Fondo y forma

Se hizo oficial, ahora Nayib Bukele, ese joven y disruptivo otrora dueño de discotecas, es ahora el flamante presidente de El Salvador. Sus detractores y admiradores continúan en una batalla de dimes y diretes en redes sociales que lo único que logran es acentuar las luces y sombras de este personaje que está en permanente escrutinio.

Sus fanáticos, porque en realidad, los nayilibers se asemejan más a un club de fans al más puro estilo de algunos adolescentes adoradores de su estrella de rock, aparecen como acérrimos defensores de su ídolo ante cualquier comentario que no aparente ser 100 % aprobatorio de Bukele.

Esto genera una dinámica que pone al nuevo mandatario en una discusión pública permanente: «atacado» y «defendido». Este juego lo mantiene en la palestra, y se traduce en quienes solo somos espectadores, en un interminable espectáculo –bastante cuestionable– de opiniones y críticas.

Desde el inicio de su carrera política como alcalde de Nuevo Cuscatlán, y en sus consecuentes cargos públicos, el estilo de Bukele ha estado marcado por una clara intención de hacerse notar y verse diferente: el celeste, la gorra, los calcetines, los Facebook Live, Twitter.

Este estilo de comunicación ha logrado generar una sensación de cercanía con una masa crítica de personas que ve en su «performance» una esperanza, una forma diferente de hacer las cosas.

El tema es precisamente la gran diferencia que existe entre el «fondo» y la «forma». La forma, por muy relevante que sea, se limita a la superficialidad de las cosas, puede resultar interesante, pero vacía. El fondo, sin embargo, es lo que hará la real diferencia. El fondo trasciende, es el largo plazo, son las consecuencias, las implementaciones, los cambios reales. Y me refiero a gobernar.

Es fácil dejarse llevar por las formas, sobre todo si tenemos décadas de estar enfrentados a decepciones y tradicionalismos; a numerosos reportajes de corrupción y despilfarros. En ese contexto, obviamente esas formas de hacer las cosas que marcan una clara distinción, que se muestran atractivas, novedosas, que cuentan con seguidores y personas que las aprueban y aplauden, convencen. Por ejemplo, esos despidos públicos a través de Twitter.

Pero ojo, las formas son algo que Nayib tiene dominadas hace muchos años. Nadie puede negar que ha sabido manejar magistralmente su marca, desligándose desde el primer minuto de su expartido, el FMLN, con el simple hecho de usar colores e insignias diferentes: el celeste y la «N» que lo han acompañado durante varios años.

El reto de este nuevo gobierno será lograr profundidad: fondo. Que sus cambios trasciendan el Twitter o la pintura de los edificios de gobierno. Sí, las formas son importantes, pero no lo son todo.

Yo deseo lo mejor para mi país. Por eso, espero que este nuevo gobierno dirigido por Bukele trascienda las formas y sea capaz de generar los cambios profundos que El Salvador necesita en términos de seguridad, salud, educación, empleo, inversión, infraestructura, calidad de vida… y tantas otras dimensiones que van más allá de la persona que está ahora a la cabeza del Ejecutivo.

Nayib, mucha gente cree en vos, miles de personas han puesto su confianza en tus «Nuevas Ideas» y tenés un país lleno de necesidades y también de potenciales. Demostranos con hechos que sos más que tus formas y tus tuits.

Carta Editorial

El desplazamiento forzado es un fenómeno que deforma la vida de más personas cada día. Es un flagelo silenciado que el Estado apenas ha empezado a reconocer hasta el año pasado.
A estas personas se les ha fallado muchísimo. Antes de tener la necesidad de huir, se les negó la posibilidad de vivir en un lugar seguro. Se les negó el acceso a la protección de las autoridades competentes. Y en el éxodo, se les niega la asistencia institucional, porque, muy pocos de ellos llegan a existir para este Estado tan poco empático.

En el mejor de los casos, estas personas logran, por sus propios medios, reubicarse en otro lugar. Ahí están obligados a reconstruirse toda la vida. Pero esto en sí mismo, lo de sobrevivir y reinventarse, es un privilegio de pocos, porque hasta en medio de este dolor hay grados.

En otra escala de dolor, huyen y la amenaza los encuentra. Vuelven a huir y los vuelve a encontrar. Vivir huyendo sin poder acudir a nadie para encontrar consuelo y refugio viola cualquier cantidad de derechos humanos de lo más básico.

La periodista Wendy Hernández cuenta en esta edición cómo es huir. Lo que domina toda la historia, aparte de la angustia por salvar la vida, es la soledad. En el fondo, está ese reclamo por ser víctima de algo que a las autoridades no les interesa dimensionar en la medida correcta.

Para empezar, en el país no tenemos ni cómo resolver la primera urgencia, que es un albergue en donde poder encontrar algún tipo de seguridad. El gobierno anterior optó por negar el problema durante la mayor parte del tiempo. Queda para las nuevas autoridades la tarea de dar a las víctimas la dignidad que merecen.

«Mi mayor atrevimiento es haber optado por la carrera de ser educador»

¿Qué le pondría una sonrisa en la cara?

Ver a tantos jóvenes cumpliendo sus sueños en nuestro país.

¿Qué destrezas le han generado las dificultades?

A nunca rendirme, a afrontar los retos que la vida me ponga y siempre pensar positivo.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?

Mi mayor atrevimiento es haber optado por la carrera de ser educador, ya que la formación de los jóvenes requiere de mucho cuidado.

¿Hay alguien en quien se haya inspirado en su profesión?

Mi inspiración, más que todo, fue porque siempre tuve el deseo de ayudar a mi comunidad. En aquel entonces en la educación deportiva, al ver a tantos jóvenes con deseos de superarse.

En el deporte, ¿cuál considera que ha sido su mayor logro?

Ganar el segundo lugar en el deporte de pelota maya, en Guatemala.

¿Qué es lo más difícil del juego de pelota maya?

Acostumbrarse a la técnica del deporte y soportar el dolor que causa el impacto de la pelota con la que se juega, ya que tiene un peso de entre 6 a 7 libras.

¿Cuál es el reto más grande de rescatar el juego de pelota maya en El Salvador?

