ÁLBUM DE LIBÉLULAS (236)

1923. PARA PENSAR UN SEGUNDO

«Así como va la aceleración de los tiempos, debemos prepararnos para el día en que la memoria empiece a convertirse en una especie en vías de extinción». La frase era una de las que soltaba el profesor Ascanio, experto en flujo existencial, con ánimo de provocar a sus oyentes, que eran siempre de las edades más diversas. En esta oportunidad, el grupo reunido lo ha hecho en un lugar de la costa marítima, porque el verano invita a ello. «Lo que debemos hacer, entonces, es aprender del mar, que constantemente inventa olas sin renunciar a sus movimientos consabidos, y eso es lo que le ha mantenido saludable desde siempre». Uno de los jóvenes presentes reaccionó: «El mar es lo menos humano que existe». Y uno de los mayores lo miró de reojo: «Quizás tú tienes alma de arroyo».

1924. SOL A LA PUERTA

«¿Quién estará tocando a esta hora?» La pregunta, apenas murmurada, se cernía sobre las almohadas donde aún se anidaban los dos habitantes del camastrón heredado. La cortina del ventanal permanecía totalmente cerrada desde el momento en que se acostaron, y por ahí no podía penetrar ninguna señal de afuera. El y ella volvieron a sumergirse en la somnolencia prematutina. Minutos más tarde se repitió la pregunta: «¿Quién estará tocando a esta hora?». Entonces, ambos se incorporaron, sin dejar sus respectivas posiciones en el lecho. Él emprendió su natural impulso y fue a descorrer la cortina. Aún parecía de noche, pero ya no era hora de que lo fuera. «Voy a ver». Abrió la puerta de entrada. Y de inmediato entró por ahí, como si hubiera estado a la espera, el primer rayo de sol.

1925. ADIÓS A LA LLUVIA

«Parece que la lluvia ya no quiere permanecer aquí…» «Pero no tiene ningún motivo para estar descontenta con el trato que ha recibido». «Las señales de afuera indican lo contrario: las nubes lluviosas se esconden a cada rato, los soplos húmedos del aire resbalan por los tejados queriendo escabullirse, los colores del cielo andan a la deriva sin atinar a fijarse en ningún alero…» «¡Ah, pero qué bien lo has descrito: quizás te estás volviendo poeta… ¿Quién lo hubiera imaginado?, ¡jajajá!» «No te riás, porque la poesía es sagrada». «Ah, caramba, di en el clavo, y la lluvia parece que sí te comprende». «No te burlés, porque te puede caer un rayo». Dicho y hecho: en ese segundo se desató una tronazón retumbante y los rayos vinieron acompañados por una tromba de agua, que era la despedida de la humedad y el anuncio de la sequía.

1926. PARÁBOLA DEL ECO

A lo lejos sonaban aleteantes campanas. El recién llegado estaba aún acomodándose en su cuarto del hostal al que acababa de llegar. Cuando oyó el revuelo, se detuvo y fue a asomarse a la única ventana disponible, aunque desde ahí no era dable identificar ninguno de los sitios de donde venían los sonidos entrañablemente metálicos. De repente creyó ver a lo lejos el borde de una estructura que bien podía ser un monasterio. No tardó mucho en salir en esa búsqueda. Llegó al punto, y lo que había ahí era una plazoleta árida, en cuyo centro se alzaba un faro que no tenía sentido en aquel lugar donde no había aguas de ningún tipo. ¿Y las campanas? Cuando lo pensó, el faro empezó a temblar y de su interior resurgió el sonido, como si fuera la memoria de un cruce de mundos…

1927. CLIMA EN CAMINO

Cada vez que había cambio de estación climática, las sensaciones le regresaban con puntualidad impecable. Era su más antigua tradición existencial. Aunque el clima había perdido su disciplina tradicional, siempre había un tránsito que se hacía sentir. Ahora estaba a mitad de octubre, y aunque los vientos de entonces brillaban por su ausencia, la memoria se esmeraba por marcar momentos y perspectivas. «¿Qué te pasa, mi amor, por qué tiritás?», le preguntó ella, que andaba con uno de sus más atrevidos escotes. «Es que octubre nunca se olvida del todo de sí mismo, y si uno lo provoca, suelta prenda». En cuanto lo dijo, se desató una ráfaga inesperada. Él saltó, como lo hacía en sus juegos infantiles, y lanzó el risueño grito: «¡Verano, gracias por volver, volver, volver!»

1928. A LA LUZ DE LA LUNA LLENA

El ermitaño fue saliendo de la espesura con la perfecta pinta de un anciano despojado de todo signo de vitalidad y de todo recurso de supervivencia. Y lo hizo cuando una jovencita esbelta y radiante pasaba por ahí con un libro en la mano. Nunca se habían visto, y al cruzarse tuvieron una visión casi sobrenatural. Él se sacudió, como si quisiera despojarse de todos sus residuos, y ella se quedó extática, como si encontrara una imagen ya vivida, y abrió al segundo el libro que llevaba en la mano, leyendo en voz alta: «Soy un príncipe encantado por un hada maligna y obligado a vivir en un bosque como anciano de pelo cual la nieve…» «¡Soy yo!», gimió él. Y ella clamó: «Es un cuento de los Grimm… que me ha hecho conocer a mi príncipe…»

1929. BASÍLICA PROPIA

«Ahora que estoy liberado de todas mis obligaciones empresariales puedo pensar en adquirir un piso en el Madrid que amo desde que lo conocí». «Como tienes alma joven te apasiona el Viejo Madrid». «Me alegra que compartas mi idea…» «Yo también tengo alma joven, recuerda». «Ummm… Y ya me decidí: será un piso en la Calle del Duque de Medinaceli». «Ah, es por la Basílica de Jesús de Medinaceli, ¿verdad?» «¡Diste en el clavo: ya sabés que yo siempre ando a la búsqueda de lo sobrenatural que se deja ver!» «Si tenemos un piso en la Calle del Duque o en la Calle de Cervantes podrás ser vecino de tus mejores ensueños espirituales». «Es lo que quiero: salir a la calle y sentirme a la puerta de mi fe». «Entonces, adelante, que el milagro es nuestro».

1930. EN TOTAL ACUERDO

La pregunta le nació por impulso espontáneo: «¿Estás ya dispuesta a que vayamos esta tarde a reposar tranquilamente sobre la hierba?» Ella, que era dada a sacarle sonrisas a cualquier detalle y a coger al vuelo toda inspiración escurridiza, le tomó la barbilla con un guiño suave: «Chiquito, ¿qué te pasa? ¿De qué hierba me estás hablando? ¿Será una hierba tejida en forma de colcha silvestre?» «Jamás me atrevería a insinuar semejante cosa», dijo él en son de broma. «¡Ah, no, hoy te vas a animar a responsabilizarte de tus insinuaciones!» Y entonces se abrazaron, temblando de risa.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (235)

1915. LA MEJOR RECETA

En el corazón de la ciudad había una fuente de piedra tallada a cuyo alrededor pasaban constantemente los vehículos que iban y venían por las calles y avenidas aledañas. Y el joven que llegara hacía poco a tomar posesión de su primer cargo en aquella empresa internacional de servicios electrónicos buscó un pequeño piso frente a la fuente, para impregnarse de la energía circulante. Empezó a trabajar y empezó a vivir, ambas cosas al unísono. Pero con el paso de los días las sensaciones fueron girando. El trabajo le parecía una fuente reseca; y la vivencia, una columna de humo. ¿Qué fallaba, entonces? Bajó a la fuente y se quedó observándola inquisitivamente. Un grupo de palomas giró a su alrededor. «¡Ya entendí, tengo que hacer vida natural!»

