«Mi trato hacia los demás solo es el mismo que me gustaría recibir»

¿A qué le teme más en la vida?

A una vida sin trascendencia, que en cien años nadie sepa que existí.

¿Qué le gustaría que dijera su epitafio?

Amé demasiado la luna, como para temerle a la noche.

¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?

Tratar de cerca a todo tipo de personas y esforzarme por hacerle fácil la vida al a gente que me rodea.

Actualmente, ¿cuál considera que es su virtud más sobrevalorada?

La amabilidad, mi trato hacia los demás solo es el mismo que me gustaría recibir, por eso no lo considero un mérito.

¿Cuál es el carácter histórico que más desprecia?

Los genocidios cometidos a muchos grupos étnicos, en diferentes épocas de la historia. Son una vergüenza que aún nos ensucia a todos.

¿Qué es lo más ilegal que ha hecho?

Conducir sin licencia.

De volver a comenzar su vida, ¿qué otro negocio o profesión elegiría?

El sueño inicial de ser periodista, seguramente también me habría hecho muy feliz y plena.

El renacimiento de Renée Zellweger

Renée Zellweger

Tras una pausa de varios años en su carrera, la actriz texana –que alcanzó la fama por El diario de Bridget Jones–, volvió al estrellato en Hollywood con una interpretación más que memorable: encarnó a Judy Garland en la película Judy. Gracias a esta actuación, la carismática Renée Zellweger logró el premio Oscar de la Academia a mejor actriz, trofeo con el cual dejó bien claro por qué a los 50 años nunca es tarde para volver a empezar.

La escena fue muy conmovedora. Sucedió en septiembre del 2019, la noche de la premiere de la película Judy. El marco no podía ser más influyente: el Festival Internacional de Cine de Toronto.

Cuando terminó la proyección, mientras los créditos rodaban, la actriz texana Renée Zellweger, protagonista de la película Judy, hizo exactamente lo mismo que estaba haciendo la gran mayoría de la audiencia: llorar desconsoladamente.

Durante dos largos minutos, el público la ovacionó vitoreando su nombre, mientras Zellweger, vestida con un elegante vestido azul claro, se abrió camino frente a ellos. Sin dejar de sollozar, llevó su mano derecha sobre su pecho, en un evidente estado de shock y éxtasis. La multitud solo cedió cuando, después de secarse torpemente las lágrimas de sus mejillas, tocó el micrófono que le habían instalado en el escenario y replicó humildemente: «Será mejor que terminen. ¡Están arruinando mi maquillaje!».

La película biográfica sobre Judy Garland (la famosa cantante y actriz que muy joven protagonizó El mago de Oz en 1939), es una adaptación basada en el drama musical End of the Rainbow, de Peter Quilter, que se desarrolla en 1968, cuando Garland llega a Londres para una serie de presentaciones.

En aquellos espectáculos, con entradas agotadas, que se extendieron a lo largo de cinco semanas en el club nocturno Talk of the Town, la estrella tuvo momentos exultantes, al tiempo que sufrió fuertes depresiones provocadas por las peleas en torno a la custodia de sus hijos, el insomnio y el abuso de sustancias. Garland, finalmente, murió de una sobredosis accidental de pastillas en junio de 1969, a la edad de 47 años.

La historia, dirigida por Rupert Goold, sigue a la artista durante este, el último y más dramático período de su vida. Cuando Renée Zellweger fue elegida para interpretarla, después de casi una década en un semirretiro autoimpuesto, le pareció un reto significativo.

Aparte de Bridget Jones’s Baby (2016), Zellweger se había alejado de la actuación desde el 2009 para dedicarse a otras pasiones. «Haber vuelto con Judy, tras Bridget Jones’s Baby, fue algo acertado por muchos motivos, porque me pareció conveniente mostrar parte de su historia en un momento crítico para las mujeres en la sociedad actual. Y guardando distancias, me he sentido identificada con esa parte difícil de ser una persona en el medio del entretenimiento. Pero me hace feliz que parece que hemos acertado al hacer la película», comentó la actriz de 50 años de edad, nacida en Katy, un pequeño suburbio de Houston, en el estado de Texas, donde creció hasta que se mudó a estudiar en la Universidad de Texas, en Austin. «Considero a Austin como mi hogar, y tengo mucha familia allí, así que allí siempre regreso mucho».

Su madre es noruega y su padre suizo, lo que la hizo sentir diferente. «Siento mis raíces texanas, por supuesto, pero no se puede negar que soy hija de europeos, mis ojos me delatan», comenta con una pícara sonrisa. Pero en su infancia, lejos de querer ser actriz, Renée quiso ser escritora. «Siempre deseaba lo mismo: me encantaba pedir de regalo para mis cumpleaños o en Navidad un cuaderno o libretas de papel rayado y lápices. No había nada mejor para mí cuando regresaba a casa de la escuela que ponerme a escribir historias o componer poemas, las posibilidades eran infinitas». Fue en la universidad, en 1991, estudiando artes liberales e inglés, que entró a la clase electiva de actuación. «En lugar de continuar en la búsqueda de mi título de periodista, terminé rápidamente con mi título de licenciatura, porque me entró la curiosidad de lo que podría hacer si comenzaba a actuar», recuerda.

Con el tiempo, esa curiosidad terminó dándole cuatro nominaciones al premio Oscar. Sus dos primeros fueron como mejor actriz en la comedia romántica del 2001 Bridget Jones’s Diary y, en el 2002, con el musical Chicago. En su tercera nominación, en el 2004, Zellweger se llevó a casa la estatuilla como mejor actriz de reparto por su actuación en Cold Mountain. Hoy, 15 años después, Renée Zellweger ha logrado otra nominación por Judy.

Renée Zellweger

Fueron 25 años de preparación en Hollywood para asumir el reto de convertirse en Judy Garland. «Hay experiencias que tuve que lamentablemente hicieron que sus difíciles circunstancias fueran un poco más fáciles de entender –explica–. Hay mucho entre líneas, esos momentos íntimos en los que se oscila entre ser una persona famosa y ser una persona privada. Eso es algo que he experimentado». Pruebas y ensayos de una larga y fructífera carrera.

