#CiutatiCiencia

Ciudad y Ciencia es el nombre de la bienal de Barcelona que durante cinco días acercó la investigación científica a la gente de a pie. Desde el jueves 7 de febrero, más de 70 actividades con 138 especialistas se llevaron a cabo “para orientar la mirada al futuro, a los retos a que nos enfrentamos y para participar del pensamiento científico”, según se narra en su página web.

Conferencias sobre la tabla periódica como referente cultural; diálogos sobre si más inteligencia artificial es menos inteligencia humana; talleres sobre mujeres, género y ciencia; exposiciones de fotografía para explicar la ciencia; instalaciones de arte y ciencia (que mezclan teatro, música y cine)… ¿Se imaginan hablar de la ciudad como un ente vivo, desde la arquitectura viva? Así se diseñan soluciones sostenibles de manera natural al trabajar de forma multidisciplinaria desde las tecnologías avanzadas en la biología sintética, ingeniería de sistemas vivos y química inteligente.

Reflexionar sobre la nanociencia y la salud fue posible en esta conferencia en que se discutió sobre nanoterapia (o liberación controlada de ciertos fármacos), nanomedicina regenerativa o nanorobótica. O sobre la nanomedicina del futuro, porque dicen que “la nanobioingeniería es la medicina del futuro”, y en este taller se experimentó en el diseño de fármacos o medicinas.

Ya no digamos organizar una hackatón de ciencia ciudadana, que ya en aquellos lares es una temática relevante en lo científico, lo social y lo político. El Liquen Data Lab estuvo al frente de este espacio para hackear el formato de una simulación parlamentaria desde los principios del ‘design justice’, que busca “asegurar una distribución más equitativa de los beneficios y las cargas que conllevan los procesos de diseño, una participación justa y significativa, y el reconocimiento de las tradiciones en cuanto al diseño, conocimiento y prácticas de las comunidades implicadas”, según se indica en el dosier de materiales didácticos del evento.

Dentro de lo que se busca es un diseño centrado en el usuario, en las comunidades que recibirían lo que se está creando, para lo que retoman también prácticas tradicionales o indígenas. Por ello, lo que se busca con actividades como esta es generar políticas públicas que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía y de las diversas comunidades que se forman.

Esta bienal cerró el 11 de febrero, cuando se conmemoró por tercera vez el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La celebración busca visibilizar la labor de las científicas en diversas áreas para contribuir a que las más pequeñas tomen conciencia de labores que quizás aún no imaginan y que podrían ser su vocación profesional.

En Barcelona, como parte de las actividades que se programaron está 100tíficas a 100 escuelas de Cataluña, donde más de cien mujeres científicas y tecnológicas hicieron charlas simultáneas en sendos centros educativos en favor de las vocaciones científico-técnicas. La conferencia inaugural fue hecha por Ada Yonath, la doctora en cristalografía de rayos X, que hace 10 años ganó el Premio Nobel de Química.

Mujeres. Ciencia. Ciudades. Ciencia. Nanotecnología. Ciencia. Hackatones. Ciencia. #InteligenciaColectiva. Ciencia. ¿A cuánto estamos de que en El Salvador y en Centroamérica tengamos estos espacios de discusión y de celebración de todo lo que hemos alcanzado, pero sobre todo de lo que podemos alcanzar si trabajamos juntos?

#NuestraVozCuenta

En El Salvador, estamos a dos semanas exactas de elegir al nuevo presidente de la república para los siguientes cinco años. Sí, ese #3F #ElSalvadorDecide entre cuatro fórmulas a quién le vamos a dar nuestro voto de confianza para evitar más #CaravanaDeMigrantes. A quién le vamos a exigir que, como Estado, proteja a nuestras niñas y a nosotras como mujeres y nos haga #JusticiaParaCarlaAyala, para tantas Imeldas Cortez, tantas Karlas Turcios, tantas Rosas Marías Bonilla.

Porque este domingo 3 de febrero yo, además de lo que han dicho en sus ‘hashtags’, digo en sus campañas, quiero exigir transparencia en el trabajo del Gobierno, integridad, honestidad, visión estratégica. Apuestas por salud y educación. Que tengan claro que el país lo construiremos entre todos y que ni los votos válidos implican que no se los cuestionaremos ni los nulos implica que no nos importa. Y luego entre todos los que se apunten ocuparemos las #RedesTecnoPolíticas para hacer la #ContraloríaCiudadana más precisa que se ha hecho hasta ahora.

Y por eso ahora esta columna cuenta sobre el ‘hashtag’ que ha estado en Guatemala como tendencia nacional (‘trending topic’) las 24 horas del 9 y del 10 de enero, además de otras horas el 8 y el 11, el 12 (marcha de los artistas), y aún el día 13. #NuestraVozCuenta ha estado moviéndose en Instagram, Facebook y Twitter para denunciar la violencia que no ha recibido ni apoyo ni justicia por parte del Estado, en una suerte de catarsis colectiva para protestar por la actitud del gobierno de Jimmy Morales al querer sacar a la CICIG de Guatemala. Hay cientos de minihistorias fuertes, demasiado cotidianas.

