Louise Glück, la poesía de un mundo que se cae

Fotoarte LPG

La poesía está de fiesta. No suele ser un motivo recurrente para celebrar, pero en estos días está de fiesta porque una de sus más destacadas exponentes ha ganado el Premio Nobel de Literatura. Louise Glück, poeta neoyorquina y heredera de la más genuina tradición de la poesía norteamericana, ha tenido que abandonar la discreción y sobriedad de sus días para convertirse en el centro de los reflectores y de los medios.

Una vez más la poesía es protagonista de las primeras planas de los diarios y es el tema principal de muchas conversaciones de los lectores en el mundo. La Academia de Letras de Suecia se ha pronunciado: Louise Glück gana el Nobel «por su inconfundible voz poética que con austera belleza universaliza la existencia individual». Una corta frase que define con exactitud una vocación y una trayectoria.

No aparecía en las quinielas de las casas de apuestas que cada año pronostican a los ganadores, ni en el favoritismo de contingencias mediáticas y editoriales, pero tampoco sorprendió a los lectores de poesía que venían reconociendo desde hace varias décadas la impronta de esta poeta en las letras contemporáneas. Y es que Louise Glück estaba siendo reconocida desde mediados de los años 80 con el favor y fervor de sus lectores, con los más importantes galardones literarios de los Estados Unidos y con la expansión de su obra poco a poco a otras lenguas y latitudes.

Cuando ella se presenta repite: «Soy Louise Glück. Glück se escribe con una ü con diéresis, y el apellido es de origen húngaro. Enseño y escribo poesía». Sus amigos la reconocen tímida, pero con un gran sentido del humor y manejo de la ironía en la privacidad. Dicen las fichas biográficas de sus diferentes libros que nació en Nueva York en 1943 y creció en Long Island. Asistió al Sarah Lawrence College y a la Universidad de Columbia. Fue la duodécima poeta laureada de los Estados Unidos entre 2003 y 2004 y su libro El lirio salvaje fue el ganador del prestigioso Premio Pulitzer en 1993. A este galardón se sumarían después otros reconocimientos como los premios Bollingen, el de la Academia de Poetas Americanos, varias becas Guggenheim, el Premio del Libro de Poesía de la revista New Yorker, el Premio William Carlos Williams y el Wallace Stevens, entre otros. En 2015 el presidente Barack Obama la condecoró con la Medalla Nacional de Humanidades. En ese momento su amigo, el también poeta laureado Robert Hass, dijo: «Su poesía es una de las más líricas, puras y consumadas que se escriben actualmente».

Charles Simic afirmó que «cuando peor están los Estados Unidos mejor está su poesía». Eso lo confirma el Premio Nobel a Louise Glück, que nos recuerda la vitalidad, el vigor de la poesía norteamericana actual y de su impacto en la cultura de hoy. La poesía de Glück extiende, por un lado, la tradición más conversacional y, por otro, la herencia más íntima y hermética logrando una expresión personal en la que las emociones crean analogías y relaciones con un mundo de lecturas de los clásicos y los mitos arquetípicos de Occidente.

Quizás por eso se puede afirmar qu e esta es una poesía que parte del camino que se desprende de Emily Dickinson y que continúan autoras como Marianne Moore, Elizabeth Bishop, Anne Sexton, Sylvia Plath, Adrianne Rich, Denise Levertov y, recientemente, Anne Carson, Sharon Olds, Carolyn Forché, Natasha Trethewey y Tracy Smith. Esto en vía contraria a la otra línea vitalista y épica que parte de Walt Whitman y que celebra el escenario de la ciudad y la vida americanas.

Si aquella es una poesía de la calle y el bullicio y que narra la fundación de una nación, la línea que hereda Glück es la del regreso a casa para nombrar desde la sencillez y la intimidad las preocupaciones universales del ser humano. Por eso su poesía se caracteriza por la precisión técnica, la sensibilidad y la comprensión de la soledad, las relaciones familiares, el divorcio y la muerte con guiños a los grandes clásicos de siempre cuyos mitos son reelaborados con precisión y claridad. Su oralidad y lenguaje conversacional permiten que el lector entre de una manera directa a un ámbito y unas atmósferas donde se construye un asunto universal desde la vida privada y los asuntos de entrecasa. En esta poesía hay un confinamiento y una exaltación. Se regresa a esa intimidad, al jardín interior en el que ocurren los asuntos verdaderos del día a día.

Premio. En 1993, Louise Glück ganó el Premio Pulitzer de poesía con su libro “El iris salvaje”.

Su padre nunca cumplió el sueño de ser escritor y su madre luchó por asistir a Wellesley College antes de que se aceptara la educación universitaria para las mujeres. De muchas maneras, Louise cumplió ese destino frustrado de sus padres y, con el dolor y las heridas a consecuencia de la muerte de una hermana mayor y la crisis absoluta por su batalla contra la anorexia y años de psicoanálisis, se va consolidando una voz poética poderosa y honesta.

Esa anorexia que padeció siendo adolescente le permitió conocer a fondo la ruina humana y a través del psicoanálisis pudo traducir un mundo onírico en materia prima para la poesía. Ese estado entre el sueño y la vigilia es un lugar ideal para la revelación poética. Así la ciencia, la mitología, las tradiciones judías y los episodios bíblicos son recursos que permiten darles otro rostro al fracaso humano, la decadencia de las sociedades y las tragedias familiares.

Sus primeros libros abordan desapegos, separaciones, amores fallidos, familias disfuncionales y desesperación existencial, mientras que en su obra posterior cobran protagonismo la agonía del yo y la mirada escéptica del presente y del porvenir. El resultado es la tensión entre el poema confesional, íntimo, nervioso y la intensidad verbal, la conversación y lo doméstico. Un desayuno o una discusió n en la cocina pueden ser grandes temas si a través de ellos nos reflejamos todos como si la poesía fuera un espejo quebrado en mil pedazos donde intentamos reconstruir la memoria.

Con El triunfo de Aquiles (1985), su quinto libro publicado, logró un reconocimiento nacional de parte de la crítica, la academia y los circuitos culturales de su país. Allí compara la vida de su abuelo con la de José en Egipto, tal cual hace en Iris salvaje (1992), en el que usa la voz de uno de los profetas hebreos para traducirlos a una sensibilidad moderna.

Si bien cada uno de sus libros es diferente, hay ciertas temporalidades y tonos que los acercan. Iris salvaje es un libro lleno de asombro y profundamente lírico. Así mismo Praderas es un libro escrito en un momento en el que un matrimonio empezaba a deteriorarse y fracturarse irreversiblemente: «Mi vida me daba materiales que eran desoladores, y lo que sentía como artista era un imperativo para hacer comedia. Uno de los horrores del divorcio fue que seguía pensando que me iba a llevar décadas escribir mi libro, y sí me llevó un tiempo, porque estaba muy claro para mí que no tenía ningún deseo de escribir un libro lacerante sobre el divorcio».

