La ciudadanía digital

Julian Assange, fundador de WikiLeaks, fue detenido el jueves 11 de abril por la mañana. Katie Bouman, informática, ha liderado un equipo que trabajó varios años para que desde el miércoles 10 tengamos una foto única de un agujero negro. Estas dos noticias son algunas de las más impactantes de la semana. O quizás, al menos, sean de las más útiles para pensar en qué es o qué debería ser la ciudadanía digital.

La condición de ciudadanía debería estar asociada a la pertenencia a una comunidad, a un territorio geográfico, y a los derechos y deberes que nos corresponden según esa pertenencia. ¿Entonces por qué podremos apostar por una ciudadanía desde ese ‘territorio’ que en realidad no tiene tierras?

Una de las definiciones posibles la dan Alejandro Natal, Mónica Benítez y Gladis Ortiz, que la asocian con las prácticas políticas y ciudadanas que se ejercen a través de las tecnologías digitales para incidir en instituciones. Y bueno, también se refieren al uso de estas por grupos o movimientos para difundir ideas o retar a algunos sistemas sociopolíticos. O cómo los artistas crean nuevas estéticas en las relaciones con los entornos.

Quizás sea aventurado relacionar estas ideas con Assange y Bouman. Ojalá que no. Verán, WikiLeaks “es una organización mediática internacional sin ánimo de lucro, que publica a través de su sitio web informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia de interés público, preservando el anonimato de sus fuentes” (según nos dice Wikipedia), por lo que aplica a las prácticas ciudadanas que usan tecnologías digitales para retar sistemas sociopolíticos. Es decir, filtra información a través de la web como una manera de denuncia. ¿Voy bien, no? Assange y WikiLeaks son ejemplo de ciudadanía digital.

Con Bouman quizás es más aventurado. Pero creo firmemente que aquí hay un uso de la ciencia para crear arte. Ocho telescopios, más de 200 investigadores y 13 institutos crearon una imagen que nos acerca al estudio de los agujeros negros. Es la pura inteligencia colectiva: la cocreación, la participación, el poner nuestros saberes al común para utilizar la tecnología digital en favor del conocimiento.

Creo, además, que decenas de personas han hecho en estos días otro trabajo importantísimo de ciudadanía digital: han asumido los derechos humanos ante el conocimiento. Nos acercan a él a través de sus blogs personales, de sus publicaciones en redes sociales para explicarnos los riesgos o la magia de cada caso. O a través de las actualizaciones en Wikipedia, que implican, justamente, la libertad y responsabilidad de crear un espacio de discusión responsable, de aprendizaje colectivo.

Ahora muchos hemos podido ver “de cerca” un agujero negro, cuya gravedad no deja escapar ni la luz. [Dato curioso: la imagen ‘pesa’ 5 petabytes de datos; o sea, 5 millones de gigabytes. ¿Cuánto es? Una foto que enviamos en WhatsApp puede pesar 130 kilobytes (KB), y 1,024 KB hacen 1 megabyte (MB), y 1,024 MB hacen apenas 1 gigabyte… ] ¿No les parece que Bouman y los investigadores nos han modificado las estéticas con las que vamos a ir descubriendo más de nuestros entornos inmediatos y del universo? Sí, es aventurado pensarlo como un ejercicio de ciudadanía digital, pero creo que cada voto en un presupuesto participativo, cada documento filtrado, cada foto de un agujero negro, cada artículo de Wikipedia que nos acerca al conocimiento de lo que ocurre en el mundo cuenta. ¿Y ustedes, qué creen?

¿Vamos por un #GobiernoAbierto?

Hoy, domingo 17 de marzo, cierra la semana del #GobiernoAbierto en el mundo: durante estos siete días ha habido actividades en distintos países para que sigamos repensando la transparencia, la rendición de cuentas, la participación ciudadana (colaboración y cocreación) y la innovación tecnológica, los cuatro pilares de esta manera de gobernar. (Pueden rastrearlo a través de #OpenGovWeek en Twitter, Instagram o Facebook, aunque en esta última busquen en los filtros de búsqueda del lado izquierdo que la fecha de publicación sea 2019).

El Salvador es uno de los 14 países latinoamericanos que conforman la Alianza para el Gobierno Abierto, que en total son 68 países en el mundo. ¿Pero qué significa esta alianza? Es una iniciativa voluntaria que ofrece una plataforma internacional para apoyar reformas locales que impulsen la rendición de cuentas, apertura en los gobiernos y una mayor capacidad de respuesta a la contraloría ciudadana. Nosotros entramos en la “tercera ola”, en 2012, al igual que Guatemala, Honduras, Chile y otros; además, participamos del Programa Interamericano de Facilitadores Judiciales de la Organización de Estados Americanos (OEA), junto a Guatemala de nuevo, Argentina y Colombia, entre otros.

