La isla de los baches

Auto parqueado a la orilla de una calle llena de baches
La isla de los baches

Las cifras son contundentes: cada 55 minutos hay un accidente de tránsito en Cuba y cada 13 horas fallece una persona como resultado de ello. Además de la indisciplina vial y la escasa percepción del riesgo, una de las razones que más pesa son las pésimas condiciones de las vías, así lo muestra esta investigación de El Toque en alianza con CONNECTAS, la plataforma líder de periodismo investigativo de la región.

Los datos, aportados por el periódico Granma, el 5 de diciembre de 2019, no distan mucho de los de 2018, año en el que el país tuvo, en promedio, dos fallecidos, 21 lesionados y 29 accidentes cada día, según explicó el coronel Roberto Rodríguez Fernández, Jefe de la Dirección Nacional de Tránsito, en el programa televisivo Mesa Redonda, el 5 de junio del pasado año. Rodríguez Fernández enumeró los rasgos de la situación operativa en el tema accidentes. El primero fue: los “altos niveles de indisciplina vial y escasa percepción del riesgo tanto por peatones como por conductores”, y el segundo: la “deficiente infraestructura vial y de señalización”.

La situación en la Isla suma a lo que según la Organización Mundial de la Salud es un problema de toda América Latina donde cada año, los accidentes en las vías causan la muerte de aproximadamente 154.000 personas. Según la misma organización, la seguridad vial es una asignatura pendiente para muchos gobiernos de la región y un importante problema de salud pública, particularmente para los países de bajos y medianos ingresos.

Según la Ley 109 Código de Vialidad, aprobado por el Parlamento en 2010, “la obligación de proteger y mantener en buen estado las vías” corresponde a “la autoridad administrativa” que las atiende, “de acuerdo con la clasificación basada en su interés socioeconómico”, “y en tal sentido planifica en su presupuesto los recursos requeridos para ello”. ¿Cuál es esta autoridad en cada caso?

Al Ministerio del Transporte (Mitrans) corresponden las vías nacionales; al Consejo de la Administración Provincial del Poder Popular, las provinciales; al Consejo de la Administración Municipal, las municipales; y a la entidad determinada [empresas, otros ministerios, etc.] las vías de interés específico, detalla la legislación.

Aunque no salga en “La letra del año”, (importante ceremonia religiosa de adivinación y pronóstico de los principales temas) o en los horóscopos, la reparación de viales en el país podría ser un tema importante en el año que inicia, a juzgar por el énfasis y la reiteración de ciertas declaraciones según las cuales el gobierno “prevé destinar este año más de 174 millones de pesos al programa vial y ejecutar 31 inversiones fundamentalmente en el sector del turismo, la Zona Especial de Desarrollo Mariel y otras obras de interés económico y social”.

La prensa estatal anunció que se concentrarán esfuerzos en la rehabilitación de autopistas, carreteras y puentes y se atenderá “la necesidad de hacer uso de todas las tecnologías de que dispone el país para el mantenimiento y reparación” de estas arterias. Tal y como evaluó el Presidente, Miguel Díaz-Canel, se tendrán en cuenta “las estrategias locales que puedan ponerse en práctica y permitan dar respuestas desde la comunidad a sus propios problemas”.

Accidente de tránsito en Cuba
Constancia. Cada 55 minutos hay un accidente de tránsito en las calles de Cuba.

7,6 DE CADA 10 CALLES EN REGULAR O MAL ESTADO

De acuerdo con datos ofrecidos por el diario Granma —que usa como fuente Mitrans— la red vial de la Isla “abarca 71.138 km. De ese total, el 24 por ciento se evalúa en buen estado, el 37 por ciento se encuentra en condiciones regulares y el 39 por ciento en mal estado”. O sea, 7,6 de cada 10 calles están en regular o mal estado.

En el programa televisivo Mesa Redonda del 26 de enero de 2012 el entonces director del Centro Nacional de Vialidad, Carlos Bárcena Ramos, manifestó que de las vías de Interés Nacional, el 58 por ciento estaba en buen estado en 2011, con lo cual se comprende que a pesar de los proyectos y esfuerzos declarados y/o acometidos, la picada en ese renglón ha sido indetenible.

Tratándose entonces de una crisis que lleva décadas, la gente común lo ha incorporado a su cotidianidad, como casi siempre sucede entre cubanos, con resignación y humorismo. Al rastrear en Youtube puede encontrarse audiovisuales del último lustro donde los comediantes más populares del momento echan leña a la interminable hoguera de las sendas agujereadas. Uno de ellos comentaba que ya la calle Línea/Avenida 31 de La Habana tiene un escalón más alto que el resto del pavimento, porque cada vez que arriba a la nación un significativo visitante —los dos últimos papas, Barack Obama, etc.— la asfaltan nuevamente, para que pasen por allí, mientras las demás permanecen con sus inamovibles cráteres.

La Habana, que vivió el fasto de sus 500 años con miles de fuegos artificiales, tiene también miles de grietas en sus vías públicas esperando por soluciones. En diciembre de 2018, el semanario Tribuna de La Habana se refería a “las avenidas que presentan la vulnerabilidad de décadas sin mantenimiento”.

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LA “NOVELA” HISTÓRICA

Una búsqueda rápida por la web permite comprobar cómo el asunto de los viales se torna una “novela” en cada territorio cubano. Con más o menos sistematicidad aparecen textos, reveladores de las angustias locales y globales al respecto, de sus causas y consecuencias.

“Si la situación del mal estado de algunas vías principales continúa, a Sancti Spíritus, en lugar de reconocerla por su emblemático río Yayabo, dentro de poco la identificarían como la ciudad de los baches”, se dolía la periodista Xiomara Alsina, el 29 octubre de 2018 en el semanario Escambray.

Ocho meses más tarde, en el propio medio, la reportera Delia Proenza comenzaba otro trabajo de la siguiente forma: “Heridas aquí, heridas allá. Casi siempre largas, sin cicatrizar. Ásperas huellas que hacen brincar los ciclos y vehículos automotores. A veces, oquedades que provocan accidentes; furnias inadvertidas o, en el mejor de los casos, con un palo y un trapo rojo en el extremo superior, colocado a modo de aviso”. Se trataba, obviamente, del mismo perro con distinto collar.

La Habana, que vivió el fasto de sus 500 años con miles de fuegos artificiales, tiene también miles de grietas en sus vías públicas esperando por soluciones. En diciembre de 2018, el semanario Tribuna de La Habana se refería a “las avenidas que presentan la vulnerabilidad de décadas sin mantenimiento, rehabilitación y reconstrucción, debido a las carencias de recursos imprescindibles para asumir un programa de miles de millones de dólares en medio del recrudecimiento del bloqueo impuesto a Cuba por el gobierno de los Estados Unidos”.

El caso de Moa, en la oriental provincia Holguín, es bastante significativo. Siendo un sitio que ha aportado grandes dividendos a la nación, por la riqueza del níquel en su suelo, las circunstancias de vida allí dejan mucho que desear.

En una reunión donde participó el mandatario Díaz-Canel, en septiembre de 2018, la presidenta del Consejo de la Administración Municipal moense, Gisela Mendoza Sierra, señaló que el mal estado de los viales y del fondo habitacional eran precisamente los temas más complejos de la localidad.

Al occidente de la Isla, el artemiseño municipio Bahía Honda vio cómo a inicios de octubre de 2018 le fue retirado el servicio de Ómnibus Nacionales que enlaza con la capital del país porque la carretera se encontraba dañada por el huracán Michael, según denunció en un comentario televisivo la periodista Gisela García Rivero. Curiosamente, reseñaba la analista, Artemisa fue la provincia más beneficiada con acciones de asfaltado en ese año, de acuerdo con datos del Ministerio de la Construcción (Micons), entidad que junto al Mitrans ejecuta obras de este corte.

Angustias similares han experimentado los vecinos de Manzano de Majaguabo, en el municipio santiaguero de San Luis, según narró en carta a Juventud Rebelde Jesús Cabrera Arguelles, el 24 de enero de 2019. Los sendas que unen a la comunidad con otros asentamientos están llenas de huecos, zanjas y desvíos, refería en su misiva el santiaguero.

Y agregaba: «Pobres de los operados y enfermos que por necesidad deben ser trasladados por allí […]. Parte de esa odisea ocurre en el tramo de San Luis hasta el central Chile, donde único se observa lo poco que queda del pavimento de antaño. El resto del recorrido hasta el Paraíso y más, casi parecido, pero sin rastro de lo que fue. Cuando llega la temporada de lluvias es un infierno viajar con los atasques de los carros cargados de mercancías. Y lo más importante: las vidas humanas que se han visto en grandes apuros».

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CAUSAS Y ABSURDOS

En 1989 el Micons producía 2`200.000 toneladas de mezcla asfáltica, con lo cual se le podía dar mantenimiento a más de 4.400 kilómetros de carreteras anualmente, en acciones de bacheo, recape, resane. Era una situación muy favorable, refirió en la citada Mesa Redonda de enero de 2012, Calixto Galiano Ramírez, en ese momento director de Ingeniería del Ministerio.

Luego del derrumbe soviético y de Europa del Este y el mazazo económico que ello representó para la Isla caribeña, nunca más se han recuperado aquellos niveles de producción de asfalto.

Si bien esta resalta como la causa principal de que el ritmo de mantenimiento y reconstrucción de las sendas se haya desfasado tanto en la Mayor de las Antillas, hay otros factores no despreciables.

El Código de Vialidad es muy preciso al indicar que “el autorizado a realizar obras en la vía está obligado a restablecerla a su estado original y cumplir los requerimientos técnicos y de calidad establecidos”, y que “los consejos de la administración provinciales y municipales del Poder Popular, conforme a sus respectivas competencias, supervisan la ejecución de las obras” […] y garantizan la necesaria coordinación entre los ejecutores de trabajos de vialidad y labores en redes soterradas.

Sin embargo, pululan los ejemplos de malas prácticas y descoordinación: “Duele ver cómo, después de pavimentada una vía, se autoriza romperla con el pretexto de las instalaciones de agua; pero luego no se fiscaliza su terminación hasta lograr el sellado correcto”, respondía a Escambray en 2018, Yosvel Salvador Pérez, director de Servicios Comunales en el municipio Sancti Spiritus.

En un comentario para la revista Haciendo Radio, en 2014, el periodista Francisco Rodríguez Cruz expresaba: “Podría poner ejemplos de lugares donde se rehabilitaron unas calles y otras contiguas y de similar importancia no se han tocado; e incluso hasta de una misma carretera en la cual se reparó un pedazo, y el otro quedó tal y como estaba. O de chapucerías en las reparaciones que dejan desniveles en la vía o no resuelven los problemas que dan origen a los baches, y por tanto al poco tiempo los huecos vuelven a resurgir sin remedio”.

En septiembre de 2019, de un total de 29 inversiones de viales a ejecutarse, 15 reportaban atrasos “por carencia de recursos, tales como áridos, cemento, acero, líquidos asfálticos y combustible” y por “problemas de capacidad constructiva y afectaciones climatológicas”, detalló un reportaje del Noticiero Nacional de Televisión.

En el caso de los puentes, cuya reparación es más compleja porque demanda personal y recursos especializados, muchas veces su nivel de caducidad no se corresponde con situaciones climatológicas adversas, de las que frecuentemente afectan al país. De ahí que terminen colapsando.

Una palabra que no deja de repetirse en informes, textos de prensa, declaraciones, proyectos relacionados con los viales es “sostenibilidad”. No obstante, al parecer en este sector los empeños no son sostenibles. Equipos y maquinarias de trabajo obsoletos, malas condiciones de labor para una tarea que por lo general se realiza en condiciones de desgaste: intemperie, sol, altas temperaturas, materiales abrasadores; remuneración insuficiente… Son muchos los agujeros de la vieja carretera.

Cuadrilla de trabajadores recarpeteando una avenida de la Habana,Cuba
Integrados. Los baches ya hacen parte del paisaje cubano, eludirlos es parte de la tarea de conducir en la isla.

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AUTOPISTA, CENTRAL Y PROYECCIONES

La única vía que conecta al país, pasando por todas las cabeceras provinciales, excepto Cienfuegos, es la vetusta Carretera Central, terminada a inicios de la década de 1930 y carente de mantenimientos oportunos. El flamante proyecto de la Autopista que conectaría modernamente la nación, se quedó a medias —hasta Taguasco, Sancti Spíritus— con la crisis iniciada en 1990.

Si bien el sueño de terminar esta vía expresa de varios carriles ya es casi una quimera inalcanzable en el sentir de muchos, la añeja Central demanda atenciones urgentes. En 2017, el periodista Daniel Valero, comentaba al respecto: “El reducido ancho de la ruta es otro motivo de inquietud. Al ser inaugurada, sus más de seis metros bastaban para dar cabida a cuánto vehículo necesitara transitarla; hoy cualquier cruce entre dos transportes de cierto tamaño demanda de sus conductores toda la sangre fría de un corredor de Fórmula Uno.