“Por los niños lustradores que no tienen oportunidad de estudiar #NuestraVozCuenta“: Carlos López A. (@cglalburez).

“Hablo por Sandra, niña q’eqchi’ de San Luis Petén que no pudo seguir estudiando el básico, ya que su familia no contaba con 10 quetzales mensuales para pagar sus estudios. #NuestraVozCuenta“: Sofía (@sofspereira).

“Trabajo como docente, sin embargo, lo que gano no se llama salario. En las escuelas rurales hay precariedad, delincuencia, asesinatos y las carreteras están pésimas, debemos trabajar un año ad honorem para conseguir un contrato. #NuestraVozCuenta“: Ronaldo Ramos (@ronaldo_pixel).

“Mi hermana cumple dos años de haber quedado viuda… ¡asesinaron a su esposo por extorsión! Y aquí todo sigue igual… #NuestraVozCuenta“: ChinitayChata (@rojitasrodas).

Papi volvía a media noche de hacer un trabajo hace 11 años. Se bajó del carro a discutir con alguien a seis cuadras de la casa. Cuando iba a subirse, le dispararon por la espalda a la cabeza. Esta es la hora en que no hay culpables. Faltó ser más canchitos #NuestraVozCuenta“: Jeanny Ivanna Chapeta (@JeannyChapeta).

“Por millones de familias guatemaltecas que viven situación de pobreza, viviendo en precariedad, en riesgo de caer al abismo del barranco, o ser sepultadas por la erupción de un volcán, sin agua potable o nutrición para sus hijos. #MásDerechosMenosPrivilegios #NuestraVozCuenta“: Diego Arana (@Diego_Arana).

“Por todas las veces que tuve que comprar insumos para atender pacientes como se lo merecen o las horas que pasé ventilando manualmente porque no hay ventiladores mecánicos en los hospitales. #NuestraVozCuenta“: Mariana Núñez (@mariannmed).

“17 de junio de 2003, afuera de nuestra casa asesinaron a mi tío, dos balazos en el cuello y uno en el corazón. El hecho quedó impune. Por el eco de su voz que guardo en mi memoria y corazón #NuestraVozCuenta“: Anderson (@Stua25).

“Por las víctimas del #VolcánDeFuego, #EstamosAquí!! #NoPodemosQuedarnosCallados #NoAlMoralazo #NuestraVozCuenta“: Antigua Al Rescate (@rescateantigua).

Sustituya San Luis Petén por San Juan Nonualco. Quetzales por dólares. Volcán de Fuego por terremoto de 2001. Hay tantas historias idénticas. Tantas voces que debemos recordar.

Porque el país lo (re)construimos entre todos. Entre las voces de todos. Entre los votos de todos. Los válidos, los nulos, los que se fueron en blanco y entre quienes no irán a votar. Entre todos. Lo que hagamos sí cuenta. #ProhibidoOlvidar.

#CienciaCiudadana [para mejorar el mundo]

¿Cuál sería para ustedes el problema más urgente de resolver en el mundo: corrupción, cambio climático, analfabetismo, desnutrición infantil, cáncer, diabetes, estrés? ¿Y qué pensarían si proponemos una búsqueda colectiva con apoyo en las tecnologías digitales para que curemos, poco a poco, algunos de estos males? ¿Han escuchado de la #CitizenScience o ‘ciencia ciudadana’?

Según Wikipedia, esta investigación se lleva a cabo entre científicos y no científicos de manera abierta y colaborativa. Así, la investigación se beneficia de la contribución de la ciudadanía tanto en lo intelectual como en los recursos, las experiencias o habilidades que se ponen a favor de los estudios. Pueden ser, indica la enciclopedia, contributivos, colaborativos o cocreados, según el nivel de involucramiento de la ciudadanía. ¿Les parece que veamos tres ejemplos?

Eres Ciencia, o un blog para hacer ciencia en familia, nos cuenta más sobre cómo el apoyo voluntario permite recopilar cantidades de datos que de otra manera serían imposibles. Dentro de sus grandes beneficios, resulta una manera más cercana, directa y participativa para divulgar resultados. Por otro, permite un aprendizaje de cómo funciona un proyecto científico: “Pueden implicarse en una investigación de verdad y aportar valor. Un gran número de cabezas pueden encontrar soluciones que a una sola le sería imposible. Y es que en muchas ocasiones ni la mejor tecnología del mundo es tan eficaz como cientos de personas trabajando juntas”. ¡Es la inteligencia colectiva en su máxima expresión! ¿Quieren clasificar galaxias, observar pingüinos o buscar jaguares en la selva panameña? Vayan a esta publicación, donde recopila varios proyectos: https://eresciencia.com/el-poder-de-la-ciencia-ciudadana/.