Masificarlo en todo el país y que sea parte del plan de estudio de todos los centros escolares.

Feminicidios: los crímenes que oculta el socialismo

Ilustraciones de CONNECTAS

La primera asesinada del año se llamaba Leydi Laura García Lugo y tenía 21 años. Pero es probable que no haya sido la primera. Tal vez por la conmoción que causó el hallazgo de su cadáver a un costado de la autopista nacional que conduce desde Santa Clara a Ranchuelo, y la inusitada confirmación del Ministerio del Interior, la suya sea la única cara visible del 2019, de varias mujeres que han muerto. Otras tantas fueron sepultadas por el silencio de la prensa oficial, que durante décadas ha tratado de fortalecer el postulado de que en Cuba no hay violencia de género y menos feminicidio. “Un efecto de la Revolución”, en palabras de la directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), Mariela Castro Espín. Hija de Raúl, sobrina de Fidel, quien habló para esta investigación realizada por Jorge Enrique Rodríguez para el Diario de Cuba y difundido por la plataforma periodística CONNECTAS.

Leydi Laura había hablado por teléfono con su madre la mañana del sábado 30 de marzo. Acababa de terminar la guardia en el Hospital ginecobstétrico Mariana Grajales del municipio de Santa Clara, provincia de Villa Clara, como parte del servicio rotativo que debía cumplir en su cuarto año de Medicina. Le había anunciado que llegaría antes del medio día. Se encontraba sola, en la carretera, haciendo “botella” o como se conoce popularmente en la isla a la acción de pedir un aventón al primer vehículo que aparezca. Nunca llegó. Esa misma tarde, la familia denunció la desaparición y empezó una búsqueda desesperada por redes sociales que terminó trágicamente tres días después.

Eran las 11:00 del martes cuando el cuerpo de la joven fue hallado en medio de un cañaveral. Llevaba pantalones azules, de los que usan los médicos, calzado deportivo de igual color y una blusa manga corta blanca. “Tenía hematomas en la cara y abdomen”, según recoge el medio alternativo Tremenda Nota, así como “claras señales de violencia extrema”. Tanto que las autoridades no permitieron que su familia la vea y fue sepultada esa misma tarde en el cementerio local de Ranchuelo. Aunque se declaró que murió por estrangulamiento, nunca se esclareció si fue abusada sexualmente, y, como prácticamente todos los crímenes contra mujeres en Cuba, a falta de información los vecinos comenzaron a especular sobre las causas. Venganza familiar o feminicidio, se ubicaron como las principales motivaciones.

Ilustración de Connectas

El feminicidio es un término identificado por la ONU como el asesinato de una mujer por razón de su género que “ocurre en el ámbito familiar o en el espacio público y puede ser perpetrada por particulares o ejecutada o tolerada por agentes del Estado”. Un término del que se habla en voz baja en la isla y no es reconocido por la legislación cubana ni autoridades policiales ni tribunales, explica la jurista Laritza Diversent, directora del Centro de Información Legal CUBALEX. “La negativa a reconocer el feminicidio, en parte es ideológica, para llamarlo de alguna forma. El proceso revolucionario supuestamente tuvo en cuenta la progresividad de los derechos de la mujer y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) reafirmó esa idea”, sostiene.

“La violencia de género, según el Estado cubano en sus informes presentados al Comité para la eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) por sus siglas en inglés, es un problema intrafamiliar, sabes… ‘entre marido y mujer, nadie se debe meter’, así la mate a palo, a puñalada o a machetazo”, indica Laritza Diversent. “La relación social entre el hombre y la mujer es de sentido de pertenencia y subordinación, una mujer puede ser atacada por su pareja por simples rumores de infidelidad o porque no quiere regresar a la relación”, añade la jurista y recalca: “La violencia intrafamiliar no es parte del derecho a la intimidad”.

Mientras que en la mayoría de países de la región las legislaciones avanzan en la protección de la mujer con acciones como la tipificación del feminicidio, en Cuba la tendencia es contraria, afirma esta investigación del Diario de Cuba y difundida por CONNECTAS. Poco cuenta la considerable presencia de mujeres a nivel estatal y político, que según cifras oficiales representan el 46 por ciento de la fuerza laboral del sector público-civil y el 65 por ciento de profesionales y técnicos del país. Mientras que en las últimas elecciones del Poder Popular se eligió a un 40 por ciento de delegadas y a un 30 por ciento de presidentas de asambleas municipales.

“El Estado propicia la plena participación de la mujer en el desarrollo del país y la protege de cualquier tipo de violencia”, dicta el último inciso del artículo 45 de la nueva Constitución cubana, aprobada en referéndum el 26 de febrero pasado. Un precepto constitucional que ha levantado expectativas en la isla, en el debate sobre la violencia machista y el feminicidio que es un fenómeno tangible aunque no se lo llame por su nombre. Pero para la abogada Diversent, aquello es letra muerta si no trae como mínimo cambios al Código Penal y al Código de la Familia.

Tirado como si fuese un desecho, también fue encontrado el cuerpo de Yulismeidys Loyola Fernández cerca de Camino Jorobao, al oeste de la localidad de Sancti Spíritus, provincia del mismo nombre. Tenía 16 años, era hija única y estaba por empezar el último año de bachillerato. La hallaron con los pantalones abajo y la blusa desgarrada. Transcurría la penúltima semana de agosto de 2018. La adolescente fue apuñalada salvajemente. Tenía una estocada en la pierna, dos en la espalda que le atravesaron los pulmones y estaba degollada. El culpable, según reveló la policía y reprodujeron los medios estatales, era uno de los jóvenes con los que había departido esa noche. El móvil, un intento de violación. Aunque familiares dudan de la versión oficial y piensan que el abuso sexual sí se perpetró.

En este caso también hubo alarma y desinformación entre los lugareños, hasta que las autoridades se pronunciaron al noveno día. Un hecho insólito en cuanto a asesinatos de mujeres en Cuba, que han sido sucedidos por un silencio ensordecedor durante los últimos años. Todos, a excepción de tres casos: el crimen de Leydi Laura, el de Yulismeidys y el de Leydi Maura Pacheco de 18 años, quien fue secuestrada, violada y asesinada a finales de septiembre de 2017 en la localidad de Junco Viejo, provincia de Cienfuegos.

