Migrantes, remesas y nuestra fuga de talentos

Hoy en día se estima que alrededor de 1.4 millones de salvadoreños viven en Estados Unidos, eso significa que, por cada 5 salvadoreños que viven en El Salvador, hay uno que vive en EUA. La mayoría de los salvadoreños conocemos a alguien o tenemos a algún pariente que migró hacia el norte. Este fenómeno migratorio ha sido constante desde hace décadas.Y, aunque sus causas son variadas, ha tenido un gran impacto social y económico en El Salvador.

La mayoría no emigra porque quiere. En nuestro caso, la pobreza y la violencia naturalmente obligan. La tasa de pobreza que tenemos en el país es de 35% (¡Más de 2.3 millones de personas!) y una tasa de desempleo del 7%. Las tasas de homicidio, aunque han mejorado recientemente, todavía están a niveles altísimos: unos 50 homicidios por cada 100,000 habitantes. Solo Honduras y Venezuela nos superan en términos de homicidios. Esta combinación de pobreza, falta de oportunidades, exclusión y violencia hace que, para muchos, el exponerse a los peligros de emigrar ilegalmente a Estados Unidos sea una decisión racional, pero, básicamente, obligada.

Hay otro grupo que también ha tomado la decisión de emigrar por razones un poco distintas al grupo descrito anteriormente. Jóvenes profesionales y con preparación no encuentran espacios ni oportunidades en el mercado laboral salvadoreño. Saben que sus competencias y habilidades son mejor remuneradas en otras economías y que hay muy pocos trabajos en El Salvador que puedan valorar esas competencias a un nivel similar. Y, en mi opinión, no es tanto un tema de que las empresas no quieran pagar más y mejores salarios, es un tema de costos y beneficios. Nuestra economía es simplemente muy pequeña y el mercado está muy poco desarrollado como para poder sostener la oferta de talento preparado que tenemos en el país.

El impacto más medible e inmediato por este fenómeno migratorio es el de las remesas, las cuales son, básicamente, un motor de consumo para la economía salvadoreña. Para dar un poco de contexto, la economía de El Salvador (Medida por el «PIB» o Producto Interno Bruto) asciende a unos $27.5 mil millones, mientras que las remesas ascienden a unos $5.5 mil millones, representado un 20% de la economía nacional. Esto trae consigo beneficios y complicaciones. Por un lado, es una fuente de consumo que beneficia a un 20% de los hogares del país; por otro, hace resaltar la incómoda realidad de que somos un país poco productivo y mayormente consumista. El tener una fuente de ingresos externa tan grande hace que importemos mucho más de lo que exportamos, en detrimento de nuestra balanza comercial.

Sin embargo, no todo el dinero de las remesas se va a consumo, muchos de los hogares (especialmente en aquellos donde la cabeza de la familia es una mujer) destinan mucho de ese dinero a educación, lo cual tiene un impacto positivo en el ingreso esperado de los hogares en el futuro. Un segundo impacto menos visible es el costo de la fuga de talentos que tenemos. Estos profesionales que están trabajando, no sólo en EUA, pero también en otras economías como España, México, Chile y más, están innovando y generando riqueza fuera del país. Por el momento, parece que muy poco está cambiando social y económicamente, para motivar a estos profesionales a regresar o para lograr que los que se quieren ir se queden.

El cambio climático y las vacas

El cambio climático es, probablemente, el mayor desafío al que nos enfrentaremos como generación en las próximas décadas. Cada vez tenemos más evidencia que la actividad humana tiene un impacto significativo en el clima. Glaciares se han derretido y hay un aumento acelerado en el nivel del mar. A raíz de esto, han surgido muchas organizaciones que empujan por lograr cambios en legislación en distintos países con el objetivo de reducir la emisión de gases y el consumo o producción de plástico y otros materiales no biodegradables.

También hay países que se han preocupado un poco más por tener legislación más estricta, y empresas que han pagado el precio de hacer trampa para poder vender más. Volkswagen, por ejemplo, estuvo por mucho tiempo vendiendo en el mercado estadounidense algunos de sus modelos (Jetta, Beetle, Golf y Passat) con un motor diesel que podía detectar cuando le estaban haciendo una prueba de emisiones. Al detectar que estaba en una prueba, el motor reducía considerablemente las emisiones a niveles por debajo del límite permitido por ley. Para cuando los reguladores se enteraron de esto, Volkswagen ya había vendido unos 482,000 carros con este tipo de motor. Martin Winkertorn, el entonces director ejecutivo de Volkswagen, renunció a su puesto. Y Volkswagen se vio obligada a retirar estos modelos del mercado y a pagar una multa de $2,800 millones de dólares.