Si lo de ustedes tiene más que ver con mapas y medio ambiente, la segunda es una iniciativa global para mapear microplásticos: esta iniciativa colaborativa, liderada por Adventure Scientists, verifica datos enviados por voluntarios científicos que recogen masas de agua de cualquier parte del mundo. Luego, son analizados por científicos para ser publicados de manera abierta (‘open data’) para que sean utilizados en otras investigaciones. Ya para junio de este año, un análisis publicado con base en ello comprobó tres veces más microplásticos en el agua de lo que asumía la teoría. Puede ver más sobre ello con Antonio Sánchez en https://iambiente.es/2018/12/ciencia-ciudadana-contra-los-microplasticos/ o en la página de la iniciativa en https://www.adventurescientists.org/microplastics.html (donde ya hay un punto anaranjado sobre El Salvador y donde podríamos colocar más, si se animan).

La última sugerencia de hoy es para aplicar a un taller, el Interactivos’19, que se hará del 14 de febrero al 2 de marzo de 2019 en Madrid. En él se trabajarán ocho propuestas, elegidas entre las presentadas antes del 9 de enero: ¡aún hay casi tres semanas para revisar las bases y participar!

Personas o comunidades de cualquier parte del mundo para rediseñar un cambio creativo y radical de los modelos alimentarios, para reducir las probabilidades del colapso ambiental que anuncia la comunidad científica: “Invitamos a todas las personas, ya sean hackers, maestros, artistas, expertos en agroecología o profesionales de la agroindustria, diseñadores, productores, ecólogos, programadores, analistas de datos, aficionados, científicos ciudadanos, fanáticos de la tecnología, activistas, ingenieros”. Si quieren más información para participar, revisen este enlace: https://www.medialab-prado.es/convocatorias/interactivos19-convocatoria-de-proyectos.

¿Año nuevo, ciencia nueva? No, más bien, una manera que busca ser innovadora, más disruptiva, más democrática, más inclusiva. Sí es posible aprovechar las ventajas de estar en esta sociedad red, de sacarle el jugo a las páginas web y estas redes sociodigitales como Facebook o Twitter para que (más allá de que se queden con nuestros datos), nos articulemos para dar solución a nuestros problemas más inmediatos. Para que pensemos globalmente y actuemos localmente.

PD: Hoy se despide nuestro vecino ‘de al lado’ de estas columnas: aprovecho para darte gacias, Marlon Anzora, por tantas reflexiones compartidas en estos espacios. ¡Buen viento y buena mar para los caminos que emprendás siempre!

Los espacios para tejer redes

Las ciudades, los pueblos, “aquí” o como le llamemos a donde vivimos deberían darnos lo que necesitamos para una vida digna. Y el poder de participación e incidencia para alcanzar lo digno debería ser compartido entre todos: academia, público, privado y ciudadanía.

“Tenemos ciudades complejas y diversas (…) la ciudad es conflicto y hay un compromiso de dar voz a minorías invisibles. La participación tiene que servir para redistribuir poder”, dijo Gala Pin, concejala de participación y distritos de Ciutat Vella (Barcelona), durante #CiudadesDemocráticas18, donde expertos de varias partes del mundo reflexionaron esta semana sobre tecnología, participación ciudadana y urbanismo colaborativo, con lo que volvemos a la raíz de esta columna: las #RedesTecnopolíticas.

¿Para qué nos sirven los espacios digitales? En momentos de campañas electorales, deberían ser fuente de información y espacio de discusión para que haya un voto informado, y eso es clave para #ElSalvadorDecide. El resto del tiempo deben funcionar como espacios de formación ciudadana para aprender a fiscalizar más y mejor: ello requiere no solo de herramientas, como páginas o aplicaciones para ello, sino de una ciudadanía a la altura de ese resguardo de lo público.

Y eso es fundamental, porque “lo público ya no tiene que ver solo con lo estatal, así como la corrupción no es solo asunto de los corruptos sino también de quien los corrompe. La gobernanza es una responsabilidad compartida”, repetía esta semana Álvaro Ramírez-Alujas, en el Segundo #FestGobAbierto (Festival de Gobierno Abierto) de Guatecambia. En esta lógica de la responsabilidad compartida cabe preguntarnos con qué espacios para la fiscalización de lo público y para la participación ciudadana contamos en El Salvador.

¿Alguna candidatura para la presidencia está considerando una apuesta seria para ser gobierno abierto? ¿Alguna propuesta sobre infraestructura tecnológica que reduzca la brecha digital y abra espacios de discusión y alfabetización informativa?

