Y NO MÁS DE UNA LÍNEA (4)

ESPEJISMO HÚMEDO

Es lo que más se agradece en mitad del desierto.

LA NOCHE SE DUERME

Y entonces las ventanas sonríen liberadas.

MISIÓN DE ARDILLA

Todas las ramas del granado la aguardan a diario para volar sin fin.

REGALO DE LA LUZ

El calendario abierto con la anuencia del Sol.

LO DICE ALGÚN LATIDO

Que algún día podremos recorrer las venas del espíritu.

MAÑANA HABRÁ SOLSTICIO

Las nubes se reúnen en coro para ensayar la bienvenida.

ALMA DE ALDEA

La tenemos todos los que nacimos al lado de un camino de polvo.

UN PAISAJE OLVIDADO

Siempre estará esperándonos a la vuelta del tiempo.

DOMINGO EN CUARENTENA

Todos los otros días de la semana van bostezando en torno.

CIERRE DE ESTACIÓN

Y uno se queda preguntando: ¿Dónde quedó la llave?

AGRADEZCÁMOSLE A LA LUZ

Que sea como sea siempre estará presente.

EL COMENSAL DESCALZO

Es quizás un anónimo enviado de los dioses.

ESTA CALLE ES LA MÍA

Y lo sé porque en ella mis pasos siempre son ecos.

HORA DEL ÁNGELUS

Todos los árboles de los alrededores hacen a diario el gesto de arrodillarse.

SI NO HUBIERA NOSTALGIA

Seríamos autómatas del mañana invisible.

CUANDO HABLA LA LITURGIA

Las voces superiores se quedan en silencio.

HOLA, PEDRO INFANTE

Te fuiste muy pronto, pero tu voz y tus canciones siguen como si nada.

JARDÍN SIN PÁJAROS

Es como iglesia sin imágenes.

¿Y TÚ DE DÓNDE ERES?

Eso le preguntaban al padre Adán los fantasmas que hallaba en el camino.

MILAGRO DE ESPESURA

Se forja cada día mientras los árboles vecinos lo permitan.

ELA FICCIÓN YA NO ES VIRGEN

Y cada día tenemos más sospechas fundadas de que nunca lo fue.

ITINERARIO IMPÁVIDO

Del vientre de la madre al vientre de la tierra: todo principio y todo final están desnudos.

EL QUE QUIERA UNA VIDA FÉRTIL

Tiene que dedicarse a jardinear entre sus vivencias.

AQUELLOS AÑOS CINCUENTA

Vistos desde ahora parecen una prehistoria en tecnicolor.

BENGALURU AL ATARDECER

El jardín se inclina frente al tempo y deja volar su imaginación astral.

DESHIELOS ACTUALES

Al fin nos estamos dando cuenta de que el hielo también es vida.

EL RIESGO GLOBAL

Es que la Globalización nos vuelva adictos a caminar en círculo.

INDIGENTES ANÓNIMOS

Al fin lo somos todos, independientemente de las vestiduras que inventemos.

ES LO DE SIEMPRE

El año ya va en descolgada, y cada día encuentra menos ramas a las que asirse.

TENGAMOS FE

Lo que llamamos muerte es sólo una visión pesimista de la transfiguración de la vida.

ENCIERRO LIBERADOR

ENCIERRO LIBERADOR

–Somos bienaventurados, ¿verdad?

–Pues yo no sé lo que significa eso, pero lo que sí sé es que me siento cada vez más ventilado por dentro…

–¡Lo que acabas de decir es lo máximo que puede sentirse en la vida, y sobre todo en esto que llamamos el diario vivir! Y más ahora cuando hay tantas adversidades circulando por los alrededores.

–Entonces, vamos a divertirnos un rato para gozar del aire que nos da tan buen servicio, aunque la atmósfera esté tan cargada.

–¿Y a dónde quieres ir?

–A la cantina más penumbrosa que esté a la mano. Un poco de neblina puede permitirnos jugar al escondelero. ¿Qué te parece, jajá?

–Pero en una cantina como la que describes no se puede gozar del aire.

–¿Quién dice?

–Es que en esos lugares el aire siempre está contaminado…

–¿Contaminado? ¿Y dónde no?

–Ah, pues entonces vamos. Y si respiramos humo, Dios proveerá.

–No te preocupes, nena, porque el humo es obra nuestra, y por eso con él siempre sentirnos más en confianza.

LO QUE DICE EL AMATE

El camión cargado de unos cuantos muebles y de algunos utensilios de casa avanzó por la calle de polvo y piedra, que además de sinuosa era peligrosamente irregular. Iba dando tumbos, y tanto el conductor como los dos pasajeros se balanceaban al ritmo de los desniveles del terreno, pese a las maniobras para esquivarlos.

–Ya vamos a llegar, ¿verdá?

–Allá está, mire, en aquel cerrito que se ve adelante –dijo el que conducía, que evidentemente tenía perfecto conocimiento de los entornos, porque ese era su trabajo.

Los dos pasajeros sonrieron, aliviados. Ese sería su destino de ahí hasta el futuro, y tal convicción les hacía sentir que estaban a punto de emprender la verdadera ruta de sus vidas, pese a las rústicas peculiaridades del ambiente.

Cuando estuvieron muy cerca de llegar al sitio indicado, ambos se miraron intensamente a los ojos, como si quisieran reconocerse hasta la profundidad de sus respectivas identidades. Las palabras estaban de más, porque todas las evidencias que les rodeaban eran lo suficientemente vívidas para hablar sin reservas. Entonces se tomaron las manos, que tenían el calorcito sutil de lo anhelado desde la máxima hondura de los sentimientos.

El vehículo se detuvo, y el conductor hizo el gesto de haber concluido su faena:

–Están en casa, señores –les dijo, abriendo la puerta delantera para salir a iniciar el traslado de la carga hacia el interior de aquella especie de galpón que no tenía nada de albergue hogareño.

Ellos se quedaron expectantes, sin moverse. Él se bajó, listo para la descarga, como si reconociera como normal aquella actitud expectante. Luego de unos minutos se les acercó:

–Si buscan alguna comprobación de que estamos en el lugar convenido, pueden preguntárselo al guardián que está ahí.

Ellos giraron la vista hacia el rumbo que se les indicaba. Y lo que había enfrente era un antiguo amate, con la frondosidad propia de su estirpe. Sin decir más, salieron hacia él. Al llegar junto a él se oyeron voces, que no alcanzaban a distinguirse. Cuando volvieron, las expresiones de ambos eran distendidas y casi gozosas. Se dirigieron hacia adentro. El conductor los esperaba en la puerta:

–No se preocupen por el pago: ya lo recibí.

Ellos lo miraron con desconcierto.

–Mi contratista lo dispuso así –y lo dijo dirigiendo la mirada hacia el amate vecino.

Ellos, sorprendidos, empezaron a sentir que todo aquello era cosa de la Providencia natural.

REGRESO ANÓNIMO

Se fue como «mojado», al estilo de antes. Ya no era muy joven, y el impulso de emigrar le surgió de las cada vez más complicadas dificultades para allegarse lo necesario para sostener a su familia inmediata, con mujer y tres niños, el menor de los cuales ni siquiera había cumplido su primer año de vida. Y así él se unía a la caravana creciente de los que se iban al Norte en busca de oportunidades, que con frecuencia no llegaban a tales pero sí representaban sacrificios.