Aunque esto no habla muy bien del mercado, también hay quienes están usando el mismo como herramienta para tener un impacto ambiental positivo. Pat Brown, profesor de bioquímica de la universidad de Stanford y director ejecutivo de la empresa «Impossible Foods», está emprendiendo su lucha ambiental reduciendo el consumo de carne de res mientras genera ganancias en el proceso.

¿Cómo tiene esto un impacto en el medio ambiente? La vaca es uno de los animales que más contribuyen al cambio climático. En primer lugar, la producción de carne involucra demasiados recursos. Para producir una libra de carne de res se necesitan unos 1,800 galones de agua. Un tercio de las tierras dedicadas a la agricultura son para crecer alimento para vacas. Adicionalmente, las vacas producen gas metano, el cual es 25 veces más dañino para el efecto invernadero que el dióxido de carbono. El consumir 4 libras de carne de res tiene el mismo impacto ambiental que volar desde Nueva York a Londres. Si las vacas fueran un país, emitirían más gases que toda la Unión Europea. Más que reciclar, o reducir el consumo de plástico o compartir carro (lo cual está muy bien), el consumir menos carne de res es una de las acciones que puede hacer más por reducir nuestro impacto individual en el medio ambiente.

Esto nos trae al esfuerzo de Pat Brown y su empresa «Impossible Foods». En vez de ir por el tortuoso y difícil camino de querer cambiar la legislación, Pat se ha ido al origen del problema: las preferencias de consumo de la gente. La torta de hamburguesa creada por Pat tiene un impacto ambiental muchísimo más bajo que las de carne de res, además de tener un sabor muy similar a la carne de verdad, a tal punto que este producto ahora se vende en más de 17,000 restaurantes en el mundo.

El Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) el cual agrupa a unos 1,300 científicos pronostica un aumento de entre 1.4 a 5.6 grados Centígrados en temperatura promedio en el próximo siglo. Entre otros efectos pronosticados están el aumento de intensidad de huracanes, cambios en los patrones de lluvias, sequías más prolongadas, aumento del nivel del mar de entre 30 y 120 centímetros para el año 2100. El cambio climático es un problema real. Es imperativo hacer algo por mitigar los efectos que estamos provocando.

El poderío económico de la Liga Premier (2 de 2)

En mi columna anterior expliqué cómo los equipos de la primera división inglesa, al estar atados de manos para implementar algunos cambios comerciales para generar más ingresos, se separaron de la FA (Football Association) y fundaron su propia liga en 1992: La Premier League.

Uno de los primeros cambios implementados con el nacimiento de la Premier League fue modernizar la infraestructura de los equipos. Al pasar de gradas a asientos, muchos estadios disminuyeron su capacidad por mucho. Para compensar esta caída en ingresos comenzaron a incrementar precios y combatir el hooliganismo y así mejorar la experiencia dentro del estadio y a atraer a un público con mayor capacidad adquisitiva. Los clubes comenzaron a emular la manera en la que la NFL en Estados Unidos generaba ingresos por medio de mercadería alusiva al club. El Arsenal, por ejemplo, negoció en 2018 un contrato en el que la marca Adidas pagaría 300 Millones de Libras para vender los uniformes del equipo por 5 años.

Adicionalmente, al separarse de la FA, los equipos de la Premier League ya no estaban obligados a repartir el dinero de contratos televisivos por igual entre 92 equipos. Las negociaciones con las cadenas televisivas se comenzaron a hacer como Premier League, un bloque de 20 equipos. Se buscó que no hubiera mucha diferencia entre los ingresos repartidos entre el primer y el último lugar para velar por que la liga se mantuviera competitiva. En España y Alemania, por ejemplo, el primer lugar de cada liga se lleva hasta 3 veces más en ingresos que el último lugar. En la Premier League el primer lugar se lleva solamente 1.6 veces más ingresos que el último lugar. En 2017 el Sunderland, club que terminó en último lugar de la Liga Premier, y el Real Madrid ingresaron prácticamente la misma cantidad de dinero por derechos televisivos: unas 100 Millones de Libras Esterlinas.