Mientras tanto, nosotros, como ciudadanía, debemos seguir tejiendo redes para que luego pasemos a la acción (colectiva). Por eso ahora quiero compartirles sobre el Minga Lab, un “laboratorio de innovación en liderazgo y #construcciónpaz en el fortalecimiento de organizaciones de la red #Poder #Pacífico”, según reza su Twitter. Son 15 organizaciones colombianas lideradas por Manos Visibles, que aluden al “trabajo colectivo en bien de la comunidad” (porque eso es “la minga”), que buscan construir otra visión para sus comunidades al transformar las capacidades individuales en habilidades colectivas en pro del desarrollo social. Robótica para transformar el Chocó; la paz vista como líderes que se comprometen con sus tradiciones; un apoyo que repite #NoTenemosArmasTenemosDignidad. Son proyectos que ejercen el poder desde lo colectivo, la fuerza, la estructura y las redes. Sí, desde esas mismas redes que nosotros también debemos tejer en Centroamérica.

La clave está en fortalecer la participación y la innovación de la ciudadanía, es ponerla al centro: “Dejemos que la gente nos diga cuáles son los problemas y cuáles son las soluciones. El esfuerzo por democratizar el compromiso y la participación es muy emocionante, y es necesario institucionalizar estas prácticas”, nos pide Beth Noveck, directora de The Gov Lab, de Nueva York, en el encuentro de Ciudades Democráticas en el Viejo Continente. Nos toca a nosotros, como ciudadanía, ocupar las redes sociales y las redes sociodigitales para construir esos espacios en donde tejamos redes que, desde lo colectivo, nos permitan redistribuir el poder y ejercer una gobernanza compartida en nuestras polis o ciudades, nuestros pueblos, en nuestro aquí.

Los tuits que narran la caminata

Twitter es una red sociodigital de mensajes breves que pueden acompañarse con fotografías o emoticones. Son oraciones pequeñas, cortas y sintéticas, puesto que la extensión es de 280 caracteres. Para que se hagan una idea, es la extensión de este párrafo.

Ya deben haber visto que entre 2,000 y 6,000 personas han salido de Honduras e intentan cruzar los Estados Unidos Mexicanos para llegar a los Estados Unidos de Norteamérica. Es posible ver de esto en la televisión, escucharlo en la radio, leerlo en los periódicos. Algunos lo estamos siguiendo casi de manera exclusiva en Twitter. ¿Por qué? Su brevedad es como leer titulares de un periódico, con la posibilidad de que algunos se extienden a las notas, o en las respuestas que otras personas hacen a un tuit. Comparto para mí las tres grandes ventajas de esta red, aunque no es precisamente tecnopolítica (tecnología centrada en la gente y esta es una empresa con fines de lucro).

Una: agrupa mensajes a través de hashtags, esa etiqueta que inicia con el símbolo de numeral y que hace que todo lo que esté a continuación, sin espacios de por medio, se agrupe bajo él (a modo de “post it”) y lo resalta en el texto (a modo de comillas). Y entonces tenemos al menos uno, #CaravanaMigrante, muy informativo, pero lanza otras cuestiones al debate: ¿por qué no “refugiados”, o incluso por qué ocupar “caravana”?

Dos: permite contar historias a través de hilos, es decir, una secuencia de tuits que permite autorresponder una publicación y hacerla tan larga como sea necesario. Aplica para explicaciones de arte, astronomía, literatura y anécdotas personales, y en este caso ha habido algunos que valen mucho la pena.

Alberto Arce es un periodista que vivió varios años en Honduras y ha publicado en el Washington Examiner y ElDiario.es, además de un libro sobre la situación en nuestro país hermano. En Twitter ha estado compartiendo artículos para dar contexto, apoya que esto no es migración sino búsqueda de refugio, y uno de sus mejores hilos inicia así: “Voy a explicar cómo se difunde la desinformación sobre la caravana de Hondureños y cómo se discriminan fuentes y, con ellas, narrativas y debate a partir de un pequeño detalle de ayer. Como lo explicaría a mis estudiantes. Abro Hilo”: en veinte tuits, nos referencia a periodistas y medios que informan a partir de datos comprobables e interpretan contexto, por lo que son confiables para entender esta crisis humanitaria.

Tres: es un espacio público digital. Permite mayor diversidad de opiniones frente a lo que habitualmente se puede encontrar en los medios tradicionales. Sí, eso implica que podemos seguir cuentas falsas, o de personas reales (amigos, familia) que comparten información falsa, pero lo digital ha permitido que surjan medios de comunicación que dejan hablar a personas con otros puntos de vista. Y esto es fundamental para la democracia.

Así lo reflexionan José Manuel Sánchez Duarte y otros expertos en su artículo “El papel de las tecnologías cívicas en la redefinición de la esfera pública”. Permite la visibilidad de un Jorge Ramos, desde el lugar de los hechos, hasta del músico Jorge Drexler: “Yo no soy de aquí, / pero tú tampoco. // (En la #CaravanaMigrantes vamos todos)”, tuit en que enlaza a su canción “Movimiento”.

