«Tengo el superpoder de desconectarme de la realidad»

¿Qué la llevó a especializarse en producción de audio?

Al principio, decidí estudiar ingeniería en audio porque quería hacer sonido en vivo. A los 18 años, lo que más me gustaba era ir a conciertos. Iba hasta a cuatro por semana, entonces pensé: bueno quizá puedo vivir de esto. Aunque en las prácticas de la universidad lo odié. No es lo mismo trabajar en un concierto que ir de espectador. Por suerte, con esa carrera puedes hacer muchas otras cosas y la rama que más me gustó es la que hago ahorita, la de post-producción. Hago diseño de sonido ya sea para películas, anuncios publicitarios o cualquier tipo de contenido audiovisual.

¿Cuál es el género de música que más disfruta?

Yo sé que esta es la típica respuesta, pero después de años siento que me he ganado el derecho, de verdad, de decir que escucho casi de todo. Obviamente, siendo ‘disc jockey’, me gusta la música electrónica, incluyendo los sub-géneros ‘pesados’, como el ‘drum and bass’ y el ‘dubstep’. En mi juventud escuchaba mucho rock, ahora me gusta el pop, trap. Tuve un programa de radio solo de reggae por cuarto años, y fui instructora de zumba donde bailaba todo lo tropical: salsa, cumbia, merengue, reggaetón. Todo esos géneros me gustan.

¿Hubo alguien que la inspiró a escoger su profesión?

Como ‘disc jockey’ me inspira una colega que es poco conocida, pero que ha estado varias veces en el famoso Boiler Room: Sarah Farina.

¿Qué hace cuando tiene dificultades para resolver un problema?

Trato de centrarme y no abatirme. Pienso en que ese problema seguramente alguien más lo tuvo y pudo resolverlo. Así que digo: yo también lo puedo resolver de alguna forma u otra.

¿Cuál es el carácter histórico que más rechaza?

La esclavitud.

¿Cómo encara usted las tareas que le disgustan?

Va a sonar raro, pero siento que tengo el superpoder de desconectarme de la realidad por un rato. Si tengo que hacer algo que no quiero, usualmente me desconecto y estoy en modo automático.

¿Qué o quién es el más grande amor de su vida?

Sin duda alguna, mi familia. Cada día me doy más cuenta que son lo que más me importa y que si los tengo a ellos, lo tengo todo.

Los poetas ante la poesía

Ilustración de Moris Aldana

Marco Antonio de la Parra publicó no hace mucho en un diario madrileño un artículo en el que, con buenos argumentos, incitaba al lector a leer poesía: «Atrévase. Rompa de verdad su rutina, deje que entre en su vida amaestrada por los hábitos y la existencia programada el aliento quemante del poema. Hágalo ahora, antes de cambiar de opinión, como un impulso, antes que cambie el viento, siguiendo el siempre incierto camino de los astros, solo, en compañía, en silencio, en voz alta». Y más adelante concluía: «Lea. Poesía. Que no muerde». Todo el artículo me pareció excelente, menos el final. Porque el problema es ése: que la poesía muerde. Por ser libre, preguntona, transgresora, cuestionante, subjetiva, fantasiosa, hermética a veces y comunicativa en otras. Por eso muerde. Y por eso buena parte del público (me refiero al que lee, claro) prefiere la prosa, que a menudo contiene respuestas, obedece a planes y estructuras, suele ser objetiva, sabe organizar sus fantasmas y en general no muerde, especialmente cuando le ponen (o se pone) bozal. Aun en tiempos de censura, y habida cuenta de que los censores no suelen ser especialistas en metáforas, la poesía suele pasar las aduanas con mucho más donaire que la prosa.

Es sabido que los poetas, al menos cuando escriben, no son tímidos. Como bien señaló Aleixandre: «No hay un solo poeta que no modifique el mundo». Y eso no se perdona fácilmente, ya que la ampliación verosímil es: «No hay un solo poeta que esté conforme con el mundo». Y claro, eso suele provocar bien entendidos y malentendidos.

Porque aunque parezca mentira, hay mucha gente que está conforme con el mundo. Y no me refiero a los muy pudientes ni a los muy poderosos (por lo corriente, ni unos ni otros están conformes, pues sus ansias de dinero y de poder son inagotables), sino más bien a cierto tipo de ciudadano medio, dueño de un mediano confort y una sobria mezquindad que ni siquiera aspira a leer, no sea que alguien lo convenza a su derecho a la osadía, o del resquicio de solidaridad que está a su alcance.

Es cierto que cada poeta modifica el mundo, o al menos trata de modificarlo, aunque pocas veces tenga éxito, como suele acontecer con los francotiradores. Sin embargo estos, en contadas ocasiones dan en el blanco, y aciertan con una palabra, con una imagen, que puede ser más reveladora que un discurso. «El poema», escribió el brasileño Fernando Ferreira de Loanda, «hecho de nadas, es intrínseco, / no depende de la miel o de la lluvia». La poesía, precisamente por ser intrínseca, o sea íntima, esencial, no convencional, ilimitada, puede llegar a ser reveladora. Por eso es una lástima que el lector corriente quede al margen de esa revelación. La poesía enriquece la vida, aunque la ponga en duda, aunque la cuestione, aunque la muerda. «Sé que estoy escribiendo/ para exorcizarme», dice la nicaragüense Gioconda Belli, pero la poesía puede también servir de exorcismo a quien la lea. En la vida de cada lector suele haber algún poema que significó para él una revelación o tal vez un diagnóstico de su vida interior.

Porque aunque parezca mentira, hay mucha gente que está conforme con el mundo. Y no me refiero a los muy pudientes ni a los muy poderosos (por lo corriente, ni unos ni otros están conformes, pues sus ansias de dinero y de poder son inagotables), sino más bien a cierto tipo de ciudadano medio, dueño de un mediano confort y una sobria mezquindad que ni siquiera aspira a leer, no sea que alguien lo convenza a su derecho a la osadía, o del resquicio de solidaridad que está a su alcance.

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Hace unos quince años, en las paredes del Hospital Neuropsiquiátrico de Buenos Aires, figuraba esta inscripción: «En el país de los ciegos, el tuerto está preso». Solo la lucidez de la demencia podía quitarle al tuerto su antigua corona. Aquella absurda ironía fue interpretada entonces (hubo una revista que se arriesgó a difundirla) como un duro fustazo al talante represivo del gobierno, pero las represiones pasan y las burlas quedan.

Quizá la poesía sea el tuerto de la literatura. Un tuerto que nunca es rey, ni siquiera en el país de los burriciegos. Puede que a veces vea solo con el ojo izquierdo y otras veces solo con el ojo derecho. Pero ve. Es un tuerto que está preso y ha sido incomunicado por el desaire, el arrinconamiento o el desdén. Aunque de vez en cuando el azar le confiere algún premio Nobel. Tuerto pero ve. Y si los historiadores se vuelven anacrónicos, los poetas sirven muchas veces para transmitir la esencia de una época, de un ciclo, de una civilización.

Cuando tuvo lugar el tan mentado boom de la novela latinoamericana, nadie se acordó de traer en esa ola a la poesía. Los editores mercantiles (y más ahora, que se integran en conglomerados trasnacionales) llevan su minuciosa contabilidad-ficción, y a partir de sus asientos y contrasientos, llegan a autoconvencerse de que la poesía «no es negocio». Cómo saberlo exactamente? Algún editor se animó, en relación con un libro de poesía, a bombardear propagandísticamente el mercado con el mismo empuje que generalmente dedica a sus novelistas? Por supuesto (y por ejemplo), hay en España algunas pocas editoriales que se animan a publicar sólo poesía, y a la vista está que sobreviven. Pero son la excepción.

Ilustración de Moris Aldana

Hasta los poetas son convencidos por la propaganda. Hace exactamente veinte años publiqué un libro de reportajes, «Los poetas comunicantes», y allí pregunté sobre este tema a varios de los entrevistados. Nicanor Parra, por ejemplo, me respondió: «Siempre hay un aparato comercial en torno a la novela, que es un elemento de comercio, una mercadería. La poesía nunca lo ha sido». La respuesta del ecuatoriano Jorge Enrique Adoum fue más pesimista: «No se hace justicia desde luego con la poesía, pero no creo que esto se deba exclusivamente a un problema de empresa comercial o económica. Creo que más bien se debe a la falta de clientes para la poesía». Juan Gelman, por su parte, señalaba que «nuestra sociedad es cada vez más antipoética», pero al menos los inscribía en otro contexto: «El capitalismo es lo más antipoético que ha conocido la humanidad, en el sentido amplio del término, y también en el sentido técnico».

Una cosa es cierta: la poesía latinoamericana no necesitó del boom para situarse en un nivel óptimo. Pero ese nivel no es una novedad de estos últimos años. Antes de Nicanor Parra, Gonzalo Rojas y Enrique Lihn, de Octavio Paz y Jaime Sabines, de Eliseo Diego y Fayad Jamis, de Roberto Juarroz, Francisco Urondo y Juan Gelman, de Ernesto Cardenal e Idea Vilariño, está la formidable columna vanguardista (Vallejo, Neruda, Huidobro, Guillén, Girondo), y antes de los vanguardistas están nada menos que José Martí, Rubén Dario y Delmira Agustini.

Cuando la narrativa latinoamericana se hallaba todavía embretada en esquemas o en maniqueísmos, los poetas ya experimentaban libremente, eran sensibles a la fluidez natural de la existencia comunitaria, y además buceaban infatigablemente en su vida interior. Cuando los narradores de nuestra América empezaban a imitar, con un atraso de veinte o treinta años, los modelos que llegaban lentamente desde Europa (por vía marítima, claro, y no por satélite o por fax, como sucede ahora), los poetas, con Darío primero, con Huidobro o Neruda después, ya influían sobre sus colegas europeos, algo empachados en su copiosa tradición.

El sobre salto que -partícipes o no del boom- produjeron en narradores como Rulfo, Cortázar, Guimares Rosa, Onetti, Arguedas, García Márquez, Vargas Llosa, Carpentier, Fuentes, se debió no sólo a su calidad intrínseca, sino también al salto cualitativo y en cierto modo a la ruptura que su aporte artístico significaba con respecto a nombres como Gallegos, Güiraldes, Rivera, e incluso algunos más cercanos, como Mallea, Ciro Alegría o Céspedes. En poesía, en cambio, no existe esa grieta, sino más bien una sobria continuidad, que, por cierto, no se niega a sí misma en su constante vaivén. Si la narrativa, con su brincos y esplendores, con sus terremotos y relámpagos, se ha pasado entrando a, y saliendo de nuestra realidad y nuestra historia, la poesía, en cambio, sin tanto ruido, se ha conformado en atravesar por dentro esa historia y realidad. A veces su recorrido es casi invisible, pero sin embargo está ahí, como un río subterráneo que impregna otras zonas y otros quehaceres, incluida entre estos la mismísima narrativa, que en su momentos de mayor eclosión muestra inequívocos síntomas de «entrismo» poético.