Este viernes, por ejemplo, Chile presentó el Cuarto Plan de Acción de Gobierno Abierto, así como un portal dedicado exclusivamente a esto. Dentro del plan, por ejemplo, la Defensoría Penal Pública (DPP) asumió el liderazgo de una #JusticiaAbiertaDPP a partir de cinco compromisos: una mesa de coordinación institucional para una justicia abierta, más datos abiertos, un lenguaje claro, más atención a usuarios y ser parte de la política de gobierno abierto.

Y allá, en esos confines del mundo, anda Álvaro Ramírez-Alujas (@RamirezAlujas) para contarnos siempre y desde cualquier plataforma de la importancia de estas prácticas para fortalecer lo colectivo. De hecho, este #OpenGovJedi, junto a Alejandra Naser (@AlejandraNaser) y Daniela Rosales (@danitar83), nos plantea la idea más bien hacia un Estado abierto, donde la premisa fundamental de la cocreación es “nada sobre nosotros sin nosotros”. Ellos tres, en la presentación del documento “Desde el gobierno abierto al Estado abierto en América Latina y el Caribe”, hablan de promover “la creación de espacios de encuentro y diálogo que favorezcan el protagonismo, el involucramiento y la deliberación de los ciudadanos en los asuntos públicos”.

Y es que solíamos asociarlo únicamente al Órgano Ejecutivo, por lo que ahora (al menos en algunos países, como Chile) se va nombrando como Estado abierto: deben de ser los tres poderes y sus diferentes instancias las que se unan en esta tarea. Para ello, es muy importante recordar que los cuatro actores de estas prácticas son el Gobierno, la ciudadanía, la empresa privada y la academia. Es decir, es una responsabilidad colectiva. O sea, entre todos. Nadie se escapa a esto. Y obviamente las tecnologías digitales, las tecnologías cívicas son fundamentales para lograr mayor participación, mayor contraloría y mayor incidencia en las políticas públicas de cada país. De este lado del continente, nuestros compromisos como El Salvador en el Plan de Gobierno Abierto son cinco, divididos por cuatro áreas de trabajo. Son la ciudadanización de las finanzas públicas (transparencia fiscal); procedimiento para participación ciudadana en consultas públicas para el MARN (participación en medio ambiente); anteproyecto de ley de no discriminación más rescate de memoria histórica (derechos humanos), y propuesta para un anteproyecto de ley de rendición de cuentas (fiscalidad integral). ¿Avances? Podemos revisarlos en http://alianza.gobiernoabierto.gob.sv/2018-2020/aga_challenges Datos abiertos, hackatones, gobiernos locales abiertos, herramientas y aplicaciones de fiscalización cívica. Hay mucho por hacer. ¿Qué dicen? ¿Vamos (juntos y cocreando herramientas) por un #ElSalvadorAbierto?

#CiutatiCiencia

Ciudad y Ciencia es el nombre de la bienal de Barcelona que durante cinco días acercó la investigación científica a la gente de a pie. Desde el jueves 7 de febrero, más de 70 actividades con 138 especialistas se llevaron a cabo “para orientar la mirada al futuro, a los retos a que nos enfrentamos y para participar del pensamiento científico”, según se narra en su página web.

Conferencias sobre la tabla periódica como referente cultural; diálogos sobre si más inteligencia artificial es menos inteligencia humana; talleres sobre mujeres, género y ciencia; exposiciones de fotografía para explicar la ciencia; instalaciones de arte y ciencia (que mezclan teatro, música y cine)… ¿Se imaginan hablar de la ciudad como un ente vivo, desde la arquitectura viva? Así se diseñan soluciones sostenibles de manera natural al trabajar de forma multidisciplinaria desde las tecnologías avanzadas en la biología sintética, ingeniería de sistemas vivos y química inteligente.

Reflexionar sobre la nanociencia y la salud fue posible en esta conferencia en que se discutió sobre nanoterapia (o liberación controlada de ciertos fármacos), nanomedicina regenerativa o nanorobótica. O sobre la nanomedicina del futuro, porque dicen que “la nanobioingeniería es la medicina del futuro”, y en este taller se experimentó en el diseño de fármacos o medicinas.

Ya no digamos organizar una hackatón de ciencia ciudadana, que ya en aquellos lares es una temática relevante en lo científico, lo social y lo político. El Liquen Data Lab estuvo al frente de este espacio para hackear el formato de una simulación parlamentaria desde los principios del ‘design justice’, que busca “asegurar una distribución más equitativa de los beneficios y las cargas que conllevan los procesos de diseño, una participación justa y significativa, y el reconocimiento de las tradiciones en cuanto al diseño, conocimiento y prácticas de las comunidades implicadas”, según se indica en el dosier de materiales didácticos del evento.

Dentro de lo que se busca es un diseño centrado en el usuario, en las comunidades que recibirían lo que se está creando, para lo que retoman también prácticas tradicionales o indígenas. Por ello, lo que se busca con actividades como esta es generar políticas públicas que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía y de las diversas comunidades que se forman.

