Opinión desde acá

por Mariana Belloso, De cuentos y cuentas

 

Mariana Belloso
Periodista

Miedo a la imagen en el espejo

Así como un mal diagnóstico médico es peligrosísimo e incluso puede ser letal, la negación de los problemas de un país es receta certera para el estancamiento. Necesitamos una transformación real, un cambio que nos enrumbe al desarrollo.

¿Por qué nos da miedo vernos a nosotros mismos, tal cual somos? ¿Es miedo a ver los defectos, a no ser como nos hemos imaginado o a ser distintos a como hemos convencido a todos los demás que somos? Y sin embargo, es en las crisis, en esos baches de desesperanza, cuando más obligados estamos a enfrentar nuestra imagen franca, para saber qué nos llevó ahí donde estamos, para poder saber qué hay que corregir para salir.

El miedo a la propia imagen nos hace amigos de los filtros, del maquillaje. Quitamos lo que no nos gusta y enfatizamos lo que sí. Todos tenemos un ángulo favorito con el que sabemos que saldremos mejor en la foto, y tomamos esa pose cuando vemos que el lente nos apunta. Así somos. Así son nuestras empresas, nuestras instituciones, nuestros gobiernos.

A estos últimos me quiero referir hoy, porque ese afán de convencernos de que todo está bien es tan útil como la melodía que entonaron los músicos del Titanic cuando vieron que el hundimiento era inminente. Ha sido una constante de las últimas administraciones, al menos de las que tengo memoria desde que ejerzo el periodismo.

No es una costumbre nueva. Verán, la administración de Antonio Saca maquilló los indicadores económicos de una manera tal que el entonces representante del Fondo Monetario Internacional (FMI) para El Salvador tuvo que dejar su puesto a consecuencia de haber creído en lo que le decían, por no haber detectado que las cifras no eran reales.

De hecho, 10 años después de que esa triste anécdota tuvo lugar, seguimos funcionando con datos del Producto Interno Bruto (PIB) que están diseñados con base en 1990. El Banco Central de Reserva (BCR) tiene en proyecto la actualización de estos indicadores, pero esto significaría reconocer que el producto nacional es mucho menor a lo que nos han dicho. Seguimos esperando a que se publique esta actualización.

Hace algunas semanas hubo una batalla mediática entre el sector privado y el Gobierno por los datos de empleo en el país. Los privados decían que de noviembre del año pasado a marzo de este se habían perdido más de 24,000 empleos. Lo vinculaban con el aumento al salario mínimo que entró en vigor en enero. El Gobierno los desmentía y aducía estacionalidad. Datos actualizados del Instituto Salvadoreño el Seguro Social (ISSS) finalmente aclararon que la situación no es tan mala como la pintaban los empresarios ni tan buena como señalaba el Gobierno. Los empleos perdidos en el período son “solo” 13,000.

Recién terminó junio, mes en el que cumplió tres años la administración de Salvador Sánchez Cerén. Con el aniversario vino la seguidilla de presentaciones de balances de las diferentes entidades del Gobierno. Todo bien, todo bonito, muchos avances. Pero los ciudadanos comunes y corrientes escuchábamos estupefactos, preguntándonos por qué no nos alcanza esa bonanza, por qué no se ve ese país mejor que tanto nos promueven.

Varias veces los funcionarios de Casa Presidencial, sobre todo los que trabajan en Comunicaciones o Transparencia, han asegurado que el problema acá es de percepciones. ¿Más inseguridad? No, percepción. ¿Mala situación económica? Tampoco, percepción. ¿Pérdida de confianza en las instituciones? Culpa de la oposición y de los medios.
Mientras para nuestros funcionarios el parecer sea más importante que el ser, estamos perdidos.

Urge que nuestros gobiernos, este, los que vienen, tengan el valor de agarrar el espejo y ver cómo estamos. Solo así lograrán enfocar los esfuerzos donde verdaderamente se necesitan: en políticas que ataquen nuestros problemas, no en estrategias comunicacionales que ayuden a taparlos.

Así como un mal diagnóstico médico es peligrosísimo e incluso puede ser letal, la negación de los problemas de un país es receta certera para el estancamiento. Necesitamos una transformación real, un cambio que nos enrumbe al desarrollo. Todo lo demás es placebo, meros paliativos, maquillaje.


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