Nuestro Tiempo: ¿Licuadora Ideológica?

Desde la separación de Johnny Wright y Juan Valiente de ARENA, muchos hemos seguido con interés la formación de su nuevo partido: Nuestro Tiempo. Guiados por la constante decepción de ARENA y el FMLN, muchos vimos en este nuevo esfuerzo una oportunidad para quebrar con las malas prácticas de hacer política del pasado y comenzar a llenar el espacio público de perfiles honestos y capaces.

Ha sido muy alentador ver perfiles de gente muy preparada y con espíritu de servicio (Leonor Selva, Aída Betancourt, Javier Cándido, etc.) en las elecciones internas de Nuestro Tiempo. Hay que tener mucha valentía en estos tiempos de acoso virtual y abusos de poder para animarse a participar en puestos de elección pública. Sin embargo, algo que siempre me ha inquietado sobre el partido, como lo comenté en una columna en 2019, es la falta de claridad en cuando a posturas e ideología. Pienso que vale la pena revisitarlo, y preguntarse qué postura tiene Nuestro Tiempo sobre temas relevantes como el manejo del sistema de pensiones, o sobre la protección deliberada a ciertos sectores económicos como el azúcar, o sobre el rol del Estado para el desarrollo de la economía, y muchos temas más.

Reconozco que la diversidad de pensamiento siempre es saludable dentro de cualquier organización. El debate sano ayuda no solo a que surjan mejores soluciones, también fomenta valores democráticos que tanta falta hacen en la política salvadoreña. Sin embargo, hay perfiles que tienen posturas diametralmente opuestas en aspectos tanto económicos como sociales dentro del partido. El ejemplo más claro que se me ocurre es el de Bertha DeLeón, quien tiene muchísimas credenciales como abogada y activista social, pero, probablemente, tiene posturas muy distintas a otros perfiles dentro del partido. Esto hace que sea difícil trazar una línea de pensamiento clara o una idea que una al partido completo.

Leonor Selva explicó esta semana, en una columna publicada en este periódico, lo que ella piensa que une a todos los candidatos de Nuestro Tiempo: «Una vocación democrática irrenunciable e innegociable», «un profundo desprecio a la corrupción, el abuso de poder y el ejercicio de la función pública para el beneficio propio y no de la sociedad» y «una visión centro-humanista, que no es más que la convicción de que la libertad y el bienestar de la persona es el fin y el origen del Estado». Todas me parecen excelentes guías para el ejercicio de la política, aunque, a mi parecer, no dejan de ser muy genéricas. Es un poco triste que un partido destaque por expresar explícitamente ideales tan básicos que deberían estar presentes en un país democrático, lo cual habla muy mal del resto de partidos políticos.

Tal vez ahora no sea el momento para tirar líneas partidarias sobre los temas más relevantes del país, después de todo, las elecciones que se vienen son de diputados y alcaldes, y, afortunadamente, podemos evaluar y votar por cada candidato por sus credenciales y posturas. Sin embargo, la dilución de posturas claras le puede jugar mal a Nuestro Tiempo de cara a elecciones Presidenciales en el futuro, donde se vota por una persona que, en teoría, debería reflejar las posturas y principios del partido a la hora de hacer política. Como votante, pienso que es necesario saber en qué exactamente cree Nuestro Tiempo, más allá de los principios democráticos.

Enjaranados

La deuda pública parece una cifra fuera de nuestro entorno. Se habla de la deuda como si fuera algo que no nos afectara. El tener deuda alta se ve como algo preocupante, pero no realmente urgente, pareciera que son números que no se traducen a la vida del ciudadano de a pie, no es algo más que un tema de discusión para analistas políticos o economistas. Sin embargo, vale la pena entender como funciona la emisión de deuda externa y qué es lo que estamos sacrificando como sociedad.