Los ingresos de la liga también aumentaron de manera acelerada gracias a negociaciones más eficientes con las empresas televisivas. Mientras que en la temporada 1991/1992 los ingresos televisivos de la liga sumaron 170 Millones de Libras Esterlinas, quince años después la cifra aumentó a 1,530 millones. No es ninguna casualidad que en el «Football Money League» (Reporte anual de equipos de fútbol publicado por la firma Deloitte), 13 del top 20 de equipos que generan más ingresos son ingleses.

Este «boom» económico en la liga hizo que, ya sea por inversión o por hobby, magnates como Roman Abramovich y Mansour Bin Zayed se interesaran y compraran equipos como el Chelsea y el Manchester City. Toda esta inyección de liquidez en los equipos permitió que se pudiera ofrecer salarios más altos que otras ligas, y a naturalmente atraer mucho talento a la Liga Premier. En la última copa del mundo la liga que más jugadores aportó a la competencia fue la Liga Premier con 108. El segundo lugar fue la liga española con 78 jugadores.

¿Estos cambios han hecho algo por mejorar el nivel de la selección inglesa? En esto hay opiniones divididas, la selección inglesa solo ha ganado un mundial en toda su historia. Aparte de esto lo más cerca que ha estado de ganar otro mundial ha sido cuando logró cuarto lugar en Italia 90 y en Rusia 2018. Lo que sí es cierto es que se ha convertido en un auténtico espectáculo donde casi cada partido es a muerte (el castigo económico por descender es enorme) y la liga se mantiene competitiva prácticamente durante toda la temporada

El poderío económico de la Liga Premier (1 de 2)

El fútbol nació en Inglaterra hace más de 150 años y, aunque no es el país que acumule más copas mundiales ni eurocopas, somos muchos quienes pensamos que su liga doméstica es la más competitiva y atractiva del mundo. La Liga Premier Inglesa es al día de hoy la liga de fútbol que más dinero genera a escala mundial. Sin embargo, esta liga no siempre gozó del éxito económico que tiene ahora.

Para entender el porqué de este éxito tenemos que entender cómo era el modelo de negocio del fútbol británico antes de los años noventa en dos aspectos: sus fuentes de ingresos y el modelo de votación de sus ligas profesionales.

Previo a los noventa los ingresos de los equipos británicos eran generados casi en su totalidad por la asistencia a los estadios. La infraestructura dejaba mucho que desear; paredes cayéndose, baños en mal estado, ausencia de asientos en las gradas. El aficionado promedio era violento y llegaba borracho al estadio. Por si fuera poco, en 1989 en un partido entre Liverpool y Nottingham Forest en el estadio de Hillsborough murieron 96 personas y otras 766 resultaron heridas por una avalancha de gente. Nada de esto ayudaba a generar un ambiente atractivo o seguro para las familias. Los ingresos televisivos eran insignificantes, se creía que la televisión, lejos de ser un instrumento para multiplicar la base de aficionados, era una competencia directa a la asistencia a los estadios. Tampoco había un esfuerzo grande por generar ingresos por medio de mercadería o patrocinios, los equipos eran más un reflejo de la identidad de un barrio o ciudad y no una empresa que buscara potenciar ingresos.

Otro gran impedimento para el desarrollo económico de la primera división inglesa era la estructura de votos. La FA (Football Association) de Inglaterra estaba compuesta por 92 equipos de las cuatro ligas profesionales. Era la FA la que negociaba los contratos televisivos, y aunque solamente un puñado de equipos generaran casi la totalidad de partidos transmitidos, los ingresos televisivos se repartían equitativamente entre los 92 equipos de la FA. Cualquier cambio a este esquema requeriría ser aprobado con mayoría. Naturalmente ninguno de los equipos de ligas inferiores estaba interesado en cambiar esto. Un equipo como Nottingham Forest en 1980 (reciente campeón de primera división y bicampeón de Europa) recibiría la misma cantidad de dinero por derechos televisivos que el Scunthorpe United de cuarta división.