1916. LA VOZ DE DON OVIDIO

Su suerte, y quizás su destino, estarían marcados por aquella frase que le oyera tantas veces a don Ovidio, su profesor de historia universal en la etapa secundaria. Don Ovidio era un provinciano que venía del campo y que conservaba mucho de aquel origen. La frase parecía un juego de palabras: «Para tener vida propia tenés que poner en práctica este mandato: aprende y olvida». ¿Cómo es eso? ¿Y entonces? Cada vez que él repetía la frase que ya no podía repetir don Ovidio porque había desaparecido como por encanto, los que estaban a su alrededor sonreían como ante un perfecto disparate. Él, sin embargo, estaba dispuesto a llevar aquella orden hasta sus últimas consecuencias. Que fueron: pobreza con alegría, inspiración sin anhelo. Y así conoció la felicidad.

1917. ANDERSEN, HOFFMAN Y GRIMM

«¿Cuentos de hadas quieres decir?» La pregunta quedó flotando en la enrarecida atmósfera del encierro celebratorio donde todos los asistentes alzaban sus copas cada vez más frecuentes y soltaban sus emociones a cada momento más rebosantes. Y como efecto de aquello el espacio aludido se fue viendo invadido por una corriente de personajes que estaban mucho más allá de lo humano común: eran águilas transfiguradas, dragones con sonrisas espirituales, espejismos a punto de reencarnar, doncellas envueltas en gasas celestes, fuerzas desconocidas que transitaban a plena luz… En un atril, al fondo, se hizo presente el conductor de la escena: «–¡Amigos, las hadas nos visitan, y sus mejores amigos nos lo recuerdan… Mil gracias, Andersen, Hoffman y Grimm!»

1918. VIERNES EN VUELO

Nos encontramos en el lugar de siempre, que era una bodega ubicada en el área trasera de aquel edificio ya casi abandonado. Éramos un grupito de compañeros que veníamos siéndolo desde el kindergarten, y por consiguiente nos conocíamos hasta en los mínimos detalles, o al menos eso era lo que creíamos. Pero aquella tarde de viernes desde el primer momento algo olió a novedad. Como todos teníamos los mismos años, cualquiera llevaba la batuta. Lo hizo Andrés, a quien le gustaba que le llamaran Andrew: «Les tengo preparada una sorpresa. Vengan». Y nos llevó aún más al fondo, donde estaba un extraño aparato volador de los tiempos de Maricastaña. Subimos, el aparato salió y alzó vuelo. «¡Hurra, hurra, somos niños, vamos hacia el infinito…!»

1919. CUEVA MÍSTICA

Las casas aledañas se iban volviendo edificaciones verticales, cada vez más estilizadas y ansiosas de elevación. Y la casita de ellos, aquella pareja de adultos ya casi a punto de ser mayores, se estaba quedando sola, como una capilla olvidada entre monumentos indiferentes. En claro contraste con lo que pudiera esperarse, dadas las reacciones usuales, los dos señores se hallaban cada vez más felices de estar en aquel rincón insospechado. Un día de tantos, cuando ya aquel encierro urbano era total, alguien llegó a verlos para ofrecerles comprar la casa al precio que quisieran. Ellos se miraron a los ojos y respondieron de inmediato: «Nos quedaremos aquí para siempre, en el refugio que nos regaló el destino. Y el destino no tiene precio. Adiós».

1920. A LIBRO ABIERTO

El ermitaño fue saliendo de la espesura con la perfecta pinta de un anciano despojado de todo signo de vitalidad y de todo recurso de supervivencia. Y lo hizo cuando una jovencita esbelta y radiante pasaba por ahí con un libro en la mano. Nunca se habían visto, y al cruzarse tuvieron una visión casi sobrenatural. Él se sacudió, como si quisiera despojarse de todos sus residuos, y ella se quedó extática, como si encontrara una imagen ya vivida, y abrió al segundo el libro que llevaba en la mano, leyendo en voz alta: «Soy un príncipe encantado por un hada maligna y obligado a vivir en un bosque como anciano de pelo cual la nieve…» «¡Soy yo!», gimió él. Y ella clamó: «Es un cuento de los Grimm… que me ha hecho conocer a mi príncipe…»

1921. CAPRICHO DEL DESTINO

«¡Adrián, vení!», le gritó desde adentro una voz imperiosa. El muchacho apareció haciendo avanzar su silla de ruedas, que se movía crujiendo. «Mande, señor». El dueño de la voz apareció también, vestido para irse al gimnasio a su obsesiva rutina de ejercicios cotidianos. «¿Lo tenés todo listo?» «Sí, señor». «Entonces, vámonos». Como el gimnasio estaba a una cuadra de distancia se iban a pie, pues sólo había que cruzar una calle de escaso tráfico. Salieron como siempre. «¡Tené cuidado, Adrián, no te vayas a tropezar!». Y en el preciso segundo en que lo decía iban cruzando la calle y apareció sin más un vehículo hecho un bólido, que los envistió de frente. El señor quedó sin vida sobre el asfalto y el joven en silla de ruedas pasó a la otra acera, como si nada…

1922. ESTE 25 DE ENERO

«Oye, mañana es el Año Nuevo Chino, 25 de enero, esta vez Año de la Rata de Metal, porque es el 2020». «Entonces, podemos celebrarlo, aunque ese Año Nuevo haya sido hasta hoy tan ajeno a nosotros». El diálogo entre aquellas dos voces se producía en un pequeño jardín a la orilla de la calle. Eran, por supuesto, una pareja de jóvenes interesados en las aperturas zodiacales y mentales. «Esperemos entonces a que amanezca para ver cómo reviven las ondas mentales», dijo él. «Y que el metal radiante nos envuelva», acotó ella. Y el Año Nuevo alzó los brazos hacia el horizonte.

CIUDADANÍA FANTASMAL (28)

EL SOÑADOR INMÓVIL

Estos son tiempos de crisis, y tal condición se ha vuelto tan común y cotidiana que está en vías de pasar inadvertida. Él era un pensador sigiloso, y sus palabras se colaban por los intersticios de las conciencias ajenas, como en un juego de ilusiones sutiles. Casi nadie lo advertía así, y eso hacía que se le considerara un malabarista inofensivo, que no despertaba ningún interés de comunicación amistosa.

–¿Puedo acompañarlos a la Taberna de los Sueños? Es sábado, y todos los sábados deberían ser Sábados de Gloria.

–¿Vos en la Taberna? Mejor te quedás flotando entre tus libros que apestan a viejo…

–Gracias, voy con ustedes.

Y aquella noche se anunciaba eclipse. La taberna estaba casi desierta, y los que circulaban por ahí no presentaban signos de identidad, como si se tratara de gente recién llegada de muy lejos.

De repente, todos los focos se apagaron. Sólo él, sentado en un extremo de la mesa compartida, tenía iluminación alrededor, como si fuera una imagen. Los acompañantes se levantaron y lo rodearon.

–Gracias por estar aquí, visitante de lo ignoto.

–Perdona nuestra incomprensión, pero ya te reconocimos, Maestro.

Y al decir la palabra se encendieron las luces, y la Taberna estaba llena de contertulios. Él hizo un gesto, y sin moverse extendió las manos y cerró los ojos.

HORIZONTE EN ASCENSO

Lo que antes fue una aldea después se convirtió en un poblado en expansión y era hoy una ciudad creciente que ganaba cada vez más espacios verticales. Desde uno de esos espacios con azotea embarandada se podían contemplar los límites más distantes, con mar escondido al fondo.

–Y si es así, ¿por qué dices que ese es un horizonte en ascenso?

–Porque todos los horizontes que merecen ese nombre lo son.

–Ah, no, lo que pasa es que te estás proyectando. Tú te crees el horizonte.