Conceptualmente, el crédito es consumir un poco más ahora sacrificando el consumo del futuro. Es conseguir esos fondos hoy, con la promesa de pagarlo el día de mañana. No toda la deuda es mala. El tener deuda nos permite invertir hoy en proyectos que generan rendimientos que pueden ser mayores que los costos, aumentando el consumo total a través del tiempo. El nivel de deuda usualmente se ve en relación con el Producto Interno Bruto. Esta es una buena manera de estimar qué tanto «aguanta» nuestra economía con el nivel de deuda. El Salvador históricamente ha sido un buen acreedor de deuda, ya que siempre hemos pagado a tiempo y hemos tenido un nivel saludable de deuda.

Otro elemento importante a entender sobre la deuda es que esta se hace más cara a medida va aumentando. Cada dólar extra de endeudamiento incrementa el riesgo del país de caer en default, riesgo que de alguna manera está reflejado en la tasa de interés. No es lo mismo cuando el país toma prestados $100 millones teniendo un 50 % de deuda a PIB, que cuando esos mismos $100 millones se coman con un 80 % de deuda a PIB. El pago de esta deuda, junto con intereses, va acaparando más de los ingresos del Estado, el cual tiene muchos otros gastos más que mantener, como el salario de empleados públicos (profesores, médicos, policías, diputados, etc.) u otros gastos recurrentes (mantenimiento de carreteras, oficinas públicas, puertos, etc.).

En El Salvador, estamos llegando a niveles alarmantes de deuda contra PIB. Incluso antes de la pandemia, ya rondábamos niveles cercanos al 75 % de deuda sobre PIB (hace 20 años no llegábamos ni al 30 %). Obviamente, con la pandemia se ha necesitado de fondos de emergencia para poder hacerle frente a la crisis sanitaria en el país. Si las cosas siguen como hasta ahora, podríamos llegar a una deuda cercana al 90 % del PIB para el final del año. Con o sin pandemia, es importantísimo que cada emisión de deuda sea justificada con un proyecto que dé rendimientos positivos. Ya sean proyectos sociales o de infraestructura, cada centavo debe ir destinado a inversiones que generen beneficios para la población.

Aunque sea difícil verlo, el impacto será más evidente en un futuro. El tener problemas para repagar la deuda se traduce en peores servicios del Estado y en presión para subir impuestos. En algunos países la presión ha sido tal que ha resultado en la estatización industrias (obvio siempre con el discurso barato que estas empresas son enemigas del pueblo) para de alguna manera generar más ingresos. ¿Estamos nosotros cerca de eso? Yo pensaría que no, pero tampoco pensé que en El Salvador, luego de sobrevivir a dos cambios de gobierno desde los Acuerdos de Paz, tuviéramos una administración a la que le incomodara tanto la Constitución y la balanza de poderes.

Cuando esto pase

Es difícil verle fin a la situación actual. Apenas vamos viendo cómo algunos países están controlando la velocidad de contagio. Sin tener pruebas masivas, tanto de diagnóstico como de anticuerpos, y sin vacuna para el COVID-19, parece que nos queda algo de tiempo por recorrer. Sin embargo, vale la pena comenzar a pensar en cómo elementos, tanto de la vida personal como profesional, van a cambiar.

Algunas industrias serán más afectadas que otras. Esto ya lo estamos viendo en aerolíneas, hotelería y turismo, y otras industrias donde existe constante contacto entre muchas personas. Es difícil imaginar, aún en un escenario donde reabrimos la economía de manera «normal» otra vez. Ver salas de cine o el Estadio Cuscatlán llenos, sin que esto represente una verdadera amenaza para un rebrote, parece poco realizable a mediano plazo.

Sí, el desempleo está empeorando, la actividad económica está bajando. La gente y los negocios están haciendo malabares para seguir llevando sustento a sus hogares. Ahora, cuando más necesitamos a un gobierno conciliador y capaz es cuando desafortunadamente tenemos la mala suerte de haber elegido a uno que prioriza las guerras mediáticas y el armar «planes» pegados con saliva, más que diseñar una estrategia que vele por la salud y economía (enfoques que no son mutuamente excluyentes).