Fue iniciativa de los «Big 5» (Arsenal, Everton, Liverpool, Manchester United y Tottenham) comenzar a empujar por separarse la primera división de la FA y crear una liga privada donde ellos tuvieran un mayor control sobre las decisiones financieras sin depender de la voluntad de equipos de ligas inferiores. Es así como, después de superar una breve batalla legal contra la FA, que en 1992 nace la Premier League.

A partir del nacimiento de la Premier League comienza una serie de cambios. Luego de la tragedia de Hillborough los equipos comienzan a invertir en modernizar sus estadios y a combatir el «hooliganismo» para crear un ambiente más agradable a los aficionados. Al incorporar asientos, estadios como Highbury del Arsenal pasaron de tener una capacidad de 55,000 aficionados a solamente 36,000. Se necesitaba otra fuente de ingresos y se entendió que la televisión tenía el potencial de llevar las marcas más allá de Inglaterra y generar mucho dinero, y es así como los 20 equipos comienzan a negociar agresivamente derechos televisivos con cadenas como SKY.

En la próxima columna comentaré sobre cómo estos cambios tuvieron un impacto económico y deportivo en el fútbol inglés.

Libra (la de Facebook, no la esterlina)

El pasado 18 de junio Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Facebook, anunció que en 2020 lanzarían una nueva moneda llamada Libra. No es la primera vez que una empresa, o una entidad no pública, lanza una unidad de cambio. Ya hemos visto como otros tipos de moneda (o criptomonedas) como Bitcoin y Ethereum han tenido muchos problemas de eficiencia, riesgo y legitimidad.

Este es un sector relativamente nuevo, en el cual nadie ha logrado descifrar aún de manera muy eficiente. Bitcoin, por ejemplo, es una moneda que sufre de una volatilidad que asusta, no tiene un sustento o respaldo como lo tienen otras monedas con reservas de bancos centrales, y es muy ineficiente en su operación (cada transacción de Bitcoin usa una cantidad absurda de energía, por todas las computadoras que deben estar conectadas para sostener su ecosistema). Facebook, siendo una empresa enorme y con recursos suficientes, tiene una muy buena oportunidad de ser exitoso en este nuevo proyecto.

De cierta forma, Facebook está intentando resolver algunos de los riesgos o preocupaciones asociados con las criptomonedas. La manera en la que funcionaría, según explicó Zuckerberg en junio es que la Libra estaría respaldada por una combinación de monedas estables, mitigando la volatilidad y especulación que sufren otros instrumentos financieros. La plataforma de Libra sería mucho más rápida que Bitcoin, al procesar unas 1,000 transacciones por segundo en vez de 7. Libra también estaría controlada por un consorcio de potencialmente 100 empresas que tendrían igual poder decisión y votos, de las cuales 28 se han sumado hasta la fecha (Spotify, Uber, Visa, etcétera). Esto significa que Facebook no tendría control completo sobre la moneda, lo cual ayuda a disipar un poco la preocupación sobre los problemas de seguridad de información que Facebook ha tenido últimamente.

De ser exitoso, el proyecto de Libra tiene un potencial enorme que revolucionaría cómo funciona la banca tradicional en el mundo. Con una base de 2,400 millones de usuarios de Facebook, Libra podría convertirse en una de las monedas de mayor circulación en el mundo y facilitaría la bancarización de millones de personas que no tienen acceso a servicios financieros por limitantes económicas o geográficas, especialmente en mercados emergentes. También haría las transacciones de dinero mucho más fáciles y baratas. En vez de cobrar comisiones de alrededor de 5 % como lo hacen algunos bancos, transferir Libras costaría apenas centavos por transacción. De esta manera Facebook está diversificando su negocio más allá de las otras 72 empresas que ya ha comprado hasta hoy.

¿Qué significa esto para El Salvador? La implementación de este nuevo producto financiero (o tipo de cambio) sería operativamente fácil. Somos un país donde hay más teléfonos celulares que personas. La alta penetración de Facebook y WhatsApp haría que el proceso para sumarse a la plataforma de Libra sea muy simple. El verdadero desafío sería regulatorio. En un país con altos niveles de corrupción el dinero mal habido (pensemos en sobornos y extorsiones) podría cambiar de manos de manera más ágil. Será muy interesante ver cómo otros países van construyendo la estructura legal sobre la cual funcione Libra y cómo nosotros adaptamos nuestro marco legal para sumarnos a esta nueva herramienta.