Poco después de terminar la universidad, a los 23 años de edad, la rubia texana debutó en pequeñas producciones como A Taste for Killing (1992), seguida de Murder in the Heartland (1993), para luego aparecer en la película de Ben Stiller, Reality Bites (1994).

Su primer protagónico lo logró igualmente en 1994 con la película de terror Texas Chainsaw Massacre: The Next Generation, al lado de Matthew McConaughey. Luego llegaría a actuar al lado de Tom Cruise en Jerry Maguire, para después consagrarse con el personaje de Bridget Jones.

Pero, con el tiempo, comenzó a sentirse agotada con la vida que llevaba en Hollywood. «Me sentía exhausta, necesitaba parar, pero no lo hice por años. Además, sentía que no podía disfrutar las pequeñas cosas de la vida. Entonces, ¿qué sentido tenía ese éxito si no podía disfrutar lo que realmente importa, que es vivir?».

Pero fue precisamente esa misma pausa la que le dio a Zellweger la energía suficiente para volver a trabajar. «Ahora reconozco que hay límites que están permitidos. Y por eso, buscar un equilibrio siempre es necesario, como todo en la vida –asegura–. Pero reconozco que es todo un ajuste volver a hacer giras de prensa, volver a la alfombra roja, volver a ser vulnerable y volver a todo lo que implica ser una actriz; pero siento que ahora puedo navegarlo mejor». De hecho, a finales del año pasado, decidió rodar para la televisión, con una serie de Netflix llamada What If (Dilema).

La atractiva y elegante rubia de 50 años, reciente ganadora del premio Oscar, habló de su trabajo y de su vida.

¿Qué tipo de presencia tuvo Judy Garland en su vida antes de este proyecto?

Más de lo que pudiera creerse, porque me acompañó en mi niñez. Yo oía sus discos porque mi padre los ponía los fines de semana cuando descansaba o, como el resto del mundo, creo, vi con mi familia El mago de Oz, todos los años en Semana Santa. ¡Todos los benditos años! Ella es una de las mejores vocalistas de todos los tiempos. Llegando a comprender lo que tuvo que superar, una y otra vez, solo para desempeñarse en los niveles que lo hizo durante un período de tiempo tan prolongado, ahora la entiendo y la aprecio de una manera diferente. Ella se hizo un espacio para sí misma como ícono en la historia de los Estados Unidos, algo que realmente se merece.

¿En qué se ha sentido identificada con ella?

Antes que todo, aprendí de su historia como ser humano para poder entender todo eso con lo que tuvo que luchar para hacer estas actuaciones. Y habiendo vivido yo misma con esa imagen pública por un tiempo, puedo empatizar un poco con lo que es eso. Sobre todo cuando te alejas de la percepción de la gente y cuando estás sola en una habitación de hotel. O cuando algo va terriblemente mal en tu vida personal y tienes que fingir que no pasa nada porque tienes un trabajo que hacer. Necesitas trabajar y, como todos, debes mantenerte al día e ir a hacer tu trabajo. Y eso no es nada fácil para alguien que es una figura pública y está pasándola mal.

Me sentía exhausta, necesitaba parar, pero no lo hice por años. Además, sentía que no podía disfrutar de pequeñas cosas de la vida. Entonces, ¿qué sentido tenía ese éxito si no podía disfrutar lo que realmente importa, que es vivir?

Y más en esas épocas, de seguro.

Siempre ha sido muy difícil para las mujeres tener que lidiar con las presiones sociales cuando se está en una profesión como esta. Judy Garland fue una madre que extrañaba a sus hijos. Una mujer hambrienta de amor que, en esa búsqueda, se adentró en otro matrimonio infeliz. Ella fue una celebridad tan necesitada de amor que lo único que pudo hacer fue vivir la vida como la vivió.

¿Ha conocido a su hija, Liza Minnelli?

Sí, la conocí. Tenemos una amiga muy cercana en común y estuve en su fiesta de cumpleaños número 50 en la ciudad de Nueva York. Luego la volví a ver años después porque otra amiga produjo y filmó su último show en vivo en Las Vegas. Ella estuvo sublime. No podía creer que tuve la suerte de lograr un asiento en ese lugar para esa grabación. Eso fue una gran experiencia, casi que podría llorar de la emoción recordando eso. Después, nos metimos en el backstage y ese fue, ya sabes, uno de esos momentos en los que comienzas a verte como parte de una nube de fanáticos sin vergüenza. Solo quieres callarte, pero no puedes [risas]. Quiero decir, qué suerte, y sí, sí, la he conocido. Ella podría no recordar haberme conocido, pero yo sí. [Risas].

¿Qué ha aprendido, tras interpretar a Judy Garland, sobre la relación con la fama?

Acababa de aparecer en Jerry Maguire y tuve una reunión con el gran director Mike Nichols. Él hablaba sobre los golpes de gracia y me preguntó si sabía lo que me iba a pasar. Pero no sabía de qué estaba hablando ni qué quería decir. Me preguntó: «¿Entiendes que tu vida va a cambiar?». Y yo ingenuamente dije que sí, pero creo que no podría haberlo imaginado. Recuerdo que él me dijo: «Será extraño para ti porque no hay nada en tu vida que realmente pueda prepararte para los cambios que estás a punto de experimentar. La fama es muy complicada».

¿Lo dijo para asustarla?

No lo creo. Recuerdo que además me dijo que pensara un poco como Medusa. Me dijo: «La fama, una vez la obtienes, siempre estará ahí. Es insidiosa. Nunca se va. Siempre está a la vuelta de la esquina donde quiera que vayas. A partir de ahora, estará allí y es peligrosa porque puede seguir tu camino. Es complicado. Puede engañarte y, si la miras directamente, te prometo que te convertirá en piedra». Dijo que si corres hacia ella, si la abrazas, si necesitas algo de ella, te convertirá en piedra. Y recuerdo que me decía que debía vigilarla porque si no lo hacía, es doblemente peligrosa, así que debía mirar a la fama a través del prisma como en el mito, mírala a través del prisma y deja que ese prisma sea tu familia y tus amigos más cercanos. Y nunca vayas a ningún lado sin llevar el prisma con algo de respeto. Yo no entendía bien lo que quería decir, pero obviamente, ya sabes, al contarlo ahora hoy, tantas décadas después, realmente resuena conmigo. Y, obviamente, él tenía la razón.