A pesar de esto, siempre podemos detectar oportunidades que surgen a partir de las crisis. Muchos de los comportamientos van a cambiar y con esto cambia lo que demanda el mercado y de qué manera lo demanda. Todo lo que tenga base sobre tecnología y comunicación tiene potencial de ampliarse. Trabajos como diseño, consultoría y asistencia virtual tiene la gran ventaja de no necesitar un contacto permanente con su clientela. Lo vamos ahora con casos como el de Zoom, que ha visto sus ingresos multiplicarse al ver cómo la demanda por sus servicios explota por la necesidad de las empresas y personas de seguirse comunicando por medio de plataformas virtuales. Ahora más que nunca, de cara al futuro, debemos entender lo importante de invertir en educación y tecnología en el país.

Además de un período de disrupción en la manera de hacer negocios, también se viene un período de oportunidad para financiar nuevos proyectos. Ya comenzamos a ver estímulos fiscales en algunas economías, lo cual se puede traducir en alta liquidez, acceso al crédito, y bajas tasas de interés. Esto baja las barreras a la inversión y tiene el potencial de traducirse en nuevos polos de desarrollo para el país.

Nuestro entorno personal también se ha visto afectado. El encierro extendido tiene impactos sicológicos serios para muchos, especialmente para las familias que no pueden verse. También hay compatriotas que no pueden regresar al país por miedo a terminar en los centros de contención del Estado, que, lejos de brindar seguridad, parecen más una sentencia a muerte. Ojalá también aprendamos de esto. Ojalá valoremos la compañía de la familia y de los seres queridos. Que aprendamos a ignorar el celular y a estar más presentes cuando estamos hablando cara a cara con otros. Que no hay tecnología que pueda sustituir al contacto humano.

Estudien

Desde antes de las elecciones hablemos de si es necesario o no que tengamos servidores públicos con educación más allá del bachillerato. Sigue siendo un tema relevante, especialmente en estos momentos de crisis, donde son ellos quienes dan la pauta para tomar decisiones que afectan a millones de personas. La importancia de insistir en preparación académica pasa precisamente por comportamientos de funcionarios como Bukele. Solo quien no valora la educación piensa que esta no va más allá de memorizar información, o aprender a hacer modelos financieros, o a usar Excel, o a usar un programa de diseño. El valor de la educación va más allá de lo técnico.

Primero, lo normal es que en la universidad te toque trabajar en equipo junto a otros alumnos que también se están preparando. Cada uno tiene sus distintos criterios, puntos de vista y maneras de enfrentar problemas. Esto te obliga a darte cuenta de que no siempre tenés la razón, a compartir tus ideas, que estas sean examinadas, criticadas y cuestionadas por otros. En este ejercicio repensás y fortalecés tus opiniones y puntos de vista. Aprendés a escuchar a otros y a estar abierto a que se puede aprender de los compañeros tanto o más que de los profesores o de los libros.

Segundo, te da una red de amistades y profesionales para el resto de la vida que te pueden convertir en mejor persona. Tus colegas se van a trabajar a distintas organizaciones, tanto públicas como privadas). Se va distintas ciudades y países, fundan empresas. Esa reciprocidad de estar pendiente de ellos, y ellos de uno, te muestra qué cosas van funcionando en la vida, qué cosas evitar y de qué manera se pueden enfrentar desafíos personales y profesionales. Tu mundo se expande.

Ahora pensemos en un tipo que no estudió porque no quiso, a pesar de tener todos los recursos disponibles para ello. Solo eso ya dice mucho del carácter y los valores de una persona. Pensemos que este tipo, a través de toda su vida laboral siempre fue el hijo del dueño. ¿Qué oportunidad de formar buen criterio hay en un lugar donde nadie te cuestiona las malas decisiones y te dicen que «sí» a todo? ¿Qué incentivo hay para el diálogo y la construcción de ideas donde los berrinches priman sobre la razón? ¿De qué tipo de profesionales te estás rodeando, cuando lo único que hacés es manejar (y quebrar) discotecas y vender motos? Que no nos sorprenda entonces el tipo de gente que tenemos en el gabinete y la falta de capacidad de este. Que tampoco nos sorprenda que de cara a las elecciones se ya se están enfocando en guerras mediáticas, bien saben que la cancha en la que se sienten cómodos es en la de la división y desacreditación, no en la de la capacidad para gobernar.