Y para él el principal de los sacrificios era la soledad diurna y nocturna, que lo atería a cada instante. Sin proponérselo fue a instalarse en una aislada comunidad en la zona de Nueva York, quizás con la ilusión de tener mejor acceso a ocupaciones que le proveyeran sustento y le habilitaran remesas. Pero nada de eso cuajó con la rapidez que él imaginara. Un par de años habían transcurrido, y su ocupación seguía siendo limpiar jardines y traspatios de viviendas orilladas, y por consiguiente sus ingresos seguían siendo mínimos y no se veían formas de mejorar. Apenas le alcanzaban para lo elemental. Y de remesas, ni hablar.

Entonces se enfrentó cara a cara con el dilema: hacer todo lo necesario para que su familia inmediata pudiera cruzar con todo y lo peligroso que era o decidirse a regresar él con todo lo desanimador que pudiera ser. Bueno, si se decidía por esta última opción al menos tendría el aliciente de volver a su aire, a sus nubarrones, a los frescos amaneceres, a sus cuartos con olor a familia agrupada, a sus veredas arboladas, a sus cantinas entre iguales…

Y las sensaciones le fueron ganando la voluntad. Hizo los conectes necesarios, y sin dar ningún aviso, cogió camino. Contra todo lo que hubiera esperado, fue más difícil regresar que arribar; y después de un montón de aventuras polvorientas y de amenazas acechantes se encontró en la vereda que llevaba a su cantón.

Lo primero que sintió fue la sensación de hallarse en un lugar desconocido. La vereda era hoy una calle pavimentada, y los terrenos circundantes estaban privados de arboledas. Allá al fondo, lo visible eran construcciones concluidas o en proceso. ¿Qué había pasado? En ese instante pasó junto a él un antiguo conocido:

–¿Quihubo, Lencho, ya regresaste?

–Sí, ¿pero aquí qué pasó?

–Todos vendimos los terrenos con sus casitas, y nos dieron buena lana… ¿No te contó tu mujer? Porque a ella se lo dejaste, ¿verdá?

Se alejó, sin responder. Ahora entendía todos los silencios. Y sin pensarlo más emprendió el otro regreso, pero esta vez como una sombra más.

LITURGIA PARA APRENDICES

Estaba atardeciendo, y el cielo, como todas las tardes de verano, recuperaba fugazmente su primigenia condición de acuarelista. Ellos, la pareja recién formalizada como tal, iban caminando con ánimo de vagabundeo por aquel suburbio que seguía siendo perfectamente marginal, y eso era lo que más les animaba a pasear por ahí.

De pronto ella se detuvo, como si acabara de descubrir algo muy especial:

–¡Aquella casita, mirá! ¿No era donde vivían tus abuelos, de los que todo el mundo decía que eran brujos?

–¿Brujos? Jamás oí eso –reaccionó él con risas.

Continuaron avanzando y ya estaban por internarse en una arboleda. Fue él entonces el que se detuvo:

–¡Mira: por aquí te internabas tú cuando te creías Blanca Nieves!

–¿Yo? Nunca creí semejante cosa… –negó, casi con enfado.

Ambos se quedaron en silencio, ya cuando los ramajes estaban a punto de envolverlos.

–¿Seguimos o regresamos? –preguntó él, como si quisiera abarcar muchos sentidos, diversos como las acuarelas del cielo abierto.

–¿Y cuál es la diferencia? Los enigmas siempre van a estar ahí.

–Es cierto. Cada quien tiene los suyos… Y a eso no escapan ni los caminos, ni las nubes, ni las arboledas…

–Entonces, una arboleda más o una arboleda menos, ¿qué importan?

–Así como un brujo más o un cuento de hadas menos, ¿qué significan?

–Sigamos, pues, a revivir nuestro próximo enigma…

–¡Ojalá sea el amor! –exclamaron ambos.

ME LO CONTÓ CLAUDIA

ME LO CONTÓ CLAUDIA

La pequeña sala no tenía nada de original, como si los muebles hubieran sido adquiridos en una tienda de antigüedades anónimas. Era sin duda su sitio favorito, sobre todo para los encuentros de los sábados por la tarde, cuando recibía visitantes armoniosos, que llegaban en busca de recibir testimonios vividos.

Aquella tarde, él le anunció su llegada por la vía de siempre: una breve llamada por el teléfono fijo, que era por entonces el único que existía. Ella lo estaba recibiendo con su sonrisa reservada.

–¿De qué quieres que hablemos hoy, muchacho? –le preguntó ya con los dos vasos de limonada tibia en las manos.

–De ella, porque su cumpleaños llegaba justamente este día…

–Ah, 21 de noviembre. Es como si hubiera sido ayer. En Armenia reinaba la brisa fresca, y míster Richard, el padre de Lilliam, andaba por los alrededores, gozando de la intemperie. Sería la única vez que estaría en el lugar, porque su regreso a Nuevo México ya estaba programado, y el barco no tardía en arribar a puerto…

–¿Cómo era don Richard?

–Germánico. Se parecía a ti. Lástima que no llegaste a conocerlo.

–Entonces no le debe haber simpatizado Héctor, el dentista de Armenia, de quien Lilliam se prendó y con quien acabó casándose…

–Uy, no. Míster Richard se fue sin decir palabra. Lilliam lo miraba desde su ventana en nuestra casa, y nunca lo volvió a ver.

–¿Y usted estuvo en la boda de Héctor y Lilliam? –Sí, les dediqué un soneto. ¿Quieres oirlo?

Él asintió, sonriendo. Claudia alcanzó un cuaderno de manuscritos antiguos y empezó a leer. Cuando concluyó, él tenía los ojos húmedos.

–¿Te emocionaste, verdad? Puedes llorar si quieres, porque estamos en confianza. Lilliam nos observa desde allá, mira: desde aquella ventana en la casita que está sobre la colina de enfrente. Ese es hoy su refugio, y este día espera que lleguemos a desearle feliz eternidad. ¿Vamos?

HORA DE DESPERTAR

La claridad matutina iba ya colándose por todas las rendijas disponibles, y no era necesario acudir al auxilio del reloj para saber que el día muy pronto estaría a la puerta. Sin embargo, lo curioso de aquel amanecer era que los pájaros de siempre, que celebraban sin falta la presencia de la luz en el aire, se hallaban esa vez en silencio de cariz sacramental.

–¡Arriba, muchacho, ya es hora de levantarse! –ordenó la voz maternal desde la puerta entreabierta, haciendo que él se revolviera entre la colcha cálida, que aún tenía olor a polvo.

Al instante, el aludido estaba de nuevo totalmente privado, y la figura femenina empujó la puerta y entró. Se inclinó sobre él, y al verlo íntimamente aferrado a su almohada un gesto de ternura que no era tan usual en ella le envolvió el rostro. No tuvo el valor de repetir la orden imperativa de hacía unos segundos y sólo hizo con la mano una señal que parecía el inicio de un rito. Luego susurro, con un tono de voz que parecía de otra persona:

–Si necesitas seguir descansando, hazlo. Voy a estar pendiente del momento en que quieras incorporarte. Eso también me hace feliz.

Entre las rendijas de los sencillos cortinajes se empezó a notar que la luminosidad creciente iba alejándose a campo abierto; pero en contraste los pájaros ausentes ya se estaban haciendo oír con impulsos evidentemente celebratorios.

Cualquiera hubiera podido preguntarse: ¿Será que está volviendo la noche? Y sólo la insinuación de esa pregunta hizo que el durmiente se agitara en el lecho rústico, como si de repente se sintiera responsable de la ausencia de la luz. Se incorporó, sin levantarse, y eso bastó para que todo el entorno se animara jubilosamente: la claridad empezó a volver, el aire retornó con ansias amigables, y ella volvió a asomarse por la puerta entreabierta:

–¡Levántate, pues, muchacho, que es hora de resucitar entre los sueños, así como resucitaste entre los muertos! Ahí te aguarda, afuera, la vida natural, y de tu ejemplo depende que este despertar deje de ser milagro y se convierta en promesa…

EL HORIZONTE NOS ESPERA

–Bueno, pero aquí nosotros no tenemos horizonte, sólo muros alrededor.

