Historias sin Cuento

REGRESAR AL FINAL

Hizo todos los esfuerzos mentales y disciplinarios para obtener su grado académico al más alto nivel. Era esforzado por naturaleza, y tal condición estaba presente en todos sus ejercicios de voluntad, del tipo que fueren. Bueno, salvo en un punto: le era imposible, y siempre le había sido, controlar los impulsos del sueño, independientemente del lugar donde estuviera.

Sus familiares más cercanos ya estaban tranquilamente al tanto de tal condición y por eso la pasaban de largo sin ningún signo de alerta. Y sus amigos de siempre también. Bueno, salvo uno: el artista en cierne que conoció en una exposición de sus grabados imaginativos, ya que él también insospechadamente había empezado a sentir la vaga tentación de entrar en una de esas rutas creativas.

Ese amigo nuevo le dijo un día:

–Franz, tú eres un reconocido profesional de una de esas ingenierías de última moda, pero no creo que estés en lo tuyo.

–¿Y qué es lo mío? –le preguntó él con curiosidad casi inocente.

–Otra ingeniería, pero de las antiguas en el tiempo: la de las construcciones interiores…

–A ver, a ver, barajámela con más lentitud…

–Te lo digo con una sola frase: ese sueño que te persigue es tu propia búsqueda hacia adentro…

–¡Hombre, hablá claro!

–Aterrizo, entonces: ¿Qué te parece si intentás escribir tus memorias?

La risa se le volvió inevitable:

–¡Pero hombre! ¿Y qué tiene que ver el sueño con mis memorias?

–Eso es lo que vas a descubrir si te animás…

Unos cuantos días después, los dos amigos se encontraron de nuevo, y esta vez en el pequeño estudio del pintor imaginativo, y ahora por decisión no anunciada del novel ingeniero casi renunciante a tal ruta de vida.

–¡Hola, Franz, aunque no me avisaste que ibas a venir, sos bienvenido! Yo aquí paso, en intimidad con la imaginación…

–Quería decirte que ya estoy haciendo mi propio experimento. ¿Querés verlo?

–Sí, cuando querrás…

Entonces Franz comenzó a desvestirse y a enfundarse en una túnica que llevaba en un pequeño dispositivo. Luego buscó un rincón y ahí se tendió contra la pared en posición fetal. Unos segundos después, dormía profundamente, pero casi de inmediato se incorporó sin abrir los ojos. Y empezó a caminar como lo que ahora era: un sonámbulo.

El amigo se ubicó en un asiento próximo a contemplar la escena. Franz se sacó de algún hueco de la túnica un delgado cuaderno. Y en su momento se lo extendió a su amigo. Era el instante de despertar.

–¿Es tu diario?

–Adivinaste. Son mis recuerdos puestos en el papel…

–¿Y por qué no los estás escribiendo en la compu?

–Ah, porque recuerda que yo soy un ser de otro mundo mental, que deambula por su pasado y por su presente con toda la libertad del mundo. ¿No es lo que me auguraste?

Y ambos se abrazaron, como los hermanos inverosímiles que ya eran.

OTRA COPA, POR FAVOR

Cuando se trata de celebrar un acontecimiento tan entrañable como es el aniversario de bodas, lo que se impone como ilusión cumplida es hacerlo bajo la iluminación lunar. Y precisamente aquella vez su aniversario coincidía exactamente con la luna llena. Era, pues, una ocasión más que propicia para reverdecer laureles emocionales a la luz del generoso plenilunio.

Se preguntaron entonces con las miradas unánimes:

–¿A dónde vamos hoy por la noche?

Y la respuesta se dio por la misma vía:

–A la terraza de nuestro bar favorito.

Emprendieron camino de inmediato, y cuando llegaron al sitio lo encontraron cerrado, con un aviso en cartón sobre la puerta de entrada: «Clausurado por orden de la autoridad».

«¿Autoridad? ¿Y eso qué significa?», se preguntaron al unísono.

En un árbol vecino se oyó entonces un canto totalmente insospechado, porque estaban en pleno corazón urbano. Era un búho. Lo reconocieron, aunque era la primera vez que lo oían, y eso fue como una llave maestra para arribar al plano superior.

–¡Vamos, pues, al bar de los anhelos desconocidos a tomarnos una copa de inspiración sin límites!

–¡Vamos, que la noche es nuestra para siempre, como la vida en común!

BLACK FRIDAY

Por reflejo de lo que pasa en el Norte, las caudalosas ofertas comerciales del Black Friday estaban ganando cada vez más terreno. Y ahora también se empezaba a hablar del Ciber Monday. Y las experiencias al respecto iban de la mano con la sucesión generacional. Aunque, como siempre pasa, no todo podía ser previsible, porque como se dice por costumbre: cada cabeza es un mundo, que gira en su propia órbita. Así, pues, la casa de los Guerra Paz mostraba hoy su atmósfera propia, en la que las contradicciones parecían estar entrando en fase cada vez más surrealista.

Él, Ovidio Guerra, era la serenidad encarnada; y ella, Victoria Paz, representaba la adicción a los saltos en el vacío. Era, pues, como si sus respectivos nombres estuvieran invitándoles a la contradicción perfecta.

En ésas habían estado desde que se conocieron y muy pronto entablaran la relación permanente, que les surgió como un imperativo emocional irresistible. Ninguno de los dos se detuvo a reconocer la naturaleza posible de tal impulso, porque el sabor existencial del mismo era suficientemente vivo para que no prosperaran las preguntas dubitativas. Los jugos de la emoción pasional se les repartían por las venas como bocanadas de estación.

Y aquel día viernes, Black Friday, coincidieron en el impulso de ir a gastarse sus sueldos respectivos en los almacenes favoritos. Y por obra del azar se fueron de inicio a aquella tienda de vestimentas que estaban a un punto de ser disfraces, lo cual las hacía muy buscadas por los jóvenes del momento.

Anduvieron viendo perchas y estantes, como si peregrinaran por un mundo recién descubierto. Sus gestos faciales eran diferentes, pero de seguro venían de la misma fuente mental. Hasta que llegaron a aquel rincón. Ahí fueron directamente a lo que les captaba la atención con fuerza inefable:

–Quiero esta vestimenta.

–Yo, este juego.

Lo de ella, una especie de uniforme de batalla. Lo de él, un pantalón y una camisa flotantes, con simulación de alas.

Salieron de ahí con la emoción a flor de piel y a luz de labios:

–¡Aleluya!

–¡Aleluya!

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (21)

TENGO QUE DESPERTAR

Me lo digo a mí mismo, pero de inmediato el eco de estas palabras se me diluye en el interior, haciendo que los poderes del sueño se sientan intocables.

ENERO EN LAS COLINAS

Quiero sumarse a esa caravana de nubes que retozan entre las arboledas distendidas al abrigo del sol.

LA MEJOR CAUSA

Soltar al aire todas las fichas emocionales que quedaron guardadas en la laptop del año que acaba de escapar sin equipaje.

TERCERA GENERACIÓN

Desde el instante de nacer tuve una abuela dulce y una abuela amarga, y ese contraste vívido me enseñó a respirar con doble aliento.

CAMBIO CLIMÁTICO

Las azoteas abiertas son las más afectadas por la volatilidad hormonal de los aires vigentes.

REGAR EL JARDÍN

El único trabajo conocido de nuestro padre Adán fue dar garantía cotidiana de que su jardín tendría la humedad necesaria mañana y tarde.

CIBERATAQUE

Ocurrió al inicio del Séptimo Día de la Creación, y los misteriosos espíritus promotores lo que se propusieron fue borrar todas las evidencias del trabajo realizado en los Seis Días anteriores.

CONVOCATORIA SUBURBANA

Todos los árboles de los alrededores quisieran poder reunirse alguna vez en el predio baldío más cercano.

RESPUESTA CON MENSAJE

«¿Qué estás pintando ahora?», le preguntaban cada vez que lo veían por ahí, deambulando. Y él, que era un pintor surgido de la nada, siempre respondía: «El mismo cuadro de todos los días».