¿Eso significa, supongo, que sus relaciones con los hombres también han sido afectadas por la fama?

No puedo decir eso porque creo que cada relación se ve afectada por el trabajo y la vida, solo por la vida misma. Es humano, ¿verdad? Así que no puedo decirte eso.

¿Y fue precisamente por esa misma protección ante la fama que tomó la decisión de no poner su carrera antes de todo?

Estoy segura de que es lo mismo para ti cuando pasas de un proyecto a otro, de una entrevista a la siguiente, y así hasta que te sientes como un ser humano aburrido. Y yo estaba tan aburrida de mí misma. No podía soportar escucharme hablar un segundo más. Necesitaba estar tranquila e irme a vivir un poco y crecer como ser humano. Quería aprender cosas nuevas y quería crecer en cierto sentido, porque parece que me estaba atrofiando en el lugar en el que estaba.

Pero para muchos la actuación es un constante cambio con cada proyecto.

Cuando entré a este negocio, no paré de vivir la vida de otra persona. En la casa de otra persona, en el pueblo de otra persona. Luego, a la siguiente producción y a la siguiente y a la siguiente; y no puedes contar historias auténticamente, porque no puedes relacionarte con otras personas, porque no lo has vivido. Cada proyecto es diferente, en efecto, pero la dinámica para llegar a cada proyecto es muy similar siempre. Y estaba cansada de eso. Por eso me puse a pensar, ¿por qué no estudio algo que no sea un personaje nuevo? Y lo hice. Y eso pertenece a mi vida privada y no a mi vida profesional. Y lo recomiendo mucho.

Tras tomar una pausa en su carrera, tras la popularidad que tuvo Bridget Jones, ¿se sintió en algo identificada con ella?

Tenemos muy poco en común. Aunque estoy interesada en su guardarropa. Soy mucho más conservadora. No soy tan audaz, excepto con mis amigos más cercanos. La gente siempre quiere que uno se parezca en algo a un personaje con el que se sienten identificados, pero eso no es siempre así.

Al regresar a la actuación después de un largo período, ¿encontró la misma pasión por actuar? ¿Algo cambió en su enfoque de trabajo? ¿Cree que es una mejor actriz o se siente la misma?

No sé si soy mejor actriz. Quiero decir, esperas que tus experiencias de vida invadan de alguna manera las actuaciones que tomas. Y podría ser mejor, podría ser mejor administrando lo que viene con eso. Pero lo veo de manera diferente ahora. Tengo límites diferentes y eso lo aprecié más cuando regresé, porque recordé por qué me encantaba esto. Porque antes no me sentía así. Porque no era buena para establecer límites. Se trataba de comprender, se trataba del proceso, se trataba de desaparecer, se trataba de ser creativo: ese es probablemente el mayor cambio. Por ese cambio es que me siento un poco más ajustada.

¿La misma pasión?

Por supuesto, esto me encanta, pero ahora lo reconozco más claramente. Siempre me ha encantado. Nunca perdí el amor por el trabajo; cuando lo estaba haciendo y colaborar en proyectos y el proceso creativo, lo artístico de todo esto y, ya sabes, el tipo de experiencia de estar en el set y compartir el día con todos los que intentan lograr el mismo objetivo. Eso me encanta; eso nunca desapareció. Pero de todos modos, intenté responder tu pregunta 20 veces, ¿no? [Risas].

¿Cómo maneja ahora ese cambio?

Manejar la fama es un trabajo diferente y, la verdad, no me interesa ese trabajo. De hecho, ese trabajo ya no me quita el sueño.

¿Usa redes sociales?

No. Estoy demasiado ocupada para eso. ¿Y para qué?, ¿para alimentar esa parte que cansa de la fama?

¿Cuándo fue la última vez que se preguntó qué pasaría en su vida si hubiera decidido algo de otra manera?

Esta mañana, pero trato de no pensar mucho en eso. ¿Cosas importantes? No sabemos cuáles son las consecuencias de una pequeña decisión, si uno gira a la derecha o a la izquierda por la mañana y llega a la parada de un autobús. Nunca se sabe. Pero trato de no pensar tanto en eso. Intento simplemente estar en el momento. Sí, trato de no pensar tanto en eso porque, simplemente, estás tratando de controlar cosas que no puedes controlar y tratando de leer con anticipación sobre lo que esencialmente podría suceder. Quiero decir, es bueno tener previsión, obviamente. Es bueno tener cuidado antes de abrir la boca y hablar de ciertas cosas y es bueno tener cuidado antes de decidir embarcarse en algo que tiene el potencial de cambiar tu vida de una manera significativa.

¿Cuál es su próximo proyecto, está trabajando en ello?

He estado produciendo durante mucho tiempo en silencio y estoy desarrollando un proyecto que me encanta. Es una pequeña película llamada Something in the Water (Algo en el agua) y está protagonizada por mi amiga, con quien solía jugar Scrabble cuando tenía cinco años de edad, Billie Lourd. Estoy muy emocionada por este proyecto. Voy a ir a rodar en Texas en junio.

¿Alguna buena decisión que ha tomado personalmente en estos días?

Por supuesto [risas]. Recientemente me mudé. Acabo de deshacerme de todo en la costa este y dejé de ir allí. Los cambios son buenos de vez en cuando, ¿cierto?

«El alma se ve reflejada en el legado que dejas»

¿Qué la motivó a entrar a la industria audiovisual?

Siempre pensé que por medio de los audiovisuales podía reflejar mi visión de las cosas a los demás.

¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?

El reto de sacar adelante el proyecto, que los demás lo disfruten y sentirme satisfecha con el trabajo realizado.

¿Quiénes son sus mayores influencias para su trabajo creativo?

Todo y todos. Intento aprender algo nuevo de cada persona o experiencia.

¿Cuál es el hecho histórico que más rechaza?

La matanza de 1932.

¿Cree en la inmortalidad del alma?

Claro, para mí el alma se ve reflejada en el legado que dejas.

¿Qué o quién es el más grande amor de su vida?

Yo me considero el más grande amor de mi vida.

¿Cuál es su idea de la fidelidad?

No me gusta mucho la palabra fidelidad, no creo en ella, prefiero llamarla «lealtad».

«Lo que más disfruto es compartir mis conocimientos y experiencia con mis alumnos»

​​​​​​​¿Cómo se imaginaba que iba a ser tu vida?

Me imaginaba en un trabajo tranquilo con un horariode 8 a 4 y libre los fines de semana.

¿Qué es lo que tiene más valor de su situación actual?

Me encanta producir para televisión o para clientes directos pero lo que más disfruto es compartir mis conocimientos y experiencia con mis alumnos.

De seguir cómo vas, ¿cómo creés que vas a estar en 10 años?

Espero seguir impartiendo clases y estrenando proyectos audiovisuales que están en el tintero. Un largometraje documental y ficción.

¿Qué es lo peor que te podría pasar haciendo cine?

Que a ti no te guste lo que has hecho. Siempre da el sentimiento de mejor hubiera colocado la cámara de esta manera u otra, pero me refiero al hecho de no haber abordado el tema de la mejor manera.

¿Cuál es tu miedo más grande?

No terminar mis proyectos, tanto en ficción como en documental, transcender a partir de ellos.

¿Su cineasta favorito?

Martin Scorsese, en especial sus películas antes del 2000.

¿Qué es lo más ilícito que has hecho?

Uso de música sin permiso, en producción audiovisual es importante tener los derechos.

«Crear mi propio negocio siempre fue mi sueño de infancia»

¿Qué la motivó a fundar su propio negocio?

Siempre fue mi sueño de infancia. Al crecer, me concentré en buscar oportunidades laborales y tuve varios empleos, pero al quedarme sin uno, vi la gran oportunidad de retomar mi meta de pequeña.

¿Qué cosas tendría que repetir para asegurarse de que a estar exactamente en esta misma situación?

Formación continúa, ser autodidacta e innovar en cada regalo y decoración.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

A ser más precavida al momento de realizar un nuevo proyecto. Cada fracaso me ayuda a mejorar en los detalles administrativos, el servicio al cliente y en mi producto terminado.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

Darle vida a mi marca y ser reconocida por mis clientes nacionales e internacionales.

¿Cuál es su posesión más preciada?

No tengo una posesión material, pero tengo mi versatilidad como aliada para poner en marcha mis ideas.

¿Dónde y cuándo es feliz?

En mi pequeño taller. Ese espacio me llena de satisfacción y supera mis expectativas.

¿Qué le hace falta para estar lista?

Más apoyo de las instituciones que direccionan el camino del emprendimiento en El Salvador.

«Trato de mantenerme lo más tranquila posible durante la mayor parte del día»

¿Cuál es su rutina para escribir?

Escribo las primeras líneas en mi teléfono, porque siempre las ideas me caen cuando voy de camino a casa. Dejo reposar por días (o semanas) mis líneas, y luego ya me siento con cuaderno en mano a completar todo. No me exijo escribir x cantidad de textos al día, sino que estar segura que lo que escribí es sincero, crudo y mío.

¿Cuántos libros ha leído en lo que va del año?

2020 lo he iniciado con cuatro libros, tres de ficción y uno de no ficción.

Si su epitafio fuera un verso, ¿cuál sería?

It is what you fear.

I do not fear it: I have been there.

Sylvia Plath

¿Qué podría hacer que no esté haciendo?

Estudiar algo nuevo. Podría estar estudiando historia o filosofía.

¿Cuál es su estado mental más común?

Tranquilidad. Trato de mantenerme lo más tranquila posible durante la mayor parte del día (aunque la realidad nacional y mis trajines diarios puedan arruinarlo).

¿Quién le habría gustado ser?

Una novelista británica de la época victoriana, como George Eliot, Charlotte Brontë o Elizabeth Gaskell.

Si pudiera cambiar un problema en el mundo, ¿cuál sería?

La falta de acceso a educación de calidad en niños, niñas y adolescentes en condiciones vulnerables. La educación tiene el poder de cambiar vidas, y estoy cien por ciento segura de esto, pues yo soy una de esas niñas a quien tener acceso a la educación cambió su vida y la de mi familia por completo.

La lucha por los bosques del Quiché

Fotografías de Èlia Borràs / Augusto Magaña

En Guatemala conviven dos visiones contrapuestas sobre los recursos naturales. La del Estado, que los ve como un recurso al que hay que sacarle rentabilidad económica, y la de los pueblos indígenas, que creen que el medio ambiente es una fuente de vida que se tiene que preservar y defender.

En el departamento del Quiché, en el noroccidente del país, las organizaciones indígenas hace años que luchan contra la concesión de licencias para la tala de árboles. Una lucha que ha costado a las organizaciones sociales amenazas e incluso el exilio de una de sus líderes, Lolita Chávez, una de las fundadoras del Consejo de Pueblos K’Iche’ (CPK), una organización en defensa de los derechos de los pueblos indígenas que nació en 2009

Las consecuencias de la deforestación son muy visibles en el Quiché. «Estamos en temporada de lluvia y es como si estuviéramos en verano. La lluvia ha sido irregular. Eso se debe a la tala inmoderada de árboles», asegura el alcalde de Santa Cruz del Quiché, José Francisco Reyes Pérez. La falta de lluvia ha secado el principal sustento de la población rural guatemalteca: la milpa. Desde el CPK señalan que los nacimientos de agua cercanos a la cabecera del departamento se han secado. También ha cambiado el clima frío que caracterizaba a esta región montañosa, la cual se ha vuelto más calurosa con los años.