–Tú escogiste nuestra casa, en la que según tus propias palabras viviríamos para siempre…

–Es que tú estabas dedicada fervorosamente a los preparativos de la boda…

–Pero ni siquiera me contaste cuáles eran las opciones y cuál sería tu decisión.

–Entonces, ¿me equivoqué?

–No estoy diciendo eso, sino recordándote que fuiste tú el que dejaste fuera al horizonte.

–¿Qué me quieres decir, pues?

–Que en este encierro estamos más distantes que nunca.

–¡Dios mío, parece una sentencia! ¡Tengo que apelarla de inmediato!

–¿Ante quién?

–Pues ante el único tribunal disponible: el Tribunal del Aire y de la Luz, que es único capaz de apartar los muros para que el horizonte reaparezca.

–¿Y cómo es que no te habías dado cuenta en todos estos años transcurridos?

–Porque algo internamente se me ha estado incubando como ilusión migratoria. El horizonte empezó a llamarme a través de los obstáculos de piedra. Y ahora es tiempo de que eso lo sintamos juntos, para preparar de inmediato nuestra renovación de votos al aire libre y con los caminos abiertos a disposición. ¡Hoy seré yo el que se dedique fervorosamente a los preparativos de la boda liberadora! ¡Aleluya!

EN BUENA RUTA

Desde que tenía memoria, siempre había estado al tanto de que en el lugar había presencias que no tenían identidad reconocible, pero que él nunca tomó como amenazas en cierne, sino que más bien las llegó a sentir como compañía acogedora. Y eso era así quizás porque jamás tuvo temor de lo desconocido, de seguro porque en ningún momento se planteó lo desconocido como algo cotidiano, sino apenas como algo que sólo estaba presente en los libros.

En la medida que crecía, sin embargo, los sentimientos emergentes le iban poniendo enfrente enigmas por descifrar, y eso lo tenía crecientemente en ascuas.

Aquella mañana, un soplo de brisa húmeda estaba animándolo a quedarse en casa, aunque en el instituto donde cursaba su último año de bachillerato las labores de aula llenaban el horario.

La disyuntiva le hizo asomarse a la pequeña terraza que daba a un espacio arbolado a medias, muchos pisos más abajo. Se apoyó en la baranda y entrecerró los ojos aún adormecidos. La brisa húmeda seguía jugueteando entre las ramas. Y él, de pronto, tuvo la tentación de volar. Tentación peligrosa e irrealizable. En ese preciso momento algo apareció abajo. Sí, era otra vez la joven que había conocido en el sueño y que ahora se presentaba por primera vez en la vigilia.

–¿Eres tú, verdad? –susurró, pese a que la distancia entre él y la presencia era de muchos metros.

La joven sólo tuvo una tímida reacción: alzar el rostro hacia donde él se asomaba, y así pudo él contemplarla por primera vez a la luz del día, aunque fuera en una luz casi penumbrosa.

–¿Me reconoces, no es cierto? –insistió él en voz más alta. –Si es así, házmelo sentir por cualquier medio que quieras. Con eso me harás un ser afortunado…

Ella, entonces, pareció recogerse en sí misma, acaso temerosa de lo que podía venir.

–No te aflijas –trató de reconfortarla él, inclinándose todavía más, ya casi a punto de saltar.

Ella, ante tal impulso, se animó a responderle:

–Lo que quiero es que te sientas tranquilo, como hemos estado siempre en el sueño… ¡Tranquilo y confiado, porque estamos juntos!

–Te oigo como si estuvieras aquí, a mi lado, y eso parece un milagro sencillo pero real.

–Ah, pues entonces ya podemos entendernos por completo. Nos encontramos en el mismo plano, y eso es como estar abrazados todo el tiempo…

–¿Y ahora, qué hacemos?

–Caminemos por la arboleda.

–Ha sido lo que siempre anhelamos, ¿verdad?

Y en ese justo instante, algo como una fuerza superior, quizás con vocación sobrenatural, los envolvió a ambos, haciendo que de pronto estuvieran uno a la par del otro, listos para avanzar entre los árboles con ruta desconocida.

Los árboles eran escasos, pero ellos avanzaban como si lo hicieran entre una espesura creciente. Ya no eran visibles desde ninguna perspectiva. ¡Libertad total!

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO

VISIÓN SUPERIOR

«Quiero ver», dijo un ciego; y entonces él se convirtió en el único que pudo verlo absolutamente todo.

UNA VERDAD SIN MÁS

La ingratitud está graficada en aquel dicho de origen chino: Cruzar el río y destruir el puente. Tengámoslo presente cada día antes de llegar a la orilla.

PARA QUE NADIE OLVIDE

El día acaba de empezar y yo le sigo la corriente. Si no lo hiciera, me quedaría inmóvil como una imagen de alguna otra eternidad,

PARÍS, 1957

Noviembre 11. Los desfiles abundan. Pero yo, adolescente impávido, lo que quiero es descubrir una pequeña calle sin salida.

NO HAY FRONTERA FELIZ

Cada mañana tomemos sin reservas la mejor decisión de todas: cruzar todos los puentes aunque los ríos sean invisibles.

LA PRINCIPAL SOSPECHA

Desde que el mundo es mundo nadie ha podido constatar que el Creador del Universo formalizara sus derechos de autor. Y nosotros aquí, sin nada que nos avale.

LA HORA CERO

Es cada una de las horas que nos toca vivir, y menos mal que lo olvidamos constantemente.

LOS CAMINOS DE ENTONCES

Eran sendas de polvo que conducían hacia las arboledas y hacia los riachuelos sin preguntarnos hacia dónde nos dirigíamos.

LOS PRIMEROS EN LLEGAR

Serán los últimos en volver porque esa es la lógica elemental e invariable de los impulsos humanos.

¿Y TÚ DE DÓNDE VIENES?

Del mar, como todos los descendientes de emigrantes; y lo demuestro con mi devoción por las orillas olvidadas.

AYER, CUANDO AMANECÍA

Me asomé a mi ventana sin abrirla, y las estrellas, que estaban despidiéndose, me recordaron sin palabras que se irían sin desaparecer.

TORMENTA EN CIERNES

¿Cuál tormenta en este cielo resplandeciente? La que siempre inventamos para no sentirnos hijos de dominio del espacio abierto…

LOS OTROS VELÁMENES

Son los que están allá, al final del muelle imaginario desde el cual zarparemos algún día.

ES UN JUEGO DE AZAR

Aunque nos obstinemos en imaginar que esta cadena de minutos es la mejor obra del ingenio creador.

ACEPTÉMOSLO SIN CHISTAR

El Destino siempre nos habla; pero el problema es que con gran frecuencia nos envía mensajes en lenguas.

ODISEA PROFUNDA

Nuestras neuronas nos recorren de un extremo a otro –norte, sur, este y oeste–, pero nunca falta ese resuello que las despista hasta dejarnos en control.

NATURALEZA ÍNTIMA

Somos sujetos de ida y vuelta: cada día nos movemos en un péndulo que nunca hemos podido identificar y mucho menos controlar.

ESTAMOS EN CRISIS, ¿VERDAD?

Preguntárselo es válido, siempre que eso no desate el torbellino de las interrogaciones sin respuesta.

