Por: Glenda Girón

Carta Editorial

El 41 % de los docentes que participan en este estudio dicen que se ven obligados a tomar contratos por hora clase en diferentes lugares para así poder armar un salario que más o menos compita con sus gastos básicos.

Carta Editorial

Este es un drama sin fin: no se puede decir adiós; pero tampoco parece correcto abandonar la esperanza de un reencuentro.

¿Que no haya guerra es la paz? ¿Es así de simple?

Hiroko Kishida estaba a 1.5 kilómetros de donde explotó la bomba atómica en Hiroshima, en 1945. Ahora se dedica a contar cómo sobrevivió y a apelar para que los gobiernos firmen el tratado en contra de las armas nucleares.

Carta Editorial

Esta entrega nos muestra que hay personas dedicadas a ofrecer puentes para que el daño no se instale como permanente y no acabe ocupando un espacio que debería
estar dedicado para la vida.

Carta Editorial

Entre el esfuerzo de una adolescente por buscar justicia, hasta la desesperación de un perito por buscar una situación laboral digna está un problema de integración, respeto y empatía.

Carta Editorial

Ellas han tomado las piezas de los grandes cambios que se han vivido en colectivo y las han incorporado a sus relatos, unos que van de guerras y violencias, pero también de colores y sonrisas.

Carta Editorial

Hacer literatura en El Salvador sigue siendo una aventura, un riesgo, un salto sin paracaídas. Los autores de El territorio del ciprés ejercen con audacia y alcanzan en ello gran calidad.

Carta Editorial

Las instituciones no gozan de la confianza de la población. Es uno de los enormes costos de la corrupción. Cuando algo falla, no hay a quién acudir.

La barrera entre el empleo formal y el VIH

De las personas mayores de edad que viven con VIH, solo dos de cada 10 tienen acceso a un puesto de trabajo en el que gozan de los beneficios de ley, como seguro social y pensión. Al resto, le toca fabricar su propio espacio para percibir ingresos. Este es un cruce en el que el estigma y la discriminación aún pesan.

Carta Editorial

El VIH no es una condena a muerte. Pero aún es una condena social. Los antirretrovirales, siempre que se aborden con disciplina, otorgan bienestar físico. ¿Y de ahí?