“En el Plan del 2019 y hasta el 2030 se mantienen como inversiones priorizadas las asociadas al desarrollo de la cayería norte del país y de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, así como obras de interés turístico y otras en el ámbito económico-social. Además, se pone énfasis en el mejoramiento de la señalización en las vías y continúan las actividades relacionadas con el sellado de grietas, pavimentación, fresado y reparación de puentes y alcantarillas, fundamentalmente en la Autopista Nacional y la Carretera Central”, reseñaba Cubadebate, en junio último.

Desde el Presidente, pasando por el actual ministro de Transporte, hasta los funcionarios de menor jerarquía, se ha hecho mucho hincapié como se ha reseñado en las publicaciones oficiales, en la necesidad de descentralizar un tanto esta tarea y que cada territorio encuentre fórmulas viables para reparar sus arterias. ¿Se logrará en este año? ¿Se desatarán al fin las autonomías locales?

En 2012, el Ingeniero Oscar del Toro, inspector general del transporte, informó en la Mesa Redonda que el país había aprobado dos años antes la Estrategia Nacional de Seguridad Vial y una de sus metas era “alcanzar en un término de cinco años que las vías de interés nacional tengan un estado bueno en un 80 por ciento, y el restante 20 por ciento tenga un estado regular”.

La realidad, ya sabemos, ha sido bastante distinta. Y los datos no dejan de zumbar: Cada 13 horas, un fallecido; cada 55 minutos, un accidente…


Este reportaje fue realizado por Jesús Arencibia para El Toque, en alianza con CONNECTAS

La terrible historia de Aaron Hernández: ¿víctima o victimario?

Aaron Hernández:

«Por qué». Esa frase es recurrente en la mente del espectador durante las poco más de tres horas en que la miniserie de Netflix Killer Inside: The Mind of Aaron Hernández (La mente de un asesino: Aaron Hernandez) retoma la turbulenta vida de quien apenas frisando la mayoría de edad se convirtió en una de las estrellas de fútbol americano más destacada y prometedora de Estados Unidos.

En el 2010, cuanto tenía solo 20 años, Aaron Hernández se convirtió en ficha de los Patriots de Nueva Inglaterra, el equipo más ganador de la era; tres años más tarde, en el 2012, firmó con ese conjunto de la liga profesional de fútbol americano (NFL por sus siglas en inglés) un contrato por $40 millones.

Estaba destinado a brillar, hacía una dupla perfecta con el mariscal de campo Tom Brady y pronto eclipsó a los medios de comunicación, sabedores de que era una estrella en ascenso quien, además, era dueño de un impresionante atractivo físico.

Sin embargo, tras toda la parafernalia y la millonada de dólares que estaba obteniendo el jugador de ascendencia puertorriqueña e italiana, había una especie de doble vida marcada por los vicios, episodios súbitos de matonismo, amistades peligrosas y actos totalmente irracionales, entre ellos tres supuestos homicidios, aunque solo fue condenado por uno de fue ellos: el asesinato de su amigo Odin Lloyd, también jugador de fútbol americano –aunque de menor ralea– y novio de la hermana de la prometida de Hernández, Shayanna Jenkins. Es decir, eran concuños.

El cuerpo de Lloyd apareció tiroteado y abandonado en una zona agreste cerca de la casa de Hernández la madrugada del 17 de junio del 2013. Apenas unos días después, el 26 de junio, Estados Unidos y el resto del mundo presenciaban en las noticias el arresto en vivo de Aaron, como sospechoso del crimen de Odin, por el cual sería sentenciado a cadena perpetua tres años después.

La serie de Netflix muestra una historia reconstruida con testimonios de amigos, jugadores y expertos. También ofrece imágenes exclusivas de la corte, las llamadas telefónicas de Hernández desde la prisión y entrevistas con quienes conocieron tanto a Hernández como a Lloyd.

«Examina meticulosamente la tormenta perfecta de factores que condujeron al juicio, la condena y muerte de un atleta que aparentemente lo tenía todo», dice Netflix.

Estrenada hace un mes, hasta la fecha La mente de un asesino: Aaron Hernandez sigue planteando un sin fin de «por qués», más allá de los tres asesinatos que se le atribuyeron, pues a lo largo de la reconstrucción de su corta vida (Hernández se suicidó en prisión en abril del 2017) el malogrado deportista incurre, a todas luces, en actitudes erráticas e incomprensibles. Sobra decir que este texto está repleto de spoilers, por aquello de que prefiera ver la serie antes de conocer parte de su contenido de antemano.

Encierro. Aaron Hernández se convirtió en ficha de los Patriots de Nueva Inglaterra cuando solo tenía 20 años. El éxito parecía estar asegurado, hasta que un crimen lo llevó a la cárcel.

Las alertas de que algo no andaba bien en la mente del exjugador, nacido en Connecticut, Estados Unidos, empiezan a saltar desde el primer episodio, cuando por ejemplo se escuchan grabaciones de sus conversaciones con sus amigos, pareja y abogados, ya estando en prisión. En varias ocasiones, Aaron banaliza totalmente su situación, lo cual no es tema menor si se toma en cuenta que pasó de vivir en una enorme mansión de casi dos millones de dólares a una pequeña celda en el Souza-Baranowski Correctional Center, una cárcel de máxima seguridad en Lancaster, Massachusetts.

Por ejemplo, en una conversación con su prometida Shayanna Jenkins, madre de su entonces pequeña hija, Avielle Janelle, Hernández le dice algo así: «Para mí es lo mismo estar afuera que estar aquí adentro, me evita tener que tomar decisiones, lo único que extraño mucho es a la bebé». Igual estupefacción genera, a lo largo del seriado, observar su impasible actitud durante los juicios que enfrentó acusado de tres asesinatos que, a la fecha, no tienen explicación.

Dirigido por Geno McDermott, el documental reconstruye la infancia, juventud, auge y estrepitosa caída del exastro, revela su supuesta homosexualidad y muestra la cadena de absurdos en su errática conducta, incluso a la hora de cometer los asesinatos que se le atribuyeron, en los que no se cuidó en absoluto y dejó evidencias de todo tipo y por todas partes.

El caso conmocionó a Estados Unidos: el afable y atractivo hombrón, idolatrado por millones y quien se mostraba como un joven afable y carismático en las entrevistas con presentadores estrella ¿acusado de homicidio? ¿Cómo pudo suceder? Las comparaciones con el caso de O.J. Simpson también están presentes, en el sentido de que se trata de dos astros del fútbol americano caídos en desgracias. Sin embargo, la gran diferencia es que Aaron parece, a lo largo del documental, no consciente de la gravedad de sus actos.

Poco a poco, el programa va infiriendo que algo pasa con el cerebro de Aaron. En una seguidilla de escenas reproduce jugadas en las que Hernández sufre fuertísimos golpes, típicos en el fútbol americano, y el mismo jugador comenta luego, durante las comunicaciones privadas que trascendieron tras su muerte, que aguantaba el dolor por los golpes gracias a la medicación que recibía con tal de que terminara el partido.

De hecho, el título del documental es realmente un juego de palabras que, en principio, dan a entender que escudriñarán una mente asesina. En realidad, el centro de toda la recopilación es analizar la (posiblemente dañada) mente de Hernández producto de los golpes recibidos en su carrera deportiva. El caso es desolador, por decir lo menos. Y con un desenlace tan atroz como irónico: entre sus últimas voluntades, Aaron plasmó que donaría su cerebro a la ciencia con el fin de que lo examinaran para detectar el grado de daño que posiblemente se producía en el cerebro de los jugadores de este deporte de alto impacto.

Netflix logró su cometido, pues los principales medios del mundo han enfocado su mirada hacia la polémica que siempre ha rodeado la rudeza de este deporte, solo que siempre se ha manejado con un perfil relativamente bajo… hasta ahora.

La BBC, por ejemplo, describe en un artículo reciente los hallazgos tras la autopsia: «Colocado sobre una mesa de laboratorio, horas después de su muerte, el cerebro de Aaron Hernández ofrecía una apariencia saludable. A fin de cuentas se trataba de una persona joven, de 27 años, que vio truncada su carrera en el mundo del fútbol americano tras ser condenado por el asesinato de uno de sus amigos en 2013. Pero lo que en principio parecía un cerebro sano, escondía debajo de su superficie un secreto que sorprendió a los científicos que llevaron a cabo la autopsia del jugador: El órgano mostró un estado de encefalopatía traumática crónica (CTE, por sus siglas en inglés) similar al de alguien afectado por esa enfermedad cerebral degenerativa de 60 años», explica el citado medio.

Como si este caso no estuviera provisto de suficiente asombro, la muerte de Aaron decantó otras situaciones que parecen surrealistas. En lo que la prensa llamó «la operación cerebro», una vez que se trascendió el hecho, 24 horas después del suicidio de Hernández (quien usó una sábana para colgarse en su celda) su cerebro fue llevado en sumo secreto al hospital de la Universidad de Boston, en un acuerdo al que llegaron familiares y abogados del exdeportista, convencidos de que su comportamiento era totalmente anormal.

Como se comprobaría meses después, Hernández padecía la mayor Encefalopatía Traumática Crónica (CTE, por sus siglas en inglés) jamás analizada por científicos en una persona de su edad, según anunciaron investigadores de la Universidad de Boston.

Víctima. Hernández fue encontrado culpable porel asesinato de amigo Odin Lloyd, también jugador de fútbol americano y novio de la hermana de la prometida de Hernández, Shayanna Jenkins.

Los doctores explicaron que el exfutbolista de los Patriots fue diagnosticado con CTE nivel 3 –el 4 es el más severo–, un hecho que no había sido descubierto hasta ahora en el cerebro de una persona menor de 46 años, según declaró Ann McKee, líder de la Unidad del CTE de la universidad, en entrevista con The Washington Post.

El cerebro de Hernández, que McKee definió como «una de las mayores aportaciones a nuestro trabajo», tenía sobre todo daños en el lóbulo frontal, lo que afecta la capacidad de la persona para tomar decisiones y tener un comportamiento moderado.

Durante la conferencia en la que se anunciaron estos resultados, los especialistas proyectaron imágenes del cerebro del jugador comparándolo con el de una persona que no ha sufrido tal daño. El cerebro de Hernández mostraba manchas oscuras, así como zonas deterioradas y de menor tamaño que no están presentes en un órgano sano. Asimismo, tenía una gran pérdida de tejido y evidencia de microhemorragias.

Los análisis de la experta fueron detallados en el tercer y final episodio de la serie. «No podemos tomar la patología y explicar el comportamiento», afirmó McKee. «Pero podemos decir colectivamente, con nuestra experiencia colectiva, que los individuos con CTE –y con CTE de esta gravedad– tienen dificultades para controlar los impulsos, tomar decisiones, inhibir los impulsos de agresión, la volatilidad emocional, los comportamientos de ira», agregó.

En su momento, la cadena Univisión citó los resultados de una investigación en la revista médica JAMA, la que concluyó que el 99% de los cerebros de jugadores de fútbol americano que fallecieron y cuyo órgano fue donado para la investigación científica padecían de encefalopatías traumáticas crónicas.

De los 202 casos de atletas muertos considerados en esta investigación –que jugaban en bachillerato, en la universidad o en la liga profesional NFL– 177 tenían CTE. Esto equivale a tres de cada 14 estudiantes de secundaria, 48 de cada 53 estudiantes universitarios y 110 de cada 111 exjugadores de la NFL, citó el mencionado medio.

Al ofrecer los resultados de su estudio, McKee mostró su inquietud porque, según dijo, «hay una preocupación en el hecho de que estamos viendo la enfermedad en estado avanzado en jóvenes atletas», como en el caso de Hernández. «Sea porque juegan de manera más agresiva o porque empiezan (a jugar) a edades más tempranas, no lo sabemos».

Con Aaron fallecido, las dudas de lo que pudo ocurrirle permanecerán en el plano hipotético, posiblemente, para siempre.

Pero ¿cuáles fueron los hechos más visibles de una conducta atípica y que, lamentablemente, terminó en la muerte de tres personas, aunque Hernández solo fue condenado a cadena perpetua por uno de los homicidios de los que se le acusó.

Estrenada hace un mes, hasta la fecha La mente de un asesino: Aaron Hernandez sigue planteando un sin fin de “por qués”, más allá de los tres asesinatos que se le atribuyeron, pues a lo largo de la reconstrucción de su corta vida (Hernández se suicidó en prisión en abril del 2017) el malogrado deportista incurre, a todas luces, en actitudes erráticas e incomprensibles. Sobra decir que este texto está repleto de spoilers, por aquello de que prefiera ver la serie antes de conocer parte de su contenido de antemano.