Pero desde las instituciones la respuesta siempre es la misma: todo se hace dentro de la ley. En total, el Instituto Nacional de Bosques (INAB) ha autorizado 87 licencias para la tala de árboles en el Quiché. Según el director regional de la institución, Byron Palacios, las licencias no son el problema, ya que en el Quiché la gran mayoría de estos permisos son para áreas de bosque muy pequeñas, de unos 10,000 a unos 20,000 m2. Además, estos permisos se dan solo a los propietarios de las tierras, nunca a empresas, apunta Palacios.

Sin embargo, no siempre son los propietarios los que talan los árboles, sino empresas o terceras personas que pagan a los poseedores de estas licencias para poder explotar sus terrenos. «Hicimos un convenio con un señor: yo le vendí los árboles y el INAB me ayudó a sembrar los pinos», aclara Manuel Batz, el propietario de un terreno que forma parte del Programa de incentivos forestales para poseedores de pequeñas extensiones de tierra (PINPEP), que gestiona el INAB.

Se trata de un terreno empinado y un poco más pequeño que un campo de fútbol. Solo se ven pinos que a duras penas superan los dos metros de alto. Es un rectángulo caluroso y soleado, rodeado por un bosque frondoso y oscuro. El propietario explica que los pinos los habían plantado hace dos años, como parte del programa al que está inscrito. El incentivo que le dan apenas le alcanza para mantener el terreno, afirma Batz, pero aún así no se arrepiente de haber talado los árboles, ya que en unos quince años los pinos que ha plantado valdrán entre 1.500 y 2.000 quetzales cada uno (entre 190 y 260 dólares, aproximadamente). El propietario deja claro que al principio él no quería perder sus árboles, pero que fue la persona que le ofreció el dinero a cambio de la leña quien le sugirió apuntarse al programa del INAB para que pudiera reforestar su terreno. «Pienso volver a hacer negocio con el INAB: que me extienda una licencia o habrá alguna empresa que me compre los pinos y se repite el proceso. El terreno para mí es oro», resalta.

Según un estudio del Sistema de Información Forestal de Guatemala (SIFGUA), el país centroamericano exporta casi 600 millones de dólares en productos forestales. En el departamento del Quiché hay registradas 18 industrias forestales, mientras que no hay ningún vivero forestal. Además, el país produce principalmente pino, la misma especie que el INAB promueve para reforestar los bosques del Quiché y el principal producto forestal de la región, según el mismo estudio de SIFGUA.

Cuando la marcha del Día de los Pueblos Indígenas llega frente a la sede del INAB, las más de 150 personas que participan en la manifestación rodean al director regional de la institución, que ha salido a la calle a recibirles. El encuentro entre manifestantes y representantes del INAB es tenso. Un miembro del CPK grita: “el INAB ya no tendría que estar aquí” y la gente contesta con gritos de “¡fuera, fuera!”, mientras Palacios frunce el ceño.

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¿QUIÉN TIENE LA CULPA DE LA DEFORESTACIÓN?

En la última marcha del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se celebra cada 9 de agosto, unos 150 indígenas k’iche’ se dirigieron a la sede del INAB en Santa Cruz del Quiché, la cabecera departamental. Ahí entregaron un documento en el cual pedían que se dejase de adjudicar licencias para la tala de árboles en el Quiché, una región cuyo nombre significa «muchos árboles» en lengua maya.

Una de las primeras en tomar el megáfono para invitar a las personas del municipio a participar en la manifestación fue Sebastiana Par, una de las nuevas dirigentes del CPK. Tiene solo 38 años, pero en su voz y en sus ojos se presiente una sabiduría ancestral. Es guía espiritual, alcaldesa comunitaria y desde hace un tiempo también forma parte de la dirección del CPK. «A raíz de que conocí a Lolita fue que me involucré en el consejo», recuerda Par. Fueron sus mismas compañeras las que le propusieron entrar a formar parte de la dirección del CPK, pues «sentían bastante la ausencia de Lolita«.

Esta es la primera manifestación que convocan desde que Lolita se fue del país en 2017, tras haber sido perseguida por hombres armados que protegían un camión maderero al que miembros del CPK habían retenido. Según la organización son demasiados los camiones que salen de la ciudad cargados de madera. Sobre todo porque en 2011 se celebró en las 97 comunidades del municipio una consulta en la que 28.000 personas votaron en contra del desarrollo de megaproyectos hidroeléctricos, mineros y madereros en la región.

Este tipo de consultas están respaldadas por el Convenio 169 de la OIT, que el Estado de Guatemala ratificó en 1996. Pero el CPK asegura que no se ha respetado el resultado de su consulta, ya que siguen otorgando licencias para la tala de árboles. «Cuando hacemos consultas no le dan seguimiento. Estamos en un Estado racista y excluyente, esa es la sencilla razón», argumenta Sebastiana.

El INAB, sin embargo, defiende que ellos se ciñen a lo que dice la Ley Forestal. El director regional de la institución asegura que el gran problema de Guatemala es que el 81% de la población consume leña y en el mayor de los casos la recogen directamente ellos del bosque, de una forma desordenada y sin mecanismos de reforestación. Un argumento que no convence a las organizaciones indígenas.

Cuando la marcha del Día de los Pueblos Indígenas llega frente a la sede del INAB, las más de 150 personas que participan en la manifestación rodean al director regional de la institución, que ha salido a la calle a recibirles. El encuentro entre manifestantes y representantes del INAB es tenso. Un miembro del CPK grita: «el INAB ya no tendría que estar aquí» y la gente contesta con gritos de «¡fuera, fuera!», mientras Palacios frunce el ceño. «Tenemos que tener claro que los bosques los usamos todos», les responde Palacios, quien también los cuestiona con un ejemplo: «Esos carteles que ustedes traen… ¿de dónde viene ese papel?». Los manifestantes responden con gritos y abucheos. «¡Renuncie! ¡Qué vergüenza!», le grita un hombre de la multitud.