Así que no, no exigimos preparación académica porque un «cartón», como lo llaman de manera peyorativa quienes no la valoran, solucione todo. Y si bien la educación no te garantiza todo debería ser el mínimo de exigencia para nuestros funcionarios. Es que la educación te debería hacer mejor persona y profesional. Son precisamente estos dos elementos los que más hacen falta en esta administración, y se nota.

¿Qué sigue?

La situación que está viviendo El Salvador y el mundo no es fácil. Es complicado para esta administración planificar y pensar más allá de los próximos días o semanas. Es natural que, con tantas vidas en juego, se priorice la urgencia de contener las infecciones de COVID-19. Estemos de acuerdo o no con las medidas de emergencia que se estén tomando, esto se superará y nunca es muy temprano para que comencemos a pensar en qué sigue después.

El impacto económico que el COVID-19 ha tenido en tan solo unas semanas es inmenso. Aunque esto no se pudo haber prevenido ni es culpa de nadie, mal haría esta administración en no prestar atención a medidas para mantener viva la economía. Se debe elaborar un plan para la reactivación de sectores productivos. Preocuparse por la economía no significa dejar de lado el tema de salud, ni viceversa. No son temas mutuamente excluyentes. Son temas que deberían ir de la mano, ya que el sacrificio completo de uno tiene inevitables consecuencias en detrimento del otro.

¿Cómo comenzamos? Primero, como con cualquier mal, hay que hacer un diagnóstico. No todas las industrias han sido impactadas de la misma manera. El aumento en la demanda de ciertos productos ha tenido un impacto positivo en varias industrias. En algunos países hemos visto como las ventas en supermercados, distribuidoras, artículos de primera necesidad, videojuegos, y hasta rompecabezas se han disparado de una manera acelerada. Así también en El Salvador tenemos sectores que están experimentando un aumento precipitado en demanda. El Estado debe reunir expertos en economía, líderes de sectores (tanto la gran empresa como las MIPYMES) y comenzar a mapear el estado y tendencia de los distintos sectores productivos.

Segundo, hay que priorizar cuáles sectores son más importantes. ¿Por dónde comienza este ejercicio de priorización? Es importante fijarse en el tamaño de las industrias, la interdependencia entre ellas, y el impacto en número de empleados. El tamaño es importante, porque nos da una idea de cuánto es el impacto económico de descuidar un sector. La interdependencia también importa, los sectores económicos no son silos que viven aislados unos de los otros. El que un sector no funcione puede tener un impacto altísimo en el funcionamiento de otros alterando su cadena de suministros. De igual manera el número de empleados también es importante, ya que es el consumo agregado de todos lo que mantiene viva economía una economía.

Tercero, se tiene que armar el plan. Para esto no hace falta reinventar la rueda. Otros países ya han comenzado a echar a andar paquetes de estímulo económico a las industrias que están sufriendo más. ¿En qué se traduce esto? Créditos baratos (especialmente a las MIPYMES y otros sectores que concentran una gran cantidad de empleados), subsidios temporales a empleadores para hacer frente a compromisos salariales, seguros de desempleo, entre otros.

Hay mucho que hacer, y para esto existe un Estado. Es difícil resolver en medio de tanta ambigüedad, por eso es saludable y necesario rodearse de expertos. Ahora, más que nunca, es cuando necesitamos integrar a la gente correcta a la discusión; expertos en salud pública y epidemiologia deben formar parte de la discusión de planes de salud. Economistas, líderes sectoriales y expertos en cadenas de suministro deben de ser incluidos para idear un plan de reactivación económica. Los spots publicitarios, y demás acrobacias comunicacionales deberían pasar a segundo plano.

Aliados

El pasado 8 de marzo fue el día internacional de la mujer. Hubo manifestaciones en muchas ciudades, San Salvador no fue la excepción, en las que mujeres se juntaron para exigir más avances y hacer conciencia sobre temas como la igualdad de género y la violencia de género entre otros. Existe una disparidad real de género en el ámbito profesional que va más allá del hecho que las mujeres en promedio ganen alrededor del 80% de lo que gana un hombre.