Una curiosa característica de la poesía latinoamericana en este siglo que concluye, es su diversidad, su mestizaje. Una aleación que detecta en la zona poética de cada país en particular. Las formas y los contenidos se endosan como los cheques, hasta que alguien los hace efectivos y les otorga su mejor identidad. Sin embargo, el mestizaje estético puede aparecer en la trayectoria de un mismo poeta. Esto ya fue reconocible en los grandes nombres de la poesía latinoamericana. Verbigracia: en la obra de Neruda van desfilando las muy superrealistas «Residencias», la magistral intensidad de «Alturas de Macchu Picchu«, la conciencia política de «España en el corazón», el erotismo de «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», recuperado casi treinta años después en «Los versos del capitán»; en Vallejo, el vanguardismo de «Trilce» y la entrañable comunicación de los «Poemas humanos»; en Nicolás Guillén, el ritmo y la música verbales de «Sóngoro cosongo«, junto al versolibrismo de algunos poemas de «West Indies Ltd«, y el humor travieso de «El Gran Zoo». «Todo mezclado», escribió precisamente Guillén en un poema que hizo fortuna. Todo mezclado pero no por ello una tendencia se estorba con la otra, más bien se complementan. Un movimiento se origina en el anterior, casi sin contradecirlo, simplemente abriendo sus cauces, generando afluentes, incorporando palabras recién nacidas.

Quizá la poesía sea el tuerto de la literatura. Un tuerto que nunca es rey, ni siquiera en el país de los burriciegos. Puede que a veces vea solo con el ojo izquierdo y otras veces solo con el ojo derecho. Pero ve. Es un tuerto que está preso y ha sido incomunicado por el desaire, el arrinconamiento o el desdén.

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Alguna vez escribió Fernández Retamar que «el posvanguardismo (?) es practicado por la misma generación vanguardista». Hoy casi podríamos decir que el poscoloquialismo es practicado por los mismos poetas coloquiales. Siguen conversando con el lector, claro, pero el coloquio se ha refinado, inventa temas y los ilumina, quiere comunicar pero también revelar, avisar, contagiar, participar su reflexión al lector.

La vocación de síntesis en la poesía latinoamericana viene de lejos y hasta aparece en dos palabras inventadas que luego se convertirán en dos de los títulos más sonoros de la vanguardia: «Altazor» (que en realidad es «alto azor») de Huidobro, y «Trilce» (contracción de triste más dulce) de Vallejo.

Por último, cómo ven la poesía los propios poetas de América Latina? Si hacemos un rápido y obviamente limitado inventario, comprobaremos aquí también su diversidad. Octavio Paz le dice a la poesía: «Eres tan sólo un sueño, / pero en ti sueña el mundo/ y su mudez habla en tus palabras». Nicanor Parra se pregunta en inglés: «What is poetry?» y responde en chileno: «Todo lo que se dice es poesía/ todo lo que se escribe es prosa/ todo lo que se mueve es poesía/ todo lo que no cambia de lugar es prosa». Para el mexicano Jaime Sabines: «Salen los poemas del útero del alma/ a su debido tiempo. / (Salen del alma?)». El chileno Gonzalo Rojas identifica la poesía con la amada: «Tú/ Poesía, /tú, /Espíritu, /nadie», y en otra parte dice: «para el oficio de poetizar desde el asombro, todo es nuevo». El cubano José Lezama Lima cree que «la poesía se vuelve sobre sí misma para oír su propio silencio». El brasileño Carlos Drumond de Andrade brinda en el banquete de las musas: «Poesía, marejada y náusea / poesía, y canción suicida, / poesía que recomienzas/ desde otro mundo, en otra vida». Para el salvadoreño Roque Dalton «la poesía es como el pan de todos», pero también escribe: «Poesía/ perdóname por haberte ayudado a comprender/ que no estás hecha solo de palabras». Para el peruano Sebastián Salazar Bondy la poesía «es una habitación a oscuras». Para el chileno Enrique Lihn, lo que el poeta espera pescar es «algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra/ y no la sombra misma ni el Leviatán entero». Gelman, por su parte confiesa: «Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos, / rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte». El colombiano Juan Gustavo Cobo Borda dice en su «Poética»: «Cómo escribir ahora poesía, / por qué no callarnos definitivamente, / y dedicarnos a cosas mucho más útiles?». Loable intención, pero hasta ahora no se ha callado; sigue escribiendo. Para Vicente Huidobro su arte poética consistía en esto: «Que el verso sea como una llave / que abre mil puertas». Para Borges la poesía es «inmortal y pobre» y «vuelve como la aurora y el ocaso». Neruda sólo dice en su «Oda a la poesía»: «y subiste en mi sangre/ como una enredadera. / Luego/ te convertiste en copa», y finalmente:»Tanto anduve contigo/ que le perdí el respeto». Para el mexicano José Emilio Pacheco, «la poesía es la sombra de la memoria/ pero será materia del olvido». Para el argentino César Fernández Moreno, la poesía es «un balbuceo muy bien impostado/ un abuso del lenguaje (…) hace converger la vida en las palabras/ dos bosques vecinos uniendo sus incendios». El peruano Martín Adán escribe simplemente: «Poesía es asá. Yo no sé poesía, / sino escribir callando, todo lo que me escribo/ como si fuera real todo lo que querría». Otro peruano, 37 años más joven, Antonio Cillóniz, es más contundente: «Con mi verso construyo/ lo que quiero/ que en la tierra quede destruido». En cuanto a lvaro Mutis, hay para elegir, por un lado ha declarado: «La condición de poeta me parece detestable», y también: «le veo un futuro negro a la poesía». Pero asimismo ha reconocido que «el conocimiento per se es el más completo de los conocimientos, sin dudas el que va más lejos». La argentina Alejandra Pizarnik, que se suicidó en 1972, escribió con angustia: «Repasar un poema es repasar la herida fundamental. Porque todos estamos heridos». Y en un texto revelador: «oh ayúdame a escribir el poema más prescindible/ el que sirva ni para/ ser inservible». Por su parte, Roberto Juarroz, un refinado argentino de provincias, publicó este poema pleno de sugerencias:

El poema respira por sus manos,

que no toman las cosas; las respiran

como pulmones de palabras,

como carne verbal ronca de mundo.

Por último, el uruguayo Humberto Megget (1926-1951), que en su obra fue un malabarista de las cosas, culmina sin embargo uno de sus lúdicos poemas con esta curiosa definición de la poesía, que parece augurar la invasión informática de estos años noventa: «La poesía está en el orden creado. / Está en el mecanismo de un tiempo. / Está en lo ordenado del elemento ordenador».

Con cuál de estas definiciones o aproximaciones o negaciones estaría el lector de acuerdo? Acaso con ninguna. O con todas. El poeta, ni siquiera cuando cree que predica, es un predicador. ¡Pobre de aquel poeta que escribe para ganar lectores feligreses! Sin embargo, como lector a menudo disfruto con la manera astuta o brillante, sobria o incisiva, que un poeta encuentra para decir lo opuesto a lo que pienso o siento. El buen poeta es casi siempre un provocador. Frente a los demás. Frente a sí mismo. Y ello no impide que la provocación pueda ser, sea casi siempre un acto de amor.

Ilustración de Moris Aldana

Decía Valéry (que en poesía se las sabía todas) que «al bosque encantado del Lenguaje, los poetas van expresamente a perderse, a embriagarse de extravío, buscando las encrucijadas de significado, los ecos imprevistos, los encuentros extraños, no temen ni los rodeos, ni las sorpresas, ni las tinieblas». El mismo Valéry cuenta que el pintor Degas «en ocasiones hacía versos y ha dejado algunos deliciosos». Según narró a Valéry el mismo Degas, este un día le dijo Mallarmé: «Su oficio es Infernal. No consigo hacer lo que quiero y sin embargo estoy lleno de ideas». Y Mallarmé le respondió: «No es con las ideas, mi querido Degas, con lo que se hacen los versos. Es con las palabras».

Comprendo que después de haber citado tantas definiciones de diversos poetas, quizá espere el lector mi propia definición del quehacer poético. Yo no quiero decirlo sólo con ideas sino (siguiendo el consejo de Mallarmé) también con palabras. En los últimos veinticinco años he escrito por lo menos tres poemas que pretendían ser otras tantas artes poéticas, pero creo que, después de todo, la que prefiero es la más antigua, tal vez porque es la menos explícita, y, para suerte del lector, la más breve: «Que golpee y golpee/ hasta que nadie/ pueda hacerse ya el sordo/ que golpee y golpee / hasta que el poeta/ sepa/ o por lo menos crea/ que es a él/ a quien llaman». Pero tampoco me tomen (ni nos tomen) al pie de la letra. Las definiciones de los poetas son tan indefinidas que cambian como el tiempo. Algunos días son despejados, y otros, parcialmente nubosos, a veces llegan con vientos fuertes, y otras, con marejadilla. Pero lo más frecuente es que se formen entre bancos de niebla.

«Mi mayor logro es haber empoderado a muchos y muchas a salir de su oscuro closet»

¿Cuándo y cómo decidió involucrarse en el activismo LGBTI?

A los 23 años me percaté que no había suficientes fuentes informativas en español sobre la diversidad sexual en el internet, por lo que me propuse producir contenido y difundirlo.

¿Qué vinculación encontró entre las comunicaciones y las luchas sociales?

Al inicio noté un gran sesgo comunicacional entre el lenguaje de los medios y lo que realmente quería la población LGBTI. Desde entonces inicié un largo camino de sensibilización con los medios, paralelamente desarrollando estrategias para potenciar las comunicaciones LGBTI con la población en general.

¿Qué implica organizar el Día del Orgullo LGBTI en El Salvador?

Los años que directa o indirectamente estuve al frente de la marcha, sentía que estaba sobre «los hombros» de nuestras madres y padres fundadores del movimiento social LGBTI, y tenía el compromiso hacer crecer lo que ellos y ellas iniciaron. Actualmente, como publicista experto en branding, me enfoco en los actos de visibilización de nuestra población en el mes del orgullo, mientras que mis compañeros y compañeras activistas reafirman el carácter reivindicativo de la marcha.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

Las nuevas generaciones me lo hicieron saber: haber empoderado a muchos y muchas a salir de su oscuro closet y luchar por una vida digna sin avergonzarse de ser quienes son.

¿Qué podría hacer que no esté haciendo?

Aprender tres idiomas más: francés, alemán y mandarín.

¿Cuáles son sus héroes de la vida real?

Mi madre, Harvey Milk, Facundo Cabral y Nikola Tesla.

¿Cuál es el carácter histórico que más rechaza?

Personalmente huyo de lo castrense, los respeto, pero lo militar no va conmigo.

Salud a discreción de la política

Samuel Mairena Rocha, herido de muerte por la policía orteguista durante la rebelión de abril en los barrios orientales de Managua. Samuel también fue a un hospital público donde le hicieron malos procedimientos de operación para causarle la muerte.

Una mañana de inicios de agosto de 2019, el doctor José Luis Borge intenta meter una camilla por una puerta angosta en una casa que, vista desde afuera, luce como cualquiera en Managua. Sin embargo, sus cuartos se han convertido en pequeños consultorios. Borge y otros médicos terminan de trasladar muebles y desempacar medicamentos, después de que su anterior clínica clandestina fue asediada por la Policía Nacional y ellos tuvieron que cambiar de domicilio. Por eso, todavía hay pastillas, jeringas y bolsas de sueros en los pasillos de la vivienda.