Esta bienal cerró el 11 de febrero, cuando se conmemoró por tercera vez el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La celebración busca visibilizar la labor de las científicas en diversas áreas para contribuir a que las más pequeñas tomen conciencia de labores que quizás aún no imaginan y que podrían ser su vocación profesional.

En Barcelona, como parte de las actividades que se programaron está 100tíficas a 100 escuelas de Cataluña, donde más de cien mujeres científicas y tecnológicas hicieron charlas simultáneas en sendos centros educativos en favor de las vocaciones científico-técnicas. La conferencia inaugural fue hecha por Ada Yonath, la doctora en cristalografía de rayos X, que hace 10 años ganó el Premio Nobel de Química.

Mujeres. Ciencia. Ciudades. Ciencia. Nanotecnología. Ciencia. Hackatones. Ciencia. #InteligenciaColectiva. Ciencia. ¿A cuánto estamos de que en El Salvador y en Centroamérica tengamos estos espacios de discusión y de celebración de todo lo que hemos alcanzado, pero sobre todo de lo que podemos alcanzar si trabajamos juntos?

#NuestraVozCuenta

En El Salvador, estamos a dos semanas exactas de elegir al nuevo presidente de la república para los siguientes cinco años. Sí, ese #3F #ElSalvadorDecide entre cuatro fórmulas a quién le vamos a dar nuestro voto de confianza para evitar más #CaravanaDeMigrantes. A quién le vamos a exigir que, como Estado, proteja a nuestras niñas y a nosotras como mujeres y nos haga #JusticiaParaCarlaAyala, para tantas Imeldas Cortez, tantas Karlas Turcios, tantas Rosas Marías Bonilla.

Porque este domingo 3 de febrero yo, además de lo que han dicho en sus ‘hashtags’, digo en sus campañas, quiero exigir transparencia en el trabajo del Gobierno, integridad, honestidad, visión estratégica. Apuestas por salud y educación. Que tengan claro que el país lo construiremos entre todos y que ni los votos válidos implican que no se los cuestionaremos ni los nulos implica que no nos importa. Y luego entre todos los que se apunten ocuparemos las #RedesTecnoPolíticas para hacer la #ContraloríaCiudadana más precisa que se ha hecho hasta ahora.

Y por eso ahora esta columna cuenta sobre el ‘hashtag’ que ha estado en Guatemala como tendencia nacional (‘trending topic’) las 24 horas del 9 y del 10 de enero, además de otras horas el 8 y el 11, el 12 (marcha de los artistas), y aún el día 13. #NuestraVozCuenta ha estado moviéndose en Instagram, Facebook y Twitter para denunciar la violencia que no ha recibido ni apoyo ni justicia por parte del Estado, en una suerte de catarsis colectiva para protestar por la actitud del gobierno de Jimmy Morales al querer sacar a la CICIG de Guatemala. Hay cientos de minihistorias fuertes, demasiado cotidianas.

“Por los niños lustradores que no tienen oportunidad de estudiar #NuestraVozCuenta“: Carlos López A. (@cglalburez).

“Hablo por Sandra, niña q’eqchi’ de San Luis Petén que no pudo seguir estudiando el básico, ya que su familia no contaba con 10 quetzales mensuales para pagar sus estudios. #NuestraVozCuenta“: Sofía (@sofspereira).

“Trabajo como docente, sin embargo, lo que gano no se llama salario. En las escuelas rurales hay precariedad, delincuencia, asesinatos y las carreteras están pésimas, debemos trabajar un año ad honorem para conseguir un contrato. #NuestraVozCuenta“: Ronaldo Ramos (@ronaldo_pixel).

“Mi hermana cumple dos años de haber quedado viuda… ¡asesinaron a su esposo por extorsión! Y aquí todo sigue igual… #NuestraVozCuenta“: ChinitayChata (@rojitasrodas).

Papi volvía a media noche de hacer un trabajo hace 11 años. Se bajó del carro a discutir con alguien a seis cuadras de la casa. Cuando iba a subirse, le dispararon por la espalda a la cabeza. Esta es la hora en que no hay culpables. Faltó ser más canchitos #NuestraVozCuenta“: Jeanny Ivanna Chapeta (@JeannyChapeta).

“Por millones de familias guatemaltecas que viven situación de pobreza, viviendo en precariedad, en riesgo de caer al abismo del barranco, o ser sepultadas por la erupción de un volcán, sin agua potable o nutrición para sus hijos. #MásDerechosMenosPrivilegios #NuestraVozCuenta“: Diego Arana (@Diego_Arana).

“Por todas las veces que tuve que comprar insumos para atender pacientes como se lo merecen o las horas que pasé ventilando manualmente porque no hay ventiladores mecánicos en los hospitales. #NuestraVozCuenta“: Mariana Núñez (@mariannmed).

