«Los bailarines tenemos contados los días»

¿Desde cuándo baila?

Desde los nueve años, cuando mi madre me llevó a la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié.

¿Qué o quién es el más grande amor de su vida?

La vida misma. En ella está la danza que me apasiona y mi familia.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento?

Hace unas semanas creía que mi mayor atrevimiento fue construirme como bailarina en República Dominicana. Ahora eso cambió. Mi más grande atrevimiento es estar en Innsbruck, Austria; y además someterme a una audición en donde estoy al lado de bailarines impresionantes.

¿A quiénes considera sus maestros?

Excelentes maestros me han hecho crecer: Xenia Vaquerano, Xucit Cuestas, Tania Madrigal, Marta Castellón, Eduardo Rogel, Humberto Canessa, Fernando Hurtado, Olga Shimasaki, Pepe Hevia, Thomas Noone, Armando Gonzales, Doris Infante y Lisbell Piedra, etcétera. En especial, el maestro Francisco Centeno.

¿Cómo fue volver a El Salvador?

Hermoso, me reencontré con mi familia, amigos y tradiciones. Volver a los orígenes es encontrar la claridad del siguiente destino. Debo agradecer a los bailarines Marta Castellón y Óscar Moreno por su infalible apoyo y credibilidad hacia mi trabajo desde mi llegada a El Salvador.

¿Cómo imagina su vida en 10 años?

Dirigiendo una compañía de danza propia o estatal y formando bailarines para que amplíen sus horizontes.

¿Qué no perdonaría?

Perder el tiempo, los bailarines tenemos contados los días. Nuestra carrera es corta.

«A mi padre lo condenaron a muerte por ser revolucionario»

¿De qué se arrepiente?

De no haber denunciado, cuando tuve oportunidad, hechos que afectaron la vida de muchos salvadoreños.

¿Qué cosas pasadas de moda todavía hace?

Me gusta leer obras históricas. Investigo sobre nuestra historia. Por ejemplo, en una investigación personal, descubrí que tres expresidentes salvadoreños eran, en realidad, extranjeros.

¿Quién es el personaje salvadoreño más importante de la historia?

Gerardo Barrios, porque a él se le debe la llegada de las plantaciones del café a El Salvador y la modernización del país.

¿Se ha sentido víctima de alguna injusticia?

Sí, me he sentido víctima de varias. A mi padre lo condenaron a muerte por ser revolucionario en la época del general Maximiliano Hernández Martínez, fue una. Y otra fue cuando, por razones políticas, me negaron el pago por trabajos realizados para un gobierno de El Salvador.

¿Qué es lo que más falta le hace a El Salvador?

La educación y la disciplina para poder convivir entre los salvadoreños. También la honradez en la política y la sinceridad entre sus habitantes.

¿Qué ideal de su juventud le faltó concretar?

Participar activamente en la política con el propósito de servirle al país.

¿Tiene la sensación de que ha tocado el cielo de su éxito?

No me ha faltado el éxito, pero considero que a la edad que tengo todavía puedo hacer actividades que ayuden y logren beneficios para los salvadoreños.

“Desde mi niñez tuve que trabajar para ayudar a mi familia”

¿Cómo fue su primer día de trabajo?

No puedo describir un día en específico, porque desde mi niñez tuve que trabajar para ayudar a mi familia. Fue duro, porque lo hice sin estudios, sin recursos y en una extrema pobreza. Era muy difícil que alguien me diera una oportunidad, pero Dios siempre me abrió las puertas y me dio la fuerza y voluntad para luchar día con día.

¿De qué se siente satisfecha?

De las bendiciones que he recibido al haber sacado, con mucha lucha, a mi familia adelante. De tener una familia unida, con buenos valores y saber que puedo contar con todos ellos para seguir adelante, segura de la capacidad de cada uno de ellos.

En tres palabras, ¿cómo se describe?

Servicial, luchadora, visionaria.

¿Qué la hace sentir frustrada?

La inseguridad, la corrupción y la falta de empleo en el país.

¿Cuál es mejor consejo para alguien que empieza su negocio?

Primero, ponerse en las manos de Dios. Hay que dedicarle tiempo completo al negocio y aprovechar todas las oportunidades que se presenten cada día para poder lograr tus objetivos. Estar a la vanguardia de nuevas herramientas que puedas implementar en tus proyectos. Permitirle a tus hijos y nietos involucrarse en el negocio e inculcarles buenos valores que les permitan actuar con dignidad y prudencia.

¿Qué borraría de la historia salvadoreña?

La guerra.

¿Cuál es el mayor defecto del sector comercio en el país?

La corrupción y la falta de oportunidades.

«Los títulos y las carreras no son para esconderlos»

¿Cómo inició su interés por la ciencia?

Cuando tenía 19 años llegaron del Servicio Meteorológico Nacional a reclutar gente a la Universidad de El Salvador. Dijeron que las mejores notas iban a ser seleccionadas. A 12 nos dieron plaza y aunque entramos cinco mujeres, solo quedé yo de ese tiempo.