–¿Y cuál es la novedad? Todos nos creemos nuestro propio horizonte.

–Sí, como esa aldea de la que venimos.

–¿Aldea? Era una caverna en el cerro más próximo.

–¿Y quiénes somos, pues?

–Los sobrevivientes que estamos a punto de lanzarnos a nuestro propio vacío. Van a decir que nos quitamos la vida en el aire, cuando en verdad la ganamos en la tierra… ¡Hasta siempre!

DON GENARO A PRIMERA HORA

Como todos los días hábiles para la enseñanza en el aula, se puso enfrente del mismo grupo de niños que le tocaba educar en aquel Cuarto Grado de Primaria. Él era joven, espigado y muy poco expresivo, y por eso sus alumnos lo miraban casi como a un igual muy diferente.

–Hoy toca geografía. ¿Quieren viajar al Norte o al Sur?

Expectativa inicial, hasta que se alzó una mano en el centro del cuarto de clases:

–Un lugar con frío, por favor.

–Bueno, puede ser al Norte o puede ser al Sur. ¿Qué prefieres?

–Esa montaña que se ve desde aquí.

–Es un volcán, el nuestro. El Volcán de San Salvador.

–Vamos mañana, y que todos los compañeros traigan su suéter.

Don Genaro sonrió, como pocas veces lo hacía:

–Ya veo que vas a ser poeta. Te gusta el aire, ¿verdad?

–Si usté lo dice, profe, le voy a hacer caso.

CORONAVIRUS ÍNTIMO

–¿No sientes algo desconocido que se te acerca y se te aleja al mismo tiempo?

–¿Por qué me preguntas eso?

–Porque te veo llorar y sonreír a la vez.

–Olivia, estás divagando. ¿Tú tienes dificultad para respirar?

–¡Uy, no! Si la tuviera, me iría a la clínica más próxima.

–Pues no es necesario, basta con que te laves bien las manos con agua y jabón…

–¿Sólo las manos? –preguntó ella, con expresión pícara.

–Ah, eso vamos a saberlo cuando se apaguen las luces –respondió él siguiendo el juego.

–En todo caso, es mejor prevenir que lamentar –insinuó ella antes del estornudo.

–¡Jesús María, comenzó la tormenta!

–No, no, no, ven para acá. Lo desconocido se acerca y se aleja al mismo tiempo. Acabas de decirlo.

–¡Ay, mi vida, es que el amor es la máxima plaga! –sentenció él, con aire de experto.

–¿Y entonces?

–Pues vámonos a cualquier parte, menos a China.

–¡Ay, pero es que en un bosque de la China es donde mejor se duerme!

HAY QUE SOÑAR DE PIE

Eran afines. Bueno, más que afines. Y en verdad muchísimo más que afines. Pero tenían que comprobarlo, y eso abría infinidad de opciones. Era hora de dejarlo claro sin dudas.

–¿Qué tienes en mente? –indagó él, con la puntualidad que le caracterizaba.

–Tengo muy poco que ver con mi mente –adujo ella, a quien le gustaba jugar con los símbolos.

–Mejor así. Es lo que esperaba.

–¿Tú? Pero si eres lo más previsible que cualquiera podría imaginar…

–Igual digo, querida.

–¿Querida? ¿A qué viene ese calificativo tan confuso?

–¡Por favor, ábrete para dejarme entrar!

–¿Abrirme? ¿Qué te pasa?

–Jajajá. Te destapaste, mi vida.

–¿Tu vida? Es lo más inverosímil que he oído nunca.

–Entonces, dejémoslo así. No vaya a ser que se nos arruine el encanto de no saber quiénes somos.

SORPRESAS DEL CAMINO

La carretera recién pavimentada se iba abriendo paso entre promontorios de desechos sólidos y apiñados conjuntos de árboles raquíticos. Aquel era, pues, un ambiente típicamente residual, y eso le daba una apariencia de abandono que tendía a sobrecoger el ánimo de quienes andaban por ahí, y muy especialmente de los transeúntes ocasionales.

El motociclista que acababa de aparecer tras una vuelta de la ruta se detuvo de súbito y corrió hacia un macizo de arbustos inmediatos. Evidentemente tenía urgencia orgánica. Volvió casi de inmediato con gesto distendido.

–A Dios gracias mi vejiga funciona –pensó, con sonrisa notoria.

En ese justo momento se hizo ver una persona que venía caminando sola por la carretera. Era una joven que se veía muy del lugar. Él la observó con atracción súbita.

–¿A dónde vas, muchacha?

–A ese caserío que está ahí.

–¿Querés que te lleve en la moto?

Ella titubeó. De seguro nunca le habían hecho una invitación semejante. Pero se montó sin decir más. Arrancaron. Y el caserío aludido no apareció por ninguna parte.

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (23)

HUÉSPEDES ALADOS

Cuando aclara se escapan las luciérnagas y reaparecen los jilgueros. De seguro es que el aire no resiste estar solo ni un instante.

REMEMBRANZA FELIZ

En la era de los cuentos de hadas los bosques daban la impresión de que eran condominios con ilusión de ser cometas.

DESDE EL OTRO BALCÓN

La luz de nuestro ser es lo más dependiente que existe: basta que la respiración se distraiga un instante para que el ser se apague.

ESCAPE PARA IMAGINATIVOS

Filas de naves aguardan la hora de despegar hacia lo desconocido.

EL PRÓXIMO SOLSTICIO

¿Será de invierno o será de verano? Lo único que sabemos es que trae una maleta cargada de horizontes.

ESPEJISMO CÁLIDO

En las latitudes en que no existe la nieve, las nubes se conservan eternamente adolescentes.

PRUEBA DE VIDA

La soledad existencial siempre transpira en secreto.

SABIDO DESDE SIEMPRE

Nadie es profeta en su tierra salvo los profetas que no osan decir su nombre.

PARA QUE NO SE ASUSTEN

Este día se estrenará una comedia transfigurada que tiene un nombre que nadie ha oído nunca: El Sol es un Fantasma.

QUE NO SE NOS OLVIDE

Los juegos de azar no existen: lo único que existe es la misteriosa frivolidad del azar.

INVIERNO AD PORTAS

En cualquier momento, las gotas de lluvia se vuelven portadoras de la luz.

YA PARA AMANECER

Las ventanas bostezan al unísono, y la claridad emergente les hace un gesto de solidaridad.

NOVIEMBRE 1957

En una esquina de Campos Elíseos, las sombras cinematográficas del momento aguardan que la luz crepuscular vuelva a reconocerlas.

NOVIEMBRE 1967

Camino por la Avenida España hacia el centro de la ciudad, que está despidiéndose de sí mismo sin lágrimas.

NOVIEMBRE 1977

¿Qué es eso que se dibuja en el cercano horizonte? Quizás la imagen de un deidad guerrera…

NOVIEMBRE 1987

Se empiezan a instalar las vísperas, y en el centro de ellas hay una fuente con voluntad de amanecer.

NOVIEMBRE 1997

El siglo está por concluir, y nuestra vida en común está por iniciarse. ¿Puede haber mejor razón inspiradora?

NOVIEMBRE 2007

Nueva York a primera hora: las sombras de los edificios congregados nos invitan a su desayuno inmemorial.

NOVIEMBRE 2017

Somos felices, ¿verdad? Y cuando nos lo preguntamos, todos los jardincillos inmediatos se congregan a nuestro alrededor para hacernos coro.

NOVIEMBRE 2027

Tu imagen aún no asoma, pero estamos aquí para recibirte con todos los aromas que mereces.

EL AIRE NUNCA DUERME

Los ramajes lo sienten mucho más que nosotros, y por eso en las espesuras anidan los desvelos sagrados.