Borge detecta un automóvil parqueado en la calle cerca de la residencia. Dice que ya lo había visto desde hace días en ese lugar. Sospecha. «Es peligroso que nos vigilen para nuestros pacientes, porque después pueden seguirlos y capturarlos», afirma. De un cuarto minutos después sale un hombre de 32 años en una silla de ruedas y detrás suyo viene el médico José Vásquez, quien explica que su paciente es parapléjico, porque recibió un balazo en la columna y no lo atienden en el sistema de salud público, porque lo tienen «estigmatizado» como golpista, la etiqueta con que el gobierno descalifica a los opositores que protestaron contra el ejecutivo desde abril de 2018.

Borge y Vásquez pertenecen a la Unidad Médica Nicaragüense (UMN), una organización que se define como independiente al ejecutivo y que atiende a quienes el Estado rechaza por razones políticas en los hospitales públicos. Formada por 605 médicos en los departamentos de Managua, Matagalpa, Estelí y Carazo, ellos han dado más de ocho mil consultas entre abril de 2018 y agosto de 2019, lo que significa un promedio de 16 atenciones al día, siendo los primeros cuatro meses de la crisis cuando hubo más casos. La organización asegura que entre los beneficiados con sus atenciones hay ex presos políticos, 105 personas han sido intervenidas de balazos en la cabeza, espalda, cuello y piernas. Ocho heridos han quedado parapléjicos con secuelas permanentes y tres murieron.

El caso más conocido del rechazo estatal a un paciente fue el de Álvaro Conrado, de 15 años, quien fue herido en abril del año pasado durante las protestas por el disparo de un francotirador, luego fue trasladado a un hospital público y no lo atendieron. Murió en un centro de atención privado minutos después. Según el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, formado por la Organización de Estados Americanos (OEA) para investigar lo sucedido entre el 19 de abril y 30 de mayo de 2018 en el país, al menos nueve personas murieron por falta de atención médica. Se trata de otro ángulo de la crisis surgida tras la represión en las protestas, que dejó 328 muertos y más de 2.000 heridos según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Lo que no se sabía es que continúa la situación de discriminación en la atención, lo que se suma a las carencias que enfrenta ya el país. Nicaragua está apenas por encima del parámetro de trabajadores para cubrir las necesidades básicas según la Organización Mundial de la Salud con 2.6 empleados por cada mil habitantes, entre médicos, enfermeras y parteras, cuando el promedio es de 2.3 por cada mil. El gobierno invierte además 77.19 dólares por persona, el más bajo de Centroamérica.

CONNECTAS, la plataforma líder de periodismo colaborativo en la región, solicitó para esta investigación una entrevista a inicios de agosto de 2019 a la directora general de Regulación Sanitaria, Martha Ligia Rosales, sobre las denuncias, pero no respondió. Los doctores de UMN no son los únicos que dan tratamiento de modo clandestino a los opositores. También existe la Asociación Médica Nicaragüense (AMN) y otros especialistas como Alejandro Lagos, quien atiende con sus propios recursos a los heridos en un contexto donde se denuncian represalias contra el gremio, expresadas en despedidos. Solo esta organización tiene registrado que 411 trabajadores de la salud han sido echados de los hospitales públicos por estar inconformes con la decisiones políticas: 121 médicos especialistas, 28 médicos subespecialistas, 79 médicos generales, 54 enfermeras y 129 del personal de apoyo.

«Esto es un subregistro porque muchos médicos tienen temor de denunciar», dice Borge, presidente de la UMN. Con más de 28 años de experiencia, este médico fue despedido el año pasado del hospital público «Antonio Lenín Fonseca» por atender a opositores.

Formada por 605 médicos en los departamentos de Managua, Matagalpa, Estelí y Carazo, ellos han dado más de ocho mil consultas entre abril de 2018 y agosto de 2019, un promedio de 16 atenciones al día, siendo los primeros cuatro meses de la crisis cuando hubo más casos. La organización asegura que entre los beneficiados con sus atenciones hay ex presos políticos, 105 personas han sido intervenidas de balazos en la cabeza, espalda, cuello y piernas. Ocho heridos han quedado parapléjicos con secuelas permanentes y tres murieron.

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LA HISTORIA DE SAMUEL MAIRENA

Según médicos privados consultados, que le han dado seguimiento a Samuel Mairena, de 32 años, él es uno de quienes fue atendido de forma negligente en los hospitales públicos «Fernando Vélez Paiz» y «Roberto Calderón» en Managua, donde no le retiraron dos balas que tenía en la espalda. Su historia inicia el 19 de junio de 2018 cuando fue herido mientras resguardaba una de las barricadas levantadas en su barrio. Los impactos provocaron que el paciente quedara en estado de paraplejia, que le impide mover sus piernas. CONNECTAS intentó comunicarse con las autoridades de ambos hospitales, María Virginia García y Kenia Grillo, respectivamente, pero tampoco respondieron.

A Mairena se le formaron dos llagas de más de diez centímetros de diámetro en una de sus nalgas y la cadera. Los médicos lo operaron de los intestinos para que pudiera defecar y le colocaron una sonda en la vejiga para que pudiera orinar. Sin embargo, la epicrisis del hospital Fernando Vélez Paiz, emitida el cinco de diciembre de 2018, indica que «no sufría ninguna complicación», mientras se descartó «paraplejia«.

Sanción. Las autoridades del país han sido sancionadas por Estados Unidos por negar atención a los manifestantes. En la imagen, el presidente de la Asamblea, Gustavo Porras, junto al presidente Daniel Ortega.

Desde hace 71 años, la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas estableció que el acceso a la salud es un derecho fundamental «sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social». Sin embargo, opositores y sus familiares describen un panorama distinto en el país centroamericano según esta investigación publicada en NICARAGUA.CONNECTAS, el espacio creado por esta organización para contar la realidad del país centroamericano en un contexto adverso para la libertad de expresión.

El tratamiento que le recetaron a Mairena en el primer hospital que estuvo fue acetaminofén y una pastilla para el dolor de estómago tras ver la epicrisis. A los tres meses recayó y fue internado en el otro centro médico, debido a que las úlceras en sus piernas estaban infectadas. «En los hospitales me quisieron matar», dice Mairena en su casa en el barrio capitalino Villa Austria. «Una enfermera me dijo que mejor me fuera del hospital (Fernando Vélez Paiz) porque la orden que le habían dado a ella era que me atendieran lo menos posible por ser uno de los manifestantes», revela.

Existen reportes de pacientes que aseguran que la influencia política garantiza una mejor atención en el sistema público. CONNECTAS conoció la historia de una joven que le detectaron cáncer y diabetes en un hospital público, y le pidieron llevar una carta del político del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para poder hacerle el tratamiento con quimioterapias. «El líder del barrio me dijo que me daba la carta si yo aceptaba andar de casa en casa recogiendo firmas para condenar a los presos políticos (del gobierno) que llamaban terroristas», dice ella que prefiere no identificarse porque en contra de su voluntad hará el trámite que le exigieron para acceder a esos servicios médicos.

La represalia contra los médicos opositores se explica por el control que ejercen operadores del partido gobernante en el Ministerio de Salud (MINSA) desde la Federación de Trabajadores de la Salud (Fetsalud). Una de las evidencias del afecto al Presidente a manos de ese sindicato ocurrió el 25 de agosto de 2019 en el hospital San Juan de Dios en Estelí, al norte del país, cuando hicieron una fiesta para celebrar la continuidad de Ortega en el poder.

El secretario ejecutivo de Fetsalud desde hace 25 años es el diputado Gustavo Porras, cercano a la vicepresidenta de Nicaragua. Él es el actual presidente de la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo. Fetsalud nació en 1974 cuando se oponía a la dictadura somocista. A partir de 1990 fue ocupado como un brazo de presión para desestabilizar a los gobiernos con protestas en las calles y constantes huelgas que buscaban negociar ventajas políticas para el FSLN y hoy es un órgano de «vigilancia», según el cirujano y urólogo José Luis Borge.

Ninguno de los casos críticos del sistema público están incluidos en el último informe que brindó la Vicepresidenta Rosario Murillo el 26 de agosto de 2019 sobre la implementación de la Ley de Atención Integral a Víctimas de la crisis. El documento, no obstante, señala que «equipos muldisciplinarios» del Minsa, Ministerio de Familia y Adolescencia y Niñez y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, visitaron a 768 familias víctimas de la violencia entre el 24 de junio y el 9 de agosto de este año; de las cuales 146 personas fueron remitidas a los centros hospitalarios. El documento revela que encontraron 67 personas con discapacidad «físico-motora, visual, auditiva, psicosocial e intelectual», las cuales han sido ingresadas a un programa para garantizarles su rehabilitación física y apoyarlos.

El paciente Samuel Mairena, que está parapléjico, dice que no ha llegado ninguna delegación estatal a visitarlo. «La única vez que vino alguien del gobierno fue a pintarme de rojinegro (el color de la bandera del partido gobernante) la acera y el poste de la casa», lamenta, mientras señala las pintas «FSLN«. Según sus padres y médicos consultados, Mairena estaba anémico, desnutrido, deprimido y con llagas supurando pus; tenía fiebre, vómito y diarrea. «Fueron los ocho meses más difíciles de mi vida», dice él, sentado en una silla de ruedas. Su madre Nordia Rocha asegura que se estaba muriendo. Como lideresa de una iglesia evangélica y, al verlo en ese estado, ella buscó a un pastor para que orara por él. El religioso salió tan impactado que prometió ayuda. Tres días después, apareció en su puerta Alejandro Lagos, el médico que atiende gratuitamente a los manifestantes y quien fue contactado por el reverendo.

En la calle. El médico José Luis Borge en una manifestación meses atrás en Nicaragua. Ahora atiende a pacientes rechazados por el sistema de salud por razones políticas.

El 22 de febrero de 2019, una tomografía reveló a Lagos que Mairena tenía dos balazos en la espalda, uno rozó su médula espinal y era el que le impedía mover sus piernas. El doctor le dio una buena y una mala noticia al lesionado. La mala era que las úlceras habían adquirido una bacteria multirresistente que solo podía ser combatidas con un tratamiento de más de mil dólares. Pero la buena era que lo podían operar. «No sabía que tenía esos balazos en la espalda. Lo único que me decían en el hospital era que así iba a quedar (sin poder mover mis piernas). Me habían desahuciado».

Desde el diagnóstico, Mairena dejó de ir a los hospitales públicos. El 30 de marzo de 2019, el paciente fue operado con éxito. La otra bala, ubicada en el disco de la columna, todavía la tiene. Aunque la recuperación ha sido lenta, las llagas están cerrando, la bacteria fue eliminada, puede comer sin vomitar y a veces tiene sensibilidad si le tocan con fuerza las piernas. Su padre cura sus llagas, mientras su madre limpia el cuarto. El progenitor cambia la bolsa donde defeca y ella donde orina.

El paciente Samuel Mairena, que está parapléjico, dice que no ha llegado ninguna delegación estatal a visitarlo. “La única vez que vino alguien del gobierno fue a pintarme de rojinegro (el color de la bandera del partido gobernante) la acera y el poste de la casa”, lamenta, mientras señala las pintas “FSLN”.