Protesta. La marcha del Día de los Pueblos Indígenas en Santa Cruz del Quiché encabezada por una pancarta del CPK.

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CAMBIAR LA LEY PARA FRENAR LA SEQUÍA

Tanto el alcalde como las organizaciones indígenas coinciden en que para frenar la deforestación hay que modificar la Ley Forestal, para evitar que se sigan dando más licencias para la tala de árboles. Esta es una de las peticiones de la marcha del Día de los Pueblos Indígenas, que termina en la sede de la Gobernación Departamental del Quiché. Frente a los manifestantes, el Gobernador, Carlos Samayoa, prometió llevar la petición ante el presidente y también ante el Congreso: «La ley hace mucho que se aprobó y creo que es hora que se actualice», aseguró.

Sin embargo, el INAB cree que la Ley Forestal ha funcionado desde su aprobación en 1996. «En la década de los noventa, Guatemala perdía unas 130.000 hectáreas de bosque al año; mientras que hoy en día esta pérdida está por debajo de las 20.000 hectáreas anuales», destaca Palacios. El director regional del INAB achaca esta reducción de la deforestación a los programas de incentivo forestal, como el que tiene y defiende Manuel Batz. Solo en el Quiché invierten unos 67 millones de quetzales al año en estos programas (más de ocho millones y medio de dólares), que benefician a unas 400.000 familias, según el INAB.

Pero las organizaciones indígenas como el CPK aseguran que el mal ya está hecho y que no se frenará las consecuencias de la tala hasta que el INAB no deje de conceder licencias. El alcalde de Santa Cruz del Quiché también considera que se están extendiendo licencias para la tala de árboles sin supervisión y asegura que detrás de ellas no hay personas individuales, como defiende el INAB, ya que «cualquier persona necesita coordinarse con una empresa para botar los árboles y llevarse la madera en camiones».

Dirigente. Sebastiana Par, autoridad indígena y miembro del Consejo de Pueblos K’iche’.

Días después de la manifestación organizada por el CPK, visitamos junto a Sebastiana Par una de las comunidades del municipio que ella asegura que están más afectadas por la tala. Ahí nos encontramos con vestigios de que se habían talado árboles: varios tocones donde antes hubo pinos y un suelo cubierto completamente por aserrín, con cortezas y ramas tiradas. «Antes aquí era muy oscuro el bosque y ahora ya no, porque hay menos árboles y los que hay son nuevos», apunta Par.

En el terreno aún quedan algunos pinos de pie, pero se les han cortado las ramas y marcado con una equis, listos para ser talados. En el camino hay varias trozas apiladas e incluso vemos que en una de las casas de la comunidad hay unas tablas de madera secándose contra un muro. En un momento, un señor aparece por el camino. Su nombre es Miguel Ángel y empieza a contar que su milpa se está muriendo porque no hay agua. Este hombre asegura que es culpa de que se está talando demasiados árboles, pues eso está provocando que no llueva.

«La defensa de la tierra no debería ser solo una lucha de los indígenas», apunta Par. Pero, aunque las consecuencias de la deforestación la sufre toda la población, los indígenas son los únicos que están luchando frontalmente para detener la catástrofe, al menos en el Quiché. «Aquí así estamos. Tenemos que velar por nosotros mismos», sentencia Par.


*Este reportaje forma parte del proyecto ‘L’Aigua és Vida’, de AlterNativa Intercanvi amb Pobles Indígenes, que ha recibido el apoyo de la Beca DevReporter 2019, impulsada con financiación del proyecto Frame, Voice, Report! de la Unión Europea, LaFede.cat, la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo y el Ayuntamiento de Barcelona.

«La felicidad nunca es absoluta y permanente»

¿Qué la llevó al mundo de la fotografía?

Siempre me gustaron las artes. Un día fui a un recital de piano en el Centro Nacional de Artes y solo recuerdo ver una cámara impresa pegada en una puerta, fue en noviembre del 2013, en ese instante decidí aprender fotografía. Al siguiente año fui la primera en inscribirme al curso de fotografía y lo gracioso fue que me aceptaron sin tener una cámara.

¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?

Creo que, a mis 26 años, no he trabajado nunca. Como leí en algún lado: «Si lo disfrutas, no es trabajo». Solo sé que me divierto haciendo todo el proceso de producción y que al llegar a mi casa quiero editar las mejores fotos del día. No lo veo como mi trabajo, sino como algo que disfruto y que me pagan por hacerlo.

¿En qué se inspira para realizar una fotografía?

Cualquier objeto, tazas de café, un libro, una brújula, contraste de texturas, colores, objetos mundanos. Me gusta pensar en cómo se vería un dedo sosteniendo tres tazas de café, personajes saliendo de un tintero, un dragón de humo o saturno blanco y resplandeciente.

¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?

Soy de las que piensa que la felicidad nunca es absoluta y permanente, sino que se divide en pequeños momentos del día, cuando abrazas a tu amigo, cuando tu mamá te cuenta los chismes de la colonia mientras te hace comida, cuando tu novio te espera en la puerta de su casa. A eso le llamo momentos efímeros y perfectos, eso es felicidad.

¿Cuál es su miedo más grande?

Creer que lo he aprendido todo.

¿Cuál es su posesión más preciada?

Mi primera cámara. Aunque no lo crean es una caja de cartón con un agujero microscópico y la hice en el diplomado de fotografía, es una cámara estenopeica, mejor conocida como pinhole.

¿Qué podría hacer que no esté haciendo?

Podría hacer mosaicos grandes, piezas de cerámica, fotografía analógica. Pero en esta vida al final hay que decidir qué camino o especialidad seguir, allí está el éxito, que te conozcan por algo en específico y no por hacer de todo.

«¿Dónde está el agua, Florentino?»

