Innovación para la democracia

Pensar, debatir, actuar. O pensar, investigar, prototipar y diseñar «nuevas formas de construir una ciudad más democrática. O desde la democracia y la colaboración, explorar «la intersección entre democracia, tecnologías y ciudad». ¿Conocen una entidad en nuestro país cuya misión sea esa? Pues el Laboratorio de Innovación Democrática del Ayuntamiento de Barcelona la tiene.

De hecho, uno de sus objetivos es «prototipar modelos de ciencia ciudadana, innovación social y co-gestión y gobernanza de laboratorios urbanos». ¿Qué tan familiarizados estamos con la posibilidad de mejorar la gobernanza de nuestros espacios locales a partir de investigaciones académicas o institucionales hechas junto a la ciudadanía? ¿O de que podemos trabajar con metodologías participativas y experienciales para solucionar problemas de nuestras ciudades? ¿Les parece esto lo suficientemente disruptivo?

En Barcelona se está planteando este proyecto desde Decidim, plataforma de la que hablamos en esta misma columna en junio del 2019 («¿Qué podemos hacer desde la ciudadanía digital?»). Esto implica que podemos entrar a la plataforma digital y conocer los planteamientos, los tiempos y las propuestas que las personas han ido brindando a lo largo del desarrollo de esta idea, lo que la vuelve un ejemplo de esa innovación para la democracia: el ocupar las tecnologías como una manera de potenciar la participación ciudadana.

Sin embargo, no es tan nuevo. Hace exactamente cinco años se formó el Laboratorio de Innovación Democrática (LID), «una comunidad de académicos y practicantes interesados en incrementar la calidad de la ciudadanía y fortalecer los espacios participativos. Con sede en Guadalajara, México, los integrantes del LID conformamos una organización de la sociedad civil sin fines de lucro, apartidista e independiente». En enero del 2015. En Barcelona, este laboratorio es parte de un proceso que, según se documenta en Decidim, inició en diciembre del 2015. ¿Y en El Salvador, estamos listos para (iniciar/planificar/ejecutar) un proyecto como este?

El Centro Cultural de España en El Salvador ha formado el Experimenta Ciudad, un proyecto de Medialab Prado lanzado en la red de centros culturales de la AECID y coordinado desde acá, que incluyen propuestas para mejorar San Salvador y el centro histórico. Vale la pena acercarse y unirse a la red.

Hoy más que nunca debemos «pensar globalmente y actuar localmente». Y eso implica que seamos capaces de repensar nuestras maneras de democratizar toda la toma de decisiones y de considerar cómo podemos innovar en estos procesos. Igual implica también el estudio y desarrollo de tecnologías (cívicas y tecnopolíticas) que pongan al usuario/ciudadano al centro para ayudarnos a (re)hacer juntos lo público. Así que vuelvo a insistir en que creo que podemos (re)crear un círculo virtuoso al tejer con esta perspectiva nuestras redes sociales físicas (humanas, institucionales) que mejoren la incidencia que tenemos en nuestras comunidades políticas con la ayuda de las redes sociales digitales, tecnopolíticas. Nuestra democracia también necesita innovación.

¿A qué jugamos?

Hablar de reglas del juego ya es un cliché cuando se habla de clima de negocios y ambiente para las inversiones, pero es un cliché necesario. Pocas cosas hay tan cobardes como el dinero y si la apuesta económica de un gobierno es atraerlo, debe saberse desde un principio cuál será el juego y bajo qué reglas.

A seis meses de iniciada la administración de Nayib Bukele, el tema estrella ha sido la seguridad. Recién esta semana se comenzó a hablar oficialmente de la política económica que se impulsará: el fomento a las inversiones. Hay que aclarar que esto es algo que ya habían mencionado, desde el arranque de la gestión, diferentes funcionarios, como la ministra de Economía y el comisionado presidencial para Proyectos Estratégicos. Ambos se refirieron en reiteradas ocasiones al hecho de que había varios proyectos detenidos principalmente por trabas como permisos demorados, y que se había montado una oficina en Casa Presidencial para atender estos casos.

Estos proyectos suman, según los funcionarios, entre $2,000 y $3,000 millones y, de echarse a andar, esperan que dinamicen la economía, generen empleos y ayuden a aumentar la tributación. Aunque no se ha dado a conocer en detalle la política fiscal que implementará este gobierno, la comisionada presidencial de Operaciones y Gabinete de Gobierno, Carolina Recinos, dijo que el presidente Bukele ha dado la orden de no subir impuestos, y que la apuesta es aumentar los ingresos fiscales con mayor crecimiento.