Solamente el 6% de los CEOs (Directores ejecutivos) de las 500 compañías más grandes de EEUU son mujeres. Aunque muchos argumentan que esto es causado en parte por las decisiones profesionales de las mujeres, hay mucho más detrás de este número. En este contexto las expectativas «sociales» influyen en que las mujeres terminen en áreas de soporte como Recursos Humanos o Marketing y no en unidades de negocio, que son por lo general los puestos desde donde salen candidatos más fuertes para un puesto de CEO. También existen sesgos, tanto conscientes como inconscientes, que solo abonan a la discriminación por género dentro del trabajo. Una misma acción puede ser vista como valiente cuando la hace un hombre, pero agresiva cuando la hace una mujer, o empático cuando la hace un hombre, pero débil o suave cuando la hace una mujer. Esto tiene un impacto en qué tan rápido puede subir una mujer dentro de una organización y en la probabilidad de que le den un aumento o una promoción.

Existen varias políticas internas que se pueden hacer desde el ámbito profesional para minimizar la desigualdad de género. Primero, establecer métricas claras y objetivas para decidir sobre aumentos, promociones y evaluaciones de desempeño. Segundo, a la hora de reclutar se pueden hacer paneles de reclutamiento más diversos además de hacer el filtro de Curriculums omitiendo el nombre de los candidatos. Tercero, programas de «apadrinamiento» o «coaches» internos que empujen por, y apoyen, el desarrollo de las mujeres dentro de las organizaciones. Y así como estas hay muchas otras más acciones relacionadas con el tema laboral que se pueden implementar para cerrar esta brecha desde lo laboral. El imperativo de empujar por esto no solo es del Estado, las empresas también pueden comenzar a implementar cambios de manera proactiva.

Algo que abarca ambas esferas, tanto profesional como personal, es el «mansplaining». Esta es la actitud de menospreciar el conocimiento o credenciales de una mujer en un tema y explicárselo de una manera condescendiente. ¿De qué manera podemos ser mejores aliados para evitar el mansplaining? Primero estar consciente y detectar cuando nosotros mismos lo hacemos. Cuando interrumpimos a una mujer que está hablando o cuando preferimos pedirle una opinión a un hombre que ni es experto en el tema, estamos haciendo mansplaining también. Segundo, levantar la mano cuando vemos que está pasando. Si no hacemos nada por evitar que esto pase cuando sabemos que está pasando estamos siendo cómplices. Y tercero, podemos educarnos más. Leer y hablar más sobre esto ayudan a crear consciencia sobre el tema y a que tengamos más presente como nuestros propios sesgos pueden fomentar la discriminación.

Si bien este es un tema liderado por mujeres pienso que como hombres también podemos aportar en este esfuerzo, tanto desde nuestro trabajo como desde nuestro círculo social. El género no debería ser una condena para qué tipos de trabajo se tiene acceso o qué tan rápido se puede crecer dentro de una organización o empresa. El compromiso con esta causa requiere de un involucramiento más activo que comienza, en lo mínimo, con las interacciones del día a día.

Apesta

Construir país puede tomar generaciones. Con trabajo, y un poco de suerte, una administración tras otra puede aportar un poco para ir avanzando. Muchos pensamos que lo que en El Salvador ha tomado más de dos décadas en construir, en términos de Estado de Derecho y respeto a las instituciones, estaba muy bien cimentado.

Como república joven hemos celebrado muchísimas elecciones libres, tanto presidenciales como legislativas. Hemos logrado hacer la transición entre guerra y paz, entre distintas aritméticas legislativas y entre presidentes de derecha y de izquierda. Todo siempre amparado en las leyes y en la Constitución. Y, aunque hayamos tenido episodios (muchos todavía recordamos el famoso decreto 743) en los cuales se ha puesto a prueba la institucionalidad, nada ha llegado a ser tan dañino como lo que pasó en el Salón Azul el domingo pasado.

Nunca, durante la posguerra, un órgano del Estado se había aprovechado la poca dignificación que tiene la fuerza armada para instrumentalizarla para intimidar a otro órgano. Querer minimizar o trivializar este evento es ser ciegos al frágil episodio democrático que estamos atravesando como país.