“17 de junio de 2003, afuera de nuestra casa asesinaron a mi tío, dos balazos en el cuello y uno en el corazón. El hecho quedó impune. Por el eco de su voz que guardo en mi memoria y corazón #NuestraVozCuenta“: Anderson (@Stua25).

“Por las víctimas del #VolcánDeFuego, #EstamosAquí!! #NoPodemosQuedarnosCallados #NoAlMoralazo #NuestraVozCuenta“: Antigua Al Rescate (@rescateantigua).

Sustituya San Luis Petén por San Juan Nonualco. Quetzales por dólares. Volcán de Fuego por terremoto de 2001. Hay tantas historias idénticas. Tantas voces que debemos recordar.

Porque el país lo (re)construimos entre todos. Entre las voces de todos. Entre los votos de todos. Los válidos, los nulos, los que se fueron en blanco y entre quienes no irán a votar. Entre todos. Lo que hagamos sí cuenta. #ProhibidoOlvidar.

#CienciaCiudadana [para mejorar el mundo]

¿Cuál sería para ustedes el problema más urgente de resolver en el mundo: corrupción, cambio climático, analfabetismo, desnutrición infantil, cáncer, diabetes, estrés? ¿Y qué pensarían si proponemos una búsqueda colectiva con apoyo en las tecnologías digitales para que curemos, poco a poco, algunos de estos males? ¿Han escuchado de la #CitizenScience o ‘ciencia ciudadana’?

Según Wikipedia, esta investigación se lleva a cabo entre científicos y no científicos de manera abierta y colaborativa. Así, la investigación se beneficia de la contribución de la ciudadanía tanto en lo intelectual como en los recursos, las experiencias o habilidades que se ponen a favor de los estudios. Pueden ser, indica la enciclopedia, contributivos, colaborativos o cocreados, según el nivel de involucramiento de la ciudadanía. ¿Les parece que veamos tres ejemplos?

Eres Ciencia, o un blog para hacer ciencia en familia, nos cuenta más sobre cómo el apoyo voluntario permite recopilar cantidades de datos que de otra manera serían imposibles. Dentro de sus grandes beneficios, resulta una manera más cercana, directa y participativa para divulgar resultados. Por otro, permite un aprendizaje de cómo funciona un proyecto científico: “Pueden implicarse en una investigación de verdad y aportar valor. Un gran número de cabezas pueden encontrar soluciones que a una sola le sería imposible. Y es que en muchas ocasiones ni la mejor tecnología del mundo es tan eficaz como cientos de personas trabajando juntas”. ¡Es la inteligencia colectiva en su máxima expresión! ¿Quieren clasificar galaxias, observar pingüinos o buscar jaguares en la selva panameña? Vayan a esta publicación, donde recopila varios proyectos: https://eresciencia.com/el-poder-de-la-ciencia-ciudadana/.

Si lo de ustedes tiene más que ver con mapas y medio ambiente, la segunda es una iniciativa global para mapear microplásticos: esta iniciativa colaborativa, liderada por Adventure Scientists, verifica datos enviados por voluntarios científicos que recogen masas de agua de cualquier parte del mundo. Luego, son analizados por científicos para ser publicados de manera abierta (‘open data’) para que sean utilizados en otras investigaciones. Ya para junio de este año, un análisis publicado con base en ello comprobó tres veces más microplásticos en el agua de lo que asumía la teoría. Puede ver más sobre ello con Antonio Sánchez en https://iambiente.es/2018/12/ciencia-ciudadana-contra-los-microplasticos/ o en la página de la iniciativa en https://www.adventurescientists.org/microplastics.html (donde ya hay un punto anaranjado sobre El Salvador y donde podríamos colocar más, si se animan).

La última sugerencia de hoy es para aplicar a un taller, el Interactivos’19, que se hará del 14 de febrero al 2 de marzo de 2019 en Madrid. En él se trabajarán ocho propuestas, elegidas entre las presentadas antes del 9 de enero: ¡aún hay casi tres semanas para revisar las bases y participar!

Personas o comunidades de cualquier parte del mundo para rediseñar un cambio creativo y radical de los modelos alimentarios, para reducir las probabilidades del colapso ambiental que anuncia la comunidad científica: “Invitamos a todas las personas, ya sean hackers, maestros, artistas, expertos en agroecología o profesionales de la agroindustria, diseñadores, productores, ecólogos, programadores, analistas de datos, aficionados, científicos ciudadanos, fanáticos de la tecnología, activistas, ingenieros”. Si quieren más información para participar, revisen este enlace: https://www.medialab-prado.es/convocatorias/interactivos19-convocatoria-de-proyectos.

¿Año nuevo, ciencia nueva? No, más bien, una manera que busca ser innovadora, más disruptiva, más democrática, más inclusiva. Sí es posible aprovechar las ventajas de estar en esta sociedad red, de sacarle el jugo a las páginas web y estas redes sociodigitales como Facebook o Twitter para que (más allá de que se queden con nuestros datos), nos articulemos para dar solución a nuestros problemas más inmediatos. Para que pensemos globalmente y actuemos localmente.