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DE LA GLORIA A LA CAÍDA LIBRE

De acuerdo con una semblanza publicada por El Comercio, de Perú, Aaron Josef Hernández nació el 6 de noviembre de 1989 en Briston, Connecticut y fue hijo de Dennis Hernández y Terri Valentine, quienes trabajaban en una escuela. En el 2010 decidió apostarlo todo al fútbol americano y dos años más tarde firma un contrato de 5 años con los Patriotas por más de $40 millones.

Sin embargo, su prometedora carrera empezó a derrumbarse el 17 de junio del 2013 cuando hallaron el cuerpo de Odin Lloyd, de 27 años y también jugador de fútbol americano, con heridas de bala en un parque industrial en North Attleboro, Massachusetts. La policía pronto estableció que Lloyd, quien era concuño de Hernández (novio de la prometida de Aarón) había sido visto a las 2:30 a.m. junto a la estrella de los Patriots y sus amigos, Carlos Ortiz y Ernest Wallace, en un auto plateado rentado.

A las autoridades les bastaron unos cuantos días para recopilar pruebas de todo tipo, incluso hallaron el ADN de Hernández en el lugar del homicidio, así que pronto, el glorioso jugador fue acusado de asesinato en primer grado, además de que levantaron cargos en su contra por portar armas y lo relacionaron con un doble homicido ocurrido en Boston en julio del 2012 y en el que murieron a tiros Daniel de Abreu y Safiro Furtado, quienes habían tenido un leve incidente en una discoteca de esa ciudad al derramar accidentalmente una bebida en la camisa de Aaron.

Luego de la detención de Hernández por el homicidio de Odin, las autoridades se enfocaron en el doble homicidio del 2012 y empezaron a recabar pruebas. Entretanto, tras casi tres años de investigación y procesos judiciales, el 15 de abril de 2015 Aaron Hernández fue declarado culpable de asesinato en primer grado por la muerte de Odin Lloyd y sentenciado a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional.

Irónicamente, días antes de que Aaron se quitara la vida, un jurado de Massachusetts declaró inocente al exjugador por el doble homicidio tras 37 horas y media de deliberación en seis días. De todas maneras, ya estaba condenado a prisión perpetua.

De acuerdo al portavoz del Departamento de Correccionales, Christopher Fallon, el deportista se ahorcó utilizando una sábana que amarró a una ventana de la celda, e intentó bloquear la puerta con varios objetos.

José Baez, el abogado de Hernández, reveló que el exjugador había dejado tres notas de suicidio: una a su hija, una a su prometida y una a su abogado, misivas que comprueban que sufría de una enfermedad que de haber sido diagnosticada y tratada podría haber cambiado las cosas.

La serie documental de Netflix repasa de un tirón todos los hechos, pero es imposible no reparar que fue apenas 10 años atrás, en el 2010, que Aarón Hernández fue reclutado por el cuadro del mítico mariscal de campo, Tom Brady, y su ascenso parecía imparable. Incluso, había firmado un contrato por $40 millones poco antes de ser encarcelado.

Fuerza. Así era tacleado Aaron Hernández en 2012, cuando jugaba para los New England Patriots.

ABUSO SEXUAL Y GOLPES

En medio de todo el interés que ha generado el caso por cuenta de Netflix, la cadena CNN trajo a colación los resultados de una investigación realizada hace dos años por el equipo periodístico Spotlight, del diario The Boston Globe, que entrevistó a personas muy cercanas a Aaron, quienes confirmaron que a menudo fue golpeado por su padre, que fue abusado sexualmente de niño y que tenía una relación sexual con su mariscal de campo de la escuela secundaria.

La investigación se basó en decenas de entrevistas, miles de registros judiciales y gubernamentales, y grabaciones de cerca de 300 llamadas telefónicas a la cárcel entre Hernández y otras personas, publicó.

Las confesiones más vehementes las dio Jonathan Hernández, hermano mayor de Aaron, quien ratificó que su padre era implacable y que ellos le tenían terror, aunque Aaron también sentía un gran amor por él.

No se consignó en la investigación por parte de quien habría sufrido Aaron el abuso sexual.

El objetivo final, como se dijo al principio de esta nota, fue tratar de explicar la pregunta constante, y tal vez sin respuesta, sobre Hernández: ¿Por qué? ¿Por qué una talentosa estrella del fútbol con un contrato de 40 millones de dólares mató a Odin Lloyd en junio de 2013? ¿Por qué se suicidó en la cárcel pocos días después de haber sido absuelto en un juicio por doble asesinato?

Daño importante. La lesión cerebral que tenía Hernández es la más extensa de su tipo que se haya podido estudiar hasta el momento.

HABLA LA PROMETIDA

Cuando se estrenó la serie en Netflix, la prometida de Aarón, Shayanna Jenkins, se pronunció en Instagram para agradecer las muestras de solidaridad que le habían llegado por esa red social, y anunció que se retiraría unas semanas para procesar todo lo que estaba viviendo.

Por fin, la semana pasada Shayanna habló sobre su relación con el exjugador de la NFL.

En medio de lágrimas se refirió a la sexualidad de Aaron Hernández, ya que no le pareció justo que se mostrara la bisexualidad del jugador.

«No puedes describir la sexualidad de alguien sin haber estado ahí, es más, aunque tuve un hijo con él (Hernández), sigo sin poder decirles cómo se sentía realmente», declaró a ABC News.

Jenkins también habló sobre si el exjugador de los Patriotas algún día le confesó su supuesto gusto por los hombres, algo que se menciona mucho en el programa de Netflix.

De hecho, en el documental habla Dennis SanSoucie, compañero de Aaron en la secundaria y quien afirma que tuvieron encuentros sexuales y que Hernández le confesaba sentir temor a que se llegara a saber su orientación sexual.

Netflix logró su cometido, pues los principales medios del mundo han enfocado su mirada hacia la polémica que siempre ha rodeado la rudeza de este deporte, solo que siempre se ha manejado con un perfil relativamente bajo… hasta ahora.

«Me hubiera gustado que me lo dijera, realmente lo hubiera deseado. Eso no hubiera cambiado nada, lo hubiera seguido amando igual», dijo Shayanna.

Hernández y Jenkins mantuvieron una relación estable antes de que fuera ingresado a prisión. Su matrimonio no se pudo concretar debido al suicidio del exfutbolista de la NFL.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente para conferirle un tenor casi de incredulidad a toda esta historia, en agosto del 2018 José Báez, el abogado y a la postre amigo muy cercano de Aaron, publicó un libro en el que reveló el contenido de tres cartas que dejó Aarón, dirigidas a su abogado, a su prometida y a su hijita.

En la misiva que dirigió a su abogado se infiere la relación fraternal que habían establecido los dos hombres a lo largo de la batalla legal que enfrentaron.

«Bueno, escribo esta carta después de mi absolución y quiero darle voz a cómo me siento y dejar que otra gente cuya música me ha ayudado a pasar los malos momentos, sepa que lo hizo. Bien o mal -quién sabe- solo quiero seguir mi instinto y que me guíe», se puede leer en la carta escrita para Báez.

La que le escribió a su prometida, Shayanna Jenkins, estaba llena de cariño y amor.

«Siempre has sido mi alma gemela y quiero que ames la vida y que sepas que siempre estoy contigo. Te amo mucho y eres un ángel. ¡Nos dividimos en dos para venir a cambiar el mundo! Cuenta mi historia completa, pero nunca dejes de pensar lo mucho que te amo. Este era el plan del todopoderoso, no mío. NO TENGO MUCHO TIEMPO. ¡ESTOY SIENDO LLAMADO!», escribió el deportista.

La última, dirigida a Avielle, su hijita, es un poco confusa, pero obviamente le declama su gran amor.

«¡Papi nunca te abandonará! Estoy entrando a un reino sin tiempo en el cual puedo cambiar a cualquier forma porque todo puede pasar o no, puedo ver todo al mismo tiempo. La vida es eterna, créelo. Te veré en los cielos esperándote con el mismo amor. Nunca temas, ámame, estoy contigo».

En la cárcel, Aaron se hizo ferviente lector de la Biblia. Los guardas que hallaron su cuerpo sin vida narrarían después que Hernández se había escrito en la frente la cita bíblica «Juan 3:16».

Procesado. Hernández mientras atendía el jucio por doble homicidio en su contra en abril de 2017, en Boston.

Cinco minutos en el corazón de la catástrofe

Fotografía de EFE

Ese es el tiempo que se puede permanecer en la sala de control número 4 de Chernóbil, congelada en el tiempo desde la madrugada del 26 de abril de 1986. Fue aquí donde una cadena de errores humanos y fallos de diseño desencadenó el mayor accidente nuclear de la historia.

Es difícil sustraerse al miedo que provoca el escenario de la catástrofe, sentimiento que crece a medida que uno se despoja de sus pertenencias y se cubre con varias capas de ropa esterilizada, consulta los dos dosímetros que cuelgan del cuello y recorre pasillos kilométricos en semioscuridad hasta llegar al corazón del desastre.

La tenue iluminación de la sala no impide ver un polvo grisáceo por doquier. Parte de esa capa de polvo es aún altamente radiactiva y está mezclada con productos químicos rociados después de la avería para mitigar su peligrosidad.

Todo lo que queda son paneles incompletos, consolas vacías y cables arrancados con prisas en los días que siguieron a la explosión para minimizar los efectos de la radiación. Casi no queda ni rastro de los cientos de botones que servían para controlar el funcionamiento de la central. El único sonido que se escucha es el de los propios pasos. No hay tiempo para detenerse. Todo son prisas y nervios.

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NI UN PASO EN FALSO

Las autoridades ucranianas aseguran que la visita es segura. Insisten en que la dosis «posible» de exposición a la radiación es de un máximo de 0.1 milisieverts, una cantidad mil veces inferior a la considerada como dañina por la Comisión Internacional de Protección Radiológica.

La entrada a menores y mujeres gestantes o lactantes está prohibida y el visitante debe firmar varios formularios y aceptar una docena de estrictas normas de seguridad.

Nada más comenzar, hay que someterse a una medición de la radiación en todo el cuerpo supervisada por dos enfermeras. Un monitor cuelga del cuello durante toda la visita, al que se le añade un segundo dosímetro en las inmediaciones del reactor número 4.

Hay una decena de controles con detectores distribuidos a lo largo del recorrido. Cada detector muestra un diagrama con las áreas a escanear.

«Las mediciones cubren prácticamente todo el cuerpo, incluyendo la cara, las manos, la espalda y las piernas», explica Yulia Marusich, representante del departamento internacional de la central nuclear. Cinco segundos después, la máquina emite el veredicto: no contaminado.

La vestimenta para la visita se compone de dos juegos de pantalones, camisa, calcetines, guantes y gorro de tela, que se complementan con un casco y una mascarilla contra el polvo radiactivo.

Yulia conoce a la perfección los pasillos laberínticos de la central. Lleva 22 años recorriéndolos. Las puertas blindadas de acceso a los cuatro reactores durmientes se abren ante ella gracias a una combinación de llaves, claves de seguridad y llamadas de teléfono en circuito cerrado.

El tiempo y los movimientos en cada sala están controlados al milímetro. Un paso en falso puede implicar la interrupción de la visita. Dejar el bolso o la cámara en el suelo supone un riesgo de contaminación que, en caso de superar los límites establecidos, obligaría a un proceso de descontaminación e incluso en la destrucción de las pertenencias.

“Lo que ocurrió en este lugar supera a la ficción”, sentencia Ana Korolevska, una historiadora que lleva 28 años al frente del museo dedicado a la catástrofe, quien recuerda que durante mucho tiempo se habló de “los héroes del incendio de Chernóbil” para evitar llamarlo “accidente nuclear”.

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TENSIÓN EN EL REACTOR 3

Una vez que se deja atrás la sala de control número cuatro, la tensión no disminuye. Tampoco lo hacen las medidas de seguridad. La siguiente parada es, ni más ni menos, que el reactor número 3, donde los niveles de radiación en determinadas zonas son incluso superiores a los de la fatídica sala de control.

Los pasillos que conducen hasta él carecen de iluminación y el resto del camino se hace en la oscuridad, alumbrado tan sólo por la pantalla del teléfono móvil de la guía. «Por favor no toques nada e intenta no tropezar», insiste mientras avanzamos bajo un circuito de tuberías oxidadas.

Resultaría casi imposible hacer el camino de vuelta en solitario. La desorientación, la oscuridad y las numerosas compuertas incrementan el miedo al fantasma de la radiación.