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SANCIONES AL SISTEMA PÚBLICO

Las máximas autoridades de salud nicaragüenses ya fueron sancionadas por Estados Unidos, debido a su participación en la represión. El 21 de junio de 2019, el legislador Gustavo Porras, médico y operador del Frente Sandinista, fue descrito como quien «ejerce un control significativo sobre el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y el Minsa con la aprobación de la vicepresidenta», en el comunicado del Departamento del Tesoro. La exministra Sonia Castro también fue castigada ese día «por dirigir el Ministerio de Salud que violó los derechos humanos de los manifestantes heridos».

Doctores consultados confirmaron que el 20 de abril de 2018 Castro bajó la orden de no atender a los opositores heridos. «La orden se dio. Si está escrito en algún lugar o estuvo, nadie lo podrá saber. Pero sí había un patrón en todas las unidades de salud: no atender a los manifestantes», dice Ricardo Pineda, médico de la Asociación Médica Nicaragüense (AMN).

Cuando todavía era ministra en febrero de este año, en entrevista con la televisora Canal 10, Castro lo negó. «Se reforzó la atención médica, los turnos, el proceso de traslado, la clasificación, porque llegó un momento en que algunos hospitales tenían mucha demanda», dijo. Sin embargo, la resolución estadounidense señala que «el Minsa rechazó el tratamiento a las víctimas de la represión, lo que empeoró las lesiones e incluso condujo a la muerte de algunos manifestantes por la falta de atención médica».

En esa entrevista, con la bandera del partido gobernante a su espalda, Castro aseguró que durante las protestas, que ella llamó «intento de golpe de Estado», los hospitales públicos atendieron a 2,600 personas «sin distinción de clase, sexo, religión o creencia». Sin embargo, sus declaraciones que describen una ausencia de injerencia de política en el sistema de salud contrastan con la historia de María Espinoza, sobrina de Blas Espinoza Ordoñez, un leñador que murió el 23 de febrero de 2019 porque nunca consiguió un carnet de militante del Frente Sandinista para que lo atendieran en un programa para personas que sufren insuficiencia renal crónica, lo que ella asegura ocurrió porque lo consideraban opositor.

La atención a los pacientes sin ningún distingo es una responsabilidad ética, según el cirujano Gabriel Guzmán, quien labora en el hospital privado Vivian Pellas, un centro que atendió gratuitamente a heridos durante la crisis. El 24 de junio de 2019, el nefrólogo Víctor Manuel Zeledón, de la ciudad de León, al occidente del país, se vio obligado a atender durante 14 días a sus pacientes en los pasillos del hospital porque la directora del mismo centro le prohibió la entrada y él quería evitar que lo despidieran acusándolo de abandono de trabajo. Él había sido víctima de persecución de simpatizantes sandinistas.

Según el médico internista Freddy Gabino, las consecuencias de las pérdidas de especialistas la sufre la población que está recurriendo más a los hospitales públicos. Entre febrero de 2018 y febrero de este año, 149,049 personas dejaron de cotizar al INSS, un grupo que era atendido en programas privados y ahora van los centros de atención públicos, de acuerdo con datos oficiales publicados en la investigación de CONNECTAS. En febrero de 2019, la exministra de Salud dijo que los despidos de los médicos fueron por «medidas disciplinarias y fallas internas». En esa ocasión, Castro informó que se contrataría a 350 trabajadores de la salud. «Plaza que se va saliendo, es una plaza que se repone por cualquier causa», dijo.

Prueba. Esta la bala que le extrajeron médicos privados a Samuel Mairena, luego que en los hospitales públicos no lo hicieron.

La injerencia de la política ocurrió también en el espacio académico para evitar otra protesta. A finales de junio de 2019, más de 100 universitarios se graduaron en sandalias y ropa informal después de que las autoridades de la Universidad Americana, en la que tiene acciones el Ejército de Nicaragua, suspendieron la ceremonia de graduación en el Teatro Nacional porque los graduandos pretendían hacer un homenaje en memoria de Raynéia Lima, estudiante de Medicina de este recinto asesinada durante las protestas. Entre los universitarios se encontraba Ariana Ortega, nieta del mandatario, quien se negó a participar en el evento y llegó al último día del ensayo de la graduación con una chaqueta rojinegra, colores del partido en el poder, un gesto que tomaron como una provocación política.

La mayoría reprobó esa actitud y el tributo se realizó de forma espontánea cuando los estudiantes exigieron sus diplomas en un auditorio. La nieta del gobernante se ausentó, pero se tomó una fotografía, de toga y birrete, celebrando el título y acompañada únicamente por simpatizantes sandinistas, la que se divulgó en las redes sociales horas más tarde. Así como la política afecta al sector educativo, lo que muestran este caso, también ha cambiado las prácticas profesionales de los médicos que decidieron atender a los opositores, desafiando al sistema desde clínicas improvisadas y clandestinas para cumplir con el juramento hipocrático.


Este trabajo fue realizado en el marco de NICARAGUA.CONNECTAS, un espacio para contar el país centroamericano en medio de un contexto adverso para la libertad de expresión

Protesta de los estudiantes. Los estudiantes de la Universidad Americana exigieron su título, después de la cancelación de la graduación, y lo fueron a recoger en sandalias. Al otro lado, Ariana Ortega, nieta del mandatario, se tomó una fotografía con su título, al lado de simpatizantes de su partido y en otra imagen apareció con su birrete cobijada con una bandera del FSLN.

“Veo en el fútbol un campo fértil para la transformación social”

​​​​​​​¿Qué la motivó a especializarse en el periodismo deportivo?

Desde pequeña me ha gustado mucho el fútbol, pasión inculcada por mis hermanas y, sumado a que siempre me ha seducido romper con los paradigmas convencionales. Me visualicé irrumpiendo en un campo con escasa presencia de mujeres para tratar de cambiar un poco la tónica sobre cómo se ha venido haciendo periodismo deportivo.

¿Cuál es el deporte que más disfruta?

El fútbol, por supuesto. Crecí con una hermana hincha acérrima del Real Madrid, que también me llevaba a ver partidos del Chalatenango y, además, tengo otra hermana que jugaba. Entonces eso, sin duda, influyó.

¿Qué equipos de fútbol son sus preferidos?

Del fútbol salvadoreño, Alianza Women y Alianza FC, y del extranjero, todos los clubes que ha dirigido Pep Guardiola.

¿Quiénes son sus deportistas favoritos?

Atletas y futbolistas que también luchan por otras causas, pues veo en el fútbol un campo fértil para la transformación social. Admiro mucho a Megan Rapinoe, Serena Williams, Abby Wambach.

¿Qué obstáculos ha encontrado en el ejercicio de su profesión?

Los obstáculos más bien son mentales; si yo no me la creo, lógicamente, todo será más difícil. Para entrar en los medios no tuve ninguna dificultad; pero, al ejercer la carrera, sí te encuentras con casos especiales por ahí.

De seguir cómo va ¿cómo cree que va a estar en 10 años?

Con una maestría, bilingüe y desarrollando proyectos propios.

¿Qué resultado espera obtener con lo que está haciendo?

Contribuir en alguna medida a cambiar los roles sociales, dando espacio a historias de mujeres en un ámbito dominado históricamente por hombres, para que comencemos a ver el mundo con ambos ojos y no solo con uno.

Las grietas del milagro chileno

Fotografía de Connectas

Los vagones del metro están calcinados. También los tres cajeros automáticos de la estación donde se detuvieron. Los rieles de la línea férrea subterránea destruidos. Todo ahí abajo está completamente cubierto de cenizas. El olor a humo y fierro quemado es penetrante y a ratos cuesta respirar sin toser.

Afuera de la estación, un grupo de jóvenes militares armados impide que ingresen los transeúntes. Dentro se encuentran familias y vecinos del sector de Lo Prado, en la zona poniente de Santiago, la capital chilena. Son unas cincuenta personas que, con palas y sacos, limpian lo que quedó de la estación San Pablo, la última de la línea 1 que cruza la ciudad conectando oriente y poniente.

Rosa Pinto llega temprano con su suegra y sus nietos. Quieren acelerar el proceso de reconstrucción de la estación que fue quemada el sábado 19 de octubre de 2019, en medio de las protestas sociales que estallaron de forma masiva en el país con mejores índices de desarrollo humano de América Latina, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD.

Junto a ellos, con guantes gruesos, un delantal azul y el pelo recogido, Gladys Zúñiga, una mujer de 53 años nacida y criada en la comuna, barre indignada el hollín de la estación. Cada cierto rato interrumpe sus quehaceres, mira fijo a la cámara y despotrica, con las manos alzadas, en contra de las razones que la han mantenido por años inconforme y que hoy, en un escenario calcinado, la tienen furiosa. A 12 kilómetros de ahí, Patricia Aravena escucha un helicóptero sobrevolar su casa y recuerda el miedo que sintió de niña cuando los militares también recorrían las calles de su barrio.

Sus relatos dan claves para comprender la rabia que ha estallado en Chile, como lo publica la plataforma de periodismo Latinoaméricano CONNECTAS.

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LAS PROTESTAS EN EL PAÍS SUDAMERICANO estallaron luego de que el presidente Sebastián Piñera -aconsejado por un consejo técnico de expertos- anunciara un alza en el pasaje del metro de 40 centavos de dólar, quedando el precio en 1,17 dólares. Chile ya estaba en el noveno lugar en la lista de 56 países de la OCDE, con el sistema de transporte público más caro.

En rechazo a la medida, los escolares compartieron información y memes en redes sociales, y se organizaron para llamar a una evasión masiva del pago del pasaje. Cientos, algunos usando el uniforme de sus liceos, comenzaron a saltar los torniquetes del tren subterráneo.

Según una minuta reservada del Ministerio del Interior, elaborada con información entregada por Carabineros de Chile, el jueves 17 de octubre una turba de 400 personas rompió los torniquetes de la estación de metro San Joaquín. Al día siguiente, siete estaciones de metro fueron incendiadas. En una, el fuego lo alimentó un televisor plasma, lanzado con furia a los rieles.

Ese viernes el metro cerró progresivamente las 136 estaciones que conectan sus 7 líneas de trenes subterráneos, por las cuales se transportan a diario más de 2,6 millones de personas.

Patricia Aravena es técnica en Enfermería y trabaja en un centro médico en Las Condes, un sector acomodado de Santiago. Por los desmanes, estuvo detenida 45 minutos en un tren del Metro sin poder acceder a la estación. Cuando pudo salir a la calle, no sabía bien dónde estaba ni cómo llegar a su casa.

Eran las 5 de la tarde y hordas de santiaguinos colapsaban las calles.

«Me empecé a angustiar, cuando a una la sacan de su ruta habitual se desconcierta, no sabía qué hacer», cuenta Patricia, quien vive en Recoleta, al norte de la capital.

Las micros iban repletas y había un desconcierto generalizado en medio del caos. Sin la posibilidad de tomar buses, taxis o servicio de Uber, la gente empezó a caminar. Hubo quienes tardaron ocho horas en llegar a su casa, atravesando a pie una ciudad de 7 millones de habitantes.