DOBLE FUNCIÓN

En los días soleados, la luz del cielo pone en evidencia su identidad más profunda: ser al mismo tiempo guía de caminantes e indicadora de refugios.

APUNTE AL MARGEN

Sabemos que todos los caminos llevan a Roma; lo que no sabemos es cómo hace Roma para albergarlos.

HORIZONTE CON ALAS

Debe existir alguno, porque a alguno de ellos se le tiene que cumplir el máximo anhelo.

PADRE NUESTRO

Más que una oración es un desahogo.

TERTULIAÍNTIMA

Cuando alguien llama a la puerta a deshora, todos los habitantes de la conciencia se ponen en guardia animosa, por si es el mensajero de los sueños realizables.

JARDÍN EN CASA

Los retratos de los miembros de la familia que están ya en otro plano se juntan sin que los veamos para revivir a diario y en estricta confianza sus experiencias vividas.

ACLARACIÓN NECESARIA

Dicen que ahora el tiempo vuela, pero en verdad lo que ocurre es que las horas se han vuelto gimnastas obsesivas y los días van saltando de tejado en tejado.

CUANDO LA SOLEDAD ECHA RETOÑOS

Nos corresponde hacernos partícipes de ese brote de signos en los que se revela la auténtica identidad de nuestro ser más íntimo.

SOBREMESA A LA LUZ DE LA LUNA

La noche viene a sentarse a nuestro lado para que compartamos los augurios del día por venir.

MAÑANA ES VIAJE

Y las maletas puestas en fila parecen estarnos recordando que amanecerá más pronto de lo que imaginamos.

OTRO CUENTO DE HADAS

Todo está preparado para emprender camino cuando la luz regrese; pero ella se hace la rogada y empieza a enviarnos WatsApps sobre los dulces juegos de la noche.

NINGÚN MISTERIO ES INOCENTE

Tendríamos que saberlo por experiencia propia, desde la alborada del Primer Día de la Creación.

CAMINOS DE POLVO

Se van haciendo menos cada día, y tal disminución se le adjudica al progreso científico y tecnológico. Pero la realidad de los hechos está haciendo surgir una pregunta que se cuela cada vez más: «¿Será verdad?»

UN ROSTRO EN LA PENUMBRA

Cuando se observa a alguien detenidamente en la tenue oscuridad, la difuminación de los trazos superficiales le deja paso a la identificación de las líneas ocultas.

SECRETO A PLENA LUZ

Toda ciudad que se precie de tal lleva una calle escondida entre los pliegues de su vestuario personal.

AYER EN EL BALCÓN

Hay golondrinas que se detienen un brevísimo momento para asomarse a la habitación más encumbrada de la casa.

EXPLICACIÓN ONLINE

Cuando algún espejismo nos visita acudimos de inmediato a la laptop para tratar de descubrir sus intenciones ocultas.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (232)

1899. DESDE LA VENTANILLA

¿Cuántas veces había hecho aquella ruta que lo llevaba al jardín de Britanny? Él lo llevaba todo apuntado a mano en una agenda que había estado guardada en el ropero de su abuela materna y que él encontró unos días antes de hacer su primer viaje al jardín imaginado. En esta ocasión el recorrido en el ACELA tenía un motivo muy especial, que vinculaba los años vividos con la solemnidad del clima. Era otoño, y los árboles ya se hallaban cubiertos de veladuras rojizas, de irrupciones amarillas y de remembranzas verdosas . En el camino, de apenas dos horas y media entre Penn Station de Nueva York y Penn Station de Baltimore, iba repasando sus palabras. Pero llegó y sobraban las palabras. Britanny lo esperaba con un agasajo de compromiso. ¡Por fin! El otoño observaba, sonriente, desde su ventanilla…

1900. SE ME EXTRAVIÓ EL ÁLBUM

Como todas las mañanas, desperté antes de que amaneciera; pero hoy hubo una diferencia inesperada: cuando lo hice era yo el que estaba envuelto en una aureola igual a la que se posa entre los árboles vecinos cuando el sol se hace presente. Me sentí a la vez ilusionado y angustiado, quizás porque lo único que estaba a mi alcance era aquella sensación de que todo puede pasar cuando se abren las opciones de lo inesperado. Afuera, la nubosidad seguía prevaleciendo, y eso me hacía estar a la expectativa. De pronto, una bandada de libélulas entró por la ventana y fue a ubicarse hasta en los más escondidos rincones. En ese instante, la emergente luz solar se apoderó de todo. Yo entonces me sentí compelido a dar mi propia explicación: «Queridas libélulas, ténganme paciencia porque se me ha extraviado el álbum…»

1901. CELEBRACIÓN FLUYENTE

Era 21 de noviembre, y la fecha tenía un efecto visual inescapable. Ese día, muy temprano, y con el otoño en marcha, llegaron al Hospital para que le practicaran a ella la operación programada. Él se quedó en la sala de espera, que daba a la calle y a un sitio arbolado. Ahí aguardaría los llamados correspondientes. El primero fue al cubículo de antesala, ya ella en su silla especial, mientras le aplicaban por goteo el líquido protector. Se la llevaron a la sala de operaciones y él volvió a la sala de espera. El segundo fue hacia el salón de recuperación, ya con todo concluido. El doctor les dijo: «Todo salió bien. Ya no hay catarata. Los espero mañana para retirar el parche». Esa noche, en su cuarto frente a la bahía de Baltimore, él le anunció: «Aunque sea otoño, de aquí nos vamos a las Cataratas del Niágara, a celebrar…»

1902. ¡FELIZ AÑO NUEVO!

Habían culminado los preparativos para llevar adelante aquella celebración que era la tradicional todos los años en el seno familiar. La mesa arreglada, las luces encendidas, la música dispuesta… El más expresivo de los organizadores preguntó, a su estilo: «¿Todo está puesto donde debe estar?» Y los que circulaban por ahí asintieron con sus respectivos gestos. Sólo faltaba dejar transcurrir los últimos minutos. ¿Minutos? Eso era lo que decía el reloj, pero algo muy distinto se dibujaba en el entorno. «¿Alguien falta?» «¡Sí, Luciano!» Luciano era el hijo menor, que se caracterizaba por ser el más servicial. Una hora después, y ya traspasada la medianoche, apareció Luciano, jadeante. «¡Perdonen la tardanza, pero es que el Año Nuevo andaba de escapada, y me costó atraparlo para que estuviera aquí, en su cena!»

1903. VOZ EN LA RUTA

«El otoño es mágico», acaba de decirme ella mientras el tren se desplaza por la planicie donde toda la vegetación ha cambiado de traje para estar a tono con la estación imperante. Los verdes han ido escapando cada día más de prisa y en su lugar están aquí los rojos y los amarillos en sus más atrevidos matices. Ahí, de pronto, y por los segundos que permite el tránsito rápido de la máquina, un árbol de proporciones ancestrales nos envía con su iluminación espontánea un saludo de fraternidad inspiradora. ¡Sí, vamos aquí, de regreso al nido neoyorquino, con las ánimas dispuestas a seguir adelante, luego de una prueba de salud que los artistas del Johns Hopkins Hospital han resuelto a su estilo. El tren se acerca a la Gran Manzana, y entonces ella me recuerda: «Si así es el otoño de la vida, vivámoslo al máximo!»

1904. PROEZA DEL DESTINO

Hay seres de agua, hay seres se polvo, hay seres de humo… Lo tenía claro desde que a muy temprana edad comenzó a tener conciencia de los matices humanos. Porque se trataba justamente de eso: de matices emocionalmente relevantes. Y por eso, cuando entró en la edad de las conexiones amorosas, lo primero que él tenía en cuenta era la identidad profunda de la persona, que casi nunca era un dato consciente. Y en eso llegó ella, Marigold, que arribaba con inspiración floral. Después de conectar con las miradas, ella le lanzó un dardo sonriente: «Soy nadadora, caminante y rescatista.. ¿Te suena?..» Él se quedó en silencio, como si revisara su cuaderno de pistas interiores. Y después de unos segundos le brotó la respuesta: «¡Eres la mujer perfecta: los elementos nos alumbran!»

