institución educativa de la historia republicana, después de la Universidad de El Salvador. Amerita entonces a seguir refiriéndome a esta entidad, los pasos dados, énfasis en tecnología, pese a disponer de un presupuesto más que limitado para operar.

Si nos preguntamos cómo se logró avanzar sin tener presupuesto para operar, la respuesta es la cooperación nacional e internacional. A lo que se agrega, a finales del 2019, el paso gigante con la construcción de nuevo edificio acorde con el resguardo de la documentación histórica salvadoreña.

Nobleza obliga agradecer los apoyos de empresas privadas, amigos e instituciones diversas que apoyan nuestras acciones relacionadas con el libro, lectura, niñez, y equipos para aplicar procesos tecnológicos en los procesos. Por ahora menciono lo más reciente, el recuerdo más fresco: la inundación que tuvimos a finales de abril del corriente año. Un llamado público despertó la solidaridad que nos permitió salvar los 400 volúmenes deteriorado por el agua en abril del 2019, y permitió apreciar la sensibilidad social de personas e instituciones. Para ello es notable el apoyo inmediato de UNESCO.

La solidaridad mide el grado de conciencia de Nación de muchos salvadoreños para salvaguardar los contenidos de humanismo cultural. Gestos que fueron cubriendo los vacíos ante toda adversidad, incluyendo inclemencias de la naturaleza.

Pero años antes se dio un caso especial: a mediados del siglo pasado se logró construir un edificio de la Biblioteca Nacional de nueve plantas, en tres cuartos de manzana, que nos ha permitido pregonar con Roque Dalton que «no siempre hemos sido feos». Pero fue destruido totalmente en el terremoto de 1986.

El otro similar fue el de la cooperación española que estuvo trabajando en horario normal por casi un año para remodelar el actual edificio, lo cual se frustró debido a los dos terremotos de principios del 2001. El financiamiento español para la remodelación tuvo que desviarse por decisiones gubernamentales, para paliar la destrucción que se centró en el deslave del residencial Las Colinas de Santa Tecla. Ahí terminó la segunda pesadilla que, de no ocurrir la tragedia, se hubiera sentido orgulloso el maestro Alberto Masferrer, promotor de bibliotecas.

Es dable mencionar que a finales del siglo XX y transcurso del siglo XXI logramos apoyo de la cooperación internacional: AECI de España; la Universidad de Barcelona, la Embajada de Estados Unidos. Y otras de gran relevancia por más de ocho años consecutivos de la cooperación sueca, años 2000 al 2008, (ASDI –Cooperación Sueca- y Biblioteca Real de Suecia), apoyo que permitió iniciar en el 2005 las capacitaciones de digitalización. Este proyecto financió equipamiento tecnológico y estudios de cuatro bibliotecarios en esa rama. Se recibieron en la Universidad de Colima. Uno de ellos asistió a una pasantía en la Biblioteca Nacional de Brasil.

Dimos prioridad a libros históricos antiguos. Así, Suecia nos llevó a proyectarnos hacia la población migrante, alejada de sus signos de identidad, pese a contribuir a la economía gracias a la nostalgia, lo cual no va a repetirse con las siguientes generaciones nacidas en otros países, por eso fue necesario beneficiar a las familias lejanas para que con un clic tuvieran información nacional.

Hubo otras capacitaciones centroamericanas financiadas por ASDI y Biblioteca Real. Se agregó además la compra de estantería, equipos bibliografía, y material de conservación, también equipó con libros al Bibliobús (vehículo donado por UNESCO, 2006) aun activo. La cooperación sueca se extendió a toda América Central, de 2002 a 2008.

Se sumaron equipos de digitalización ofrecidos por la Universidad de Barcelona, incluyendo capacitaciones, punto de partida para ingresar a dos plataformas digitales. Fuimos el séptimo país en ingresar con nuestra documentación histórica en la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano, lograda desde un esfuerzo de la Asociación de Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas Nacionales (ABINIA), y Biblioteca Nacional de España.

Al mismo tiempo alojamos nuestros libros en REDICCES, gracias a la sinergia valiosa del Consorcio de Bibliotecas Universitarias de El Salvador (CBUES). En la plataforma de REDICCES la BN tiene 980 documentos que han sido visitados por 98,869 usuarios, superando por 35,266 visitantes a la universidad que le sigue (tiene 63,403 usuarios), y con más usuarios a diecisiete universidades restantes. Además, creamos las bases de un Sistema Informático propio (el KOHA), en ISSS y BPs.

La cooperación sueca priorizó, por sobre las Bibliotecas Nacionales, a las Bibliotecas Públicas (BPs) de América Central, financiando equipos informáticos, mueblería, estantería, colecciones infantiles y muebles. Esto nos estimuló para incorporar acciones dirigidas a la niñez con el Bibliobús (desde el 2007), cubriendo a pequeños lectores en decenas de comunidades vulnerables.

Con lo anterior recuerdo la sabiduría del filósofo chino Confucio hace más de dos mil quinientos años: «Si tu plan es para un año, siembra arroz, si es para diez años siembra árboles; pero si tu plan es para cien años educa a los niños». Se agregan otras proyecciones y promociones del libro y lectura aunque no son funciones intrínsecas de una Biblioteca Nacional, cuya prioridad es custodiar la bibliografía patrimonial, fuente de información y conocimiento y vínculo educativo de desarrollo.

Las nuevas generaciones deben prepararse y recibir formación adecuada a los nuevos tiempos, procurando proyectarse a formar mentalidades abiertas y creativas desde los primeros años de vida, para contar con jóvenes futuros que no se encadenen a los barrotes y menos que huyan en emigraciones inhumanas. La lectura y el libro significan cultura propositiva y desarrollo neuronal. El libro digital, como el audio libro, y el analógico (en papel), en ese orden, están ocupando de mayor a menor el interés de los lectores: escuchar la lectura es también «leerlo». En fin, crear una sociedad con sinergia, que sea diferente, avanzada, comprensiva a cambios, inclusiva, conviviente, democrática.

De modo que las pesadillas actuales se reviertan al sueño de Masferrer de hace ciento cuatro años. Construir un país desarrollado, emprendedor, esperanza de salvación nacional. Requerimos tecnología avanzada y voluntad política.

Bibliotecas: expresión universal de la cultura

Las Bibliotecas Nacionales son entidades existentes en cada país del mundo, una por cada país, le importan dramas históricos sin divisiones políticas, ni sesgos ideológicos. Menos de una decena de países en el globo carecen de estas «catedrales del conocimiento», como le llamaron los egipcios; o «república de las letras», como dicen los chinos. Nosotros hemos retomado el concepto de «biblioteca en la calle», que implica salir de las paredes y del escritorio hacia los usuarios que lo necesitan. Son tradición de humanismo para el desarrollo humano.