Sin embargo, el libro terminó siendo una doble narración en la que se ensambla la disolución de un matrimonio contemporáneo con la historia de Odiseo y Penélope. «Mi amigo Robert Pinsky me dijo que faltaba Telémaco y me puso un ejercicio de tarea en un curso de escritura creativa. ‘¿Por qué no pruebas con Telémaco?’, me dijo. Y Telémaco termina siendo la figura principal de este libro. Me encanta Telémaco. Amo a este niño. Salvó mi libro, y los poemas de su voz fueron escritos muy rápidamente, en un período de unos diez días o dos semanas, en autobuses, hoteles y ascensores. Una vez que tuve el sonido de su voz, es decir, el sonido d e su mente, supe cómo terminar mi libro».

Una vida de pueblo, su más reciente libro publicado en español, nos devuelve la ruralidad de los Estados Unidos. Allí la vida transcurre en un tiempo más lento, los relojes avanzan a otro compás. Es el campo y su mirada desde las estaciones, la siembra y la cosecha y su relación inequívoca con la vida. Si en la ciudad la vida parecier a transcurrir a una velocidad y un vértigo intensos, la vida rural nos muestra lo profundo del corazón del país. Pero allí también se contempla la decadencia y deterioro. Ese país rural es el mismo que podría tener una banda sonora de música country, pero es también el país del racismo y los rencores perpetuos.

Lo femenino también es un tema central y neurálgico en su obra. Son muchas las figuras femeninas que protagonizan algunos de sus poemas, como la hija y la madre, y con ellas aparecen, nuevamente, las vecindades con el psicoanálisis, la filosofía y los arquetipos clásicos. A los grandes interrogantes sobre la maternidad y el cuerpo, Glück responde otra vez al poner a sus protagonistas de hoy en narrativas míticas y clásicas.

Su poesía se caracteriza por la precisión técnica, la sensibilidad y la comprensión de la soledad, las relaciones familiares, el divorcio y la muerte con guiños a los grandes clásicos de siempre cuyos mitos son reelaborados con precisión y claridad.

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Los temas sociales y políticos no son ajenos a Louise Glück. En 2004 publicó el extenso poema Octubre, en homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre y que está incluido en el libro Averno: «Han cambiado tantas cosas. Pero eres afortunada: / arde en ti el ideal como una fiebre / o, más bien, como otro corazón. // Han cambiado las canciones, pero aún son bastante hermosas, la verdad. / Se han concentrado en un espacio más pequeño: el de la mente. /Se han vuelto oscuras de angustia y desolación. // Con todo, las notas se repiten. Flotan de un modo extraño. / Anticipan el silencio. / El oído se acostumbra a ellas. / El ojo se acostumbra a las desapariciones».

Al igual que los buenos poetas de siempre, Glück ha reflexionado sobre el oficio, la escritura y sus autores tutelares desde el ensayo y la crítica. Su libro Pruebas y teorías. Ensayos de poesía (1994) ganó el Premio PEN/Martha Albrand y se ha convertido en una referencia obligada en muchos departamentos de escritura creativa en universidades de los Estados Unidos. Se trata de un testimonio de su tránsito y reflexión en el quehacer poético. Varios de sus ensayos (Contra la sinceridad y La educación del poeta, en particular) se han hecho muy conocidos entre los poetas contemporáneos por sus argumentos contundentes sobre la verdad y la belleza.

En Narcisismo americano, otro de los célebres ensayos, habla de la verdadera herencia americana y del falso concepto de patria y de país heredado de los «Padres fundadores» y recurre a diferentes poetas, como Mark Strand y Jane Kenyon, para mencionar el humor, la modestia y el desapego como virtudes literarias que deberían ser comunes a los escritores de su país.

El libro también tiene algunos ensayos conmovedores como Sobre la venganza y Cuando era una niña, que dice: «Era enormemente sensible a los desaires; mi definición de desaires era tan amplia como profunda era mi sensibilidad. Mis fantasías requerían que mis adversarios permanecieran inmutables, estables, congelados en mi futuro infinito; la persona que pronto sería devastada por mi virtuosismo y profundidad espiritual debe ser idéntica a la persona que sostenía un objeto a punto de ser lanzado contra mí». Es un libro en el que, con gran rigor e implacables juicios, entrega con generosidad su credo poético y vital.

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Glück se toma la enseñanza muy en serio. Disfruta mucho las tutorías con los jóvenes y aprendices de escritores y estudiantes. Lo disfruta tanto como quedarse un fin de semana en casa acostada viendo televisión y series en Netflix. Ha visto todos los episodios de Breaking Bad y los comenta con sus pupilos, que con el tiempo se convierten, muchos de ellos, en sus confidentes, primeros lectores y posteriormente en sus editores. «Todavía siento que enseñar es lo más milagroso que he descubierto, porque no siempre puedo escribir. Pasan largos períodos y no escribo. Pero siempre puedo enseñar, y siempre encontraré gente que me fascine y que esté haciendo cosas nuevas, que tenga mentes abiertas, que vaya a lugares donde mi mente nunca ha ido».

En agosto de 1993, en el número ocho de la mítica revista Poesía, que fundaron y editaron en Medellín los poetas Elkin Restrepo, José Manuel Arango, Luis Fernando Macías y Male Correa, aparecieron, en traducciones de Arango, varios poemas de Louise Glück. Fueron publicados en aquella entrega, entre otros, los poemas Mensajeros, País de serpientes, Los manzanos, Todo es santo, Poema, El jardín y Lamentaciones. Así tradujo José Manuel Arango hace veintisiete años el conmovedor poema Los niños ahogados:»Ya ves, no tienen juicio. / Es natural entonces que se ahoguen. / Primero el hielo los atrapa. / Después, todo el invierno, sus bufandas / flotan, mientras se hunden, tras de ellos, / hasta que se quedan inmóviles. / Y el estanque los alza con sus muchos / oscuros brazos. / A ellos sin embargo debe serles la muerte / distinta, tan cercanos al origen. / Como si siempre hubieran sido / ciegos, livianos. Lo que sigue /es entonces como un sueño: la lámpara, / el mantel blanco que cubría la mesa, / sus cuerpos. / Oyen empero por sobre el estanque, / como señuelos, sus nombres: / Qué esperas, ven a casa, / a tu casa, perdida / en las aguas, azul y permanente».