Pero otros crímenes atroces como los de Daylin Navarro Causse, de 36 años, y su madre Tomasa, de 64, perpetrados también en Cienfuegos, en el municipio cabecera a mediados de mayo de 2017, no merecieron ninguna declaración oficial ni cobertura de los medios del Estado.

Ocultamiento de feminicidios, una política de Estado

Luis Mario, como se identifica este instructor de policía, asegura que acumula más de quince años de experiencia en procesos de investigación penal. Desde su apacible domicilio familiar de Ciego de Ávila dice sentirse más cómodo para hablar de un tema catalogado como confidencial. Confiesa que es la primera vez que accede a conversar con la prensa independiente. Acto seguido, advierte que esto podría costarle el cargo y acarrearle represalias.

Según el relato del policía, las investigaciones de crímenes de mujeres en Cuba nunca tienen un enfoque de género ni se realizan de forma cabal. “No existe un empeño real más allá de identificar al autor y establecer la existencia del delito y los elementos básicos que lleva un expediente penal”, sostiene y reconoce que existe una política de Estado que tiene a ocultar un fenómeno que ni al Ministerio del Interior ni al partido le interesa confrontar.

Esto lleva a que los procesos judiciales se sigan por homicidio, que según el Código Penal cubano contempla penas que van desde los siete a los quince años de privación de libertad. En lugar de que se sigan por asesinato, que se castiga con penas desde los quince a treinta años y amerita la incidencia de agravantes como la premeditación, el aumento del sufrimiento de la víctima, su imposibilidad de defenderse y su relación familiar o conyugal con el perpetrador. Agravantes que suelen ser comunes en los crímenes contra mujeres en la isla.

“Es válido señalar también que existe cierta impunidad que las leyes del país ofrecen a los hombres agresores de mujeres”, reflexiona Luis Mario. “Las condenas de cárcel no corresponden muchas veces con la naturaleza del delito, ya sea maltrato físico, mutilación o muerte. Por ejemplo, no existe ningún castigo contra los agresores que violan las órdenes de restricción o las actas de advertencia. En muchos casos de muertes de mujeres, su homicida incumplió las medidas impuestas por los Tribunales o cumple sentencias leves por lesiones o maltratos”, reconoce el instructor de policía.


*Este reportaje es realizado por Jorge Enrique Rodríguez para el Diario de Cuba y difundido gracias a un acuerdo de republicación de contenidos con CONNECTAS.

INSTANTÁNEAS DEL VERBO APASIONADO (15)

PRIMAVERA CON ECO

Las flores renacientes nos traen el mensaje de los viveros subterráneos.

VERANO AL PIE DEL MURO

Alguien suelta una ráfaga de sed para que nadie olvide las lloviznas felices.

OTOÑO QUE HACE GUARDIA

Y con solo entreabrir las cortinas del tiempo reconocemos su presencia gótica.

INVIERNO NAVEGANTE

Viene de puerto en puerto coleccionando nubes que nunca volverán al horizonte.

AMANECER ENTRE ESPEJOS

La temperatura lo puede todo, y su colección de imágenes va repartiendo testimonios en cada cristal que asoma.

MEDIODÍA A PUNTO DE SOÑAR

Cuando el amor se acuerda de sí mismo nos pone al borde de un crepúsculo en pleno mediodía.

ATARDECER SIN TEDIO

Solo me es accesible cuando vuelvo a sentir que soy un pensador en cierne.

MEDIANOCHE EN VUELO

Es lo que anuncian las almohadas aromáticas.

JARDÍN PARA APRENDER

Alguna vez dejaremos atrás las espesuras del desierto para reconciliarnos con la fertilidad de los arriates.

LLANURA DESDE EL FONDO

Los caballos astrales transpiran en su tierra originaria.

ARROYO AL HAZ DEL HUMO

—El agua sueña con los astros.

—Y por eso las íntimas corrientes tienen la inspiración del arco iris.

—¡Somos el flujo del primer desvelo!

ARBOLEDA HACIA ADENTRO

Y los libros sonríen para que alguien se anime a llegar hasta el claro del bosque imaginario.

PENUMBRA DE CELAJES

La ciudad está sola, y de pronto las viejas hogueras reconocen que en esa soledad todos los cielos son posibles.

CLARIDAD HECHA HISTORIA

Ayer subí a la cumbre del Kilimanjaro, y lo hice sin saber que allá arriba los sueños se visten de luciérnagas.

DOBLE CARA DEL AIRE

Hay que hacerle sentir al misterio fluyente que todas sus esencias son fantasías voladoras.

OSCURIDAD A CIEGAS

Es lo que nos faltaba: que la noche flotara con gozoso anhelo sobre el pantano de lo indescifrable.

DORMITORIO ASCENDENTE

Lo traemos vivido desde el momento de nacer, y por eso ninguna escalada del tiempo nos deja sin refugio.

DESVÁN DE LA MEMORIA

Manhattan por la noche es el mejor destino de los aventureros invisibles.

SALÓN NEORREALISTA

Allá al fondo la efigie de Silvana Mangano nos recuerda que toda posguerra emocional es un vitral de antigüedades.

COMEDOR PARA AUSENTES

Se abre la puerta y pasan. Las sillas olvidadas cobran vida. Pronto será de noche: lo anuncian los espejos. El menú es un escombro de colores fragantes.

MANHATTAN 6 a. m.

Los rascacielos van desperezándose antes de que la luz solar los ponga en orden.

MADRID 2 p. m.

La Rotonda del Palace nos invita al almuerzo en altamar.

SAN SALVADOR 5 p. m.

Los caminos de polvo llegan a recibir la bendición de la ciudad que vuelve cada día.

APOPA 1 a. m.

En los alrededores del riachuelo Las Cañas y del cerro El Sartén hay un niño que observa sin dormirse, cuidado como siempre por un cortejo de hadas.

GRACIAS, DESTINO

—Te regalo esta flor de mi jardín, mujer amada.

—La recibo con todas mis ventanas abiertas alma adentro.