¿Qué le aconsejaría a otras mujeres interesadas en un campo científico?

Tener deseo de superarse a través del estudio. En mi familia éramos de escasos recursos, pero nos inculcaron que solo estudiando podríamos salir adelante. Desde el bachillerato yo ya tenía beca. Me exoneraron los seis colones de cuota, porque ni eso podíamos pagar. Y de ahí toda mi carrera meteorológica ha sido auspiciada por las entidades mundiales.

¿Quiénes han sido sus referentes en la vida?

Dios, mis padres, mis hermanos.

¿Cómo se enfrenta a las críticas?

Mis padres me criaron con autoestima alta. Tengo satisfecho mi interior por todas las cosas que he hecho.

¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?

Que toda la gente me pregunta si va a llover o no… ja,ja,ja. Me ven en la calle y me preguntan. Yo siempre me tomo el tiempo de explicarles. Los títulos y las carreras no son para esconderlos ni para nosotros mismos. Tienen que serles útiles a alguien. Pero mis satisfacción más grande es haber abierto el camino en esta rama de la ciencia para muchas mujeres.

¿Qué otra carrera habría considerado?

Siempre soñé con ser piloto.

¿Qué le hace falta a El Salvador?

Que todo lo que hacemos esté al servicio del pueblo y no al servicio de otros intereses.

«No confío en los que comen pupusas con cubiertos»

¿Qué hace la diferencia entre un buen negocio y uno que sale mal?

Que el buen negocio siguió intentando ser bueno, después de haber salido mal.

¿Qué le haría plenamente feliz?

Ver una aurora boreal.

¿Qué hace a alguien buena o mala persona?

No sé. Pero no confío en los que comen pupusas con cubiertos.

¿Cuál es su mayor debilidad y su mayor fortaleza?

Mi esposo es ambas.

¿Qué hace a alguien ser bello?

La cantidad de libros que haya leído.

¿Cuál es su trabajo soñado?

Ser ilustradora «freelance» es mi sueño y mi realidad.

¿Qué característica es indispensable en un emprendedor exitoso?

Ser valiente.

«Nunca hay que obrar solo desde la individualidad»

¿Alguna vez se ha sentido traidor?

Sí, cuando me he visto obligado a abandonar un proyecto fundamental en mi vida.

¿Qué es lo más importante en su código ético?

Tener siempre como correlato de mis opciones y decisiones a los otros. Nunca hay que obrar solo desde la individualidad.

¿Qué es lo que recuerda de sus primeros años en la escuela?

Guardo con mucho cariño la dedicación y esmero de una buena maestra. Era profesora y directora de mi escuela. Se llamaba doña Graciela.

¿Cuál es su concepto de transparencia?

Es estar dispuesto, de buena forma, a dar cuentas y responsabilizarnos de nuestra vida pública.

¿Qué es lo que más le falta al sistema educativo salvadoreño?

Docentes motivados y comprometidos con poner al centro de sus preocupaciones la atención y realización de las necesidades específicas de los niños y las niñas.

¿Qué banda sonora le podría a la película de su vida?

«La cabalgata de las valquirias» de Richard Wagner.

¿Qué necesitan los jóvenes salvadoreños?

Oportunidades y espacios de participación reales, no ficticios.

“Tenemos grandes intérpretes y pocos creativos”

¿Qué le hace falta a El Salvador?

Nos hace falta seguir encontrándonos, seguir proponiendo para compartir lo que vale la pena de nosotros.

¿Cómo ha sido su experiencia como productor independiente?

Dura pero enriquecedora; producir empezó como una necesidad, pues a nadie le interesaba hacer producción para las músicas que siempre me han gustado, después se convirtió en un trabajo.

¿Dónde se imagina dentro de 10 años?

Coordinando las giras de las bandas de Nuestro Verano, que espero convertir en un sello discográfico muy pronto. Quiero pasar de la producción al tour “management” y después al “management” como tal.

¿Qué le gustaría que pasara hoy, pero no está pasando?

Tener más fondos para producir. Para traer propuestas que nos muevan un poco el tapete en San Salvador y para llevar propuestas locales fuera del país.

Si pudiera volver en el tiempo, ¿elegiría otro trabajo?

Al contrario creo que hubiese empezado aún más joven en este camino. Produje mi primer show a los 23 años en La Luna, y creo que pude haber empezado más joven.

¿Cómo describiría el gremio musical nacional?

Hay mucha competencia en lo técnico musical y muy poca propuesta en lo artístico. Necesitamos encontrar un balance. Tenemos grandes intérpretes y pocos creativos, hoy en día todo está grabado muy bonito, muy bien cantado y tocado, pero muchos temas no funcionan con la gente. No tenemos un nuevo “hit” local que apasione al público, no hemos escuchado un nuevo “Ya no estás” o un nuevo “Hacer nuestro el universo”.

¿Qué le emociona más de su trabajo?