1905. REALISMO INGRÁVIDO

Ayer hubo solsticio, y las hojas de los árboles vecinos, que eran una comunidad superpoblada, lo hicieron sentir con pálpitos ilusionados. Nuestro conocido era uno de esos personajes que se hacen sentir más por su ausencia que por su presencia, y en esta oportunidad eso tenía un significado muy especial: llegó a la cena a la que lo habíamos invitado en confianza cubierto con el abrigo de sus antepasados. Lo miramos con extrañeza, aunque lo conocíamos desde siempre. Uno de nosotros le susurró con una sonrisa: «El verano ya está aquí. ¿Te diste cuenta?» Él, que era un detallista compulsivo, nos miró con expresión casi desconcertada: «¿El verano? ¿Y eso qué significa?» Nos quedamos estupefactos, sobre todo viniendo de él. Y de inmediato lo entendimos. ¿Verano, invierno, humedad, resequedad? Ilusiones anímicas del aire. ¿O no?

1906. OBRA DE SÍMBOLOS

Era apasionado de los aromas, y en estos tiempos en que prácticamente todas las fragancias creadas para el uso se van volviendo usables por ambos sexos, tal adicción le era aún más abundante y cautivadora. Aquel día descubrió en la tienda Diptyque una loción nueva: Geranium Odorata. La adquirió de inmediato, y esa noche se la aplicó abundantemente para ir a cenar con ella, la mujer de sus ensueños odoríficos. Ella lo miró con ilusión instantánea: «Vienes como conquistador, ¿verdad?» Y él le tomó la palabra: «¡Es que soy un geranio reencarnado!»

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (231)

1891. ETERNO RETORNO

El velero se desplazaba sobre las aguas de aquel mar que sólo se sabía que lo era porque así lo caracterizaban los mapas. En cubierta, unos cuantos tripulantes iban atentos a los perfiles que se dibujaban en el horizonte. Y uno de ellos hizo de pronto el gesto anunciador con sonido emocionado: “¡Ahí está! Por fin llegamos”. Todos los demás le hicieron eco, apretujándose sobre la borda. Y uno de ellos dio la orden: “Hay que ir a avisarle, para que salga”. El más joven de los marineros lo fue a hacer de inmediato. Pero el aludido ya venía hacia arriba a paso rápido. “¡Ahí está la isla, señor! Montecristo lo aguarda. Es mucho tiempo desde aquel día”. No había dónde atracar, porque la isla seguía deshabitada. El Conde alzó los brazos, agradeciéndole al promontorio que estaba enfrente. Una bandada de gaviotas le daba la bienvenida.

1892. INOCENCIA CÓSMICA

Durante mucho tiempo se creyó que la tierra era plana, y luego se ha venido creyendo que la tierra es redonda. La ciencia da su dictamen en los tiempos sucesivos, y así queda abierta siempre la posibilidad de que nuevas imágenes vayan surgiendo en el devenir. Y ahora, cuando las imaginerías virtuales han ganado todas las iniciativas, hay que prepararse para cualquier cosa, por inverosímil que parezca. Él era un millennial ya casi a punto de estar incluido en la Generación Z, y tal temporalidad anímica lo movía a experimentar novedades. Así empezó a sentir por las noches que escalaba una pendiente con ramas interminables. Y su conclusión fue tajante: “La tierra no es una formación redonda sino una estructura vertical. Y para entenderla a fondo hay que ser un escalador sin miedo. ¡Comprobémoslo!”

1893. FELICIDAD EN CAMINO

Ella le puso una sola condición cuando formalizaron el entendimiento amoroso ya en ruta hacia las ceremonias civiles y religiosas: “Lo único que te pido es que consigamos una casita con jardín, porque si no hay hojas y flores alrededor me siento en el vacío”. El sonrió, porque ya la conocía, y dio su consentimiento inmediato. Ella reaccionó cuando él la llevó a conocer su nuevo hogar: “¿Casita con jardín? ¡Pero si este es una mansión en la cumbre!” Concluyeron todos los trámites y llegó la hora de la luna de miel. Ella puso otra condición: “Que esa luna sea aquí mismo, para que nos conozcamos con el aire que nos rodea”. Él volvió a asentir. Y aquella noche, desnudos, salieron a recorrer el entorno arbolado como si fueran fantasmas de cuento de hadas…

1894. LÁSTIMA QUE FUE ESO

Subió la escalera de caracol y se encontró con un ático dispuesto a todas luces para recibir a un huésped especial. No era lo que él esperaba, porque según lo que tenía previsto aquel era un lugar abandonado. Pero de inmediato recordó lo que la promotora de alquileres habitacionales le dijo cuando cerraron trato: “Puede ser que se sorprenda, y entonces me lo comunica”. Y, claro, estaba sorprendido, pero como era una sorpresa grata se le pasó por alto comunicarlo. Acomodó sus cosas y se dispuso al descanso. Fue a ubicarse en el camastrón clásico entre sábanas y colchas de gran tersura y de exquisito aroma. Se durmió al instante. Despertó con el día, y se encontró en un catre desnivelado, entre trapos sucios. “¿Pero qué es esto?” La voz sonó en su oído: “La realidad: lo otro sólo era un detalle de bienvenida”.

1895. DESTINO FINAL

Se lo preguntaba siempre: “¿Cuál va a ser mi lugar ideal para vivir?” Y esa pregunta nunca la exponía en voz alta porque sus condiciones familiares y económicas no daban para andar pensando en ningún desplazamiento. Desde su cuartito con techo de lámina y paredes de madera insegura podía, sin embargo, imaginar cualquier cosa, y sobre todo las que provenían de un pasado con cien imágenes y con mil vueltas. Cerraba los ojos y las imágenes se hacían presentes, sobre todo la de él, la de don Alonso, el originario de Lanzarote en las Islas Canarias. Su tatarabuelo, que quién sabe cómo había llegado hasta ahí. Y sin don Alonso había podido, allá en medio del siglo XIX, ¿por qué no iba a poder él, en los comienzos del siglo XXI? ¡Ya, se iría a vivir a una isla perdida en cualquier mar!, ¿y por qué no en el mar de la memoria?

1896. PARÁBOLA DEL BUEN CONSEJO

Por tradición familiar, la política parecía ser su destino prefijado, y eso lo ponía en una encrucijada: dedicarse a lo supuestamente predispuesto aunque no le despertara ninguna ilusión o desechar esa posibilidad aunque no tuviera otras opciones imaginadas. Así las cosas, tuvo el impulso de ir a consultar a Magnolia, la echadora de cartas que vivía a tres pasos de su casa y que había estado ahí desde siempre, aunque él ni siquiera la saludara en ningún cruce casual. Magnolia lo miró a los ojos con la baraja en la mano: “Tu suerte no está aquí sino aquí”. Y se tocó la sien con un dedo. Luego lo invitó a sentarse. “Pareces indeciso pero no lo estás. Y aquí tengo el Rey de Oros que te hace un gesto. ¿Entiendes?” Él juntó las manos. “Voy a peregrinar en mi propio camino. No sé hacia dónde pero con una compañía dorada…”

1897. EN EL ÚLTIMO MINUTO

Él era un peregrino que estaba reposando por algunas horas antes de seguir su caminata. Aquel era un refugio para transeúntes incansables, y en el fogón que estaba en el centro de la cocina las llamitas humeantes no descansaban ni un minuto. Él miró a su alrededor y descubrió una presencia inadvertida. No pudo evitar acercársele para hacer la pregunta de cajón: “¿Quién es usted, amigo?” El aludido giró su cabeza fatigada hacia él: “¿Yo? ¿No me reconoces? Hemos estado juntos a lo largo de todos estos meses… Creo que en verdad somos amigos…” Y a él entonces le cayó el veinte: “Ay, hombre, claro que sí. Sos el Año que se va, ¿verdad? ¡Brindemos por la despedida”… Y ambos se levantaron para ir a recoger un par de copas de vino en el barcito rinconero.