Así, mi apuesta es permitir que las redes sociodigitales nos narren, con nombres e historias, las razones de miles de personas para refugiarse en un país que no conocen. Porque en nuestro mundo urge la empatía, y esta también puede aprenderse. Porque #NingúnSerHumanoEsIlegal. (Sí, este último párrafo también puede ser un tuit).

#A50del68 #SíHuboGenocidio: #ElijanBien

Han pasado cincuenta años desde 1968. Desde el mayo de París, desde la Primavera de Praga, desde el movimiento estudiantil en México. En este medio siglo ciertas características de los movimientos sociales se han adaptado a lo que se ofrece en esta época de ‘modernidad líquida’, como la llama Zygmunt Bauman: a esa rapidez, a esa infraestructura tecnológica que posibilita que se escuchen más voces disidentes, a esa manera de convocar ahora a manifestarse y a esa manera de conmemorar lo que ocurrió hace medio siglo. Y dado que la humanidad busca siempre maneras de narrar la historia, vamos con tres ejemplos de esas narrativas de conmemoración, de solicitud, propias de las redes sociodigitales.

#A50del68: Una de las plataformas que más me ha impactado en las conmemoraciones mexicanas del movimiento estudiantil es el proyecto colaborativo entre la revista Proceso, Cencos, Cultura Colectiva News y el Centro Cultural Universitario Tlatelolco: https://a50del68.com/ La web simula ser un blog que cuenta “en tiempo real” lo que ocurrió desde julio de 1968, día a día, como si estuviera pasando hoy (y que en El Salvador solemos relacionarlo con la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre). A la izquierda, hay cinco portadas de revistas de aquellos años, y al centro van las entradas que publican (por ejemplo) El Jagger, que identifican como un perfil ficticio de un estudiante del Instituto Politécnico Nacional (IPN); o Javier Barros Sierra, rector de la UNAM; o Marcelino García Barragán, entonces secretario de la Defensa Nacional, o un boletín del Consejo Nacional de Huelga (CNH). En la parte derecha de la página, comparten fotografías y textos de lo que están publicando en Instagram (@A50DEL68), Facebook (A 50 del 68) y Twitter (@a50del68).

#SíHuboGenocidio: En Guatemala, el pasado miércoles 26 el Tribunal B de Mayor Riesgo declaró por unanimidad que el Ejército cometió los delitos de genocidio y delitos de deberes de la humanidad contra la población ixil durante el mandato de Efraín Ríos Montt. No me detendré en detalles (recomiendo leer para ello a Plaza Pública), sino que quiero hacer hincapié en cómo esta discusión ha circulado desde el 2013 en las redes sociodigitales: «#SíHuboGenocidio y no es solo un ‘hashtag’. Dos tribunales distintos lo han acreditado», dice @_tokedeMagdala. Según me contaba Gabriela Carrera, politóloga guatemalteca, desde el primer juicio sobre este genocidio fueron aprendiendo a convocarse en Twitter con este hashtag para posicionarlo como una tendencia nacional y para ir aprendiendo a sentirse parte de un colectivo que debatía sobre este hecho histórico desde el espacio público digital. También planteaba que posiblemente ese momento había ayudado a que comprendieran el uso de estas redes para convocar a manifestaciones en lo virtual y en lo físico, clave en el movimiento contra la corrupción que ha habido desde el 2015 en nuestro vecino país.

#ElijanBien: Y en El Salvador también hay etiquetas que convocan a acciones digitales o a acciones en la calle. Traigo a colación esta, que es un llamado a que la Asamblea Legislativa nombre a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia: llevamos ya 77 días sin magistrados, y esta urgencia en las redes ya llevó a que se coloquen pancartas o se hagan protestas en diversos puntos de San Salvador pidiendo tanto buenos magistrados como agilidad (y que no responda a cuotas de poder partidario) en dicha elección.

Y es que los hashtags sí pueden servir para interpelarnos entre nosotros y para motivarnos a ser parte de una petición más grande, de una conmemoración histórica, de un movimiento. Dicen que un par de diputados rechazaron el viaje a Roma para la canonización de Monseñor Romero, pagado con nuestros impuestos, debido al ruido que se generó en estas redes sociodigitales. Esa es la función de megáfono que vuelve valiosa esta infraestructura tecnológica y que requiere que busquemos más plataformas que sean tecnologías cívicas, que funcionen como #RedesTecnoPolíticas: que la ciudadanía pueda expresarse, pedir, exigir y trabajar junta por la justicia.

