Crecieron en épocas diferentes, pero tienen en común que en la infancia nunca faltaron los libros. Más de alguna recuerda a los padres y a los abuelos como el vínculo que las llevó a la literatura. Son escritoras que, desde la intimidad de las palabras, dialogan con ellas mismas. Tan diversas como sus contextos, cada una escribe desde su espacio y tiempo. Cada una carga con sus sueños y sus demonios. A sus 84 años, Maura Echeverría se mantiene viva con la escritura. Carmen González Huguet pensó que moriría en una operación de corazón abierto en 2005, y lamenta que esto no haya pasado. Aída Párraga fue la niña que creció en los pasillos de la librería de Hugo Lindo por el tiempo en que nacía Susana Reyes, la poeta que leyó los primeros versos en plena guerra. Claudia Meyer escribió su primer poema a los seis años, cuando en su colegio le pidieron la descripción de un lugar y la acusaron de plagio. Ana Escoto buscó el anonimato en foros de internet para compartir sus primeros textos. Jeannette Cruz es una narradora que duda vivir del arte en este país. Mientras que Nicole Membreño Chía cree que la literatura se fusiona con su lucha de activista y Ana María Rivas, una escritora noventera, parte del mundo onírico para sus creaciones. Las nueve escritoras invitan a recorrer esos pasillos de la historia de El Salvador que les tocó.