¿Y todo por qué? Aparentemente por querer la aprobación para negociar un préstamo de $109 Millones, cifra que representa apenas un 0.4% de nuestro PIB. Pero no nos engañemos, esto no se trata de préstamos ni de planes territoriales antiviolencia. Esto se trata de alguien queriéndose imponer a su manera, pasando por encima de la Constitución y las leyes, para lograr desprestigiar a un órgano del Estado y monopolizar más poder. Apesta a dictadura.

El precio de este golpe va mucho más allá de $109 Millones. Es desechar los esfuerzos y los costos de la guerra. El conflicto armado nos costó casi dos décadas de desarrollo. Nos costó la vida de 75,000 personas y la sangre de muchos más. Nos costó decenas de miles de familias desintegradas y la migración masiva de muchos. Nos costó la unión de un país que se separaba en 2 bandos. Y si bien ni ARENA ni el FMLN han hecho mucho por reconstruir una sociedad fragmentada, Bukele solo ha tirado mucha más sal en unas heridas que no terminan de cicatrizar casi tres décadas después.

Tres cosas sorprenden de esta situación. La primera es el cinismo con la que Bukele ha intentado tergiversar su error, queriendo vender la barata narrativa que él (magnánimo líder ungido por un poder divino) ha sido quien ha calmado al pueblo que quiere deshacerse del órgano legislativo. Segundo, Bukele ha logrado, increíblemente, que los diputados comiencen a parecer funcionarios decentes que no están cediendo ante matonerías antidemocráticas. Y tercera (probablemente lo más preocupante y decepcionante), que haya tanta gente engañada que piense que lo que está haciendo Bukele es la manera correcta en la que se comporta un verdadero Estadista.

Si Bukele quiere tener más apoyo en la Asamblea tiene dos opciones legales: o se espera a las elecciones legislativas para intentar lograr más tracción, o comienza a tender puentes entre partidos y para colaborar en conjunto. Amenazar con «apretar un botón» cuando se tiene al Salón Azul rodeado de militares es tener poca valoración a lo que hemos sufrido históricamente como país. Resolver la violencia no pasa por más violencia. La reducción de violencia pasa por tener lo mínimo: instituciones democráticas que funcionen. Con anarquía no resolvemos nada. Si usted, lector, no es capaz de ver la importancia de respetar el Estado de Derecho, reconsidere, porque está siendo parte del problema.

Cloaca legislativa

La corrupción y el nepotismo nos son prácticas recientes en el sector público. Ya sea desde el ejecutivo o el legislativo, año tras año vemos tal seguidilla de escándalos que es difícil mantenerse pendiente de cada uno. Más allá del daño que estas prácticas hacen a la institucionalidad, vale la pena estimar de alguna manera el impacto monetario que esto tiene en el bolsillo de los contribuyentes.

Uno de los casos más recientes es el de Cristina López, la exdiputada por el PCN. La exdiputada ha estado cobrando un salario de $2,000 dólares mensuales desde mayo sin siquiera residir en El Salvador. La exdiputada denunció en Twitter el caso de al menos otras cuatro personas allegadas al PCN que también cobran un salario sin llegar a trabajar.

También tenemos el caso del diputado Gallegos de GANA (partido con el cual ganó la presidencia Nayib Bukele) a quien el Tribunal de Ética Gubernamental (TEG) le abrió una investigación por nepotismo. Se le acusa de haber contratado al menos a unas 7 personas con algún vínculo familiar a su esposa. El TEG ya había abierto otra investigación contra Gallegos por más de $500,000 dólares que se concedieron desde la Asamblea Legislativa a APDEMES, una asociación donde trabajaban su esposa y otros asesores legislativos.

Tenemos el caso del expresidente de la Asamblea Legislativa, Sigfrido Reyes, a quien esta semana se le giró una orden de captura. Se le acusa de lavar $781,000 dólares a través de varias sociedades donde estarían involucrados familiares, empleados del IPSFA y empleados de la Corte de Cuentas. Reyes está ahora fuera del país y a su esposa se le ha dado libertad bajo fianza (entre $20,000 y $30,000) además de tener que usar un brazalete electrónico.