Un laboratorio para probar a ‘hacer’ ciudadanía

“Estamos aquí para construir las herramientas para que mande la gente”, dice Pablo Soto, concejal de Participación Ciudadana, Transparencia y #GobiernoAbierto en el Ayuntamiento de Madrid, en un video de Open Government Partnership sobre cómo la ciudadanía se une en línea para organizarse por un cambio legislativo. Con esto volvemos al punto de esta columna: las redes sociodigitales, las tecnologías digitales deberían estar en función de la gente, sin tampoco verlas como herramientas mágicas de democratización, como dice el teórico Christian Fuchs.

Sé que nos falta camino como país, pero debemos seguir dando pasos. Por eso, ahora quiero presentarles una de las ideas que más he atesorado en este año y medio. En marzo de 2017, con mi mejor amiga de la maestría haríamos una estancia de investigación en la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, y ella aterrizó primero.

De pronto, un día cualquiera, me ‘whatsapeó’ para decirme que había un lugar cerca del Museo del Prado, que no era de la universidad, pero donde se daban las clases de un máster a las que podíamos unirnos sobre ciudadanía digital y esfera pública digital, además de talleres y conferencias (y encima hacer tesis; en resumen, el paraíso).

Y pues, en mi infinita buena fortuna, el primer día en que puse mi computadora en ese lugar había una conferencia de Bernardo Gutiérrez, uno de los autores que estudié para mi marco teórico para presentar “El cóctel: encuentro de narrativas de la participación”, una combinación de ‘storytelling’ para lo político, porque “juntas y juntos pensamos mejor la ciudad que por separado”. Más perfecto, imposible.

Y entonces el Medialab-Prado, plataforma del Ayuntamiento de Madrid, tomó forma y rostro. Pero en año y medio nunca he logrado terminar de describir qué es un laboratorio ciudadano cuando le cuento a alguien que quiero ‘armar’ uno en Guatemala o El Salvador.

Claro, este laboratorio no tiene probetas, ni elementos químicos, ni requiere de una bata (gris o blanca) para entrar… aquí lo que se pone a prueba, lo que se construye (colectivamente) son proyectos que permitan “configurar, alterar y modificar los procesos de investigación y producción” a través de “la colaboración de personas con distintos perfiles (artístico, científico y técnico)”, como indican en su página de Facebook. Y sin embargo, cada vez va tomando más forma. Más claridad. Pero, sobre todo, voy tomando referentes.

En Colombia, por ejemplo, está el Laboratorio de Innovación para la Paz, en la Universidad Nacional de Colombia.

ste espacio colaborativo facilita herramientas, habilidades y tecnologías que incidan en resolución de conflictos o desafíos que se viven en las comunidades para construir paz en el posconflicto, a través de prácticas de reconciliación entre comunidades vulnerables y búsqueda de desarrollo sustentable. Este proyecto, que apenas va en su primer año, es parte del Programa DIA, Democratizando la Innovación de las Américas, iniciativa de The Thrust for the Americas y la Organización de Estados Americanos (OEA) junto al CAF-Banco de Desarrollo de América Latina.

¿Cuánto bien nos haría esto en El Salvador?

Y una más. Este próximo octubre se hará el #LABiCAR, Laboratorio de Innovación Ciudadana, en Rosario, Argentina. Más de 10 días para colaborar en propuestas de género, derechos humanos, medio ambiente, discapacidad, participación ciudadana y demás: a pura inteligencia colectiva, diría Pierre Levy, se apuntalan proyectos para dar forma desde el conocimiento específico que cada quien tiene pero de manera colaborativa, cooperativa.

Entonces, si el otro año #ElSalvadorDecide quiénes estarán en la Presidencia, estos proyectos deberían estar en práctica en más niveles de los que tenemos actualmente. Ejercer nuestra ciudadanía con la ayuda de las herramientas tecnológicas, de estos espacios de colaboración, es un camino largo. ¿Qué dicen, probamos a ‘hacer’ ciudadanías, a (re)construir herramientas para que mande la gente?

Nuevas maneras de cartografiar

Un mapa es una manera de fijar o de recrear un territorio. Es una herramienta para visualizar datos, información específica sobre un tema puntual: ríos majestuosos, soberbios volcanes, apacibles lagos… cualquier accidente geográfico de los que habla nuestra oración a la bandera, sin duda; pero también hay otras narrativas en estos instrumentos, como el Mapa de Pobreza Urbana y Exclusión Social de El Salvador, hecho en conjunto por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Pero ¿cuáles son las posibilidades que nos ofrece internet? ¿Qué podemos ‘ver’ ahora con el apoyo de las tecnologías digitales? Vamos con tres ejemplos o ideas que podrían ser adaptadas y expandidas.