Sin embargo, su gran divulgador en español ha sido el editor valenciano Manuel Borrás, quien ha venido insistiendo, con el afecto y la terquedad propia de quienes son fieles a sus gustos y convicciones, en la promoción de esta inmensa poeta en el ámbito hispánico. Ha publicado en Pre-Textos, en la mítica colección La Cruz del Sur, siete libros de esta gran poeta: El iris salvaje (2006), Ararat (2008), Averno (2011), Las siete edades (2011), Vita nova (2014), Praderas (2017) y Una vida de pueblo (2020). Pero, además, en un claro diálogo con las dos orillas del español, Borrás ha apostado por traductores de diferentes nacionalidades que han vertido la obra de Glück a nuestro idioma desde sus particularidades y matices. Así, la obra de la nueva premio nobel llega a través de las versiones de los españoles Abraham Gragera, Andrés Catalán y Ruth Miguel Franco, los argentinos Mariano Peyrou y Mirta Rosemberg, el peruano Eduardo Chirinos y el venezolano Adalber Salas Hernández.

Al recibir, el pasado 8 de octubre, la llamada de Adam Smith de la organización del Premio Nobel, la poeta respondió: «De verdad, necesito tomar un café. ¿Me puede esperar dos minutos?». Y cuando le preguntaron qué fue lo primero que se le vino a la cabeza con la noticia, Glück dijo: «Es la casa que estaba pensando comprar en Vermont y que ahora podré pagar». Teme quedarse sin amigos después de esto porque todos sus amigos son escritores. Un ejemplo de sencillez que recuerda a Wislawa Szymborska, quien, después de recibir el Nobel, seguía atendiendo a sus visitas con alitas de pollo precocidas de KFC y sopa de espárragos en sobre.

En 2016, el galardón lo ganó Bob Dylan. Muchos leyeron ese gesto de la academia como una toma de partido de antes de las elecciones en Estados Unidos. En este extraño año 2020, a un mes de unas nuevas elecciones, el premio regresa esta vez para una de las poetas favoritas de Obama y de los círculos intelectuales demócratas.

Quizás también regresa porque la poesía de Louise Glück establece desde una mirada lírica lo que Philip Roth había hecho desde la narrativa con su libro Pastoral americana, y directores como Sam Mendes o Destin Daniel Cretton hicieron con películas como Belleza americana y El castillo de cristal, respectivamente: establecer la poética de un mundo caído y fracturado en el que el fracaso de la familia y de la clase media americana son los puntos de partida de una distopía anticipada. Por eso, temas como la decepción, el rechazo, la traición y la muerte son comprendidos por cualquier lector gracias al lenguaje directo, coloquial y cercano con el que son tratados.

«Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado». Esta podría ser su breve ars poetica. De esa estirpe de la generosidad viene la poesía que este año ha merecido el reconocimiento más importante de la literatura. Una poesía que nos recuerda la esencia de nuestras vidas y de nuestros destinos.


Amante de las flores

En nuestra familia, todos aman las flores.

Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas: sin flores, solo herméticas fincas de hierba con placas de granito en el centro: las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras llena de mugre algunas veces… Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta: una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de ladrillo.

Cada primavera, espera las flores.

Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende que es mi madre quien paga; después de todo, es su jardín y cada flor es para mi padre. Ambas ven la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.

El verano es, a veces, muy caluroso, y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.

Así murieron las amapolas, en un día tan sólo, eran tan frágiles… Del libro Ararat Traducción de Abraham Gragera López.
Pre-Textos, 2008

 

Lamium

Así se vive cuando tienes un corazón helado.
Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría, bajo las copas inmensas de los arces.
El sol apenas me alcanza.
A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos.
Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo.
Siento su brillo entre las hojas, vacilante, como quien golpea un vaso con una cuchara de metal.
No todos necesitan de la luz en igual medida. Algunos creamos nuestra propia luz: una hoja plateada como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata poco profundo bajo la oscuridad de los arces.
Pero esto ya lo sabes.
Tú y aquellos que piensan que viven por la verdad, y, en consecuencia, aman todo lo que es frío.
De Iris salvaje Traducción de Eduardo Chirinos. Pre-Textos (2006)

«Quiero creer que el alma es inmortal»

¿Cree en la inmortalidad del alma?

Las huellas de nuestra vida quedan por un tiempo, pero es inevitable el paso del olvido. Pese a eso, quiero creer que el alma es inmortal.

¿A qué persona viva admira?

Admiro a mis padres por todo el esfuerzo y el amor que implica sostener una familia.

¿Dónde y cuándo es feliz?

Soy feliz en mi hogar, al lado de mi familia y de mis libros. Este sentimiento aumenta cuando estoy escribiendo o leyendo.

¿Qué o quién es el más grande amor de su vida?

La literatura, por haber descubierto un mundo de posibilidades infinitas para soñar y repensar la sociedad. Recuerdo con mucha alegría los primeros libros que leí, uno de cuentos infantiles y una enciclopedia.

Si pudiera tener un súper poder, ¿cuál sería?

Viajar en el tiempo, para poder confirmar que ningún tiempo pasado fue mejor.

¿Cuál es su flor favorita?

Las flores del árbol de fuego.

¿Qué le pondría una sonrisa en la cara?

Cualquier historia contada por mi mamá.

“Me gusta ver la fuerza y humanidad de los migrantes y refugiados”

¿Qué la motiva?

Mi sueño de construir un país donde los salvadoreños puedan elegir quedarse para tener una vida digna.

Si pudiera tener un súper poder, ¿cuál sería?

Me gustaría poder volar, para ser capaz de ir más allá de las fronteras.

¿Qué le gusta de su trabajo?

Me gusta ver la fuerza y humanidad de los migrantes y refugiados con quienes me encuentro en mi trabajo.

¿Cuál es su lema?

Hacer que todo lo que he recibido valga la pena para quienes no tuvieron esa oportunidad.

¿Qué figuras públicas son sus modelos? ¿Por qué?

Alexandria Ocasio-Cortez, congresista de USA, y también Iñigo Errejón, diputado del Congreso de España. Los dos son políticos jóvenes retando los viejos sistemas políticos, económicos y sociales.

¿Cuándo pensó en darse por vencida?

Este año, cuando tuve un capítulo depresivo a causa de un accidente de tránsito.

¿Qué es lo que tiene más valor de su situación actual?

He logrado superar muchísimas barreras para ser una profesional. Ahora, ha llegado mi momento de cosechar y emprender nuevos retos.

«No hay nada más ofensivo que asumir la inexistencia de una persona»

¿Qué es lo que tiene más valor de su situación actual?

Mi salud y la de mi familia. En estos tiempos extraños, creo que todos hemos aprendido a valorar las cosas pequeñas que dábamos por sentadas.

¿Qué es lo peor que le podría pasar?

Estancarme y permitir que me dominen los miedos e inseguridades que nos atacan a todos.

¿Cuál es su estado mental más común?

Asombrado. Todo lo que descubro y aprendo me parece maravilloso.

¿Qué es de lo que más se arrepiente?

No me arrepiento de nada. Considero que de cada experiencia de vida nos llevamos una lección valiosa.

¿Quién le habría gustado ser?

Me gusta quien soy, pero si tuviera que elegir, sería Damon Albarn. El tipo es un genio, y me encantaría ser la persona que creó Gorillaz.