Aterrizando lo macro

El país está pasando por una racha negativa de indicadores macroeconómicos que nos afectan a todos, en gran parte resultado de una irresponsable gestión. La deuda pública que nos deja el FMLN es más grande y cara (vamos cayendo en la calificación de riesgo), el crecimiento de la economía es tan solo una fracción de lo que crecíamos hace años, el desempleo y subempleo tampoco van por buen camino. Y, a pesar de que el Estado recauda más dinero de ciudadanos como usted y yo, no hemos visto esos ingresos traducidos en obras y servicios palpables para la población.

En ocasiones los indicadores macroeconómicos parecen ser muy fríos o etéreos. Hablar de inflación, deuda, PIB y más datos macro suele ser algo que a escala individual no lo percibimos de manera tan directa ni nos llama mucho la atención ¿Qué le va a importar al microempresario que es extorsionado a diario si el país se endeudó más o no? ¿Qué le va a importar a la madre soltera que tiene que decidir entre comer o mandar a sus hijos a la escuela si el PIB creció menos que toda la región? Con tantas necesidades y dificultades es un reto difícil aterrizar estos temas y hacerlos parecer importantes.

Sin embargo es necesario destacar que sí nos afectan. Los errores y aciertos de nuestros funcionarios sí afectan al ciudadano de a pie. Los anteriores impagos de la deuda a las pensiones y el deterioro de la calificación de riesgo harán que los intereses de la deuda que adquiera el Gobierno (ultimadamente pagada por usted, contribuyente), sea más cara. ¿Qué significa eso? Menos dinero disponible para inversión pública. Adicionalmente, esto también se traduce en el ajuste de varias carteras como Educación y Salud, ministerios importantísimos para el desarrollo de la población. Y es así como se van olvidando algunas promesas de campaña, como la del exprofesor Sánchez Cerén, quien prometió en campaña elevar la inversión en educación pública al 6 %, y lejos de eso le quitó más de $5 millones en su momento.

Y es en estas acciones donde se detona el efecto directo a la población: ¿en cuántos docentes debidamente remunerados se transforman esos $5 millones? ¿Cuántas diálisis se pueden ofrecer con los más de $4 millones que se le quitaron a Salud? ¿Cuántas medicinas pudieron haber sido compradas? Estemos de acuerdo o no con la ejecución de algunas de las políticas sociales del Gobierno estas reducciones son servicios que deja de gozar la población. Las cifras dan aún más rabia cuando vemos que de su dinero (el de usted, contribuyente) están dedicando más de $4 millones a seguros médicos privados para los diputados de la Asamblea Legislativa.

A pesar de los aprietos por los que podamos estar pasando como población es importante informarnos. Es difícil cuando hay quienes sus condiciones les exigen que trabajen siete días a la semana y sus dificultades disminuyen la relevancia de preocuparse por los temas de país, pero entre más nos estemos informando más probable es que exijamos resultados. Piense que a los funcionarios que hacen una mala gestión les conviene tener a una población desinformada: entre menos enterados estemos nosotros ellos tienen más margen de hacer tan mal trabajo como su mediocridad e incapacidad se los permita.

Los próximos cinco años

El próximo 1.º de junio tenemos nuevo presidente de la república, el primero en la posguerra en ser elegido fuera de uno de los partidos tradicionales. Gran parte del éxito o fracaso de la próxima administración será definida por cómo se identifiquen, prioricen y se enfrenten los distintos desafíos que tenemos como país en este momento.

Los problemas en El Salvador abundan. En 2018 se cerró con una tasa de homicidios de más de 50 por cada 100,000 habitantes, lo cual nos posiciona como el país más violento del Triángulo Norte. Tenemos una deuda pública que sobrepasa el 50 % del PIB. Alrededor de 15 % de estudiantes graduados de bachillerato se matricula para educación superior, y muchos menos logra concluir sus estudios universitarios (cosa que ni el mismo presidente electo logró completar a pesar de tener recursos para hacerlo). Y como estos podemos comenzar a nombrar muchos datos alrededor de la violencia, salud, educación y finanzas públicas que sugieren que las cosas tienen que comenzar a cambiar para bien. Es importantísimo que se sepa muy bien a lo que nos enfrentamos como país y qué lo está causando. Esto se puede coordinar con universidades, ONG y tanques de pensamiento que llevan décadas en este esfuerzo. La lucha no es contra los medios, contra la democracia o contra rivales políticos.