1898. FICCIÓN VIRAL

“¿Sabés cuál es nuestro principal problema de adaptación?” “Pues tendría que pensarlo un momento…” “Ah, eso es lo que siempre se dice para no asumir responsabilidades”. “¿Y entonces?” “Vamos al terreno de los hechos para no seguir divagando”. Y el terreno era un predio baldío en el que nada parecía capaz de sobrevivir. “Yo aquí me adapto muy bien”. “Y yo también lo hago”. Silencio cara a cara. Eran un ratón y una lagartija. Es decir, un par de humanoides sublimados. La historia viva podía reiniciar su curso.

Historias sin Cuento

RUTA DE ESCAPE

Su padre estaba a punto de retirarse de la conducción de la compañía de envíos internacionales que los abuelos habían fundado poco tiempo después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Eran tiempos de expectativas, y las nuevas rutas del mundo apenas iban asomando. Le tocaría a él entonces asumir, por mandato genético, el control superior del ente empresarial, que se había expandido al impulso de las dinámicas globalizadoras que se imponían cada vez más, sin que nada pudiera contenerlas.

El padre anunciaba su retiro cada vez que se le venía a la mente, y sobre todo cuando estaban reunidos en la mesa en los tiempos de comida, y a él esa sola referencia le quitaba el hambre, porque su intención original era dedicarse a recorrer el mundo como turista de mochila, condición que también se viralizaba cada vez más.

Hasta que llegó el día en que la amenaza iba a concretarse:

–Iván, este será tu despacho a partir de mañana. Yo ya hice todos los arreglos para irme con tu mamá dentro de unos cuantos días a un crucero alrededor del mundo. A gozar de esa libertad flotante a la que siempre aspiré.

Él no respondió con palabras, pero su gesto tenía la ambivalencia que era un susurro que estaba a punto de salir a flote.

–Nos reunimos mañana para afinar detalles.

«¿Afinar detalles? –pensó él, con un repunte de rebeldía interior–. ¿Pero qué importan los detalles cuando la realidad es un monumento de piedra?»

Y al día siguiente no se apareció, ni contestaba el celular, ni respondía el WhatsApp. Había desaparecido, y cuando pasaron los días y las semanas, el padre tomó su decisión: en vez del hijo mayor iba a ser la hija que venía después la que asumiría el cargo. Y para el padre, machista por excelencia, era una decisión dolorosa, que el ausente, desde su refugio en una de las buhardillas más pobres de los entornos, que era la antesala de su fuga para siempre, celebró con gran ilusión: «Más vale ser vagabundo sin nada que prisionero con todo…»

MISIÓN MILLENNIAL

A pesar de ser millennial en el estricto sentido cronológico del término, él era alérgico a todas las formas manuales de la tecnología de punta, y usaba aún cuadernos a rayas y plumas fuentes con tinta azul, como sus antepasados. Los que lo conocían y estaban a su alrededor ya habían asumido aquel curioso distanciamiento como algo natural en él, que en muchos sentidos parecía haber nacido en los años 40 o a lo más en los 50 del pasado siglo. Pero tal distanciamiento sin origen conocido estaba haciéndole mella en la interioridad anímica hasta el punto que se vio impulsado a acudir a la opinión de un experto:

–Doctor, ya le di a conocer mi círculo de enigmas y lo que le pido es que me indique alguna salida porque me siento cada día más distanciado del presente…

–Bueno, eso primero que todo habría que descifrarlo.

–¿Qué más quiere que le diga, doctor?

–Así, en síntesis, sus frustraciones y sus anhelos.

–¿Frustraciones? Ninguna que yo sepa. Anhelos, pues le confieso que no me he puesto a reconocerlos.

–O sea, vive usted en el limbo.

–Pues si usted le llama limbo al culto a las distancias, sí.

–¿Culto a las distancias? ¿Quiere decir hacia adentro?

–Exactamente.

–Bueno, pues tenemos que dibujar un mapa. ¿Se anima?

–A eso he venido, doctor.

En las sesiones siguientes las palabras fueron y vinieron. Él, tendido sobre el diván y con los ojos cerrados, iba recorriendo las distintas parcelas de su paisaje interior. Hasta que llegó a aquella casita que parecía abandonada. Sin moverse, penetró en ella. Y ese fue el comienzo de otra aventura.

El profesional acudió a la asistencia médica porque su paciente parecía haber quedado sin signos vitales. Llegaron los expertos y dieron su diagnóstico: «Está en coma, y habría que buscar de inmediato la causa. Hay que llevarlo a Cuidados Intensivos».

La familia, asustada y angustiada, pedía opiniones por doquier, pero la primera impresión se convirtió de inmediato en misterio indescifrable, hasta que llegó el momento en que vino la recomendación final: desconectarlo de todos los soportes externos y dejarlo que se fuera sin más.

Alguien lo dijo junto a él, en el cuarto donde permanecía desde hacía tanto; y en ese preciso minuto hubo una primera reacción espasmódica, de la que nadie se dio cuenta; pero cuando los encargados llegaron él ya estaba sentado en la cama, con todas las señales externas de hallarse plenamente consciente. La orden fue inmediata:

–Ha despertado el paciente número 20. Hay que hacerle sin tardanza los exámenes que determinen las medidas a tomar.

Se realizó la evaluación exhaustiva del caso, y lo indicado estaba ya por escrito:

–Hay que pasarlo a una habitación normal, y de ahí ver lo que viene.

Cuando despertó su primera petición fue inesperada, al menos para quienes lo conocían:

–Necesito mi laptop ya.

Se la llevaron en el momento, y él la abrazó, como si se tratara de un encuentro anhelado por largo tiempo.

–¡Gracias, gracias! Por fin he logrado llegar a mi punto de partida.

LOS COLORES DEL KARMA

Aunque hacía ya mucho tiempo que se hallaba integrado a su familia propia, la que formó con Olivia luego de un largo noviazgo juvenil, desde hacía algunos meses venía experimentando una especie de distanciamiento anímico con todo lo que estaba en su círculo de mayor cercanía. Y las personas eran la parte más viva de tal sentimiento. Hasta que el hecho llegó a ser tan notorio que Olivia se animó a preguntarle:

–¿Algo te pasa, verdad?

–¿A mí? Quizás, aunque los nudos nunca tienen una sola cuerda de origen.

–¿Y entonces?

–¿Tú no sientes nada?

–¿Quieres decir que puedo ser la otra cuerda del nudo?

–Bueno, quizás en el punto de encuentro está la causa.

–Lo que me dices es que estamos compartiendo un efecto…

–¿Cómo saberlo si no interiorizamos la sensación y luego la ponemos en claro?

Ella asintió sin palabras. En las horas siguientes había que emprender la experiencia. Y así lo hicieron, cada uno por su lado. Ella se fue en ferrocarril hacia su pueblo natal, en las montañas invisibles; y se quedó muy cerca de la casa en una posada para transeúntes.

Transcurridos unos pocos días, ambos se reencontraron sin ponerse de acuerdo en su casa de siempre. Era como si nunca hubieran hecho el experimento:

–¿Lograste tu propósito? –le preguntó ella.

–¿Y tú?

La pregunta cruzada se les graficó por dentro como la distensión del mismo nudo.

–Lo que conseguí fue identificar mi color interior.

–Ah, pues es lo mismo que a mí se me dio.

Se miraron directamente a los ojos, y esa mirada era una ruta de ida y vuelta. Una especie de bruma protectora estaba envolviéndolos.

–¿Y cuál es tu color?

–¿Y el tuyo?

Volvieron a mirarse, con un impulso de complicidad que les nacía de un centro de iluminación que nunca antes habían identificado. Y les brotó la risa con el mismo color de sus respectivos karmas, que estaban por primera vez a la vista; al menos a la vista de sus percepciones individuales.

Y no pudieron contener el impulso esclarecedor:

–Color amanecer.

–Color atardecer.

–Son lo mismo, ¿verdad?

