ÁLBUM DE LIBÉLULAS (202)

Historias sin Cuento

David Escobar Galindo

1653. EN FAMILIA

Toda la vida había tenido la íntima y palpitante ilusión de vivir en un bosque, y eso se le hacía cada vez más difícil de realizar porque los espacios abiertos se iban volviendo crecientemente inhóspitos en su lugar de origen. Pero el destino tiene razones que la realidad no entiende. Y así, sin proponérselo, se halló con su propia respuesta en un viaje de trabajo. Era mánager en una empresa de innovación tecnológica y tuvo que acudir a un encuentro internacional en Bengaluru, en el sur de la India. Ahí se hospedó en el Taj West End, centenario hotel con talante boscoso. Entre los inmensos árboles de flor de fuego y de tamarindo, él comenzó a caminar como un poseso de su propia intimidad. Las ardillas, los cuervos y los gansos le hacían compañía. No volvió a aparecer en las reuniones de trabajo. No volvió a aparecer. Ahora era el hijo adoptivo del bosque.

1654. PASIÓN DE PÉTALOS

Estaba dedicado a armar sobre el suelo figuras de flores haciéndolo con pétalos de marigold, rosa y crisantemo obtenidos de las plantas que estaban sembradas para eso en un predio cercano dentro de las mismas instalaciones. Los huéspedes del hotel admiraban con frecuencia su trabajo, pero casi nunca se lo decían. Hasta que arribó la pareja de ultramar que era adicta a los detalles inspiradores. Cada mañana entraba Raju a construir su corola multicolor en el piso junto a la ventana que daba al jardín. Y fue desde el jardín que llegó la señal de que todos aquellos pétalos ordenados en el piso seguían teniendo vida propia. Fue un rayo de sol, que venía de cruzar los ramajes circundantes, el que fue a posarse en la cabeza de Raju, mientras estaba inclinado ordenando la corola multicolor. En un segundo, los pétalos palpitaron como si saludaran al maestro.

1655. LOS SUEÑOS VIVOS

Después de graduarse de interiores, buscó establecer su propia empresa, y fue a buscar el local propicio. En la ciudad menudeaban los espacios posibles, pero ninguno le hacía sentir inspirado. Se fue entonces a los suburbios, donde ahora nadie quería estar, y ahí descubrió de inmediato una casita que parecía diseñada para albergar un cuento de hadas. No tuvo que cambiar nada en el interior, y lo único que hizo fue anunciar en las redes sociales que ponía sus conocimientos al servicio de los eventuales clientes. Solo correspondió una señora que le pidió que le remodelara su casa. Fue a conocer el lugar. Era una buhardilla vacía. La señora le explicó: “Este es mi hogar, y quiero que sea lo más acogedor para todos mis acompañantes…” Mirada interrogante. “Sí, yo vivo aquí con mis sueños y lo que más me interesa es que estén felices conmigo”.

1656. EN EL MISMO CÍRCULO

El éxito económico le propició un traslado que parecía un salto imaginario en el vacío: de una casita en la colonia San Mateo, de San Salvador, a un apartamento elevado en el East Side de Manhattan. Como todo su trabajo lo realizaba hoy desde su sistema virtual, apenas tenía necesidad de salir de su privilegiado encierro. Eso sí, el mundo de sus sentimientos se le abría como un horizonte para escoger. Y él escogió pedirle a Miriam que se fuera a vivir con él. Ella era una inmigrante a la que había conocido en un restaurante latino de los alrededores. Curiosamente, Miriam venía de una comunidad marginal muy cercana a la colonia San Mateo. La convivencia les hizo sentir que regresaban a su mundo originario. Y eso sí era completar el éxito que por distintas vías andaban buscando. Lo celebraron haciendo planes de boda.

1657. CASA SEGURA

Aquel apartamentito había estado desocupado por largo tiempo, hasta el punto que ninguno de los vecinos de los entornos recordaba a sus últimos moradores. El edificio era de los más antiguos del lugar, y el deterioro estaba a la vista. Cuando el joven inmigrante se instaló ahí porque era lo único que podía costear, fue como si de pronto una ráfaga de bienvenida se esparciera por los espacios polvorientos, levantando nubecillas aleteantes. Él era indocumentado, y vivía mordido por el pálpito de que ICE llegara un día de tantos a capturarlo para la deportación; pero en aquel mismo minuto se sintió envuelto por una protección superior. Era como si las paredes ruinosas y las maderas descascaradas le ofrecieran su acogida más entrañable. Y él respiró serenamente por primera vez desde su arribo. Aquella sensación de amparo le daba el necesario blindaje a su propia ilusión.

1658. LA BOLA DE CRISTAL

El cristal se empañó de repente y fue como si la superficie quedara lista para recibir algún aliento gráfico de lo desconocido. Tenía libre aquella tarde y podía esperar sin prisa cualquier cosa que el cristal quisiera decirle. Se ubicó en la butaca que apenas se elevaba del suelo áspero, y ahí se quedó inmóvil, aguardando mensajes. La densa bruma instalada en el cristal estuvo quieta por un buen rato, pero después empezó a distenderse, como si quisiera dejar una rendija disponible. Él se dio por aludido, y fue incorporándose para atravesar hacia adentro. Así lo hizo, dando un salto de gimnasta venido a menos. Ya en el interior sintió que el cristal lo recibía abriéndole los brazos. Se dejó conducir, como discípulo feliz de recuperar tal condición. Era el retorno al hogar original, porque ahora estaba seguro de que aquel cristal era su conciencia, largamente olvidada.

1659. EN LA CRUZADILLA

Al preguntarle por su experiencia personal, siempre se quedaba mudo. Y se lo preguntaban porque se había corrido la bola de que era alguien fuera de lo común, lo cual hacía que lo vieran casi como a un extraterrestre. En la zona vivían muchas gentes extrañas, que reverenciaban la clandestinidad inescapable. Él, entonces, no era ninguna excepción en el ambiente, aunque se tratara de situaciones totalmente distintas. Un día cualquiera se produjo el cruce de realidades. Un pequeño grupo de pandilleros venía huyendo de la persecución policial y saltaron el muro que limitaba su patiecito posterior. Los agentes golpearon su puerta: “¡Vamos a entrar, y vos date por preso!” No hallaron a nadie en el interior y él salió esposado. ¿Qué había ocurrido? Los delincuentes siguen al aire libre y él está encerrado en la celda sucia. ¿En qué mundo vivimos?

1660. COLOQUIO ENTRE ELEGIDOS

Llegaba todos los días al cementerio e iba a arrodillarse frente a una lápida que no tenía ningún signo identificador. Nadie reparaba en aquella escena cotidiana hasta que pasó aquel adolescente que andaba en busca de sensaciones iniciales. “¿Quién es usted, señor?” “¿Yo? El que quiere volver a su hogar, pero no halla cómo…” “¿Quiere decir que usted es un alma en pena?” El aludido soltó una risita casi burlesca. Y el muchacho le hizo entonces una petición muy propia: “Y si es así, podría darme la receta para ser un alma en pena que quiere ser un alma en alegría?”

 


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