Encontrarse cara a cara con el corazón del reactor número 3 intimida. Uno puede acercarse a tan solo unos centímetros y ver la parte superior de los cientos de columnas verticales hechas de grafito que sirvieron en su día para canalizar el combustible nuclear.

«Estás en lo alto del reactor. No se te ocurra dar un paso en falso,» advierte Yulia. A unos metros del reactor, la guía advierte que a día de hoy la radiación gamma puede alcanzar 500 milisieverts. Instintivamente, uno retrocede.

El reactor 3 fue puesto en marcha por última vez en el año 2000. La sala donde se encuentra el mosaico de láminas de grafito, con una altura de un edificio de cinco plantas, sigue severamente afectada por la radiación.

Caos. Este desastre humano desencadenó una serie de daños de los cuales todavía hay repercusiones. La radioctividad sigue presente en la planta nuclear.

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2,500 ROENTGENS POR HORA

De aquellos que estuvieron en primera línea tras el accidente sólo quedan vivos unos 1,500, según los datos del Museo Nacional de Chernóbil en Kiev.

Alexander Logachev e Iliá Susnov son dos de los más de 4,000 liquidadores que trabajaron las primeras semanas para mitigar los efectos del accidente.

Sobre las tres de la mañana del 26 de abril, una hora y media después de la explosión, Alexander recibió una llamada urgente para acudir a la central. A sus 27 años, este oficial del regimiento de defensa civil de Kiev fue la primera persona en elaborar un mapa detallando los niveles de radiación en las instalaciones.

«Durante cuatro días y sin apenas dormir realizamos el reconocimiento tanto de la central como de la ciudad vecina de Prípiat, el núcleo urbano más afectado por la radiación», relata.

El mapa muestra niveles de hasta 2,500 roentgens por hora en las salas aledañas al reactor número 4, donde se produjo la explosión.

El roentgen es una de las unidades estándar para medir la radiación, y se considera letal a partir de los 400 roentgens por hora.

«Trabajábamos incomunicados la mayor parte del tiempo, casi a ciegas. La radio deja de funcionar a partir de los 1,000 roentgens«, explica.

El mapa radioactivo fue usado por las autoridades para justificar la evacuación masiva de la zona, que tuvo lugar dos días después de las primeras mediciones.

Con 25 años, Iliá Susnov se presentó como voluntario y trabajó durante dos meses para levantar un primer muro de contención alrededor del reactor dañado. «Quise verlo con mis propios ojos. Me fascinaba la idea de ser testigo de lo que había pasado», recuerda. Cada día de los que estuvo allí recibió un nivel de radiación diez veces superior a lo permitido. Desde entonces cobra una pensión de 10 euros al mes como compensación.

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2,800 OPERARIOS ACTIVOS

Actualmente, trabajan 2,800 operarios en la central nuclear de Chernóbil. Muchos de ellos llegan cada día en tren desde Slavutich, una ciudad dormitorio construida a toda prisa para albergar a los evacuados y los involucrados en las labores de liquidación. Trabajan en un entorno de radiación ionizante que en algunas áreas supera en miles de veces las dosis permitidas.

Circulan de un extremo a otro de la central enfundados en uniformes blancos. Cada jueves revisan los protocolos de seguridad y practican simulacros de evacuación.

El día de la explosión, los cuatro reactores RBMK operativos, o reactores de condensador de alta potencia, suministraban el 10 % de la energía eléctrica de lo que hoy se conoce como Ucrania. La planta estaba destinada a ampliar su capacidad con hasta ocho reactores más y convertirse así en la instalación nuclear más potente de Europa.

La fiabilidad de este tipo de reactores para las autoridades soviéticas estaba fuera de toda duda. «Se pensaba que este tipo de reactor era tan seguro que era imposible que estallase», señala Vladímir, un ingeniero de 55 años que trabaja en la central.

La explosión esparció el equivalente a 500 bombas atómicas como la lanzada en Hiroshima en 1945, y la radiación sigue afectando a los habitantes de las zonas aledañas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia.

El accidente causó unos daños valorados en 8,000 millones de rublos soviéticos, unos 18,000 millones de euros de hoy, según los datos de la administración de la central.

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DISTRIBUIDOR DE ELECTRICIDAD

Ya no hay reactores funcionando en la central. Los miles de trabajadores que acuden a diario a la misma se dedican a su desmantelamiento paulatino, al almacenaje de combustible radiactivo y al mantenimiento de las instalaciones. La limpieza nuclear se completará en 2065. Al día de hoy, la radiación gamma ha disminuido a la mitad desde el día del accidente.

La central no produce energía desde el año 2000, pero continúa siendo parte del sistema eléctrico de Ucrania. Desde la sala de control número 1 se gestiona la transmisión de potencia eléctrica de las otras cuatro plantas nucleares y 15 reactores del país.

Vladímir hace turnos de 12 horas en la sala de control número 1. «Muchos no lo saben, pero desde Chernóbil nos aseguramos de que la electricidad llegue a todas partes de Ucrania, hasta el consumidor», cuenta mientras observa con atención los paneles junto a sus dos compañeros de turno.

Todo es analógico en la sala, desde los botones a los paneles de control hasta los medidores y parámetros que miden el pulso a la central.

Un nuevo sarcófago de contención, una barrera física tan grande como cuatro estadios de fútbol, ha reducido 10 veces la radiación gamma alrededor de la central. Está diseñado para durar 100 años y ha costado 1.500 millones de euros.

Explosión. La explosión ocurrió el 28 de abril de 1986 en la sala de control número 4 de Chernóbil.

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TURISMO CONTRA EL MIEDO

«Lo que ocurrió en este lugar supera a la ficción», sentencia Ana Korolevska, una historiadora que lleva 28 años al frente del museo dedicado a la catástrofe, quien recuerda que durante mucho tiempo se habló de «los héroes del incendio de Chernóbil» para evitar llamarlo «accidente nuclear».

El museo expone unos 9,000 objetos de los más de 100,000 que se acumula en sus fondos. «Muestra aspectos de la tragedia silenciados por la KGB durante años», destaca la responsable.

El Gobierno ucraniano quiere revertir la imagen negativa de la central nuclear, y una de las vías para lograrlo es el turismo. Está impulsando viajes a la zona y pretende crear una especie de «corredor verde».

En realidad, el lugar nunca ha dejado de atraer a curiosos. Hace 13 años la aparición de S.T.A.L.K.E.R, un videojuego ambientado en la Zona de Exclusión que recrea las consecuencias de una segunda explosión nuclear causada por un grupo de científicos soviéticos, dio un primer empujón al turismo.

Durante el último lustro, el número de turistas se ha multiplicado por 12. Y la serie «Chernóbil«, producida por HBO, ha renovado el interés por la catástrofe.

Más de 100,000 turistas han visitado el lugar en 2019, según el organismo estatal ucraniano para la Gestión de la Zona de Exclusión, área que abarca unos 30 kilómetros alrededor de la central. La mitad son extranjeros.

«Éste es un tipo de turismo único y asumimos altos riesgos. Como negocio, tenemos que lidiar con estrictos controles de seguridad, numerosas normas y permisos», advierte Konstantin Vlasov, director de Chernobyl Exclusive Tours, una de las doce agencias turísticas acreditadas que operan en la zona de exclusión.

Junto a las visitas que se pueden efectuar ahora a sala de control número 4, la central de Chernóbil prepara ya nuevas rutas en barco y en helicóptero. Por ahora se han aprobado cinco rutas acuáticas y tres aéreas en la zona de exclusión que comenzarán a operar este año.

Mona, una estudiante eslovaca de 22 años no consigue sobreponerse de la visita. «Siento emociones muy fuertes aquí, no puedo evitarlo. Creo que todo el mundo debería ver este lugar», cuenta.

«El llanto y la risa nerviosa son reacciones comunes», remarca Yulia. «La gente perdió todo aquí: su salud, su hijos, su vida».

Los otros cuidadores del clima

Vida. La sabiduría de las comunidades mayas resiste a través del tiempo. Consideran que la tierra es la proveedora de la vida y por esto es importante cuidarla.

La sabiduría de los indígenas mayas lacandones dice que cuando un árbol cae, cae una estrella del cielo, y con esa filosofía los pueblos descendientes de la antigua civilización mesoamericana mantienen hoy en día un concepto de sostenibilidad basado en el cuidado a la naturaleza.

Los actuales mayas, asentados en comunidades a lo largo de cuatro países centroamericanos – Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice-, además del sur de México, guardan celosamente el legado de sus ancestros, para quienes la madre tierra era la fuente proveedora de vida, y por eso la respetaban.

Un respeto al que se intenta regresar ahora, cuando los efectos del cambio climático se dejan notar en el mundo, y suponen una amenaza para la subsistencia de estos pueblos, donde los meses de lluvias se han visto acortados por periodos de fuertes sequías que amenazan sus cosechas.

LA MILPA, EL CULTIVO SOSTENIBLE

En cada uno de los países que forman el Mundo Maya, las comunidades mantienen como forma de cultivo la milpa, un término derivado del náhualt que significa «lo que se siembra encima de la parcela», y que consiste en una porción de tierra en la que se plantan distintos tipos de semillas, como maíz, frijol o calabaza, que constituyen su dieta básica.

«Hacer milpa» significa realizar todo el proceso productivo, desde la selección del terreno hasta la cosecha, usando los conocimientos de la naturaleza, entre ellos la influencia de la luna sobre la tierra para la recolección, o los tiempos de lluvia para la siembra, «aunque eso con el cambio climático ha variado mucho», explica a Efe Juan Diego Ramos, de la comunidad tzutujil maya de San Juan La Laguna, en Guatemala, situada a los pies del lago Atitlán.

En esa localidad, la asociación Rupalaj Kistalin viene desarrollando desde 2005 un plan de educación destinado a crear conciencia en las nuevas generaciones sobre la importancia de respetar el entorno natural en el que viven. Y lo hacen mediante proyectos de recolección de semillas de árboles nativos, que pasó luego a un vivero especializado en el cuidado de las plantas.

Desde entonces se han sembrado 30,000 árboles, de los cuales el 50 % se ha destinado a la reforestación del área circundante a los nacimientos de agua, mientras que la otra mitad se entrega a la cooperativa de café de la comunidad para crear parcelas demostrativas de ese cultivo.

«De los árboles del bosque se hace un censo y se identifican y no todos se pueden extraer, tan solo uno por hectárea y tienen que haber cumplido su ciclo de vida, es decir tienen que tener unas dimensiones específicas. También hay algunos que son maderables pero que se dejan para cumplir la labor de semilleros», indica Juan Ariel Pop.

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EL XATE Y LA MADERA

En Uaxactúm, a 25 kilómetros al norte del impresionante sitio arqueológico de Tikal, sus 963 habitantes censados viven fundamentalmente de la producción del Xate, una planta decorativa que exportan a Estados Unidos, y de la madera.

Esta comunidad, ubicada en el corazón de la Reserva de la Biosfera Maya, es una de las beneficiarias de las 9 concesiones forestales -la más grande- que el Gobierno de Guatemala ha repartido en el área del de Petén. 83,558 hectáreas de bosque que permanece intacto desde hace 100 años.

«El bosque nos da vida y hace que nos mantengamos acá de una manera sostenible y también para las futuras generaciones», señala a Efe Melvin Barrientos, representante legal de organización encargada del manejo y la conservación del bosque.

La comercialización del Xate constituye «el pan diario» para los habitantes de Uaxactúm, indica Juan Ariel Pop, guía y coordinador de la comisión de turismo de la zona, y ha supuesto una oportunidad laboral para las mujeres y los jóvenes de la comunidad, que trabajan en la planta de producción en turnos rotatorios para pagarse los estudios.

Esos jóvenes son también los encargados de llevar a cabo la reforestación del Xate cada año, con el cultivo de 40,000 nuevas semillas.

La caoba y el cedro son dos de las maderas que se trabajan en el aserradero de la comunidad, pero «siempre de una manera sostenible«, remarca Pop, porque la tala de los árboles se realiza en un área específica durante cinco años, y luego se reforesta.

«De los árboles del bosque se hace un censo y se identifican y no todos se pueden extraer, tan solo uno por hectárea y tienen que haber cumplido su ciclo de vida, es decir tienen que tener unas dimensiones específicas. También hay algunos que son maderables pero que se dejan para cumplir la labor de semilleros», indica.

Reforestación. En San Juan La Laguna, en Guatemala, se han sembrado 30,000 árboles de los cuales el 50 % se destina a la reforestación del área cercana a nacimientos de agua.

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LOS LACANDONES, CUIDADORES DE LA SELVA

En el estado mexicano de Chiapas, los indígenas que conforman la Comunidad Lacandona decidieron en asamblea prohibir la actividad pecuaria en la zona para evitar la desforestación de su selva.

