Por: David Escobar Galindo

Historias sin Cuento

Y además, si mi trabajo tiene éxito voy a poder reunir lo necesario para poder pagarle al coyote la cuota para que me lleve de nuevo para allá. Diosito va a poner de su parte

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (221)

Le encendió la veladora a la Virgen, y se fue a recostar para reciclar energías después de aquella jornada agotadora.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (220)

¿Para qué indagar, si lo mismo pasaba en su mente, que se quedaba en blanco cuando le daba la gana?

Historias sin Cuento

Las risas envueltas en la blancura crepitante de las sábanas fueron el disparo de salida.

Historias sin Cuento

Y avanzó hacia la puerta. Pero los tres se abalanzaron sobre ella. Quedó inerte sobre el piso. Ellos se abrazaron, como si acabaran de consumar la máxima proeza de sus vidas.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (219)

El confesor le indicó: “Hábleme de sus pecados para seguir la ruta de la absolución”. Y su respuesta fue simple: “No tengo pecados, porque todos se quedaron en el camino…”

Historias sin Cuento

Caían los cuerpos y él lanzaba gritos al aire. Cuando llegó la Policía, él se entregó sin más. Se lo llevaron esposado.

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (218)

Él no dudó: «De estar un rato con mi mejor amigo». «¿Y quién es?» No hubo respuesta. A lo lejos, el arroyo dio un salto sobre las piedras.

Historias sin Cuento

Ah, qué bien. Ya lo sé, porque yo soy de huesos azules. Vamos adentro y te lo demuestro.