EL ALTAR MÁS PRÓXIMO

Es el que está en el corazón de cada uno de los que pernoctamos en la heredad del tiempo.

LA CLAVE ELEMENTAL

Cuando las voces se reconcilian con sus ecos todos podemos vivir en paz.

SÍNDROME DE BUEN VECINO

Es el que nos toca desarrollar calladamente para sobrevivir en cualquiera de las estancias del más allá.

OBRA DEL TIEMPO

La mejor prueba de la ficción global se escenifica en las pequeñas plazas de las comunidades ausentes.

JARDÍN CON ESPESURA

Lo presiento en el fondo de mí mismo cada vez que salgo a deambular por las veredas arboladas.

ASÍ DE FÁCIL

Como aspirar un sorbo de adrenalina mística en el atrio de nuestra propia fe.

Y NO MÁS DE UNA LÍNEA (1)

ADVERTENCIA CLÁSICA

¿Quiere soñar, amiga? Pues dígalo ya, porque los sueños se van con la primera.

EN LA VIEJA ESTACIÓN

Él es un maquinista resucitado. Pide limosna para volver al punto de llegada.

GAVIOTAS  EXTRAVIADAS

Todos se preguntan qué hacen aquí. Y lo que hacen es revivir el mar imposible.

ASÍ SE EXPLICA

Los que inventaron el Paraíso se perdieron en el camino.

SANTA TERESA DE JESÚS

¿No la vieron ayer? Estaba regando su jardín con una manguera imaginaria.

OJALÁ QUE ASÍ SEA

En las ciudades del futuro los restaurantes preferidos tendrán menús de pétalos.

EL HORIZONTE NO CONTESTA

Y eso nos vuelve aventureros de lo que no se mira desde aquí.

FIN DE SEMANA CON FESTEJOS

Sí, porque el aburrimiento es la mejor invitación a respirar en vano.

ESCRÍBELO YA

Aunque sea en tu laptop con la yema de tu índice derecho.

PARA SER SINCEROS

Los colores del arcoiris pierden su magia. Y es que hoy la realidad ya no es acuarelista.

EL CALENDARIO AVISA

Somos nosotros los que nunca dejamos de verlo de reojo.

TARJETA DE IDENTIDAD

¿Y tú quién eres? –Juan el Bautista. –¿Y qué haces aquí? –Ganarme el anonimato.

CUANDO EL VIENTO SE ANIME

Podemos ir a pasear por la calle más cerrada, y desde ahí invitarlo.

AQUELLAS ROSAS ROJAS

Nos acompañan desde que nos conocimos, allá en el jardín interior.

UFFI DE ASÍS

Es nuestro perro pastor alemán siempre vestido de profeta.

TODO POETA ES ANÓNIMO

Y la mejor prueba de ello está en esa página en blanco que se llama conciencia.

IDENTIDAD DEL INVIERNO 

Llega con lágrimas y se va con lágrimas, pero saltando de alegría entre los ramajes.

SU HOTEL PREFERIDO

No era un hotel de 5 Estrellas sino un hostalito con balcón hacia la luz celeste.

EN EL CANTÓN SAN NICOLÁS

Lo que más recuerdo es la calle polvorienta que cruzaba el riachuelo sin orillas.

EXCURSIONES RISUEÑAS

Las emprendimos después de nacer, y las seguiremos haciendo después de morir.

INDIGENTE SOÑADOR

¿Cómo lo descubrí? Cuando lo vi sonriéndole al crepúsculo soñoliento.

BESOS BRUJOS

Son los del primer amor y los del último amor.

MISTERIO EN PROSA

Se mueve libremente entre las páginas sin temor a enredarse en una rima.

LOS ESPEJOS HABLAN

El problema es que siempre lo hacen en lenguas.

VACACIONES INVERNALES

Hay que vivirlas en balsas y jamás en trasatlánticos.

PRÁCTICA INMEMORIAL

El miedo apesta, y por eso los miedosos duermen boca abajo.

RITUAL PARA SONÁMBULOS

Antes de dormir hay que poner en pausa todas nuestras emociones atávicas.

DESAYUNO ENTRE LÁMPARAS

Y así las otras claridades externas nos guardarán el debido respeto.

SUERTE ORIGINAL

El arte de soñar despierto se aprende en un kínder ubicado en el vientre materno.

VACACIONES PAGADAS

Esperamos que así sean las que nos esperan al cruzar el umbral.

SIEMPRE HAY UN ALERO

Y desde él se atisban las espesuras del bosque vecino.

RAZONES SUBYACENTES

RAZONES SUBYACENTES

–¿Y usted por qué quiere que le llamen Phillip?

–Es un simple capricho, muy a la moda.

–No le creo: debe haber algo más.

–Bueno, si a usted le parece así es porque algo se me nota, ¿verdad?

–Claro: se le nota que quiere esconder su nombre original…

Gesto de reserva nerviosa. ¿Y entonces?

–¿Y cuál cree usted que es mi nombre original?

–Me imagino que Felipe.

–Frío, frío.

–Ah, pues entonces el misterio es más profundo.

–¡Averígüelo ya, hombre, que está muy claro!

–Ummmm…

–Cabal, dijo Varela: me llamo Félix.

–¿Cómo yo?

–Pues sí, hombre, como vos, que sos mi otro yo.

–¡Uy, qué miedo! ¡Hasta la vista!

RESPONSABILIDAD SOCIAL EXISTENCIAL

Aquella tarde, como lo hacía cada cierto tiempo, se alistó para emprender la excursión vespertina. Y tal excursión era siempre un reto imaginativo, porque nunca sabía de antemano cuál sería la ruta del recorrido. En esa oportunidad casi se disfrazó de duende, aunque eso sólo él podía advertirlo, porque era una identidad perfectamente adaptable a la que podía corresponder a un jovencísimo turista de mochila de los que hoy proliferan en los espacios abiertos.

Salió al callejón por el que apenas se lograba caminar ya que los balcones de cada lado de la vía casi se tocaban las manos al menor impulso. Avanzó, con las luces aletargadas del atardecer a su alrededor, y muy pronto estuvo frente al predio arbolado que era el único pulmón vegetal de la zona, sobrepoblada de sencillísimas viviendas y de pequeños negocios familiares.

Se detuvo ya con los árboles enfrente, e hizo una especie de reverencia como si se hallara ante un templo. Inclinó la cabeza, unió las manos y murmuró:

–Hermanos, recíbanme con la fraternidad que nos une desde siempre. Vengo a compartir con ustedes esta comunidad de destino. Somos un grupo de iguales, no por el cuerpo sino por el alma…

Y tal invocación fue el llamado a iniciar la ceremonia íntima y ancestral. Los ramajes se fueron juntando en gesto de bienvenida, y en los segundos siguientes se comenzó a oír un canto que era una mezcla de alabanza religiosa y de pieza pop. Y el duende saltaba entre las ramas, con entusiasmo indescriptible.

A FUEGO MANSO

Recordaba vívidamente los ya remotos años en que la proximidad de la época de las lluvias hacía imperioso eliminar por la vía del fuego los montarrascales acumulados a lo largo del verano para preparar los terrenos en los que se harían las siembras por venir. Y ese recuerdo se le había venido trasvasando anímicamente en el curso de su evolución personal, que era la de un imaginativo que anhelaba conectarse con su realidad de modo cada vez más entrañable; y, si era posible, sin que eso pudiera ser percibido desde afuera.

Ahora, ya en plena adultez y con responsabilidades familiares propias, iba sintiendo que aquellas imágenes no sólo se le multiplicaban por dentro sino que se le estaban convirtiendo en un mosaico móvil que transitaba con toda libertad por los distintos ámbitos de su conciencia. Y en ese momento preciso, cuando se asomó a la ventana de su alcoba nupcial y se puso a contemplar cómo a lo lejos se multiplicaban las quemas en las áreas más próximas de cultivo, sintió que todo estaba enlazado en su memoria y en su presente.