Ellos sienten una «simbiosis con la selva» y por eso la comunidad lucha para que no se divida y reparta. «Todo es comunitario y no se puede vender», señala a Efe Enrique Chankin, indígena lacandón que regenta con su familia el centro de ecoturismo Top Ché.

Pocos kilómetros más allá, junto al río Usumacinta, se establecieron los Choles, a quienes el Gobierno mexicano dio tierras de cultivo para asentarse, y que ahora trabajan en el mantenimiento del entorno agrupados en una cooperativa mediante el programa gubernamental «Sembrando vida».

Sin embargo, «si llega otro Gobierno y no le da seguimiento al proyecto de nada servirá», señala Pascual Sánchez, presidente de la cooperativa Nueva Alianza, quien alerta también de la gravedad de la desforestación de la selva.

«Si no hay árboles se incrementa el calor y la lluvia es torrencial», advierte, pero los apoyos para evitarlo «deben llegar directos al pueblo».

«Son las ONG las que trabajan para eso, pero al pueblo llega un tanto por ciento muy pequeño de las ayudas. Sólo una quinta parte. Hay que aportar de forma directa, para que también el cambio sea directo», concluye.

Efectos. Los efectos del cambio climático ya se hacen sentir en esta región, donde existen mayores períodos de sequía.

El caos reina en las cortes de inmigración en EUA

Fotografía de AP
Fotografía de AP

En una sala cerrada del tribunal, dentro de un complejo rodeado por alambre de espino, el juez de inmigración Jerome Rothschild espera, y deja pasar el tiempo.

El intérprete de español llega tarde porque ha pinchado una rueda. Rothschild dice a los cinco inmigrantes que tiene delante que se tomará un descanso antes de que comiencen las sesiones. Confía en demorar el proceso lo suficiente como para que esas personas no tengan que quedarse sentadas sin comprender lo que ocurre mientras se decide su futuro.

«Estamos, lo que no es inusual, sin intérprete», dice Rothschild a un abogado que entra en la sala del Centro de Detención Stewart tras manejar desde Atlanta, a 225 kilómetros (140 millas) de distancia.

En su desorden, este es un día típico en el caótico, sobrepasado y confuso sistema judicial de inmigración de Estados Unidos, del que la sala de Rothschild es solo un pequeño rincón.

Envueltas en secretismo, las cortes migratorias que gestiona el Departamento de Justicia de Estados Unidos son disfuncionales desde hace años, y solo han empeorado. Un repunte en la llegada de solicitantes de asilo y la campaña del gobierno de Donald Trump sobre la frontera suroeste y la inmigración ilegal han dejado más gente en proceso de deportación, disparando a un millón el número de casos acumulados.

Fotografía de AP
Sin resolver. Los casos migratorios que llegan a la vista judicial llevan casi dos años en proceso. Muchos inmigrantes llevan esperando mucho más.

«Es un sistema enorme, engorroso, y sin embargo un gobierno tras otro llega e intenta utilizar el sistema para sus propios objetivos», dijo la juez de inmigración Amiena Khan en la ciudad de Nueva York, hablando como vicepresidenta de la Asociación Nacional de Jueces de Inmigración.

«Y cada vez, el sistema no cambia ni un ápice, porque no se puede hacer virar el Titanic», añadió.

The Associated Press visitó cortes de inmigración en 11 ciudades diferentes más de dos docenas de veces durante un periodo de 10 días a finales del otoño. En tribunales de Boston a San Diego, los reporteros asistieron a docenas de vistas que mostraban cómo una carga de trabajo abrumadora y los cambios de normativa han sumido los tribunales en una situación sin precedentes.

Por ejemplo, algunos jueces intentan hacer el ritmo de trabajo más eficiente programando el doble o el triple de citas. Como no es posible completarlas, se producen muchas cancelaciones. Los inmigrantes reciben nuevas citas, con años de diferencia.

Hay niños pequeños por todas partes, sentados en el suelo, de pie o llorando en salas judiciales abarrotadas. Muchos inmigrantes no saben cómo rellenar los formularios, conseguir traducciones de sus documentos o presentar su casa.

Hay niños pequeños por todas partes, sentados en el suelo, de pie o llorando en salas judiciales abarrotadas. Muchos inmigrantes no saben cómo rellenar los formularios, conseguir traducciones de sus documentos o presentar su casa.

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Los cambios frecuentes en la ley y las normas sobre cómo gestionan los jueces sus salas hacen imposible saber lo que deparará el futuro cuando los inmigrantes consigan su día ante el tribunal. A menudo, los documentos se pierden. Con frecuencia, no hay intérpretes.

En Georgia, el intérprete asignado a la sala de Rothschild termina llegando, pero la vista se interrumpe poco después cuando no se localiza a la abogada de un hombre mexicano, que debía intervenir por teléfono. Dejan a Rothschild en espera, y la animada música de espera suena en la sala.

El juez pasa a otros casos -un solicitante de asilo peruano, un cubano que pide una fianza- y aplaza el caso de la abogada desaparecida a la sesión de la tarde.

Para entonces la abogada sí responde, y se disculpa entre toses por no estar disponible antes, explicando que está enferma.

Ahora el intérprete está en otra sala, lo que deja a Rothschild en lo que el juez describe como la «incómoda posición» de juzgar el caso de alguien que no entiende lo que ocurre.

«Odio que un hombre salga de una vista sin tener ni idea de lo que ha pasado», dice, y pide a la abogada que resuma el resultado del proceso a su cliente en español.

Tras algo de discusión, la abogada accede a retirar la petición de fianza y volver a presentarla cuando pueda demostrar que el hombre lleva más tiempo en el país de lo que cree el gobierno, lo que podría aumentar sus opciones.

Por ahora, el hombre vuelve a detención.

En un edificio federal en el centro de Manhattan, la lista de citas ante los tribunales de inmigración abarca dos páginas. Una multitud espera en los pasillos a su turno para ver un juez, hablando en susurros entre ellos y con sus abogados, pegándose a la pared para dejar pasar a la gente.

Los guardias de seguridad pasan y les ordenan quedarse a un lado y dejar despejados los pasillos.

Los jueces de inmigración instruyen 30, 50 o cerca de 90 casos al día. Cuando asignan fechas futuras, se pide a los inmigrantes que vuelvan en febrero o marzo… de 2023.

La mayor acumulación de casos del país está en la Ciudad de Nueva York, donde se reparte en tres edificios diferentes. Uno de cada 10 casos judiciales de inmigración se dirime allí, según el directorio de información sobre administraciones públicas (TRAC, por sus siglas en inglés) que mantiene la Universidad de Siracusa.

De media, los casos migratorios que llegan a la vista judicial llevan casi dos años en proceso. Muchos inmigrantes llevan esperando mucho más, especialmente los que no están en centros de detención.

Como hay tantos casos, a menudo hay citas dobles y triples, lo que puede convertir la cita en un arriesgado juego de sillas musicales donde ser el que se queda sin sitio puede tener graves consecuencias.

Rubelio Sagastume-Cardona lleva dos años esperando a que un juez de Nueva York determine si debe recibir una «green card», una tarjeta de residencia permanente.

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Saturación. En muchos tribunales se repiten estas escenas, donde inmigrantes y abogados luchan por los espacios en agendas sobrecargadas.

El guatemalteco tenía una cita en mayo, pero se vio demorado para dejar hueco a otro caso. Esta vez compite por el espacio en la agenda de la juez Khan con el caso de otra persona, a pesar de que Sagastume-Cardona solo consiguió esta cita porque su abogado le cambió el hueco con otro cliente. Ahora debe esperar a 2023 para tener una vista.

«Está siendo más difícil conseguir una vista para el caso de mi cliente que litigarlo», dice su abogado, W. Paul Alvarez. «Es una locura».

Las largas esperas son agónicas para muchos inmigrantes y sus familias, angustiadas con la incertidumbre de qué -y cuándo- les ocurrirá a sus seres queridos.

Este problema no se limita a Nueva York. En muchos tribunales se repiten estas escenas, donde inmigrantes y abogados luchan por los espacios en agendas sobrecargadas.

Los tribunales de San Francisco y Los Ángeles tienen más de 60.000 casos cada uno. De Arlington, Virginia, a Omaha, Nebraska, hay casos que llevan pendientes una media de dos años, según TRAC.

En Boston, Audencio López, de 39 años, pidió asilo hace siete años. En 1997, cuando era adolescente, se marchó de su pueblo campesino en Guatemala para cruzar la frontera de manera ilegal y pronto encontró empleo en una firma de jardinería donde aún trabaja, manteniendo los jardines de escuelas de la zona. Pero no fue hasta el pasado noviembre cuando entró en la imponente corte de Boston para conocer qué sería de él.

Le acompañan su esposa y sus tres hijos, incluida una beba que mordisquea cereales sentada en el regazo de su madre hasta que llega la cita.

López le habla al juez de su devoción cristiana y sus estudios de la Biblia, de que sus hijos estudian en una escuela concertada y sueñan con ir a la universidad, de su miedo a tener que llevar a sus hijos a un lugar peligroso en el que nunca han estado.

Fotografía de AP
Tribunales. Los jueces de inmigración instruyen 30, 50 o cerca de 90 casos al día. Cuando asignan fechas futuras, se pide a los inmigrantes que vuelvan en febrero o marzo de 2023.

Él confía en poder quedarse en el país amparándose en una cláusula para inmigrantes que llevan más de una década en el país y tienen hijos estadounidenses que sufrirían si ellos no están.

Tras una hora de interrogatorios, el juez Lincoln Jalelian dice a López que el caso pasará a deliberaciones. La abogada del gobierno dice que no se opondrá a conceder una visa a López dado su historial «ejemplar» y sus servicios a la comunidad, lo que implica que probablemente podrá quedarse.

Pero mientras sueña con un futuro para su familia en Estados Unidos, López admite que la esperanza y la alegría se ven ensombrecidas por la incertidumbre, porque la situación de su esposa aún no está resuelta. Ella pidió asilo hace cinco años y aún no ha tenido su vista de inmigración.

«Es un buen primer paso», dice López una semana después. Da gracias a Dios, pero añade «esperemos que pueda mostrarnos otro milagro».

Venezuela a ciegas y a empujones hacia unas elecciones inminentes

Fotografía de EFE
Elección. Venezuela está próxima a elegir a nuevos miembros de la Asamblea Nacional, controlada numéricamente, por la oposición chavista.

En la convocatoria de las elecciones legislativas que corresponde este año en Venezuela se asoma un doble rasero que, según los pronósticos más esperanzadores, puede destrabar la crisis política o, por las últimas movidas de cada bando, atizar la confrontación entre el Gobierno y la oposición.

En 2020, por ley, el país debe elegir a nuevos miembros de la Asamblea Nacional (AN, Parlamento) que, al menos numéricamente, la oposición controla por amplio margen desde enero de 2016, sin que esto se haya traducido en un poder real contra el Ejecutivo de Nicolás Maduro que considera a la Cámara en desacato.

Esta apreciación, sin embargo, está a punto de cambiar, pues no hay nadie más interesado en reconquistar el dominio parlamentario que el oficialismo y en ese afán el Gobierno inició una hambrienta precampaña en todo el país aunque hasta ahora los ciudadanos no saben cuándo votarán, con cuáles garantías ni por quién.

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NUEVO ENTE ELECTORAL

Lo más definitorio del año será la elección de una nueva directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE), el árbitro de las votaciones que hasta ahora integran una mayoría cercana al Gobierno que han sido acusados dentro y fuera de Venezuela de favorecer a la llamada revolución bolivariana, en el poder desde 1999.

La designación de los rectores electorales es una competencia exclusiva del Parlamento que parece escapársele de las manos debido a la reciente disputa por la presidencia legislativa entre el líder opositor Juan Guaidó y el disidente de su coalición Luis Parra, respaldado por el chavismo.

Esto favorece al Ejecutivo, pues entraría en juego la controvertida idea de «omisión legislativa», según la cual la AN fue incapaz de acordar con 112 de los 167 votos las designaciones y por ende, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que ha cerrado filas en torno a Maduro, asumiría ese rol por tercera vez.

Desde el año pasado, el Parlamento trabaja, con todas las de la ley y participación de oficialistas, en esta tarea que podía llegar a buen puerto en febrero, pero ahora quienes respaldan a Parra como jefe de la Cámara descartan la viabilidad de este mecanismo.

El portavoz del oficialismo en el Legislativo, Francisco Torrealba, ya dijo que no hay condiciones para que se logre un acuerdo dentro del Parlamento por lo que la comisión de diputados que venía trabajando en el tema «ha quedado en el limbo».

«Estamos buscando una negociación con la finalidad de conseguir nombres que representen al pueblo, no a nosotros, y que esas nuevas autoridades (del CNE) hagan la convocatoria para las elecciones parlamentarias», dijo el pastor evangélico y excandidato presidencial, Javier Bertucci.