Un taxista que manejaba con su mujer y su bebé, vio a Patricia parada en la avenida y le ofreció acercarla a su casa. Cuando llegó, su barrio no se veía igual que por la mañana. El supermercado y la farmacia serían saqueados y la estación de metro Zapadores, a dos cuadras de su casa, incendiada.

Esa noche, el edificio corporativo de la empresa multinacional Enel, que produce y distribuye energía eléctrica y gas, también fue incendiado. Testigos llamaron a las radios contando que escucharon una explosión y luego el fuego subió por las escaleras del inmueble de 19 pisos, ubicado en pleno centro de Santiago.

Mientras miles de personas intentaban llegar a sus casas en medio de las manifestaciones, el Presidente Piñera fue a comer a una pizzería en un barrio acomodado para celebrar el cumpleaños de su nieto. Alguien que comía ahí también lo fotografió, subió la imagen a redes sociales y así Patricia y Gladys lo vieron en sus teléfonos móviles.

La indignación se hizo sentir en las calles y de regreso al palacio de Gobierno, el Presidente Piñera decretó estado de Emergencia Constitucional –que implica reducción de libertades de tránsito y reunión-, dejando al General Iturrieta a cargo de mantener el orden público. Él determinó que Santiago tendría toque de queda; el primero desde el retorno a la democracia dictado por protestas sociales y no por una catástrofe natural.

Gladys lo vio por televisión. A una estación del metro San Pablo, en Pudahuel, un supermercado Líder, propiedad de la empresa transnacional Wallmart, era saqueado e incendiado. Corriendo por los pasillos -incluso cuando comenzaron las llamas- adultos, adolescentes y algunos niños y niñas, sacaban mercadería, lavadoras, refrigeradores, televisores plasmas y otros bienes de consumo.

Ya van una semana de protestas en Chile, y en sus 16 regiones se concentra gente cada día en la calle haciendo sonar cacerolas para reclamar cambios a un sistema económico que tiene al país tercero en el índice de desigualdad de ingresos de la OCDE de este año. Las bajas pensiones, el alto costo de salud y educación, y los bajos salarios respecto al costo de la vida, son las principales grietas de un modelo que parece haber agotado la paciencia de los chilenos.

Diez regiones están con toque de queda nocturno. En Santiago, veinte estaciones de Metro fueron incendiadas, 24 buses calcinados y en el país cientos de supermercados y farmacias saqueadas.

A Patricia le da tristeza decirlo, pero cree que son los mismos vecinos los que asaltaron los negocios de su barrio. «Como que quisieron empoderarse de algo», dice, y «se empoderaron de lo primero que tuvieron a mano». Es que «fue de la rabia de ese minuto, no lo pensaron más allá y actuaron no más», intenta explicar.

En algunos sectores, vecinos y vecinas usando chaquetas amarillas se organizaron en la noche para impedir que se vandalizaran sus barrios. Eso no ocurrió donde vive Patricia. «La convivencia se perdió un poco porque estamos divididos por lo malo que se hizo. Porque nuestros mismos vecinos se tomaron estas cosas; y ver todo lo perjudicado que quedamos, lo solos que quedamos en este minuto», lamenta.

Francotiradores posicionados en el techo de la Escuela Militar buscaban intimidar, apuntando sus armas a manifestantes que llegaron por primera vez a protestar a ese sector acomodado de la capital, revelando la transversalidad del descontento ciudadano entre sectores de distintos ingresos como lo publica la plataforma de periodismo Latinoaméricano CONNECTAS.

Hasta ese jueves, el Colegio Médico contabilizaba 3,500 personas heridas en manifestaciones y 45 de ellas habían perdido la visión en alguno de sus ojos por el impacto de un perdigón, un balín o una bomba lacrimógena. 18 personas habían muerto, tres de ellas por impacto de bala de funcionarios militares. Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), 245 personas habían sido heridas por armas de fuego. El Ministerio del Interior registraba más de 5,300 personas detenidas y 626 funcionarios policiales y militares lesionados. 297 menores de edad habían sido arrestados y el INDH había presentado 59 acciones judiciales; 45 de ellas por apremios ilegítimos o torturas, 9 por violencia sexual y 5 por homicidios de personas que habrían muerto por causa de agentes del Estado. 20 personas estaban hospitalizadas con riesgo vital.

Hasta hoy, solo algunos concentran los privilegios que trae la bonanza económica. En 2017, el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD examinó la brecha social del país. Casi la mitad de los encuestados de sectores socioeconómicos bajos afirmó que con su salario apenas lograba sobrevivir. El estudio concluyó que el 33 % del ingreso que genera la economía chilena lo capta el 1 % más rico de la población.

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«UNA MIERDA LA SALUD AQUÍ EN CHILE, les roban a los profesores, les roban a todos, estos weones sinvergüenza», dice Gladys con rabia. «La AFP son los ladrones más grandes, y eso lo hizo el hermanito del señor Piñera. ¿Por qué no viene el ladrón a dar la cara a todos los chilenos? Despertó Chile, Piñera, despertó, estábamos cansados de dormir y hacer tuto, despertamos, despertamos weón», reclama. Su descontento, es el reflejo de muchos que en su vida cotidiana no han sentido que viven en uno de los países más prósperos de Latinoamérica.

La rabia de Gladys tiene sus orígenes en la inequidad producida por un sistema económico implementado bajo la dictadura de Pinochet en los años 80. El llamado «milagro» de su sistema económico, comenzó cuando un grupo de economistas chilenos que había estudiado en la «Chicago School of Economics» con Milton Friedman, el llamado padre del neoliberalismo, asesoró al dictador Pinochet en la creación e implementación de políticas que permitieron instaurar una economía de libre mercado, privatizar la salud, la educación, el agua, la jubilación y los recursos naturales.

Juan Andrés Fontaine fue uno de los llamados «Chicago Boys», hoy ministro de Economía. Días antes de que las protestas paralizaran la ciudad, y haciendo frente al descontento ciudadano por el alza del pasaje, dijo a la prensa que, para evitar pagar más, la gente podía madrugar y tomar el tren a las 7 de la mañana.

«Un señor dijo que había que levantarse a las 4 de la mañana, para que el metro fuera más barato, qué idiota; oye, han matado a niños por un cigarro, han matado a jovencitas; ¿se tienen que levantar tan temprano para que la tarifa del metro y la micro les salga más barata? Por favor, no estamos, no sé po, en Las Condes, estamos en pueblo de nadie», reclama Gladys.

El modelo económico que Chile instauró, generó un desarrollo que ha sido admirado en América Latina por lograr uno de los crecimientos más rápidos de la región; aunque ello no derivó en mayor igualdad.

Hasta hoy, solo algunos concentran los privilegios que trae la bonanza económica. En 2017, el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD examinó la brecha social del país. Casi la mitad de los encuestados de sectores socioeconómicos bajos afirmó que con su salario apenas lograba sobrevivir. El estudio concluyó que el 33 % del ingreso que genera la economía chilena lo capta el 1 % más rico de la población.

«Vamos a tener que ceder nuestros privilegios y compartir con los demás», dijo nerviosa Cecilia Morel, la Primera Dama chilena, en un mensaje privado de voz que envió luego de que estallaran las protestas sociales masivas. Estas le produjeron un desconcierto tan grande que las comparó con una «invasión alienígena».

Patricia también estaba acongojada, aunque su preocupación no era por perder privilegios.

«A mí me asusta porque se ve el comienzo, pero no se ve el fin que esto vaya a tener. Balazos múltiples, el helicóptero que está arriba de mi casa permanentemente, los milicos que pasan a cada rato; nos quedamos sin supermercados, sin farmacia, sin locomoción, sin metro. En este minuto nos sentimos aislados, como en una isla, y sentimos que la propia gente nos está traicionando por decirlo de alguna manera», cuenta.

En las calles. Los cuerpos de seguridad han ocupado también las calles de las principales ciudades de Chile.

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SENTADA EN EL PATIO DE SU CASA, en Lo Prado, Gladys recuerda los años de niña en los que cerca de su calle, las aceras eran chacras donde cosechaba papas, lechugas y tomates. No eran épocas de abundancia, pero nunca faltó el carretón de verduras y el puesto de la feria para vender hortalizas nunca estuvo vacío. Gladys es vendedora informal, una categoría que en la estadísticas oficiales la ubica como empresaria independiente. Su economía depende de las empanadas y pasteles de choclos que es capaz de vender al día en la feria de su barrio. Aquella que se instala muy cerca del metro chamuscado.

Gladys dice que pensó que al volver la democracia en los años 90 su vida iba a ser mucho mejor. «Pero fue peor», lamenta. «Empezaron las alzas, vamos subiendo las cosas», alega.

En un país en que un parlamentario gana mensualmente hasta 13.000 dólares – 31 veces el sueldo mínimo-, cuando Gladys vende 30 empanadas, anda feliz. Pero el entusiasmo dura poco. El ingreso se diluye rápido detrás de facturas de agua, gas y electricidad, que sólo este año ha tenido un alza en la tarifa de un 19 %.

El sueldo mínimo en Chile es de 423 dólares y la mitad de los trabajadores recibe un sueldo igual o inferior a 562 dólares al mes. Es un monto alto para la región, pero el costo de la vida es más caro y el dinero «no alcanza», dice Gladys. El arroz, las papas, el pan, el aceite y los huevos, son más caros en Chile que en cualquier otro país de Latinoamérica, al igual que el alquiler, afirma un artículo de este mes publicado por la BBC Mundo.

«Si en la feria la gente pudiera pagar con tarjeta, acá se comprarían hasta la última papa», dice.

En Chile, las tarjetas de crédito de bancos y casas comerciales son la forma en que las personas pueden acceder a una vida que no siempre pueden financiar. «La gente ya no tiene dinero en los bolsillos, andan todos con las tarjetas», asegura Gladys. Ella tiene la tarjeta de la casa comercial «Corona» y gracias a eso su hijo pudo comprar en cuotas su teléfono móvil.

El año pasado, las deudas de las familias chilenas llegaron a su máximo histórico y el FMI catalogó, en 2017, al país como aquel con los hogares más endeudados de América Latina.

Estudiar ha sido, por décadas, una de las deudas más pesadas.

En pie. Postales de la semana de protestas que remecen al país sudamericano que durante décadas fue elogiado por su modelo económico.

Gladys vive con su hija y sus dos nietas. Le gustaría algún día verlas estudiar en la universidad, dice. Doctora, ingeniera. Pero el sueño es ambicioso. Quizás, si alcanza, sea para una de las niñas y piensa en cómo podría su hija elegir cuál. «No se puede», dice.

En 2015, Chile era el cuarto país con los aranceles universitarios más caros del mundo, según datos de la consultora inglesa Expert Market. Las familias gastaban en promedio 73% de su sueldo en financiar una carrera universitaria, dicen las cifras del estudio citado internacionalmente.

Aún la universidad debe pagarse, incluso en un establecimiento público, ya que este debe autofinanciarse. La educación superior había sido gratuita en el país hasta 1981, cuando Pinochet flexibilizó los requisitos para crear universidades privadas, estas se multiplicaron y fijaron sus propios aranceles.