El fomento a las inversiones puede ser, y ha sido, parte de las políticas de varios gobiernos en el pasado cercano, principalmente en las que estuvieron bajo presidente del partido ARENA. La facilitación de los procesos y trámites y la mejora en lo que se denomina el clima de negocios (reducir los costos y tiempos para establecer y operar empresas) también han estado incluidas en las agendas de presidentes anteriores.

¿Qué será lo que hará diferente a la apuesta por la inversión que están haciendo el presidente Bukele y su gabinete? En su discurso del jueves, el presidente daba algunas luces y se refirió a la innovación, a la facilitación de trámites para los ciudadanos y a la apuesta por sectores específicos, como la agricultura y la construcción.

Es importante señalar que las inversiones por sí solas no son garantía de mayor crecimiento económico, y mucho menos de que esta sea inclusivo. El desarrollo humano es una gran deuda en El Salvador y este requiere reducir las enormes desigualdades en el ingreso que aún persisten, y no solo en eso, sino en aspectos como el acceso a salud, educación, servicios básicos y vivienda de calidad. Mientras grandes porciones de la población, tanto en la zona rural como en las comunidades marginales de las grandes ciudades, carezcan de servicios básicos como agua potable o un techo seguro, se seguirán requiriendo soluciones en este sentido.

La facilitación de las inversiones tampoco puede sacrificar la protección del medio ambiente, ni el equilibrio en la distribución del agua, ya escasa en varias zonas del país. La agricultura no puede limitarse a la agroindustria y si bien se requieren soluciones para sectores como el café, golpeado por bajos precios, plagas y el cambio climático, se debe hacer una apuesta seria por la seguridad alimentaria y la autonomía en granos básicos.

No basta con que venga inversión, debe buscarse inversión de calidad, que genere valor agregado y empleos mejor remunerados. El Salvador tiene un problema de baja productividad que puede corregirse a través de mayor tecnología e innovación, algo que parece tener bastante claro el presidente Bukele, así que habrá que esperar y ver cuáles son las acciones que se toman en este sentido.

Arranca 2020 y por supuesto que no estamos exigiendo que se resuelva en un par de meses problemas que ya se han vuelto estructurales, pero sí es necesario que haya mayor claridad y difusión sobre las políticas económica, fiscal, de salud, de educación, medioambiental, del agro, por mencionar algunas, porque en estas políticas veremos lo que este gobierno quiere hacer, y deben contener los planes con sus apuestas y prioridades, las que se ejecutarán a través de programas y proyectos. Necesitamos saber qué quieren hacer, a qué jugaremos, y bajo qué reglas.

Un océano de basura

Nunca en la historia hubo tanta información al alcance. Tantos datos juntos. Tantas fotos y textos, videos y mensajes escritos, notas de voz e ilustraciones, propaganda y gráficos. Gota a gota es como llenar un océano. Y sumergidos en él, la mayoría somos arrastrados por sus corrientes. Ninguna generación en la historia vivió algo que fuera parecido. Hace tan solo unas décadas atrás, en muchos pueblos de El Salvador, la comunicación se limitaba a lo que podía hacer ANTEL, un par de periódicos y la vaga señal de la televisión. La información era un lujo. Pero eso cambió y ahora, para muchos, todo un torrente de información escurre entre las manos.

Nunca en la historia hubo tanta desinformación al alcance. Si bien las falsedades siempre existieron, nunca en la proporción actual. Datos falsos que contaminan el océano de información creado. Políticos y gobiernos mentirosos siempre existieron, también medios y periodistas corruptibles, pero nunca con el alcance de hoy en día. Una carga ideológica que tiene el propósito de manipular a las mayorías. Al inicio de la era digital se acuñó el término de «navegar» por la red, pero, a 20 años del inicio del siglo, muchos naufragan en un mar de notas falsas.

Antes el problema fue el acceso a la comunicación, ahora es un exceso de los datos imprecisos. Entonces comunicar se reduce a manipular, sobre un determinado suceso o personaje. Solo son ilusiones y mitos. Pero hay algo que no cambia: el ser humano es comunicativo por excelencia. Y en este generación, no somos más ni menos comunicativos de lo que nuestros abuelos algunas vez fueron, solo contamos con las herramientas para trasmitir más información. Y más rápido, como si fuera la corriente furiosa de un río que no se detiene.