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MESA DE DIÁLOGO

El Gobierno y un minúsculo sector opositor participan desde hace meses en una mesa de diálogo, cuya funcionalidad o representatividad no es reconocida por el grueso del antichavismo pero que ha venido debatiendo en paralelo lo relacionado con los comicios legislativos.

El pastor evangélico y excandidato presidencial Javier Bertucci, que participa en estas conversaciones, explicó a Efe que esta instancia ya considera innegable la omisión legislativa y por ello la tarea ahora «queda en manos del TSJ«.

«Estamos buscando una negociación con la finalidad de conseguir nombres que representen al pueblo, no a nosotros, y que esas nuevas autoridades (del CNE) hagan la convocatoria para las elecciones parlamentarias», dijo.

Bertucci se dice confiado en que el llamado a las urnas para unos comicios legislativos y no presidenciales como demanda la oposición «va a destrabar» la reyerta entre Maduro, cuya legitimidad no es reconocida por buena parte de la comunidad internacional, y las fuerzas que respaldan a Guaidó como presidente encargado de Venezuela.

«Tenemos que avanzar en las cosas que podemos hacer, no ofrecer cosas que no puedes cumplir», sostuvo.

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VOTAR: CUÁNDO Y CÓMO

Aunque el chavismo insiste en acudir a las urnas cuanto antes y está desplegado en mítines como si las elecciones fueran mañana, la organización de estos comicios requiere un tiempo que, aun cuando las nuevas autoridades del CNE actúen de manera expedita, no será menor a 120 días.

Bertucci y los otros participantes no oficialistas de las negociaciones esperan que las nuevas autoridades electorales y la fecha de los comicios sean conocidas lo más pronto posible, probablemente en febrero, pero que esa contienda se dispute en el último trimestre del año.

El Gobierno, en cambio, ha mostrado su lado más conciliador este mes al proponer que las votaciones se realicen a más tardar en el tercer trimestre y no en el primer semestre del año como temía la oposición que ocurriera en vista de la sed electoral que ha mostrado el oficialismo hasta ahora.

Maduro ha ofrecido «las más amplias garantías» para tal jornada, así como que esta transcurra con «puertas abiertas al acompañamiento internacional» de Naciones Unidas y la Unión Europea (UE), excepto la Organización de Estados Americanos (OEA) a la que el chavismo acusa de injerencia en el país sudamericano.

Los negociadores que hacen contrapeso al Ejecutivo, señalados de colaboracionistas del régimen por la mayoría opositora, exigen que todos los partidos políticos sean habilitados para participar en las votaciones y se tomen otras medidas, todavía en discusiones, para evitar el ventajismo oficialista que han denunciado en el pasado.

Fotograf'ia de EFE
Chavismo. Desde 1999,. el país suramericano es gobernado por la denominada revolución bolivariana.

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EL CAMINO DE GUAIDÓ

Guaidó, reelegido este año como presidente del Parlamento con 100 de los 167 votos en juego, no ha dado señales de cambios en el camino que ya emprendió la cámara para designar a los rectores electorales, y que puede convertirse en letra muerta en vista de la imposibilidad del Legislativo de materializar sus decisiones.

A juicio de Bertucci, si la mayoría opositora que respalda a Guaidó como líder de la cámara nombra un nuevo CNE, esos designados «están presos al otro día», como ocurrió en el pasado cuando el Parlamento escogió nuevos magistrados para el TSJ que terminaron presos o exiliados.

Mientras tanto, algunos de los partidos más grandes de la oposición se han venido preparando para ir a las urnas, y aunque públicamente aseguran que su meta es repetir las cuestionadas presidenciales de 2018 en las que Maduro fue reelegido, el chavismo asegura que acudirán a las legislativas de este año.

«Van a participar todos los partidos políticos de la oposición, anótelo, nosotros aspiramos a recuperar la Asamblea Nacional con votos, y lo vamos a lograr», dijo esta semana Maduro que pronosticó al menos 104 escaños oficialistas (desde 2016 tienen 55).

¿Participar o no en las elecciones legislativas será un dilema para las fuerzas contrarias al Gobierno? «Decididamente no», respondió a Efe uno de los más altos representantes opositores que prefirió el anonimato, no sin adelantar que la «estrategia» de lucha de este año está puliendo sus últimos detalles.

Moria: el horror que esconde Europa

Fotografía de EFE

Llovizna en el monte y comienza a refrescar. Cuatro personas duermen en una tienda de campaña para dos, y otras seis lo hacen en un diminuto habitáculo techado. Los primeros buscan una manta para evitar que el agua se cuele. Muchos se quejan, protestan por las condiciones. Cunde la indignación y elevan el tono. Safi, sin embargo, no.

«Nunca volveré a Somalia -asegura-. Esto es mejor que estar allí. Si puedo pasar aquí diez años, estaré bien. No quiero volver a escuchar el sonido de las balas y de los coches bomba. Quiero vivir».

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UN CÓCTEL EXPLOSIVO

Solo lleva unos días en suelo griego, pero sus ojos ya han visto lo que hay: verjas, alambradas, bolsas de basura amontonadas, peleas diarias, agresiones sexuales, intentos de suicidio y colas de tres horas para recibir un plato de comida. Bienvenido a Moria.

Ubicado en la isla de Lesbos, el campo, unas instalaciones militares preparadas para albergar a 3,000 soldados de forma temporal, acoge ya a cerca de 18,000. Está tan masificado que se extiende por dos laderas contiguas fuera del recinto. Y las llegadas no cesan.

La gravedad de la situación ha llevado al nuevo Gobierno griego, de signo conservador, a anunciar su cierre. ¿La solución? Construir varios Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), uno de ellos en Lesbos, que sustituirán las deficientes instalaciones utilizadas ahora. El objetivo del Ejecutivo es restringir los movimientos de quienes piden asilo, que hasta hoy pueden moverse por la isla sin demasiados problemas.

«Moria está peor que nunca, vengo en shock», cuenta Philippa Kempson, quien trabaja junto a su marido Eric en la ONG británica Hope Project. Llevan más de cuatro años en Lesbos.

La llegada de refugiados marca el día a día de esta región, una pequeña isla bañada por el mar Egeo con cierto desarrollo turístico donde viven unas 80,000 personas. Cerca de 35,000 lo hacen en su capital Mytiline, con sus casitas blancas, sus bares, sus pubs de moda y su puerto náutico. Refugiados, voluntarios, locales y turistas conforman un ecosistema de contrastes. Hay tensión en el ambiente. Si el campo de Moria y sus aledaños fuera un núcleo poblacional, sería el segundo municipio más importante de una isla.

Solo en 2019 Lesbos ha recibido más de 27,000 nuevos solicitantes de asilo -en toda España, con una superficie 300 veces superior, se registraron 32,000-, según datos de la ONU, que reflejan cómo el flujo de pateras se disparó desde el verano hasta niveles que no se veían desde 2016.

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GEOPOLÍTICA COMO TRASFONDO

Safi es somalí, una minoría dentro del campo. Lo contrario que Zainab Mohammadi, de 19 años, nacida en Afganistán como el 80 % de los «vecinos» de Moria. Llegó hace once días procedente de la costa turca, en patera. Desde entonces duerme al raso junto a otros miembros de su familia, a la espera de conseguir una tienda de campaña. Unas mantas colocadas en el suelo delimitan su espacio. Están fuera del campo, en las laderas de la montaña, como otras miles de personas.

«Vinimos en un bote, fue aterrador… Tengo miedo al agua. Fueron dos horas de viaje, junto a otras 35 o 40 personas. Ahora mismo no sabemos dónde está nuestro padre, le perdimos el rastro en Turquía y no sabemos nada de él», relata.

La historia le suena. Es testigo cada noche. Se llama Edgar Garriga, tiene 29 años y es de Tarragona (España). Ingeniero informático, socorrista y patrón de barco. Colabora con la ONG Refugee Rescue, que rastrea a diario la costa en busca de pateras a las que guiar a tierra para que no encallen, como las que llevaron hasta allí a Zainab y Safi. En última instancia, se encargan de rescatar a quienes caen al agua.

No muy lejos de su cuartel general, en el norte de la isla, se encuentra el llamado «cementerio de chalecos», una suerte de vertedero con miles de estas prendas acumuladas junto a barcos y lanchas destrozados, ropas y restos. Erigido en un icono de la crisis humanitaria, incluso Google Maps señala el punto exacto donde se encuentra pese a la ausencia de indicaciones oficiales. Alejado de cualquier núcleo poblacional, solo las cabras y algún curioso transitan el lugar.

«En el mar vemos cómo guardacostas turcos entran en aguas territoriales griegas, retienen las embarcaciones de los refugiados y las devuelven a Turquía. Es un acto ilegal, pero se sienten impunes por el tratado firmado con la UE», denuncia Garriga. Aunque Safi y la mayoría de sus compañeros no sean conscientes, la geopolítica tiene mucho que ver en esta crisis. El acuerdo entre Bruselas y Ankara entró en vigor en 2016. Al país otomano llegan cientos de miles de sirios desplazados por la guerra, de acuerdo con estadísticas oficiales, pero también muchos afganos e iraquíes, entre otras nacionalidades. La UE aporta fondos a Turquía para ayudar a recibir a este contingente, a cambio de que no pase a su territorio. Las ONG coinciden al denunciar que las autoridades turcas regulan el flujo migratorio aus conveniencia, como mecanismo de presión.

«Moria está así porque es una forma de mandar un mensaje: no vengáis, permaneced lejos», lamenta la líder de otra ONG bajo condición de anonimato.

Desesperación. Los voluntarios que trabajan en Moria lo describen como un campo de concentración, como un lugar peligroso y una bomba de tiempo.

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«SIEMPRE HAY PELEAS»

«Campo de concentración», «peligroso» e «inseguro» son tres de los calificativos más repetidos por voluntarios y refugiados a la hora de definir Moria. «Siempre hay peleas. Siempre», repite como una letanía Mahmud, un niño palestino de 10 años.

Moria, controlado por las autoridades griegas y donde rara vez se permite la entrada a periodistas, tiene un perímetro delimitado por verjas y alambradas de espino. También dispone de una una prisión para los que van a ser deportados tras rechazar su petición de asilo. Pero su imagen de «fortín» se desvanece al dar la vuelta a una esquina, ya que en uno de sus lados hay varios agujeros en las vallas que dejan entrar y salir a todo aquel que quiere hacerlo sin pasar por la única puerta oficial y controlada. El trasiego por estas aberturas es constante, se produce incluso a la luz del día.

Contiguo se encuentra el llamado «olivar», una ladera donde se apiñan miles de personas. Se calcula que vive más gente fuera que dentro de las instalaciones. Las condiciones de unos y otros no difieren demasiado, salvo la existencia de partes techadas y cuartos de baño corrientes en el caso de los «afortunados» con hueco en Moria, frente a la intemperie y las duchas portátiles de quienes duermen fuera. El grado de masificación es tan elevado que, además del «olivar», hay decenas de pequeños asentamientos en las inmediaciones del recinto. Safi es solo un «inquilino» más en estos últimos.

La saturación tiene sus consecuencias en el reparto de comida, con esperas de hasta tres y cuatro horas para recibir un plato. «Cuando voy a la fila para conseguir alimento, siempre es muy larga y hay peleas porque no hay suficiente para todos. Además, la comida no es buena, hasta los médicos lo dicen (…) Vivir aquí es muy difícil», dice Ahmad Fajim, afgano de 30 años, antes de salir corriendo para llegar a tiempo de lograr una ración, algo que no siempre consigue.

“En el mar vemos cómo guardacostas turcos entran en aguas territoriales griegas, retienen las embarcaciones de los refugiados y las devuelven a Turquía. Es un acto ilegal, pero se sienten impunes por el tratado firmado con la UE», denuncia Garriga. Aunque Safi y la mayoría de sus compañeros no sean conscientes, la geopolítica tiene mucho que ver en esta crisis.

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NIÑOS QUE SE AUTOLESIONAN

Dentro del campo, la salud de Safi y del resto de refugiados está directamente en manos de ONG, que cuentan con una especie de hospital de reducido tamaño en su interior en el que decenas de personas esperan a ser atendidas. Fuera, justo enfrente, Médicos Sin Fronteras (MSF) atiende sobre todo a mujeres y niños. En los casos más graves, una ambulancia del sistema sanitario griego llega y se lleva al paciente al hospital, donde los medios son escasos y no siempre hay intérpretes.