¿Qué persona viva le inspira más desprecio?

Cualquier persona que ignore las carencias de este mundo. Tener conciencia y asumir la responsabilidad individual es lo más importante para trabajar en un mejor futuro para todos.

¿Para usted qué es un buen insulto?

Ignorar. No hay nada más ofensivo que asumir la inexistencia de una persona.

“Si me tuviera menos amor propio, no sería quien soy ahora”

¿Qué artistas lo inspiran?

Rembrandt, Scott Burdick, Sonia Melara y Paul Cadmus. También, Alberto Escobar, por su homoerotismo, y Spencer Tunick, fotógrafo del cuerpo humano desnudo en colectivo y en la vía pública.

¿Hay algo que de tener más / menos marcaría alguna diferencia en su vida?

Si me tuviera menos amor propio, no sería quien soy ahora ni estaría viviendo en libertad, plenitud y dignidad. Disfruto viajar, pintar, cantar, bailar y leer. Amo y defiendo mi cuerpo, mi cabello afro y mi homosexualidad.

¿Qué aprendió de su peor fracaso?

Que no debo desanimarme. La vida continúa y de ese fracaso hay muchas cosas por aprender.

¿Qué piensa del amor de lejos?

Tengo una relación de 4 años con un hombre de Tela, Honduras. Nos vemos a los meses, hablamos a diario. No somos posesivos, celosos ni controladores. Es cuestión de madurez. Amarnos con libertad.

Si después de muerto volviera a la vida, ¿En qué volvería convertido?

En un colibrí, son guapos y de colores hermosos. Nunca he visto uno en cautiverio, vuelan libres cerca de mi casa.

¿Qué es lo más ilícito que has hecho?

Mentirme a mí mismo. Haber ocultando y negado mi homosexualidad, y no ser feliz por quedar bien con las y los demás.

¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?

Utilizar la religión y a los dioses para escudarse, justificar la homofobia y esconder sus miedos e inseguridades.

“Todas llevamos pequeñas tormentas dentro”

Actualmente, ¿cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?

La calma. Todas llevamos pequeñas tormentas dentro, aunque no siempre permitimos que estallen.

¿Qué significa para usted la muerte?

Una oportunidad para valorar la vida, sus pequeños detalles, el momento presente.

¿Qué le hace reír?

Equivocarme, sobretodo bailando o en cualquier rutina física. Reírse de una misma: ¡esa es una virtud!

¿Cuál es su pájaro favorito?

El petirrojo, por un cuento que me leyeron de niña.

¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?

Sentarte y escuchar la risa de la gente que amás.

¿Cuál es su miedo más grande?

El día a día de la mujer salvadoreña está lleno de historias de terror. Me da miedo que la guerra – y la violencia, el acoso, la injusticia- me sean indiferentes.

¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?

Burlarse del dolor de las demás personas. Y, aún más, utilizar el arte como excusa para el odio y la discriminación.

“La vida me ha enseñado que la mentira tiene patas cortas”

De seguir como va, ¿cómo cree que va a estar en 10 años?

Me veo realizado y completo, haciendo lo que me gusta, dando siempre lo mejor de mí y siendo parte de ese cambio necesario en el país. Posiblemente, hasta con hijos.

¿Qué consejo se daría?

No olvidar lo que mi papá me ha repetido desde pequeño: “El que persevera, alcanza”.

¿Su músico favorito?

¡Difícil elegir entre tanta música y músicos excelentes! Pero, me quedo con Michael Buble como mi cantante favorito, y con Raúl Di Blasio como mi músico favorito.

¿Qué odia?

La indiferencia. El mundo sería un mejor lugar si todos pensáramos un poquito menos en nosotros y un poco más en nuestro hermano.

¿Cuál es su posesión más preciada?

Otra pregunta difícil. Creo que estoy entre mi piano vertical y mi colección de vinilos.

¿Cuándo miente?

Cuando no quiero hacer sentir mal a alguien, pero la vida me ha enseñado que “la mentira tiene patas cortas y la verdad siempre la alcanza”.

¿Cuál es su mayor extravagancia?

Diría que es mi forma de vestir, muchas veces más formal de lo normal. También mi pelo, siempre bien arreglado. ¡Imposible andar despeinado!

Una calculadora para descifrar las etiquetas

Ilustraciones de Rocío Urtecho, PopLab, CONNECTAS

La muerte empuña dos guadañas en México. Una, la que acapara los titulares de la prensa nacional e internacional, es la guerra contra el crimen organizado, que en 2018 provocó 93 asesinatos diarios. La segunda es silenciosa e invisible, pero mucho más letal. Cada día, la diabetes le quita la vida a 291 mexicanos. El Estado prometió quitarle filo a esta guadaña con la Estrategia para la prevención y el control del sobrepeso, la obesidad y la diabetes, un programa lanzado en 2013 durante la presidencia de Enrique Peña Nieto. Cuando se reclamaban mayores esfuerzos para frenar la amenaza, un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha vuelto a poner en evidencia una tendencia preocupante: los que deciden las políticas públicas prestan más atención a la industria de los alimentos y bebidas que a los especialistas en salud.

La sentencia, emitida el 8 de mayo de 2019, se refiere al etiquetado frontal en los alimentos y bebidas envasados, uno de los componentes de la Estrategia. El tribunal ratificó las reglas vigentes en el etiquetado, propuestas por la industria, y anuló el amparo que se había concedido previamente a la asociación civil El Poder del Consumidor. Esta asociación, que forma parte de la Alianza por la Salud Alimentaria, se opone a la forma en que se aplica el etiquetado por considerar que es demasiado confusa y no cumple su propósito de orientar al ciudadano para que tome mejores decisiones. No está sola en su postura. El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de México, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han lamentado el contenido de la resolución y han advertido que se apoya en errores y falsedades.

«El hecho de que el sistema normativo que se impugna contemple la obligación de destacar los azúcares totales sobre una base de 360 calorías, y no reflejar los azúcares añadidos, de ningún modo implica una violación al derecho a la salud, y tampoco podría determinarse que no comunica de manera clara a los consumidores el porcentaje calórico de los alimentos o bebidas no alcohólicas preenvasadas«, sostuvo el tribunal. En su resolución, aprobada por una mayoría de tres votos contra dos, la Segunda Sala de la Corte señaló además que el actual etiquetado se basa en recomendaciones de la OMS.

«Desgraciadamente, la evidencia que se ha formulado hasta el momento no respalda las afirmaciones de la Suprema Corte, pues estudios que se han formulado desde el año 2011 han corroborado que el sistema actual es deficiente, incomprensible para la población mexicana y, ante la pandemia de obesidad, sobrepeso y diabetes que vive el país, debe ser cambiado»: lo dijo el INSP en un comunicado, firmado el 2 de mayo, en respuesta al proyecto público de sentencia que poco después sería aprobado. El proyecto fue elaborado por la ministra Yasmín Esquivel Mossa. El INSP es la entidad encargada de realizar investigaciones académicas para guiar y evaluar las políticas públicas en salud.