En Nínive (Siria) se edifica la primera biblioteca organizada más reconocida, con obras en tabletas de arcilla de hace 2700 años. Y luego está la de Alejandría, (Egipto, 2300 años), ahora una de las más grandes y bellas del mundo. Esa perennidad es la función patrimonial que preserva valores de identidad, conocimiento, información documental.

Con estas características las Bibliotecas Nacionales se convierten en acompañantes imprescindibles de desarrollo, brazo a abrazo con la humanidad. Y vistas en la era tecnológica se agrega como fuente adicionada a la investigación científica. En fin, son colectivos de nacionalidad, que, articulada con otras instituciones, despliega políticas de lectura promoviendo el libro como eje transversal educativo. Este gran paisaje nos lleva a pensar que una biblioteca también alfabetiza en emociones, sensibiliza, crea socialización familiar; fuente inicial para recrear ideas, y contribuir al pensamiento crítico que incide en formar sujetos propositivos y creativos. Incide en crear sensibilidad y sociedad democrática y conviviente. Es referente nacional e internacional de la producción literaria y cultural de un país.

Estas ideas parecieran nuevas, sin embargo, en El Salvador ya lo dijo un visionario del desarrollo social y la economía. ¿Qué fines tienen el libro que cultiva valores en la comunidad? Alberto Masferrer responde en su obra «Leer y Escribir» (1915): «Crea un nivel de cultura que contribuye a la democratización, a la salud y al bienestar como realidad posible, (ofrece) una extensa comunicación mental que nos vincula». De otra manera «viviremos en la anarquía de ideas y aspiraciones cada quien por su lado, sin posibilidad de transformar la Nación». Noten como este visionario autor salvadoreño incluye desde aquellas épocas salud mental y control de las emociones con el libro y la lectura.

En el caso de una Biblioteca Nacional es algo mucho más que el repositorio de obras que ofrece al usuario. Significa comunicación que humaniza con su información. Entra en contacto con la vida y con los que viven en un entorno social sin exclusiones de ningún tipo.

Y para no quedar solo en palabras, en el caso nuestro, la Biblioteca Nacional recibe jóvenes que no llegan solo por un libro, o una publicación periódica; también buscan descubrir el significado de su máxima institución bibliográfica que ofrece un diálogo con los bibliotecarios para compartir historia y libertad de pensamiento.

Porque desde ABINIA-América Central se decidió contar con funciones adicionales como la Biblioteca Móvil, destinadas a las comunidades; la Sala Infantil; promoción de la lectura y libros; y diversas formas de extensión cultural. Ofrece también un servicio adicional al usuario que necesita el diálogo para resolver limitaciones y vacíos de conocimiento, no solo tener acceso a la obra analógica o digital. Y en el caso de los niños se debe ofrecer dinámicas lúdicas para empatía y vocación por el libro y la lectura.

Porque las bibliotecas no solo deben limitarse a entregar obras para leerlas o investigar. Sino convertirse en hacedores adicionales de una civilización edificante para fortalecer la mejoría intelectiva y social desde edades tempranas.

Aprovecho para citar ideas del filósofo y escritor español Fernando Savater, quien hace un planteamiento innovador sobre libros y bibliotecas: formar seres humanos completos, ofrecer una perpetuación humanística: «Nos hacemos humanos unos a otros, repartimos humanidad a nuestro alrededor y la recibimos de los demás». Porque la Nación no es definida «por la tierra o sus componentes naturales», también se construye «por un estado de derecho, por el respeto a una Carta Fundamental y a las leyes de un país».

De modo que debemos obligarnos a educar como si cada ciudadano pueda ser un futuro gobernante. Insiste: «La educación es lo que lucha contra esa fatalidad que hace que el pobre siempre tenga hijos pobres y que el ignorante siempre tenga hijos ignorantes». Savater habla de la educación por medio del libro: «La literatura como alegría y salvación en el arte de educar para multiplicar nuestra alma». Y continúa: «La persona que sabe leer, que se aficiona a la alegría de la lectura, tiene goces extraordinarios. El mundo está lleno de diversiones caras. Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para pasar los fines de semana… (pero) la riqueza que nos dan los libros es real, duradera y limpia».

Estas ideas expuestas llevan a la necesidad de apropiarnos del concepto extenso de las bibliotecas: educan, recrean, transforman mentalidades para una sociedad emocionalmente pacífica, porque significa formar en inclusión, equidad, tolerancia, solidaridad social, ética política, honestidad, como prevención de la violencia. Por eso muchos países han hecho de las bibliotecas un espacio espectacular con arquitecturas asombrosas y similares contenidos.

Cito los ocho millones de libros de la actual biblioteca de Alejandría, fundada hace dos mil años. La Nacional de China, con 31 millones de ejemplares, la más grande de Asia, «una especie de sumun del conocimiento».

Las Bibliotecas Nacionales conservan el patrimonio bibliográfico como función estratégica formativa de civilización de lo cual se ha ido apropiando en el curso de los siglos. Tal las Nacionales de Taiwán, de Irlanda, Croacia, España. Las Reales de Dinamarca y Suecia. Todas con un sistema que aúnan investigación científica y bienestar social, catedrales y repúblicas del libro. Soporte humanístico para el desarrollo integral.

Son diferentes las Bibliotecas Públicas, orientada a las comunidades con lecturas y atención a la niñez. De estas conozco espectaculares como las de Nueva York, San Francisco, Estocolmo. Pero esto es tema aparte.

Nota.- Segunda parte y final del trabajo solicitado por «Journal of Science, Technology and Society«.

Biblioteca y patrimonio de la nación

Con el título de Biblioteca Nacional, Custodia del Patrimonio, será publicado en inglés este ensayo sobre Bibliotecas Nacionales en el «Journal Science and Technology», en contacto con otros 300 medios. Dado el trabajo que ha realizado nuestra entidad, me pareció necesario dar a conocer datos que no todos conocen. El trabajo a publicar lo leí al cumplirse el 147 Aniversario de nuestra institución como un pórtico a dos años de cumplir su siglo y medio de existencia, (julio 2020). A continuación transcribo la ponencia calificada por la publicación científica, como una investigación que se adapta a las exigencias de ese medio. Acto continuo publico una primera parte:

El papel que juega una Biblioteca Nacional amerita destacarse, más ahora que estamos por cumplir siglo y medio de existencia. El mandatario de aquel entonces (1870) compró la «Colección Lumbruschini», llamada así por haber pertenecido al cardenal Luigi Lambruschini, Secretario de Estado del Papa Gregorio XVI. Este dato es importante por la trascendencia que le dio el gobierno de aquella época para crear la segunda institución educativa de la Republica. La primera fue la Universidad de El Salvador.

Sin embargo, después de siglo y medio no nos hemos apropiado de valor institucional, entre otras cosas por los vacíos en investigación y esmero por lo patrimonial. Por ejemplo hay personas que me han preguntado cuántas bibliotecas nacionales hay en el país. La diferencia con las bibliotecas públicas, que pueden ser muchas: «Debería haber una en cada municipio», decía Masferrer refiriéndose a las públicas. Mientras las Bibliotecas Nacionales es solo una, la de cada Estado.