«Hay mucha gente con ataques de pánico, la mayoría de los problemas de salud que vemos son psicológicos. El resto se solucionarían con comer y dormir bien», explica una médico británica voluntaria en el centro. «Vemos cada tarde a cuatro o cinco chicos jóvenes con cortes en los brazos, nos llega mucha gente con tendencias suicidas», apunta otra colaboradora de la misma ONG.

Lo constata el coordinador de MSF en Lesbos, Marco Sandrone: «Los números son increíblemente altos, vemos muchos casos de intentos de suicidio, incluso en nuestra clínica pediátrica, donde recibimos cada vez más niños que se quieren autolesionar». En su opinión, presentan «traumas» relacionados con lo vivido en su país de origen y durante el viaje hasta Europa, pero las condiciones de Moria y su insalubridad agravan la situación.

La falta de seguridad también se traduce en agresiones sexuales, tanto dentro como en los aledaños del campo. No hay cifras oficiales pero se trata de un secreto a voces. Tanto, que la ONG ya lo ha denunciado públicamente.

Clausura. La situación en la que viven los refugiados en Moria ha llevado al nuevo gobierno griego a anunciar el cierre de estas instalaciones.

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EL ARDUO PROCESO BUROCRÁTICO

El estatus de refugiado es una figura reconocida en el Derecho Internacional. Para recibir asilo es condición «sine qua non» estar perseguido o que la vida del solicitante corra peligro. En Lesbos, en torno al 40% de las solicitudes son rechazadas. Y el «no» significa la deportación.

El proceso para lograr el estatus de refugiado arranca nada más tocar suelo griego, pero la saturación y la burocracia hacen que el recién llegado tarde meses en recibir su tarjeta de demandante de asilo. Es el caso de Safi, quien durante ese período no recibirá la ayuda de 90 euros al mes que la UE entrega a cada uno de ellos -a través de Acnur-. Los comienzos son duros.

La clave del procedimiento es una entrevista en la que se pregunta al solicitante los motivos que le han llevado a salir de su país y se le pide documentación para comprobarlo, tras lo que cual se toma una decisión. Actualmente se están concediendo citas para esta entrevista a casi dos años vista (para 2022), según denuncian desde la ONG Legal Centre Lesvos.

Para la mayoría, el mejor escenario es lograr la condición de refugiado en un plazo de entre dos y tres años. Y después? Comienza a contar un plazo de seis meses, tras el cual se pierde el derecho de alojamiento y asignación mensual con la expectativa de que la persona encuentre trabajo y logre sus propios ingresos, algo extremadamente difícil en Grecia, con una de las tasas de paro más altas de la UE (hoy en torno al 17 %). Además, la documentación obtenida da derecho a residir en Grecia pero no a hacerlo en el resto de la UE.

«En Atenas ya se está viendo lo que provoca esta situación, con mucha gente viviendo en la calle, desesperada. Están atrapados, primero en Turquía, después en la isla de Lesbos y más tarde en Grecia (en la parte peninsular)», protesta Lorraine Leete, la responsable de Legal Centre Lesvos.

A la espera de la entrevista se encuentra Javad Emami, de 24 años, nacido en Afganistán. Pintor de profesión, colabora con una ONG como profesor de dibujo. Vive donde da clases, literalmente: cuenta con un pequeño camastro debajo de una especie de escenario que preside el espacio. El lugar está ambientado con centenares de cuadros hechos por refugiados que reflejan con crudeza la situación: barcos que encallan, verjas, cárceles, lágrimas.

Éste es su segundo intento. El primero le llevó como «ilegal» a Noruega, Alemania y Francia, entre 2015 y 2017, hasta que fue deportado a su país de origen. Ahora regresa. «Yo ya le dije a mi abogado que yo no quiero volver. Ahí no tengo nada».

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VIVIR EN LA EDAD DE PIEDRA

Safi, el somalí de 32 años que no quiere volver, era camionero en su país natal. Acaba de llegar hace cinco días a Moria y ya ha sido víctima de un robo junto a varios de sus amigos, lo que les lleva a buscar cobijo fuera del campo «oficial». Con el cielo cubierto de nubes y las gotas de lluvia comenzando a caer, reconoce que no se esperaba una situación tan dantesca. Aún así, pone al mal tiempo buena cara: «Si no hay comida, puedo ser paciente. Si no hay agua, puedo ser paciente. Si no tengo un techo, puedo ser paciente. Aunque tenga que estar al raso, con conseguir unas mantas ya está bien. Gracias a Grecia, ahora soy libre. Vivir como en la Edad de Piedra no es el problema». Y suelta una carcajada.

Respuesta. El gobierno griego espera aplacar la scríticas con al construcción de varios Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), uno de ellos en Lesbos.

Puerto Rico sin plan de acción ante terremotos

Destrucción. Un hombre observa los daños causados por el terremoto este martes en una casa en Puerto Rico.

H​​​​​​​ace más de dos años, el huracán María reveló que Puerto Rico no estaba en absoluto preparada para un poderoso huracán, pese a encontrarse en una de las regiones más vulnerables del mundo a las tormentas.

Ahora, una serie de sismos que incluyó un terremoto de magnitud 6.4 que mató a una persona y dañó cientos de edificios ha hecho que muchos vuelvan a acusar al gobierno de falta de preparación.

«Quedó demostrado que Puerto Rico no está preparado para un movimiento sísmico», dijo Nazario Lugo, presidente de la Asociación de Gestores de Emergencias de la isla. «El gobierno tiene que ser proactivo, y vimos que no fue de esa manera hasta que tenían el agua al cuello».

Lugo, exdirector de gestión de emergencias de Puerto Rico, dijo a que el gobierno no activó su centro de mando de emergencia hasta al día siguiente del sismo más grande, incumpliendo el protocolo.

Esto provocó comparaciones con la gestión del huracán María en 2017, que devastó la isla y mató a miles de personas. Los críticos señalaron que para cuando llegó la tormenta, las autoridades locales y federales contaban con suministros limitados en una isla con infraestructura mal mantenida, lo que provocó demoras en la respuesta debido a una falta de comunicación y organización.

Una serie de pequeños sismos empezó a golpear a Puerto Rico el 28 de diciembre. El 6 de enero, día de los Reyes Magos, un importante feriado en la isla, un temblor de magnitud 5.8 rompió una conocida formación rocosa en la costa.

«El primer día, cuando se estaban repartiendo juguetes, se debió haber tomado una determinación de comenzar un proceso de activación gubernamental», señaló.

Eso no ocurrió hasta el terremoto de magnitud 6.4 que golpeó el martes antes del amanecer. El sismo dejó sin electricidad a todo el territorio, derribó casas y escuelas y agrietó puentes. Muchos residentes en la costa sur se quedaron sin agua corriente y más de 4,000 personas buscaron cobijo en refugios del gobierno.

Tareas. La fachada de un edificio quedó dañada tras el sismo de 6.4. El suroeste de Puerto Rico continúa inmerso en tareas de ayuda a un número creciente de refugiados.

Aunque muchos puertorriqueños se sorprendieron, los científicos no. Era el caso de Christa von Hillebrandt, exdirectora de la Red Sísmica de la isla y gestora del programa de alerta de tsunami de la Administración Atmosférica y Oceánica Nacional.

«Por décadas, científicos y personas como yo hemos estado informando y alertando a la comunidad y al gobierno de Puerto Rico de la amenaza física», señaló. «Sobre los pasados 30 años definitivamente se elevó la conciencia sísmica en Puerto Rico, pero faltó mucha acción (…) Uno veía mejoras, pero algunas áreas críticas no recibieron suficiente atención».

Apenas unos días después del desastre natural, el director de gestión de emergencias, Carlos Acevedo, admitió a la prensa que el gobierno aún no había completado un protocolo de actuación en caso de terremoto en la isla.

Juan Alicea, presidente de la Sociedad puertorriqueña de Ingenieros Profesionales, dijo que no recibió un borrador del plan hasta el 5 de enero.

«Yo lo veo como una falta», dijo. «Tenemos que todos asumir nuestras responsabilidades».

Acevedo no respondió a mensajes pidiendo comentarios, y ha insistido en que Puerto Rico está preparada en caso de que se produzca otro temblor importante.

Von Hillebrandt se mostró de acuerdo en parte con esa afirmación, señalando que para 2003, las autoridades locales habían identificado las zonas de riesgo en caso de tsunami y en 2015 se completaron los mapas de evacuación. En 2016 se certificó que todas las poblaciones costeras estaban preparadas para un tsunami.

En octubre de 1918, un terremoto de magnitud 7.3 golpeó la costa noroeste de Puerto Rico, desencadenando un tsunami y matando a 116 personas.

Pese a las reservas sobre los preparativos de Puerto Rico, las autoridades federales han elogiado la respuesta del gobierno local.

“Por décadas, científicos y personas como yo hemos estado informando y alertando a la comunidad y al gobierno de Puerto Rico de la amenaza física”, señaló. “Sobre los pasados 30 años definitivamente se elevó la conciencia sísmica en Puerto Rico, pero faltó mucha acción. Uno veía mejoras, pero algunas áreas críticas no recibieron suficiente atención”.

Jeff Byard, de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias de Estados Unidos (FEMA, por sus siglas en inglés), dijo estar extremadamente satisfecho con la operación tras los sismos.

«No puedo elogiar lo suficiente a la mancomunidad por la actitud proactiva con la que han proporcionado los recursos iniciales, el apoyo inicial», dijo.

Desde el 28 de diciembre se han registrado más de 1,280 sismos en el sur de Puerto Rico, más de dos docenas de ellos de magnitud 4.5 o más, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Dada esa actividad, Alicea dijo que es muy preocupante que unas 200,000 viviendas del territorio no cumplan las normas urbanísticas, como demostraron los daños de los últimos días.

«Si no se hace algo, nos va a costar mucho dinero y muchas vidas», dijo.

Otra preocupación es que unas 500 escuelas públicas de Puerto Rico se construyeron antes de 1987 y no cumplen con los nuevos planes urbanos, lo que pone en riesgo a los alumnos, señaló Alicea. El gobierno ha invertido dinero para actualizar muchas otras escuelas, pero las que quedan no están construidas para soportar terremotos.

El temblor de ese martes derribó varias escuelas y causó daños en una veintena de centros, obligando a las autoridades educativas a demorar el inicio de las clases en dos semanas y abrir solo las escuelas que pasen una inspección. El gobierno ha dicho que está identificando las escuelas más vulnerables y creando un plan para reforzarlas, un proceso que podría llevar meses y costar entre uno y cinco millones de dólares por centro.

Entre tanto, gente como Nancy Torres, de 58 años, prometieron no volver a su casa hasta que la tierra dejara de temblar.

Torres dormía con su marido en la parte delantera de un pequeño auto compacto de cuatro puertas, mientras que su hijo de 21 años dormía en la parte trasera. Su suegro construyó la casa en la que dormían cuando se produjo el terremoto, y ella no se fiaba de la estructura.

«Yo ni me podía levantar de la cama» el día del terremoto más grande, recordó. Si vuelve a la casa, señaló, es por periodos de tiempo muy cortos. «Uno ni se puede bañar bien».

Prioridad. Las autoridades puertorriqueñas tratan de que los miles de refugiados en el suroeste de la isla por los terremotos reciban la atención necesaria.

La naturaleza, una gran farmacia cargada de remedios

Fotografía de EFE

Jabier Herreros Lamas es un apasionado de las plantas medicinales en las que lleva investigando más de treinta años para lograr su objetivo, la consecución de una vida saludable para los seres humanos y la naturaleza.

La finca Azaroa, ubicada en el Valle de Lecrín, en Granada (Andalucía, España), constituye la base de su gran proyecto hecho realidad y donde desde hace 15 años el ingeniero agrícola experimenta con las plantas para «obtener resultados en el organismo a niveles físicos, cognitivos y emocionales».

En Azaroa, explica Herreros Lamas, «he podido cultivar, investigar y divulgar los beneficios del uso de las plantas medicinales y de la relación y contacto con la naturaleza para nuestro organismo. Ahora este proyecto ha llegado a su fin y sigo en el mundo de los cuidados, ya no sólo de las plantas sino, sobre todo, de las personas».

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ALEJARNOS DE LA NATURALEZA

Para el técnico agrícola esta labor «quizás tenga un poco que ver con eso que se llama biofilia. Esto no es otra cosa que el amor por la vida y el mundo vivo. Tenemos una necesidad innata, debido a que hemos evolucionado conjuntamente con la naturaleza, de contactar con ella. Nos sentimos bien, en situaciones normales (no de peligro) inmersos en ella».

«En la actualidad el problema es que parece que no necesitamos la naturaleza para sobrevivir o eso es lo que parece que creemos con nuestro comportamiento».

En los planes de diseño urbanístico de las ciudades superpobladas, la naturaleza no ha sido incluida, sino que, al contrario, mantiene Herreros, ha supuesto un obstáculo para ellas.