–¿Estás cansado, mi amor? –le preguntó ella, que acababa de entrar.

–¿Cansado? ¡No! Estoy deseoso de salir a caminar sin rumbo…

–Entonces, vamos.

Sin decírselo, tomaron la dirección de las pequeñas llamas invasoras. Y cuando las tuvieron a la mano, él se arrodilló, como si estuviera en una capilla de íntima confianza. Ella se quedó de pie, observándolo con una sonrisa casi maternal. Unos instantes después, ambos siguieron caminando.

–¿Adónde vamos? –preguntó ella, con voz ilusionada.

–¡A gozar de nuestro propio fuego, para que cuanto antes venga la siembra!

«QUERIDOS AMIGOS:

Les hago llegar un saludo diferente a los de siempre, porque esta vez lo hago desde mi cueva favorita, en el interior de mi cerro espiritual, que alguna vez quisiera ser pirámide. Yo, como bien saben, estoy ahora bien cerca y bien lejos, igual que ese vientecillo que se mueve entre las ramas.

Quisiera estar seguro de que ustedes me recuerdan, pero no digan nada al respecto, porque a veces la duda es la mejor recompensa. Y aunque parezca que les escribo, en verdad lo que hago es suspirar con letras, como los sabios anónimos. Ayer alguien me aconsejó volver a mis antiguas amistades, que son ustedes. Sigo el consejo, porque me estoy volviendo sabio, jajá. Ya no soy un alma en pena: soy un alma en gozo.

Y voy a decirles algo muy en confianza: yo no estoy vivo ni estoy muerto. Vivo en un puente colgante, que es la memoria. Sigamos en contacto, aunque ustedes no me respondan. La eternidad es así. EL ETERNO DESCONOCIDO».

INVITADA DE HONOR

El encuentro hogareño tenía la intención de convertirse más temprano que tarde en una fiestecita con todos los excesos posibles. Fueron llegando los convidados, muchos de ellos en forma puramente espontánea, porque así era la costumbre de los integrantes del grupo desde que este nació cuando algunos de ellos aún no habían dejado de ser niños en aquella colonia de las afueras de la ciudad, a la par de la Carretera Troncal del Norte.

La familia había crecido, como es natural con el paso del tiempo, y muchos de los nuevos miembros apenas podían identificar a los más remotos. Cosas de la edad, sobre todo en esta época en que la convivencia entre generaciones va semejándose cada vez más a un juego de azar.

–Este día tenemos una invitada muy, pero muy especial –dijo uno de los mayores, soltando su carcajada de siempre.

Los demás apenas repararon en el anuncio, porque le conocían la tentación bromista, que nunca fue muy original.

–¡Ey, pongan atención, que estoy hablándoles en serio!

Unos estaban ya sirviéndose sus tragos y sus copas. Otros conversaban animada y bulliciosamente. Algunos parecían a punto de bostezar.

Y la voz casi infantil se alzó:

–¿Y dónde está esa invitada, que no se ve por ningún lado?

El aludido saltó hacia el ventanal abierto, quizás con ánimo de salir volando, aunque en realidad se quedó en el mismo sitio:

–¡Ahí entre las nubes, vengan a saludarla, malcriados! ¡Es la luna nueva, que anuncia siempre nuevos comienzos!

Historias sin Cuento

ESPECTROS QUE REGRESAN

–¿Y cuándo se van por fin?

–Mañana, antes de que amanezca.

–Pues les deseo buen viaje, porque ustedes han sido mis mejores discípulos.

–Lo que le rogamos es que les pida a las Fuerzas Superiores que no nos vayan a botar de la Bestia ni nos vaya a coger la Migra…

–Recuerden: las Fuerzas Superiores van dentro de ustedes.

Llegó el amanecer, y todos aquellos jóvenes se escabulleron como murciélagos entusiastas mientras la luz solar los cubría con su manto. Y desde su ventanuco en el tabanco donde sobrevivía desde siempre, el Maestro los veía escapar, sin verlos en físico. La enseñanza iba tomando cuerpo de vida bajo la conducción de las palabras.

Desde aquel momento, nadie volvió a saber de ellos, y el Maestro les aseguraba a cuantos indagaban al respecto que esa era la señal más elocuente de que el destino iba haciendo su labor con la consecuencia debida, sin evadir avatares ni deshojar desvelos.

Las familias recibieron al principio algunas noticias aisladas, pero en algún punto la conexión dejó de existir, y todos imaginaron que aquello era lo normal en un trayecto que tenía las condiciones del que ellos habían emprendido. Clandestinidad a la luz del día.

Pero no mucho después, los migrantes fueron volviendo en caravana dispersa. Eran ellos, sin duda, aunque sus respectivas identidades parecían estar mutando. Los recibieron con algún alivio apaciguador, aunque también con notorias ansiedades. ¿Eran ellos de veras?

El Maestro los miró de pies a cabeza. De sus ojos brotaban linternas rigurosas. Y dijo por fin:

–Regresan todos, a reencontrarse con sus identidades originales. Son humanos en otro sentido. La violencia en la ruta los liberó para que emprendieran su propia resurrección. Recibámoslos como a los enviados que son. Enviados por el misterio de revivir. ¡Aleluya!

ADRENALINA PARA EMPEZAR

Aquella comunidad era de las que ya endémicamente son conocidas como marginales. ¿Pero marginal respecto de qué? Eso se lo preguntaba él, que era un profesor emergente, ahora dedicado al área básica como primera oportunidad de inserción laboral. Su casita la había heredado de su abuelo obrero, y él estaba ahí porque no tenía otro lugar disponible.

Apagó su lámpara, que era una Coleman también heredada, y la oscuridad le hizo entrar de inmediato en una vigilia de la que no tenía memoria cierta. No se incorporó, porque la sensación que le embargaba era la de necesitar el alivio plano para soltar energías que llevaba dentro.

Entre esas energías había una particularmente dominada por el ansia de salirles al paso a todas sus antiguas ansiedades de destino.

–¿Te gusta enseñar?

–Me gusta aprender.

–Es lo mismo.

–Entonces, me voy a tomar en serio y voy a reír para que nada me asuste.

ese instante, se encendió la Coleman por su propia cuenta. Era la mejor señal del aprendizaje en marcha.

VERANO HÚMEDO

Las nubes parecían aletargadas y en busca de colchones horizontales donde ponerse a reposar lo más pronto posible. Desde todas las ventanas podía observarse ese acontecer dominante en el aire. Y aquella era una ventana privilegiada porque correspondía a un piso en el que se albergaba un habitante que casi nadie conocía.

Cuando aquel señor se dejaba ver por ahí siempre iba acompañado. Una compañía que caminaba a la par, atado con una correa que nunca se tensaba, porque lo que podía percibirse de inmediato era que la armonía existente entre aquellos dos seres carecía de sobresaltos.

Desde la ventana, lo que podía advertirse era que la luz solar trataba de animar a las nubes para que no fueran a abandonarse a la inercia durmiente.

–Watson, ¿ya estás listo?

La respuesta fue especialmente animada, como si el aludido hubiera estado esperando con ansia la pregunta.

–Entonces, vámonos.

Salieron a la calle, donde cada minuto aumentaban los transeúntes que se dirigían a sus respectivos trabajos. Entre ellos iban avanzando, con la ventaja de que no tenían prisa por llegar a ninguna parte.

De pronto se empezó a sentir una llovizna inverosímil. ¿Lloviendo en febrero? ¿Cómo era eso?

–¿Qué pasa, Watson?