PD: Hoy se despide nuestro vecino ‘de al lado’ de estas columnas: aprovecho para darte gacias, Marlon Anzora, por tantas reflexiones compartidas en estos espacios. ¡Buen viento y buena mar para los caminos que emprendás siempre!

Los espacios para tejer redes

Las ciudades, los pueblos, “aquí” o como le llamemos a donde vivimos deberían darnos lo que necesitamos para una vida digna. Y el poder de participación e incidencia para alcanzar lo digno debería ser compartido entre todos: academia, público, privado y ciudadanía.

“Tenemos ciudades complejas y diversas (…) la ciudad es conflicto y hay un compromiso de dar voz a minorías invisibles. La participación tiene que servir para redistribuir poder”, dijo Gala Pin, concejala de participación y distritos de Ciutat Vella (Barcelona), durante #CiudadesDemocráticas18, donde expertos de varias partes del mundo reflexionaron esta semana sobre tecnología, participación ciudadana y urbanismo colaborativo, con lo que volvemos a la raíz de esta columna: las #RedesTecnopolíticas.

¿Para qué nos sirven los espacios digitales? En momentos de campañas electorales, deberían ser fuente de información y espacio de discusión para que haya un voto informado, y eso es clave para #ElSalvadorDecide. El resto del tiempo deben funcionar como espacios de formación ciudadana para aprender a fiscalizar más y mejor: ello requiere no solo de herramientas, como páginas o aplicaciones para ello, sino de una ciudadanía a la altura de ese resguardo de lo público.

Y eso es fundamental, porque “lo público ya no tiene que ver solo con lo estatal, así como la corrupción no es solo asunto de los corruptos sino también de quien los corrompe. La gobernanza es una responsabilidad compartida”, repetía esta semana Álvaro Ramírez-Alujas, en el Segundo #FestGobAbierto (Festival de Gobierno Abierto) de Guatecambia. En esta lógica de la responsabilidad compartida cabe preguntarnos con qué espacios para la fiscalización de lo público y para la participación ciudadana contamos en El Salvador.

¿Alguna candidatura para la presidencia está considerando una apuesta seria para ser gobierno abierto? ¿Alguna propuesta sobre infraestructura tecnológica que reduzca la brecha digital y abra espacios de discusión y alfabetización informativa?

Mientras tanto, nosotros, como ciudadanía, debemos seguir tejiendo redes para que luego pasemos a la acción (colectiva). Por eso ahora quiero compartirles sobre el Minga Lab, un “laboratorio de innovación en liderazgo y #construcciónpaz en el fortalecimiento de organizaciones de la red #Poder #Pacífico”, según reza su Twitter. Son 15 organizaciones colombianas lideradas por Manos Visibles, que aluden al “trabajo colectivo en bien de la comunidad” (porque eso es “la minga”), que buscan construir otra visión para sus comunidades al transformar las capacidades individuales en habilidades colectivas en pro del desarrollo social. Robótica para transformar el Chocó; la paz vista como líderes que se comprometen con sus tradiciones; un apoyo que repite #NoTenemosArmasTenemosDignidad. Son proyectos que ejercen el poder desde lo colectivo, la fuerza, la estructura y las redes. Sí, desde esas mismas redes que nosotros también debemos tejer en Centroamérica.

La clave está en fortalecer la participación y la innovación de la ciudadanía, es ponerla al centro: “Dejemos que la gente nos diga cuáles son los problemas y cuáles son las soluciones. El esfuerzo por democratizar el compromiso y la participación es muy emocionante, y es necesario institucionalizar estas prácticas”, nos pide Beth Noveck, directora de The Gov Lab, de Nueva York, en el encuentro de Ciudades Democráticas en el Viejo Continente. Nos toca a nosotros, como ciudadanía, ocupar las redes sociales y las redes sociodigitales para construir esos espacios en donde tejamos redes que, desde lo colectivo, nos permitan redistribuir el poder y ejercer una gobernanza compartida en nuestras polis o ciudades, nuestros pueblos, en nuestro aquí.

Los tuits que narran la caminata

Twitter es una red sociodigital de mensajes breves que pueden acompañarse con fotografías o emoticones. Son oraciones pequeñas, cortas y sintéticas, puesto que la extensión es de 280 caracteres. Para que se hagan una idea, es la extensión de este párrafo.

Ya deben haber visto que entre 2,000 y 6,000 personas han salido de Honduras e intentan cruzar los Estados Unidos Mexicanos para llegar a los Estados Unidos de Norteamérica. Es posible ver de esto en la televisión, escucharlo en la radio, leerlo en los periódicos. Algunos lo estamos siguiendo casi de manera exclusiva en Twitter. ¿Por qué? Su brevedad es como leer titulares de un periódico, con la posibilidad de que algunos se extienden a las notas, o en las respuestas que otras personas hacen a un tuit. Comparto para mí las tres grandes ventajas de esta red, aunque no es precisamente tecnopolítica (tecnología centrada en la gente y esta es una empresa con fines de lucro).