En este punto, según el libro «Fake News» del periodista Esteban Illades, el internet y las redes sociales han sido utilizados por gente cuyo negocio es la desinformación. «La idea es crear contenido –la distinción lingüística es interesante: contenido implica la descripción de un producto, no una noticia– y conseguir que éste se disperse lo más que se pueda». Esto se vincula a otro fenómeno que se conoce como el de la «cámara del eco», que se refiere a que las creencias del usuario se amplifican en la red, debido a que cada persona tiende a aprobar el contenido de otros usuarios que opinan parecido e ignorar a los que difieren de sus puntos de vista.

El problema se agudiza aún más cuando el usuario, con tal de confirmar lo que opina (sesgo de confirmación) utiliza fuentes dudosas. Aquí entran sitios que escriben notas sesgadas a favor de determinado político o partido. Dentro del sesgo de confirmación, la gente está dispuesta a creer lo que lee, así se encuentre en un sitio desconocido para ellos o un lugar que no es confiable. Ese contenido se replica y se forma un gran océano de basura. No es otra cosa que una involución de la teoría periodística que tiene al contraste de fuentes como uno de sus pilares. Escuchar dos o más versiones del mismo asunto en las notas.

Hay quien cree que todo este aparataje es obra de fanáticos políticos a favor de tal o cual bandera o personaje. En realidad, son estrategias ideadas por ellos mismos y sus equipos de trabajo. Todo es parte de un gran negocio que es guiado por la brújula de la política: la consecución y preservación del poder. Con ese objetivo, ellos son capaces de asumir cualquier papel, incluso el más ridículo.

Momentos valiosos de la década

Hay un debate acerca de si 2019 marca el final de la década o si esta finaliza hasta 2020. Independientemente de quien tenga la razón el momento me pareció propicio para hacer una evaluación de los últimos años. Y me senté a escribir muchas horas durante noviembre y diciembre para descubrir mis cuatro momentos más valiosos de este período.

Escribo por placer. Esta práctica se ha vuelto mi herramienta favorita para observar mi vida; sin embargo, no recuerdo haber hecho antes un recuento tan amplio como en esta ocasión. Personalmente esta década estuvo plena de aprendizajes. Al inicio de este período llevaba un buen tiempo experimentando incomodidad con mi profesión. Había dejado de sentir satisfacción, pero no tenía idea por qué ni qué podía hacer para cambiar esa incomodidad. Entre 2010 y 2011 inicié una búsqueda consciente para explorar nuevas avenidas en esta área, y fue en 2012 cuando finalmente decidí emprender.

Y emprender es el primer momento que destaco de esta década porque me ha permitido desarrollar habilidades como la paciencia, la consistencia, la creatividad y el orden, además me llevó a profundizar en mi auto conocimiento como una herramienta para gestionar la energía que sostiene mi vida y mi negocio. Esos aspectos, que provienen de mi interior, son las piezas fundamentales que me han facilitado atender y entender las inevitables pruebas, los errores y los retrocesos, así como los cambios naturales en el desarrollo de un negocio.

El segundo momento clave, que le ha dado mucha estabilidad a mi vida, fue la decisión de darle una nueva oportunidad al amor y casarme con un compañero de viaje y no con un esposo. Mi vida en pareja, como la de todos, no ha estado exenta de problemas y tropiezos, pero si algo puedo destacar de esta relación es la capacidad, que juntos desarrollamos, para confrontarnos mutuamente, para sostener las conversaciones difíciles y para mantener un paradójico equilibrio entre la vida de pareja y nuestro derecho a cultivar una vida independiente a «nosotros».

El tercer punto fue un nuevo emprendimiento. La idea la concebí en 2015 y surgió a la luz en 2017. Este proyecto le dio vida concreta a mi deseo de alinear lo que hago como profesional con mi propósito de vida. Deseaba conectar con un propósito tan fuerte que me impulsara a resistir los altos y bajos del camino emprendedor.

Tomar la decisión de perseguir este sueño avivó mis miedos y durante mucho tiempo busqué aprobación externa sin ningún resultado. Sin embargo, este deseo fue como un fuego interno que me impulsó a descubrir mi autoridad personal y a dejar de escuchar el ruido de afuera.

Y el cuarto momento, el más importante y transformador, fue cuando en 2013 milagrosamente concebimos un hijo cuya energía siempre la sentí masculina. Este bebé llegó cuando ya no lo esperábamos. Recuerdo como el momento más relevante el día que por primera y única vez escuchamos latir su corazón, y por un espacio reducido de tiempo fuimos felices imaginando cómo sería su vida y cómo sentiríamos su compañía.