De manera que no es baldío insistir su papel de custodia del patrimonio bibliográfico de un país cuyo desarrollo estaría ligado a una labor educativa relacionada con las investigaciones sobre la memoria histórica. Cabe reafirmar de ellas que son «catedrales del conocimiento».

En diversas reuniones anuales que las Bibliotecas Nacionales centroamericanas tuvimos con asesoría de la Biblioteca Real de Suecia, se determinó como obligación social extender sus funciones a promover la lectura y el libro, contribuir a una alfabetización que no sea solo conocer primeras letras y dibujar la firma. Alfabetizar es crear lectura y lectores propositivos, como señaló Alberto Masferrer desde 1915.

La Biblioteca tiene funciones tradicionalmente aceptadas; pero va más allá: contribuye a formar desde sus funciones culturales con el libro y lectura. No solo recopila obras de todos los tiempos relativas a un país; o clasifica, y muestra a los lectores; debe conservarlas y preservarlas como libros antiguos, aunque no tenemos muchos si nos comparamos con los países de Europa que tienen en sus bibliotecas miles de libros tesoros, caso del Diario de Marco Polo (1300), Portugal; o los 95 tesis (1517) de Lutero sobre la Biblia, Alemania.

Al referirnos a una Biblioteca Nacional cabe hablar de tesoros patrimoniales de valores escritos. Vale decir museo del libro, con la diferencia que los objetos contenidos deben ofrecerse a los investigadores y lectores. Y en un museo solo se mira.

La preservación ha sido favorecida por la tecnología informática, por eso dimos prioridad a digitalizar las obras históricas nacionales para ofrecerlas en nuevos formatos. No digitalizamos obras contemporáneas por carecer de presupuesto para pagar derechos de autor.

Cuando se creó la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano (BDPI), en España, fuimos el 7º país de Iberoamérica en ingresar con nuestras obras patrimoniales. Nos adelantamos gracias a que fuimos equipados por la Universidad de Barcelona. Entrar a esa dimensión informática no hubiera sido posible sin el apoyo europeo, especialmente.

Actualmente contamos con 700 volúmenes en la BDPI; también nos incorporamos a la plataforma digital REDICCES (de universidades salvadoreñas), en la cual la Biblioteca fue aceptada. Aloja 800 obras. Ambos alojamientos nos dan presencia por Internet en la región de Iberoamérica (incluye Brasil, España y Portugal). Además, la BDPI está en proceso para ingresar a espacios más amplios como es el Instituto Iberoamericano de Berlín, para el acceso a otros países de Europa.

Los formatos digitales permiten a El Salvador favorecerse pues tiene casi un cuarto de su población en el extranjero que con sus remesas contribuyen al bienestar económico de familias desfavorecidas. Alojar esas obras permite al migrante facilidades de contar en su hogar con las señales de su identidad y proyectarlas a las nuevas generaciones que crecen en el exterior.

Otra asesoría que nos ofreció la Biblioteca Real de Suecia, fue crear ABINIA Centroamericana, para darle mayor representatividad en la ABINIA oficial (Asociación de Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas de Iberoamérica). Se planteó entonces ofrecer servicios a niños y niñas, aunque no fuera función propia de una Biblioteca Nacional. Pero las necesidades de retrasos educativos lo requerían. Tampoco era función contar con un Bibliobús (donado por UNESCO). Además fortalecimos la Extensión Cultural.

El libro, expresión creativa de la memoria histórica, parte del ser nacional, permite conocernos, y tener mejor reconocimiento de la propia realidad.

Doy algunas cifras que pueden reflejar una idea de la importancia de esas incorporaciones. En Facebook llegamos a contar con cinco mil 300 seguidores diarios informados por esa plataforma digital. Y en Twitter sumamos 900 personas (son datos de 2018). De ese modo la Biblioteca Nacional llega a usuarios a distancia. Lo logramos en menos de dos años de promoción y divulgación por redes. Inclusive superamos en número de seguidores a algunos ministerios con mayores recursos en equipos de comunicación y con más años en esa ruta tecnológica. En dos años los superamos en seguidores.

A esto se agregan tres mil visitas mensuales que alcanzamos en el sitio web binaes.gob.sv para ofrecer información básica a lectores que nos buscan por Internet.

Con la divulgación de estos logros nos adelantamos a conmemorar el siglo y medio de existencia. Agrego el gran papel jugado por el equipo informático de la Biblioteca, con apoyo de algunas técnicas bibliotecarias, por sus esfuerzos de instalar un sistema informático propio de Administración Bibliotecaria, como aporte a la modernización. Todo un sueño de largo alcance.

Premio Nobel escribe novela centroamericana

El consejo que doy a escritores noveles, incluso jóvenes de educación media, que aspiran a escribir poesía o narrativa, es el de leer, leer y leer. Y les recuerdo la frase del poeta-bibliotecario por antonomasia, el argentino Jorge Luis Borges: «Me siento orgulloso de los libros leídos, más que de mis libros publicados». Y, por supuesto, se debe escribir y escribir. No pensar lo que se desea narrar, sino ponerse frente del teclado y escribir lo que se piensa.

Pongo de ejemplo al Premio Nobel Mario Vargas Llosa (Perú, 1936), quien ganó sus primeros premios internacionales a temprana edad. Y ahora, en el 2019, publica su novela histórica sobre Guatemala de 1951-1954 y las repercusiones actuales en los últimos treinta años de ignominias vividas por Centroamérica. Su Título es «Tiempos Recios» (Editorial Alfaguara, Madrid, 2019).

Siempre me llamó la atención la narrativa de este Nobel de Literatura. En su vida ciudadana es un exponente de ideas ultra liberales, y calificado como gran individualista. Sin embargo sus obras las orienta hacia temáticas sociales realistas relacionadas con el historial trágico arrastrado al siglo XXI hacia nuestros países.

Otro ejemplo de sus novelas es «La Fiesta del Chivo», narrativa sobre la satrapía de Leonidas Trujillo, a quien sus arrogancias enfermizas lo llevaron a bautizar la capital de República Dominicana como Ciudad Trujillo. Además, el sátrapa tuvo mucho que ver con lo ocurrido en Guatemala (1954), y las repercusiones actuales centradas en las desigualdades conocidas.

Hay una novela anterior del Nobel peruano: «El Sueño del Celta». Trata del negocio y cacería europea en África para establecer el mercado de esclavos que necesitaban los países en búsqueda de su desarrollo. Y su misma novela autobiográfica «La Ciudad y los Perros» (premiada en España, a sus 25 años), una obra social sobre los adolescentes «light» de la burguesía peruana.