Fueron las movilizaciones estudiantiles de 2011 las que pusieron en la agenda el acceso a una educación pública gratuita y de calidad como un derecho y no un bien de consumo. Hoy, con la «gratuidad» aprobada, sólo pueden estudiar gratis quienes pertenezcan a familias del 60 % de menores ingresos de la población y hayan ingresado a las instituciones que están adscritas a ese beneficio.

El país tiene también uno de los sistemas de educación escolar más segregados del mundo. 9 de los 10 colegios con mejores puntajes en la prueba de selección universitaria del año 2018 son particular pagados. Sólo uno es municipal y gratuito. Para estudiar en alguno de esos nueve establecimientos durante un año, una familia deberá desembolsar más de 3,400 dólares si quiere inscribir a un hijo en el más barato, y más de 17,600 dólares para incorporarlo al más caro.

Las nietas de Gladys, asegura, jamás podrían asistir a uno de estos establecimientos pagados.

Las condiciones en muchos de los establecimientos públicos no son óptimas. En 2013, cuando Chile crecía al 4.1 % y el presidente Piñera ejercía su primer gobierno, más de mil establecimientos no tenían agua potable de forma constante, y más de 70 tenían sólo letrinas y no baños. Cinco años después, en julio de 2018, los establecimientos educacionales públicos y particulares subvencionados insistían en acceder a recursos para mantener y arreglar su infraestructura.

El entonces ministro de Educación, Gerardo Varela, dijo: «Todos los días recibo reclamos de gente que quiere que el Ministerio le arregle el techo de un colegio que tiene gotera, o una sala de clases que tiene el piso malo… Y yo me pregunto, ¿por qué no hacen un bingo? ¿Por qué desde Santiago tengo que ir a arreglar el techo de un gimnasio?… La gente no se hace cargo de sus problemas, sino que quiere que el resto lo haga».

Para Gladys, quien antes de ser feriante trabajó en la construcción, limpió departamentos y sacó escombros, los dichos de Varela reflejan la enorme desconexión de la clase política con la ciudadanía.

En las masivas protestas que continúan a lo largo del país no se ven pancartas ni banderas de partidos políticos. A Gladys tampoco le interesa nada de eso. En sus cinco décadas dice haber visto todos los colores, todos los discursos, todas las promesas desfilar delante de ella. Nunca el resultado fue lo que esperaba. Ni en los 23 años de gobierno de la centroizquierda, ni en los 6 años de la derecha.

En julio de este año, el entonces subsecretario de Redes Asistenciales, Luis Castillo, se refirió a las enormes filas en los centros asistenciales de salud, en que la gente llega de madrugada para ser atendida por un médico y debe esperar horas. “Siempre quieren ir temprano a un consultorio, algunos de ellos no solamente van a ver al médico, sino que es un elemento social, de reunión social”, dijo. Esto le costó el puesto.

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GLADYS ES DIABÉTICA y sus controles médicos los hace a través del sistema de seguro de salud público, el Fondo Nacional de Salud, Fonasa. A veces, imagina que sería bueno vincularse a una Isapre, Institución de Salud Previsional del sistema privado, y así, tal vez, podría acceder de manera más barata a una clínica, también privada, y acortar los tiempos de espera. Si se rompiera una cadera, podría operarse inmediatamente y no pasar por los 469 días de espera promedio que toma una cirugía traumatológica, según datos del Ministerio de Salud. El 42 % de los pacientes de Fonasa que van a ser operados de alguna patología, espera al menos un año para ser tratado. En el sistema público no hay suficientes camas, ni médicos.

En julio de este año, el entonces subsecretario de Redes Asistenciales, Luis Castillo, se refirió a las enormes filas en los centros asistenciales de salud, en que la gente llega de madrugada para ser atendida por un médico y debe esperar horas. «Siempre quieren ir temprano a un consultorio, algunos de ellos no solamente van a ver al médico, sino que es un elemento social, de reunión social», dijo. Esto le costó el puesto.

Pero Gladys sabe que tener Isapre tampoco es la mejor opción. Sabe que también aquellos que pagan por el sistema privado han salido a la calle a hacer sonar sus cacerolas. Por el alza de precios en los planes de salud, por la baja cobertura, por las preexistencias, por el acceso restringido a centros de salud.

Estallido social. La noche en la que estallaron las manifestaciones, el presidente Piñera cenó en un restaurante.

Como sea, en cualquiera de los dos casos, privado o público, si Gladys compra medicamentos de marca en una farmacia, deberá pagar por ellos más de lo que gastaría en Argentina, en Brasil, en Colombia, en Ecuador, en Perú o en México.

Le angustia pensar en su vejez, ajustada de maneras que no logra imaginar, a una pensión que, en promedio, alcanza los 266 dólares mensuales para las mujeres.

El sistema previsional chileno fue creado en 1980 por José Piñera, hermano del Presidente, y es uno de capitalización individual obligatoria. Esto significa que una persona que percibe una remuneración debe depositar cada mes el 10 % de ella en una cuenta personal que maneja una Administradora de Fondo de Pensiones (AFP). Estas AFP son privadas y cobran un porcentaje por gestionar la cuenta, independientemente de la rentabilidad o pérdida que tengan.

El sistema ha sido altamente beneficioso para los grupos económicos chilenos. Un estudio de la Fundación Sol concluyó que el 58 % de los dineros de los futuros pensionados, más de 124,336 millones de dólares, es invertido en empresas de los grupos Luksic, Said, Yarur, Saieh, Matte y Solari.

Gladys lo sabe bien y tiene una opinión al respecto: «La AFP (administradoras de pensiones) le está robando a todo el mundo nuestro dinero, y ellos se la trabajan para el bolsillo de ellos, todos esos ladrones ricos, que mandan el país de Chile»

La pensión que reciba cada persona al jubilar dependerá del monto que alcanzó a reunir en su cuenta, de la cantidad de años en que cotizó y de la buena o mala inversión que hizo la AFP con el dinero que el trabajador aportó. Los hombres, por ejemplo, reciben 445 dólares mensuales en promedio.

«Por eso los viejos están enfermos. Se enferman de estrés», dice Gladys.

Los mayores de 80 años tienen la tasa más alta de suicidios con 17.7 casos por cada 100 mil habitantes, según un estudio realizado por Ana Paula Vieira, académica de Gerontología de la U. Católica y presidenta de la Fundación Míranos. Solo entre los años 2010 y 2015, 935 personas mayores de 70 años se suicidaron en el país.

Recuerdos. Gladys Zúñiga con su hijo cuando terminó la educación primaria.

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ES MARTES EN LA NOCHE, han sido cinco días de intensas protestas. Luego de pedir perdón por la «falta de visión» de los problemas del país, el Presidente Piñera anuncia las reformas con las que busca responder al estallido social y mitigar la tensión: un aumento del 20 % a la pensión básica solidaria, la creación de un seguro de enfermedades catastróficas para poner «un techo al gasto de salud de las familias», un ingreso mínimo garantizado de 480 dólares para los trabajadores de jornada completa, un 5 % más de impuestos para las rentas superiores a 11,000 dólares, bajar la dieta parlamentaria, entre otros.

Si el Presidente Piñera hubiese anunciado esos cambios antes del 18 de octubre, quizás hubiese sorprendido a los chilenos; pero ahora, en realidad, Patricia no sabe cómo determinar si eso es un buen punto de inicio. Le molesta que se hable de cambios que esperan en el Congreso hace cinco años, como la rebaja del sueldo parlamentario, que cuando fue propuesta por diputados de un nuevo frente político, estos recibieron burlas de diputados y senadores.

«Hay muchos jóvenes que tienen mucha rabia, que están decididos a todo, a dar la pelea, versus los viejos que estamos esperando que pase no sé qué», dice Patricia. Aunque está asustada, cree que se necesita tener una nueva Constitución, hacer asambleas libres y consultas ciudadanas reales. «Que hubiera gente que realmente nos represente en los partidos, en el Senado, pero yo veo que en este minuto nadie nos representa… ni por la educación, ni por la salud, ni por los viejos. Nos sentimos como a la deriva», lamenta.


Esta colaboración sobre el panorama chileno fue realizada por Paulette Desormeaux y Michelle Carrere para CONNECTAS.

«Al vivir escribiendo, siento que estoy haciendo todo lo que el día de hoy quisiera»

¿Qué es lo que El Salvador necesita contar a través de la literatura y que todavía no ha contado?

Pienso que todo se ha contado ya, pero siempre es necesario volver a contar las historias con la mirada y las palabras de cada época. Y en el caso de El Salvador, además de contar, es urgente difundir lo que se escribe, porque las historias están allí, pero muy pocos las conocen.

¿Qué opina de la literatura producida por los escritores salvadoreños contemporáneos?

Que es muy buena, de una gran calidad, y que se ha abierto y nos está mostrando que somos ciudadanos del mundo.

¿Cuál es el mayor reto al momento de escribir un texto?

Escuchar, no meterme en el camino del texto. Dejarme escribir exactamente lo que estoy pensando, porque ese es el mejor material de escritura que tengo.

¿Qué podría hacer que no esté haciendo?

No lo sé. Al vivir escribiendo, siento que estoy haciendo todo lo que el día de hoy quisiera y soy capaz de hacer.

¿Cuáles son las palabras que más usa?

Escribir, poesía, literatura, luz, amanecer, corazón, estrella.

¿Cuáles son los héroes de novela que prefiere?

Gente común, que se equivoca, y que al buscar reparar su error encuentra algo muy valioso dentro de sí misma.

¿Cuál es su miedo más grande?

La muerte.

Los millones de la fe en Nicaragua

El líder sandinista Daniel Ortega se ha declarado como católico practicante. En su vida política, el gobernante ha aparecido incluso en misas comulgando.

Un grupo de pastores evangélicos nicaragüenses y el sacerdote católico Antonio Castro se reúnen con seguidores del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional en la rotonda Hugo Chávez de Managua. Son visibles las banderas rojinegras en esta jornada de ayuno por la paz en Nicaragua realizada en mayo de 2018, un mes después que iniciaron las protestas contra la administración de Daniel Ortega.

El gobierno es denunciado por violaciones a derechos humanos contra los manifestantes, pero el sacerdote Castro se dirige en su mensaje televisado por el oficialismo a la multitud que protesta inconforme con Ortega e intenta apaciguarla. «No (se) puede decir soy cristiano y estoy lleno de odio y resentimiento», afirma. Los sandinistas se mantienen en su sitio, pese al día lluvioso. Escuchan y oran. La propaganda estatal agrega, al presentar después la nota sobre el evento, que la estabilidad y la paz son factores necesarios para que «el país siga progresando».

Las palabras del religioso son particularmente influyentes en Nicaragua, un país de 6.2 millones de habitantes, según los datos del Banco Mundial en 2017. Los católicos representan el 44.3 %, mientras los evangélicos representan el 38.1 % de los que no se consideran católicos, acorde a una encuesta de M&R Consultores publicada en febrero pasado, cuyos datos son citados en esta investigación realizada por La Lupa en alianza con CONNECTAS, y que forma parte de un espacio informativo para contar la realidad del país centroamericano.

El reverendo Neftalí Cortez, presidente del Concilio Nacional de Iglesias Evangélicas de Nicaragua, dice más de un año después de la jornada de aquel día de mayo que los evangélicos se mantienen en oración permanente por «el comandante y la vicepresidenta, para que la Asamblea Nacional legisle leyes que beneficien a Nicaragua».