–Si tú lo dices…

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (230)

1883. CRUCE DE IDENTIDADES

El caminante se detuvo ya cuando estaba a unos pasos la entrada a la pequeña y rústica construcción que podía ser muchas cosas, desde una taberna hasta una capilla, porque en aquellas soledades semidesérticas todas las identidades eran volátiles. Empujó la puerta de madera agujereada por la intemperie, y ya estaba adentro. Lo recibió una oscuridad total, que en ese mismo instante empezó a desvanecerse. Él no pudo controlar el susurro: «¿Dónde estoy?» Y de inmediato otro susurro le respondió: «En la casa del señor». Él reaccionó como si la respuesta fuera en mayúsculas: La Casa del Señor. Hizo el intento de arrodillarse; pero el susurro se convirtió en carcajada: «¡No, hombre, es la casa del dueño de estas tierras, un forajido con ínfulas de señor… Le gusta recibir a viajeros inocentes, jajá!»

1884. TARDE EN CONFIANZA

El vehículo, uno de esos carros clásicos que se han vuelto tan apetecidos por los coleccionistas jóvenes, iba haciendo alarde de su capacidad intacta de avance veloz, y en un giro de ojos el que iba en el asiento vecino al del conductor le advirtió a éste, con la confianza de los allegados de siempre: «¡Te pasaste, cabrón, tenés que retroceder!» El conductor hizo un instantáneo derrape hacia la orilla, sin decir nada, yendo hacia atrás. Y el acompañante le agradeció: «Gracias, amigo, hoy sí estamos llegando al puesto». La reacción fue risueña, con la ironía del caso: «Ah, qué bien que en un segundo pasé de ser cabrón a ser amigo…» Risotadas mutuas. Ya estaban ahí, frente a la casa de muchachas que era la favorita de ambos. «¡Apurémonos, pues, que se nos va a notar!», dijeron al unísono, tapándose por aquello de las dudas…

1885. LEALTAD SIN FIN

Hacía buen rato que había amanecido y el pito del ferrocarril anunciando su próximo arribo a la estación inmediata era la mejor prueba de ello. El niño que hacía las veces de testigo superior de todo lo que ocurría en los entornos se hallaba despierto y levantado desde que el sol apenas se anunciaba. Ahora iba descendiendo a toda prisa por la cuesta polvosa para llegar a la orilla e los rieles antes de que el tren apareciera entre los paredones orientales. Así sucedió, en efecto, y cuando la máquina de larga vida se dio a ver seguida por su lista de vagones trepidantes, él estaba ahí, con el saludo a flor de mano. Todos los maquinistas lo conocían, y el que estaba de turno esa mañana le envió un saludo en altavoz natural: «¡Buenos días, chelito fiel, que estarás ahí aun cuando tu tren amigo ya no exista!»

1886. EL COLOR DEL TIEMPO

El adolescente se le acercó a aquel señor octogenario que vivía muy cerca. El jovencito, que estaría a lo sumo en vísperas de sus 16 abriles, se halló así frente al anciano que de seguro bordeaba su década novena. Sentados frente a frente, emprendieron el encuentro. «¿Qué te preocupa, muchacho? No puede ser el tiempo, porque a tu edad el tiempo no existe…» «No es el tiempo, sino el color que me provoca». «¿El color? No lo había pensado. ¿De qué color lo ves y de qué color quisieras verlo?» «Es lo que no sé: los colores se me cruzan». «Ah, pues no eres el único. Me pasa lo mismo». «¿Y entonces cuál es la enseñanza de los años?» «Que todos los momentos están siempre presentes, con sus colores característicos. El tiempo es sólo un juego. El tablero es la vida. ¡Somos contemporáneos, ahora y siempre!»

1887. LECCIÓN PARA NOVATOS

La dama vestida de rojo a la última estaba ubicada en uno de los sillones de espera, mientras él, su pareja trajeada formalmente en azul marino, iba a recoger las entradas a la ventanilla correspondiente. Volvió con ellas, viendo su Apple watch. «Falta un buen rato para que empiece la función, y bien podemos ir a tomar algo por ahí entre tanto». «¿Algo?», inquirió ella con la mirada provocadora que le era tan característica. «Bueno, una copa de Don Perignon, donde haya». «Así ya entiendo. Vamos», aceptó ella, dirigiéndose sin vacilar hacia el sitio conocido. Era un rincón en penumbra con una cuantas mesas de corte clásico. «¡Ah –dijo él en voz de adolescente ilusionado–, si aquí fue donde nos vimos por primera vez!» Ella sonrió como una estrella de los años 50: «Es que el Dom Perignon hace milagros».

1888. FUSIÓN DE GUSTOS

Desde la ventanilla del avión se observaban los matices pictóricos del paisaje, que cambiaba con el avance del vuelo. Ellos Iban de Dallas a Nueva York en una tempranera ruta vespertina, y esperaban llegar a tiempo para ir a cenar al restaurante hindú que se hallaba lateralmente enfrente del edificio donde estaba ubicado su apartamento. Él iba junto a la ventanilla y ella en el asiento vecino. Ella se hallaba a punto de dormirse y él continuaba en su labor contemplativa. «¡Eso parece una ración de Palak Paneer!», dijo él refiriéndose a una de las formaciones de la tierra vista desde el aire. Ella reaccionó, y se acercó al cristal: «¡Y lo que está ahí es una porción de Jeera Rice!» Se tomaron de las manos. El juego podía continuar. Y ambos dijeron en una sola voz: «¡Este menú viajero es lo más apetitoso que hay!»

1889. PARÁBOLA DEL CLIMA

El solsticio de verano estaba haciéndose el rogado, como es reiterada tendencia estacional en estos caprichosos tiempos. Los meteorólogos, cada día más desconcertados, ya casi hablaban en lenguas, y esta vez anunciaban una nueva onda tropical ya cuando era fecha más que sobrada para que aparecieran los afamados vientos de octubre. Entonces a alguien se le ocurrió ir a consultar a un maestro en señales extraterrestres. La respuesta inmediata del aludido tuvo sabor premonitorio: «No habrá vientos, pero habrá brisas, porque las brisas son más condescendientes con el cambio climático, que es el que hoy gobierna. Y pidámosle a las brisas que convenzan al verano de que es mejor cantar en coro que enmudecer en solitario… ¡Así sea!…»

1890. PASAJERO MISTERIOSO

El piloto acababa de anunciar el inicio del descenso, y toda la ceremonia formal se emprendió al instante. Él, que había dormido durante todo el trayecto, se espabiló sin dificultad. La aeromoza pasaba junto a su asiento, y él le preguntó: «¿Cuánto durará la caída?» Ella se detuvo asustada: «¿Caída, dice? ¿Pero cómo se le ocurre semejante cosa?» Él respondió como si todo aquello fuera un chiste ingenuo: «Ay, señorita, usted y yo sabemos que en este desierto es imposible aterrizar…» Ella se autodefendió con el gesto: «Yo no soy quién para opinar al respecto, pero si usted lo dice sus razones tendrá…» Y él entonces lanzó una mirada a su alrededor como diciendo: misión cumplida.

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (20)

MONTAÑAS DORMIDAS

Se hallan alrededor con todas las memorias familiares haciéndome sentir que Albuquerque estará siempre aquí para darme la misma bienvenida.

31 DE OCTUBRE

Halloween para mí no significa nada; para mí el 31 de octubre es el anochecer en que comienza la antigua vacación escolar que se repite entre los sueños.

NUBES EN ASUETO

Todos los días, al asomarme a la ventana, busco mis nubes preferidas, y con frecuencia están ausentes gozando de su día de descanso.

LUNA FUGAZ

Ella se siente eterna, pero yo estoy seguro de que a diario cambia de identidad. La de este día me mira de reojo y me susurra: «Al fin poeta».

ENTRE PALOMAS MENSAJERAS

El sol va zigzagueando como un desorientado vagabundo.

EL MAR ESTÁ MUY LEJOS

Bueno, es que me hallo ahora en el centro mismo de Nuevo México; pero los ecos de las olas me vienen a buscar día a día sin falta.

DESDE EL OCTAVO PISO

Los vecindarios son alfombras íntimas; las montañas reviven sus reposos descalzos; los pocos transeúntes nunca pasan de largo; las espesuras verdes se hacen criptas rosadas…

RICHARD Y JOHANNA

Están sentados en sus sillas cuando llego a buscarlos. Me miran y sonríen. Son mis dos bisabuelos con los que sigo hablando en lenguaje de señas.