Watson se sacudió como si fuera un bailarín en escena. Y ambos siguieron avanzando mientras la llovizna se convertía en ráfagas líquidas cada vez más fuertes.

–¡No hay prisa, Watson! ¡Y no vayas a ladrar de alegría, para que no se asusten los que pasan a nuestro lado! ¡Nosotros somos libres, gocémoslo!

MISTERIO DE FAMILIA

El pequeño anuncio, escrito en letras rústicas, decía simplemente: SE RENTA. Y lo que estaba enfrente era una construcción a todas luces muy antigua y descuidada. A él todo eso le llamó la atención al instante, y tocó para indagar. Una señora muy mayor acudió al llamado:

–¿Quiere ver la casa?

–Si es posible sí.

La ilusión se dibujaba en su mirada, haciendo contraste vivo con el borroso gesto de quien había salido del interior.

Fue avanzando por una veredita embaldosada en cuyos bordes se apiñaban los arbustos dejados a la buena de Dios. Pasó hacia adentro por la puerta entreabierta, y lo que salió a recibirlo fue un fuerte olor a caverna sin respiraderos.

–Entre, y si necesita ayuda me avisa.

Él tomó la actitud de niño curioso, y penetró en aquellas interioridades que eran expresión estelar del abandono. No había muebles, ni cortinas, ni rincones acogedores. Todo se hallaba inmovilizado por la decrepitud. Bueno, salvo aquel enorme retrato al óleo que sobresalía en una pared del fondo.

No se preguntó quién era, porque lo reconoció al instante. Era él, don Luciano, su bisabuelo materno, a quien alcanzó a conocer ya en sus días postreros. ¿Pero qué significaba aquella presencia, ya que él nunca supo que aquella casa desconocida perteneciera a alguien de su familia.

Volvió hacia la entrada con movimiento mecánico, para encontrar a la señora que lo había recibido.

–Disculpe, ¿quiénes han sido los dueños de esta casa?

Ella cambió de expresión, como si fuera otra persona:

–Tu familia, ¿no te acuerdas?… Ah, perdón: ya sé que has estado recluido por mucho tiempo en un asilo de pacientes que padecen amnesia aguda… Pero si has venido aquí es porque te estás recuperando. Vamos a saludar a Luciano, que te espera en su salón. ¡Será un feliz reencuentro!

HIDROPONÍA MÁGICA (5)

RESURRECCIÓN DOMINICAL

Estaba tardando en llegar el día, como si las nubes no quisieran dejar sus acomodos ensabanados. Hasta que el aire sintió la necesidad imperiosa de salir de sí mismo a cumplir sus tareas. Y así fue quedando en radiante evidencia la tarea primordial de aquel día.

Las palomas mensajeras llegaron en bandadas en dirección hacia el montículo totalmente despejado, y ahí formaron el coro inmemorial. Como si alguien estuviera tocando la puerta desde adentro, la grieta empezó a abrirse y por ella salió una túnica sin cuerpo. El aire se arrodilló extasiado.

ENCIERRO CÓSMICO

Vivo en mi propio invernadero, como un huésped sin fechas limitantes. Celda infinita.

DESDE AQUEL DÍA

Estoy seguro de que el aire y la luz son mis deidades favoritas, y sentirlo así me convierte en mensajero de la familia zodiacal a la que pertenezco.

DESTINO DE ARTESANO

Lo hemos visto en el vecindario desde que se tiene memoria. La pregunta siempre flota en el aire:

–¿Quién será en verdad este señor que se mantiene joven desde que fue contemporáneo de nuestros abuelos, de nuestros bisabuelos, de nuestros tatarabuelos…?

Y la respuesta aspira a ser la siguiente:

–Quizás es un enviado de Dios que construye figuras para que nos reconozcamos en ellas sin importar el tiempo…

ÁRBOL RECIÉN LLEGADO

Aquella mañana, el jardín despertó con una sensación ambivalente: por una parte, la serenidad de lo que ha sido tradición desde siempre; y por otra, el pálpito de una nueva presencia desconocida.

–¿Y tú quién eres?

–El que llegó anoche de un bosque antiguo en busca de una comunidad millennial como esta…

EL RESTO ES HISTORIA

Llegaron en caravana, como ocurre desde el inicio de los tiempos, y se fueron repartiendo al azar por los alrededores habitados. Uno de esos recién llegados tocó a la puerta que le salió al paso y aguardó respuesta. La hoja de madera rústica se fue entreabriendo, y al fin apareció la figura que estaba adentro. Era una joven envuelta en una túnica blanca, que le llegaba hasta los pies.

–Por fin te encontré –dijo él como si estuviera ante una aparición milagrosa.

–No sé quién eres –reaccionó ella con temeroso gesto.

–Yo soy Adán.

–Yo soy Eva.

Y el aire los envolvió en un abrazo mágico.

UN GIRO NATURAL 

El jefe, que era una de esas personas que no admiten más voluntad que la propia, la hizo llegar a su despacho, de seguro para decirle o encargarle algo.

–Señorita Maribel, ¿a dónde fue usted ayer por la tarde al salir del trabajo?

–A su casa, señor. ¿Ya no lo recuerda?

El jefe se quedó en silencio, con la boca entreabierta. Ella sonrió, satisfecha de estar en posición de claro privilegio:

–Entonces, hágase cargo de las consecuencias…

–¿Consecuencias? ¿Cuáles consecuencias?

–La de la criatura que usted me hizo recoger de entre las sábanas…

Él se puso a temblar en actitud de súplica. Y ella lo atrajo hacia sí, con gesto protector. Unos segundos después él estaba aferrado al pecho de ella, aspirando con ansiedad la leche de su nuevo destino.

ALGUIEN ESTÁ EN LA PUERTA

Él preguntó desde adentro, sin tocar la hoja cerrada:

–¿Busca a alguien?

–Sí, a un desconocido que es adicto a escribir historias de fantasmas.

LA MEJOR TERTULIA

Se reunieron en el traspatio con toda la intención de siempre: hilvanar remembranzas y promover anhelos. Pero en esa ocasión había un contertulio que nadie había visto antes: un cuervo que iba de rama en rama, como a la espera de una invitación formal.

–¡Bueno, vení para acá, no te sintás extraño, sos de los nuestros!

ESPEJO INVERNAL

Ella y él estaban aquella tarde en el umbral de la puerta abierta hacia todos los entornos.

–El invierno ha llegado, mira cómo te saluda –dijo ella.

–Sí, a mí me saluda, pero a ti te hace una reverencia –sonrió él, enlazándola.

CULTIVO UNA ROSA BLANCA…

Cierro la cortina de mi ventana; pero como la tela es casi transparente, la iluminación interior se mantiene intacta. Entonces me voy a mi rincón de escritor, que yo he llamado siempre «mi jardín más privado». Y cuando estoy ahí me siento como siempre en atmósfera mística.

–¿Jardín? Pero si aquí sólo hay un rosal que tiene una sola rosa…

–Sí, la rosa blanca. ¿De José Martí o de la Virgen de Guadalupe?

EL OTRO CORONAVIRUS

Un paso fronterizo cualquiera. Los agentes de seguridad están mezclados con los agentes sanitarios. De pronto aparece alguien que va en tránsito y que despierta sospechas.

–¿De dónde viene usted?

–De otra galaxia.

–Perdone, se lo pregunto en serio.

–Y yo también se lo respondo en serio.

–Entonces, no puede pasar, porque puede traer un virus.

–Sí, y usted ya lo adquirió con solo mirarme.

PASIÓN GLOBAL

–Dicen que en esta era ya no hay fronteras…

–¿Y quién lo dice?