Ver a la gente cantar y bailar en los concierto. Por ejemplo, a nivel de producción, el concierto de Jorge Drexler no fue perfecto, pero cuando logras crear las condiciones para que el artista y el público conecten, entonces has hecho tu trabajo como productor.

“Todo pasa y todo es aprendizaje”

¿Cuál es el mejor sonido que conoce?

El que hacen los árboles cuando los mueve el viento. Siempre he sentido una conexión con los bosques y paisajes montañosos. Escuchar ese sonido me hace sentir en casa.

¿Por qué hace música?

Cada vez que me conecto con la música experimento sensaciones, emociones y recuerdos que me hacen sentir vivo, satisfecho y extasiado. El arte nos hace humanos y eso es lo que quiero que la gente sienta cuando escuche música a través de mi instrumento.

¿Quiénes son sus héroes de la vida real?

Cualquier persona que hace algo desinteresado y por el bien de otra, que le dedique tiempo a alguien que necesita hablar de sus problemas, que le regale una moneda, algo de comer o simplemente una sonrisa para hacer su día más cálido.

¿Quién es su músico favorito?

Mis abuelas. Una fue una pianista increíble y a la otra aún le gusta cantar y escuchar boleros conmigo.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Ser yo mismo sin importar con quien esté. Gracias a esto he podido crecer, he tomado decisiones con base en mis ideales, me he quitado el miedo de hacer cosas que antes no habría hecho y he descubierto otros que me motivan a superarme a mí mismo. He aprendido a quererme con todos mis defectos y cualidades.

¿Qué no perdonaría?

No me gusta guardar rencor, prefiero estar en paz conmigo mismo y con los demás.

¿Qué consejo se daría?

Que por mucho que las cosas puedan estar mal nunca serán permanentes, todo pasa y todo es aprendizaje, de una forma u otra las cosas mejoran. Pero también hay que tener paciencia y poner de nuestra parte para que eso se dé.

“Es un derecho sentirnos seguros en nuestra propia tierra”

¿Cómo imagina la escena de danza salvadoreña en diez años?

Unida. Con más y mejores espacios profesionales de formación, comprometidos fielmente a brindar educación de calidad para formar generaciones de artistas escénicos de alto nivel. Y consecuente a esto, mejores salarios y prestaciones dignas para el gremio.

¿Quiénes son sus referentes salvadoreños?

En la danza: Didine Ángel y Marcial Gudiel; ambos, en sus áreas, grandes representantes de la danza y su historia en el país.

¿Cuáles son sus nombres favoritos?

El apellido de mi familia, Buendía; gracias a ellos soy. El segundo, «Imox», mi nahual; y el tercero, «Los Grugenstein», el nombre de mi cuento favorito del autor Alejandro Jodorowsky.

¿Qué es lo que necesita en este momento?

Continuar fuera del país mi formación como bailarina.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Decidir, hace tres años, continuar con mi trayectoria de forma independiente y muchas veces autodidacta. Es clave en algún momento verse «completamente solo» ante aquello que nos asusta. Te hace replantear tus prioridades, metas y estilo de vida.

¿Cuál ha sido su presentación favorita?

En febrero de 2017 presentamos «Urban Shaman, El Salvador». Fue estrenada en el Teatro Nacional. Un proceso creativo bastante intenso y exigente. Gracias a esta obra pude experimentar cambios drásticos en mi percepción y hábitos con respecto a la danza.

¿Qué le hace falta a El Salvador?

¡Uy!, estamos carentes de muchas cosas. Pero recalco el tema de la seguridad nula de nuestro país. Es un derecho sentirnos seguros en nuestra propia tierra. Y al mismo tiempo, aprender a sublevarse, tener el coraje de sublevarse ante las injusticias y dejar de quejarse únicamente por Facebook.

«El arte va más allá que simplemente la virtuosidad»

¿A qué persona viva admira?

Admiro a mi madre porque de ella he aprendido a ser profesional en la música y en cualquier cosa que me proponga.

Si de usted dependiera cambiar algo del medio artístico, ¿qué cambiaría?

El medio artístico necesita educación porque es la clave de cualquier crecimiento.Lastimosamente los artistas salen del país a buscar estudios. Si yo pudiera cambiar algo sería poner un Estudio Superior de Artes en El Salvador.

¿Cómo imagina su vida dentro de 10 años?

Con más estabilidad económica, tener un espacio para mujeres artistas y poder enseñar a las nuevas generaciones para que esto no muera.

¿Qué no perdonaría?

La traición.

¿Cuál es su palabra favorita?

Respeto.

¿Por qué le gustaría ser recordada?

Me gustaría ser recordada por ser una gran artista y ser humano.

¿Cuál es el rol del artista en la sociedad salvadoreña?

«Arte sin contenido solo es muestra de técnica». El arte va más allá que simplemente la virtuosidad. Si somos capaces de tocar las almas por medio de la música o artes escénicas, somos encargados de aportar algo más a este mundo y regalar esperanza ante tanta injusticia y maldad.