La primera es “Ayotzinapa, una cartografía de la violencia”. En un número de la Revista de la Universidad de México, vi sobre la plataforma desarrollada con herramientas de software libre por parte de la Forensic Architecture de la Universidad de Londres para visualizar los eventos ocurridos en septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. Y es que buscan maneras de expandir el lenguaje cartográfico mientras sintetizan grandes cantidades de información, gracias a lo que permiten las tecnologías digitales al recrear modelos tridimensionales, animaciones y aplicaciones interactivas: “El mapa de Ayotzinapa incorpora datos públicos (informes independientes, notas periodísticas y videos) en una base de datos y los ubica en el tiempo y el espacio”. (Pueden ver más aquí: https://www.forensic-architecture.org/case/ayotzinapa/).

La segunda es para lograr una “Emancipación colaborativa”. En ese mismo número de la revista, GeoComunes cuenta su experiencia de cartografiar bienes comunes, de manera que se visualice cómo la expansión de proyectos de infraestructura mercantiliza estos bienes. Este colectivo acompaña la defensa de bienes comunes al elaborar mapas que permitan analizar y difundir la lucha de otras organizaciones colectivas, como pueblos, comunidades o barrios. Con estrategias de alfabetización informativa, no se limitan a recoger y generar mapas, sino que preparan diversos materiales que son entregados a las comunidades, a la vez que hacen talleres en estas de manera que aprendan a manejar la plataforma digital y a elaborar capas y mapas a través de las herramientas de software libre que utilizan. ¿Y por qué lo de emanciparse colaborativamente, como titulan su artículo en la revista? Porque creen que es esta construcción comunitaria de la información que, cruzado con el análisis territorial, lo que puede crear “una defensa efectiva contra la apropiación privada de los bienes comunes”. (Pueden ver más aquí: http://geocomunes.org/).

Y la tercera es la Memoria Virtual Guatemala. Memoria histórica y derechos humanos son el marco del trabajo de un grupo de instituciones y organizaciones que se sintetizan en la Ruta de la Memoria Ciudad de Guatemala, Ruta de la Memoria de San Cristóbal Verapaz, el Mapa de Exhumaciones, el Mapa de Exhumaciones e Inhumaciones, y el Mapeo de la Memoria. Y es este último el que me parece imprescindible para seguir poniendo sobre la mesa (digital) una manera de reconocer, de recordar a las víctimas de un conflicto armado como el que sufrió Guatemala, o como el que vivimos en El Salvador. Se han georreferenciado los lugares en que ocurrió algo, en que hay un memorial, en que hay un monumento, y al ser un ejercicio de memoria colectiva, es posible enviar fotos, audios, videos o textos. (Pueden ver más aquí: http://mapeo.memorialparalaconcordia.org/).

“No está puesto en ningún mapa, los lugares verdaderos nunca lo están”: es la cita de Herman Melville que inicia la revista mencionada. Y ese es el punto: ¿qué lugares, qué personas queremos mostrar para reconciliar El Salvador?

Editatones para Wikipedia

¿Cuántas veces (al día, a la semana, al mes) has usado Wikipedia? ¿Qué te parecen sus contenidos? ¿Has pensado alguna vez sobre la cantidad de biografías que hay o en qué idioma es más utilizada? Para acercarnos a esto, lo primero, urgente, es desterrar cualquier resquicio de desconfianza que tengamos hacia ella: hay todo un equipo de personas que cumple con una metodología de trabajo para garantizar que lo que leamos es verificable. Segundo, y en esto nos detendremos más, vamos a hablar sobre estadísticas de artículos publicados.

En Wikimedia Argentina notaron que el 8.8 % de biografías en Wikipedia en español son de mujeres científicas, frente al 91.2 % de biografías de hombres científicos. Así que, para visibilizar el trabajo científico hecho por mujeres, Wikimedia Argentina ya tuvo dos editatones para pulir el contenido de la enciclopedia (son jornadas en las que se explica cómo es posible subir información a Wikipedia y se hacen algunos ejercicios sobre ello). También saben que hay únicamente 33 perfiles de jugadoras argentinas de fútbol, mientras que de jugadores hay 5,343.

Un poco desequilibrado, ¿no? Para eso crearon el proyecto Equilibra la Cancha, que junto a RED/ACCIÓN y Economía Femini(s)ta, busca recolectar datos biográficos sobre jugadoras, entrenadoras, réferis y otras profesionales del fútbol para que luego puedan ser editados sus perfiles en una jornada especial para la enciclopedia. Esto forma parte del Mundial de la Igualdad que, con el pretexto de la copa del mundo, ha contado en directo estadísticas relevantes en cuanto a calidad de vida, educación y otros aspectos sociales de los países que están en la cancha en Rusia. Para este proyecto, algunos salvadoreños nos hemos apuntado para hacer lo mismo, y @wikimedia_ar nos ha ofrecido su ayuda: ¿alguien se nos une?