–El paisaje, que ahora sonríe más que nunca…

CEMENTERIO FELIZ

Cada mañana, antes de salir a cumplir sus responsabilidades cotidianas, iba a hacer la visita obligada, que era su mejor momento de inspiración. Ahí estaba el lugar, en el fondo del jardín poblado de árboles fraternales y de plantas de flor. Llegaba al puesto exacto y se detenía en plan de oración. Al cerrar los ojos se le hacían visibles las presencias. Las de sus perros, enterrados en ese espacio. Y él juntaba las manos, agradecido e ilusionado. En algún momento él iría también a habitar entre ellos.

Historias sin Cuento

PEREGRINO DESTINADO

Después de dormir por largas horas para reponerse de la interminable travesía, abrió los ojos y se encontró con un amago de claridad que estaba entrando por el ventanuco más próximo para darle la bienvenida. En el pequeño camarote donde había varios espacios ocupables para el reposo nocturno sólo él estaba en aquel momento, y eso le permitía hacer algo que se le había ido volviendo adictivo: hablar en voz alta consigo mismo, sin que nadie fuera a creer que aquello era una señal de desajuste mental.

–¿Qué día es hoy? –preguntó preguntándoselo.

–Es domingo –se respondió, aunque la voz parecía muy diferente a la suya.

–¿Y entonces mañana?

–Hombre, será lunes, y habrá que retomar la travesía.

–Pero aquí ahora no hay nadie, y voy a tener que seguir solo.

La voz se le apagó por unos segundos en la garganta. Carraspeó, como si quisiera enviarse una señal a sí mismo. De pronto la voz le revivió:

–Sí, porque esta semana será crucial, como todos los años.

Se reanudó el silencio, pero la voz no cejaba.

–Bueno, si voy solo quizás seré menos vulnerable, porque los que esperan imaginan que llegamos en caravana, y ya están preparados para hacer todo lo que quieren hacer de nosotros…

En ese preciso momento hubo, allá a lo lejos, bajo tierra, un sonido borbollante, como si la tierra quisiera decir algo. Él tuvo el impulso de arrodillarse, y lo hizo. Elevó los ojos hacia arriba, y así se quedó por largos segundos.

–Gracias, Padre –murmuró, sin despegar los labios–. Estoy listo. Solo o acompañado.

En cuanto lo dijo, empezaron a aparecer los acompañantes. Y uno de ellos, el que venía en la cabecera exclamó:

–Hay que seguir para llegar a tiempo. Todo está listo para la hora cero en aquella colina reseca…

MISIÓN CUMPLIDA

–¿Traés lo que te pedí?

La pregunta tenía tinte de orden inapelable. Él así lo acepto. Hizo un gesto afirmativo con la cabeza casi inmovilizada por el ansia.

–Entonces, hay que dejarlo ahí, detrás de la puerta, en la repisa.

Él avanzó un par de pasos bajo la mirada del hombre que se hacía valer. Sacó de su mochila un pequeño paquete envuelto en papel de periódico y retrocedió para alejarse.

–¡Un momento! –ordenó el otro, extendiendo el brazo.

–¿Qué más hay que hacer? –indagó el aludido, ya con un amago de impaciencia.

–Esto –dijo el otro, extendiéndole un revólver de los de antes.

–¿Y qué es eso? –quiso saber, porque ahí había gato encerrado.

–El próximo mandado.

–Le he dejado el arma que me dio ayer. ¿Por qué no puedo usarla otra vez?

–Porque cada cabeza es un mundo, y cada disparo debe salir del cañón apropiado. ¿No lo has entendido todavía?

Él asintió casi tembloroso.

–Aquí está la dirección. Confío en tu puntería.

Y esa última frase pareció un mandato divino. En ese justísimo instante miró el arma y la alzó a la altura de la frente de su interlocutor. El disparo instantáneo resonó como una misión íntima. Puntería perfecta en el blanco perfecto. Dio un pequeño salto de alegría infantil. Y colocándose el arma entre la piel y el cincho salió de prisa a cumplir el trabajo encargado. Era hombre de palabra.

REVELACIÓN A TIEMPO

La mujer lo miró a los ojos, como si quisiera descubrir en ellos algo que le sirviera para entender lo que él estaba pensando, y como nada se le hacía patente con aquella mirada, se animó a hablar:

–Sé que algo te toca hacer mañana, y no me has contado qué será. ¿Por qué tanto misterio?

–¿Misterio? No hay ningún misterio. Voy a hacer mi trabajo de siempre.

Al decirlo ya estaba listo que ingresar en el lecho, entre las colchas espesas. Se dirigió hacia ahí, y ella tuvo la sensación de que él no quería hablar más. Eso la puso más en ascuas.

–Una vecina me dijo hoy por la tarde que iba a haber una redada de delincuentes. ¿Es cierto?

–No sé.

–Por favor, no me dejes en esta incertidumbre. ¿No es relacionado con esa gente que ha andado diciendo por las calles que la Divinidad se hará sentir?

–¡Mujer, los rumores nunca faltan! Mejor durmámonos.

Ella se quedó callada. No era la primera vez que su marido se guardaba información sobre su trabajo como agente de seguridad. Silencio comprensible, aunque esta vez algo le chisporroteaba a ella en su interior. Se introdujo entre las colchas como si buscara refugio.

–Bueno, pues, veamos si viene el sueño. Y si viene, que no sea pesadilla.

Él respiró con fuerza. Lo hacía cada vez que se avecinaba una tarea peligrosa. Ella se introdujo más entre las colchas como si buscara refugio. Él, a su lado, ya resollaba como si fuera en trote persiguiendo fugitivos… En unos cuantos minutos, ambos, insospechadamente, se hallaban inmersos en sus respectivas latitudes mentales.

Ella caminaba en silencio, acercándose a aquella cabaña perdida entre las tierras áridas. Cuando llegó a la puerta apenas existente alguien estaba abriéndola:

–Te esperaba. Entra. Esta es la última noche…

–Tú eres el Mesías, ¿verdad?

–Mañana lo sabrás.

Y en ese instante apareció otra imagen. La del sueño que respiraba a la par de ella.

Él le preguntó a ella con el tono imperativo que le caracterizaba:

–¿Qué estás haciendo aquí?

–Esperando que llegues para decirte lo que siento. Si tocas al Mesías te vas a hundir en un sueño sin fin. La muerte en vida.

despertaron al unísono. Y sin decir palabras, ambos escaparon juntos hacia la salvación desconocida.

APRENDIZAJE NATURAL

Fueron a acomodarse cada uno de ellos en una de las sillas metálicas que estaban ubicadas en pequeños círculos entre los árboles tupidos que apenas dejaban pasar los rayos de sol, aun en las horas de luz más intensa e invasora. Iban ahí cada vez que querían hablar en total intimidad, fuera del aula. Pero en esa ocasión luego de estar en sus sitios inmediatos se quedaron en total silencio.

Y eso estuvo así hasta que una especie de aleteo cruzó alrededor de ellos, como si proviniera de una bandada de avecillas transparentes que parecían usar dicha transparencia para congeniar con los ramajes.

–¿Estás aquí, verdad? –inquirió inesperadamente el más joven.

–Si tú lo sientes, así será. Recuerda que estás aprendiendo a reconocerte entre tus eternos contemporáneos –aclaró el mayor, sin ningún tono profesoral.

–Entonces, ¿puedo cerrar los ojos?

–Los ojos del cuerpo sí, pero los ojos del alma deben permanecer abiertos.

No hubo reacción de parte del más joven, que simplemente extendió las piernas y se inclinó más hacia atrás, como si buscara posición de reposo. El silencio fue a ocupar una de las sillas que quedaban en aquel pequeño círculo. La escasa presencia del sol se fue diluyendo como en un bostezo indescifrable y las ramas circundantes se acurrucaron en sí mismas de seguro con intención de ser partícipes de la escena.

