Me dueles, Imelda. Me duelen las más de 3,000 niñas y adolescentes que son violadas al año en nuestro país, que viven su calvario en el silencio, con miedo.
Me dueles, Imelda. Me duelen las más de 3,000 niñas y adolescentes que son violadas al año en nuestro país, que viven su calvario en el silencio, con miedo.
No hay cómo pedirle a los migrantes que se queden porque no existen las condiciones para ello. No hay siquiera un proyecto de país.
Este mito muestra aspectos aplicables al desarrollo de cualquier niña en su camino a convertirse en una mujer autodirigida y segura de sí misma que atesore, en su interior, las herramientas que le permitan alcanzar su visión personal.
No escucho a los candidatos de esta campaña hablar de dos grandes hechos que nos han marcado como nación: la migración y la violencia. No encuentro sus ideas sobre dos políticas de Estado que necesita urgentemente un país desangrado y en diáspora: políticas de reconciliación y políticas de reencuentro.
Debemos dejar de ver a los candidatos presidenciales como todopoderosos, como figuras superdotadas que podrán marcar un verdadero cambio de rumbo en la atropellada ruta que hasta hoy llevamos como nación.
“Con eso muchos nos dimos cuenta de que ya no respetaban nada”, me dijo un hombre que en 1980 era solo un muchacho que se unió a esa insurgencia. Mi madre fue solo una más de las que se movilizaron después de la muerte de Monseñor.
Al pasado se va a buscar entendimiento, porque inevitablemente las claves del momento actual se encuentran en esos espacios que habitamos, en esas historias que vivimos, en las familias que crecimos.
No se trata de usar la tecnología para aislarnos y así pretender sentirnos más seguros. Al contrario, se trata de pensarla como herramienta para transformar nuestras formas tradicionales de relacionarnos.
Sí es su problema si algo va mal, porque si este carro se descarrila, nos descarrilamos todos con él. Sea un buen ciudadano, practique un civismo real, un civismo útil. Preocúpese por su país, por su casa, ayude a mejorarlo.
Repercusiones más allá de lo que presupuestaba quien ideó la nota. En El Salvador pocas cosas parecen importan menos que la historia sobre los orígenes del Estado y su formación.