Una: agrupa mensajes a través de hashtags, esa etiqueta que inicia con el símbolo de numeral y que hace que todo lo que esté a continuación, sin espacios de por medio, se agrupe bajo él (a modo de “post it”) y lo resalta en el texto (a modo de comillas). Y entonces tenemos al menos uno, #CaravanaMigrante, muy informativo, pero lanza otras cuestiones al debate: ¿por qué no “refugiados”, o incluso por qué ocupar “caravana”?

Dos: permite contar historias a través de hilos, es decir, una secuencia de tuits que permite autorresponder una publicación y hacerla tan larga como sea necesario. Aplica para explicaciones de arte, astronomía, literatura y anécdotas personales, y en este caso ha habido algunos que valen mucho la pena.

Alberto Arce es un periodista que vivió varios años en Honduras y ha publicado en el Washington Examiner y ElDiario.es, además de un libro sobre la situación en nuestro país hermano. En Twitter ha estado compartiendo artículos para dar contexto, apoya que esto no es migración sino búsqueda de refugio, y uno de sus mejores hilos inicia así: “Voy a explicar cómo se difunde la desinformación sobre la caravana de Hondureños y cómo se discriminan fuentes y, con ellas, narrativas y debate a partir de un pequeño detalle de ayer. Como lo explicaría a mis estudiantes. Abro Hilo”: en veinte tuits, nos referencia a periodistas y medios que informan a partir de datos comprobables e interpretan contexto, por lo que son confiables para entender esta crisis humanitaria.

Tres: es un espacio público digital. Permite mayor diversidad de opiniones frente a lo que habitualmente se puede encontrar en los medios tradicionales. Sí, eso implica que podemos seguir cuentas falsas, o de personas reales (amigos, familia) que comparten información falsa, pero lo digital ha permitido que surjan medios de comunicación que dejan hablar a personas con otros puntos de vista. Y esto es fundamental para la democracia.

Así lo reflexionan José Manuel Sánchez Duarte y otros expertos en su artículo “El papel de las tecnologías cívicas en la redefinición de la esfera pública”. Permite la visibilidad de un Jorge Ramos, desde el lugar de los hechos, hasta del músico Jorge Drexler: “Yo no soy de aquí, / pero tú tampoco. // (En la #CaravanaMigrantes vamos todos)”, tuit en que enlaza a su canción “Movimiento”.

Así, mi apuesta es permitir que las redes sociodigitales nos narren, con nombres e historias, las razones de miles de personas para refugiarse en un país que no conocen. Porque en nuestro mundo urge la empatía, y esta también puede aprenderse. Porque #NingúnSerHumanoEsIlegal. (Sí, este último párrafo también puede ser un tuit).

#A50del68 #SíHuboGenocidio: #ElijanBien

Han pasado cincuenta años desde 1968. Desde el mayo de París, desde la Primavera de Praga, desde el movimiento estudiantil en México. En este medio siglo ciertas características de los movimientos sociales se han adaptado a lo que se ofrece en esta época de ‘modernidad líquida’, como la llama Zygmunt Bauman: a esa rapidez, a esa infraestructura tecnológica que posibilita que se escuchen más voces disidentes, a esa manera de convocar ahora a manifestarse y a esa manera de conmemorar lo que ocurrió hace medio siglo. Y dado que la humanidad busca siempre maneras de narrar la historia, vamos con tres ejemplos de esas narrativas de conmemoración, de solicitud, propias de las redes sociodigitales.

#A50del68: Una de las plataformas que más me ha impactado en las conmemoraciones mexicanas del movimiento estudiantil es el proyecto colaborativo entre la revista Proceso, Cencos, Cultura Colectiva News y el Centro Cultural Universitario Tlatelolco: https://a50del68.com/ La web simula ser un blog que cuenta “en tiempo real” lo que ocurrió desde julio de 1968, día a día, como si estuviera pasando hoy (y que en El Salvador solemos relacionarlo con la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre). A la izquierda, hay cinco portadas de revistas de aquellos años, y al centro van las entradas que publican (por ejemplo) El Jagger, que identifican como un perfil ficticio de un estudiante del Instituto Politécnico Nacional (IPN); o Javier Barros Sierra, rector de la UNAM; o Marcelino García Barragán, entonces secretario de la Defensa Nacional, o un boletín del Consejo Nacional de Huelga (CNH). En la parte derecha de la página, comparten fotografías y textos de lo que están publicando en Instagram (@A50DEL68), Facebook (A 50 del 68) y Twitter (@a50del68).