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

Si nos lo proponemos, él se hará presente cada vez que los escombros acumulados estén a punto de llenar las estancias de la conciencia.

TERTULIA INGRÁVIDA

Llegamos los de siempre, y luego de una jornada de rememoraciones inesperadas, nos despedimos los de nunca.

ALAS PARA DESCANSAR

Después de tanto tiempo de vivir acompañados por el aire ya estamos listos para saber que las alas son más necesarias en el reposo que en el vuelo.

UN JUEGO IMAGINARIO

Cuando la Providencia quiere hacernos sentir que siempre está a nuestra disposición, se asoma al armario más próximo y saca a relucir las vestimentas originarias.

PRIMER ALBOR

Cada vez que asoma, la oscuridad en la que dormimos nos mira a los ojos, como si estuviera pidiéndonos cuentas.

APARECE EL COMETA

Y todos los ramajes de los alrededores se reúnen para darle la bienvenida a su consejero más confiable.

REFUGIO PARISINO

Nunca he vuelto a encontrarlo en mis viajes, y eso me hace empezar a entender que se ha trasladado a algún lugar de mi conciencia.

REVELACIÓN PANDÉMICA

Hoy podemos sentirlo a plenitud: nuestros primeros maestros en el arte de la cuarentena fueron ellos, Eva y Adán.

EL SOL DESCALZO

EL SOL DESCALZO

No tenía necesidad de abrir la ventana de su cuarto, porque lo que ahí había era un hueco informe en la improvisada pared de madera carcomida por el tiempo. En verdad, aquello no era una vivienda que mereciera el nombre de tal, sino apenas un espacio que mostraba todas las características de haber sido la invención casi agónica de un indigente que no quería despedirse de este mundo a la intemperie.

Afuera, el aire parecía divagar con un estilo desconocido, escapando de los espacios abiertos y notoriamente en busca de refugios entre los árboles o en los ámbitos habitados. Y cuando él se asomó por el hueco de la ventana, lo que recibió de inmediato fue un soplo de amigable comunicación, que traía consigo algún olor natural recogido de seguro muy lejos de ahí. No pudo contener el impulso:

–Gracias, amigo, porque vienes a hacerme compañía.

Entonces el soplo pareció tomar forma, ya incorporado al sencillísimo plano hogareño. Y él descubrió que era una imagen de interioridad resplandeciente con un atuendo inidentificable y los pies desnudos.

PASIÓN DE LEJANÍA

Aquel amanecer, su despertar fue como hallarse de repente en un espacio totalmente desconocido. No era la primera vez que lo sentía así, pero en esta ocasión todo le parecía como si hubiera perdido de repente los indicios de orientación y se hallara en una especie de limbo emocional, sin coberturas protectoras a la mano. Alguien tocó levemente a la puerta de su cuarto de dormir, y él, como todos los días, entendió de inmediato el mensaje: el desayuno estaba servido, y en esa oportunidad no se había incorporado a tiempo para tomar su ducha habitual y fugaz de agua casi caliente.

Salió al comedor, que quedaba inmediato a su cuarto, porque en verdad la vivienda no daba para ningún distanciamiento. Ya estaban ahí, a la mesa, sus padres y sus dos hermanos menores. Y luego de los saludos de ritual, el padre le preguntó haciendo que las palabras brotaran entre la maleza del bigote espeso y de la barba tupida:

–¿Ya tomaste la decisión que me anunciaste ayer?

Todos, sin dar señales explícitas, se hallaban a la expectativa. Él aspiró y respondió:

–Sí, ya sé lo que voy a hacer: me voy de aquí para siempre.

–¿Es que algo te hemos hecho, hijo, o en algo te hemos fallado? –le preguntó la madre, conmovida.

–No, no son ustedes, soy yo. No puedo quedarme en el lugar donde nací. Y más ahora que tengo que definir mi vida cuando mi educación media está por concluir. Debo ir a probar y a recorrer mis lejanías soñadas. No sé dónde ni cómo. Llevo ilusión de migrante, como tantos otros. Sólo que yo no lo hago por necesidad sino por vocación. ¿Entienden?

CRUCE DE ENSUEÑOS

Fidelio era un joven emocionalmente montañoso y abrupto, que paradójicamente había ido evolucionando hacia una llanura de sentimientos en cuyo centro se alzaba una ermita con imágenes inefables. A los que lo conocían bien les resultaba cada vez más difícil identificarlo ahora con lo que conocían de él. Se hallaba evidentemente a la expectativa de sí mismo, sin dar ninguna señal externa de ello, con todos sus poderes interiores a la expectativa.

Entonces apareció Miroslava, que venía de alguna remota comarca ubicada al otro lado del mar, y cuando Fidelio la tuvo enfrente sin que ella diera a conocer qué la había llevado hasta él, fue como si se abriera un portón insospechado hacia lo que de seguro él había guardado como expectativa silenciosa desde siempre.

–Hola, mi amor –lo saludó ella, como si fueran remotos conocidos–. Vengo a responder a tu llamado.

Él se quedó inmóvil, como si se hallara ante una presencia sobrenatural.

–Sí, eso soy, Fidelio. Me envía tu anhelo más profundo. ¡Vámonos a recorrer los mundos que soñamos, y después nos recluimos en la cabaña más próxima al más allá! ¿Te animas?

MEMORÁNDUM DE CLAN

Cuando los tres hijos de aquel matrimonio que se había dado de pronto, como si una fuerza interior compartida señalara la ruta, llegaron casi simultáneamente al momento de empezar a cumplir sus respectivos destinos, el padre sintió que aquella misma fuerza original le estaba ordenando mantener el núcleo intacto. Se lo planteó así a la madre de sus hijos, y ella asintió sin comentarios. Entonces propició una reunión de familia y ahí planteó su decisión inapelable:

–Cada uno de ustedes puede tomar el rumbo profesional que quiera, pero ninguno se irá de esta casa. Decisión tomada y comunicada.

El silencio acostumbrado fue la respuesta unánime. En los días siguientes, el ambiente familiar se mantuvo intacto, como si ninguno de los que formaban parte de él albergara algún anhelo de rebeldía. Se miraban cautelosamente entre sí, según era su forma habitual de hacerlo, y quizás sólo alguien que portara una lupa de poder excepcional habría podido detectar un rasgo diferenciador en las actitudes compartidas. Pero…

Y en ese pero estuvo la clave. Contra lo que cualquiera hubiese podido imaginar, la ruptura del círculo perfecto se produjo sin anuncio por la parte más fuerte del enlace.

Una mañana, él ya no estaba ahí. Jamás había pasado. Desapareció sin dejar rastro. ¡Era el padre! Todos se miraron penetrantemente, como si quisieran reconocerse de veras. Él siempre había dado la pauta. Era el jefe absoluto del clan.

Y así se fue desgranando la mazorca. Y la última en esfumarse fue la madre. La casa quedó vacía, como un castillo abandonado. Los nuevos fantasmas podían tomar posesión de él, siempre que lo hicieran con voluntad y obediencia de clan.

SOLIDARIDAD NATURAL

–¡Tenemos hambre! ¡Tenemos hambre! ¡Tenemos hambre!

Era el reclamo vociferante de las pequeñas multitudes que se aglomeraban en las esquinas como si los pocos transeúntes motorizados pudieran responder de inmediato al grito que envolvía una petición ansiosa. Y las improvisadas banderas blancas ondeaban queriendo quizás subir en el aire hasta encontrar algún predio invisible donde hubiera oídos dispuestos. Así las cosas, arriba, en las profundidades del cielo abierto, se estaba fraguando otra tormenta: la que venía con ráfagas líquidas y con estallidos sonoros.