«Tiempos Recios» se refiere a la invasión que sufrió Guatemala cuando Juan Jacobo Árbenz (gobernante de1951-54) dio continuidad a las reformas sociales iniciadas por el mejor presidente que ha tenido ese país, el educador y filósofo Juan José Arévalo (gobernó en 1945 a 1951). El gran pecado de ambos fue proponerse una reforma agraria que afectaría el dominio feudal ejercido por la empresa United Fruit Company, que con el banano y su infraestructura había convertido un gran imperio en Centroamérica. Por eso, en esa época, éramos considerados como «repúblicas bananeras». Espero no lo sigamos siendo con similares modalidades.

Además de Arévalo y Árbenz, el Nobel peruano agrega dos personajes inteligentes y perversos, Samuel Zemurray, de Nueva Orleans, conocido como «Hombre Banano», gerente de dicha empresa; y el publicista de Nueva York Edward Barneys, artífice de las manipulaciones políticas que dieron origen a la invasión a Guatemala, con mercenarios entrenados en Honduras y Nicaragua, dirigidos por el coronel guatemalteco Carlos Castillo Armas. A Barneys se le ocurrió que para deshacerse de las ideas modernizantes de Arévalo y Árbenz había que inventarse el peligro comunista que estos representaban, pese a ser declarados anticomunistas; pero sus gobiernos parecían poner el peligro los privilegios que le concedían los dictadores a la United. Según la prensa norteamericana de la época el gobierno de Árbenz ponía en peligro a los EUA, por su cercanía a Washington, y a dos horas del Canal de Panamá, en esa época propiedad norteamericana.

La paradoja fue que Árbenz y Arévalo tenían como modelo para Guatemala la democracia de los EUA, sacarla del feudalismo y de las injusticias que sufrían los trabajadores del banano carentes de los mínimos derechos. Aunque Costa Rica se salvó de esas dictaduras impuestas por la United, y sus socios de la geopolítica; su dominio se basaba en sostener un modelo feudal en las bananeras. Se describe en la novela testimonial «Mamita Yunai» (1940), del costarricense Carlos Luis Fallas.

«Tiempos Recios» se adentra a la histórica tragedia de Guatemala de 1954, que culminó años después en genocidios que golpearon a toda Centroamérica, y cuyos efectos aun se viven manifestadas en emigraciones dramáticas, desempleo e inequidades sin límites. Un dato interesante que agrega Vargas Llosa es el papel que juega la salvadoreña, esposa del derrotado Jacobo Árbenz, a quien tenía como asesora, «una talentosa, adinerada y culta salvadoreña, educada en los EUA: María Cristina Vilanova, de las famosas catorce familias», dice. Ella también aspiraba, como Arévalo y su marido, al modelo de democracia similar a los Estados Unidos.

Samuel Zemurray, como alto ejecutivo de la United Fruit Company, conocido como «Banano man», contrata al hábil y manipulador publicista (Edward Bernays), para evitar que en Guatemala se realizara una reforma agraria que perjudicaría al imperio bananero.

Para lograr esos fines Bernays propuso, una campaña mediática que evitaría la pérdida de los privilegios de «Mamita Yunai», incluyendo su poder para imponer las dictaduras militares en Centroamérica. De modo que promovió en la gran prensa norteamericana que Guatemala había caído «en las garras de las grandes potencias comunistas». Vargas Llosa hace un registro magistral de los personajes reales Barneys y Zemurray, quienes triunfaron en sus intenciones perversas. Para ello organizaron la invasión a Guatemala desde Honduras y Nicaragua, con sus gobiernos títeres, Lozano y Somoza, protagonistas necesarios para apoyar la invasión.

Barneys, empleado de Zemurray, manipuló a los periódicos progresistas y prestigiosos de los EUA. «Si lo hacemos en periódicos conservadores no van a creernos», decía. Y creó la histeria mediática en las alturas políticas de los Estados Unidos.

El otro personaje ya mencionado es el militar guatemalteco reclutado para dirigir la invasión. Este, a la vez fue asesinado por sus promotores por desviarse de las políticas corruptas. La gloria del coronel Carlos Castillo Armas solo duró cuatro años. Impuesto como presidente fue asesinado en la casa presidencial de Guatemala por los organizadores de la patraña.

La guillotina cayó sobre Centroamérica: genocidios, desempleo, injusticias desde el poder; que ahora repercute en desempleo y caravanas de sobrevivencia. Además, Vargas Llosa demuestra que las «fake news», no son nada nuevas.

Literatura: periferia y mujer en la novela

En las entrevistas que me piden los jóvenes y docentes hay dos preguntas que nunca faltan, una es sobre la «Generación Comprometida». Y la otra, sobre el papel de las mujeres como personajes en mi narrativa. Dejo lo de la «Generación» para otra oportunidad y retomo al compromiso de dar voz a la mujer desde sus espacios de vida. De lo que estoy seguro es de que ambos temas tienen que ver con el proceso de desarrollo cultural. Y quizás eso le pone un acento didáctico a mis libros, pese a que todo escritor rechaza cualquier didactismo en su obra literaria.

En verdad, si acaso hay algo de didáctico, el mostrar una faceta de la mujer como agente cambiante de vida, no solamente un ser sin voz, o madre sacrificada que acepta que los otros decidan por ella, sino activa y participante, de acuerdo a las aguas del río social que no deja de fluir. Incluso en la madre hay transformaciones que implican una presencia más visible.

Al este respeto, tengo un poema titulado «Mamá» (publicado por 1978), en el que me gusta cómo queda completo con un epígrafe de mi buen compañero de letras el periodista, historiador, poeta y fundador de editoriales Ítalo López Vallecillos: «Si algún sentido tiene el concepto patria, hay que buscarlo en las madres de este país, ellas son sin duda la Patria ofendida». Frase de Ítalo que motivó posteriores personajes mujer en mi obra narrativa.

Dicho epígrafe me pareció muy apropiado al poema, y posteriores novelas: la mujer que simboliza la patria. Así, a la vez que inspiré a Ítalo al mencionar mujer y patria para referirse al poema, del cual ofrezco a mis lectores los primeros versos: «Mamá querida, oración por todos./Llena eres de gracia como las primeras lluvias que originan las primeras milpas». Esto como reconocimiento a quien alimenta desde sus senos, y con ello incide en salud, y rendimiento escolar. La madre a quien, pese a todo, se le impone una carga injusta de exclusiones.

Retomando el hilo, como se hace en Twitter, ya no me referiría a la mujer sacrificada, «o mujer maléfica», «ligera de faldas» (como la cultura patriarcal nominó. A la rosa de El Principito, Consuelo Suncín). Pienso en esa «patria ofendida» y que para compensar, por lo menos en los países del Triángulo Centroamericano, merecería cambiarse el nombre Patria por Matria, las humilladas en sus limitaciones, las que con modestias económicas, han hecho sobrevivir la población en esos países.

En resumen, aspiro a proyectar a la mujer en la historia, no como heroína de inventiva; y menos objeto de intereses ofensivos, sino como la mujer en el tiempo dentro de una sociedad que se distinguió siempre por el prejuicio y la desigualdad.