—Entonces refugiémonos en la estancia profunda de estar vivos.

Una utopía llamada reinserción

Fotografía de Franklin Zelaya

Hamilton fue condenado en 2007, cuando tenía 18 años. Comenzó a pagar su condena en lo que él recuerda que sus compañeros denominaban «un infierno llamado Mariona», cuando en las cárceles del país no existían programas de reinserción, ni había indicios de intentar garantizar lo que por derecho les corresponde a los privados de libertad.

Ahora, más de 10 años después, continúa su condena en el penal de Apanteos, donde el Estado da los primeros pasos de lo que sería, en algún momento, la garantía integral del derecho a la reinserción. De acuerdo con lo que establece la Ley Penitenciaria en el artículo 27, inciso 3 de la Constitución de la República, es obligación del Estado «organizar los centros penitenciarios con el objeto de corregir a los internos, educarlos y formarles hábitos de trabajo, procurando su readaptación y la prevención de los delitos».

Por esto, la socióloga Nidia Umaña considera que «la cárcel se puede convertir en una nueva vulneración de derechos para los privados de libertad», por las condiciones en las que se encuentran las cárceles.

«Cuando se tiene una institución en crisis permanente es difícil implementar programas, porque si vive una crisis interna, la institución como tal padece un desgaste de gestión. La dinámica adentro era desordenada, sin control. Hubo masacres», expone Luis Rodríguez, quien trabajó en las bases de la ejecución del Yo Cambio y es el actual comisionado de Proyectos de la Presidencia de la República.

A partir de la institucionalización del modelo penitenciario en 2014, después de cuatro años de haber comenzado como una práctica en el penal de Apanteos, una parte de los privados de libertad comenzó a ser incluida, a participar en talleres educativos, culturales, artísticos y de servicio social. Sin embargo, en los centros penales en los que se implementa, el programa no ha logrado la participación de una parte de la población carcelaria que pertenece a pandillas.

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EN EL SECTOR 9 DEL CENTRO PENITENCIARIO de Apanteos, entre caminos estrechos y paredes ocupadas por murales que han pintado los privados de libertad, llega el día de visita. Cerca de las 10 de la mañana, la orquesta Yo Cambio Band, integrada por 20 reos condenados por delitos comunes, toca al ritmo del género tropical.

Entre la multitud algunos reos bailan y cantan, otros con su atuendo de payasos divierten a los niños que llegan a la visita, en medio de una tarima cultural están otros queriendo parecerse a algunos personajes de la televisión. Por un momento parece que aquel lugar es todo, menos un centro penal.

Las paredes están pintadas de amarillo y negro, los colores emblema del Yo Cambio. Los internos están uniformados con camisetas blancas. Todo parece en orden. Para llegar hasta el sector 9, se debe pasar por una galería creada por los privados de libertad, en donde están expuestas las pinturas que realizan dentro del taller de arte y cultura.

Lugar de ensayos. Se les ha permitido a los integrantes de la orquesta hacer sus ensayos por las mañanas en un pequeño cuarto. Por la tarde, algunos estudian.

Al menos el 90 % de los integrantes de la orquesta no tenía conocimiento sobre música o instrumentos, lo aprendió en la cárcel. Hamilton reconoce que su sueño era ser cantante de un grupo, pero no tuvo la oportunidad hasta que llegó a la cárcel. «Acá fue donde comencé a aprender verdaderamente sobre música, no tenía modulación de mi voz, ni cómo llegar a una nota musical tan alta», cuenta el vocalista principal.

Por ello, la socióloga Umaña expresa que «habría que evaluar si se están reinsertando o, contradictoriamente, la cárcel se ha vuelto una opción para insertarse realmente, para que les reconozcamos como sujetos de derecho, porque nadie puede ser privado de la libertad o de sus derechos si no los ha gozado o reconocido antes».

A tres años de haber ingresado al centro penal, cuando le faltan siete años para cumplir su condena, Fernando Aguilera toca la conga en la orquesta, recuerda que, a pesar de que sabía tocar instrumentos como la batería, el piano y la güira, nunca fue parte de una agrupación de música hasta que llegó al centro penitenciario. Estudió hasta noveno grado. Actualmente, cursa primer año de bachillerato a distancia dentro de la cárcel. «Es una experiencia en la que se supera y aprovecha el tiempo el que quiere», comenta Aguilera.

Para los pandilleros el proceso de integrar el Yo Cambio se vuelve difícil por el cambio social que han experimentado con estos grupos. «Su arraigo social lo encontraron en la pandilla, por tanto, alcanzan un sentido de lealtad y pertenencia, pero como la pandilla migró a una práctica criminal hasta convertirse en crimen organizado. Ese vínculo les limita poder participar de manera masiva en estos programas», acota quien hasta el 31 de mayo asumió como director general de Centros Penales, Marco Tulio Lima.

El involucramiento de los privados de libertad en las actividades de rehabilitación pretende ser un puente para llevarlos a los procesos de reinserción social. Según Lima, cerca de 24,500 personas que se denominan procesadas y condenadas por delitos comunes, es decir, que no pertenecen a pandillas, participan en un 100 % en el Yo Cambio. Hamilton y sus compañeros de orquesta forman parte de esta población. Rodríguez considera que «se les abre la puerta de forma diferente».

«Si un día le hicimos sufrir por nuestra mala conducta, le pedimos mil perdones. Hoy con nuestra música queremos hacerle reír y gozar», repite constantemente Hamilton en una de sus presentaciones en el museo del ferrocarril. Según la última encuesta sobre medidas extraordinarias del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), se reveló que el 57.6 % de los salvadoreños encuestados considera que, con las condiciones adecuadas, cualquier persona puede recuperarse.

Las pandillas, sin embargo, siguen siendo la parte de la población carcelaria que no está incluida en su totalidad en el Yo Cambio. En el centro de seguridad de Ciudad Barrios hay una población de 3,470 personas de las cuales 2,420 no participan en el programa. Este es un centro en donde están cumpliendo condena personas que pertenecen o han pertenecido a una pandilla.