«Bebé», como aún lo llamamos, no nació, pero su recuerdo y su breve paso por mi vida dejó un suspiro de amor que jamás había sentido. Uno que marcó un antes y un después y me mostró una inmensidad inexplorada. Un alma habitó mi cuerpo y, hasta hoy, ha sido el máximo regalo que la vida me ha podido dar. Nuestro bebé no nació. Desconocemos las razones. Pero lo recordamos constantemente y sin duda, para mi, fue el momento más maravilloso de estos últimos diez años.

Y como escribió el filosofo danés Søren Kierkegaard «la puerta de la felicidad se abre hacia adentro» y por eso la auto observación es la entrada a esa felicidad tan personal y a veces escurridiza.

Feliz inicio de una nueva década.

Tres nodos de esta red

Cuando pienso en una red «digital» la veo como ese tejido conformado por esos nodos que suelen ser personas que están interactuando en esa red, y que justo es al interactuar que permiten que los «hilos» entre un nudo y otro se llenen de luz o color, en cuanto a que la metáfora de lo digital suelo pensarla como una red blanca contra un fondo azul oscuro, con nodos o puntos que pueden iluminarse un poco más.

Estas redes digitales podrían, metafóricamente, representar un año, y permitirían leer cuáles son esos puntos o nodos centrales en ese período de tiempo. Aquí dejo tres de mis nodos de este año.

1. El futuro está en la #InteligenciaColectiva. Desde las ciencias sociales o humanísticas, me parece que hasta la #InteligenciaArtificial depende para su uso, comprensión y potencialidad de lo colectivo. Esta también puede verse como metodologías de trabajo, que permiten o facilitan el encuentro de lo multidisciplinario en función de la resolución de asuntos cotidianos. Al final, «todo lo que sabemos lo sabemos entre todos», diría Jesús Martín Barbero (citando a Antonio Machado). Este sería el nodo de la esperanza.

2. El espacio para trabajar (el futuro) es un laboratorio de innovación. Laboratorio porque se diseñan soluciones ante un problema identificado, se prototipan los modelos de esa solución, se prueban y si son exitosos se escalan. La innovación entendida como las nuevas maneras de hacer algo, y esto encaja con la inteligencia colectiva porque es la puesta en acción de esta. En ello, la comprensión o visualización de que la tecnología es el instrumento para estas transformaciones es fundamental: no ofrezcamos lo digital como solución, sino como la herramienta con la que vamos a actuar sobre nuestro mundo. Este es el nodo del potencial.

3. La brecha digital debe ser usada a favor. La gran pregunta sigue siendo cómo damos acceso a todas las personas que habitamos este país a las tecnologías digitales. Los números no suelen estar a favor: el Grupo del Banco Mundial dice que apenas tenemos acceso a esta red el 34 % (en el 2017), pero más allá de la certeza del número hay otras preguntas clave. Los números normalmente no reflejan el tipo de uso que se le da a la red: ¿es para informarse, para entretenerse? ¿Se conocen los riesgos y se sabe cómo sacarle el mayor provecho? Por eso, la contraparte de este es la #AlfabetizaciónDigital. No es solo buscar darnos acceso a todos, sino educarnos en ese acceso: y eso puede hacerse desde antes para que, cuando la conexión llegue, hagamos un uso crítico y útil de la herramienta. Este es el nodo del desafío.

¿Cuáles son para ustedes los tres nodos centrales de su año? ¿Hacia dónde se ven en el 2020? Acá seguiremos abogando por reflexiones sobre tecnología cívica, innovación ciudadana y gobierno abierto, pero ante todo por pasar ya a la acción (colectiva, por supuesto). La ciudadanía, digital y física, nos requiere teorizando y practicando la mejora de nuestra polis, y en eso seguiremos buscando referentes de cómo hacer un uso responsable de las tecnologías, así como de la concientización de la preferencia ante los datos abiertos, la cultura de la participación, el aprendizaje colaborativo y la innovación pública. Que este nuevo año nos permita multiplicar la esperanza, aprovechar al máximo el potencial y resolver el desafío, y que le sumemos siempre paz, convivencia ciudadana, salud y amor para nuestras familias y nuestros espacios vitales. ¡Feliz Navidad y Año Nuevo!

Fe

La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, según la definición bíblica. Aunque en el plano metafísico es algo básico y en la parte espiritual es el sostén de millones y millones de personas en el mundo, es cierto que hay muchísimas cosas para las que no basta con creer.