De pronto, y como si se sumara a la urgente demanda, la lluvia se abalanzó tal si quisiera inundarlo todo. En unos instantes todo se halla totalmente empapado, incluyendo a los reclamantes y a sus banderas. Entonces, entre los portadores de éstas se alzó un individuo que había pasado inadvertido y que súbitamente ganaba protagonismo:

–¡Hermanos, la Naturaleza nos acompaña, vamos a su encuentro!

Como si aquello hubiera sido una señal superior, la lluvia furiosa empezó a disminuir y los presentes, sin dejar de enarbolar sus banderas blancas, tomaron camino hacia las alturas vecinas. Ahí les aguardaba otra multitud subida en carrozas antiguas cargadas de víveres cultivados en la zona:

–¡Suban, hijos de la Tierra como todos nosotros: la fiesta del sustento nos espera!

Y NO MÁS DE UNA LÍNEA (3)

OFICIOS ANHELANTES

Son los que nos esperan cuando dejamos de preocuparnos por la oscuridad.

EL OTRO ALTAR

Cuando necesitamos entrar en contacto íntimo con la luz se nos aparece de repente.

EN EL ÁTICO MÁS ALTO

Nos aguardan a diario los eternos ausentes que no se animan a resucitar.

LA EXACTA LUCIDEZ

El horizonte, cualquiera que sea su forma, nunca deja de ser una puerta entreabierta.

LA TORMENTA INCANSABLE

Se llame Amanda o Cristóbal, su voluntad será siempre la misma.

RESPIRACIÓN SOÑADA

El amor nos recuerda a cada instante que respirar es sinónimo de florecer.

A CADA QUIEN LO SUYO

Y es la respectiva evolución la que reparte los panes y los peces.

118, RUE DU CHATEAU

Cada día me convenzo más: esa antigua dirección parisina es mi refugio favorito.

EL JARDÍN LO AGRADECE

Sea cual fuere el poder que la mueva, ahí estará el jardín dándole gracias a la lluvia.

TENGÁMOSLO PRESENTE

Todo lo que imaginamos como ilusión por cumplir es obra de alguna experiencia ya vivida.

SIGAMOS EL EJEMPLO

Y aquellos navegantes del pasado remoto nos servirán de guías en las ciénagas presentes.

SEAMOS FIELES SIN EXCUSA

Que nadie se refugie en el engaño porque eso es invocar las arenas movedizas.

ILUSIÓN 2020

El tiempo aquí nos mira de reojo, como para decirnos: «Nada está consumado».

INGRESANDO EN LA ONU

Como aquella mañana de invierno neoyorquino con la edad a media asta.

NO HAY CRISTAL INOCENTE

Porque la transparencia ya confesó que no es regalo de los dioses.

EN EL MERCADO EMPORIO

Todos los puestos continúan abiertos como en una gloriosa cuarentena.

UN ÁRBOL ME ACOMPAÑA

Y cada día tiene una identidad diferente: este día le tocó al amate milenario.

RECORRIENDO LAS ISLAS

Lo supe con sólo abrir los ojos aquel día: soy navegante por vocación astral.

LAS MEJORES FRAGANCIAS

En el hogar feliz no es necesario descorrer ventanas para que la emoción florezca.

EL TIEMPO NUNCA DUERME

Y por eso nuestros días padecen síndrome de insomnio.

EL OTRO DESPERTAR

Cuando abrimos los ojos el universo se hace prebenda inmemorial.

IDENTIDAD FLUYENTE

Aquí estamos entonces, flotando en las orillas de un océano inédito.

HUÉSPEDES DEL ZODÍACO

Eso somos, aunque nos empeñemos en ser indigentes vagabundos por las calles anónimas.

DESCANSAR EN PAZ

Entre sábanas olorosas a ensueño, ¡y sin morirse, por favor!

TRAPECIO INAGOTABLE

Ahí, en el Cirque d´Hiver de París, Gina Lollobrigida, Burt Lancaster y Tony Curtis siguen en su eterno trapecio.

EN ESTA TRAYECTORIA

Hay que cruzar desiertos interiores para llegar a la playa donde las naves nos aguardan.

EL MAÑANA NO EXISTE

Porque sólo es un hoy disfrazado de heraldo con ansias de aventura.

2020 COMO SI HUBIERA SIDO AYER

Lo pensamos y lo sentimos en espera de que el tiempo nos acompañe sin reservas.

AYER FUE SÁBADO DE GLORIA

Y lo imagino así para que hoy, un día cualquiera, sea Domingo de Resurrección.

ACUDO A MI VENTANA

Como lo he hecho desde siempre, para reencontrarme con la noche desnuda.

AMORÍO CÓSMICO

AMORÍO CÓSMICO

— Se asomó a la ventana del cuarto en que dormía, y que estaba abierta día y noche por costumbre inveterada, que venía de seguro desde sus antepasados. En esa ocasión, el cielo mostraba una claridad que hacía que hasta el aire pareciera visible como tal. Se mantuvo ahí por algunos minutos, en actitud inmóvil, como si aguardara el arribo de alguna presencia anunciada, pero nada cambió durante esos instantes, hasta que él lentamente se fue apartando hacia adentro.

Retrocedía sin temor a tropezar con algo, porque su habitación estaba desprovista de todo mobiliario, aun del más elemental. Por fin llegó a la puerta que dividía el cuarto en que estaba del que se encontraba al fondo, y al llegar a ese límite giró hacia atrás. Estaba ya en su espacio más íntimo, y como cada vez que arribaba a ese punto sus energías interiores aspiraron a profundidad el aire que se hallaba a la mano. Se acercó a la pequeña silla ubicada frente al escritorio antiguo que le servía de lugar de trabajo, y se inclinó sobre su espaldar, como si quisiera comunicarse con ella, la presencia invisible y por eso más próxima. La voz salió por impulso espontáneo:

–Ya podemos comenzar, si estás dispuesta.

De la laptop abierta un murmullo muy bien conocido pareció escaparse.

–Bien, pues empecemos.

Él bajó la vista entrecerrándola, como si así pudiera sumarse más íntimamente a lo que iba a suceder y que ya estaba empezando a manifestarse en la pantallita de la máquina.

Las palabras iban apareciendo al hilo, y por fin la escritura se detuvo. La voz femenina se le acercó al oído:

–Ahí está el mensaje de este día. Puedes revisarlo y me dices qué te parece.

Él abrió los ojos. Alzó la cabeza. Leyó en silencio:

–¡Estás inspirada, como siempre! Este poema es de seguro una remembranza de alguna de tus aventuras estelares… ¡Gracias, Luna Creciente, si quieres te invito a comer un bocadillo, jajá!

POR FIN SE ENCUENTRAN

–¡Un momento! ¡Me has plagiado una historia que soñé en alguna de las noches pasadas, y la has hecho volar por las redes sociales, como hoy se estila! ¿Cómo me vas a explicar entonces esa acción tan reprochable?

–¿Qué te pasa, bicho baboso? ¿Es que acaso no sabés quién soy?

El reclamante se quedó mirando fijamente al señalado, como si no tuviera certeza sobre su identidad. La mirada no se fijaba en ningún punto, y pronto más parecía un juego circulante que estaba a punto de soltar la risa.

–¿Ya me reconociste?

Movimiento dubitativo de cabeza.

–Entonces te lo explico, para que aprendás… Yo soy tu otro yo. ¿Estamos?

–¿Mi otro yo? ¿Y eso qué significa?

–Que tengo una habitación reservada en el interior de tu conciencia. Por eso sé lo que pensás y lo que imaginás. ¿De acuerdo?