#SíHuboGenocidio: En Guatemala, el pasado miércoles 26 el Tribunal B de Mayor Riesgo declaró por unanimidad que el Ejército cometió los delitos de genocidio y delitos de deberes de la humanidad contra la población ixil durante el mandato de Efraín Ríos Montt. No me detendré en detalles (recomiendo leer para ello a Plaza Pública), sino que quiero hacer hincapié en cómo esta discusión ha circulado desde el 2013 en las redes sociodigitales: «#SíHuboGenocidio y no es solo un ‘hashtag’. Dos tribunales distintos lo han acreditado», dice @_tokedeMagdala. Según me contaba Gabriela Carrera, politóloga guatemalteca, desde el primer juicio sobre este genocidio fueron aprendiendo a convocarse en Twitter con este hashtag para posicionarlo como una tendencia nacional y para ir aprendiendo a sentirse parte de un colectivo que debatía sobre este hecho histórico desde el espacio público digital. También planteaba que posiblemente ese momento había ayudado a que comprendieran el uso de estas redes para convocar a manifestaciones en lo virtual y en lo físico, clave en el movimiento contra la corrupción que ha habido desde el 2015 en nuestro vecino país.

#ElijanBien: Y en El Salvador también hay etiquetas que convocan a acciones digitales o a acciones en la calle. Traigo a colación esta, que es un llamado a que la Asamblea Legislativa nombre a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia: llevamos ya 77 días sin magistrados, y esta urgencia en las redes ya llevó a que se coloquen pancartas o se hagan protestas en diversos puntos de San Salvador pidiendo tanto buenos magistrados como agilidad (y que no responda a cuotas de poder partidario) en dicha elección.

Y es que los hashtags sí pueden servir para interpelarnos entre nosotros y para motivarnos a ser parte de una petición más grande, de una conmemoración histórica, de un movimiento. Dicen que un par de diputados rechazaron el viaje a Roma para la canonización de Monseñor Romero, pagado con nuestros impuestos, debido al ruido que se generó en estas redes sociodigitales. Esa es la función de megáfono que vuelve valiosa esta infraestructura tecnológica y que requiere que busquemos más plataformas que sean tecnologías cívicas, que funcionen como #RedesTecnoPolíticas: que la ciudadanía pueda expresarse, pedir, exigir y trabajar junta por la justicia.

Un laboratorio para probar a ‘hacer’ ciudadanía

“Estamos aquí para construir las herramientas para que mande la gente”, dice Pablo Soto, concejal de Participación Ciudadana, Transparencia y #GobiernoAbierto en el Ayuntamiento de Madrid, en un video de Open Government Partnership sobre cómo la ciudadanía se une en línea para organizarse por un cambio legislativo. Con esto volvemos al punto de esta columna: las redes sociodigitales, las tecnologías digitales deberían estar en función de la gente, sin tampoco verlas como herramientas mágicas de democratización, como dice el teórico Christian Fuchs.

Sé que nos falta camino como país, pero debemos seguir dando pasos. Por eso, ahora quiero presentarles una de las ideas que más he atesorado en este año y medio. En marzo de 2017, con mi mejor amiga de la maestría haríamos una estancia de investigación en la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, y ella aterrizó primero.

De pronto, un día cualquiera, me ‘whatsapeó’ para decirme que había un lugar cerca del Museo del Prado, que no era de la universidad, pero donde se daban las clases de un máster a las que podíamos unirnos sobre ciudadanía digital y esfera pública digital, además de talleres y conferencias (y encima hacer tesis; en resumen, el paraíso).

Y pues, en mi infinita buena fortuna, el primer día en que puse mi computadora en ese lugar había una conferencia de Bernardo Gutiérrez, uno de los autores que estudié para mi marco teórico para presentar “El cóctel: encuentro de narrativas de la participación”, una combinación de ‘storytelling’ para lo político, porque “juntas y juntos pensamos mejor la ciudad que por separado”. Más perfecto, imposible.

Y entonces el Medialab-Prado, plataforma del Ayuntamiento de Madrid, tomó forma y rostro. Pero en año y medio nunca he logrado terminar de describir qué es un laboratorio ciudadano cuando le cuento a alguien que quiero ‘armar’ uno en Guatemala o El Salvador.

Claro, este laboratorio no tiene probetas, ni elementos químicos, ni requiere de una bata (gris o blanca) para entrar… aquí lo que se pone a prueba, lo que se construye (colectivamente) son proyectos que permitan “configurar, alterar y modificar los procesos de investigación y producción” a través de “la colaboración de personas con distintos perfiles (artístico, científico y técnico)”, como indican en su página de Facebook. Y sin embargo, cada vez va tomando más forma. Más claridad. Pero, sobre todo, voy tomando referentes.

En Colombia, por ejemplo, está el Laboratorio de Innovación para la Paz, en la Universidad Nacional de Colombia.

ste espacio colaborativo facilita herramientas, habilidades y tecnologías que incidan en resolución de conflictos o desafíos que se viven en las comunidades para construir paz en el posconflicto, a través de prácticas de reconciliación entre comunidades vulnerables y búsqueda de desarrollo sustentable. Este proyecto, que apenas va en su primer año, es parte del Programa DIA, Democratizando la Innovación de las Américas, iniciativa de The Thrust for the Americas y la Organización de Estados Americanos (OEA) junto al CAF-Banco de Desarrollo de América Latina.