Así como estos casos seguramente podemos encontrar muchos más dentro de la Asamblea Legislativa. En 2008, la Asamblea tenía un total de 864 empleados estatales, número que ascendió a 2,367 empleados (300 de los cuales eran del área de «comunicación») en 2019, un aumento del 174%. Esto se traduce en unos $31 Millones de dólares adicionales que estamos pagando de manera anual para que parásitos estén viviendo de los fondos que el resto de la población genera. Además del impacto monetario también hay otro en la moral de algunos funcionarios públicos. Estoy seguro de que entre los empleados de la Asamblea Legislativa hay muchos que están muy bien preparados y con credenciales para estar en su puesto. No debe ser fácil para ellos ver esta invasión de gente incompetente, y al mismo tiempo ver que quienes están creciendo y subiendo de puestos de manera más rápida son los «compadres» de quienes los pusieron ahí y no quienes están agregando verdadero valor al trabajo legislativo.

Esperemos que estas investigaciones y acusaciones de corrupción a figuras importantes en la política salvadoreña dejen un buen precedente. Según el Fondo Monetario internacional, la corrupción en El Salvador nos cuesta unos $500 millones al año. Por lo menos ya vamos dimensionando el tamaño del problema del lado legislativo. Vale la pena hacer un ejercicio similar en el resto de los órganos del Estado. No me extrañaría que encontráramos un fenómeno similar en el ejecutivo, donde su líder tiene una definición bastante flexible y conveniente de la palabra nepotismo.

Recuperando la conversación

Seguramente todos hemos estado en una situación similar, estás intentando platicar con alguien y esa otra persona tiene su atención dividida entre tu conversación y su teléfono, a veces al punto de estar escribiendo y hablando al mismo tiempo. Cada vez más este comportamiento de tener nuestra atención dividida entre el mundo y una pantalla es más normal. En su libro «Reclaiming Conversation» (Algo así como «Recuperando la conversación», en español), Sherry Turkle escribe sobre el impacto que la hiper conectividad está teniendo en la formación y desarrollo de una generación entera que ha crecido con la tecnología.

Una de las observaciones que Turkle hace en su libro es que hoy en día, niños de 12 años se comportan socialmente como niños de 8 años al momento de interactuar unos con otros cuando están jugando. Son más propensos a hacer bullying en parte porque les es más difícil construir y practicar habilidades de empatía. Al tener conversaciones cara a cara, un niño puede ver la reacción de la otra persona al decirle un comentario grosero, y puede ver cómo lo que está diciendo puede lastimar a esa persona. Esto es mucho más difícil si se hace detrás de una pantalla, donde no se puede leer e interpretar el lenguaje corporal de otra persona. Además de esto Turkle también habla sobre como los niños están cada vez menos expuestos al aburrimiento y cómo esto tiene un efecto negativo en habilidades creativas y en desarrollar ansiedades en la vida.

Un segundo punto del libro es el impacto de la atención dividida en el desempeño laboral. Gran parte de la fuerza laboral ya es millennial, y poco a poco los centennials también se van insertando como fuerza productiva en la economía. En un ambiente profesional muchos se sienten orgullosos de poder hacer «multi-tasking», cambiando entre actividad y actividad con frecuencia. Pasamos de revisar nuestro correo, a contestar un mensaje, a trabajar en un reporte y así tenemos nuestra atención dividida entre muchas cosas a la vez, y aunque muchos sienten que así hacen más la realidad es que, entre tanta transición, se sacrifica tanto calidad de trabajo como cantidad de lo que se hace. De igual manera le huimos a las interacciones cara e incluso a llamadas telefónicas, en detrimento de la cohesión de equipos y la productividad.

Finalmente, esto también impacta nuestras relaciones personales con nuestra familia y amigos. En casa, en cenas familiares cada vez más tenemos distracciones en estímulos como los teléfonos y la televisión. En vez de todos estar en una conversación puede haber hasta siete o diez conversaciones ocurriendo al mismo tiempo. Cada vez menos se están teniendo conversaciones completas cara a cara, y cada vez más se recurre a los mensajes de texto para tener conversaciones difíciles para la resolución de conflictos. De nuevo, como en el ejemplo de los niños, esto dificulta el poder leer el lenguaje corporal de las personas y desarrollar empatía.