Puedo tener fe en que el próximo año será mejor, pero depende de mí actuar, trabajar y poner de mi parte para que eso suceda. Puedo, así mismo, tener fe en mis gobernantes, en esos a los que les confié mi voto y quienes ahora se sientan en las sillas del poder y deciden cosas que serán determinantes para mi calidad de vida y la de mis compatriotas.

Con ese poder, dado por la mayoría que acudió a las urnas, pueden decidir en qué usarán nuestros dineros, esos que pagamos cada vez que compramos algo, recibimos un pago o nos aplican tasas e impuestos que ni sabemos que existen —con la gasolina seguimos pagando el FEFE, al que le decían «impuesto de guerra»—. Deciden, además, en qué montos y para qué fines contratar más deuda.

Entonces, sobre esa plata pueden tomarse decisiones que fomenten el bienestar social: invertir en mejorar la salud pública, la educación, los servicios para la población más pobre. Puede priorizarse recursos para reforzar lo que se traduzca en mejoras para la gente y reducir el gasto en cuestiones como viajes o lujos para los funcionarios públicos. Incluso tenemos un fallo de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia en este sentido.

Mucha fe puedo tener en mis gobernantes, pero allí sí necesito ver, sí necesito saber y sí necesito conocer cómo y en qué usará la plata. No se vale que el proceso de elaboración y discusión del presupuesto sea tan poco público y tan poco transparente. La población tiene acceso al proyecto de presupuesto una vez presentado y luego, tras su aprobación, una vez publicado. Porque pese a que las reuniones de la Comisión de Hacienda de la Asamblea Legislativa se transmitan por radio o televisión, las verdaderas decisiones se siguen tomando a puerta cerrada, bajo la mesa, y según pactos que poco tienen que ver con el bienestar de la gente.

La fe, la confianza en mis funcionarios no puede ni debe ser un cheque en blanco ni un salvoconducto para que hagan lo que les dé la gana. La transparencia ha sido el gran ausente en los procesos de formulación del presupuesto durante décadas y si de verdad vamos a hacer las cosas distintas, cambiar esto es un buen inicio.

Es delicadísimo que el plan de gastos del Estado no se maneje como lo que es: una herramienta de política fiscal cuyos fines deben ser asegurar una gestión alineada con el bienestar social, con la sostenibilidad y con la austeridad en las áreas en las que se pueda aplicar. Seguimos siendo el país con una de las planillas públicas más caras de la región, se sigue manteniendo partidas de gastos reservados, le seguimos dando más recursos a publicidad que a entidades que cuidan del bienestar de los niños, del medio ambiente o de la promoción del turismo. Incumplimos fallos judiciales que nos mandan a tener presupuestos equilibrados y sin gastos subestimados ni ingresos inflados.

El problema de un presupuesto mal elaborado y mal enfocado es que el resultado es una merma en la calidad de la vida de la gente, sobre todo de los más pobres, por dos causas principales. Primero, si no se prioriza bien el gasto, no se dedican suficientes recursos a los servicios básicos, esos a los que la población más vulnerable no puede tener acceso a menos que el Estado se los provea.

Segundo, con presupuestos desequilibrados, se debe recurrir cada vez más a deuda, y los futuros presupuestos deberán destinar, como ya pasó en 2019, más recursos al pago de la deuda que a salud y educación combinados.

No es poca cosa. Tengo fe en que finalmente nuestros gobernantes entenderán. Ojalá no me equivoque.

El Salvador y el mar

La historia cuenta que el pueblo de Jucuarán fue atacado por un grupo de piratas ingleses. Los invasores asaltaron e incendiaron el poblado anclado en la actual costa de Usulután, y masacraron a muchos de sus habitantes, mientras que los sobrevivientes se refugiaron en los cerros vecinos. Corría el año de 1682. La costa del Pacífico centroamericano era testigo y víctima de la incursión pirata en una ruta comercial española, que movía mercancías entre el Perú, Centroamérica y la Nueva España (actual México). La consigna para los europeos era que el que dominaba el mar –sus rutas de navegación– dominaba el mundo. Hacía menos de 15 años que Henry Morgan había saqueado Maracaibo y Panamá. Lo ocurrido en Jucuarán también parece sacado de una de las crónicas escritas por Alexandre Exquemelin.

Pasado el peligro, los jucuarenses que quedaron retornaron a su pueblo nativo, pero decidieron ya no edificar la población en el mismo lugar. Se mudaron a la ubicación actual del poblado, más alejado de la costa, en una decisión defensiva. No querían revivir su tragedia mientras los piratas merodeaban también el golfo de Fonseca. Aunque los ingleses hacían expediciones terrestres, al menos les daba más tiempo para huir. Presos del miedo, los pobladores renunciaron a estar más cerca del mar. Esta es parte de la historia sobre Jucuarán que recopiló el académico Jorge Lardé y Larín y publicó originalmente en 1957. La historia de Jucuarán ilustra bien lo que ocurrió con El Salvador y cómo le dio la espalda al mar en buena parte del siglo XX.

