Opinión desde acá

por Mariana Belloso, De cuentos y cuentas

 

Mariana Belloso
Periodista

Cierres intermitentes

Junto a la crisis sanitaria y humana, avanzaba también la económica. Potencias mundiales reportan ya decrecimiento, hay millones de desempleados.

El SARS-CoV-2, comunmente conocido como «coronavirus», sumió al mundo en una crisis sin precedentes. Sistemas de salud colapsaron, miles han muerto, millones han enfermado. Tras la detección de los primeros casos y con pocas nociones sobre cómo enfrentarlo, rápidamente se esparció y se convirtió en pandemia.

Mientras médicos, científicos e investigadores iniciaron jornadas maratónicas para tratar de entender el comportamiento del nuevo virus, para tratar de encontrar un tratamiento efectivo o una vacuna, las autoridades mandaron cuarentenas y cierres para tratar de contener el covid-19.

Junto a la crisis sanitaria y humana, avanzaba también la económica. Potencias mundiales reportan ya decrecimiento, hay millones de desempleados, y mientras grandes empresas reducen operaciones o anuncian quiebras, la Organización Mundial del Trabajo ha advertido que los profesionales independientes y quienes laboran en el sector informal se llevan la peor parte.

Los modelos económicos tradicionales no aplicaban para esta crisis. Todo se ha ido construyendo sobre la marcha. El combate a la pandemia ha sido una carrera contra el tiempo y en la obscuridad, en la que apenas ahora se comienzan a ver las primeras luces, con países reportando reducciones significativas en los nuevos contagios, y empresas farmacéuticas anunciando que están cercanas a encontrar una vacuna.

Ahora, gran parte de los países que cerraron sus economías para evitar una mayor propagación de la enfermedad están iniciando sus reaperturas. Al igual que con la crisis sanitaria, el nuevo reto de reactivar los aparatos productivos y tratar de impulsar las machacadas economías se ha enfrentado con vagas nociones de lo que se debería o no hacer.

La mayoría de gobiernos ha optado por esquemas en fases, dividiendo a las empresas y negocios según su importancia para la economía en su conjunto y el riesgo que enfrentan sus empleados, o incluso, como en el caso de Honduras, zonificando al país según la cantidad de habitantes y casos positivos que se han registrado. La idea generalizada, por ejemplo, en los países de Centroamérica, es que se debe abrir poco a poco, evaluando si cada fase no conlleva que se disparen los casos nuevos, y dando prioridad a los sectores que se consideran indispensables, como los alimentos y medicamentos.

En El Salvador no hay un plan de apertura, pero dos instancias académicas, el regional INCAE y la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) que elaboraron sus propuestas. De nuevo, estas se basan en aperturas graduales, en fases, determinadas por una serie de indicadores que combinan variables de salud y económicas.

El plan de la ESEN, por ejemplo, recoge el concepto de cierres intermitentes que ya ha hecho eco en el ámbito internacional: relajar medidas de contención, evaluar los efectos de ello y, de ser necesario, volver al estadio anterior de restricciones. Por ello, el modelo de la ESEN determina periodos de tres semanas entre aperturas, para tener suficiente tiempo para medir cómo estas inciden o no en nuevos contagios.

El presidente de la República, Nayib Bukele, ha dicho públicamente que las propuestas del INCAE y de la ESEN serán los insumos para el modelo de reapertura económica en El Salvador, que se espera arranque en junio, según los acuerdos que personeros del Ejecutivo y de la Asamblea Legislativa alcancen en su mesa de trabajo que, al cierre de esta columna, aún no había tenido resultados, pero que esperamos sí los tenga para cuando estas líneas sean publicadas.

Es importante que como población internalicemos ese concepto. No se puede pedir que las cosas vuelvan a ser como antes de un día para otro. Comenzar a abrir la economía significará que algunas empresas comiencen a operar de forma parcial, solo con una parte de sus trabajadores, con turnos y horarios escalonados, manteniendo en trabajo remoto los puestos cuyas funciones lo permitan, y aplicando estrictos protocoles de higiene y distanciamiento dentro de sus instalaciones.

Luego se necesitará data confiable y precisa para medir qué tanto podemos ir avanzando en la reapertura sin poner en riesgo la capacidad de atención del sistema de salud ni la reducción en la cantidad de nuevos casos. Se necesitará un seguimiento meticuloso y franco para que el levantamiento de las medidas de restricción no implique pérdida de vidas.

Esperemos que los actores involucrados en que esto sea así tengan la conciencia de lo importante que es asumir la nueva realidad. Y eso nos incluye a todos.


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