El libro tiene una variedad de ejemplos sustentados por estudios que se han hecho alrededor de estos comportamientos, estos tan solo son algunos de los ejemplos que se cubren. «Reclaiming Conversation» no está haciendo un argumento radical en el que nos sugiere separarnos de la tecnología completamente, por el contrario, sugiere que pongamos atención en cómo una herramienta puede tener repercusiones negativas y qué podemos hacer o cambiar para poder aprovecharla mejor sin sacrificar las habilidades sociales que construimos y desarrollamos al interactuar cara a cara.

Tiempo de compromisos y posturas claras

Si algo quedó demostrado en las últimas elecciones presidenciales es que el bipartidismo en nuestro país está muerto. 20 años de ARENA y 10 del FMLN han dejado mucho que desear en lo económico y social. Como reacción a repetidos actos de corrupción, pobre desempeño, exclusión y falta de pluralidad, han surgido nuevos proyectos políticos en el país. Uno de los más nuevos, el partido Nuestro Tiempo, fue recién avalado como partido político por el Tribunal Supremo Electoral en junio de este año.

Esta semana Nuestro Tiempo lanzó una campaña dirigida al resto de partidos políticos en el país. Desde afuera del edificio de la Asamblea Legislativa, Juan Valiente, Johnny Wright y Aida Betancourt presentaron un documento en donde de una manera clara, aterrizada y hasta un poco humorística, Nuestro Tiempo destaca prácticas básicas para operar como un partido político decente y democrático. Al mismo tiempo critican prácticas nocivas que por mucho tiempo han sido manera tradicional de operar de los partidos tradicionales en el país.

En resumen, hacen un llamado a la transparencia del origen de los fondos de un partido político y el uso de estos (mesura en la contratación de asesores, guardaespaldas, etc.), a que los funcionarios de los partidos, una vez en el poder, respondan a los intereses de la población y no solamente a los intereses de los miembros o el liderazgo de sus partidos, y a evitar el nepotismo. También se hace un llamado a respetar los tiempos electorales y a no llenar de pinta y pega los espacios públicos en tiempos de campaña. Esta serie de recomendaciones (o exigencias) no son mucho que pedir, sin embargo, es lo que tanto ha faltado en la dinámica partidaria durante toda la posguerra.

Este manual está alineado con los valores establecidos en los estatutos de Nuestro Tiempo. La libertad, dignidad, empatía, diversidad, solidaridad, transparencia y coherencia son elementos básicos de una democracia. Sin embargo, Nuestro Tiempo menciona poco o nada sobre sus principios o creencias económicas. Como votante quiero tener la mayor información sobre en qué cree un partido en lo económico y lo social, y así tener una idea de sus posturas ante problemas de país. ¿Qué piensa Nuestro Tiempo sobre las AFP y el sistema de pensiones? ¿Cuál es su postura frente a industrias históricamente (y de manera deliberada) protegidas por el Estado como el azúcar? ¿Cuáles piensan que deberían ser los polos de desarrollo económico?

Responder esta y otras preguntas relacionadas es importantísimo. Ningún partido es monedita de oro para caerle bien a todo mundo, ni debería intentar serlo. Superar el miedo a generar oposición es indicador que se tiene posturas definidas. La ausencia de estas posturas, y el peligro de en un futuro rodearse de gente deshonesta, eventualmente termina en populismo. Y de eso ya tenemos suficiente, pues no se trata de votar por una nueva opción solo por el hecho de ser nueva, es así como terminamos con gobernantes con complejo de dictadorcitos, de esos que se abren camino creando división y viendo a la Constitución como un obstáculo para sus objetivos antidemocráticos.

A pesar de esto, el documento cae como mensaje refrescante en un entorno donde lo único que escuchamos de los partidos son escándalos de corrupción, viajes en jets privados y acusaciones de acoso sexual. Espero que este documento, aparte de ser considerado por el resto de los partidos políticos (peco de tonto optimista), sirva como compromiso para los integrantes de Nuestro Tiempo para no cometer ni practicar los mismos comportamientos que ellos mismos achacan en este documento.