Se trata de manejar lo literario relacionándolo con un proceso de ubicación, un reconocimiento a las necesidades e intereses de la mujer en sus particularidades como persona, como agente de transformación social, y no el ser objeto para atraer una atención sesgada, sino participante directa en la vida social, económica y política. Tampoco se trata del ser despechado, o la madre sufrida, la mujer «mártir».

La mujer debe estar donde le toca estar, empoderada o empoderándose en sus decisiones. A los demás nos toca avanzar en cultura para garantizar espacios incluyentes.

Conozco mujeres que en su rol de madres concilian la vida familia con la vida laboral, no importa si son criticadas hasta por la misma familia extendida; ellas rompen con paradigmas, cumplen con las exigencias del trabajo y a su vez garantizan el bienestar de sus hijos e hijas haciéndose acompañar de ellos en sus labores. En fin de cuentas la mujer orienta en la formación inicial, sin edad límite para comenzar su función, puede ser desde el vientre materno o desde sus primeros meses. Es la que asume las obligaciones vitales, aunque la cultura tradicional le resulta difícil reconocerlo con hechos. De esta manera de educar hay frutos, en mágica conciliación entre trabajo y responsabilidad familiar. Es otro diferente caso cuando la mujer trabaja en casa sin percibir salario sin reconocimiento a su aporte en la productividad del país, no obstante que las labores hogareñas hacen que cada quien tome sus responsabilidades ocupacionales aunque la madre no se devengue sueldo.

Además, tiene la ventaja histórica y función orgánica natural, y privilegio maravilloso, de procrear, en el mal nominado «producto» o embarazo, toda una ventaja de la naturaleza, aunque tanto hombre como la mujer son los que resultan embarazados. Otra cosa es que la cultura patriarcal solo atribuya el embarazo a la madre y la responsabilice si dicho «producto» no llega a feliz término. Al respecto, les invito a leer «Los poetas del mal», mi novela con temática de la mujer arraigada y desarraigada de su entorno social que me permitió destejer sus emociones de historia personal y colectiva. ¡Una reedición, please! Además, tiene otro privilegio de la naturaleza consistente en que solo ella tiene otro privilegio de darle un futuro de sanidad temprana, como es el hecho de amamantar, el acto más humano en el desarrollo de salud integral futura.

De modo que si la narrativa es pasión, debe ser pasión por visibilizarla en su historia íntima de necesidades e intereses comunes, en su participación para el cambio social, lo que da la pauta al crecimiento, incluyendo sensibilización y salud preventiva al nuevo ser, cuando con su calor compartido por el cuerpo materno otorga uno de los valores más fundamentales de la humanidad: la sensibilidad fortalece una vida digna. La cultura tecnológica debe promover ese proceso que previene las desviaciones violentas y las depredaciones sin sentido.

Nota.- Agradezco a docentes universitarios de los EUA por sus invitaciones este año y el próximo que me permiten conmemorar cuarenta años de «Un día en la vida», semilla germinativa literaria donde la mujer es personaje de la sociedad en transformación.

Novela histórica y sus héroes

¿Por qué es importante conocer memoria histórica de los héroes? ¿Qué es un héroe, qué cualidad es necesaria para ser declarado tal? Una razón principal sería para que su ejemplo de sacrificio y vida digna quede grabada en la conciencia de la nación.

Hay dos héroes inobjetables en América Latina, Simón Bolívar, que en once años liberó del imperio español a cinco países: Bolivia, Perú, Ecuador Colombia, Venezuela. Si pensamos en las distancias geográficas, nos damos cuenta de su proeza. Se dice que recorrió en caballo el equivalente a darle dos vueltas al planeta. Pese a todo, murió en la mayor pobreza, vejado. Y Martí, si bien cierto no fue un guerrero, fue el pensador de la independencia de su país, y considerado el apóstol de la independencia de Cuba, asegurando un gobierno con base popular. Desde niño, y muy joven, sufrió cárceles, incluso trabajos forzosos bajo las autoridades españolas.

Una búsqueda de heroísmo similar en nuestras luchas regionales fue la que me llevó al interés de la guerra centroamericana que tuvo como campo de batalla Nicaragua y Costa Rica, con participación de los cinco ejércitos regionales: «En defensa de la soberanía y la independencia», declararon los presidentes de Honduras, Guatemala y El Salvado. Walker fue vencido en 1857 haciéndolo retornar a su país por barcos norteamericanos que vieron sería derrotado con ignominia. En 1860 invade, nuevamente, Centroamérica por Honduras. Fue capturado y fusilado (1860).

La idea de Walker era imponer la esclavitud, para lo cual se había declarado presidente de Nicaragua, por la fuerza de sus armas y del ejército invasor. La historia lo conoce como el filibustero, un invasor de territorios, diferente a los piratas que asaltan mar adentro. Walker se consideraba un civilizador de países atrasados. Al proclamarse presidente de Nicaragua, su primer decreto fue establecer la esclavitud que desde 1824 se había abolido proclamándolo José Simeón Cañas, para Centroamérica. Para Walker la base de civilización era la agricultura y la esclavitud.

Sin apoyo oficial de sus gobiernos organizaba ejércitos privados que tenía como base la doctrina predominante en el Sur de ese país: racismo, y dominio total incluyendo México, Centroamérica y el Caribe. William Walker, era abogado, periodista, médico y poeta, y dejó un libro de memorias donde expresa su idea de invadir México y Centroamérica una territorio de retaguardia para sus fines civilizatorios. La guerra de Secesión estaba a las puertas. Siete meses antes de comenzar esa guerra, donde murieron casi ochocientos mil personas norteamericanos. Abraham Lincoln encabezó el ejército contra los esclavistas.

Volviendo a la guerra de malos nicaragüenses que se aliaron a los mercenarios de Walker, me pareció atinente hacer una investigación literaria de una guerra desconocida, darla a conocer a lectores diversos. Así surgió mi libro «Así en las Aguas como en la Tierra». Una novela histórica que sigue los pasos creativos conservando los datos fidedignos. Tres frases me indicaron de inmediato la dimensión de la épica centroamericana; fueron el impulso de escribir la obra.

Una de esas frases fue la del capitán y poeta salvadoreño Francisco Iraheta, al informar a su jefe general Ramón Belloso: «Señor, en mi compañía no hay más novedad que anoche murió el último». Se refiere a batallas cerca del lago de Granada. Otra frase: «El general Walker tiene la sabiduría de Dios y la valentía del demonio», dicha por el oficial favorito Timothy Crocker, hombre de varias guerras en Europa y México, gran experto en artillería.

La tercera frase es la siguiente: «La tronazón de cañones y fusilería parecía un infierno». Parte de guerra dirigida a Juan Rafal Mora, presidente de Costas Rica, y artífice de la alianza regional, y participante directo. En los últimos años ha sido proclamado, Héroe de la Patria Centroamericana, junto al salvadoreño general José María Cañas.