–Pues no entiendo bien… ¿Mi otro yo? ¿Y quién es este yo?

–Somos imágenes, sólo imágenes. ¿entendés?

–¿Y qué es lo que nos junta?

–Pues el mismo espejo. Está aquí, mirá, observándonos. En él se refleja todo lo que soñamos y pensamos. Vos y yo, cada quién… Ahí descubrí tu historia, y no quise que la fueras a guardar en una gaveta, como tantas otras. Por eso la subí a la red. Deberías agradecérmelo…

ENLACE PERFECTO

«Estoy sintiendo el llamado de la humedad, como si fuera un mensaje del destino». Lo pensó así mientras conducía su vehículo Toyota del año 1991 por la carretera que bordeaba el océano hacia las costas occidentales. Era un trayecto que hacía con gran frecuencia porque era la ruta para llegar hasta aquella casa de madera y lámina que estaba sobre la última colina de los entornos profusamente arbolados.

Cuando arribó al sitio, se abrió la puerta de entrada y apareció ella, Xiomara, con su infaltable sonrisa de bienvenida:

–Como sé que eres puntual, estaba esperándote desde hace un minuto.

–¿Sólo un minuto? –respondió él, llevando en la mano la canasta que siempre le acompañaba.

–Gracias –dijo ella, tomándola, y devolviéndole el gesto con un respiro aromático.

–¿Qué me tienes esta vez? –preguntó él, entrando en el pequeño espacio donde todo parecía recién puesto, aunque la atmósfera de antigüedad era irreprochable.

–Ah, pues el mensaje más íntimo que puedas imaginarte…

–¿Lo recogiste entre las sábanas?

–No, lo hallé en la intemperie. Ahí, en la espesura. Mientras caminaba apartando tallos y ramas me encontré con un arroyo desconocido… No pude evitar el impulso… Me arrodille, y tomé el agua en el cuenco de mis manos, la aspiré, la bebí, estaba tibia como una pócima destinada… ¿Quieres probarla?

Él asintió, tal si aquello fuera un rito sobrenatural. Ella unió sus manos en forma de cuenco y el agua apareció como si alguien la derramara suavemente. Ambos bebieron de ella. La ceremonia estaba consumada para siempre.

¿Y AHORA QUÉ NOS ESPERA?

Las maletas se hallaban listas, ya en el umbral de la vivienda que había sido su albergue desde que tenían memoria. Ellos se preparaban con sus atuendos y con sus detalles personales, como no lo habían hecho en ninguna ocasión anterior, porque en verdad la circunstancia del momento no tenía precedentes. El señor vestía un traje nuevo, propio para salir a un ambiente desconocido. La señora usaba una indumentaria casi exótica, porque era la única que le pareció disponible para lo que ahora venía.

–No se nos olvida nada, ¿verdad? –indagó él, sin poder disimular la inquietud por lo desconocido que se hallaba enfrente.

–Nada –respondió ella, por reacción mecánica.

–Entonces, vámonos, antes de que perdamos el impulso.

Ella tomó sus pocas pertenencias y empezó a caminar. Lo cierto era que no tenían noción del lugar de destino, pero no había de otra. Era la primera vez que estaban ante aquel paisaje que parecía no tener límites, y tal sensación les dio al menos el impulso de seguir adelante.

Desde algún lugar de observación elevado, lo que podía percibirse era un par de diminutas imágenes que eran lo único que se movía en aquella infinita quietud. Unos minutos después, todo volvió a la inmovilidad acostumbrada. ¿Y ellos?

Luego de darle vuelta a un promontorio de tierra petrificada, se dirigían hacia adelante, sin tener idea de su destino inmediato. La fatiga comenzaba a invadirlos. Se detuvieron ante algo que simulaba una construcción abandonada.

Él se asomó al hueco más cercano:

–¿Hay alguien ahí? –indagó en voz alta.

Silencio. Pero no tardó mucho en aparecer una sombra con talante de monje.

–Son ustedes, ¿verdad?

–Sí, somos nosotros.

–Pasen adelante. Una voz superior nos anunció que vendrían, y nos sugirió que les diéramos abrigo. Aceptamos, porque vamos a ser semejantes. Desde este momento, ustedes son humanos. Están de acuerdo, ¿verdad?

Las reacciones de ambos fueron de cauta aceptación.

–Entonces, pasen. Acomódense como puedan, tratando de entrar en armonía con este nuevo ambiente, ¿estamos? Esto no es como aquello, pero desde ahora será su forma de vida, como ya lo habrán entendido. Volveré en unos minutos para concluir el trámite.

La sombra había ganado volumen y perfiles. Les hizo un gesto de bienvenida, y se retiró.

No tardó mucho en volver, ya con talante de mayordomo:

–Sé que no estarán aquí mucho tiempo, porque ustedes van a ser peregrinos por naturaleza, así como fueron por tanto tiempo residentes sedentarios en su primera estancia. Sólo permítame un par de preguntas…

Los dos asintieron, acomodados en las poltronas que tenían a la mano.

–Adán, ¿quiere usted encargarse de llevar el mensaje de la vida nueva por los entornos inmediatos?… Y usted, Eva, ¿se anima a ser la promotora de la fecundidad humana entre quienes quieran oírla?…

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (24)

LA LUZ HACE LO SUYO

La Internet atmosférica se ha vuelto en estos días una comunidad de espejos voladores.

BUENOS OFICIOS

Para que entendamos su sentido, la eternidad se aviene a ser una camándula de minutos.

LAS CALLES NUNCA MUEREN

Porque los pasos que las recorrieron se mantienen en íntima vigilia mientras la claridad se lo permita.

IGLESIA DE SIEMPRE

Es aquella en la que hicimos nuestra Primera Comunión. Y aunque sus muros hayan desaparecido, su altar mayor se mantiene en pie.

EINVIERNO EN RUTA

Los velámenes invisibles suenan en la lejanía anunciando que la Madre Lluvia está por llegar a puerto.

FILOSOFÍA PARA HOY

Todas sus reflexiones están en cuarentena domiciliaria esperando el momento de tomar posesión de las aulas y de los atriles.

AUNQUE NOS CUESTE ACEPTARLO

Nuestra verdadera y más entrañable vocación es ser espejismos anónimos.

NOSTRADAMUS

En esta era de globalización imaginaria es el vagabundo perfecto.

EXTRAÑO SINO

Cada día nos da más vergüenza la ternura, y por eso nos hemos vuelto pordioseros ariscos.

ÁRBOL OBEDIENTE

Y como premio por su buen comportamiento atávico el bosque lo deja ir a conocer mundo en las laderas y en las planicies del espacio astral.

ESTOY EN EL DESVÁN

Y escribo, por enésima vez, mi poema favorito: SOY UN EMIGRANTE EN CAUTIVERIO.

ENCIERRO CON BALCONES

Aprendamos de la tradicional cuarentena de las nubes, que nunca escapan.

SENSACIÓN GLOBAL

La vida muchas veces es aquella esquina del San Salvador de entonces: un cruce de caminos que conducen emocionalmente a todas partes.

ACUARELISTA ANÓNIMO

Es en verdad un espontáneo instructor de paisajes.

LA FE SIEMPRE MADRUGA

Y estar conscientes de ello nos induce al radiante desvelo existencial.

ALGUIEN LLAMA A LA PUERTA

¿Será un revendedor de frutas mágicas o un recolector de memorias agónicas?

SOMOS ALMAS EN PENA

Y tal destino vivencial nos permite visitar libremente todos nuestros ensueños clandestinos.

ERA DE VIRUS

Siempre han estado aquí, pero hoy las prédicas globalizadoras les otorgan salvoconductos impensables.

