CIUDADANÍA FANTASMAL (25)

Historias sin Cuento

David Escobar Galindo

CUANDO LA ARMONÍA ASUSTA

La nostalgia es húmeda, aunque a veces nos reseque el corazón. Así lo había pensado siempre, y cada día estaba menos dispuesto a reconsiderar esa aseveración que le fue tan espontánea desde que tenía memoria.

Y en esta precisa etapa de su existencia, la humedad y la resequedad parecían haberse entendido como nunca antes. Eso le daba una comodidad anímica sin precedentes. Así se lo dijo a Mónica aquel día en que ella mostraba más señales de estar a punto de abandonar la vida en común. La respuesta de ella fue esperable:

–Yo no padezco de nostalgia, como bien sabes. Estoy hecha para sobrevivir.

–¿A qué?

–A todo lo que sea inútil. Como el amor sin futuro y el desamor con anhelo.

–¡Combinación perfecta!

–¿Qué quieres decir? –reaccionó ella frente a aquella respuesta tan provocativa.

–¡Que seguimos siendo la pareja ideal: presentes y ausentes al mismo tiempo! ¡Aleluya!

EL EXACTO DISFRAZ

Aquella antigua mansión había quedado deshabitada desde tiempo inmemorial, hasta el punto que nadie de los entornos tenía ni la más remota noción de quienes fueron los últimos moradores. Ahora se halla prácticamente en ruinas: al menos así parecía desde afuera.

Y lo que más llamaba la atención era que nunca se acercó nadie a ejercer derechos sobre la propiedad en abandono, ni las autoridades vecinales hacían acto de presencia. Y eso estuvo así hasta que un forastero desconocido apareció por ahí con su vestimenta casi harapienta, su mochila casi inservible y su apariencia intemporal.

Llegó directamente a la mansión y se instaló en ella, como si tuviera todo el derecho de hacerlo. Algún vecino se percató, y el rumor se hizo viral.

Pero en los días, semanas y meses siguientes nadie se percató de ninguna presencia. En algún momento, la situación comenzó a cambiar. Las autoridades municipales, seguidas por los vecinos, se hicieron presentes, como si hubieran recibido algún aviso. Ingresaron al interior. ¡Sorpresa insospechada! Adentro la mansión se hallaba intacta. Era un palacio de los de mucho antes. Y en su silla superior, el indigente convertido en potentado. Alguien se animó a decir: «Que nos sirva de lección: esta no es una aldea miserable sino la capital de un imperio desconocido…»

AMANECER ENTRE BRUMAS

El CEO de la compañía convocó a una reunión de directores y de administradores y les lanzó sin preámbulos un anuncio inesperado:

–Este es mi último día en el cargo. A partir de mañana me dedico a lo mío.

Todos se quedaron sin palabras, y él disolvió la reunión antes de que cualquier palabra tomara la iniciativa.

En efecto, al día siguiente el CEO no se apareció por el lugar, él que era la puntualidad personificada. Y es que aquella misma mañana, desde muy temprano, estaba ejerciendo su nueva puntualidad.

Iba a pie, vestido de caminante anónimo, por aquellos senderos polvorientos hacia la cumbre. Estaba por llegar cuando apareció la sencilla cabaña en un recodo arbolado. Se detuvo e hizo un gesto reverencial. En ese instante, el sol comenzó a revelarse a través de los cortinajes brumosos. Él lo interpretó como la señal anhelada. Penetró en la cabaña donde había vivido con su abuelo toda su infancia.

Estaba, pues, rindiéndole tributo a su origen. Nunca más saldría de ahí. La claridad y la neblina lo abrazaban, dándole la bienvenida.

MISIÓN DEL ESPEJISMO

Desde la adolescencia fue conocido como un ser eminentemente práctico, que no se dejaba seducir por las fantasías circulantes, que siempre van cambiando con el paso del tiempo. Y así llegó a la trepidante adolescencia, pasó a la primera madurez cargada de retos de supervivencia y se asomó al otro nivel de la evolución personal, ya con las primeras canas asomando entre los matochos oscuros.

Pero entonces la interioridad se dio una especie de licencia liberadora, como si toda su vida anterior hubiera estado dominada por mandatos insensibles. Y ese despertar de los impulsos imaginativos lo movió a retraerse de otra manera.

Acababa de entablar su primera relación amorosa ya con intención de permanencia, y la primera en enterarse de que algo estaba mutando en su ánimo fue ella, la pintora de imágenes que eran identidades desconocidas en formas realistas.

–¿Qué estás queriendo hacer, Adán?

–Lo mismo que tú: imaginar que la ilusión es lo más natural que existe…

–¡Ah, pues entonces tenemos intención de habitar el mismo Paraíso!

INVENTOR DE CREPÚSCULOS

Sus padres lo trataban como a un ser de otra galaxia, porque era hijo único y ellos tenían todos los recursos disponibles para rodearlo de una aureola de irrealidad que podía costar lo que se quisiera.

Él, que fue creciendo así desde antes de tener uso de conciencia, prácticamente no se daba cuenta de aquel artificio privilegiado, que sentía como lo más natural del mundo, hasta que los signos de la burla y del repudio de sus contemporáneos empezaron a llegarle con más fuerza. «Ahí va el ratoncito vestido de gaviota»… «Que se cuide porque los alacranes no perdonan»… «¡Uy, qué bebé más anciano!»…

Entonces le resonaba dentro del cerebro aquel mandato de superioridad que sus padres al unísono venían imponiéndole entre sonrisas y besos: «Tienes que ser un inventor de auroras, como la luz que todos los días despierta». Y el eco de ese mandato comenzó a fermentársele en el fondo de sí mismo, como una sustancia perversa de la que había que liberarse. ¿Pero cómo hacer para que no pareciera una rebelión injusta?

Al fin descubrió la fórmula. Dijo que había descubierto la vocación monástica, y optó por el encierro dentro de sí mismo: «Voy a ser un inventor de crepúsculos para no tenerle nunca miedo a la oscuridad…»

ALMAS EN DULCE PENA

Dicen que el amor a primera vista es lo más espontáneo del mundo, y así se ha venido creyendo siempre. Ellos, desde que compartieron aula y recreos en el kindergarten, lo experimentaron en mirada y en sensación propias. Cuando pasaron a la formación primaria ya no pudieron compartir la cotidianidad del estudio, y eso se acentuó al llegar la etapa secundaria. Luego la universidad los separó del todo, porque fueron enviados a diferentes países. Las comunicaciones virtuales servían de nexo, pero inevitablemente se fueron espaciando en el tiempo.

Pero el aire tiene su propia lógica virtuosa, y así se dio.

El vuelo aéreo del Aeropuerto JFK al Aeropuerto San Óscar Arnulfo Romero estaba lleno y ya se había cerrado la puerta de ingreso. Los pasajeros se acomodaban en sus respectivas ubicaciones, y en la fila 1 estaban ellos, uno junto al otro, sin advertirlo. Pero de pronto las miradas se cruzaron, como ráfagas atónitas.

–¡Eres tú, Inés!

–¡Eres tú, Lucio!

Las voces, las manos y los alientos se unieron. El milagro anhelado, aun sin proponérselo. Liberación feliz.

La nave alzó vuelo y ese fue el mejor augurio de su nueva vida.

 


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