TEMPLO AMADO

Sus paredes son ramas enlazadas. Sus vitrales son nidos de colores. Sus asientos son húmedas raíces. Y sus rituales son serenatas de grillos…

VUELOS POSIBLES

Lo reafirmo este día al pie de estas colinas abrazadas que no han dejado nunca de estar aquí y a la vez me acompañan en cada uno de mis pasos.

EL BUEN VECINO

Vive junto a la casa donde viví bajo la identidad de mis antepasados aquí en las vecindades de Albuquerque hace más, mucho más de 100 años.

ÁRBOL CON FRÍO

Lo percibo al sólo contemplarlo mientras camino por la calle solitaria, y de inmediato me animo a darle protección juntando alrededor los anímicos fuegos ancestrales.

CARAVANA DE LUCIÉRNAGAS

Viene avanzando desde siempre para cruzar a tiempo la frontera entre el crepúsculo y la noche.

IGUAL A ENTONCES

Porque los corazones, las sienes y los pulsos siguen siendo los mismos, sin importar lo que haga creer el calendario.

DEL EVANGELIOINMEMORIAL

La roca donde habita el ojo de agua es el mejor altar para poner en práctica las abluciones naturales.

ALGUIEN PASA A MI LADO

¿Será un cartero del pasado, un cibernauta del presente, un emisario del futuro?

PAZ INTERIOR

Es la que vive la ciudad soñada desde que el mundo es mundo.

RECIÉN LLEGADOS

No hay música ni tragos. No hay vítores ni palmas. Lo único que hay son gestos tímidos para que cada quien se ubique en el lugar eterno que le toca.

DESAYUNO EN FAMILIA

Puede ocurrir a cualquier hora del día o de la noche; pero en todo momento los presentes se ubican en los mismos puestos, dicen las mismas frases, desenfundan las mismas remembranzas…

LUNA NUEVA

Hay un desierto amable donde todas las tardes se inaugura una iglesia para que duerma sin temor la nueva luna.

TIERRA DE SABIOS

Esa en la que no hay fuegos afligidos ni manantiales desconfiados.

VOY A HABLAR EN AZUL

Cuando me lo propongo sin decirlo, mis palabras más fieles se quedan expectantes para que el cielo se anime a conocerlas.

LA PRIMAVERA ANÓNIMA

Cada año nos visita sin revelar su identidad pero dejando que circulen sin miedo todas sus energías aleteantes.

LO QUE DICE EL OTOÑO

Como no tiene residencia aquí, el otoño circula pidiendo albergue en todas las viviendas que le parecen amigables.

GRACIAS, VERANO

Pero no vayas a creer que nos tienes en tus manos sólo porque sentimos que tu fresca armonía nos toca el alma desde siempre.

INVIERNO MAGISTRAL

Porque cada año alguna de sus intrépidas tormentas se gana la medalla de los efectos zodiacales.

DESCALZO EN EL ARROYO

Me aventuro al revuelo juvenil de estas aguas para entrenarme en la prueba que viene: el salvaje heroísmo de las olas agónicas.

CIUDADANÍA FANTASMAL (25)

CUANDO LA ARMONÍA ASUSTA

La nostalgia es húmeda, aunque a veces nos reseque el corazón. Así lo había pensado siempre, y cada día estaba menos dispuesto a reconsiderar esa aseveración que le fue tan espontánea desde que tenía memoria.

Y en esta precisa etapa de su existencia, la humedad y la resequedad parecían haberse entendido como nunca antes. Eso le daba una comodidad anímica sin precedentes. Así se lo dijo a Mónica aquel día en que ella mostraba más señales de estar a punto de abandonar la vida en común. La respuesta de ella fue esperable:

–Yo no padezco de nostalgia, como bien sabes. Estoy hecha para sobrevivir.

–¿A qué?

–A todo lo que sea inútil. Como el amor sin futuro y el desamor con anhelo.

–¡Combinación perfecta!

–¿Qué quieres decir? –reaccionó ella frente a aquella respuesta tan provocativa.

–¡Que seguimos siendo la pareja ideal: presentes y ausentes al mismo tiempo! ¡Aleluya!

EL EXACTO DISFRAZ

Aquella antigua mansión había quedado deshabitada desde tiempo inmemorial, hasta el punto que nadie de los entornos tenía ni la más remota noción de quienes fueron los últimos moradores. Ahora se halla prácticamente en ruinas: al menos así parecía desde afuera.

Y lo que más llamaba la atención era que nunca se acercó nadie a ejercer derechos sobre la propiedad en abandono, ni las autoridades vecinales hacían acto de presencia. Y eso estuvo así hasta que un forastero desconocido apareció por ahí con su vestimenta casi harapienta, su mochila casi inservible y su apariencia intemporal.

Llegó directamente a la mansión y se instaló en ella, como si tuviera todo el derecho de hacerlo. Algún vecino se percató, y el rumor se hizo viral.

Pero en los días, semanas y meses siguientes nadie se percató de ninguna presencia. En algún momento, la situación comenzó a cambiar. Las autoridades municipales, seguidas por los vecinos, se hicieron presentes, como si hubieran recibido algún aviso. Ingresaron al interior. ¡Sorpresa insospechada! Adentro la mansión se hallaba intacta. Era un palacio de los de mucho antes. Y en su silla superior, el indigente convertido en potentado. Alguien se animó a decir: «Que nos sirva de lección: esta no es una aldea miserable sino la capital de un imperio desconocido…»

AMANECER ENTRE BRUMAS

El CEO de la compañía convocó a una reunión de directores y de administradores y les lanzó sin preámbulos un anuncio inesperado:

–Este es mi último día en el cargo. A partir de mañana me dedico a lo mío.

Todos se quedaron sin palabras, y él disolvió la reunión antes de que cualquier palabra tomara la iniciativa.

En efecto, al día siguiente el CEO no se apareció por el lugar, él que era la puntualidad personificada. Y es que aquella misma mañana, desde muy temprano, estaba ejerciendo su nueva puntualidad.

Iba a pie, vestido de caminante anónimo, por aquellos senderos polvorientos hacia la cumbre. Estaba por llegar cuando apareció la sencilla cabaña en un recodo arbolado. Se detuvo e hizo un gesto reverencial. En ese instante, el sol comenzó a revelarse a través de los cortinajes brumosos. Él lo interpretó como la señal anhelada. Penetró en la cabaña donde había vivido con su abuelo toda su infancia.

Estaba, pues, rindiéndole tributo a su origen. Nunca más saldría de ahí. La claridad y la neblina lo abrazaban, dándole la bienvenida.

MISIÓN DEL ESPEJISMO

Desde la adolescencia fue conocido como un ser eminentemente práctico, que no se dejaba seducir por las fantasías circulantes, que siempre van cambiando con el paso del tiempo. Y así llegó a la trepidante adolescencia, pasó a la primera madurez cargada de retos de supervivencia y se asomó al otro nivel de la evolución personal, ya con las primeras canas asomando entre los matochos oscuros.

Pero entonces la interioridad se dio una especie de licencia liberadora, como si toda su vida anterior hubiera estado dominada por mandatos insensibles. Y ese despertar de los impulsos imaginativos lo movió a retraerse de otra manera.

Acababa de entablar su primera relación amorosa ya con intención de permanencia, y la primera en enterarse de que algo estaba mutando en su ánimo fue ella, la pintora de imágenes que eran identidades desconocidas en formas realistas.

–¿Qué estás queriendo hacer, Adán?

–Lo mismo que tú: imaginar que la ilusión es lo más natural que existe…

–¡Ah, pues entonces tenemos intención de habitar el mismo Paraíso!

INVENTOR DE CREPÚSCULOS

Sus padres lo trataban como a un ser de otra galaxia, porque era hijo único y ellos tenían todos los recursos disponibles para rodearlo de una aureola de irrealidad que podía costar lo que se quisiera.