También el Museo de la Memoria de Chile cuenta que el 84 % de los artículos de Wikipedia se refieren a Europa o Norteamérica, por lo que organizaron hace una semana su editatón sobre memoria y derechos humanos, bajo el lema “Construyendo memoria en territorios digitales”. Se han centrado en cómo crear, mejorar y actualizar el contenido que se refiere a violaciones a los derechos humanos en Latinoamérica: y sí, la buena nueva es que El Salvador también está en el mapa de Wikimedia Argentina para ampliar esta información de nuestro país.

Y tercero, creemos que Wikipedia es una enciclopedia confiable y una plataforma indispensable para ejercer la inteligencia colectiva, por eso en esta columna apoyamos el #WikipediaSeApaga: durante 36 horas de esta semana, varias ediciones de ella (incluida la de español) mantuvieron un ‘apagón’. Con este se solicitaba a la ciudadanía que exigiera al Parlamento Europeo que reconsidere cierta legislación que implicaba, entre otras cuestiones, que toda información que circula en internet debía pagar derechos de autor, lo que haría insostenible este proyecto. La fortaleza de internet reside en difundir información, mientras se respeta y cita a las fuentes de donde se obtiene (en lo que Wikipedia es muy cuidadosa).

Paola Ricaurte-Quijano y Arianna Carli-Álvarez hicieron un estudio sobre el Proyecto Wikilearning y pudieron comprobar que Wikipedia sí puede ser utilizada en un entorno de aprendizaje abierto. Y es que, como dicen estas investigadoras, debemos recuperar el valor de la gestión compartida del conocimiento, y valorar que el comprender cómo funciona esta enciclopedia acorta la brecha que hay sobre el conocimiento, además de facilitar redes globales de aprendizaje. Así que, ¿cuándo comenzamos a editar?

Por otros 10 años de narración, datos y periodismo

Séptimo Sentido cumple 10 años de andar por las calles. De hacer siete preguntas y de escuchar historias. De juntar cartas en su buzón. Por ello, quería desearles de cumpleaños que se aventuren cada vez más por el periodismo de datos. Que se den el chance de soñar en grande sobre cómo las tecnologías digitales pueden apoyar la difusión de “las historias bien narradas”.
Frente a la idea de que estamos en la era de los big data, en donde en principio podemos acceder a cantidades inmensas de datos que son difíciles de procesar, una de las mejores preguntas que he visto pasar es si el activismo de datos es una manera para estudiar la relación política que la gente tiene con los big data. Stefania Milan y Miren Gutiérrez, investigadoras y comunicadoras de datos, dijeron en 2015 que el periodismo debe estar a la vanguardia de la “revolución de los datos”, puesto que una de las cuestiones fundamentales de esta profesión es visibilizar información y (sobre todo) el hacerla accesible, entendible, a quienes se acerquen a ella.

Tener acceso a cierta información se vuelve equivalente a tener poder, señalan ambas autoras. Me atrevo a decir que tenemos poder en dos acepciones, la primera obviamente relacionada al sustantivo que se refiere al dominio que puede ejercerse sobre una acción o sobre un grupo de personas, pero la segunda sería al verbo que implica la habilidad de decidir, de elegir con base en lo que conozco y creo que es real. Y ninguna de ellas es menor, mucho menos en tiempos en que toma posesión la nueva Asamblea Legislativa o cuando ya inició la carrera para alcanzar la presidencia del país.

En este sentido, la función del periodismo evoluciona hacia la recolección de los datos (ojalá de una gran cantidad de estos) y el cuido que puedan darles hasta asegurarse que están maduros, que podrán ser “molidos” para producir el mejor artículo o reportaje del mundo. Esto es el cuido de la cadena de producción que permitirá tener información útil, que trasciende, que transforma, que nos indigna y nos conmueve hasta alcanzar que hagamos algo al respecto. Urge que prioricemos la habilidad de explicar lo que ocurre, lo que esos números o respuestas o salarios que se han recolectado pueden decirnos sobre nuestra realidad inmediata. Milan y Gutiérrez, por su parte, enfatizan en que el periodismo de investigación que se cruce con los big data se vuelve periodismo de datos; mientras el activismo cruzado con prácticas y valores periodísticos es periodismo de campaña, a la vez que la unión de ambos genera el periodismo de datos de campaña, donde se mezcla además la ética del cambio social. Y es por eso que cabe perfectamente en la reflexión de las #RedesTecnoPolíticas: las tecnologías construidas alrededor del ciudadano requieren de periodistas dispuestos a interpretar, a resolver con ética los dilemas de privacidad y de sentido a los que nos enfrentamos.

Así, en su décimo cumpleaños, le deseo a Séptimo Sentido que cada domingo experimente más, para que esa reflexión ético-periodística nos lleve a elevar la discusión política en los distintos círculos que nos movemos. Que prueben con más tecnologías digitales al servicio de la narración de historias (salvadoreñas, centroamericanas). ¡Que sean muchos muchos datos más!