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AZÚCAR AMARGO

El etiquetado frontal vigente comenzó a aplicarse de forma voluntaria en 2011. Fue una iniciativa del Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo A.C. (ConMéxico), el más grande consorcio de compañías de la industria alimentaria en el país. Este sistema, conocido como Guías Diarias de Alimentación (GDA), declara la cantidad de grasa saturada, otras grasas, azúcares totales, sodio y energía (expresada en kcal) por el contenido total del envase y por porción. Además, indica el porcentaje que dichas cantidades representan respecto de «los nutrimentos diarios», una referencia que un comité de expertos convocados por el INSP para analizar el etiquetado, en 2018, considera imprecisa. Pese a diversas objeciones con relación a su claridad y a la validez de algunos de sus valores de referencia, el Estado mexicano adoptó este modelo y lo volvió obligatorio a partir de julio de 2015.

Lo que más sorprende en el fallo de la Suprema Corte es la afirmación de que el etiquetado responde a las recomendaciones de la OMS. En una carta conjunta dirigida el 3 de mayo de 2019 a Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, los representantes de este organismo, de la Unicef y de la FAO en México reiteraron que el modelo actual no se ajusta a sus lineamientos.

Son varias las objeciones planteadas al sistema vigente. En primer lugar, la OMS, la Unicef y la FAO señalan que toma en cuenta los azúcares totales, en vez de los azúcares «libres», que son aquellos que se añaden a los alimentos. La diferencia no es poca, ya que –según explica la carta– estos «no se requieren en la dieta humana, y están asociados a un mayor riesgo de enfermedades no transmisibles». En segundo lugar, respecto del azúcar, utiliza un valor de referencia de 18% de la energía total (360 kilocalorías). Ello equivale a 90 gramos. «Este valor tiende a malinformar al consumidor, al hacerle creer que en su ingesta diaria el consumo de azúcares podría llegar hasta un 18%, lo cual representa casi el doble de la recomendación», advierte el documento. Para la OMS, el consumo de azúcares libres debe ser menor al 10% del total de calorías.

No es la primera vez que esta institución cuestiona el etiquetado promovido por la industria en México. Entre enero y mayo de 2014, Maureen Birmingham, representante de la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en México, envió dos misivas a Mercedes Juan López, entonces secretaria de Salud. En ellas, resaltaba la importancia de reducir la ingesta de azúcares libres, que son la mayor parte de los azúcares que las personas consumen, para que no superen el 10% del total de energía. La carta, del 15 de mayo de 2014, adelantaba que la nueva guía que la OMS estaba preparando, y que se publicaría el siguiente año, sugería rebajar dicho consumo incluso a la mitad de eso (unos 25 g). Más aún: argumentaba que el valor del 18%, tomado como referencia para el etiquetado, es más alto que lo suelen consumir los mexicanos, por lo que no tiene sentido usarlo si se quiere combatir la obesidad.

«El propósito de no distinguir los azúcares naturales de los azúcares añadidos es únicamente el de ocultar al consumidor cuánta azúcar ha añadido la industria de alimentos y bebidas ultraprocesadas«, opina Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, organización que ha anunciado que acudirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para impugnar la sentencia de la Suprema Corte. La asociación espera que esta emita una resolución dentro de los próximos dos años.

“Desgraciadamente, la evidencia que se ha formulado hasta el momento no respalda las afirmaciones de la Suprema Corte, pues estudios que se han formulado desde el año 2011 han corroborado que el sistema actual es deficiente, incomprensible para la población mexicana y, ante la pandemia de obesidad, sobrepeso y diabetes que vive el país, debe ser cambiado”: lo dijo el INSP en un comunicado.

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NO SE ENTIENDE

En las dos cartas enviadas el 2014 a la Secretaría de Salud, Maureen Birmingham ofreció el apoyo de los expertos en nutrición de la OMS para revisar los aspectos técnicos del etiquetado; sin embargo, la oferta fue ignorada. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) recibió el encargo de definir el diseño de las etiquetas frontales. En una respuesta a una solicitud de información de El Poder del Consumidor, la Cofepris ha reconocido que no se realizó ningún estudio ni evaluación científica para cumplir esa tarea. La decisión de los criterios para el etiquetado la tomaron dos abogados y una maestra en ciencias ambientales: Juan Leonardo Menes Solís, coordinador general jurídico y consultivo de Cofepris; Patricio Caso Prado, director general adscrito a la Oficina del Comisionado Federal de Cofepris, y Matiana Ramírez Aguilar, actual directora ejecutiva de Evidencia de Riesgos. Ninguno de ellos es experto en nutrición o salud pública.

El que sí hizo un estudio sobre el tema es el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). En 2011, aplicó un cuestionario a 122 estudiantes de nutrición para evaluar qué tan bien comprendían el sistema de etiquetado de las GDA. Los resultados fueron desalentadores. Solo 12.5% supo decir qué indican las GDA. Al evaluar la información de la etiqueta de un producto, únicamente 56.3% de los participantes identificó que en el envase venía más de una porción. En promedio, se demoraron 3.34 minutos en contestar tres preguntas acerca del contenido de energía, azúcares y el número de productos que se podía consumir para alcanzar el máximo de azúcar recomendado en la etiqueta. Solo 1.8% acertó en todas las preguntas. En resumen: este etiquetado resultaba difícil de entender incluso para un público entrenado.

Una investigación más amplia y más reciente, encabezada por la Universidad de Waterloo, ha confirmado esa conclusión. El estudio, cuyos hallazgos preliminares divulgó el INSP el 2018, sondeó la comprensión del sistema GDA en 4,057 adultos. Se encontró que solo el 6% de los participantes consideró el etiquetado actual fácil de comprender, pese a que el 72% lo había visto con frecuencia en los empaques de alimentos. Por el contrario, el 83% estimó fácil de entender el llamado ‘etiquetado de advertencia’, el sistema de sellos en forma de octógonos que se emplea en Chile y en el Perú, por el que apuesta decididamente la OMS.

Los voceros de la industria han preferido obviar esas evidencias e insistir en la idea de que el etiquetado GDA favorece a la ciudadanía. Según informó la prensa, Lorena Cerdán, directora general de ConMéxico, ha saludado con estas palabras la sentencia de la Suprema Corte: «Yo creo que es una muy buena decisión para los consumidores, porque esta resolución confirma que el etiquetado frontal nutrimental es claro, es transparente, es veraz, es comprobable, cumple con los estándares internacionales y tiene el sustento técnico y científico debido».