También están los héroes desconocidos, los soldados, los oficiales y funcionarios públicos caídos y que los anales de los países centroamericanos, lo han ido relegado al olvido. Los intelectuales en el poder del siglo XIX optaron por callar, debido a las diferencias ideológicas en una región que estaba por dividirse. Los muertos quedaron en las montañas y las ciudades, y las ideologías fueron enterradas a conveniencia. Eso me hace recordar un poema que, de niño, me decía mi madre: «No son los muertos los que en dulce calma/ la paz disfrutan de la tumba fría/, muertos son los que tienen muerta el alma/Y aun viven todavía». (Antonio Muñoz Feijoo 1851-1890, Colombia).

Terminada la guerra, al presidente Juan Rafael Mora le dieron un golpe de Estado los mismos militares que pelearon a sus órdenes., pero que vendieron su lealtad. El golpe de Estado expulsó a Mora y Cañas, quienes se asilaron en El Salvador, Santa Tecla. Era presidente Gerardo Barrios, amigo de los desterrados.

Comencé a escribir desconociendo el exilio de los dos héroes en nuestro país. Al conocer ese hecho vi que me faltaba el elemento mujer que siempre está presente en mis novelas. Reparé que sus parejas los habían acompañado al exilio, incluyendo sus hijos pequeños, Guadalupe, hermana del ex presidente Mora, estaba casada con Cañas; e Inesita, casada con Juan Rafael Mora.

En Santa Tecla llegó la hora que los dos héroes debían regresar vía Puntarenas, convencidos por sus asesores dentro de Costa Rica, fue el punto emotivo de la historia. Ambas estaban embarazadas, por lo cual su dolor e incertidumbre les hacía compartir la tragedia de la partida hacia un encuentro impensable de sus compañeros con la muerte. Que sucedió semanas después. Fueron capturados y pasados por las armas, fuera de todo proceso, por lo cual se considera un crimen de Estado.

En otra invasión de Walker a Honduras (1860) este fue capturado y ejecutado. La paradoja: seis meses después comenzó la Guerra de Secesión: del Sur contra el Norte (1861-1865). La sociedad industrial derrotó a los esclavistas. Y los héroes Cañas y Mora pasaron a figurar como los protagonistas de la épica más gloriosa de Centroamérica.

Reflexiones en la Biblioteca Humana

En mi práctica de lo que se llama Biblioteca Humana, dirigido en especial a jóvenes, los escritores futuros, alguien me pregunta: «¿Puede decirme cómo lograr calidad en lo que se escribe, en cuento y novela?». Le doy la respuesta usual: «Primero, leer; segundo, leer; tercero, disciplina». Otro repregunta sobre lecturas recomendadas. Le doy cinco nombres con los cuales yo comencé a aprender narrativa. Basta leer un solo libro de Horacio Quiroga: «Cuentos de Amor, Locura y Muerte»; otro de Juan Rulfo, «El Llano en llamas»; y uno de J. D. Salinger, «Nueve Cuentos». Culmino afirmando que de ser posible, leer todos los cuentos de Julio Cortázar, de Edgar Allan Poe y de Antón Chéjov . El joven no los conocía y se dedica a cuentos de fantasía, misterio y horror. Claro, se trata de chicos de la generación de centennials, menos de veinte años.

Otro pregunta. «¿Por qué es importante la lectura?» Le repetí las palabras del peruano Premio Nobel Vargas Llosa: «Leer para no ser engañados… (para) que la lectura siga viva o el mundo será más pobre». Insiste: «¿Y para qué escribir?». Reitero con el mismo escritor peruano: «La época vive un drama y los escritores estamos moralmente obligados a darle a la literatura la presencia crítica que siempre ha tenido… la democracia no podría vivir sin ese espíritu».

Un joven me pide recomendación de un novelista revolucionario. Le digo que es un escritor conservador, pero un gran novelista transforma, eso es revolución. Menciono sus cuatro noveles que, además de recrear proporciona, conocimiento histórico: «La Guerra del Fin del Mundo», «Cinco Esquinas», «La Ciudad y los Perros» y «El Sueño del Celta».

Una joven pregunta si es negativo leer en el teléfono. Por supuesto que le dije que no, aunque hay diferencias, pero los beneficios de la lectura son los mismos. Excepto por sus letras pequeñas, algo que se compensa por contar con una biblioteca privada de bolsillo. Medité un poco esta respuesta. Pese a que no soy sino un pre-baby boomers, un don nadie de la tecnología, aunque usuario de ella, agregué la diferencia entre lectura con soporte en papel y la digital. Depende cómo uno se sienta cómodo leyendo.

Otra joven me pregunta sobre poesía, si debía preocuparse por no tener lectores y de ser una profesión sin porvenir. Di el ejemplo de otro Nobel, el mexicano Octavio Paz, también conservador pero lúcido ensayista, y buen poeta, quien al referirse a los pocos adeptos de la poesía, dijo que a él le bastaba cien lectores para sentirse realizado, porque estos cien se comunicarán de manera constructiva e innovadora con otras personas que podrán adquirir similares valores, sea que tengan oportunidad o no la tengan de un libro de poemas o de cualquier otro género. De mi parte agrego que la poesía debe ser un quinto elemento más que debe promoverse en la vida, al igual que la música instrumental. No hay límites de edad o de generaciones en el universo.

Luego, le cité al poeta argentino y universal, bibliotecario por antonomasia Jorge Luis Borges: «La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz… El libro es el único cuerpo inerte que posee alma… ni la poesía, ni la literatura cambian la sociedad, ni las vidas en el término filosófico. Pero puede cambiar la conducta del individuo, factor de la sociedad, su participación como oyente (o lector) lo forma en el gusto estético que repercutirá en otros». Coincide con Paz.

Varias repreguntas: ¿Habría una manera de sistematizar las artes, y con ellas la poesía en el sistema educativo? ¿O es locura utópica por la inversión? ¿O solo pensarlo es una bobería? ¿Qué dirían los políticos que aprueban los presupuestos?

Otra joven se refiere a las distracciones de la tecnología. «¿Cómo serán los educadores que nos recibirán cuando entremos a la universidad?». Le respondo con las ideas de la educadora Emilia Ferreiro: Que el sistema escolar es de evolución lenta; ha sido muy poco permeable a cambios que la afectan con la tradicionalidad de siglos. Y le menciono un ejemplo que Ferreiro alude: «Cuando apareció el birome (así llaman los argentinos al bolígrafo), la primera reacción del sistema educativo fue «eso no va a entrar acá porque arruina la letra; y la escuela le hizo la guerra a ese instrumento: una guerra perdida de antemano (…)». Lo mismo sucedió cuando aparecieron las calculadoras de bolsillo, se dijo: «Eso va a arruinar el cálculo escolar y no van a entrar»; pero entraron con mucha dificultad, hasta que en algunos lugares descubrieron el uso inteligente de la máquina de calcular. Reafirma: «La institución escolar siempre ha sido muy resistente a las novedades que no fueron generadas por ella».