La zona costera del país ha estado abandonada a su suerte. Y cuando se hace esta afirmación, no se refiere a grandes obras de infraestructura moderna; sino a los problemas más básicos de aguas residuales y vías de acceso. Algo generalizado en casi todo el litoral salvadoreño, con casos como la contaminación en la bahía de Jiquilisco, por los ríos que la alimentan; la falta de acceso al agua potable de muchas comunidades cercanas al puerto de La Libertad; la escasa oferta laboral, más allá de la pesca en la mayoría del territorio, entre muchos otros. Una falta de oportunidades generalizada que, incluso, ha provocado el éxodo de generaciones completas en poblaciones como la de la playa El Tamarindo, en el departamento de La Unión.

Incapaz de dar respuesta a población en la costa, ahora el Estado, al fin, parece arrancar una intervención que puede mejorar el nivel de vida de algunas de estas comunidades. Uno de los proyectos que sería financiado con la cooperación china. Si bien es cierto que se coloca al turismo como uno de los ejes centrales para el desarrollo de la zona costera, vale hacer la acotación que en Latinoamérica hay grandes centros turísticos –como Cartagena de Indias o Cancún– rodeados por cinturones de pobreza. Se debe promover un desarrollo integral de la zona costera. Que el centro de los proyectos sea la población. Se ha dicho hasta la saciedad que el crecimiento económico no implica, en el sistema en el que vivimos, que se mejore la calidad de vida de la gente.

Actualmente, si uno recorre la costa de Jucuarán –más de 300 años después de los hechos que marcaron su cambio de ubicación– se encuentran comunidades dispersas de «mareños» con vías de acceso en mal estado, altos índices de pobreza y familias que luchan por subsistir. Es un contraste cruel. En el lugar ya hay pocos hostales y hoteles construidos en este paraje idílico que albergan, en su mayoría, a turistas europeos y norteamericanos que llegan atraídos por las olas y las playas de origen volcánico. Uno de los lugareños de la costa de Jucuarán me lo resumió tristemente: «Aquí estamos en el monte, vivimos como en los tiempos de antes».

Mito y poder

Pocos negarán que la idea de poder que domina en el mundo es masculina. Y que el desequilibrio en el uso de la fuerza física, de las armas y de las posesiones para sostener ese modelo ha provocado mucho daño a millones de personas y también a la naturaleza a lo largo de la historia de la humanidad.

Los principios masculino y femenino –que se manifiestan tanto en hombres como en mujeres—se encuentran en desequilibrio. Lo masculino dominando con violencia y control económico y lo femenino buscando poder a través de una agresividad pasiva que se expresa en un manejo inadecuado de las emociones, en la manipulación de las palabras y en el uso de silencios como forma de castigo.

El reconocido mitólogo Joseph Campbell, en su libro «Diosas», explica que existió un tiempo, unos 10 mil años a.C., en el que se veneraba lo femenino y las diosas eran relevantes en la mitología de los pueblos agrícolas, y esto fue resultado del desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales. En aquel momento, escribe el autor «…se produjo un cambio de autoridad en donde la ecuación biológica pasó de lo masculino a lo femenino» debido a que «la magia de la Tierra y de las mujeres fueron consideradas lo mismo… pues ambas dan vida y la alimentan».

La relación entre lo femenino y lo masculino no ha estado exenta de tensiones y conflictos y según detalla Campbell –entre los milenios IV y I a.C. y con la fabricación de armas de bronce, la domesticación de los caballos, la invención del carro de guerra y, finalmente, con la llegada del hierro—se produjo un proceso de conquistas sobre pueblos agrícolas que veneraban a las diosas, en Europa y el oeste de Asia, ejecutadas por diversas razas indoeuropeas y semitas cuya mitología estaba llena de dioses guerreros. Dichas conquistas concluyeron con el asentamiento del poder masculino sobre lo femenino iniciando la eliminación del mito de las diosas y su conexión con la naturaleza.

Varias decenas de miles de años después pareciera que finalmente hemos llegado a un punto de la humanidad en el que el equilibrio entre un poder y el otro es posible; en donde las características que integran al poder femenino están siendo valoradas en su justa dimensión y estamos comprendiendo la necesidad de darle el espacio que le corresponde en todos los ámbitos. Y a pesar de los altos índices de violencia y del lento avance de la equidad social y económica, la consciencia colectiva acerca de la relevancia y necesidad de lo femenino es innegable.