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AMIGOS CON BENEFICIO

No es de extrañar tanto entusiasmo. Después de todo, este modelo de etiquetado es un hijo de la industria. Se inspira en un sistema desarrollado en el Institute of Grocery Distribution, una organización con sede en Reino Unido que lleva a cabo investigaciones con financiamiento de las compañías de alimentos y bebidas y el sector de abarrotes y supermercados.

Otra institución con sede en aquel mismo país, UK Health Forum, publicó en 2018 un libro que pone el foco en la relación entre los gobiernos y la industria de los alimentos y en sus desafíos éticos. Uno de los casos que analizó fue precisamente el del etiquetado mexicano. De acuerdo con la publicación, en el diseño de esta política, a cargo de la Cofepris, intervinieron activamente líderes de las empresas privadas, aunque no han quedado registros públicos de sus aportes. Se trata de un ejemplo muy ilustrativo de la influencia que ejercen actores no estatales en la regulación del sector, y de la necesidad de mayor transparencia.

Al alza. La diabetes es uno de los principales problemas de salud en México. El etiquetado de los alimentos era una medida preventiva y urgente.

Una foto también puede ilustrar la cercanía entre el empresariado y el Estado en este campo. La imagen muestra a Pablo Kuri Morales, quien ocupó el puesto de subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud –de la Secretaría de Salud– entre diciembre de 2011 y diciembre de 2018, junto a líderes de la industria de alimentos. Allí está Jaime Zabludovsky, presidente ejecutivo de ConMéxico y del Movimiento por una Vida Saludable (Movisa), una iniciativa en la que participan más de 60 empresas y organizaciones, entre las que se cuentan a Bimbo, Coca-Cola, Walmart, PepsiCo y Nestlé.

La fotografía fue tomada en enero de 2017 durante el relanzamiento de la campaña «Checa y elige», promovida por Movisa, en alianza con la Secretaría de Salud y la Cofepris. La campaña pretendía enseñar a los consumidores a interpretar las etiquetas frontales y a descubrir, a través de cálculos matemáticos, si todavía pueden permitirse saborear algún producto. En otras palabras, la industria pretende trasladar a los consumidores el problema de la complejidad del etiquetado que ella misma promueve.

Kuri –un médico especialista en epidemiología– conocía las objeciones de la OMS al etiquetado GDA. En marzo de 2015, él mismo declaró públicamente que implementaría las recomendaciones de dicho organismo internacional para reducir el consumo de azúcar. Sin embargo, respaldó una iniciativa de los empresarios que en la práctica sirve para validar el polémico y complejo sistema de etiquetado.

Tipo complejo, Kuri. Se ganó la admiración de sus colegas por su dedicación al trabajo (ha realizado más 160 investigaciones) y también por su disposición a abandonar su escritorio y salir a atender al campo durante las emergencias sanitarias. No obstante, también se ha cuestionado su proximidad a la industria farmacéutica. Como subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, causó suspicacia su participación en las gestiones para adquirir la vacuna contra el dengue fabricada por la francesa Sanofi Aventis, donde él mismo laboró.

Pablo Kuri Morales rechazó ser entrevistado para este reportaje. «No me parece conveniente, en este momento, emitir opinión respecto a este u otros temas en los que yo haya tenido responsabilidad directa», dijo vía correo electrónico. Él se refirió públicamente al etiquetado de alimentos y bebidas en agosto de 2018, cuando se esperaba que la Suprema Corte se pronunciara sobre este tema. En aquella oportunidad, el ministro José Fernando Franco González Salas se encargó del proyecto de resolución y propuso confirmar el amparo que en 2017 un juez de distrito concedió a El Poder del Consumidor. Sin embargo, la Sala decidió aplazar la discusión. Aquella vez Kuri dijo que se harían las modificaciones que determinara la Corte.

*Este reportaje fue escrito por Kennia Velázquez para PopLab y es retomado por La Prensa Gráfica en el marco de un acuerdo de difusión de contenidos con la plataforma periodística para las Américas, CONNECTAS.

Los Beatles, ellos marcaron un antes y un después en mi vida

¿Su banda favorita?

Los Beatles. Ellos marcaron un antes y un después en mi vida y en la música.

¿Qué está soportando o tolerando actualmente que no lo haga feliz?

El hecho de no poder realizar conciertos con mi banda. Me siento muy feliz cuando toco en vivo, la conexión que existe entre nosotros y el público es muy gratificante. Nos llena de buenas vibras.

¿Cuál es su canción favorita?

No tengo una canción favorita definida. Últimamente, he estado consumiendo mucho la música de los 80´s. No puedo dejar de escuchar Sara Smile, de Daryl Hall & John Oates, y Ojos de Videotape, de Charly García.

¿Qué tipo de personas le desagradan?

Las personas con pensamientos machistas, las que son muy negativas y las que botan basura en la calle o infringen las normas al conducir.

¿Cuál es su idea de la fidelidad?

En general, siempre estar para alguien y apoyarle en todo lo posible, ya sea tu amigo o tu hermano. En una relación amorosa, amar a tu pareja y respetarla.

¿Qué es lo que más le conmueve?

Ver crecer a las personas que amo, ver evolucionar sus ideas y la forma en que las manifiestan en la realidad.

¿Qué apodos tiene?

La mayoría de mis amigos me dicen «Bendek«. En la U me dicen «El principito» o «Rey Bendek«. Mi mamá me dice Rocko.

¿Cómo cuidar la salud mental de los niños en medio de la pandemia?

Fotoarte LPG

Caleb tiene seis años. Es alegre, servicial y tiene la voz dulce igual que el carácter. Cuenta que antes le gustaba estudiar. Lo que más le agradaba de ir al kínder era jugar con sus amigos, a quienes ya no ha visto desde que suspendieron las clases presenciales. Tampoco se han comunicado por ningún medio. Los extraña y le hace falta compartir tiempo con ellos. Estar en casa todo el día lo hace sentir mal, aburrido y triste. Esto, en gran medida, se debe a la cantidad de tareas que le dejan, a las que, a veces, dedica hasta seis horas al día. Caleb, que este año cursa preparatoria, se pone a llorar porque, para él, la carga es desesperante.

El 11 de marzo, con una declaratoria de cuarentena nacional, fueron suspendidas las clases presenciales en todos los niveles de instituciones educativas públicas y privadas. A partir entonces, los niños, acostumbrados a asistir a los centros educativos y a convivir con sus compañeros, dejaron de hacerlo y comenzaron el esfuerzo por integrarse a la modalidad educativa que sus recursos les permitieran. La ruptura en sus rutinas y la carga de todo lo que implica la pandemia han tenido un impacto psicosocial y de salud mental significativo en sus vidas, indica el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Frente a esto, profesionales de la salud mental y ONG han incrementado los esfuerzos por llevar apoyo psicológico y emocional a la niñez salvadoreña. «Se está brindando atención, solo que ahora es en la modalidad virtual, a través de videollamadas o llamadas tradicionales. De manera que los niños, niñas y adolescentes tengan siempre este espacio para ser escuchados, orientados y para que puedan expresar sus emociones y preocupaciones», explica Yesenia Segovia, asesora nacional de protección de la niñez de Plan Internacional,

Esta, sin embargo, no ha sido una tarea fácil. María José Figueroa, coordinadora de la Clínica psicológica de Fundasil, dice que brindar atención psicológica a los niños es complejo, pues es difícil que ellos busquen apoyo por sus propios medios, y si lo hacen, el psicólogo solo los puede atender si tienen una autorización de sus encargados o cuidadores. Entonces, lo que suelen hacer es orientar a los padres para que sepan abordar a sus hijos.