Él, que fue creciendo así desde antes de tener uso de conciencia, prácticamente no se daba cuenta de aquel artificio privilegiado, que sentía como lo más natural del mundo, hasta que los signos de la burla y del repudio de sus contemporáneos empezaron a llegarle con más fuerza. «Ahí va el ratoncito vestido de gaviota»… «Que se cuide porque los alacranes no perdonan»… «¡Uy, qué bebé más anciano!»…

Entonces le resonaba dentro del cerebro aquel mandato de superioridad que sus padres al unísono venían imponiéndole entre sonrisas y besos: «Tienes que ser un inventor de auroras, como la luz que todos los días despierta». Y el eco de ese mandato comenzó a fermentársele en el fondo de sí mismo, como una sustancia perversa de la que había que liberarse. ¿Pero cómo hacer para que no pareciera una rebelión injusta?

Al fin descubrió la fórmula. Dijo que había descubierto la vocación monástica, y optó por el encierro dentro de sí mismo: «Voy a ser un inventor de crepúsculos para no tenerle nunca miedo a la oscuridad…»

ALMAS EN DULCE PENA

Dicen que el amor a primera vista es lo más espontáneo del mundo, y así se ha venido creyendo siempre. Ellos, desde que compartieron aula y recreos en el kindergarten, lo experimentaron en mirada y en sensación propias. Cuando pasaron a la formación primaria ya no pudieron compartir la cotidianidad del estudio, y eso se acentuó al llegar la etapa secundaria. Luego la universidad los separó del todo, porque fueron enviados a diferentes países. Las comunicaciones virtuales servían de nexo, pero inevitablemente se fueron espaciando en el tiempo.

Pero el aire tiene su propia lógica virtuosa, y así se dio.

El vuelo aéreo del Aeropuerto JFK al Aeropuerto San Óscar Arnulfo Romero estaba lleno y ya se había cerrado la puerta de ingreso. Los pasajeros se acomodaban en sus respectivas ubicaciones, y en la fila 1 estaban ellos, uno junto al otro, sin advertirlo. Pero de pronto las miradas se cruzaron, como ráfagas atónitas.

–¡Eres tú, Inés!

–¡Eres tú, Lucio!

Las voces, las manos y los alientos se unieron. El milagro anhelado, aun sin proponérselo. Liberación feliz.

La nave alzó vuelo y ese fue el mejor augurio de su nueva vida.

CIUDADANÍA FANTASMAL (24)

DOBLE SEÑAL

Los primeros en llegar fueron los guardianes de la zona, con sus aperos de seguridad. El lugar tenía las características de un campo para distracción dominical.

Minutos después comenzaron a arribar los visitantes, y se fueron instalando en los espacios y en los rincones escogidos. Era lo que ocurría siempre.

Todo se desenvolvía sin novedad hasta que aquel jovencito apareció en su motocicleta como un bólido entusiasta. Los presentes reaccionaron con estupor.

–¿Quién es usted, joven? –le preguntó con imperio uno de los mayores.

–Soy un enviado de las potencias superiores para supervisar el ánimo de los próximos enfermos…

Todos reaccionaron con intensidad colérica:

–¡Fuera de aquí! ¡Fuera de aquí! ¡Salga, intruso! ¡Si no, lo sacamos a golpes!

Y cuando él partió en su moto explosiva, los presentes cayeron al suelo inertes.

SOÑAR SIN FILTRO

Se conocieron en una discoteca de las que estaban abriéndose, en la que el colorido sonoro le daba al ambiente una originalidad casi alucinante. Él era eufórico y ella era reservada, y quizás por eso hicieron clic, porque los contrarios se atraen.

Aquella misma noche salieron juntos hacia un destino compartido, y a su paso se iban cerrando puertas y ventanas. El silencio era entonces el mejor testigo.

A la mañana siguiente, salieron del lugar cada quien por su lado. Las sonrisas respectivas tenían el mismo color vibrante que imperaba en el lugar donde se conocieran. Y todo hacía creer que en unas horas volverían a encontrarse.

Pero eso no sucedió, al menos a los ojos ajenos. Tanto él como ella continuaron en lo suyo. ¿Y qué era lo suyo? Imaginémoslo, porque no hay forma de saberlo. Hasta aquella tarde en el parquecito del centro de la ciudad.

–¿Qué has hecho? –le pregunto él, mirándola a los ojos con humedad insinuante.

–Soñar sin filtro en mi pequeño mundo privado –respondió ella, sonriendo.

–¡Yo he hecho lo mismo a mi manera, y por eso estoy aquí! Vámonos para siempre…

AMALIA BAILA MAMBO

La camioneta que venía del Norte se detuvo en el parqueo de La Garita, y todos los viajeros fueron saliendo hacia sus respectivos destinos. Faltaba poco para el mediodía, y él, que era un niño a punto de ser adolescente, tomó camino por la Calle 5 de Noviembre, a toda prisa. Tenía que llegar a la hora.

Arribó a su casa en el número 220 de la 23ª. Calle Oriente, a tiempo para un par de bocados antes de salir hacia la función de las 2:45 p.m. en el Teatro Principal, allá al inicio de la Calle de Mejicanos, en el mero centro capitalino.

Era la hora en que abría la taquilla. Él subió los gruesos escalones y se colocó entre los pilares frondosos a la espera de que se pudieran comprar las entradas.

Sentado en su silla de madera esperaba el inicio de la función. Y todo se llenó de pronto de aquel ritmo que tenía nombre propio: Dámaso Pérez Prado. Un cubano de mínima estatura vestido siempre de traje formal, que ese día traía a alguien de la mano. Ella, la rumbera sonriente, Amalia Aguilar.

Pero alguien se interpuso como una fuerza irresistible: Adalberto Martínez “Resortes”, el coprotagonista alámbrico. Era “Al Son del Mambo”, y Amalia volaba alrededor…

DESENLACE CON ENLACE

Desde que tuvo noticia, externa o interna, de que sobre todas las estructuras corporales hay un aura que nunca deja de estar presente, sus reacciones personales se pusieron en guardia y cuantos se hallaban a su alrededor empezaron a sentir que él se iba convirtiendo en un ser indescifrable en muchos sentidos. Eso lo fue encerrando en una especie de cápsula de colores cambiantes.

Ahí apareció Romina, que nunca le había puesto resistencia al desafío de los

sentimientos. Se le acercó, lo envolvió y él parecía un animalito asustado que no tenía escape. Y eso hizo que aquella relación pareciera perfecta a los ojos de todos.

Hasta que la presunta perfección comenzó a languidecer, para luego desvanecerse.

–No me esperes, que no voy a volver.

–¿Esta tarde?

–No, nunca.

quien salió por su lado. Sin retorno, hasta el próximo encuentro en algún destino nuevo.

AZOTEA DESTINADA

Le costó mucho decidirse porque sus condiciones personales y económicas no eran ni nunca habían sido bonancibles, pero al fin, y sin que mostrara signos de ello de antemano, optó por irse a vivir solo por primera vez en un edificio antiguo del centro de la ciudad, que recién había sido rehabilitado para vivienda luego de largo tiempo de permanecer en el abandono.

Todo el tiempo estuvo conviviendo con su familia de origen, en aquella casa donde había corredores y jardín, y que se hallaba en el centro de la colonia tradicional que estaba viniendo a menos. Ahora, ya graduado y con empleo prometedor, iba en busca de su propio espacio, para ver luego si lo compartía.

Escogió el piso más alto, con azotea hacia el volcán y sus alrededores. Y en cuanto se instaló tuvo una sensación de plenitud desconocida.

Casi de inmediato recibió un mensaje por WhattsApp: “¿Ya estás ahí, verdad? ¿Te gusta el sitio que escogí para nosotros? ¡Llego cuanto antes!” Sorpresa total. ¿Qué era aquello? ¿Una broma cibernética? Y el WhattApp volvió a encenderse: “¿Broma? ¿Cómo crees? Soy la mujer de tus sueños no soñados y estoy ahora mismo desembarcando en tu azotea… ¿Me reconoces?”

EL LUCERO MÁS PRÓXIMO

Acababan de embarcar y la sensación del mar abierto se les iba acercando a todos los sentidos como un velo de emoción envolvente. Su camarote tenía terraza, y desde ella podían asomarse al vaivén que estaba iniciándose.