Un sector de los líderes evangélicos se siente agradecido con el gobierno, porque aseguran que les ha cumplido sus promesas. Con ellos, Ortega ha implementado la estrategia de legalizar fundaciones religiosas y donarles propiedades.

Las posturas públicas de religiosos, apuntalando la imagen de Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo en momentos de crisis, son el resultado de una estrategia calculada del presidente nicaragüense con la que se ha granjeado el apoyo de sectores católicos y evangélicos. Por un lado, el ejecutivo implementa la política estatal de asignar recursos a iglesias u organizaciones vinculadas a líderes religiosos, las que en el presupuesto anual son enlistadas bajo el título de subvenciones. También usan otros recursos como nombramiento en cargos, legalizaciones de terrenos para sus obras o la creación de nuevas iglesias en el caso de los evangélicos, lo que se ha conocido públicamente a partir de las noticias publicadas por los medios oficialistas.

Aunque el artículo 14 de la Constitución de Nicaragua declara que el Estado no tiene religión oficial, el gobierno de Ortega financió con casi veinte millones de dólares entre 2007 y 2018 a iglesias, fundaciones y a una universidad privada fundada por un alto jerarca católico fallecido.

«Todo el tema del uso de los recursos públicos para comprar conciencias ha ocurrido tanto con la Iglesia Católica como con la Iglesia Evangélica, pero como la Iglesia Católica tiene más poder, pues por mucho tiempo le dieron más recursos no solo para restaurar iglesias también para comprar sacerdotes. Este gobierno les ha dado recursos como una manera de comprarlos, y a los que no pudieron comprar por supuesto que los alejaron, que los discriminaron, que incluso los atacaron en cierto momento», explica la socióloga nicaragüense, María Teresa Blandón a CONNECTAS, la plataforma líder de periodismo colaborativo en la región.

Según esta investigación periodística, basada en informes oficiales del Ministerio de Hacienda y Crédito Público en el período 2007-2018, más de 150 iglesias y organizaciones religiosas fueron beneficiadas por año con partidas de fondos públicos que no especifican el destino específico en cada caso de los fondos, es decir si por ejemplo serían usados para reparar techos o hacer remodelaciones concretas. En total, de los 19 millones 939 mil dólares, el 44.21 % del presupuesto fue dirigido al sector católico, el 12.50 % a protestantes y el 43.29 % asignado a la Universidad Católica Redemptoris Máter. Esta casa de estudios, fundada en 1992 por el fallecido cardenal Miguel Obando, quien fue aliado de Ortega hasta su muerte el año pasado, está bajo control de la familia del expresidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, quien ocupa el cargo de vicerrector académico. La rectora es su hermana Michelle Rivas Reyes y otra de sus hermanas, Carol M. Rivas Reyes, es directora de registro académico según la gaceta diario oficial del 15 de julio pasado.

La relación de Obando con los Rivas surgió hace más de treinta años. La madre de Rivas, Josefa Reyes Valenzuela, fue asistente del Cardenal y su familia mantuvo una amistad con el religioso que duró décadas. Al ser el presupuesto de la UNICA equiparable a todo el resto de las iglesias y templos del país, Ortega financió con fondos públicos a una institución educativa en la que también participa Rivas, señalado por la oposición de convertirse en el contador de votos del FSLN.

CONNECTAS solicitó una entrevista con las autoridades de la Universidad a finales de septiembre, pero la solicitud no fue respondida. La idea era abordar en qué invierten los fondos públicos que el gobierno ha mantenido en un promedio de 600 mil dólares cada año desde 2007. Rivas desapareció de la escena pública desde su salida del CSE, consecuencia directa de las sanciones impuestas por Estados Unidos en diciembre pasado cuando el Departamento de Estado lo acusó de «corrupción significativa».

«Como presidente del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua, con un salario del gobierno de $ 60,000 por año, Roberto José Rivas Reyes (Rivas) ha sido acusado en la prensa de acumular una riqueza personal considerable, que incluye múltiples propiedades, aviones privados, vehículos de lujo y un yate. Rivas ha sido descrito por un Contralor General nicaragüense como «por encima de la ley», y las investigaciones sobre su corrupción han sido bloqueadas por funcionarios del gobierno nicaragüense. También ha perpetrado fraude electoral que socava las instituciones electorales de Nicaragua», dice la resolución del departamento del Tesoro de EUA.

María Teresa Blandón, socióloga nicaragüense.

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LA DIVISIÓN ENTRE LÍDERES CATÓLICOS

El ejecutivo no se comportó como hizo con Obando con los otros miembros de la Conferencia Episcopal. Ortega intentó dividir a esa institución que es presidida desde 2005 por el Cardenal Leopoldo Brenes, el sucesor de Obando y líder de la Conferencia de los jerarcas católicos. Los obispos bajo el liderazgo del actual arzobispo se pronunciaron a favor de los derechos humanos, el Estado de derecho y el respeto a la institucionalidad en contraste con los intereses gubernamentales.

En el contexto de las protestas contra el gobierno, sacerdotes han recibido amenazas por respaldar a la población en sus demandas de justicia y democracia. El seis de octubre pasado, el Cardenal Brenes denunció esto en declaraciones al canal católico de Nicaragua. «Muchos sacerdotes no solo de la Arquidiócesis, sino también de otras Diócesis están en esta situación. A nosotros eso no nos preocupa», sostuvo el religioso.

El intento del gobierno por comprar sacerdotes fue denunciado desde finales de diciembre de 2012 por el Obispo Auxiliar de Managua, Silvio José Báez, hoy en Roma a pedido del papa Francisco, quien dijo públicamente que ofrecían dinero y prebendas para evitar la crítica desde los púlpitos. «Yo he tenido, y lo puedo denunciar, información de algunos sacerdotes que el gobierno les ha ofrecido dinero limpio para que lo usen, sin dar cuentas, a cambio de olvidar su conciencia y eso nos preocupa», afirmó el prelado al diario La Prensa en aquel tiempo.

La socióloga Blandón, autora de la investigación «Uso y abuso de Dios y la Virgen, su impacto en la vida de las mujeres nicaraguenses», afirmó que este gobierno no es ni socialista, ni cristiano, ni solidario como se autoproclama en la propaganda estatal. «No puede haber un gobierno cristiano por la sencilla razón de que el gobierno no es una persona. No encajan en los 10 mandamientos de la Ley de Dios que se construye o que constituye el núcleo de la moralidad cristiana», afirma.

De acuerdo con el presupuesto de la nación, la Catedral de León, un monumento histórico del país adonde se encuentra la tumba de Rubén Darío, recibió del erario 1 millón 65 mil 579 dólares entre 2007 y 2018. La Diócesis de León fue dirigida durante veinte años, hasta junio de 2019, por monseñor Bosco Vivas, a quien los opositores cuestionaron por evitar críticas públicas personales a Ortega en el contexto de las protestas desde abril del año pasado, aunque suscribió los textos de los obispos como grupo colegiado al demandar institucionalidad.

Caritas de la Arquidiócesis de Managua, cuyos documentos contables se encuentran bajo revisión del Ministerio de Gobernación según han publicado los diarios nicaragüenses, recibió 506 mil 724 dólares. En los primeros diez puestos, de los beneficiados, figura la Iglesia La Merced con 231 mil 655 dólares. El párroco de este último templo es el sacerdote Antonio Castro, el mismo que participó en la jornada de oración por la paz el año pasado.

«No sólo es a los templos católicos también es a las organizaciones evangélicas, etcétera. El gobierno desde hace mucho tiempo destina presupuesto para las catedrales como la de León que los feligreses no van a poder (mantener) ese edificio», explica monseñor Carlos Avilés, vicario general de la Arquidiócesis de Managua.

A criterio del exdiputado opositor Enrique Sáenz, el gobierno ha seguido una estrategia de «manipulación de la religiosidad popular, las religiones y la jerarquía utilizando la vía presupuestaria, el discurso cargado de frases bíblicas, dividir la jerarquía católica y otorgar concesiones a connotados pastores evangélicos».

«La pareja presidencial aparece como grandes conversos religiosos, y pretenden pasar de cometer delitos de lesa humanidad (durante las protestas de abril del año pasado) a ser catequistas. Ortega dice en algunos de sus discursos «Dios quita reyes y pone reyes», eso va directo a la mente de gente sencilla que asocia eso que dice con la frase bíblica y entonces el origen del poder (del gobernante) se convierte en divino», explica.

Las posturas públicas de religiosos, apuntalando la imagen de Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo en momentos de crisis, son el resultado de una estrategia calculada del presidente nicaragüense con la que se ha granjeado el apoyo de sectores católicos y evangélicos.

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A UNOS CON DINERO Y A OTROS CON PERMISOS

La legalización de terrenos para los protestantes y la aprobación de nuevas fundaciones religiosas en el Parlamento son parte de la estrategia gubernamental con el sector evangélico. En total, se crearon 1 mil 32 organizaciones evangélicas desde 2007 según información oficial del diario La Gaceta. El propósito de las mismas es «construir iglesias para predicar el evangelio de nuestro señor Jesucristo», acorde con los estatutos. De otras 68 organizaciones legalizadas por el poder Legislativo, adicionales a las evangélicas en el período 2007-2018, 33 correspondieron a católicas, 25 adventistas, cinco bautistas, una islámica, una krishnaismo, otra taoísta, una mixta y una judaista, conforme a esta investigación periodística. Estas fundaciones le permiten tener una estructura legal para gestionar recursos.

El segundo secretario de la junta directiva de la Asamblea Nacional, el diputado sandinista Wilfredo Navarro, ha promovido la legalización de 53 fundaciones evangélicas por separado. «Apoyo todo lo que es bueno para el país y si estás haciendo el bien y desarrollando el país te voy apoyar. Eso no tiene nada que ver, no es un compromiso con los evangélicos, así como apoyamos a la católica se apoya a la iglesia evangélica, pero si hacemos un balance el mayor apoyo era para la iglesia católica y ahí está en los presupuestos», les dijo a periodistas para esta investigación.

Otros colegas de Navarro en la Asamblea Nacional, que promueven también la legalización de organizaciones evangélicas en el país, son los sandinistas Filiberto Rodríguez, Juan Ramón Jiménez y Carlos Emilio López con 50, 45 y 39 en sus gestiones respectivas. Sumado a eso, públicamente, el Parlamento entregó en septiembre pasado un reconocimiento público a 41 pastores por «su aporte a la promoción de la paz desde la Biblia», lo que fue celebrado por la vicepresidenta Murillo en los medios oficialistas.

lideres evangélicos nicaragüenses
Legalizaciones. Un sector de los líderes evangélicos se siente agradecido con el gobierno, porque aseguran que les ha cumplido sus promesas.

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EVANGÉLICOS AGRADECIDOS CON ORTEGA

Un fuerte sector de los líderes del sector evangélico ha manifestado agradecimiento con el gobernante sandinista. El reverendo Neftalí Cortez, quien dijo que como comunidad religiosa viven en oración permanente por los gobernantes de Nicaragua, asegura que han crecido por la apertura de la actual administración. «Nosotros en 2007 tuvimos la presencia del comandante y apoyamos su candidatura con una promesa que hizo a las iglesias evangélicas que iba a crear la Plaza de la Biblia, la cual cumplió y también iba a dar apertura a las iglesias en muchas formas», añadió.