Figueroa dice, además, que, con la virtualidad, la situación se complica más. Porque parte de la atención psicológica es tener control del ambiente. Y, en ese sentido, eso se vuelve difícil para el psicólogo que lo está atendiendo, pues solo puede tener acceso a una parte de la pantalla, mientras que lo demás escapa de su control. «Por eso intentamos ayudar más a los adultos, para que ellos desde un abordaje cálido, respetando sus derechos, puedan hacer más por sus hijos o por los niños que están a su cargo», explica

Yanci Valladares es madre de dos niños y una niña: Caleb, de seis, Nehemías, de 8 y Saraí, de 13. Para ella, estos han sido días difíciles, llenos de estrés y preocupaciones. Debido a la cuarentena, suspendieron su trabajo en una empresa que vende productos por catálogo. Las primeras semanas, logró sacar adelante los gastos del hogar con unos ahorros que tenía. Cuando ese dinero se acabó, comenzó a hacer comida para vender entre sus vecinos.

Desde que comenzó la pandemia, Yanci ha notado cambios en el estado de ánimo de los niños. «Ellos reaccionan distinto porque son bien diferentes. La niña, que antes era muy activa, ahora pasa mucho tiempo acostada. No se duerme, solo está ahí. El segundo niño se me pone más agresivo, por ratitos, cuando está estresado. Yo le digo «cálmese, hijo, tranquilo. Juegue, coloree, cante», pero él dice que no, que está aburrido. Al pequeño le agarra de llorar, se ha vuelto más sensible, se pone a llorar cada vez que le digo que no haga algo. Eso a uno lo desespera también», comenta.

Figueroa añade que, en el caso de los niños, ha sido frecuente ver dificultades en la conducta relacionadas con el encierro. «Se debe partir de que hay una multidimensionalidad de realidades dentro del marco de estar confinados. Hay niños que están viviendo en cuartitos chiquititos y hay otros que están viviendo en casas con jardín. Las reacciones serán distintas tomando en cuenta estas realidades en las que los niños y niñas están», explica.

La psicóloga dice que otro elemento a tomar en cuenta es que ha aumentado la cantidad de trabajo que tienen los padres, por lo que hay menos tiempo para los hijos. Entonces, hay una exigencia emocional que no está siendo suplida porque los cuidadores están ocupados en sus labores. «Esta desvinculación que se está dando es algo que tiene repercusiones en la conducta de los niños», dice Figueroa.

Yanci ha visto el impacto que ha tenido la pandemia en la vida de sus hijos. Pues, aunque no comprenden con exactitud lo que está sucediendo, se preocupan por lo que ven en la televisión, y le preguntan que «por qué ha venido un virus tan malo a matar a tantas personas inocentes». Eso los tiene alterados.

Edith Lue es psicóloga escolar. Trabaja con centros educativos del departamento de La Libertad. Ella explica que desde que comenzó la crisis por la Covid-19 ha atendido casos de niños que se han vuelto más inquietos, han mostrado cambios en su conducta y que ya no quieren estudiar.

Lue ha buscado formas para no dejar de brindar sus servicios como psicóloga escolar. Se reúne por WhatsApp, o por otras plataformas, con los estudiantes. Esto depende de los recursos con los que ellos cuenten. Puede ser que se comunique con sus padres por mensajes o, si los niños tienen acceso a una computadora e internet, lo haga a través de una videollamada. Sin embargo, por el tiempo que le demanda preparar las sesiones, su capacidad de atención ha disminuido. «Antes, atendíamos a dos niños al día, ahora atendemos solo a uno. Preparamos los materiales por la mañana y atendemos al niño por la tarde, porque mucho de nuestro material ha quedado en las escuelas», comenta.

Lazos. Los hijos de Yanci soy muy apegados a sus abuelos. Desde que no los pueden ver, han hecho un conteo de los días que llevan alejados.

En la escuela donde estudian los dos hijos mayores de Yanci, Nehemías y Saraí, hay un psicólogo que imparte charlas a través de Facebook Live para enseñar a los niños a organizar su tiempo, de manera que puedan adaptarse mejor a los cambios que han tenido. También ha sugerido hacer manualidades que les ayuden a distraerse y a sobrellevar la situación. Él ha dado su número telefónico a los padres por si los niños necesitan apoyo psicológico y emocional, pero Yanci no le ha llamado «todavía».

No todos los menores en edad escolar tienen acceso a atención psicológica en sus centros educativos. En 2018, según estadísticas del Observatorio del Ministerio de Educación (Mined), de los 589 centros escolares (C.E) ubicados en el departamento de San Salvador, solo 109 ofrecieron consulta psicológica a sus estudiantes, es decir, el 18 %. En el segundo departamento más poblado del país, La Libertad, 47 de 439 C.E realizaron este tipo de consultas, lo que corresponde a un 10.71%. En Santa Ana, el tercer departamento con más población, de 450 C.E, solo 47 brindaron este servicio de salud mental, que es igual al 10.24% de los C.E.

«Las psicólogas educativas no hemos abandonado a los estudiantes, y mucho menos el resto de organizaciones que también trabajan con ellos. Muchas escuelas no tienen psicólogas, pero hay otras instituciones que apoyan a los niños, como Save the Children o Plan Internacional, que sí están dando asistencia desde las casas. No se logra abarcar al 100 %, pero sí se les está dando atención», concluye Lue.

Caleb ha buscado nuevas maneras para soportar el aburrimiento. Al principio, usaba la bicicleta en el patio de su casa, pero, hace poco, se le dañó y ya no ha podido jugar con ella. También hace, junto a sus hermanos, casas, comida o pistas de carreras con trocitos de madera y piedritas que encuentra en su hogar. Lo primero que quiere hacer, cuando se acabe la pandemia, es ir a ver a sus abuelitos, que, en videollamadas, le dicen que esta situación pronto va a pasar y le recomiendan cuidarse mucho.

 

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DETECTANDO SEÑALES DE ALARMA

Lucia Romero, psicóloga y catedrática, dice que la salud mental para la niñez en El Salvador es un terreno abandonado, que poco a poco va sumando aliados que tienen como horizonte común la lucha por el derecho a una vida en bienestar. Desde la puesta en marcha de la Ley de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia (LEPINA), se dibuja sobre el mapa una ruta para trabajar por los derechos de la niñez salvadoreña.