EN LA ALBERCA DEL TIEMPO

Hay que bañarse a diario para que nuestro ser físico y psíquico reanime su salud.

LA TIERRA GIRA

Porque si no lo hace le sobreviene el vértigo mortal.

EL DOMINGO ES SABIO

Y lo es porque tiene la experiencia asumida íntimamente de una Resurrección que se le dio en los brazos.

FUNCIÓN MATUTINA

La que sigo prefiriendo desde siempre es la película de vaqueros filmada en el Oeste estadounidense, y que se pasaba cada domingo con distintos rostros en el Cine Principal.

ORGÍA PARA RECIÉN LLEGADOS

En ella se mezclan todo el tiempo los seres reales y los seres imaginarios.

SÓLO FALTA UNA ESTRELLA

Es lo que dice el cielo cuando ya a va a anochecer mientras elabora su lista de invitados presentes.

BALCÓN ABIERTO

En toda cuarentena obligatoria los vecinos salen a ensayar a diario la ceremonia de los saludos a distancia, asomados a sus respectivos barandales.

MENSAJE DESDE ALLÁ

¿Desde la galaxia más remota o desde el traspatio más próximo?

LA SECRETA AVENTURA DEL 2020

LA SECRETA AVENTURA DEL 2020

En alguna parte había leído que el año que estaba por entrar, el 2020, traería consigo muchas fuerzas extrañas que se pasearían por todas partes sin dar muestras visibles de identidad. Como hombre práctico que siempre había sido, pensó que aquella era otra de las especulaciones alarmistas que se hallan tan en boga. Y lo pensó así sobre todo porque él, ya en otro mirador de su madurez en avanzada, estaba entrando en su propia era de despegues liberadores, con expectativas de tranquilidad anímica y de reposo vital. Siguió, pues, en lo suyo, que era hoy ir ordenando sus asuntos laborales, en la mente y en el escritorio, porque el momento del retiro se hacía cada vez más próximo.

Como su naturaleza era eminentemente ordenada y ordenadora, nada de aquello le causaba trastornos emocionales; por el contrario, lo que tenía enfrente era una tarea despojada de huraños sobresaltos y de inquietantes sorpresas, y por eso aquella noche durmió como un duende ajeno a todas las ansiedades humanas. Y tal sensación le hizo tener un sueño insospechado:

En medio del calor imperante por la época climática del año, una desconocida neblina había empezado a colarse hasta por las mínimas rendijas de aquellas viviendas notoriamente de otros tiempos. En la pequeña casa de aquellos cuatro habitantes unidos en familia –padre mayor, madre de edad intermedia y dos retoños, que pese a haber traspasado la adolescencia desde hacia bastante tiempo permanecían en el hogar original— se respiraba una extraña tranquilidad, aunque ninguno de los cuatro la sintiera de igual manera. El padre flotaba en sus atávicos insomnios, la madre aleteaba entre cortinas invisibles, el hijo dibujaba paisajes indefinidos, la hija permanecía quieta como una estatua de yeso…

Y de repente todo aquello se esfumó. ¿Qué pasaba? El año 2020 estaba entrando en la casa de ellos como Pedro por su casa. Y sin decir agua va abrió su mochila y soltó la bandada de virus invisibles. Los cuatro corrieron a esconderse en los clósets correspondientes.

A la mañana siguiente, los cuatro despertaron a la vez; y al reunirse para tomar los alimentos matutinos el padre habló:

–Hoy estamos en cuarentena: el virus ha llegado con intención de quedarse. Nos ha pedido albergue. No hay alternativa.

Lo miraron como si estuviera hablando en chino.

PARÁBOLA DEL REENCUENTRO

–Aló, ¿está Freddy?

Al otro lado de la línea ninguna voz respondió.

–Disculpe, estoy en busca de Freddy. ¿Se halla por ahí?

El silencio siguió impávido, aunque la comunicación no se cortaba.

–¡Perdón, insisto! ¿Está Freddy?

Y en ese instante pareció que el silencio se iba diluyendo como si fuera una cortina de humo perforada por alguna ráfaga de aire travieso.

–Aquí estoy. Soy Freddy.

–¿Y dónde estás?

–En la UCI, como desde hace tanto tiempo. Pero ahora parece que las cosas ya van a cambiar, porque oí decir que van a desconectarme.

–Ah, entonces lo que van a hacer es liberarte.

–¿Y tú dónde estás?

–En mi refugio, como bien sabes. Me ido acostumbrando, pero ya necesito estar en contacto directo de pared a pared con alguien conocido. Por ejemplo, un primo como tú. ¿Te acordás cómo nos divertíamos en la adolescencia?¿Qué te parece?

–¡Fabuloso!… Ah, espera, ya vienen los doctores, tengo que prepararme…

–Nos vemos muy pronto, pues. Vamos a ser vecinos, y así podremos departir…

–¡Aunque sea bajo tierra, jajá!

EN EL MASALA KLUB

Acababan de arribar, luego de un viaje aéreo de más de quince horas, al Taj West End, en el centro de Bengaluru, y luego de ordenarse en la habitación 1505, que tenía jardín alrededor y grandes árboles en los inmediatos alrededores, empezaron a prepararse para la cena tempranera, como era lo normal en ese lugar y en esa estación del año. Lloviznaba apenas, y tal condición climática los embargaba de emoción recurrente.

–¿Estamos listos, verdad?

La pregunta parecía no tener sentido, ¿porque cómo no iban a estar listos si a eso habían llegado desde el otro lado del mundo? Por lo cual al sólo formularla en voz alta todas las plantas, los arbustos y los árboles que se apiñaban en torno fueron recorridos por una leve ráfaga de espontáneos saludos de bienvenida.

De inmediato sintieron que aquella pregunta la habían esbozado al unísono, y la sonrisa mutua también surgió en el mismo segundo.

–¿A dónde vamos, pues? –indagó él, aspirando con fuerza.

–Al templo de la buena luz –indicó ella, con cierta picardía.

–Condúceme, entonces –pidió él, como un obediente discípulo.

–Vamos, entonces.

Salieron al espacio arbolado, y las leves gotas les producían una ilusión de ensueño. Estaban libres, con la Naturaleza invitadora en torno. Algunas luces de cuartos habitados se hacían ver sin ánimo curioso. Ellos avanzaron hasta perderse de vista.

Y unos minutos después aparecieron como peregrinos felices.

–El Masala Klub nos espera –anunció él emocionado–. ¡Será nuestra nueva cena de bodas!

LAS PIEZAS EN SU PUESTO

El matrimonio religioso tenía lugar un sábado al mediodía. Unos cuantos invitados, porque la cuarentena estaba en su fase ascendente. Entre los que llegaron a la iglesia casi vacía estaba él, que era una especie de fantasma familiar.

–Hola, Rubén. Me contaron por ahí que habías resucitado, pero yo pensé que hasta no ver no creer.

–Pues entonces aquí me tienes. La vacación involuntaria me sirvió para volverme más consciente de los amores y de las traiciones que nos rodean.

–Pero tú fuiste toda la vida un despistado perfecto. De seguro te has rehabilitado…

–Bueno, vengo a tomar mi puesto. El que iba a casarse con Alina soy yo. La Providencia organizó mi retorno. ¿Milagro o destino?

–¡Shhh! –hizo alguien que estaba en la banca posterior, porque la ceremonia estaba por comenzar.

Dio inicio el acto con la solemnidad acostumbrada, aunque la asistencia fuera obligatoriamente tan escasa. En el ambiente del templo se respiraban esta vez algunas esencias desconocidas, como si el incienso atávico fuera el invitado más notorio.

