ÁLBUM DE LIBÉLULAS (234)

Historias sin Cuento

David Escobar Galindo

1907. PARA EMPEZAR EL DÍA

–Hay algo que los humanos tenemos que valorar: siempre amanece.

–¿O sea que el sol es el gran maestro?

–El sol hace lo suyo, pero el verdadero gestor es el aire.

–Y además, el aire nos mantiene con vida, y no se lo agradecemos.

–Es que los humanos creemos que el universo somos nosotros.

–Bueno, es que, aunque no seamos poetas, vivimos de metáforas.

–¿Y alguna vez aprenderemos a ser justos con nuestra propia experiencia?

–Tal vez el día en que empecemos el día con la mente en blanco.

–¡Uy, eso sería como renunciar al amanecer multicolor!

1908. CARAVANA DE MIGRANTES

Él era uno de esos seres que viven refugiados en su intimidad más protegida, o al menos eso era lo que percibían cuantos se le acercaban por cualquier motivo; y él se congratulaba de que fuera así, para tener libertad en todo momento. En verdad era un soñador empedernido, que vivía imaginando expectativas y dibujándose rutas hacia ellas. Tenía fama de estacionario, porque nadie le conocía aventuras hacia ninguna parte, y él gozaba con esa fama, porque le daba plena libertad. Hasta que un día le nació decirle a uno de sus pocos allegados: –Me voy en una caravana de migrantes… –¿Cómo es eso? ¿Migrante tú y en caravana? –Pues no es la primera vez… –¿Y quiénes son los otros? Él sonrió con picardía: –Mis sueños, los de siempre.

1909. BIENVENIDO, HORIZONTE

La lluvia torrencial de las primeras horas del día derivó ya al final de la mañana en una tupida llovizna acompañada de bruma, y a media tarde ya sólo quedaba el espesor neblinoso. En la explanada del café más céntrico de la pequeña población ubicada en la falda de la cordillera se reunían por primera vez en largo tiempo los dos amigos de infancia, Pedro y Pablo. Uno de ellos apuntó, luego de los abrazos efusivos: –¿Te has dado cuenta de qué día es hoy? Y el otro negó con un gesto ingenuo. –29 de junio, día en que se conmemora el martirio de esos dos apóstoles de Cristo. –¿Martirio? Y al instante todo el nublado se evaporó como por encanto. Ellos entonces dijeron al unísono: –¡Bienvenido, horizonte, del cielo y de la vida!

1910. TERTULIA CON OLEAJE

Estaban reunidos en La Rotonda del Hotel Palace, bajo el cielo cóncavo de cristal ilustrado. Lo hacían cada cierto tiempo, y los asistentes llegaban de distintos lugares, algunos de ellos en zonas remotas del mapamundi. Y lo hacían siempre durante la temporada invernal, de seguro para tener espontánea invitación al recogimiento en libertad. Esta vez, sin embargo, una inquietud iba y venía por ahí. Al punto que uno de los concurrentes hizo la pregunta en voz alta:

–¿Alguno de ustedes quiere escapar?

La reacción fue un abanico:

–Yo lo que quiero es dormir sin miedo…

–Yo, buscar compañía dentro o fuera de las sábanas…

–Yo, irme de juerga sin horario…

–Yo, caminar, caminar, caminar, hasta ver a Dios…

1911. VUELTA DE TUERCA

Llegó al despacho de su jefe y le presentó con humildad pero con firmeza su petición personal: concluir su trabajo de años, recibir la paga de su tiempo acumulado y poder volver si le era necesario. El jefe, contra todo pronóstico, aceptó las tres peticiones. Ya era libre, pues, y podía volver a la casa familiar, donde vivían sus padres, su esposa y sus dos hijos, ninguno de los cuales había hecho vida propia. Llegó a descansar y a dedicarse a lo suyo, que era la lectura con ansia de escritura. Pero pronto se dio cuenta de que había tomado una decisión errada. La cotidianidad lo asfixiaba. Su gente lo miraba de reojo. Entonces volvió donde su jefe. Y al retornar a su trabajo le empezó a fluir la inspiración. Mensaje entendido.

1912. POR ORDEN SUPERIOR

Desde que todos ellos tenían memoria se les hacía presente el mandato inapelable del más antiguo miembro de la familia: –Prohíbo que se celebre mi cumpleaños, porque eso es celebrar la vida que ya pasó… Y el menor de sus biznietos, que era un adolescente sin reticencias, le objetó un día de tantos: –Pero, tatita, si usted lo que debería hacer es montar un museo de sus cumpleaños… La risa generalizada no cambió el gesto del aludido, que reaccionó con inusitada suavidad: –Pues lo que acabas de decir, muchacho, es la mejor prueba de que tengo razón, porque en los museos lo que hay son piezas de otro tiempo… Y se oyó entonces una voz imperiosamente desconocida: –¡Déjense de perder el tiempo, salud!

1913. NO HAY FICCIÓN INOCENTE

Cuando abrió su laptop se dio cuenta de que ya se hallaba encendida. No era la primera vez que le pasaba, pero esta vez parecía algo diferente. Se quedó en vilo, y de pronto la pantalla pareció abrirse hacia adentro, invitándolo a dirigirse por ahí hacia los ámbitos que estaban apenas insinuados. El impulso fue irresistible, y sin pensarlo ni un segundo se dispuso a seguir la ruta indicada. Como si el espacio fuera capaz de dejarlo pasar, penetró a pleno aire. Y ya adentro, lo que quedaba atrás era irretornable y lo que estaba adelante se abría sin fin. Alguien entró un par de horas después a la sala de estar donde descansaba la laptop. Era el encargado del orden y la limpieza. Cerró la laptop, y nadie volvió a saber de su dueño.

1914. MISIÓN DEL FRÍO

La tarde resoplaba en las esquinas mientras el frío hacía de las suyas. Era un típico día de invierno en las latitudes norteñas. La jovencita recién llegada de la zona tropical tiritaba mientras se iba acercando a la oficina donde había encontrado el primer empleo, que era inesperadamente mucho más de lo que había imaginado. Quizás estaba ante una señal benévola en perspectiva. En su prisa por llegar lo más pronto posible fue a chocar contra un transeúnte que iba en sentido contrario. Él la abrazó para que no fuera a desplomarse. El calorcito mutuo se hizo sentir. Tiempo después, ambos iban por la misma calle para agradecerle al frío.

 


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