Una de las principales labores de estos aliados es identificar señales de alarma en relación a abusos contra menores. En ese sentido, Save the Children realizó un diagnóstico de necesidades, en el que detectó que los niveles de estrés durante las primeras dos semanas de la pandemia aumentaron en el 75% de los hogares consultados. Y, ante esas afectaciones, no se vislumbraban en el territorio programas de atención para apoyar a la población, explica la directora de operaciones de programas y punto focal de dicha organización, Ludin Chávez.

Chávez también dice que, comúnmente, los altos niveles de estrés en las personas se deben a incertidumbres aumentadas con ira, frustración y miedos que suelen traducirse en expresiones de violencia que pueden ir creciendo en intensidad y en frecuencia. Este tipo de emociones se dirigen a las personas que, dentro del hogar, pueden tener mayor vulnerabilidad, como los niños, adolescentes y mujeres.

Según Romero, la detección de este tipo de situaciones y otros esfuerzos que realizan las ONG son un alivio en el terreno de las comunidades, pues se apuesta por la prevención desde la educación en disciplina positiva, el fortalecimiento familiar y el mejoramiento de las condiciones y recursos de las familias.

Alexandra tiene nueve años. Le gusta leer y admirar la naturaleza. Lo que más extraña de la vida sin pandemia es ver a sus amigos y visitar a sus maestras. Cuando le dijeron que ya no iba a poder salir, se sintió angustiada. Estar encerrada en el mismo lugar todo el día, todos los días, le genera estrés. Al principio, lloraba mucho. Lloraba de repente. Ahora, cuenta, ha intentado verle el lado positivo a la situación, como que puede pasar más tiempo con sus cinco mascotas: un pollo, tres patos y un conejo negro.

Por ahora, vive en el kínder donde su mamá trabajaba haciéndoles la comida a los niños. Desde que suspendieron las clases, ella ya no pudo trabajar. Alexandra se preocupa porque la ve triste. Dice que la encuentra callada y seria. Le causa angustia porque está acostumbrada a verla sonriendo y hablando. Intenta entender qué siente para ver cómo puede ayudarla. A sus nueve años, ya carga con el estrés que le ha generado la pandemia y con la responsabilidad de consolar a su madre. En su escuela no hay psicólogo. Tampoco conoce a uno que pueda acompañarla, apoyarla o escucharla durante el encierro.

Caleb ha buscado nuevas maneras para soportar el aburrimiento. Al principio, usaba la bicicleta en el patio de su casa, pero, hace poco, se le dañó y ya no ha podido jugar con ella. También hace, junto a sus hermanos, casas, comida o pistas de carreras con trocitos de madera y piedritas que encuentra en su hogar. Lo primero que quiere hacer, cuando se acabe la pandemia, es ir a ver a sus abuelitos, que, en videollamadas, le dicen que esta situación pronto va a pasar.

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NIÑEZ MÁS VULNERABLE

La Dirección de Análisis y Técnicas de investigación e Información de la Fiscalía General de la República (FGR) muestra que, del 1 de enero al 31 de julio de 2020, se identificó a 1,224 menores víctimas de violencia. Además, según los prontuarios estadísticos del ISNA, en el primer y segundo trimestre del año 2020 se han atendido un total de 2,456 casos por vulneración de derechos.

Esa es una cifra alarmante en comparación con las 2,009 atenciones que se dieron en los doce meses del año anterior. «Es un hecho histórico, sabiendo que nuestra niñez se encuentra en cuarentena, con las personas que «deberían» brindarles espacios seguros, sanos y de protección», explica Romero.

Para Figueroa, de Fundasil, el confinamiento ha expuesto a la niñez a sus agresores y le ha quitado todo el sistema de apoyo externo con el que antes contaba. «Los niños han dejado de tener la ayuda de sus factores protectores externos, que para algunos son la escuela, la profesora, los amigos, los tíos o los abuelos».

En eso coincide Patricia Velasco, psicóloga de la FGR, pues comenta que «los niños viven situaciones difíciles en los hogares, empezando por cómo se habla y se les habla. Se les grita, les dicen palabras soeces y los insultan. Eso es el pan de cada día, lo común. También pasan viendo las peleas de los padres o ven cuando hay golpes. Antes, cuando estaban en la escuela, presenciaban menos ese tipo de acciones».

Atención reactiva y no preventiva

Según datos estadísticos del Ministerio de Salud (Minsal), de enero a junio de 2020, se detectaron 56 casos de violencia física contra menores de entre 0 y 14 años, 91 casos de violencia psicológica, 200 menores víctimas de violencia sexual y 420 niños entre cero y nueve años víctimas de negligencia o abandono.

Aunque el confinamiento aumenta la vulnerabilidad de la niñez salvadoreña, el Estado parece no tener la voluntad para garantizar el respeto a sus derechos. Según el Procurador Adjunto para la Defensa de los Derechos de la Niñez y Juventud, Ulises Rivas, el país no tiene la capacidad para dar atención psicología a todos los niños que la necesitan.

«Solo se brinda atención psicológica a los niños que resultan afectados en un contexto determinado. Ni el Mined ni el Minsal tienen un programa constante para dar servicios de salud mental a la niñez. Si es un caso de divorcio o de violencia en una familia, entonces sí, se atienden. Pero no hay un programa, por ejemplo, para llevar apoyo psicológico a un niño porque cree que lo necesita. Es solo cuando ya se presenta un caso clínico», explica Rivas.

El Instituto Nacional de la Niñez y la Adolescencia (ISNA) aseguró que la institución invierte un promedio de $170 mil anuales en concepto de salarios a psicólogos que trabajan en los Programas de Protección, y que, desde mayo del presente año, iniciaron un proyecto de apoyo psicosocial en centros de acogimiento de manera conjunta con Save the Children.

La mayoría de estas medidas, sin embargo, corresponde a acciones reactivas y no preventivas. Para cambiar esto, dice Yesenia Segovia, lo primero que se debe tener claro es que la salud mental es un derecho humano fundamental, como el derecho a la salud en general. Y, por lo tanto, es el Estado el ente responsable de asegurar y garantizar que la población, especialmente la niñez y la adolescencia, cuente con servicios integrales para atender la salud mental.

A pesar de los múltiples esfuerzos realizados por algunas instituciones del Estado y por las ONG en el país, todavía hace falta mucho para poder hablar de logros y avances en el tema de niñez y salud mental, concluye Romero.

Alexandra, que es muy reflexiva, intenta encontrar aprendizajes de esta situación: «Me he vuelto un poco más paciente y calmada. Me ha ayudado ver el movimiento del agua, observar cómo la brisa mueve las ramas de los árboles y escuchar el canto de los pájaros».