Fotografías de proyecto ‘El Agua es Vida’

«¡Mire, ahí va el río, entubado! ¡Es una mierda! Allí es pura piedra, ¡mire! Por ahí va el agua en los túneles de Florentino», grita la líder indígena Ana Rutilia Ical mientras llora frente al alambre de púas que prohíbe el acceso al río Cahabón. Un río que ya no es un río. Al menos en este tramo de su caudal, donde el agua pasa por unos canales de cemento que agujerean las montañas de San Pedro Carchá, un municipio de la zona central de Guatemala. Aquí, el color turquesa que caracteriza el Cahabón no existe. Desde la distancia, sólo se distinguen piedras de color marrón.

Ana Rutilia pertenece a la etnia maya q’eqchi‘, una de las más de veinte etnias que conviven en Guatemala, y por eso viste cada día su huipil, un vestido elaborado con bordados propios de la cultura maya, y una trenza color azabache. Para el pueblo q’eqchi‘, el Cahabón no es sólo un río: es una fuente de vida y un lugar ceremonial.

«¿Dónde está el agua?», grita con rabia la líder q’eqchi‘ desde la ventana del coche en el que viaja, mientras este pasa justo delante de una de las centrales de la hidroeléctrica Renace. Le gustaría salir del vehículo para mirar más de cerca lo que han hecho con su río, pero no puede, por motivos de seguridad.

El 2017, Ana Rutilia, abrió un proceso judicial para desmantelar Renace, un megaproyecto que afecta las cerca de 29,000 personas que viven en los alrededores de sus centrales. Además, es una de las hidroeléctricas más grandes de Guatemala y Centroamérica. Se ha encargado de la construcción el multimillonario Florentino Pérez, presidente de la empresa española Grupo ACS (ACS) y del Real Madrid Club de Fútbol. Desde entonces, la líder q’eqchi’ ha recibido amenazas y ha sido víctima de campañas de deslegitimación, por defender el río de sus antepasados.

El Cahabón recorre 195 kilómetros sobre el territorio guatemalteco y abastece de agua a las comunidades que viven aisladas en las montañas del municipio de San Pedro Carchá. Para el pueblo q’eqchi‘ el río también ha sido históricamente un lugar espiritual y quedarse sin este espacio atenta contra la «recreación y la salud mental y física de las personas», asegura Ana Rutilia y añade: «Aquí lo que está en juego es la vida», mientras observa el caudal vacío. Pero, ¿quién se ha quedado con el río Cahabón?

Los propietarios de Renace, las familias Bosch-Gutiérrez y Gutiérrez-Mayorga, dos de las familias más ricas del país, tienen derecho a utilizar el agua del río Cahabón para producir energía durante 50 años. Pero, si bien Renace genera el 16 % de la electricidad que se necesita en el país centroamericano, los habitantes de la zona rural de San Pedro Carchá no tienen luz en casa. Para iluminar sus hogares (hechos de madera y láminas de aluminio) deben utilizar placas solares, los que lo pueden pagar, o velas.

El encargado de construir los túneles que conectan las cuatro fases de Renace ha sido el magnate presidente del Real Madrid. La hidroeléctrica funciona en «cascada», o sea, que el agua que entra en Renace I, pasa por las diferentes fases y vuelve a su caudal natural después de pasar por la sala de máquinas de Renace IV.

El agua se transporta gracias a unos canales de cemento que recorren las montañas tanto por encima como por debajo de la tierra; los cuales fueron obra de la empresa COBRA Instalaciones Hidráulicas, del Grupo ACS de Florentino Pérez, y operan a lo largo de 30 kilómetros sobre el río. Y, tal como indica el único cartel que está escrito en la lengua propia del pueblo q’eqchi‘ aquella zona es «A naajej ain Wank aj Echalar«, que significa propiedad privada. Estas tierras, sin embargo, no siempre han sido propiedad de la hidroeléctrica.

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EL APROVECHAMIENTO DE LA POBREZA
El 83.1 % de la población del departamento de Alta Verapaz (donde se encuentra San Pedro Carchá) vive en la pobreza. Es la tasa más alta de todo el país. Pero lo más preocupante es que el 53.6 % de la población de esta región se encuentra en pobreza extrema, más del doble de la media nacional. Los más afectados son los indígenas, que representan el 93 % de toda la población del departamento. En un contexto como este, donde casi la mitad de la población es analfabeta y la media de escolaridad es de 4 años, las empresas como Renace pueden penetrar fácilmente en el tejido social prometiendo puestos de trabajo, aunque estos sean precarios, y supuestas mejoras en sus condiciones de vida, aunque este progreso no se materialice.

La Procuradoría de los Derechos Humanos (PDH) es la institución estatal encargada de velar por los Derechos Humanos en Guatemala. El delegado departamental de esta institución en Alta Verapaz, Carlos Alberto Guillermo, asegura que los conflictos entre la población q’eqchi’ y la hidroeléctrica comenzaron cuando la empresa les compró parte de sus terrenos. «Existió una manipulación engañosa, porque nunca dijeron que compraban las tierras para hacer una central hidroeléctrica», señala Guillermo.

La empresa les decía que utilizarían aquellos terrenos para lo que siempre se han utilizado: para cultivar maíz, café o cardamomo. Y, además, les cotizaban las propiedades a precios muy superiores a su valor real. Mucha gente vio en la venta de las tierras una oportunidad para salir de la pobreza, pero sin conocer las consecuencias. «Esto, para mí, es lo que yo llamo el aprovechamiento de la pobreza», dice Guillermo.

Renace. El megaproyecto que afecta a las casi 29,000 personas que viven en los alrededores de sus centrales. Es una de las hidroeléctricas más grandes de Guatemala y Centroamérica.

La realidad es que las condiciones de vida de las comunidades de San Pedro Carchá no han mejorado desde la llegada de Renace. Menos de la mitad de la población tiene acceso a agua en sus hogares y en muchas ocasiones ni siquiera hay una fuente pública de agua en la que la gente pueda abastecerse. Y aunque Alta Verapaz es el departamento con más hidroeléctricas de toda Guatemala (hay 32), el acceso a la energía eléctrica es prácticamente nulo en las zonas rurales, donde vive el 75 % de la población de esta región.