“Cuando se tiene una institución en crisis permanente es difícil implementar programas, porque si vive una crisis interna, la institución como tal padece un desgaste de gestión. La dinámica adentro era desordenada, sin control. Hubo masacres”.

La Yo Cambio Band hace sus presentaciones fuera y dentro del centro penal. Desde la creación de la agrupación musical han llevado la orquesta alrededor de 100 lugares distintos del país. Siempre están acompañados por al menos tres custodios.

«Cuando salimos del centro penal seguridad nos acompaña. Llegamos a un lugar y la gente no sabe quiénes somos, entonces cuando se bajan los custodios, piensan que andamos hasta seguridad privada», expresa Hamilton, con un gesto de risa.

Cuando la orquesta hace su presentación, las personas bailan, cantan, toman fotografías, incluso algunos lloran cuando Hamilton menciona que son de un centro penal. «La aceptación que tenemos de parte de la sociedad es muy buena, aunque hay ocasiones en las que dirán que nos quemen a los presos; pero cuando salimos y hacemos este tipo de actividades, les demostramos que, por medio de la música, realmente podemos cambiar», dice Hamilton.

Dentro de la agrupación musical existe «un abanico diverso de delitos», expresa el director del centro penal de Apanteos, Geovany Cartagena. Entre estos delitos están homicidios, extorsión, delitos relativos a la administración pública, lavado de dinero, entre otros. Las penas oscilan entre los siete y 21 años.

«El reo que sabe enseña a los reos que no saben. Acá había personas que no sabían nada de música. Ahora cuando ya salgan hasta instructores de una banda de guerra pueden ser», repite Guillermo Girón, director de la Yo Cambio Band, uno de los pioneros de orquestas como Sangre Morena y Sangre Latina, reconocidas en el país por su trayectoria artística.

Girón cuenta que sus compañeros, que ahora son vocalistas, tenían el talento, pero no lo habían desarrollado, porque «allá afuera no se les habían dado las condiciones ni el espacio», expresa.

Con los instrumentos.

Hamilton y la mayoría de sus compañeros comentan no haber formado parte de una agrupación musical, ni podían tocar un instrumento o cantar. Fue hasta que llegaron a la cárcel que les dieron la oportunidad de hacerlo. «Cuando uno ve el perfil de la población carcelaria, se da cuenta de esta criminalización de estos sectores, que son poblaciones que ya tenían vulnerados sus derechos», acota Umaña. Por eso Cartagena expresa que «lo que no pudieron lograr allá afuera, por alguna razón, en el centro penitenciario lo logran».

«Nunca pensé que por cuestiones de la vida iba a venir aquí, y que acá, en Apanteos, me darían un espacio y la oportunidad de desempeñarme en la música», expresa Girón al recordar su trayectoria.

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PESE A LAS IMPLICACIONES ECONÓMICAS que conlleva desarrollar estos programas, el modelo penitenciario Yo Cambio no cuenta con una línea presupuestaria. Hasta el gobierno de Sánchez Cerén, lo que ha recibido ha sido como parte de una contribución especial. Por ello, Rodríguez expresa que «la voluntad política puede mover montañas o puede llevarnos a 10 años atrás».

«No hemos presentado nosotros una línea presupuestaria, eso es lo que estamos solicitando al Ministerio de Hacienda que va a entrar en el presupuesto de 2019-2020. Hemos recibido montos de la contribución especial. En cada trimestre hemos recibido cerca de $2 millones para compra de insumos, como instrumentos para las orquestas», afirma Lima.

Al inicio de la orquesta, Hamilton, vocalista de la Yo Cambio Band, recuerda que comenzaron con cubetas de pintura e instrumentos que sus familias les donaban, botes de sardina con piedritas adentro, que simulaban una maraca. No había micrófono ni sonido. Aclara que «fue un proceso difícil en muchas áreas, porque no es fácil estar haciendo música en un penal». Rodríguez recuerda que el Yo Cambio inicio sin fondos.

Los instrumentos. La Yo Cambio Band inició con instrumentos artesanales. Actualmente, entre trompetas, baterías y congas, cada uno de los integrantes tiene su propio instrumento.

«El proyecto nace con dificultades, porque en un principio en el penal nadie creía en algo así. Incluso ni las autoridades, ni la misma administración», cuenta Inmer Rivas, quien paga una condena de 14 años. En la precariedad del proceso para consolidarse como una agrupación musical, Girón recuerda que le dijo a Hamilton «un día vamos a grabar un disco». Actualmente, se encuentran a un par de meses de lanzar sus primeros dos videoclips con arreglos originales de la orquesta.

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A DIFERENCIA DE OTROS TALLERES del programa Yo Cambio, la orquesta no recibe una compensación económica. Distintas municipalidades solicitan a la dirección general la prestación de la orquesta. Sin embargo, la Yo Cambio Band y el resto de las agrupaciones musicales de los distintos centros penales hacen sus presentaciones de forma gratuita. El convenio es que quien lo solicita les da transporte y alimentación, aunque no es obligatorio.

A pesar de que no reciben una remuneración, los músicos han llegado a distintas festividades nacionales. Se han preparado con un repertorio de 60 canciones. Tocan un poco más de 3 horas en cada presentación. «Sin repetir ninguna canción», añade Girón.

En Perú, existe un modelo que se llama Cárceles Productivas y funciona con la participación de las empresas privadas, de lo que se produce el 40 % del dinero es para la familia del privado de libertad, el 30 % para la responsabilidad civil y el otro 30 % para el interno, es como un salario. Aunque en el país no sería un salario, porque no cumple el monto del salario mínimo, pero sí una compensación económica.

Sin embargo, el pertenecer al modelo penitenciario Yo Cambio no reduce condenas, tampoco ofrece privilegios a los reos. Según Lima, existe la posibilidad de que alguien pueda decir «estoy condenado, para pasarla bien voy a ingresar al Yo Cambio y de ahí cuando salga voy a ser el mismo». Otro puede decir que «solo quiero estar en el programa para no estar desocupado», aunque el cambio de conducta no sea total.

“Habría que evaluar si se están reinsertando o, contradictoriamente, la cárcel se ha vuelto una opción para insertarse realmente, para que les reconozcamos como sujetos de derecho, porque nadie puede ser privado de la libertad o de sus derechos si no los ha gozado o reconocido antes”.