Sin embargo, piensa que es más bien la implantación de un modelo del pensamiento del ser humano que se ha extendido, que es la ambición de querer ser urbano y considera que también se ha propagado por el mundo rural, «donde la batalla contra la naturaleza no lo es menos que en la ciudad».

Herreros Lamas indica que “la terapia hortícola es una herramienta sociosanitaria que propone que, mediante el trabajo en un huerto o en un jardín en contacto con el aire libre podemos, no solamente trabajar en el desarrollo y estimulación de nuestros sentidos, sino lograr unos efectos muy positivos en el tratamiento para la mejora de enfermedades a nivel psicomotriz, a nivel cognitivo y a nivel emocional”.

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EFECTOS DEL ALEJAMIENTO

«Desde mi punto de vista, estamos condicionados genéticamente para vivir con la naturaleza. Nuestros ritmos respiratorios, cardíacos y de actividad están también muy condicionados por sus propios ritmos estacionales, electromagnéticos y cósmicos. Nuestro estilo de vida nos impone reglas nuevas que entran en desfase con estos ritmos», indica. Y subraya que el estrés crónico es uno de los más graves efectos al que debemos hacer frente.

Herreros Lamas argumenta que «la terapia hortícola es una herramienta sociosanitaria que propone que, mediante el trabajo en un huerto o en un jardín, en contacto con el aire libre, podemos trabajar en el desarrollo y estimulación de nuestros sentidos y lograr unos efectos muy positivos en el tratamiento para la mejora de enfermedades a nivel psicomotriz, a nivel cognitivo y a nivel emocional».

Mediante la realización de actividades orientadas y centradas para diversas problemáticas, según el experto, podemos conseguir una reducción significativa del dolor, de la ansiedad, de la fatiga física y mental, de la frecuencia cardíaca y respiratoria, así como la recuperación de habilidades físicas, emocionales y cognitivas.

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¿QUÉ ES UN BAÑO DE BOSQUE?

Herreros Lamas explica en qué consiste el baño de bosque del que habla en sus libros: «Si en la terapia hortícola la acción es la del hacer (sembrar, plantar, regar, recolectar,…), en el baño de bosque la acción es la «no acción». Un baño de bosque es un paseo tranquilo por un bosque en el que nos marcamos como uno de nuestros objetivos centrarnos en el momento que estamos viviendo».

«Observamos, no analizamos, no buscamos causas, miramos desde dentro, no desde fuera, nos concentramos en lo que vemos, en lo que tocamos, en los que oímos, en lo que probamos o en lo que olemos. Precisamente uno de los responsables de los efectos que produce en nosotros un baño de bosque se centra en la acción de las fitoncidas o esencias de los árboles», mantiene el ingeniero agrícola.

Fotografía de EFE

Para Herrero Lamas, estas esencias son fundamentalmente terpenos como el limoneno (con acción antioxidante y estimuladora del sistema inmunológico) o el beta pineno (con acción broncodilatadora, antiinflamatoria o fortalecedora de la memoria). Estas esencias se concentran también en el resto de la vegetación del bosque y en sus rocas.

Según el especialista, «cuando llueve, las esencias se dispersan de un modo especial. La tierra, debido a la presencia de unas bacterias que fortalecen nuestro sistema inmunológico, las Mycobacterium vaccae, también desprenden sus esencias. Cuando paseamos por un bosque ingerimos bacterias, fortalecemos nuestra flora intestinal y gracias a ellas mejoramos nuestro sistema defensivo y segregamos serotonina, la hormona de la felicidad».

«Sería fabuloso contar con un sistema de salud que pensara en huertos, jardines, bosques y granjas como partes de un sistema sanitario que orientara hacia ellos prescripciones médicas y tratamiento para múltiples afecciones. No digo que sea una panacea y que con esto solucionamos todo el problema. De lo que sí estoy seguro es de que, al menos, se conseguiría reducir de forma importante la cantidad de medicación con la que nos alimentamos diariamente», concluye Jabier Herreros Lamas.

Minorías son más vulnerables a abusos sexuales de curas

Fotografía de AP
Fotografía de AP

Los Sample eran una familia de raza negra de Chicago con seis hijos y pocos recursos. El sacerdote los ayudaba con las matrículas, ropa y las cuentas. Les ofrecía la promesa de oportunidades, de una vida mejor.

También abusaba de los niños.

No se lo dijeron a nadie. Temían que no les creyesen y perder lo poco que tenían, según uno de los muchachos, Terrence Sample. Y nadie preguntó nada, hasta que un abogado que investigaba presuntos abusos del mismo cura lo hizo romper un silencio que mantuvo durante 33 años.

«Alguien tenía que hacer el esfuerzo», dijo Sample. «¿Por qué no fue la iglesia?».

Si bien se comprometió a castigar a los curas depredadores y apoyar a las víctimas de los abusos de sacerdotes, la iglesia ha hecho poco por identificar y asistir a las víctimas de abusos sexuales. Para los sobrevivientes «de color», como les dicen en Estados Unidos a las minorías, que a menudo enfrentan barreras sociales y culturales adicionales si denuncian los abusos, la falta de apoyo de parte de la iglesia implica una menor difusión de sus dramas y más oportunidades de que los abusos continúen, sin ser detectados.

De las 88 diócesis que respondieron a una consulta de la Associated Press, siete conocían la etnicidad de las víctimas. Si bien quedó claro que al menos tres tenían archivos de algún tipo, solo una dijo que decidió recopilar esa información como parte del proceso de denuncia. Los pueblos originarios, afroamericanos, hispanos, asiáticos, hawaianos y oriundos de las islas del Pacífico constituyen el 46% de los fieles en Estados Unidos, según el Centro de Investigaciones Aplicadas en el Apostolado, una fuente confiable de información sobre la religión católica. Pero la Iglesia Católica no hizo esfuerzo alguno por seguirle el paso a esas víctimas.

«La iglesia tiene que salir de las sombras y encontrar a las personas que fueron víctimas, especialmente la gente de color», expresó Sample. «Hay otras personas como yo y mi familia que no van a hacer la denuncia a menos que alguien los vaya a buscar».

Brian Clites, profesor de la Case Western Reserve University de Cleveland y especialista en el tema de los abusos sexuales de los curas, dijo que la iglesia tiende a reasignar a los sacerdotes depredadores y a enviarlos a comunidades pobres, de minorías, donde las víctimas tienen mucho más que perder si hacen la denuncia.

«Es menos probable que sepan dónde buscar ayuda o que tengan dinero para un abogado, y son más vulnerables a contragolpes» de la iglesia, que contrata investigadores para perjudicar a los sobrevivientes, afirmó Clites.

Alaska tiene las tasas de violencia sexual más altas del país y según Florence Kenney la iglesia católica es en parte responsable de que se perpetúen los abusos de los pueblos originarios allí.

Kenney, quien hoy tiene 85 años, dijo que fue víctima de abusos en la Holly Cross Mission de Holy Cross, Alaska. Kenney es indígena y describió la relación entre la iglesia católica y los pueblos originarios de Alaska como depredadora y simbiótica al mismo tiempo: La iglesia ofrecía comida, dinero y recursos para el pueblo, indicó Kenney, a cambo de trabajo y de su silencio.

Levi Monagle, abogado de Albuquerque cuya firme tiene casi 200 clientes, incluidos indígenas e hispanos, dijo que hay cuestiones culturales y logísticas que impiden contactar a los sobrevivientes que no han hecho denuncias. “No vas de puerta en puerta haciendo preguntas, incluso si hay un depredador en serie y un sobreviviente que dice que sabe que hay otros monaguillos que viajaban con este tipo”, declaró Monagle.

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«La iglesia necesitaba a esa gente y esa gente necesitaba a la iglesia», expresó. «Una familia podía sacrificar uno o dos hijos, hacer la vista gorda, para preservar su relación con la iglesia en beneficio de los demás».

No hay estimados confiables de cuántas personas sufrieron abusos de curas. Un informe especial encargado por la procuraduría general de Colorado que analiza los abusos en siete diócesis y que fue difundido en octubre determinó que «las víctimas de abuso sexual de menores y sobre todo las que fueron violadas por curas son menos proclives a denunciar los abusos que las víctimas de otros delitos».

En cuanto a los sobrevivientes pertenecientes a minorías, las diócesis rara vez recaban información demográfica.

La AP contactó a 178 diócesis para ver si recababa esa información. Pocas de las que respondieron sabían la raza o la etnicidad de los denunciantes. Algunas dijeron que el componente demográfico no era relevante, mientras que otras mencionaron cuestiones de privacidad.

Una diócesis de Alexandria (Luisiana) compartió su información sobre los sobrevivientes, incluidos los datos demográficos, aunque sin usar sus nombres. La diócesis empezó a recabar esa información en el 2015, cuando Lee Kneipp se hizo cargo de la coordinación de la asistencia a las víctimas. Kneipp dijo que conocer la raza y la etnicidad de las víctimas ayuda en las investigaciones y facilita un estudio más profundo de los archivos y la detección de más víctimas que no han hecho denuncias.

Al estudiar la denuncia de un afroamericano, Kneipp pudo dar con otras dos víctimas de abusos pertenecientes a minorías de la misma parroquia. El cura, indicó, abusaba solo de nichos de comunidades negras de bajos recursos.

Levi Monagle, abogado de Albuquerque cuya firme tiene casi 200 clientes, incluidos indígenas e hispanos, dijo que hay cuestiones culturales y logísticas que impiden contactar a los sobrevivientes que no han hecho denuncias. «No vas de puerta en puerta haciendo preguntas, incluso si hay un depredador en serie y un sobreviviente que dice que sabe que hay otros monaguillos que viajaban con este tipo», declaró Monagle.

Agregó que algunas comunidades están muy aisladas y no tienen acceso a la prensa.

Richard King, de 70 años, dice que fue víctima de abusos cuando era niño en la reserva de Assiniboine, en Fort Belknap, Montana. Contó que los tabúes y la vergüenza hicieron que guardase silencio. Y cayese en las drogas y el alcohol. Señaló que esa era la forma en que los miembros de la tribu lidiaban con los abusos, en lugar de denunciarlos.

La tribu de su madre era muy católica y él pensó que no le creerían si hacía una denuncia.

«Si un chico les dice a sus padres que un cura abusó de él, lo más probable es que le den una paliza. Me hubieran dado una en la casa y otra en la iglesia», sostuvo King. «Te dicen, ‘¡cállate, esas cosas no pasan!».

Empezó a hablar de su abuso ante pequeños grupos a los que aconsejaba. Pero pasaron 50 años antes de que contactase con un abogado, Andrew Chasan. Estaba listo para contar lo que le había pasado y para hablar con la prensa.

Víctima. Terrence Sample, ahora de 58, era un estudiante de secundaria cuando fue abusado por un sacerdote.

Cuando la Sociedad de Jesús, Provincia de Oregon, enfrentó numerosas denuncias de abusos de curas, se declaró en bancarrota. King hizo una denuncia y recibió una compensación. En un comunicado enviado a la AP la organización religiosa dijo que el cura que abusó de King no era un jesuita.

Phillip Aaron, abogado de Seattle que representa a la familia Sample, dijo que tiene cientos de clientes afroamericanos que dicen haber sido víctimas de abusos por parte de curas, quienes guardaron silencio por temor al ridículo o a cosas peores.

«Era un gran estigma», explicó Aaron. «Todavía hoy. Hay muchas víctimas negras que no han hecho denuncias, que sufren en silencio por el estigma».

Algunas víctimas, como Sample, guardaron silencio porque no querían que se suspendiese la ayuda que daban los curas abusadores, expresó Aaron.

Sample, quien hoy tiene 58 años, asistía a la Escuela Católica San Procopio cuando un cura le puso el ojo. Lo preparó, aislándolo y abusando de él por varios años, relató.

«Me decía a mí mismo que tenía que guardar el secreto», manifestó Sample. «Teníamos que comer, tenía que seguir en la escuela y esto sería fatal para mi madre si se enteraba».

El secreto de Jacob Oliva respondía a otras razones. Se crió en California, hijo de inmigrantes mexicanos, y su padre era la personalización del machismo: Fuerte, callado, estoico. Oliva fue violado por un cura a los seis años y cuando su padre se enteró, le dijo que no dijese nada. No se volvió a tocar el tema, comentó. No recibió terapia ni tuvo la oportunidad de procesar lo que le había pasado.

«Tenía que quedarme callado, olvidarme de todo», dijo Oliva.

«Así funciona la comunidad hispana. Sienten reverencia por la iglesia. No se cuestiona nada. Se respeta a la iglesia y se respeta al padre», declaró. «Creo que fue algo que hizo que mi padre se sintiera orgulloso: El cura se interesa en mi hijo».

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