De acuerdo con Ferreiro, le digo a la joven, los cambios son demasiado lentos, por eso es difícil percibirlos, una evolución lenta de ideas se convierten en añejas ante las nuevas generaciones. Es seguro que nos quedaremos sin la escuela que ahora conocemos.

A ese propósito, digo, el argentino Borges, hace más de medio siglo, intuyó un planteamiento innovador como docente de literatura: «Nunca hice una pregunta en el aula… tengo ese orgullo, uno de los pocos de mi vida, de no hacer preguntas. Yo solía decirles a mis estudiantes: …háblenos de Shakespeare, háblenos de Oscar Wilde, háblenos de Bernard Shaw». Decían lo que pensaban, y no les interrumpía. «No preguntaba una sola fecha, pues yo mismo no las sé… y los alumnos siempre dieron buenos exámenes, porque se interesaban por el tema».

Finalizo la sesión de la Biblioteca Humana: ustedes deben preguntar al docente lo que desean saber de Salarrué, o de Claudia Lars, de Masferrer, Gavidia, Ambrogi, o de Dalton. Que el estudiante comprenda el drama de la humanidad a través de sus escritores es una cultura que será útil en las proyecciones sociales del profesional, sensibles ante los otros. Deben ser los buenos pastores de una sociedad distinta, no rebaño.

Cuentos de camino real y otras experiencias

En mi pequeña infancia, entre seis y siete años, ante carencias de libro, tuve un amigo narrador de cuentos de apenas diez años. Había, además, otro amigo de mi edad que podía obtener dinero de la tienda («gavetazo») de su madre para pagar un centavo de colón al amigo mayor por cada tres cuentos contados, toda vez la narración tuviera los temas que le pedíamos: «Queremos un cuento sobre un gato negro en la oscuridad». O le pedíamos de chistes colorados, o de espantos. El narrador se inventaba o recreaba el cuento, entre otros los de Pedro Urdemales, una picaresca que proviene de la edad media; o cuentos de Quevedo (¿de dónde diablos salían esos cuentos de picardía chabacana que lo homologaba a Urdemales?). Pero nuestro amigo de diez años tenía agilidad para hacer de su ingenio un medio para ganarse unos centavos.

El niño contador de cuentos se llamaba Alfredo Sánchez, de los primeros emigrantes que conocí. Siendo adolescente partió Guatemala en búsqueda de trabajo. El niño «gavetero» era Leonel quien ya no está es este mundo. Y, de mi parte, me separé de ellos para ir a «rodar tierra» por los barrios de San Miguel, alquilando una u otra casa. Poco supe de ellos en nuestra vida de adolescencia y adultez.

Las fantasías de infancia nos hacían inventar los temas que pedíamos a nuestro amigo narrador, y él era toda una antología imaginaria de cuentos, que le permitía ganar seis centavos por las noches. Los tres bañados por el polvo de las estrellas, (así le decíamos a la luz estelar que iluminaba los techos de tejas de la ciudad de colonial). La tienda de la madre de Leonel Estrada era nuestro banco saqueado por su hijo para poder pagar a Alfredo.

Nunca los olvidé. Quizás fueron ellos, uno por pagar, y el otro por contar fantasías del pequeño mundo que nos rodeaba, los que me fortalecieron a edad temprana de cultura marginal, que se logra más por lo vivido que por lo leído, una forma de encontrarse con la cultura de la realidad, contactando personas, ciudades, experiencias, deslumbramientos, emociones, y golpes de la cotidianidad. Ahí donde se esconden valores de alto contenido humano. Es de donde «surgen la bellezas del arte»: el poema, la pintura, la música. Y en especial el teatro de nuestra vidas que «van a dar al mar/ que es el morir;/ ahí van los señoríos/ …ahí los ríos caudales/ ahí los otros medianos/ y los chicos/ …los que viven por sus manos y los ricos. («Elegía a mi Padre», Jorge Manrique -1440-1479- traducción libre del español antiguo, que me influyó en mi poesía temprana).

Aquellos cuentos de cipotes en San Miguel, fueron claves para apropiarse de una vocación. Y «rodé tierra», ahora más distante, por propia voluntad o en contra de ella, ausente más de 25 años fuera de la patria natal, en realidades propias del tercer mundo. Algunos ganan, otros pierden, incluso la vida. De mi parte, tuve el privilegio de la nostalgia que me hizo aprovechar las fantasías de aquella infancia o juventud para usarla en mi poesía o narrativa. Una semilla sembrada en un barrio de San Miguel, bajo el polvo luminoso de las estrellas.

En ese rodar de tierras distantes, me encontré con un amigo compatriota, (¿dónde estarás ahora, Paco?). Abogado inteligente, peleador, desde su adolescencia había viajado con su padre, un diplomático de las alturas. En un encuentro que tuvimos hablamos de ciudades, las que nos habían impresionado. Le mencioné las primeras que me vinieron a la mente, pensé sobre todo en su arquitectura: Brujas, Amsterdam. Le pregunté a él, como viajero, cuál era su ciudad favorita. Sorpresa. Pensó un poco y me dijo: San Miguel. Este detalle al parecer simple volvió a fortalecerme para escribir dos novelas que llevaba en mente: «Siglo de O(g)ro» y «Milagro de la Paz». Descubrí la energía creativa de apreciar el pequeño mundo, con valores suficientes para homologarlos con expresiones culturales del gran mundo. Porque la globalidad cultural no admite diferencias. Resulta igual dar un conversatorio en Oxford, en Stanford, Boston o Estocolmo, u ofrecerla en el humilde cantón llamado Loma del Muerto, en Sonsonate, siempre hay un gran estímulo proveniente de niños y niñas de cuarto grado. Para un escritor, o trabajador de cultura, comparecer allá o aquí tiene igual trascendencia en la búsqueda del desarrollo humano.

A ese propósito detecté en visitas al área de Maryland, Virginia y el D.C., que muchos compatriotas quisieran seguir siendo salvadoreños, «a la salvadoreña». Algunos tienen aves domésticas en sus apartamentos, donde los cacareos de los gallos a las cuatro de la mañana parecen ruido terrorífico. O bien, venden «minutas» (o «raspados») en Langley Park, y piña y sandía tasajeada. Ese encontronazo cultural lleva a cambios evidentes, nosotros ya no somos los mismos. Sabemos del respeto a los valores étnicos, a los derechos de la mujer, y a las opciones sexuales. La inteligencia natural de nuestra gente ha pasado por tantos hitos trágicos que hacen fácil el aprendizaje, si se cumplen normas de «donde quiera que fueres, haz lo que vieres». Hay que aprender de lo que asombra y enternece.