Además, estamos recordando y comprendiendo la fuerza de aquellas representaciones del mito de la diosa, así como de la convivencia de las primeras tribus en donde lo femenino significaba naturaleza y estaba íntimamente conectado con el bienestar de sus habitantes.

Personalmente deseo creer que hemos dejado atrás la necesidad de quemar la esencia y el poder femenino porque hemos alcanzado un punto de nuestra evolución en el que, tal y como reflexiona Campbell, hemos reconocido la función verdadera del mito que «estriba en ponernos en sintonía con nosotras mismas, con nuestro grupo social y con el entorno en el que vivimos… es descubrir en los símbolos los poderes que también habitan en nuestro interior».

Conocimiento abierto

Soy fiel defensora de Wikipedia. Antes me avergonzaba mucho reconocer que utilizaba sus artículos, pero mi yo lexicográfico ha encontrado aquí la fusión perfecta con mi yo digital. Es pura inteligencia colectiva en acción: es, entre todos, utilizar la tecnología como esa infraestructura a través de la cual podemos poner datos al común, ordenarlos y sacar de ellos la mejor información posible y transformarla en conocimiento que nos permita comprender (y luego transformar) la realidad. Y sí, esa realidad puede ser una tarea de escuela mejor documentada o cómo entiendo un proceso histórico de otro país.

¿Han pensado alguna vez sobre la cantidad de biografías que hay o en qué idioma es más utilizada? ¿O cómo se edita un artículo y cómo se verifica la información que se publica? ¿O qué actividades se pueden organizar en centros educativos para aprovechar la difusión del conocimiento?

Para acercarnos a esto lo primero, urgente, es desterrar cualquier resquicio de desconfianza que tengamos hacia ella: hay todo un equipo de personas que cumple con una metodología de trabajo para garantizar que lo que leamos es verificable. Paola Ricaurte-Quijano y Arianna Carli-Álvarez hicieron un estudio sobre el Proyecto Wikilearning y pudieron comprobar que Wikipedia sí puede ser utilizada en un entorno de aprendizaje abierto. Y es que, como dicen estas investigadoras, debemos recuperar el valor de la gestión compartida del conocimiento, y valorar que el comprender cómo funciona esta enciclopedia acorta la brecha que hay sobre el conocimiento, además de facilitar redes globales de aprendizaje.

En Wikimedia Argentina, solo en el 2018, contabilizaron más de 4,400 personas involucradas en sus programas y mejoraron 43,500 artículos de proyectos de Wikimedia. Pero también apoyaron para que diez instituciones pusieran su trabajo en Wikimedia Commons con licencias libres, y sumaron más de 27,000 fotografías tomadas por personas voluntarias.

También tienen programas (igual que Wikimedia México) que apoyan la capacitación a docentes o investigadores que queremos usar Wikipedia en aulas universitarias. Ya un par de veces hemos logrado videoconferencias (en vivo y en diferido) para comentar la importancia de Wikipedia en procesos educativos, y cómo podemos sacarle provecho para favorecer nuestra responsabilidad hacia la humanidad de involucrarnos en la mejora de la información que está publicada en esta enciclopedia en línea. Porque si alguien le encuentra un fallo a un libro, al periódico, al diccionario debe avisar y ayudar a enmendar el error, ¿no? La idea es que, como parte de nuestra ciudadanía digital, ejerzamos la responsabilidad de aportar nuestro conocimiento y nos volvamos, así, ciudadanos del mundo (digital) que habitamos.

En alianza con instituciones públicas y de la sociedad civil han mejorado contenido en ciencia, justicia, fútbol/deporte, arte, patrimonio histórico y desarrollo urbano, por ejemplo. Y han digitalizado más de 400 obras literarias argentinas. También tienen el proyecto WikiDDHH, que es para organizar distintas actividades relacionadas con temáticas de derechos humanos en Paraguay, Colombia, Uruguay, México, Chile y Venezuela.

Acá, como parte de las redes tecnopolíticas, creemos que Wikipedia es una enciclopedia confiable y una plataforma indispensable para ejercer la inteligencia colectiva. También porque se apoya en la alfabetización informativa, porque la información se vuelve la herramienta con la que actuamos sobre el mundo (digital).