–Vamos a estar aquí todo el tiempo que nos sea posible. Este es un viaje íntimo.

Era la voz de él, que empalmaba a la perfección con la sonrisa de ella. El barco despegó. La tierra fue lentamente quedando atrás, y el horizonte de la tarde avanzada se les iba acercando. Era notorio que la noche se hallaba muy cerca, y ellos estaban ahí para recibirla con todos sus honores emotivos. Sin palabras.

Alguien llamó a la puerta. De seguro el asistente asignado. No respondieron. El avance sobre las aguas era sereno hasta el fondo. Sí, hasta el fondo de sus ánimas. Y de repente algo les hizo reaccionar como si estuvieran en un templo ideal.

–¡Ahí, ahí, ahí está, vamos a su encuentro!

Se pusieron de pie, se subieron al barandal y extendieron los brazos, en unión exacta. ¿Iban a hundirse en las aguas o iban a volar? El lucero más próximo les hacía señales. Y ellos se quedaron en suspenso, extasiados.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (229)

1875. CULTO DE DESVÁN

Cuando le llegó el momento de escoger opción de trabajo, decidió, inesperadamente, abrir una cafetería que invitara al descanso. Había estudiado ingeniería industrial, y aquella decisión resultaba casi inverosímil. Sus padres, cautelosos, no indagaron nada, pero Katia, su novia de siempre, se dio por sorprendida. Él esbozó una respuesta elusiva, y así quedaron las cosas. La cafetería se abrió con ilusión de bar, y él permanecía ahí, atento hasta a los detalles mínimos. De pronto, en cualquier momento, dejaba de estar visible por algunos instantes, y nadie sabía su paradero. Hasta que Katia, un día de tantos, se propuso seguirle la pista. Lo siguió por la escalerita disimulada, y arriba lo halló recostado en el colchón. «Es lo que siempre soñé: reencontrarme con el desván de mi infancia, cualquier día y a cualquier hora…»

1876. PARÁBOLA CON PROMESA

Sus bisabuelos maternos eran familia de costureros tradicionales, y la tienda de ropa que abrieron en aquella esquina de la ciudad de entonces ya no existía como tal, pero la edificación intacta que la albergara desde el primer momento se hallaba hoy en sus manos, las de un millennial dispuesto a romper brecha. Aún estaba soltero y podía decidir por su sola cuenta. Sus padres, que emigraran hacia el Norte dejándolo en poder de una tía soltera, apenas se comunicaban en fechas especiales. Él fue a revisar la casa vacía y abandonada. Los cuartos eran penumbrosos y sólo había al fondo un pequeño espacio que alguna vez fue jardín. Se sentía en su hogar. Y al estar solo podía emocionarse a sus anchas. Lanzó un breve grito. Se arrodilló. «¡Estoy de vuelta para acompañarlos hasta que la muerte nos reúna de veras en otro taller!»

1877. MISIÓN OTOÑO

Septiembre trajo aquella vez algunas señales más intensas y reconocibles que en años anteriores. Así, algunos árboles comenzaron espontáneamente a enrojecer sus follajes y algunos amaneceres despertaron con sensaciones friolentas que parecían ser efecto de nieves anunciadas. Aquel joven imaginativo empezó a mencionar el fenómeno, y la gran mayoría de las respuestas eran casi despectivas. «Cipote loco». «Estos ya no hallan qué inventar». «Mejor estudiá en vez de andar divagando»… Pero aquella mañana se topó en la calle con un vendedor ambulante de ropa. «¡Ey, muchacho! ¿Vos sos el mensajero del otoño, verdá?» Él abrió los ojos, sorprendido. «¿Cómo lo supo, señor?» «Ah, porque te voy a contar algo muy personal: el otoño es mi maestro y sé lo que quiere… Unámonos para servirle al Dios Otoño… ¿Te parece?»

1878. DEMOCRACIA EN PANTUFLAS

Como siempre, la temperatura política fluctuaba según las circunstancias, y eso hacía que los ciudadanos estuvieran constantemente a merced de los vaivenes temperamentales del clima humano imperante. Ahora mismo se estaba iniciando una competencia electoral de gran calado, y cada día el ambiente parecía un dilatado muelle en el que atracaban y despegaban los navíos circulantes, casi siempre sin previo aviso. Pero aquella mañana, el muelle despertó vacío. «¿Qué está pasando?», se preguntaban con palabras o sin ellas los habitantes de los entornos. El día avanzó, sin que la situación variara, y al fin alguien se animó a opinar: «Quizás la democracia se ha tomado unas horas de reposo, ahí en su hogar en los alrededores del puerto. Acabo de verla asomándose a su terraza, en pantuflas… De seguro lo necesitaba».

1879. MENSAJE DESDE EL FONDO

Hay que soñar… ¡Hay que soñar!… ¡¡Hay que soñar!!… No era una voz, sino un eco, que venía persiguiéndolo desde que tenía memoria. Y hoy, cuando su vida estaba en una especie de umbral frente al horizonte de los años por venir, el eco se hacía partícipe de la inquietud existencial creciente. Y es que él iba sintiendo cada vez más desde el fondo de su ser la necesidad de ponerse en contacto con las resonancias ancestrales, como si se tratara de un rito profundamente revelador. Hasta que llegó el momento en que la ansiedad acumulada se le desbordó y lo que hizo fue tomar la vía del escape. Le latía la pregunta: «¿Escape hacia dónde?» Y en ese mismo instante el eco le respondió: «Por fin te decides: hacia tu albergue más profundo en el fondo del sueño». Entonces abrió la ventana y se lanzó al aire. Su sueño era volar sin fin.

1880. NOS VEMOS EN EL MÓVIL

Estaban por cumplir diez años de casados, y aquella sensación le había venido creciendo a ella como una verdolaga imparable. Esa noche, cargada de relámpagos cercanos y truenos distantes, la sensación de que tenía que buscar refugio en un lugar seguro se le hizo inaguantable y llamó a su padre para pedirle que le permitiera ir a dormir a la casa de siempre. La respuesta fue inmediata: «Aquí te esperamos dentro de unos pocos minutos, y así nos explicas…» Llegó, pero no explicó nada, porque conscientemente no tenía nada que explicar. Al día siguiente, él la llamó, alarmado: «¡¿Dónde estás, Iris, que anoche te perdiste…?!» «¿Me perdí? ¡No, amor: me encontré!» «No entiendo». «¿Tenés encendido tu móvil?» Si lo tenés, ahí te explico…» Y las imágenes hicieron de las suyas. El próximo orgasmo sería eterno… ¡Hurra!

1881. ROSAS INVERNALES

En esas semanas del año la lluvia llevaba la batuta del aire, y el aire, que se rebelaba a ratos, casi siempre acababa sometiéndose a los dictados de las ráfagas de humedad intrépida. El día en que estamos es uno de esos días, y la suave y todopoderosa tentación de quedarse refugiado entre las colchas matutinas es muy difícil de vencer. Pero él tenía que hacerlo, porque el trabajo no daba permiso de otra cosa. Se levantó, estirándose, realizó con desgano los preparativos para irse a cumplir sus tareas y emprendió camino. Algo desde muy adentro lo movió a ir a pie. Avanzó un par de cuadras y de pronto creyó estar en otro entorno. ¿Qué era eso? ¿Alucinación? Lo que tenía a la par era la rosaleda de don Benjamín Bloom en la Avenida España. Las rosas le extendían sus pétalos. El aire sonreía y la llovizna también.

1882. CARA O CRUZ

Ellos eran una pareja de jóvenes que dentro de muy poco saldrían a ubicarse profesionalmente, y por la excelencia de sus desempeños académicos de seguro les esperaba una buena vida. Al pensarlo se quedaban callados, porque sus imágenes respectivas estaban en las antípodas. Para muestra un botón: ella quería un penthouse de última moda; y él, una casa clásica de las de antes. Y en ese dilema estaban hasta que sus padres, en conjunto, les pusieron un ultimátum emocional: «O se deciden o se olvidan». Y entonces asomó la solución intrépida: echar la suerte a cara o cruz.