La Ley Penitenciaria en su artículo 105 establece que el trabajo penitenciario lo debe de realizar la persona en el marco del aprendizaje de un oficio, de un arte o de una técnica. Se admite la reducción de pena a aquel privado de libertad que participa con trabajos relacionados con la comunidad. Lima asegura que se hace más fácil evaluar a un privado de libertad porque estuvo participando en los diferentes programas que existen. Eso hace que se le tome en cuenta para que se vaya a un régimen de menor peligrosidad o de media pena.

Al trabajar en temas comunitarios, de interés social e institucional, el reo se vuelve acreedor a que se le evalué su trabajo y se le redima con la reducción de pena. En este caso, la reducción de pena es por cada día que trabaja le cuenta como dos días el cumplimiento de su condena. Si a una persona le faltan seis años y trabaja tres años, prácticamente se le reduce a la mitad, pero esa es una figura legal que existe, no es por pertenecer a un modelo penitenciario. Aunque no todos los delitos puedan optar a eso.

A Rivas le faltan nueve años para cumplir su condena por un delito común, es decir, un tipo de delito que puede ser realizado por cualquier persona y no se le exige ninguna condición natural o jurídica al sujeto; actualmente lleva cinco años dentro de la cárcel, y considera que por su participación activa y buena conducta en un periodo de dos años estaría recobrando su libertad.

El juez aprecia mucho la conducta, la relación con otros internos y el aprendizaje de un oficio al momento que dicta una libertad condicional o una libertad condicional anticipada. Aunque, Lima explica que cuando alguien cumple la media pena, pero no ha participado en los programas, entonces el juez no tiene elementos para evaluar y les sugiere que lo sometan al programa primero y después lo manden a evaluación.

Animación. Con un sonido que se escucha en todos los rincones de Apanteos, la Yo Cambio Band anima con su música los días de visita.

Al preguntarles a los privados de libertad que están condenados por delitos comunes, responden que su familia es la motivación para ser parte de un programa de rehabilitación dentro del centro penal. Muchos de ellos han dejado a sus padres, esposa e hijos. Por eso deciden involucrarse con la esperanza de que cuando salgan puedan ofrecerles mejores condiciones de vida.

«A nosotros, para cambiar, nos mueven varios motivos, tenemos una familia. A veces, la sociedad nos puede estigmatizar y se le olvida que también nosotros tenemos familia. Tenemos personas que esperan por nosotros», expresa Rivas.

Aguilera comenta que en un futuro lo que está aprendiendo le va a abrir puertas tanto en su vida personal como profesional para que a la hora de recobrar su libertad ofrezca algo mejor a su familia.

Al cierre de la mañana del día de visita, los integrantes de la Yo Cambio Band se disponen a guardar los instrumentos en un cuarto que ha dispuesto el centro penal para que realicen sus ensayos. Es bastante pequeño, pero es suficiente para quienes hasta hace cinco años se les había negado el derecho a una vida digna y a procesos de reinserción social dentro de la cárcel. Aun cuando la Ley Penitenciaria lo estipuló desde hace de 20 años.

Ante las diferentes perspectivas de los programas que se desarrollan en los centros penitenciarios, Umaña considera que «en lugar de construir cárceles cada vez más grandes y más tecnificadas deberíamos construir escuelas para evitar el aumento de la población carcelaria». Por eso Rodríguez expresa que el reto de este gobierno es entrar en un proceso nacional de rehabilitación o recuperación de tejidos sociales que históricamente se han perdido, y que «el espíritu del Yo Cambio es el que debería tener cualquier política pública».

Integrantes. Cuando la orquesta inició tenía 10 integrantes. Actualmente son 17 tocando instrumentos y tres en staff, quienes se encargan del sonido.

Centro Histórico y genética nacional

A propósito de la relevancia que ha tenido el Centro Histórico de San Salvador, desde su proyecto para revitalizarlo hasta promoverlo en lo internacional con la toma de posesión del nuevo presidente, se ha despertado mi interés por el tema de rescatar un espacio histórico, raíz de nuestra identidad. Pero también me impulsa el elemento emocional que recuerda parte de mi vida de joven universitario, transcurrido en esta zona, con todos los avatares que guardo solo para mí. Fue el espacio que me acogió desde que llegué a estudiar de San Miguel, mi patria inicial («la infancia es la patria de la poesía», cito una de mis novelas).

Son elementos intelectivos y emocionales los que me hacen escribir sobre la riqueza que tiene la ciudad capital como para merecer una crónica de la zona histórica urbana. Recordarla es acudir a sus señales de vida a lo largo de los años, y más si se testimonian sus abandonos.

Además porque a medida que nos adentramos en la modernización global los centros de valor histórico tienden a relegarse. No obstante, que es donde «se pueden advertir los genes de su verdadera identidad… donde si bien es cierto que los conquistadores construyeron nuestras ciudades con un patrón común, cada uno de ellos carga un conjunto de huellas que los hace únicos e irreproducibles… volviéndose así en los auténticos ADN de las ciudades». Es decir, que se trata de un material genético de historia viva (revista INVI. Sahady Villanueva y Felipe Gallardo. Especializada en estudios sobre hábitat residencial al referirse a temáticas históricas y urbanas de América Latina. Chile).

Parte se debe a ineptitud por apreciar el fenómeno cultural, pero también por abandono a causa de la naturaleza implacable de nuestras zonas volcánicas, que ofrecen belleza pero estremecen con sus efectos dramáticos.

Pero volviendo a la revitalización de estos espacios de historia, hemos confirmado que revitalizarlos requiere gran inversión, aunque esto se retribuye con desarrollo económico. Por ejemplo, en nuestro caso, con apenas dos sectores rescatados de sus calles, la reconversión ha despertado un interés popular que, poco a poco, crece en importancia a medida que se avanza en el rescate de las auténticas señales de identidad cultural.

