Humo que esclaviza Los vicios se aprenden sin maestro; pero sí con influencias de algún modelo cercano como los padres, amigos y por supuesto la calle, como maestra del mal. Las adicciones se inician con una invitación o por curiosidad en experimentar nuevas sensaciones. Algunos de los fumadores empedernidos dicen que lo hacen para contrarrestar […]

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La clínica de la nicotina

Humo que esclaviza

Los vicios se aprenden sin maestro; pero sí con influencias de algún modelo cercano como los padres, amigos y por supuesto la calle, como maestra del mal.

Las adicciones se inician con una invitación o por curiosidad en experimentar nuevas sensaciones. Algunos de los fumadores empedernidos dicen que lo hacen para contrarrestar el estrés o para una mejor lucidez mental, siempre encuentran justificaciones a su sometimiento; sin embargo, la complejidad de las reacciones humanas son disímiles, no todos los consumidores se vuelven adictos y no todo el que se inicia en un hábito termina descontrolándose, es parte de lo que sugiere la crónica de Valeria Guzmán “La clínica de la nicotina” donde los inquiridos dejan entrever factores genéticos y del entorno social interactuando entre sí en la conducta compulsiva que los acosa, pero esta adicción va más allá, pues no sólo afecta al que humea sino también al no fumador expuesto. De acuerdo con la opinión de algunos neumólogos, de las 4,000 sustancias que contiene el cigarrillo, sólo la nicotina crea dependencia, es la sustancia más adictiva que existe, provoca al menos 29 enfermedades asociadas al tabaquismo siendo el cáncer de pulmón, la bronquitis y las perturbaciones cardiovasculares las de mayor incidencia.

La clínica del ISSS, aunque existen otras, hacen una magnífica labor pero vienen a ser como una gota de agua en el desierto ya que la adicción que comentamos es frecuente y al Estado le corresponde su parte en el presupuesto.

El tabaco, planta sagrada en las culturas mesoamericanas, se fumaba en pipa “para sellar la paz y la amistad entre tribus” aunque tenía múltiples usos; ponerle más impuestos a los tabacos puede minimizar su consumo pero ante todo se deben cumplir las leyes que por hoy ya existen.

La mayoría de conductas adictivas comienzan en la adolescencia con el uso, luego el abuso para terminar en dependencia, es de rigor que en las familias no se den los modelajes indebidos como suele suceder también con el licor, cuando el humo del placer ya se ha transformado en un deseo fuerte de consumo hemos logrado un enfermo más. El consumidor, por su parte, debe poner su esfuerzo, exigirse más de lo que hace para sí es de inapreciable valía para el adicto, pues cuando ya se es prisionero del tabaco no es tan fácil apartarse del humo que esclaviza y sus consecuencias siempre fatales.

Julio Roberto Magaña
jrobertomasa@hotmail.com


Dejar un vicio

Solamente hay una manera de cambiar el sistema económico de nuestro país y es primero cambiando nosotros.

Lamentablemente los que no aportan nada son los que menos leen y son los que mas critican. Según la columna Renovar el sistema económico, de Jacinta Escudos, hay inconvenientes que a futuro nos esperan a los próximos a jubilarnos. También el empleo será escaso y la fuerza laboral joven será la mas afectada. Ejemplos de esto tenemos a menudo cuando vemos las grandes colas de jóvenes buscando su primer empleo en las distintas fábricas. Algunos célebres economistas de antaño predijeron lo que estamos viviendo, pero nuestra sociedad la han manejado desde consumismo por las élites económicas a las que les conviene que existan los consumistas -desde que nacen, hasta morir- para enriquecerse a costa de otros.

No importa los medios que utiliza para crearnos necesidades. Quedó en el pasado eso de que en una población eran autosuficientes en mano de obra de calidad. Existían buenos obreros que desarrollaban obras en su misma comunidad generando empleo y consumo, sin emigrar ningún capital al exterior. Mi comentario no es bien visto por algunos porque opino que añoro la economía tradicional de los países pobres. Así como antes de que privatizaran algunos servicios que el gobierno prestaba. Aunque pobres, no éramos esclavos del aberrante consumismo lacerante de nuestra economía. ¿A quién le beneficia que gaste más de lo que gano? Prefiero el autoconsumo porque se puede aplicar no solamente a la producción de alimentos, cualquier otro tipo de actividades puede ser plausible de ser utilizada, consumida por aquel o aquellos que la generan. Un ejemplo sería la generación individual de energía eléctrica a través de paneles solares especiales, que se conocen como fotovoltaicos.

Esta electricidad puede ser generada por las personas del mismo vecindario donde residen, colocando los respectivos paneles y de preferencia en lugares donde no exista red de energía eléctrica y al mismo tiempo hacer llegar la señal de internet, para tener comunicados a ese sector para que adopten nuevas tecnologías para el bien común y evitar la migración de la mano de obra joven que es explotada en otros países.

De nada sirven las remesas que ingresan al país, si las empresas transnacionales las captan al nomás ingresar y esas divisas retornan de donde vienen. Ahora es cuando debemos practicar la solidaridad social como valor ético, en ocasiones se realiza de manera cuestionable, por ejemplo, cuando la ayuda que se otorga obedece más a razones de imagen y no como compromiso auténtico.

Así tenemos muchas empresas en nuestro país que cuando les conviene, con platillo y bombo de la mano con los medios de comunicación generan ayudas, pero quienes más se benefician son ellos mismos.

 


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