Pasados los minutos, que no había cómo medir, tanto el más joven como el mayor dieron señales de despertar.

–¿Es de día? –indagó el mayor.

–Sí, es de día porque es de noche. Aquí no importa –dijo el más joven.

Los ramajes palpitaron ilusionados.

–Entonces, ¿dónde estamos? –preguntó el mayor.

Lo único claro era que el tiempo se había escapado, y que ellos ahora estaban volviendo a intercambiar identidades. Ley de la vida superior.

CIUDADANÍA FANTASMAL (27)

LAS FUERZAS DEL BIEN

Cuando el conacaste que desde hacía largo tiempo estaba al borde de la entrada comenzó a languidecer, una especie de sensación nostálgica se fue difundiendo entre los árboles del entorno. Y quien más afectado se veía era el jícaro que se hallaba en el punto en que el rústico jardín se convertía en predio baldío.

–¿Qué les está pasando, amigos? –les preguntó una mañana el pomelo equidistante.

–No nos pasa nada, simplemente es el aire… –respondió el jícaro girando una rama.

–¿El aire? Sólo respiren profundamente y todos estaremos contentos.

Cuando ya atardecía, una bandada de palomas comenzó a girar en torno, como si buscara dónde posarse. Entonces, se hizo sentir el más tímido de sus congéneres presentes en el lugar: el granado cuyas frutas eran la soñada delicia para las ardillas que andaban dando saltos constantes por todas las ramas disponibles.

–¡Vengan a mí, amadas hermanas, que aquí todo les será grato!

El conacaste, el jícaro y el pomelo movieron levemente sus ramas en señal de aceptación, y alguno de ellos dijo:

–Como estamos en familia, hagamos coro…

BABY BOOMER

Presentó su hoja de vida, con un solo comentario: «Estoy dispuesto a hacer de todo».

Dejó la hoja y se fue a esperar la respuesta, zocando para que fuera positiva. Cuando pasaron los días, se acercó a indagar, y lo que oyó lo dejó en silencio:

–Disculpe, señor, pero si no ha recibido noticia es que no hay oferta.

Entonces tomó conciencia como nunca antes de que ya su generación estaba diluyéndose en las brumas del pasado, y guardó su currículo en la gaveta más profunda de su armario.

Salió a caminar por los alrededores de su vivienda, ubicada en una zona de las que estaban desarrollándose más aceleradamente. Por ahí circulaban los millennials y aun los más jóvenes, los de la Generación Z o posmilénica.

Mientras caminaba, los influjos de su propia condición temporal se le iban haciendo más sensibles, hasta convertírsele en una especie de aureola expansiva. Y al instante se sintió rodeado de contemporáneos desconocidos, que le sonreían como a un semejante, hasta que uno de ellos se lo expresó en voz de bienvenida:

–Bienvenido a nuestro mundo de desempleados que buscan horizonte. Aquí no existe la edad, sólo el anhelo de aventura. ¡Vamos!

MAR DE POR MEDIO

Cuando se juntaron lo hicieron expresamente para pasar la vida juntos, sin distancias de ninguna índole. Aquella era una necesidad vital compartida, que apuntaba hacia la unión inquebrantable e indisoluble. Así fue, aunque por ahí, sin que ninguno de los dos lo advirtiera, empezó a emerger una presencia líquida.

–Me ahogo –pensó él.

–Voy flotando –sintió ella.

Y cuando sintieron, sin que tampoco se lo dijeran, estaban en dos latitudes distintas. Él sumergiéndose en el agua salada; ella girando sobre las olas. Y aquello era el peor divorcio inmemorial.

RITO SUPERIOR

Cuando él llegó a visitarla con una rosa roja en la mano, ella entendió de inmediato que aquella tenue relación recién iniciada tenía vocación sin fin. Un par de días después, vino la petición de noviazgo; y sólo unas pocas semanas más tarde llegó el momento de definir la fecha del enlace, que en su versión religiosa sería en una pequeña capilla del vecindario, ahí donde oficiaba el padre Gurdián, que los había bautizado a ambos.

Cuando el padre les preguntó en la ceremonia por su voluntad de hacer vida juntos, ambos titubearon por primera vez, pero ya no era posible ninguna espera. ¿Qué había pasado?

–Vamos, que el autobús aguarda…

Llegaron a la playa en uno de cuyos hotelitos pasarían la luna de miel. Se fueron al bar a tomar algo, y luego, muy tarde, a la habitación asignada.

Él entró al baño a tomar uno de ducha, y salió vestido como si fuera a un convite formal. Ella estaba desnuda sobre la cama y en el ángulo de las piernas entreabiertas tenía una rosa roja.

Él pareció estar recibiendo una visión sobrenatural. Se arrodilló y depositó un beso de inspiración superior sobre los pétalos entreabiertos. Destino marcado.

CRISTALES VOLADORES

En aquel poblado que parecía ajeno a cualquier contacto con las realidades del mundo actual estaba creciendo, sin que ninguno de los habitantes tuviera noción al respecto, una pequeña fuerza que se proyectaba hacia adelante desde una de las chozas más rústicas del lugar.

Era un niño que estaba a punto de volverse adolescente, y que, sin decírselo a ninguno de sus familiares inmediatos, que eran agricultores en pequeño y trabajadoras del hogar, se hallaba dedicado, sin saber cómo ni de dónde, a imaginar fuerzas extraterrestres.

Una noche, ya cuando el amanecer estaba a punto de insinuarse, el aire, en forma de ráfaga personalizada, penetró hasta el rincón polvoriento donde el muchachito iba soltando las promesas de su desvelo. La ráfaga lo levantó como si fuera una brizna y se lo llevó consigo. Nunca se supo más de él, y nadie pareció extrañarse. Fue como si aquello hubiera estado acordado desde el inicio…

LA ÚLTIMA FUNCIÓN

–¡Primera llamada!

Los tres actores, dos hombres y una mujer, parecieron no haber oído el anuncio, y siguieron conversando animadamente. ¿De qué hablaban?

Mientras lo hacían, se hizo presente, sin saber de dónde ni por dónde, un equipo de libélulas que volaban en círculos cada vez más expansivos, aunque el espacio parecía no dar para ello. Ellos apenas se fijaron en lo que pasaba a su alrededor, porque estaban embebidos en su plática. Y entonces se oyó:

–¡Segunda llamada!

Los tres alzaron la vista, como si les llamaran desde otra dimensión; pero continuaron en su coloquio intensivo, ahora más distanciado de cuanto les rodeaba. Era como si estuvieran reunidos en un parque sin límites, lo cual significaba el más extremo contraste con ese reducido espacio de la retaguardia teatral en la que verdaderamente permanecían.

Con una ronquera sin causa identificable sonó la advertencia:

–¡Tercera llamada!

Igual efecto: ellos tres, los actores de la obra, no se dieron por aludidos, y siguieron absortos en su plática.

–¡Señores, tienen que salir al escenario!

Era una voz imperiosa que les restallaba en los oídos. Se levantaron de un salto, sin saber hacia dónde dirigirse. Y mientras todo se derrumbaba a su alrededor, ellos volaban como un residuo de libélulas.

SANTO REPOSO

Cuando se tendía a descansar en aquel catre que resumía en sus crujidos los destellos de su propio crecimiento, todas las fantasías heredadas se le hacían presentes sin esperar nada más.

–¿Estás aquí, como siempre?

Eran voces que cambiaban a diario, sin dejar de ser las mismas.

–No, no estoy aquí, pero voy a estarlo si ustedes me guían…

–Entonces, a deambular se ha dicho por las escarpaduras del insomnio atávico.