El siguiente paso después de un diagnóstico adecuado de los problemas de país es priorizarlos. Si en algo fue bueno el FMLN es en sacarle más dinero a la población por medio de impuestos. El Estado ahora ingresa mucho más dinero de lo que ha ingresado históricamente (un crecimiento de más del 20 % en los últimos tres años). Si bien esto le da mucho más recursos al Estado, estos no dejan de ser limitados. No podemos resolver todos los problemas del país en cinco años, pero sí se puede hacer algo por lo que más está aquejando a la población. El dinero no solo alcanza cuando nadie roba, el dinero alcanza cuando sabemos invertirlo adecuadamente en proyectos que van a tener un impacto positivo. Cada dólar invertido en una iniciativa es un dólar menos que se pudo invertir en otra. Es esencial saber dónde sí y dónde no dirigir los fondos públicos.

De nada sirve que tengamos identificados y priorizados los problemas de El Salvador, si no implementamos acciones concretas para enfrentarlos. Casi tan importante como la implementación de los planes son quienes serán responsables por impulsarlos. Por lo menos en este sentido hemos visto algunas elecciones de personas que parecen competentes, que están más y mejor preparadas que el presidente electo. Vale la pena darles el beneficio de la duda; exigir en los desaciertos y reconocer cuando se avanza. Al final serán ellos quienes decidan cómo invertir los fondos públicos. Algo muy importante es saber distinguir entre gasto e inversión. El gasto es algo que no traerá ningún beneficio futuro, como pagar electricidad, un carro nuevo para un funcionario o una cena. La prioridad debería ser dirigir lo más que se pueda fondos públicos a inversión o proyectos donde podamos medir un impacto a futuro, y sepamos que lo que se invirtió resultó en algo de más valor para la sociedad.

La situación en la que la administración Bukele hereda el país no es fácil, pero sería un gran error enfocarse en apuntar dedos a culpables. Ya todos sabemos dónde está el país y quienes lo llevaron a la situación actual. Lo que necesitamos es tener más soluciones y trabajo, menos revanchismo y marketing político. Para la oposición también sería un error intentar boicotear cualquier iniciativa solo porque venga de un rival político. Cada iniciativa debe ser discutida y contemplada por sus propios méritos, si beneficia a la población o no, no por quienes la impulsan.

El mercado de videojuegos

La industria de videojuegos generó más de $138 mil millones en 2018, un aumento de más del 13 % respecto al año anterior. El conglomerado chino Tecent, dueño de Epic Games (creadores del juego Fortnite), y Supercell (creadores de juegos como Clash of Clans y Clash Royale) tiene un valor de mercado de unos $450 mil millones. Para ponerlo en perspectiva, el valor de Tencent es 18 veces el tamaño de la economía total de El Salvador. Activision Blizzard tiene un valor de mercado de unos $36 mil millones y genera alrededor de 10 mil empleos.

Así como Tencent y Activision Blizzard, hay muchas empresas parecidas que han venido creciendo y evolucionando desde que los videojuegos comenzaron a propagarse comercialmente a finales de los años ochenta.

Los «millennials» fuimos la primera generación que nació junto a los videojuegos. Juegos como Super Mario Bros y Duck Hunt tocaron la vida de muchos y nos entretuvieron por miles de horas. Sin embargo, la industria ha tenido una serie de ciclos de innovación desde que comenzaron a propagarse en el mercado con empresas como el Nintendo y Atari.

La experiencia alrededor de los videojuegos en los años noventa era mucho más «offline» que ahora. Era usual que grupos de amigos se juntaran en una casa a jugar Mortal Kombat, Street Fighter o Mario Kart. No siempre todos jugaban al mismo tiempo, y aun así el simple hecho de ver a uno de tus amigos pasando algún mundo de Super Mario World era suficiente entretenimiento, siempre y cuando el control te llegara eventualmente cuando fuera tu turno. De alguna forma, y aunque todo era proyectado en un televisor, al final siempre terminaba siendo una experiencia social.