«La cultura es antesala del desarrollo económico», dije en una entrevista de hace 10 años (revista del BCR. Periodista Regina Vásquez). Porque sobre cultura y desarrollo económico sobran ejemplos, como el caso de los resultados obtenidos en Panamá, Bogotá, México o en la zona histórica de La Habana que se logró por iniciativa pública. Aunque también estos emprendimientos urbanos pueden lograrse con apoyos privados, por cooperación internacional y por iniciativas asociadas.

El proyecto de revitalización demuestra que no es tarde para continuar con un rescate del valor histórico, que incluye personajes notables y empresas de todo tipo que dieron vida a esas zonas.

Si se trata de hacer un mapa de nuestra zona histórica, debemos comenzar identificando la casa donde Francisco Gavidia recibió a Rubén Darío a finales del siglo XIX, para crear así las bases del modernismo en la poesía, que dio ubicación a Centroamérica por sobre Europa. Está en la esquina donde se ubica un banco, entre av. España y 1.ª calle poniente. También aludo al lugar de nacimiento de un clásico literario guatemalteco, José Batres Montúfar: 4.ª calle poniente y av. Cuscatlán, contiguo a nuestra Biblioteca Nacional.

Es una lástima que varias casas de presidentes de la república hayan desaparecido ante la mirada de quienes tuvieron a su cargo la preservación de nuestras raíces culturales, porque no vieron en estas recuperaciones su factor de desarrollo. Aunque no se trata solo de un interés economicista, sino que es obligación del Estado preservar el patrimonio nacional, en el entendido de que «el desarrollo urbano debe apoyarse en los cimientos de la memoria para poder construir el futuro», dice un experto francés del Programa Serchel (sic), para la salvación de estos bienes patrimoniales, un programa relacionado con la UNESCO y el BID, para estos salvamentos nacionales.

Pensando en posibilidades de aperturas financieras, retomo aspectos puntuales sobre el Centro Histórico relacionado con mis experiencias emotivas que me impulsan a pelear contra los olvidos. Para un intento de mapa o rutas, como ha mencionado el periodista Juan José Dalton y el actual alcalde de San Salvador cito, no en orden de su relevancia sino por lo que dicta el recuerdo: el Café Izalco, dentro del hotel del mismo nombre cuyo edificio de arquitectura con calidad estética, aún está intacto, ahora perece por el humo de cocinas informales en su interior. Enfrente de este se ubicó la Librería Claridad, de Ana Rosa Ochoa, secretaria privada de Masferrer. Gracias a su calidad de librera los escritores jóvenes de la época pudimos conocer la gran literatura contemporánea del siglo XX.

Dos cuadras hacia el parque Libertad, al costado norte de la iglesia El Rosario, estaba una de las dos cafeterías de café (valga la redundancia, pues se iba agotando la práctica popular de tomar café de maíz o de cáscaras de café o el famoso café soluble): el Café Doreña, ubicado en la primera planta de la cafetalera. Y casi frente a catedral, en la avenida España, estuvo la Cafetería Americana. Ambos edificios permanecen, incluso se ha recuperado ya el edificio de la Cafetalera, Diagonal al Izalco; frente al parque San José estaba la cervecería y café La Ronda, donde se reunían poetas, periodistas y policías encubiertos en su trabajo o en espera de atender las fuentes institucionales situadas en el Palacio Nacional. Se hablaba de política y de literatura.

Cierro estas ideas con palabras del papa Francisco, dichas en Panamá: «El mañana exige respetar el presente dignificando y empeñándose en valorar las culturas de vuestros pueblos; cuidar las raíces es cuidar el rico patrimonio histórico, cultural y espiritual que esta tierra durante siglos ha sabido mestizar. Empéñense y levanten la voz contra la desertificación cultural y espiritual de vuestros pueblos». Esto vale para El Salvador.

¿Qué podemos hacer desde la ciudadanía digital?

Esta es la versión interactiva de lo que ya habíamos comenzado a plantear hace un par de meses. Seguimos delineando qué puede ser eso de ser ciudadano digital a partir de un punto importante: qué podemos hacer desde su ejercicio. ¿Por qué esta es una versión interactiva? Porque aunque esta columna se puede ver tanto en la edición impresa como en la digital, la propuesta es dialogarlo con quienes están cerca, con este periódico, en algunas aulas, con la gente de la oficina… en persona o en las redes sociales digitales (con el «hashtag» #CiudadaníaDigital, si les parece). Pero volvemos al punto.

Pongo sobre la mesa esta idea: la ciudadanía digital implica, entre otras cosas, la libertad y la responsabilidad de crear en las redes un espacio de discusión responsable, de aprendizaje colectivo. El reconocimiento del territorio digital compartido que hay que cuidar. También pasa por reconocer que lo que hacemos, opinamos o incluso decidimos influye en un territorio geográfico que posiblemente compartimos muchos en el mundo digital y en el mundo real (dicho lo de «real» solo como opuesto a lo «virtual» o «digital»).

Desde esa lógica de la incidencia en nuestra vida, cabe hablar sobre qué podemos hacer desde su ejercicio. Esta es mi parte favorita: resulta que, como sí busca incidir en instituciones, en el entorno en donde se vive, la ciudadanía digital también implica conocer y ocupar tecnologías cívicas o plataformas tecnopolíticas. Como Decidim. Esta se define como «una plataforma digital de participación ciudadana» que ayuda a tomar decisiones, con la idea de «reprogramar la democracia», gracias a su tecnología libre y segura.

Decidim, por ejemplo, consta de seis módulos para que tanto la ciudadanía como organizaciones e instituciones de Gobierno puedan organizarse a sí mismas de manera democrática. Tienen que ver con planificación estratégica, procesos y presupuestos participativos, iniciativas y consultas ciudadanas, entre otros. Y pueden adecuarse a cada institución: se adaptan a las necesidades que puede tener una organización según su naturaleza y sus objetivos de trabajo. Esta plataforma implica la creación de la tecnología alrededor del usuario.

Arnau Monterde, coordinador de Decidim, decía hace dos años que la democracia no se sitúa solo en la toma de decisiones, sino en la gestión colectiva de algún recurso: el poder intervenir en toda la capa de discusión, de toma de decisiones. Y que eso aplica tanto a organizaciones como a movimientos ciudadanos, que pueden necesitar una reorganización interna para ver qué votaciones pueden potenciarse en tiempo real, o si hay que abrir deliberaciones de propuestas ciudadanas relevantes para la vida de la comunidad. Además, uno de los principios de Decidim es cómo hibridar la participación digital con la participación presencial.