En El Salvador, ya el Centro Cultural de la Embajada de España ha organizado un par de jornadas de edición (editatonas) y al menos un taller sobre cómo aportar a la enciclopedia. Solo falta que sumemos personas, sumemos biografías, sumemos fotografías y otros recursos. Así que… ¿wikipediamos?

*Una versión de esta columna fue publicada en esta revista en julio de 2018.

Prioridades

El Salvador ha logrado bajar sus altísimas cifras de homicidios. La reducción ha sido marcada desde que Nayib Bukele asumió como presidente de la República. El mismo presidente y su gabinete de seguridad afirman que esto es resultado del Plan Control Territorial, del cual se han anunciado tres etapas: una de recuperación de territorios, aplicada a ciertos municipios considerados de mayor peligrosidad; una segunda que tiene que ver más con la reconstrucción del tejido social, y para la cual el Ejecutivo ha solicitado a los diputados que le aprueben un préstamo de $91 millones, y una tercera, que implica el uso de mejor tecnología al combate al crimen, y a la que el ministro de la Defensa atribuye la necesidad del aumento en la partida presupuestaria para su cartera durante 2020.

Aunque muchos dudan de que esta reducción en los promedios diarios de homicidios se deban únicamente al plan del Ejecutivo, y la relacionan con causas que van desde algún tipo de trato con las pandillas, hasta una señal de «buena voluntad» por parte de estas, las cifras son impactantes: De 11 homicidios diarios en 2017, en octubre se cerró con un promedio de 3.6.

Pero mientras los esfuerzos mediáticos y logísticos de la actual administración se centran en la parte de seguridad, otras áreas bastante sensibles para la población siguen requiriendo atención. Dos de las más importantes son la salud y la generación de empleo.

Por un lado, el presupuesto general del Estado para 2020 incluye aumentos en las partidas para salud y educación, pero los recursos se quedan cortos para la cantidad de urgencias que existen en ambas áreas. En salud, y pese a que hace algunas semanas las autoridades afirmaron que la red estaba totalmente abastecida, las carencias persisten, no solo en medicamentos, sino también en camas y otros recursos.

En educación, miles de docentes han detenido sus trámites de jubilación debido a que se les ofrecen pensiones muy bajas. Y mientras los maestros de mayor edad se aferran a sus plazas como única posibilidad de mantener un ingreso digno, otros miles salen graduados cada año sin encontrar posibilidad de ingresar al sistema.

En la parte económica, hay un ambiente de optimismo entre el empresariado. Las diferentes gremiales del sector privado han aplaudido la intención de cercanía del actual Gobierno, y el discurso que este ha mantenido en cuanto a la mejora del clima de negocios. Pero en la práctica, tenemos un Índice de Volumen de la Actividad Económica (IVAE) —un indicador que se aproxima al Producto Interno Bruto (PIB) —, que cerró a septiembre de 2019 en 1.6, cuando en 2018 era de 2.76, según datos del Banco Central de Reserva (BCR).

Y mientras tanto, se siguen perdiendo empleos. Septiembre cerró con 728,538 cotizantes al Sistema de Ahorro para Pensiones, es decir, 7,159 menos que el pasado mes agosto, y 1,528 menos que en septiembre del año pasado, según datos de LPG Datos, unidad de investigación del Grupo LPG. La población cotizante es un indicador de la salud del empleo formal en el país.

¿Qué pasa en un país con más de 6 millones de habitantes, con 4 millones aptos para trabajar, pero donde solo unos 700,000 están cotizando? ¿Cómo coincide eso con una cifra oficial de desempleo que se mantiene en el 7 %? Si solo 700,000 están cotizando, esa es la cifra de los empleos formales con protección social y previsional. Al resto de ocupados los absorbe la economía informal o el autoempleo, y esto tiene implicaciones tremendas.

En los países con tales niveles de informalidad hay problemas sociales —ingresos bajos, precariedad laboral, no se ahorra para la vejez ni se tiene acceso al seguro social—, económicos —menor ingreso de los individuos merma el consumo, la actividad económica sufre en su conjunto—, y fiscales —son las mismas empresas y los mismos asalariados quienes pagan los impuestos—, sin mencionar el efecto en el desarrollo humano de la población, en la distribución del ingreso y en las perspectivas de progreso social.

La lista de prioridades es grande, y aún estamos a la espera de conocer las grandes políticas que se aplicarán en estas áreas. Porque lo que hemos visto hasta hoy han sido acciones aisladas, que requieren de una articulación para convertirse en programas, y estos, a su vez, deben emanar de políticas basadas en información, en resultados, y en modelos, que aún no han sido anunciadas ni publicadas.