Las consolas fueron evolucionando, de tal manera, que más gente podía interactuar al mismo tiempo. Títulos como Mario Party y Mario Kart permitían que cuatro personas pudieran jugar simultáneamente conectadas en la misma consola. Sin embargo, paralelo a la evolución de las consolas, a finales de los años noventa, los juegos de PC, que no necesitaban ser jugados en una consola como un Playstation o Nintendo 64, también iban evolucionando, integrando el internet. Temas como Age of Empires permitían que hasta ocho personas pudieran estar jugando el mismo juego, cada uno desde su casa, en su computadora por medio del internet.

Eventualmente las consolas también incorporaron la conexión a internet, lo cual comenzó a modificar la dinámica de juego. Aunque los grupos de amigos se reunían físicamente a jugar juntos, los partidos en línea comenzaron a ser más populares. Naturalmente es mucho más cómodo y fácil de coordinar que la alternativa «offline».

La industria de videojuegos tuvo su última gran transformación con la llegada de los «smartphones». Desde la introducción del iPhone al mercado, los teléfonos han servido para mucho más que solo hacer llamadas por teléfono, y las empresas de videojuegos han sabido capitalizar muy bien esta oportunidad. Solamente en 2018, entre las tiendas virtuales de Apple y de Google Play, se descargaron más de 113 mil millones de juegos para «smartphones». Lo curioso es que la distribución demográfica también ha ido evolucionando. Mientras que antes la mayoría de consumidores de videojuegos eran hombres, ahora las mujeres son mayoría en cuanto a descargas de juegos para «smartphones».

Sin duda es una industria fascinante, la cual provee a millones de personas alrededor del mundo un canal de entretenimiento. De cierta forma, los videojuegos compiten contra otras industrias de entretenimiento como eventos deportivos, televisión por cable, el cine y hasta la vida nocturna. Con la adopción de procesamiento en la nube y a medida vamos teniendo conexiones más rápidas al internet, la industria seguramente tendrá otro ciclo de evolución en la próxima década, fortaleciendo su modelo de negocios y encontrando nuevos nichos de mercado.

Latinos y gringos

Trabajando en varios países de Latinoamérica uno se da cuenta que hay diferencias entre nosotros, la mayoría son pequeñas, pero se notan. Pienso que en promedio la mayoría de latinos tenemos más o menos los mismos vicios y las mismas virtudes. Eso hace que adaptarse a cualquiera de estos países no tenga mayor complicación.

Desde hace unos seis meses he estado estudiando una maestría en Estados Unidos, y si bien no es lo mismo que trabajar, la dinámica académica tiene destellos de cómo se desenvuelve la cultura «anglosajona» en lo laboral. Las diferencias acá son varias, más marcadas. Estas son algunas de las diferencias que he notado en seis meses conviviendo con latinos y gringos (vale la pena destacar que esta lista es con base en nadita más que mi mera percepción y no pretende ser un estudio serio).

Reuniones: se trata de tener las menos posibles, el coordinar que varias personas se junten es bastante difícil. Se dedica poco tiempo para conversaciones de temas no relevantes a la reunión y se va al grano casi desde el principio. A la hora de describir una historia o de contar algo, por lo general, un gringo es mucho más estructurado: «Pasó A por las razones B y C. Para resolverlo vamos a hacer D». Por otro lado, cuando los latinos empezamos una reunión nos gusta comenzar con un «¿y cómo estás? ¿Qué tal el fin de semana?» y así. A la hora de contar una historia nos gusta construir narrativa y ser más descriptivos. Todo esto, pienso, nos lleva a construir relaciones y amistades más cercanas con nuestros equipos y compañeros de trabajo, y también a que nuestras relaciones sean menos transaccionales.

Puntualidad: aunque siempre hay excepciones, a los gringos les gusta mucho la frase «If you’re on time, you’re late» que es algo como «si llegás a la hora exacta, ya estás tarde». La puntualidad es la norma y no la excepción. La gente es muy respetuosa del tiempo de los demás. Esto, me parece, es reflejo de una cultura más rígida y estricta. Nosotros, por el contrario, pocas veces somos puntuales, pero también pienso que podemos ser más flexibles; y eso puede ser una gran ventaja tanto en lo personal como en lo profesional.

