Todos los tripulantes conocían su estilo, y después de asentir sin palabras esperaron órdenes; pero lo único que recibieron fue un gesto indicativo de que podían volver a sus respectivas labores.
Todos los tripulantes conocían su estilo, y después de asentir sin palabras esperaron órdenes; pero lo único que recibieron fue un gesto indicativo de que podían volver a sus respectivas labores.
La pregunta de siempre volvió a brotarle: «¿Y ahora para dónde cojo?» Se sentó en el borde de la acera y todos los que pasaban junto a él imaginaban de seguro que era un indigente. Y sin saberlo estaban en lo justo.
Todos los tripulantes conocían su estilo, y después de asentir sin palabras esperaron órdenes; pero lo único que recibieron fue un gesto indicativo de que podían volver a sus respectivas labores.
Aquella noche, después de departir con amigos en el bar de siempre, regresó a su estancia en el edificio vertical al que acababa de pasarse.
¿Para qué indagar, si lo mismo pasaba en su mente, que se quedaba en blanco cuando le daba la gana?
Aquí, entre los cipreses, como un guardián que nunca se resigna a dejar que mis propios fantasmas desterrados quieran tomar mi puesto…
Aquella noche, después de departir con amigos en el bar de siempre, regresó a su estancia en el edificio vertical al que acababa de pasarse.
Y una voz profunda le respondió: «Hacia el Olimpo, que es tu vivienda original».
Aquí, entre los cipreses, como un guardián que nunca se resigna a dejar que mis propios fantasmas desterrados quieran tomar mi puesto…
Aquí, entre los cipreses, como un guardián que nunca se resigna a dejar que mis propios fantasmas desterrados quieran tomar mi puesto…