La actividad de la hidroeléctrica, además, está afectando la biodiversidad del río Cahabón, ya que sólo dejan pasar el 10 % del agua por el caudal natural. Todo ello a cambio de trabajos precarios, temporales y rotativos, que se van turnando entre las 29 comunidades que se encuentran en lo que la empresa llama su «zona de influencia». Trabajos como dar direcciones con una banderola en los caminos de tierra y piedra de las comunidades de San Pedro Carchá a cambio de aproximadamente 90 quetzales al día (unos 12 dólares). Este medio ha intentado ponerse en contacto con Renace para tener su versión de los hechos, pero al cierre de esta pieza aún no había recibido respuesta. La empresa, sin embargo, asegura en su página web que genera hasta 15,000 puestos de trabajo en la zona y tiene la aceptación de todas las comunidades.

En el fondo del conflicto está el hecho de que la población q’eqchi‘ no fue consultada sobre si querían o no una hidroeléctrica en sus comunidades. El Convenio 169 de la OIT establece en su artículo 32 que los Estados deben consultar a los pueblos indígenas antes de aprobar cualquier proyecto que afecte sus territorios, particularmente si tiene que ver con la explotación de recursos naturales. Este convenio, ratificado por el Estado guatemalteco en 1996, no se cumplió en el caso de Renace. En 2017 Ana Rutilia presentó un amparo ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ), pidiendo la retirada de Renace por no haber consultado al pueblo q’eqchi‘. La CSJ le dio la razón en julio del año pasado, pero aún así la actividad de la hidroeléctrica no se detuvo.

El 83.1 % de la población del departamento de Alta Verapaz (donde se encuentra San Pedro Carchá) vive en la pobreza. Es la tasa más alta de todo el país. Pero lo más preocupante es que el 53.6 % de la población de esta región se encuentra en pobreza extrema, más del doble de la media nacional. Los más afectados son los indígenas, que representan el 93 % de toda la población del departamento.

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ORGANIZANDO LA CONSULTA
Acompañamos a Ana Rutilia hasta Pansamalá, la última de las comunidades de San Pedro Carchá, a la que se llega después de más de cuatro horas en coche por medio de las montañas. La esperan frente a la escuela unas 150 personas, venidas desde diversas comunidades. Hombres con botas de hule manchadas de barro, mujeres con sus bebés en brazos, ancianos, niños y niñas. Todos esperan impacientes las buenas noticias de Ana Rutilia, que ha venido a explicarles la sentencia de la CSJ, la cual obliga al Ministerio de Energía y Minas a hacer una consulta a las comunidades que viven en los alrededores de Renace.

Pero la abogada y líder q’eqchi‘ no se encuentra del todo satisfecha con el resultado de la acción judicial. «Nosotros pedimos que se suspendieran los proyectos hidroeléctricos porque se había v ulnerado el derecho del pueblo q’eqchi‘», subraya. Es por este motivo que Ana Rutilia presentó un recurso de apelación ante la Corte de constitucionalidad (CC), el último estamento del poder judicial guatemalteco. En este recurso piden no sólo que se haga la consulta, sino también que Renace deje de funcionar. La primera vista pública ante la CC se celebró a finales de octubre. A Ana Rutilia la acompañaron representantes de las diversas comunidades que se encuentran en resistencia contra la hidroeléctrica. «Esto no es un juego», nos recuerda la abogada.

Resistencia. A través de la líder Ana Rutilia, las comunidades presentaron un recurso de apelación a la Corte Constitucional en el que pidieron que Renace deje de funcionar.

Así como en Pansamalá, Ana Rutilia hará asambleas en las diversas comunidades de San Pedro Carchá a lo largo del año. En su tiempo libre, visitará las cerca de 400 comunidades del municipio para organizar un consejo de coordinación de la consulta, con representantes de las diversas comunidades, con el objetivo de evitar que el Gobierno y la empresa organicen la consulta a la su manera, como ha ocurrido en otras ocasiones. «Nosotros la diseñaremos y decidiremos quién se sentará en la mesa», señala la líder q’eqchi‘.

En estas reuniones, Ana Rutilia se toma el tiempo de responder a las dudas de la gente. Las asambleas se hacen en lengua q’eqchi‘, pero en todas se distinguen algunas palabras en castellano: amparo, Corte Suprema y Florentino Pérez, a quien la gente de todas estas comunidades señalan como el culpable de la construcción de esta hidroeléctrica. «Aquí lo que está en juego es la vida, no sólo de los seres humanos, sino de todo el pueblo q’eqchi‘», afirma la abogada.


*Este reportaje forma parte del proyecto ‘El Agua es Vida’, de la ONG AlterNativa, que ha recibido el apoyo de la Beca DevReporter 2019, impulsada con financiación del proyecto Frame, Voice, Report! de la Unión Europea, el Ayuntamiento de Barcelona y la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo.

«Puedo hacer mucho por los Derechos Humanos»

¿Qué es lo que más ha aprendido al trabajar con comunidades?

A respetar su cosmovisión de la vida. No imponer procesos y prácticas que no son acordes a su cultura y creencias.

Si fueras a vivir tu vida a tope, ¿de qué sería lo primero de lo que tendría que deshacerse?

De la procrastinación.

¿Qué carrera o negocio consideraría si tuviera que comenzar otra vez?

De pequeño, quise ser arquitecto; luego, veterinario, pero me quedo como abogado, porque desde aquí puedo hacer mucho por los Derechos Humanos

¿Cuál es su posesión más preciada?

No tengo, soy bien desprendido de las cosas.

Si después de muerto debe volver a la Tierra, ¿convertido en qué persona o cosa regresaría?

Me gustaría volver a ser una persona y mantener mi esencia, pero si tuviera que escoger mi nacionalidad, sin lugar a duda volvería a ser salvadoreño.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

Resiliencia a la vida.

Si pudiera cambiar un problema en el mundo, ¿cuál sería?

La malnutrición en todas sus manifestaciones.