Orientación al servicio: este es un atributo más complejo y he notado que cambia de ciudad en ciudad. La amabilidad con la que te pueden tratar en un comercio no es la misma en Austin que en Nueva York. Sin embargo, la atención al cliente tiene altos estándares; si se trata de una devolución, cambio o cualquier problema con el envío de algún artículo casi siempre tratan de enmendarlo y de darte algo extra por la dificultad que tuviste. Esto es algo más difícil de encontrar en Latinoamérica. Si un cliente tiene algún inconveniente solo algunas empresas tratan de enmendarlo, con otras (muchas más) es muy probable que solo te llevés la mala experiencia. En lo que sí pienso que nadie nos gana es en el carisma. El trato humano, por lo general, es mucho más agradable y detallista en Latinoamérica.

De nuevo, esto no tiene fundamento más que el de mi experiencia. Nunca cae mal dar un paso atrás y fijarse un poquito en las diferencias culturales que podemos tener. Para bien o mal esas diferencias son reflejo de nuestra identidad y hacen un proceso de adaptación muy interesante.

3 F desde fuera

Se siente un poco extraño vivir el sentimiento electoral de El Salvador estando lejos. Acá la gente seguía su vida cotidiana como si nada, mientras yo estaba revisando redes sociales a cada rato: leyendo artículos, comentarios y tuits sobre cómo se iba desenvolviendo la jornada electoral el 3 de febrero pasado.

Esta era la primera vez que me tocaba vivir unas elecciones presidenciales desde afuera. Imagino que unos 10 o 15 años atrás, cuando todavía no teníamos el “boom” de las redes sociales como ahora, era mucho más difícil informarse. Ahora podemos dar seguimiento a cada noticia en tiempo real y hasta ver en vivo los debates presidenciales. Aún así uno no deja de sentirse lejos, casi ajeno. Yo lo comparo con la diferencia entre ver un partido de fútbol por televisión versus verlo en el estadio.

Ese 3 de febrero por ahí de las 9 o 10 de la noche ya era bastante claro que Bukele y su partido GANA iban muy por delante del resto, ya tenían ganadas las elecciones. Después de tres décadas de bipartidismo alguien había logrado romper con el péndulo de poder, por lo menos en el Ejecutivo, que habían concentrado ARENA y el FMLN. Desde afuera casi me parecía mentira. Recuerdo despertar el lunes y revisar mi teléfono para cerciorarme que, en efecto, GANA se había llevado las elecciones.

El candidato de GANA, en mi opinión, está muy lejos de ser lo que necesita el país. Ya llevamos décadas sin un presidente que tenga por lo menos educación universitaria, confiando solo en sus “buenas intenciones”. Sé que la educación no garantiza la ética, pero es lo mínimo que deberíamos de exigir de alguien que tome las riendas del país en el Ejecutivo. El tener a alguien con buenas intenciones pero sin aptitudes o la preparación adecuada para gobernar es una receta perfecta para un populismo cortoplacista que genera muchos más problemas de los que soluciona. Ambas cosas, la preparación académica y las ganas de servir no son mutuamente excluyentes. Enfocarnos y demandar de la oferta política solamente uno de estos atributos es ser mediocres. Podemos exigir y nos merecemos más.

A pesar de todo ya tenemos presidente electo. Por primera vez alguien que no responde a cúpulas partidarias tiene la oportunidad de desechar lo malo que se ha venido haciendo y continuar lo que ha venido funcionando de administraciones anteriores. También necesitará contar con apoyo legislativo, ya que los 11 diputados de GANA (13% de la Asamblea Legislativa) no son algo significativo para poder gobernar. El tender puentes con rivales partidarios requerirá de una actitud más conciliadora y humilde de parte de Bukele, lo cual quizá sea su reto más grande hasta ahora en su carrera política. Este también parece ser un punto de quiebre para los partidos tradicionales. El mensaje que ha dado la gente en las urnas es de “evolucionar o morir”. Aplicar las mismas estrategias, los mismos mensajes y seguir con las mismas caras asegurará la extinción merecida de ARENA y el FMLN.

A los ciudadanos nos toca ser más vigilantes. Tenemos a un presidente electo que tiene muchas cosas por las cuales responder, como el financiamiento de su campaña y las investigaciones en proceso en la Fiscalía, y un comportamiento que para muchos es antidemocrático. Por mi parte, estando lejos, veo el panorama muy complicado. Espero equivocarme en mis sospechas y que el país dé un giro para que los salvadoreños tengan menos razones para irse del país y quienes estemos afuera tengamos más razones para regresar.