Pero, entonces, hubo un 11 de septiembre de 2001. Los Estados Unidos, donde emigra la mayor parte de nuestra gente, ya no es lo mismo. La destrucción de sus torres emblemáticas produjo cambios en la emotividad nacional que trascendió a la vida pública. Los impactos emotivos superan la voluntad institucional.

Describo una escena que ya no veré: temprano por la mañana, algunos duermen en el suelo en una clínica comunal; otros están sentados en el suelo, descansan a la sombra de un árbol, esperan a ser llamados para un trabajo, son las personas humildes que logran sobrevivir sin documentos. Nuestra gente que dejamos a la buena de Dios. Los tristes más tristes del mundo, nuestros compatriotas y hermanos, como dice Roque Dalton. Grabadas en piedras sus tragedias, buscan un salvavidas ante los vacíos de una patria que no pudo abrazarlos.

Las cuatro vidas de Roberto Armijo

Visité a Roberto Armijo unas cinco veces en su tercera vida. Cuando él vivía entre el barrio histórico de Montmartre (ver película «Amélie», y de Edith Piaf), a dos cuadras del Folies Bergere y el Moulin Rouge, ambos en plaza Pigalle, y a cinco cuadras de la basílica del Sagrado Corazón, cercana a la plaza de los grandes pintores, Picasso, Dalí, Matisse, que trabajaron en ese lugar (Place du Tertre). El poeta me recibió siempre con una botella de vino, el de más bajo costo entre los de calidad, el Côtes du Rhóne, acompañados con sopa de frijoles con hueso de cerdo. El poeta fue un gurmé de tercer mundo en París, donde vivió 27 años, su tercera vida.

Comentábamos su literatura y los dramas del destierro, lejano de la patria física y cultural que dejó en El Salvador. Patria que solo ofrece el refugio de los recuerdos, con nostalgias enriquecedoras; pero también tristeza por los desangramientos de la guerra. Esa que 50 años antes Salarrué asoció con terruño; pero la describe con ira en «Mi respuesta a los patriotas»: «Yo amo a Cuscatlán. Mientras vosotros habláis de la Constitución, yo canto a la tierra y a la raza, la tierra que se esponja y fructifica, la raza de soñadores y creadores que sin discutir labran el suelo, modelan la tinaja, tejen el perraje y abren el camino. Raza de artistas como yo…». Y que continúa golpeando en esta época hasta obligar a abandonarla. Así vio Roberto Armijo su patria en su tercera vida parisina.

La primera vida, testimonio de su infancia está expresada en «El Asma de Leviatán». La segunda la resume en los poemas publicados en la antología «De Aquí en Adelante», y en su poema al padre (Roque Dalton lo pone como epígrafe en su novela Pobrecito Poeta) y que comienza: «Una vez más la patria me duele dentro de mí…».

En esa primera vida ocurrió su primera muerte en Chalatenango, narrada en su novela. Nunca hablamos de esta muerte. Ocurrió cuando estudiaba la educación media. Los estudiantes del instituto, ahora llamado INFRAMEN, llegaron con coronas de flores a Chalatenango; pero los familiares salieron al encuentro de los jóvenes para que dejaran las flores en la calle, pues Roberto había «revivido».

Después de dicha resurrección comienza su segunda vida de limitaciones, grandes pobrezas, ¿cómo comprar libros para disfrutar su gran pasión de la lectura? Esa que como dije resume en poema dedicado al padre y en «De Aquí en Adelante». Entonces tuvo la suerte de encontrarse con dos personas que lo apoyaron en su temprano desarrollo intelectual. Sus maestros del INFRAMEN le dieron acceso a sus bibliotecas privadas, Alberto Rivas Bonilla y Ramón López Jiménez. Hizo otros amigos que lo apoyaron, caso Pepe Simán. También tuvo gran apoyo para paliar su enfermedad en su padrino, médico, miembro de las tantas Juntas Cívico Militares de gobierno (1961), José Francisco Valiente.

El drama juvenil de Armijo fue la dolencia de un asma cruel; y en esa época tenía tres hijos: Rabín (conocido como Claudio); Manlio (conocido por Juan, muerto en la guerra) y Roberto, abogado. También el poeta estudió Derecho. Solo hizo dos años por enfrentar las angustias económicas ante su familia temprana.

En su tercera vida de la diáspora en Francia procreó un hijo a quien conocí de tierna edad: Rodrigo Odiseas. Hay una fotografía en la Revista Cultura, número 121, 2017, junto a su madre y padre y este servidor.

Pasados los años Odiseas ya tiene tres hijos y uno de ellos se llama Manlio Armijo. Así es, el poeta Armijo proyectó ese nombre inusual al bautizar a su segundo hijo como Manlio Armijo (Juan); y éste tuvo otro Manlio Armijo, quien años más tarde nominó a su primer hijo con el mismo nombre. Creo que la patria real, y la nostálgica de la diáspora produce estas rarezas generacionales.

La muerte de Manlio, conocido como Juan, fue dolor constante del poeta Armijo, por la forma de su muerte, sus restos permanecieron varios días tendidos a campo abierto sin que nadie pudiera acercarse. Nunca lo superó su tragedia, y quiso resucitarlo en sus poemas, así como él mismo había resucitado para vivir su segunda vida.

En París, vivía rodeado de poesía. «En búsqueda de nuevos universos e historias de mundo… escuchando en sueños los bramidos de tigres y lágrimas…», leyendo los clásicos para conocer «la historia del mundo y el porvenir del universo». Los versos entrecomillados son de «La Tortuga Ecuestre», México, 1938, del poeta peruano César Moro, otro que sufrió destierro en Francia. Cito al peruano Moro, por ser de la misma nacionalidad que el poeta más amado por Armijo: César Vallejo, que murió «en París con aguacero».

Los tres poetas construyeron una patria de nostalgia, contrapuesta a esa patria terruño y dolida de Salarrué, no menos dolorosa que la patria llevada a rastras por desiertos, muros y crímenes. «Como si la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé!», dice Vallejo para definir esa otra patria, que asoció a su cadáver triste, pero capaz de alzarse lentamente «para abrazar al primer hombre y echarse a andar», todos aquellos nacidos en el día «en que Dios estuvo enfermo», (Los Heraldos Negros, Lima, 1918). Versos de dos peruanos que nos rememoran resurrección y vivencias de Armijo en su primera vida.

La cuarta vida de Armijo inicia al morir, (1997), con la edición y reedición de su literatura. Por la que estaba dispuesto a ofrecer su sangre. Por esos poemas, teatro y ensayos escritos en el barrio parisino, y que ahora traspasan el tiempo, despierta para ofrecernos una cuarta vida de valores literarios.

Nuestro poeta lo percibió años antes: «Seré llevado a la muerte pero sobreviré, blandiendo mis versos, porque en ellos soy grande… y la Patria nos acogerá… como acoge un padre o madre a un hijo ciego…». Esa es la patria de la nostalgia; existente e inexistente