Cortez preside el Concilio Nacional de Iglesias Evangélicas de Nicaragua, cuya organización ha recibido 341 mil 262 dólares desde 2007 hasta 2018. En la repartición del presupuesto, no sobresalen templos particulares, sino asociaciones de pastores que han sido reconocidos por la población como cercanos al ejecutivo durante los últimos años: La Asociación de Capellanes Cristianos Evangélicos le asignaron 253 mil 510 dólares; las Iglesias de la Región Autónoma del Atlántico Norte y Atlántico Sur con 373 mil 805 dólares; la Fundación El Camino del diputado del Parlamento Centroamericano, Guillermo Osorno, con 155 mil 395 dólares; la Alianza Evangélica de Nicaragua con 131 mil 836 dólares; la Sociedad Bíblica de Nicaragua con 127 mil 765 dólares; la Red Nacional para la Fundación de Iglesias con 76 mil 570 dólares; El Concejo Nacional de Pastores Evangélicos de Nicaragua 72 mil 672 dólares; La Iglesia Evangélica El Mesías con 55 mil 539 dólares y el Centro de Adoración Familiar sumó 46 mil 194 dólares.

Desde 2007 hasta marzo de 2018, la iglesia evangélica aceptó además de la Procuraduría General de la República la legalización de 853 propiedades para «la construcción de templos». Según Fidel Moreno, secretario general de la Alcaldía de Managua, quedaron pendientes de tramitar entonces dos mil solicitudes. No se tienen detalles de dónde están ubicadas ni el costo que podría tener cada propiedad.

«Hay pastores prominentes que han utilizado esa prominencia para entrar en contubernio con el régimen», explica el exdiputado Sáenz, quien considera que el financiamiento a las iglesias no solo sale del presupuesto sino también de «los fondos que se les asignan a los diputados». Se trata de una partida de aproximadamente 1. 1 millón de dólares que es entregada cada año para obras sociales y que es repartida a un promedio de 12 mil dólares por cada legislador. Son 92 diputados los que tiene el Parlamento.

«Los evangélicos cobraron su propia cuota porque dijeron: bueno, pero qué es esto ustedes (al gobierno) no pueden tener privilegios solo para la iglesia católica entonces pusieron a (reverendo) Miguel Ángel Casco en la Procuraduría de los Derechos Humanos. Otros carguitos a otros y les dieron dinerito a algunos pastores evangélicos, para que más o menos se contentaran y también de vez en cuando los ponían en la tarima (presidencial), aunque no aparecían públicamente», afirmó la socióloga Blandón.

Las iglesias. Este es el número de asociaciones religiosas aprobadas por la Asamblea Nacional, un poder del Estado de mayoría sandinista.

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RELIGIÓN Y MISTICISMO, LA MEZCLA DEL PODER EN NICARAGUA

El estilo del gobierno de Nicaragua está caracterizado por una mezcla de religiosidad y el misticismo atribuido a la vicepresidenta Rosario Murillo. Un día se le puede escucharse a ella, en los medios oficialistas, anunciar los «tiempos de victoria» bajo la guía de Dios y en otro sus funcionarios, o sus hijos, pueden participar en celebraciones católicas y evangélicas. Son acciones que, a criterio de Blandón, «no le corresponde al Estado porque son celebraciones de la iglesia católica».

«Hay muchísimos, muchísimos funcionarios de este gobierno que actúan como si fueran pastores evangélicos. También le están haciendo la competencia a la iglesia católica por los siervos, por las almas, por los corderos a los cuales van a pastorear. Se han convertido en una especie de pastores evangélicos desde el propio Estado y utilizando para ello los recursos públicos», insiste Blandón.

La repartición de los fondos públicos según el tipo de iglesia, según lo dispuesto por el gobierno, entre 2007 y 2018. Infografía: Luis González.

La última misión religiosa que los Ortega encomendaron a un funcionario público fue la del diputado Carlos Emilio López, enviado para instalar 10 mil comisiones de paz y reconciliación a nivel nacional como una medida de respuesta a la crisis surgida por la represión estatal el año pasado. En esos grupos, participan los simpatizantes políticos del FSLN incluyendo pastores evangélicos. El principal problema es que la violencia contra la ciudadanía continúa. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos sigue denunciando la falta de garantías reinante en el país. En un video publicado en las redes sociales, el legislador López clama por la paz y la reconciliación, pero sin mencionar una sola palabra sobre los 328 asesinados en el contexto de las manifestaciones. El funcionario está en Wiwilí, en el departamento de Jinotega al norte nicaragüense, y, mientras le dice a la población que deben comprometerse a seguir los lineamientos del «Maestro», en referencia a Jesús, un grupo de simpatizantes sandinistas juntan sus manos como símbolo de unidad.

La pareja presidencial de Nicaragua exalta sus vínculos con Dios en las actividades públicas. El 19 de julio pasado, durante el 40 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, Ortega reúne a un grupo de reverendos y sacerdotes con Antonio Bolainez, asesor en temas religiosos del expresidente estadounidense Barack Obama y el reverendo Ralph Drollinger, guía espiritual del gabinete de Donald Trump. Según una investigación del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, publicada en agosto pasado, a este último Ortega lo invitó para que instaure un ministerio en su gobierno. Públicamente de ese tema no hablan ante los simpatizantes congregados para la celebración de la caída de Somoza. Viéndolos a los religiosos juntos, el gobernante saluda a sus simpatizantes como el orador principal de la actividad. Luego el gobernante dice sobre su visión de la religión: «católicos y evangélicos compartimos, porque desde niño me formé en el catolicismo, y aprendí a lo largo del tiempo que, entre católicos y evangélicos, hay un punto de unidad y es ¡Cristo!». Simpatizantes y religiosos lo aplauden.

Para ver los aportes económicos a las diferentes denominaciones religiosas vea acá: Los millones de la fe: la inversión del Estado de Nicaragua


*Este reportaje hace parte de NICARAGUA.CONNECTAS.ORG, un espacio para contar al país centroamericano en un contexto adverso para la libertad de expresión.

El ocaso del donjuán

Tan pronto como las acusaciones de acoso sexual se hicieron públicas, se cancelaron las presentaciones de Plácido Domingo en Nueva York, Filadelfia y San Francisco. El golpe fuerte, sin embargo, vendría un poco después en Los Ángeles, donde la presión pública y privada obligó al tenor a renunciar a su puesto como director de la Ópera de Los Ángeles.

Las acusaciones de una veintena de mujeres que trabajaron con él son ya conocidas en todo el mundo. Insinuaciones indeseadas, manoseos y besos furtivos, infidelidades ocasionales y, sobre todo, abuso de poder. Para Domingo fueron tres décadas en las que se esmeró por colocar a la Ópera de Los Ángeles en un sitio privilegiado en el horizonte de la ópera internacional.

Domingo respondió a las acusaciones en su contra describiendo algunas de ellas como inexactas. También intentó, aunque débilmente, explicarlas, quizá justificarlas, como «conductas del pasado que hoy se ven con otros ojos».

Su justificación no convenció a nadie; sin embargo, y sin condonar su conducta, su explicación tiene un sustento histórico. Si algo nos enseñaron Tirso de Molina (1630), Molière (1665), Carlo Goldoni (1734), Wolfgang Amadeus Mozart (1787), Giacomo Casanova (1822), Lord Byron (1824) o José Zorrilla (1844), es que la leyenda de Don Juan ha servido por siglos como arquetipo a la mayoría de los hombres. Ser un donjuán fue, antes del #MeToo, quizá el mejor elogio que se le podía hacer a un hombre no solo por su capacidad para seducir mujeres, sino como signo de virilidad.

El seductor se veía a sí mismo como un artista. Otra característica del Don Juan literario, que convenientemente ignoran los donjuanes modernos, es que el personaje, en tanto que transgresor de las costumbres y las reglas, al final de sus aventuras sufría un castigo por su conducta y su desenfrenada lujuria terminaba destruyéndolo. Curiosamente, la reacción de la opinión pública en Estados Unidos ha sido condenatoria y fulminante contra el tenor, mientras que en Europa parecería que la reacción a su donjuanismo ha sido vista como extrema.

«Para todos en la profesión la fama de seductor de Domingo era conocida, general y absoluta. Su talento inigualable, su poderío escénico, su talante de galán, su encanto personal y su caballerosidad lo convertían en un semidiós, escriben en El Periódico de Cataluña. Y es esta adoración al ídolo la que ha posibilitado que Domingo mantenga programados 17 conciertos en Europa para este año y el próximo. De estos se destaca uno en La Scala de Milán, el 15 de diciembre, en el que celebrará el 50.° aniversario de su debut en la insigne institución milanesa.

También se mantienen en la agenda sus presentaciones en Zúrich, Londres y Ginebra. La postura del Teatro Real de Madrid ha sido de apoyo total al cantante, a quien consideran un artista incuestionable con un historial de más de medio siglo que lo acredita como una de las voces más importantes del género lírico. Y aunque en su comunicado reitera su repudio a la violencia contra las mujeres, argumenta que este tipo de asuntos deben dirimirse en los tribunales.

Yo no tengo duda del talento del artista y reconozco que a diferencia de otros casos de famosos en el mundo del espectáculo, como por ejemplo el director de cine Roman Polanski, quien violó a una muchacha menor de edad; o del productor Harvey Weinstein, que obligó a infinidad de actrices a satisfacer su infinita lujuria a cambio de un papel, hasta ahora nadie acusa a Domingo de violación. Se lo denuncia por acoso sexual y por abuso de poder. Según los testimonios que se han recogido, todas las mujeres que lo han denunciado temían que desairarlo perjudicaría su situación laboral o sus carreras como cantantes.

«Desnudos venimos y desnudos nos iremos»

¿Quiénes son sus pintores favoritos?

De los clásicos, siempre me ha encantado el artista italiano Caravaggio y, en la actualidad, admiro mucho al artista salvadoreño César Menéndez.

¿Qué lo inspira a la hora de pintar los espacios urbanos?

Me inspira esa posibilidad de llevar y convivir con aquella sociedad que no tiene acceso a un museo o galería.

¿Cómo decide dedicarse a ser un artista urbano?

Fue un amor a primera vista. En el año 2012, con 22 años, vi la obra del artista salvadoreño Miguel Ángel Ramírez en Panchimalco. A mí ya me gustaba dibujar, pero fue ahí cuando pensé: ‘esto quiero hacer por el resto de mi vida’.

¿Qué ha sido lo más difícil en su profesión?

El hecho de no tener dinero para financiar mis estudios o compra de materiales. Y tener que trabajar en una casa de oficios varios y una maquila.

¿Hay algo que de tener más / menos marcaría alguna diferencia en su vida?

En términos materiales sí, pero en los emocionales, no.

¿Qué es lo que tiene más valor de su situación actual?

Levantarme y saber que cada día es una oportunidad para ser feliz

¿Si fuera a vivir su vida a tope ¿qué sería lo primero de lo que tendría que deshacerse?

Desnudos venimos y desnudos nos iremos. No creo que exista nada más importante que las vivencias.