¿Cuánto bien nos haría esto en El Salvador?

Y una más. Este próximo octubre se hará el #LABiCAR, Laboratorio de Innovación Ciudadana, en Rosario, Argentina. Más de 10 días para colaborar en propuestas de género, derechos humanos, medio ambiente, discapacidad, participación ciudadana y demás: a pura inteligencia colectiva, diría Pierre Levy, se apuntalan proyectos para dar forma desde el conocimiento específico que cada quien tiene pero de manera colaborativa, cooperativa.

Entonces, si el otro año #ElSalvadorDecide quiénes estarán en la Presidencia, estos proyectos deberían estar en práctica en más niveles de los que tenemos actualmente. Ejercer nuestra ciudadanía con la ayuda de las herramientas tecnológicas, de estos espacios de colaboración, es un camino largo. ¿Qué dicen, probamos a ‘hacer’ ciudadanías, a (re)construir herramientas para que mande la gente?

Nuevas maneras de cartografiar

Un mapa es una manera de fijar o de recrear un territorio. Es una herramienta para visualizar datos, información específica sobre un tema puntual: ríos majestuosos, soberbios volcanes, apacibles lagos… cualquier accidente geográfico de los que habla nuestra oración a la bandera, sin duda; pero también hay otras narrativas en estos instrumentos, como el Mapa de Pobreza Urbana y Exclusión Social de El Salvador, hecho en conjunto por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Pero ¿cuáles son las posibilidades que nos ofrece internet? ¿Qué podemos ‘ver’ ahora con el apoyo de las tecnologías digitales? Vamos con tres ejemplos o ideas que podrían ser adaptadas y expandidas.

La primera es “Ayotzinapa, una cartografía de la violencia”. En un número de la Revista de la Universidad de México, vi sobre la plataforma desarrollada con herramientas de software libre por parte de la Forensic Architecture de la Universidad de Londres para visualizar los eventos ocurridos en septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. Y es que buscan maneras de expandir el lenguaje cartográfico mientras sintetizan grandes cantidades de información, gracias a lo que permiten las tecnologías digitales al recrear modelos tridimensionales, animaciones y aplicaciones interactivas: “El mapa de Ayotzinapa incorpora datos públicos (informes independientes, notas periodísticas y videos) en una base de datos y los ubica en el tiempo y el espacio”. (Pueden ver más aquí: https://www.forensic-architecture.org/case/ayotzinapa/).

La segunda es para lograr una “Emancipación colaborativa”. En ese mismo número de la revista, GeoComunes cuenta su experiencia de cartografiar bienes comunes, de manera que se visualice cómo la expansión de proyectos de infraestructura mercantiliza estos bienes. Este colectivo acompaña la defensa de bienes comunes al elaborar mapas que permitan analizar y difundir la lucha de otras organizaciones colectivas, como pueblos, comunidades o barrios. Con estrategias de alfabetización informativa, no se limitan a recoger y generar mapas, sino que preparan diversos materiales que son entregados a las comunidades, a la vez que hacen talleres en estas de manera que aprendan a manejar la plataforma digital y a elaborar capas y mapas a través de las herramientas de software libre que utilizan. ¿Y por qué lo de emanciparse colaborativamente, como titulan su artículo en la revista? Porque creen que es esta construcción comunitaria de la información que, cruzado con el análisis territorial, lo que puede crear “una defensa efectiva contra la apropiación privada de los bienes comunes”. (Pueden ver más aquí: http://geocomunes.org/).

Y la tercera es la Memoria Virtual Guatemala. Memoria histórica y derechos humanos son el marco del trabajo de un grupo de instituciones y organizaciones que se sintetizan en la Ruta de la Memoria Ciudad de Guatemala, Ruta de la Memoria de San Cristóbal Verapaz, el Mapa de Exhumaciones, el Mapa de Exhumaciones e Inhumaciones, y el Mapeo de la Memoria. Y es este último el que me parece imprescindible para seguir poniendo sobre la mesa (digital) una manera de reconocer, de recordar a las víctimas de un conflicto armado como el que sufrió Guatemala, o como el que vivimos en El Salvador. Se han georreferenciado los lugares en que ocurrió algo, en que hay un memorial, en que hay un monumento, y al ser un ejercicio de memoria colectiva, es posible enviar fotos, audios, videos o textos. (Pueden ver más aquí: http://mapeo.memorialparalaconcordia.org/).

“No está puesto en ningún mapa, los lugares verdaderos nunca lo están”: es la cita de Herman Melville que inicia la revista mencionada. Y ese es el punto: ¿qué lugares, qué personas queremos mostrar para reconciliar El Salvador?