Cuando todo terminó frente al altar, los novios dieron la vuelta hacia la salida, y todos los presentes pudieron advertir que el novio contrayente era ahora Rubén. Y el que había estado actuando como novio observaba desde detrás de uno de los pilares del templo, listo irremediablemente para ir a tomar el puesto de Rubén en la otra vida.

AURORA EN VIVO

Al iniciarse, la noche pareció que no iba a tener fin; pero en un cierto momento calculado, todos los nervios de la arboleda vecina se hicieron sentir. Y ellos, los huéspedes, despertaron al unísono:

–¡Gracias, poderes superiores, por traernos el alba como un regalo infalible y puntual!

OBEDÉCELE A TU SED

OBEDÉCELE A TU SED

–No dormiste bien, ¿verdad? Oí que respirabas fuerte y que te movías casi con angustia…

–Pues la verdad es que no sé si dormí o no dormí, porque la experiencia de un naufragio a cualquiera lo deja con la mente descontrolada…

–¿Naufragio? ¿Cómo es eso? –quiso saber ella, que siempre se entusiasmaba con cualquier situación que tuviera vestimenta de enigma.

–Sí, soñé con un naufragio, y no es la primera vez que me ocurre…

–Pero si tú nunca has navegado ni siquiera en un pequeño río… ¿De dónde te puede nacer esa remembranza?

–Ah, es que los sueños a veces son puramente imaginarios. ¿Nunca te ha pasado así?

–No, yo soy una mujer práctica, tú me conocés bien –dijo ella, con sonrisa irónica.

–Y es porque te conozco que te estoy contando lo que sentí anoche.

–¿Y ya no lo sentís?

Él se quedó pensando, y la miró con ojos suplicantes, como si esperara de parte de ella un auxilio casi providencial. Ella, entonces, lo atrajo hacia sí, y lo abrazó dulcemente, dándole muestras de una intimidad que era más que amorosa, casi al punto de ser sobrenatural. Ella pareció captar como por obra de una fuerza superior todo lo que había envuelto en aquel incidente inverosímil:

–¡Amor mío, ya entendí! Te lanzaste al agua sin ninguna precaución porque algo más poderoso que tu voluntad se empujó a ello. ¡Era la sed, tu sed de humedad, de frescura y de limpieza interior! Ahora estás satisfecho, ¿verdad?

Él no le respondió con palabras, sino con un abrazo intenso. Un abrazo que al distenderse desató afuera una lluvia tierna y envolvente…

AISLAMIENTO INTEMPORAL

Oía que todas las noticias tanto nacionales como internacionales estaban literalmente obsesionadas con el coronavirus. Lo oía y se le hacía algo así como un ejercicio casi infantil de voluntades volátiles, semejantes a los globos de las antiguas celebraciones patronales. Eso era para él una fuente de desconciertos sigilosos y a la vez un vertedero de emociones embriagantes. Él mismo se preguntaba: “¿Y esto qué significa?”

–Que estás volviendo a tus orígenes, al menos por unos días mientras todo esto se diluye…

–¿Pero cómo se va a diluir si es el aparato de las comunicaciones universales el que está en movimiento?

–No seas ingenuo, por favor: lo que estamos viviendo es un juego de niños que quieren saltar de sus patios traseros hacia las galaxias más distantes… Lo que deberías de hacer es soltarlo a los cuatro vientos…

–¿El qué?

–Eso que te digo: que el peor virus no está en las entrañas de la gente sino en las mentes de los que quieren controlarlo todo, y hoy tienen armas peores que las armas atómicas…

–¿Cómo cuáles?

–Como las noticias falseadas y las amenazas encubiertas de verdades científicas.

–No entiendo nada, perdón.

–Pues entonces métete dentro de tu saco de dormir y duérmete para siempre.

–Gracias, porque ya estoy hasta la coronilla de que la gente me pida milagros que no puedo hacer.

BIENVENIDA, DONCELLA RESUCITADA

Cuando sus padres le preguntaron, ya cuando estaba en vísperas de concluir su formación media, sobre qué especialidad profesional quería emprender, ella los miró con ojos casi desafiantes por encima de la sonrisa cautivadora que la caracterizaba:

–Averígüenlo por lo que vaya pasando, porque yo lo mío lo guardo como un tesoro de los de antes…

Y en los días, semanas y meses subsiguientes no aparecía nada a la vista. Ella se graduó del bachillerato y pareció entrar en un lapso de expectativas silenciosas, que los padres observaban sin indagar, como si no quisieran romper ningún encanto. Y aquel silencio mutuo empezaba a tener un cierto aroma sobrenatural.

Hasta que una tarde con amenazas de lluvia y algunas brisas haciéndolo sentir llegó caminando sola hasta aquel lugar, como si fuera una invitada con mensaje. Era evidente que nunca había estado ahí porque iba observándolo todo con un detenimiento curioso casi infantil, hasta que estuvo frente aquello que tenía todas las características de ser el lugar de ingreso a una capilla.

Avanzó hacia adentro sin ninguna vacilación. La oscuridad estaba a punto de ser total, pero ella se introducía con la seguridad del que conoce un lugar hasta en sus mínimos detalles. Los pasos continuaban y ya daba la sensación de que aquella era una caminata sin fin, aunque todo estuviera tapiado.

Y de pronto pareció iluminarse un tragaluz que aparecía de repente. Ella se detuvo, como si por primera vez estuviera ante un cristal que reproducía su imagen. En ese segundo se desprendió una escalera colgante que la invitaba a subir, y eso fue lo que ella hizo por orden superior.

Arriba, una especie de mirador aguardaba, y de ahí se desprendió otra escalera que la invitaba a subir. De inmediato lo hizo. Y al asomar arriba, la recibió una pequeña multitud expectante:

–¡Bienvenida, doncella resucitada! ¡Eres la emisaria de los dioses más humanos! ¡Tu nueva casa es cada uno de nuestros corazones! ¡Tú elige por cuál empiezas!…

ELLA ES LA SEÑORA MARÍA

Lo que más le gustaba en aquellos años en los que su vida estaba apenas emergiendo era caminar descalzo por las vegas del río Las Cañas, que era una corriente apenas perceptible entre los bordes arenosos y pedregosos que serpenteaban entre las laderas y las vegas.

Aquella tarde, después de refrescarse en las aguas escurridizas, tomó el camino de siempre hacia el caserío de las inmediaciones donde estaba ubicada, al lado de una pendiente que era en verdad un paredón casi desnudo, la vivienda a la que él se dirigía. Subió a paso lento para no tropezar con ninguna de las piedras que se amontonaban en el camino. Y por fin llegó a ese pequeño rellano escarbado en la tierra ascendente donde se apiñaban unas construcciones de rusticidad notoria.

Al estar arriba miró a su alrededor, quizás preguntándose si habría por ahí alguna puerta de acceso para entrar a un rincón para la estancia confiable y satisfactoria. Y de repente apareció, como de la nada, aquella figura humana de reducidas proporciones corporales y de vestimenta sencilla hasta lo inverosímil.

–Lo estaba esperando, niño José.

El timbre de la voz lo envolvió a él en reminiscencias espumosas e inconfundibles.

–Señora María…, ¿es usted?

–Sí, soy yo. ¿Se acuerda de mí, verdad?

–No sólo la recuerdo, sino que nunca la he olvidado…

–Pues entonces, vamos a nuestra casa…

–¡Gracias, señora María, es lo que he soñada en todos estos años!…

–¿Cuáles años?

–¡Jajajá!

Y las imágenes se esfumaron, felices.