Debemos apostar a tecnologías que, como Decidim, reconozcan que en nuestros países no todo puede hacerse únicamente en lo digital, y que nos ayuden a potenciar lo mejor de ambos mundos. Que faciliten la participación digital de quienes por distintas razones no pueden salir de sus casas o de sus municipios, pero que sí quieren ser parte de una votación o de una asamblea.

Busquemos plataformas digitales enfocadas en quienes las usamos, que protejan nuestros datos y que promuevan la transparencia de los procesos. Hay tecnologías enfocadas, por ejemplo, en la creación artística o en el seguimiento a nuestra propia salud. Hacernos cargo de estas pluralidades también es parte de sabernos ciudadanos digitales. Y, en específico, la propuesta ahora es concientizarnos sobre esas tecnologías que pueden mejorar nuestra toma de decisiones para incidir en nuestra calidad de vida. Ese es un uso político de estas herramientas. Y ahí nos acercamos a las #Redestecnopolíticas y a su aporte de la ciudadanía digital.

Aterrizando lo macro

El país está pasando por una racha negativa de indicadores macroeconómicos que nos afectan a todos, en gran parte resultado de una irresponsable gestión. La deuda pública que nos deja el FMLN es más grande y cara (vamos cayendo en la calificación de riesgo), el crecimiento de la economía es tan solo una fracción de lo que crecíamos hace años, el desempleo y subempleo tampoco van por buen camino. Y, a pesar de que el Estado recauda más dinero de ciudadanos como usted y yo, no hemos visto esos ingresos traducidos en obras y servicios palpables para la población.

En ocasiones los indicadores macroeconómicos parecen ser muy fríos o etéreos. Hablar de inflación, deuda, PIB y más datos macro suele ser algo que a escala individual no lo percibimos de manera tan directa ni nos llama mucho la atención ¿Qué le va a importar al microempresario que es extorsionado a diario si el país se endeudó más o no? ¿Qué le va a importar a la madre soltera que tiene que decidir entre comer o mandar a sus hijos a la escuela si el PIB creció menos que toda la región? Con tantas necesidades y dificultades es un reto difícil aterrizar estos temas y hacerlos parecer importantes.

Sin embargo es necesario destacar que sí nos afectan. Los errores y aciertos de nuestros funcionarios sí afectan al ciudadano de a pie. Los anteriores impagos de la deuda a las pensiones y el deterioro de la calificación de riesgo harán que los intereses de la deuda que adquiera el Gobierno (ultimadamente pagada por usted, contribuyente), sea más cara. ¿Qué significa eso? Menos dinero disponible para inversión pública. Adicionalmente, esto también se traduce en el ajuste de varias carteras como Educación y Salud, ministerios importantísimos para el desarrollo de la población. Y es así como se van olvidando algunas promesas de campaña, como la del exprofesor Sánchez Cerén, quien prometió en campaña elevar la inversión en educación pública al 6 %, y lejos de eso le quitó más de $5 millones en su momento.

Y es en estas acciones donde se detona el efecto directo a la población: ¿en cuántos docentes debidamente remunerados se transforman esos $5 millones? ¿Cuántas diálisis se pueden ofrecer con los más de $4 millones que se le quitaron a Salud? ¿Cuántas medicinas pudieron haber sido compradas? Estemos de acuerdo o no con la ejecución de algunas de las políticas sociales del Gobierno estas reducciones son servicios que deja de gozar la población. Las cifras dan aún más rabia cuando vemos que de su dinero (el de usted, contribuyente) están dedicando más de $4 millones a seguros médicos privados para los diputados de la Asamblea Legislativa.

A pesar de los aprietos por los que podamos estar pasando como población es importante informarnos. Es difícil cuando hay quienes sus condiciones les exigen que trabajen siete días a la semana y sus dificultades disminuyen la relevancia de preocuparse por los temas de país, pero entre más nos estemos informando más probable es que exijamos resultados. Piense que a los funcionarios que hacen una mala gestión les conviene tener a una población desinformada: entre menos enterados estemos nosotros ellos tienen más margen de hacer tan mal trabajo como su mediocridad e incapacidad se los permita.

Carta Editorial

A una sociedad acostumbrada tanto a actuar solo para el corto plazo, le cuesta ver que no todas las acciones tienen que dar frutos inmediatos y que no toda respuesta tiene que llegar precedida de una crisis. La población que se encuentra en las cárceles del país tiene, con o sin sentencia, derechos. Uno de ellos es el que tiene que ver con recibir capacitaciones que le permitan no reincidir en delitos al recobrar la libertad. Es una forma de acercarle las oportunidades a las que, muy probablemente, no tuvo acceso antes. Es un intento por parar la sistemática exclusión.

No se trata de sentir compasión o lástima, se trata de romper el círculo que mantiene al país en donde está. Un ciclo dañino que parte del ocio y la discriminación y acaba en una división permanente entre los que tienen todas las oportunidades y a los que jamás se les permitió acuñar una real.

Una condena por estafa o extorsión, entre otros delitos, significa la pérdida de libertad. Pero no de los demás derechos, que deberían respetarse a todo ser humano. El reportaje de esta edición aborda cómo ha funcionado el programa Yo Cambio.

Pensar en hacer algo para mejorar las condiciones de vida para la población reclusa es un acto que –casi por descontado– implica el riesgo de recibir una cascada de críticas. Porque pese a que la paz, en teoría, esté oficializada en un documento, este sigue siendo un país en el que un incendio en un penal es razón de celebración pública.

El Salvador se ahoga en sus miles de urgencias y necesidades. A no pocas personas les viene bien argumentar que hay mucha gente en pobreza y situación de hambre que sufre sin haber cometido esos delitos por los que los reclusos han sido condenados. Pero a ellos tampoco se les tienden puentes ni se les facilita el acceso a recursos para mitigar necesidades básicas de salud, educación, vivienda, trabajo digno y alimentación.